¡Hola a todos!
¡Espero les haya gustado y les dejo con el siguiente! ;)
Por los años: la herencia Black
Capítulo 10: la casa Kuroba
Se despertó con el sol de la mañana. Se había quedado dormida encima de las sábanas leyendo la revista. Se tumbó hacia un lado y abrió los ojos con lentitud. Encima de su escritorio estaba la carpeta que Takeshi y Hiro habían llevado el día anterior. Asami se levantó y la cogió. Se sentó en la silla de su escritorio y abrió la carpeta mientras cruzaba sus piernas. Observó la primera página de la carpeta y suspiró. Todo eso le llevaría al menos medio día. Miró a su lado. Su portátil estaba cerrado con la pantalla bajada. Lo abrió mientras leía la primera página.
Ginebra. La foto del hombre rubio, en un parque, estaba pegada a la primera página. Nombre real… Asami suspiró. 17 años en la cárcel y aún nadie sabía el nombre de ese tipo o la edad. Era alguien un poco misterioso y seguía conservando este misterio durante mucho tiempo. 'Agente exclusivo de alto rango' bajó la vista un par de líneas 'cree en la gente que demuestra sus creencias con hechos'. Después de tanto tiempo y solo se tenían cosas como estas explicadas en papel. Nadie tenía ni idea de nada más. En unos segundos sabía por completo el carácter de Ginebra y lo que tenía que hacer si alguna vez quería infiltrarse con él. Pasó la página.
Vodka. La foto del hombre sin gafas de sol en una sala de interrogaciones le hizo mirar un par de veces. Su padre siempre le había dicho que iba con gafas de sol, pero… los ojos de un color marrón casi rojizo le hacían parecer más diabólico de lo normal. Tampoco se conocían los datos personales de él. Tan solo que era el secretario de Ginebra y que él era quién apretaba el gatillo en vez de su jefe rubio. Asami giró la cabeza hacia otro lado. La lista empezaba a hacerse larga si solo podía saber eso de los agentes. Pasó la página.
Vermouth. Se acordaba de ella. Una vez había seguido a su padre a verla en la cárcel. La mujer la vio, pero no su padre. En la foto, la rubia mujer estaba con el pelo recogido bajo una gorra y hablando por teléfono mirando hacia la cámara. Nombre: Sharon Vineyard. Edad desconocida. Recordaba haberle preguntado a su abuela alguna vez sobre esa mujer que Yukiko consideraba una buena amiga. No sabía que era la mujer de la foto. 'Agente de reconocimiento' Asami frunció el ceño. No había nada más aparte de eso escrito. Miró el ordenador. Pulsó un botón y se abrió la página del FBI. Tecleó un código y una contraseña y observó lo que Jun había hecho con su nombre. Solo estaban libres Gin y Vodka. Giró la página de la carpeta.
Korn. En la foto, el hombre de pelo grisáceo, llevaba una gorra y unas gafas. Estaba apuntando con un rifle hacia algún lugar en la oscuridad de la noche. Tampoco se conocía nada de él. A parte de que era un francotirador y el compañero de Chianti. Giró la página de nuevo.
Chianti. Mujer de pelo corto y rojizo, con un maquillaje en forma de tatuaje bajo el ojo izquierdo. La foto era tomada en el interrogatorio de la policía. De nuevo no se sabía más de ellos.
Asami suspiró aburrida. Pasó las páginas y en todas o casi todas pasaba lo mismo. Sin nombre, sin edad, sin casi descripción aparte de sus funciones en la BO. Bourboun, Tequila, Pisco, Calvados…
Se quedó observando una foto extraña. Una mujer de pelo largo y oscuro con gafas de sol y bata de laboratorio. Bajo ella el nombre de Hell's Angel. Sabía que era la madre de Shiho, porque llevaba el nombre de Miyano Erena, pero desconocía acerca de lo que había hecho en ese lugar.
