Capítulo 10
Tenía metido el juguete dentro de Jim, y este último apretaba su interior para que no entrara más de lo debido. Sintió el deseo de empujarlo otro poco para ver qué pasaba y como respondía el muchachito. Lo tomó desde la base y empezó a moverlo de un lado para el otro.
-¡Ya basta!- gimió Jim con la mejor voz de mando que podía hacer en esos momentos.
Empujó con mucha suavidad, solo para molestarlo un poco más. Era una nueva faceta ver a este Kirk tan indefenso y no al acostumbrado déspota que los humillaba constantemente, por ser el favorito de Marcus. El juguete cedió ante la presión ejercida, introduciéndose un milímetro más, que Jim sintió como si fuera un metro.
El joven capitán reprimió el dolor con todo el autocontrol que poseía para ayudar a Spock, pero le estaba siendo muy difícil lograrlo.
-¡Dije que basta!- ahora sí, hablaba molesto y sin miedo aparente.
Matt Decker soltó el juguete y se pegó más a su parte posterior.
-Jim… - Decker lo besó en la mejilla- ¿ves a los hombres de ahí?- todos con caras malévolas y risueñas- ellos están esperando su turno. Verás, iré yo primero y después complacerás a mis leales oficiales. Es un maravilloso premio y lo disfrutarás mucho- otro estremecimiento de ese cuerpo.
Le retiró con brusquedad el juguete de sus entrañas. Dos gritos al unísono y fabulosos terminaron de ponerlo duro: ya estaba listo para disfrutar de algo que nunca pensó sería tan excitante.
Al principio solo quería darle una lección al sucio marica, por averiar su nave y dejarla a merced de los enemigos en las reparaciones. Fue mucho trabajo esconderlos en la estación espacial, no quería que los enemigos-cómplices los encontraran, puesto que entraron en la nave y no pudo hacer nada para evitarlo. Planeaba torturarlos un poco, luego llevárselos a Marcus, no sin antes arrebatarle los secretos tecnológicos a Kirk; era evidente que no solo tenía el Campus Tantalus, ya que lo comprobó con esa extraordinaria nave de caza. Sin embargo, todo cambió de improviso, porque ahora se deshacía en ganas de poseerlo, aunque jamás lo reconocería ni bajo pena de muerte. Él definitivamente, no era marica, ni bi, ni ninguna rareza. Solo era un hombre con bajos deseos. Su creencia era tan firme, que no se daba cuenta de lo aberrante de su actuar. Hizo el ademán de bajarse los pantalones.
-No te atrevas- lo detuvo una voz muy seria y profunda- Él es mío… Lo mataré antes de verlo poseído por un sádico.
Decker miró al dueño de esa voz, luego rió y todos sus subordinaron acabaron riendo.
-Jajajaja, tantas emociones te enloquecieron, ¿verdad Spock? humor vulcano, jajaja ¡Qué buen chiste!
-Los vulcanos no decimos chistes- dijo con seguridad abismante.
Las risas comenzaron a detenerse, partiendo del comodoro.
-Bromeas, ¿no?- dijo sonriendo.
-Los vulcanos tampoco bromeamos- puntualizó el hecho.
Decker no soportó más tanta tontería.
-¡Los vulcanos tampoco se revuelcan con el capitán de una nave interestelar! ¡Es más! ¡Los vulcanos no se revuelcan con hombres! ¡Cochinos! ¡Sucios!
-Es usted igual de sucio si quiere revolcarse con el capitán Kirk- puntualizó Spock.
Decker estaba rojo de indignación.
-Jajajajajaja, jajajaja- Jim estalló en risa.
-¡De qué te ríes idiota!, ¡no ves que te voy a violar y luego te violarán todos los demás!- gritoneó Decker con odio.
-El idiota eres tú, ¿No es maravilloso mi vulcano? Nunca podrás violarme. Él no te dejará hacerlo. Me matará antes que eso pase y junto con ello, se matará él en el proceso.
El comodoro sintió el alma en los pies.
-¡MENTIRA!- gritó furioso Decker.
-Los vulcanos...
-¡Ya, ya... malditos mentirosos! ¡Él no se atreverá a matarte! ¿No se supone que te ama?- dijo con voz burlona.
