10 El chico

Me empecé a asustar. ¿Donde se había metido ese hombre? De repente un chico entro por la puerta. Decidí preguntarle.

-Discúlpeme... ¿Sabe donde esta... Edward? Es que no se quien es y nunca lo he visto-dije. El chico me miro muy extrañado.

-Emm... ¿Me dejas que os lo describa?-me dijo. Me quede un poco extrañada, pero asentí.- Es un chico de mas o menos mi edad y mi estatura. Tiene el pelo rubio, mas o menos como yo, los ojos grises también mas o menos como los míos, y fíjese usted, señorita, que se llama exactamente igual que yo- Me quede con la boca abierta, inmóvil- Soy Edward Smith a su servicio-dijo tendiéndome una mano. Yo reaccione por fin y se la estreche.

-Soy Lynne Kipling-dije.

-Valla, os estaba esperando-dijo muy jovial. Yo todavía estaba un poco anonadada. ¿Era el? Pero si solo era un crío... Aunque lo que también me llamo la atención fue su físico... Era bastante apuesto.

Edward me estuvo contando cosas de su vida. Había realizado sus estudios de medicina en Inglaterra, y luego había estado, pocos meses atrás, por varias colonias inglesas en el Caribe. Le pregunte por su familia. Desgraciadamente me dijo que murieron cuando era muy joven y que le cuido un tío, bastante adinerado. Fue el quien le pago los estudios. Luego, le dio la ventaja de trabajar en Inglaterra, donde el trabajo no era escaso pero si podía proporcionarse buena fama. En cambio su tío murió, y como no había nada que le retuviera en la isla europea, decidió trasladarse al Caribe, donde se le necesitaba mas. Me encantó la historia. Me hubiera gustado saber mas, pero el tiempo paso volando, y el chico se tenia que ir, hasta la tarde. Se despidió de mi y se fue.

-Es muy agradable, ¿Verdad?- me dijo una mujer de las que estaban en la enfermería, en la cama- Me recuerda a mi hijo, Johnn... que en paz descanse...-la miré- Trabajaba para la marina, en Port Royal. Su sueño era llegar a ser almirante... Pero hubo un motín, y los piratas le mataron...

-Lo siento-dije un poco incomoda. Le pregunte a la mujer si necesitaba algo, y me contesto que no. Me fui a la recepción. No sabia por que, pero estaba como ida. Y ahora que lo pensaba... Edward me había contado muchas cosas sobre el, sin embargo el no sabia nada de mi... Y no sabia que contarle.

A las cuatro menos cinco de la tarde, Edward volvió al trabajo.

-Es hora de irte, estaréis cansada, ¿no?-me dijo, con una bonita sonrisa que me hizo que me sintiera extraña.

-No mucho, la verdad-dije- Podría quedarme unas horas mas, en cambio vos...

-No se preocupe, no hay mucho trabajo. Además, me siento como en casa-dijo. Luego me acompaño hasta la puerta.- Que pase una buena tarde, señorita Kipling, nos vemos mañana.

-Adios-dije, un poco cohibida y me fui de allí.

Y mientras andaba hacia mi casa empecé a asustarme. ¿Que me había pasado? Estaba muy cortada cuando estaba con Edward. ¿Por que? Era un chico encantador, maravilloso... ¿Puede que demasiado?

Llegue a mi casa y me di un baño. Había decidido ir a casa de Elizabeth, pero ya no tenia ganas. En cambio, salí a comprar unas cosas. Y en medio de una calle escuche unos ruidos, y al fondo, un revuelo de gente, y me acerque. No podía ver bien lo que era. Veía que había miembros de la marina, poniendo orden. Y entonces le vi. El teniente Gillette, con cara triunfal, tenia agarrado de un brazo a un hombre andrajoso, con pintas de pirata, pero con expresión asustadiza, con un corte en el otro bazo y esposado. Alguien me empujo muy fuerte. Me volví para mirarle, y me encontré de frente al teniente Groves.

Próximo capitulo: Invitación doble