Miró el ordenador de nuevo y suspiró. Se levantó y se fue hacia el armario. Rebuscó dentro de una pequeña caja de color dorado y sacó unos auriculares con micrófono. Los conectó al ordenador y abrió una conversación de llamada. Tenía que hablar con él, pero él no querría hablar con ella. Cerró la carpeta y la puso bajo los libros que su madre le había llevado la semana anterior y le había dejado encima de la mesa. Un mensaje grande en la pantalla: sin respuesta. Chasqueó la lengua y miró la hora en la pantalla. Aún podría llegar a tiempo si se apresuraba. Cogió de la última página de la carpeta el papel doblado que Hiro y Takeshi le habían dado. En diez minutos estaba corriendo por las escaleras hacia el comedor, con su pelo recogido bajo la gorra de color lila. Allí ya estaban sus padres y Yoh comiendo.
— Buenos días —sonrió al verlos a todos.
— Qué temprano te levantas —sonrió su padre.
— ¿Te acuerdas de que hoy me iba a comer a casa de los Kuroba verdad? —preguntó ella con una sonrisa dándole un beso a la mejilla de su madre.
— Sí, lo recuerdo —sonrió ella.
— Yo no… —respondió Shinichi arqueando una ceja.
— ¿Puedo ir a celebrar el cumpleaños de Takeshi, papá? —preguntó Asami con una sonrisa dándole un beso a la mejilla.
— ¿Solo de Takeshi? —preguntó su padre.
— Hiro se niega a celebrarlo el día de su hermano porque él nació el día siguiente —se rió Asami—. Ya lo sabes.
— No creo que sus padres estén de acuerdo con eso —respondió Ran.
— Claro que no, pero están en una época muy rebelde —añadió Asami cogiendo una manzana de la nevera—. Bueno… de hecho creo que nunca la han dejado.
— ¿Y a dónde vas ahora con tanta prisa? —preguntó Yoh.
— Eres un cotilla enano… —sonrió Asami removiéndole el pelo al pequeño mientras salía con prisas de allí—. Nos vemos luego.
— Asami no vuelvas tarde, mañana empiezas las clases —le recordó su madre.
— No te preocupes mamá… —respondió ella cerrando ya la puerta.
Corrió rápidamente hacia donde ella aún recordaba. Giró unas cuantas calles y se paró una calle antes. Se tocó los bolsillos de los pantalones tejanos cortos. Llevaba el papel que le había dado Hiro, doblado. Se aseguró de que la gorra le cubriera la mitad de la cara y giró la última esquina. Tal y como había previsto, un montón de gente estaba esperando fuera de la casa, entre ellos paparazzi. Suspiró largamente y avanzó hacia allí. Miró toda la gente que allí había. Apoyó un pie y su espalda a la pared, cruzándose de brazos, mientras daba un mordisco en la fruta. Sería complicado. Observó cada una de las personas que allí había. Unas 10 u 11 chicas histéricas para poderlo ver, gritando su nombre y moviendo una revista en alto para que cuando bajara les pudiera firmar. Desvió la mirada cuando vio que uno de los paparazzi la miraba. Se aseguró la gorra encima de la cabeza sabiendo que le cubriría los ojos. Por supuesto ella era la única que destacaba en ese lugar, y aún poniéndose detrás de las cámaras, ellos se habían fijado en ella. Se sentía observada mientras miraba a sus pies. Alguien se puso a su lado en la misma posición.
— ¿Así que al final decidiste venir? —susurró con voz de chica.
Asami la miró. Tenía los ojos marrones y el pelo negro y rizado tapado con un pañuelo tipo pirata.
— Erena-san —susurró Asami—. ¿Qué…?
— Míralas qué alocadas todas por él —sonrió la chica—. Parece mentira que sea un niño aún.
— Tú tampoco te quedas muy grande, que solo tienes 4 años más que él —se quejó Asami mirándola de reojo.
Enomoto Erena hizo una pequeña risa traviesa y muy silenciosa.
— ¿Tú crees? —preguntó alzando la voz y señalándose a sí misma.
Asami sonrió.
— Quizás…
— Eres Glow… —susurró el paparazzi que seguía mirándolas.