-Por eso mismo lo hará, ¿Estamos conectados?, ¿no lo recuerdas? Tú mismo lo descubriste y te felicito por ello. Él puede detener su corazón- concluyó Jim.
-¡No es posible!- el comodoro veía como su fiesta se acababa y no lo permitiría.
Deseaba penetrar a ese muchacho. Metérsela toda adentro y ahogarse en su interior. La carne tibia del chico lo atraía, peligrosamente, como a un depredador de la jungla cerca de su presa. Sentía la sangre latiendo en su interior y quería ver su color rojo. Romperlo, hacerlo gemir, gritar, suplicar, retorcerse del dolor y la angustia; saborear su sangre; comer su carne, destrozándolo.
Estaba tan cerca y no iba a permitir que una sucia artimaña lo dejara sin festín, pero si querían jugar, les seguiría el juego.
Se calmó de improviso.
-Supongamos, y solo supongamos, que dicen la verdad. En ese caso les propondría algo- Matt Decker puso toda su experiencia negociadora en sus palabras.
-¿De qué se trata?- preguntó Jim interesado.
Se puso al frente de él y tocó su rostro con la mano, tapando la visión del vulcano.
-Si te dejaras tocar un poco, digamos, como una cita casual de esas acostumbradas por ti, podrías salvar la vida y la del vulcano.
-¿Solo tocar?- preguntó dudoso.
-Algo como sexo casual. Por supuesto que nadie más intervendría. Solos tú y yo, y no tienes que responder a las caricias.
-¡Comodoro!- llamó la atención uno de sus oficiales.
-¡No es justo!- reclamó otro de los suyos.
-¡Nosotros también…!- volvió a decir uno más.
-¡Cállense!- les gritó Decker y enfrentó a sus subalternos. Ellos callaron asustados, pero con rostros disgustados.
-Si yo aceptara, ¿nos dejarás libre después a ambos?- siguió Jim.
-¡Por supuesto!, será como si nunca hubiera pasado- dijo con voz conciliadora.
-Bueno, si es así...- pensó el joven capitán mirando el suelo.
Iba a aceptar. El comodoro podía saborearlo y su sonrisa adornó su cara. Se tomó el tiempo de observar ese rostro por cada una de sus partes, ¿cómo pudo no ver lo hermoso que era? Su mano se movió sola y volvió a tomar esa dulce mejilla para acariciarla.
-No hay trato- dijo terminantemente, Spock.
El comodoro se volteó y encaró a su obstáculo.
-Pero si no lo verás- le dijo al vulcano en modo de persuasión.
-Peor, lo sentiré, prefiero morir antes de eso. No seré poseído por nadie. Yo solo le pertenezco a James Tiberius Kirk y él es mío. No lo compartiré, con absolutamente, nadie más- las lentas palabras del final mostraron la convicción terminante de Spock.
-¡Spock!- el grito de Jim sonó a emoción, miedo, alegría y disgusto. Fue tan extraño que dejó confundido a Decker.
Vio como el rostro de Jim desafiaba al rostro de Spock y parecía una lucha sin tregua, del cual el joven capitán, parecía ir perdiendo.
-Volvamos al plan original, señor- dijo uno de sus subalternos.
-Sí, es más justo- respondió otro.
-¡BASTA TODO EL MUNDO! ¡YA ME TIENEN HARTO! ¡LO HARÉ A MI MODO! ¡ESCUCHARON! ¡A MI MODO!- el comodoro echaba chispas de lo cabreado que estaba.
Todos se pusieron serios al ver la ira desatada.
-Bien, pequeño has sido un mal chico y te castigaré- dijo rodeando a Jim y posicionándose detrás de él.
Tomó fuerza en su mano derecha para lanzar una nalgada feroz en ese lindo trasero. El golpe sonó exquisito y el color rojo que dejó, aún más exquisito.
Se llegó a relamer de gusto cuando puso su pene en la entrada deliciosa del chico.