Las dos se giraron a la vez. El hombre hizo una foto mientras Asami se cubría la cara.
— Da… dale esto de mi parte —susurró Asami dándole el papel a la chica y saliendo de allí.
— Espera… Fire… —la llamó Erena siguiéndola—. Espera…
Asami se quedó quieta sin girarse manteniendo su mano agarrando la visera de la gorra para que nadie la viera. Sabía que ahora todos ya estaban pendientes de ellas dos.
— Me dijo… me dijeron que os peleasteis hace ya dos años… yo… no tenía ni idea, lo siento por meterme en el medio —susurró viéndola.
— No fue así como pasó —sonrió Asami—. Hablamos en otro momento, tengo que irme que llego tarde.
— Fire… —la llamó otra voz de en medio de la gente.
Asami se giró bajando el brazo.
— Te-chan…
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Miyano Tetsuya.
Asami bajó la cabeza. Él se abrió paso por en medio de todas las chicas para acercarse.
— ¿Ha ocurrido algo? —preguntó el chico intentando verle la cara. Asami no se atrevió a mirarlo, pero sabía que era mucho más alto aún que de cuando ella lo recordaba. Él la cogió por los hombros—. ¿Qué ha ocurrido?
Ella se apartó sin levantar la vista. Se mantuvo callada. No creía que volver a verlo le daría tanto dolor, después de haber leído toda la revista. Notó su mano ponerse en la gorra. En cuanto se la quitó Asami echó a correr.
— ¡Espera Asami! —gritó Tetsuya—. ¿Qué ha sido eso? —preguntó en voz normal—. ¿A qué ha venido si ni siquiera iba a dirigirme la palabra?
— Deberías de ver esto… —le interrumpió en sus pensamientos elevados Erena. La chica le mostraba el papel que Asami le había dado—. Han… —Erena bajó el tono de voz mientras el cantante cogía el papel y lo miraba—. Han falsificado su firma, Tetsuya.
Lo arrugó en sus manos y miró por donde se había ido. Tendría que hablar con ella lo antes posible. Miró la gorra de la chica que aún la tenía en la mano y la tiró contra la pared.
— ¡Maldita sea! —se quejó.
— No creo que le guste que hagas eso con su gorra favorita —se rió Erena—. ¿Qué quieres que hagamos?
— Vamos a buscar al que ha hecho esto, por supuesto… —sonrió con malicia el hijo de Shiho—. Nadie toca a uno de los nuestros y sale impune…
— Silver… ¿quieres que…?
Tetsuya afirmó con la cabeza.
— Prueba con los gemelos. Creo que hoy era el cumpleaños de Truth —sonrió Tetsuya—. Toma una foto de esto. Avisa también a Tail. Quizás él tenga alguna idea.
— ¿Cuántos problemas más nos va a dar esa chica? —preguntó Enomoto sacando su teléfono y haciendo la foto.
— No digas eso… —se quejó Tetsuya doblando el papel y poniéndolo en su bolsillo.
— Me refiero a que… ¿no crees que esto va a terminar muy mal? —susurró la chica recogiendo la gorra de Asami y quitando con una mano el polvo—. Digo… es como que nuestra historia puede repetirse con ella.
— No digas esas cosas —susurró Tetsuya removiendo sus hombros inquieto al notar un escalofrío—. Vete, anda…
— Nos vemos luego —Erena echó a correr con la gorra en la mano.
Siguió corriendo hasta llegar en un edificio abandonado. Sabía que a estas horas los hermanos estarían en ese lugar. Entró sin ser vista por los obreros que estaban trabajando ahí y subió las escaleras de dos en dos. Miró alrededor de la primera planta, hasta que los vio. Se acercó viendo a un chico de 23 años y a una chica de 27 sentados encima de un bloque de piedra posando para un fotógrafo. El mánager del fotógrafo estaba dando vueltas alrededor dando más órdenes de posturas, los 4 llevaban un casco amarillo para protegerse la cabeza. Los dos hermanos llevaban el pelo por los hombros y agarrado en una cola de caballo excepto por la parte de delante, sus ojos de un color grisáceo la vieron en seguida.
— Glow… —sonrieron los dos a la vez levantando la mano.
El fotógrafo chasqueó la lengua porque justo en ese momento estaba haciendo la foto.
— Lo siento… —susurró el mánager.
— Tomémonos un descanso —susurró el cámara mirando la foto como había quedado.
Los dos hermanos saltaron del bloque con energía y se acercaron corriendo a abrazar a Erena.
— ¿Qué trae por aquí a nuestra flor? —preguntó la chica llevando una camisa naranja con un corazón rojo y grande al medio.
— Malos asuntos Kokoro-san —suspiró ella mostrando la gorra de Asami.
Sakuraba Kokoro y Sakuraba Tsubasa eran dos hermanos pertenecientes al grupo de música de Tetsuya al igual que Erena. Por eso mismo los dos reconocieron perfectamente de quién era esa gorra, haciendo que se miraran.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Tsubasa frunciendo el ceño.
Erena les mostró la foto que había hecho.
— Necesitamos pruebas de que esta orden es falsa —informó mirando al chico—. Sé que conoces mejor que nadie la firma de Asami —se giró para mirar a su hermana—. Tienes que asegurarte de que ese par no la encuentran. Tiger y Lion le harán daño si se enteran de que ha vuelto a Japón.
Los dos afirmaron con la cabeza y sonrieron.
— Lo sentimos pero tenemos que dejar esto… si tiene fotos para ayudarnos hágalo, sino vende nuestras fotos en alguna revista del corazón —sonrió Kokoro yéndose corriendo hacia la ventana y saltando.
El fotógrafo tomó una foto antes del salto. Mientras Tsubasa y Erena la seguían.
— ¿No podrían haber usado las escaleras como personas normales? —se quejó el mánager cruzándose de brazos.
Cada vez que Enomoto aparecía ellos salían corriendo al socorro de alguien. El cámara miró las fotos y sonrió. Las últimas tres fotos les harían ricos.
Salieron del lugar corriendo, después de asustar a un par de obreros al caer del cielo. En cuanto hubieron corrido tres manzanas se separaron cada uno por un camino distinto. Erena siguió recto. El otro lugar era un poco más lejos, pero estaba más cerca de su destino final. Se paró antes de topar con un hombre saliendo de su casa. Lo miró de arriba abajo y sonrió. Le dio la gorra de Asami.
— Nos vemos señor Kudo —sonrió mientras reanudaba su marcha.
Shinichi se quedó mirando la gorra y luego miró a la chica. Ni siquiera le había dado tiempo a reconocerla. Erena llegó a un gimnasio y entró. Se fue hacia la derecha, sabiendo que no la dejarían pasar por la entrada sin pagar.
— Holaaaaaaa —saludó con impaciencia en recepción.
Delante de ella una cara desconocida.
— ¿Qué ocurre? —preguntó una mujer de pelo rubio con un montón de pendientes en su oído.
— ¿Dónde está Mariko-chan? —preguntó ella frunciendo el ceño.
— Está enferma, ¿qué quieres? —preguntó impaciente la mujer sin sacar la vista del ordenador.
— Vale… necesito que pida a Matsuura Nanami y Daishi Hikaru que salgan, por favor —sonrió ella ampliamente.
— ¿Cómo sabe usted que están aquí si acaba de llegar?
— Ah… ¿sabe usted levantar la vista del ordenador? —preguntó ella medio riendo.
La mujer la miró de arriba abajo.
— Porque sé que cada día vienen aquí a entrenar y que si no les llevo yo alguna noticia ellos no se moverán de aquí —informó Erena—. No soy una de sus fans como esas —señaló hacia la entrada en donde una multitud de chicos y chicas estaban sonriendo con ansias de ver a los músicos.
— Todas dicen lo mismo —sonrió la mujer bajando la mirada de nuevo hacia el ordenador.
— ¡Hola gente! —gritó Erena por encima de sus voces.