Jim al sentir el contacto cerró los ojos con angustia. Había perdido la discusión con Spock y estaba aterrorizado. La actitud de valentía anterior, solo fue un ardid para crear una oportunidad de salir del problema, pero en realidad él no quería morir de esa forma tan humillante. La oportunidad se había creado casi por milagro. El trato con Decker no era tan malo si lograba después engañarlo, quizás lograría incluso salir de esta situación sin acostarse con él; golpearlo antes u otra cosa. Lamentablemente, Spock no lo dejaría hacerlo, estaba decidido a matarlo y matarse si Decker lo poseía. De alguna manera, no pudo soportarlo más y su oscuridad salió a flote, revelando su lado cobarde ante lo inevitable
"No, por favor Spock, no quiero morir así si puedo evitarlo"- no quedaba otra cosa más que suplicarle a nivel del pensamiento.
"Hace unos momentos estabas dispuesto a morir conmigo"- le respondió Spock con suavidad aterradora.
"Es diferente, ahora hay una salida ¡Podemos vivir!"- dijo ilusionado, tratando de convencerlo.
"No de esa forma"- estaba decidido y no había nada en el universo que lo haría cambiar de idea.
"No, Spock, no quiero. Es una muerte miserable para un capitán. Seré conocido como aquél capitán que murió violado, ¡es indigno!
"La muerte es una, solo de esa hay que temer"- le dijo Spock hundiéndose en el silencio aterrador de la oscuridad.
"Pues le tengo mucho miedo, ¿acaso tú no?- el silencio le dio la respuesta- ¡No quiero morir, no quiero!, ¡por favor!"
Spock ya no le respondía. El sentimiento era tan oscuro, tan negro que Jim se estremeció. No solo este evento había sacado lo peor de él, sino que también la oscuridad de Spock también estaba latente, porque la poseía y Jim la había visto. Estaba escondida en lo más profundo del vulcano y era sencillamente aterradora.
Entonces, viendo que en el plano mental ya no se podía hacer nada, su voz salió con desesperación:
-¡No quiero morir así, no quiero!, ¡por favor!- lloriqueó Jim y unas lágrimas corrieron por sus mejillas.
Decker, pensando que le suplicaba a él, de esa forma tan exquisita, sintió un placer malévolo. Teniendo su pene en la entrada, empujó fuerte. El cuerpo se tensó primero, luego se relajó.
¡Fantástico!
Quiso meterla toda de golpe, pero solo entró la mitad, porque estaba muy tenso y estrecho. Se preparó para la siguiente metida. Le dieron ganas de morder la nuca del joven capitán, la mordió y tomó impulso.
Algo estaba muy mal.
-¡Señor, algo pasa!- le avisó uno de sus subalternos.
-¡El vulcano!- dijo otro que estaba cerca de Spock.
No quería saber nada del vulcano, solo quería meterla toda.
-¡Señor el capitán Kirk!- su oficial lo miró asustado.
Soltó de inmediato el cuello del joven y con pánico le tomó el pulso con sus dedos. Hizo para atrás la cabeza caída del chico para mirarlo al rostro. Lo que vio no le gustó nada.
-¡No puedes hacerme esto, maldito!- se retiró completamente de él y lo tomó de la cintura para liberarlo de la rueda.
El mecanismo hizo "click" y soltaron las extremidades del joven capitán. El cuerpo cayó inerte en sus brazos y luego, lo puso boca arriba en el suelo y le tomó el pulso.
-¡Traigan un médico! ¡Ahora! ¡Rápido!- ordenó a sus subordinados- ni creas que te morirás tan fácil, si lo haces te enterraré una estaca por el culo que te salga por la boca y te exhibiré por todo el Imperio junto a tu querido en las mismas condiciones- le dijo golpeándole el pecho con puro odio frustrado.
Se subió los pantalones y estaba en eso, cuando escuchó un grito. Al levantar la vista, vio que su oficial ordenado para la búsqueda del médico yacía muerto en el suelo al cruzar el umbral de la puerta.
Se levantó de improviso, pero no alcanzó a moverse, porque la impresión de ver romulanos lo sorprendió. Cuando quiso reaccionar fue muy tarde, unas ráfagas de fásers lo golpearon en el pecho y cayó al suelo al lado de Jim.
Escuchó más gritos y antes de morir, vio lo suficiente para saber que todos sus oficiales estaban muerto y lo último que escuchó, fueron palabras romulanas que decían:
-El vulcano está muerto, señor.
-Este otro, creo que es el capitán Kirk, no tiene pulso.
-Hemos llegado demasiado tarde.
Una sonrisa satisfecha cruzó el rostro de Matt Decker, luego, murió sin más.
Fin capítulo 10