— Enomoto-san —chilló una de ellas acercándose con rapidez—. Un autógrafo por favor…
Ella sonrió y cogió la libreta que la chica le pasaba con el bolígrafo. Firmó mientras era rodeada por las demás personas. Se apoyó al mostrador y miró a la mujer que la miraba sorprendida.
— Me deja pasar o dejo que sus alocadas fans me abran paso —sonrió hacia la mujer—. Solo le he pedido que les avisara para que salieran, pero ahora ya te pido que me dejes pasar.
Todas las personas que allí había en ese momento pidiéndole un autógrafo fulminaron con la mirada a la recepcionista. La mujer cogió con rapidez el micrófono mientras Erena seguía firmando autógrafos.
— Pedimos al señor Daishi Hikaru y a la señorita Matsuura Nanami que salgan a recepción, por favor —susurró ella mientras se escuchaba su voz por los altavoces—. Daishi Hikaru y Matsuura Nanami por favor a recepción —repitió mientras Enomoto sonreía.
Siempre le facilitaba las cosas tener fans del grupo alrededor.
— Muchas gracias —sonrió—. Para la próxima, me llamo Enomoto Erena y soy componente del mismo grupo de música.
— ¿Cómo qué del mismo grupo? —susurró la mujer—. Pero si tu…
— ¿Soy una cría? —preguntó ella—. Tengo 21 años, señora. Soy Glow.
Erena se fue hacia la entrada y sacó su teléfono móvil de su bolsillo. Esperó un momento hasta que les vio aparecer por la esquina del final, vestidos en bañador los dos. Nanami era una chica alta de 24 años con el pelo largo hasta la cintura de color castaño oscuro y se movía siempre con agilidad. Hikaru, con el pelo castaño claro y los ojos azules, tenía la misma altura que Matsuura, pero con dos años más. Tenía el pelo corto, pero a la vez suficiente largo para tener flequillo. Los dos acababan de salir de la piscina corriendo y tan solo llevaban una toalla encima mientras se secaban para no mojar todo el suelo. Erena sonrió. Ellos dos siempre habían sido los más atléticos junto a Tetsuya pero esa imagen de los dos en bañador no se la podría quitar nadie. Alzó el teléfono a la vista de los dos y ellos la miraron sonriendo.
— Fotoooooo —sonrió Erena.
Los dos se pararon y abrieron las toallas para que les pudiera hacer una foto en el bañador. Nanami tenía un bikini de colores verdes y azulados que daban sensación de agua. Hikaru llevaba unos pantalones de color amarillo con pequeños tintes rojizos que daban sensación de fuego. Se cubrieron de nuevo con las toallas y reanudaron la marcha.
— ¿Cómo puede alguien sacarnos del medio de la piscina y con esa prisa? —preguntó Nanami haciendo pucheros hacia ella.
— Lo siento… la recepcionista es un poco impaciente —respondió ella sabiendo que la mujer estaría poniéndole mala cara—. Por otro lado, necesitamos vuestra ayuda.
Giró el teléfono para mostrarles la foto del documento.
Hikaru se puso detrás de Nanami.
— Teléfono de Erena malo… —se quejó con voz infantil detrás de la chica.
— No va a morderte —se quejó ella alargándolo hacia Nanami.
— ¿En serio? —puso su voz grave y cogió el aparato antes que la chica con la toalla—. Oye… esto es falso…
— ¿Tú también lo presientes, verdad? —preguntó Erena.
— No lo presiento… la firma de Asami tiene un punto al lado —suspiró mostrándolo a Nanami—. Siempre pone un punto aquí porque si alguien lo copia lo van a borrar pensándose que es una taca en el papel. Y claramente han cometido ese fallo.
— ¡Ahá! —sonrió Erena—. Era eso lo que me faltaba, gracias —se rió.
— Pero esto es un parte… —susurró Nanami con voz dulce y apagada.
— Por eso es que tenemos prisa —sonrió Erena—. El parte está para mañana así que tendremos que adentrarnos para evitarlo. ¿Estáis con nosotros? —preguntó mientras Nanami le devolvía el teléfono.
— Vete a proteger a Asami y déjanos lo demás a nosotros —sonrió Hikaru—. Nuestra flor de fuego está empezando a traer problemas a Japón.
— Y eso que solo hace una semana que está aquí —se rió Nanami girándose—. Vete corriendo Glow, sabes que ella no puede verte protegiéndola. Nosotros hacemos el resto.
— Gracias chicos… —sonrió ella.
— Por Tetsuya y su amor lo que haga falta…
— Dejad de llamarlo amor, pobre Asami —se quejó Erena yéndose corriendo.
Asami llegó corriendo hasta la casa. Se paró en seco delante de la puerta cogiéndose las rodillas delante de Kuroba Kaito y una anciana.
— ¿Asami? —preguntó el mago—. ¿Por qué tanta prisa?
— Lo siento… es que no… —Asami se dio cuenta de lo que iba a decir—. Olvídalo —sonrió levantándose.
— Está bien —se rió Kaito—. Lo siento Okura-san, tengo ya a la invitada. Hablamos más tarde.
— Oh… por supuesto encanto —sonrió la anciana poniéndose una mano en la boca y riéndose con un 'hihihihi' que a Asami le pareció más un chillido ahogado.
— ¿Está bien? —preguntó Asami mientras entraban con Kaito empujándola hacia dentro y cerrando la puerta del jardín.
— Sí demasiado —susurró él asegurándose de que la mujer no pudiera oírlo—. Gracias por venir tan pronto me has salvado de un apuro.
— Si tanto molesta la señora pues dile que tienes que hacer otras cosas y lárgate —suspiró Asami aún siendo empujada por Kaito hacia el centro del jardín—. Ah… espera… —lo entendió—. Es que un hombre galán nunca dice esas cosas a una dama.
— Eso es… no puedo quitármela nunca de encima con una buena excusa —se quejó Kaito en un suspiro.
Asami sonrió.
— Okuda-san… ¿eh? —preguntó.
— No… no es ese el… —Kaito abrió los ojos como platos viendo que Asami iría luego a avisar a la mujer para que volvieran a hablar—. Eres cruel y muy hábil como tu padre.
— Lo sé —sonrió Asami mirando el jardín.
El lugar era más grande que su casa entera. Había un charco a una esquina con peces anaranjados y un par de árboles a su lado. Delante, la casa de un solo piso se abría con una decoración sencilla pero a la vez elegante. A su izquierda un par de muñecos de paja eran torturados por las espadas de Takeshi y Hiro mientras su madre les iba proponiendo otro tipo de entrenamiento detrás.
— Siempre tan metidos en lo suyo —sonrió Asami viéndolos.
— No es una familia perfecta, pero… es mejor que sepan cómo defenderse —sonrió Kaito.
— Deberían empezar a aprender a defenderse de mi —sonrió ella viendo como Hiro la miraba, paraba su entrenamiento y se iba corriendo del lugar.
— ¿Hiro a dónde vas? —se quejó Aoko.
— ¿Aún sigue enojado conmigo? —preguntó Asami mientras Takeshi veía por donde se había ido su hermano con la espada clavada a uno de los muñecos de paja.
— Y eso que él precisamente no es el que tendría que estarlo —se rió el gemelo.
— Felicidades, Take —sonrió Asami abrazándolo.
— Gracias amor… —sonrió él.
Asami le pellizcó la mejilla al separarse de él.
— Difo Zamui… Zamui… —susurró él intentando apartar la mano de ella.
Asami sonrió.
— ¿Estás cansado? —preguntó Asami observando el muñeco con atención.
— No… acabábamos de empezar —sonrió Takeshi.
— ¿Y pretendes matar a una estatua con esto? —preguntó Asami señalando la espada.
— No empieces no voy a luchar contra ti… suficiente he tenido ya —se quejó él quitando la espada y envainándola en su cinturón.
— Asami querida… —sonrió Aoko—. ¿Quieres tomar algo?
Ella negó con la cabeza y se giró para ver a Kaito, pero este ya se había ido.
— Ven te enseñaré la casa —sonrió Takeshi cogiéndola de la mano y llevándosela hacia dentro.
Aoko sonrió. Takeshi le mostró primero el comedor, ya que entraron por uno de los ventanales de la casa. Estaba todo muy limpio y extrañamente ordenado. Asami miró al gemelo de arriba abajo. Llevaba unos pantalones negros y una camisa azulada encima. Parecía mucho más mayor de lo que realmente era su cerebro.
— ¿Qué? —preguntó el chico cuando se dio cuenta de que ella le miraba.
— Nada… estaba pensando que habéis dejado la casa demasiado ordenada —sonrió Asami—. Cuando en América desordenabais todo lo que os daba en gana sin molestaros luego a recogerlo.
— Ah… eso… es que acabamos de levantarnos —sonrió Takeshi—. Sino ya te hubieras encontrado la paja por todo el suelo.
— Será eso… —se rió Asami siguiéndolo por un pasillo por donde cabían tranquilamente cuatro personas.
— ¿Es que dudas de que podamos llevarnos un solo día… bien? —preguntó Takeshi medio riendo con ella.
— No… no dudo de vuestra manera de llevaros bien —sonrió Asami remarcando la última palabra, mientras levantaba sus manos y hacía comillas con sus dedos.
— Es una pena… deberías hacerlo… —se acercó a la chica y susurró—. Aquí te pegan un tiro si desordenas algo… pero no lo digas a nadie.
— Tendré en cuenta de no incumplir esa norma. Gracias por el aviso —sonrió Asami poniendo cara preocupada.
Los dos se rieron de nuevo mientras Takeshi la hacía entrar en una habitación igual de grande que el comedor.
— Esta es la sala de dibujo —informó el chico—. No sé porque, pero la llamamos así.
— Será por el enorme sol que hay encima de nuestras cabezas. Quizás —supuso ella señalando arriba.
El techo estaba decorado con un sol enorme que tenía en el centro una pequeña lámpara que daba luz de noche a la habitación. A un lado, un pequeño armario elevado.
— Lo hizo Hiro —se rió Take—. Con 5 años.
— ¿Y cómo llegó hasta allí sin matarse? —preguntó Asami abriendo los ojos como platos.
— Estás en una familia de magos Asami —le informó Takeshi mirándola de reojo.
— Perdona, me había olvidado de ese detalle —suspiró ella haciendo gestos con las manos para que se olvidara de lo que había dicho—. Olvídalo, ya lo sabré en cuanto pueda pensar un poco.
— ¿Ya te leíste la carpeta? —preguntó Takeshi saliendo de la habitación.
— Estoy en ello —susurró Asami con voz cansada—. ¿Cuántas páginas contiene ese documento?
— Si no las he contado mal 457 —sonrió Takeshi.
— Y solo me he leído 10 —susurró Asamis—. ¿Por qué no se pueden hacer informes conjuntos en estas oficinas? —preguntó poniéndose los brazos a la cintura a modo de enojo—. Solo malgastan papel, así…
— Y eso lo dice quién malgasta papel escribiendo historias cutres de amor —murmuró el gemelo abriendo otra puerta y entrando—. La habitación de Hiro.
Asami se quedó quieta a la puerta. Takeshi había entrado sin llamar ni mirar a dentro. Kaito estaba subido en una pequeña escalera hablando con el interior de un armario que había al techo.
— Ah… Hiro duerme en un armario, ¿te lo había dicho ya? —preguntó al ver que Kaito ni se molestaba en girarse para verlos.
La habitación era pequeña, tenía un escritorio a un lado con una silla y una mesa muy baja al centro de la habitación. Debajo de Kaito, había otro armario. Asami levantó la cabeza al escuchar ruidos por encima de su cabeza.
— Y ese es Hiro moviéndose por la casa —sonrió Takeshi al ver que la chica miraba hacia arriba.
— En buen momento has llegado, tu también —se quejó Kaito chasqueando la lengua y bajando de un salto de la escalera.
— Cuidado, Kaito-ojichan —susurró Asami—. No sea que se rompa una pierna al saltar de tanta altura…
Kaito arqueó una ceja mientras Takeshi se reía.
— Ahora voy a tener que buscarlo por toda la casa —se quejó cruzándose de brazos.
— Kaito-ojichan, ¿puedo hacer un comentario al respecto? —preguntó Asami antes de que él se fuera de la habitación.
Kaito la miró y Asami sonrió ampliamente.
— Adelante, inténtalo. No creo que consigas hacerlo reaccionar —suspiró el padre encogiéndose de hombros.
Takeshi se subió a la escalera con rapidez y Asami lo siguió, mientras Kaito cerraba la puerta. Había incluso una instalación de luz en el interior del armario, que solo contenía un largo pasillo y un futón. El armario estaba igual de limpio que el resto de la casa. El techo era muy bajo y solo podían estar sentados. Takeshi tiró por el pasillo y Asami lo siguió. Llegaron a un trozo más amplio que tenía polvo blanco al suelo.
— Azúcar —susurró el gemelo abriendo la pared que había delante de ellos—. Aquí está la cocina…
Les llegó un olor a comida mientras Takeshi apartaba la mano de golpe.
— ¿Qué haces? —preguntó una mujer de pelo castaño medio rojizo mirándolo.
— Hola Chikage-obaachan —sonrió el chico—. Estoy persiguiendo a Hiro, ¿lo has visto?
— No, por aquí no ha pasado —respondió ella—. Ya me extrañaba a mí que tuvierais este armario siempre vacío.
— ¿Puedes cerrar? No quiero quemarme —sonrió el chico moviendo la mano.
— Sí claro —sonrió ella cerrando.
— Por ahí —señaló el gemelo siguiendo el pequeño túnel que volvía a parecerse a un pasillo.
— Esa es…
— Mi abuela —informó Takeshi—. Kuroba Chikage.
— Ah, un placer Kuroba-san… —susurró mientras seguía al gemelo.
Estuvieron un buen rato siguiendo el pequeño pasillo que iba haciéndolos girar de vez en cuando.
— ¿Esto es una ratonera? —preguntó Asami viendo que nunca había una esquina con más de una dirección.
— Solo es por si llegan los malos algún día —sonrió Takeshi—. ¿Sabes que este lugar fue diseñado por mi padre?
— Entonces puede que caigamos a la siguiente esquina —susurró Asami.
— Sí, eso es —se rió Takeshi escandalosamente llegando a otro lugar ancho.
— Hola Takeshi-kun —sonrió un hombre al verlo abrir el armario.
— ¿Jii-san? —preguntó el gemelo—. ¿Qué hace por aquí?
— Nada —sonrió el hombre andando con un bastón—. Viniendo a ver a tu padre de vez en cuando.
— Ah, supongo que estará en su habitación, tenía que terminar una cosa —sonrió él—. Nos vemos luego.
Cerró el armario.
— Pero qué grande es este lugar —susurró Asami siguiendo de nuevo al chico.
— Ese es Konosuke Jii —informó el gemelo—. Era el mayordomo y ayudante de mi abuelo Tooichi y se convirtió en ayudante de mi padre.
— Ah…
Estuvieron más tiempo en silencio siguiendo de nuevo pasillos de único sentido que iban girando por unos cuantos sitios.
— Vale… —Takeshi se paró y giró hacia la derecha en una esquina en que el camino se separaba.
— ¿Qué hay allí? —preguntó Asami girando hacia la izquierda.
— ¿Quieres probarlo? —preguntó Takeshi sentándose y señalando hacia allí.
— Trampas… —respondió Asami conociendo la sonrisa del chico.
— Voy a tener que aprender a poner otra cara de póker contigo —se quejó el gemelo siguiendo el camino hasta otro espacio ancho en donde el camino se terminaba.
Abrió las puertas del armario.
— Pero que…
— Hola Ginzo-ojiichan —sonrió Takeshi—. ¿Qué haces?
— ¿A ti qué te parece? —preguntó el hombre con algún que otro pelo blanco en su cabeza.
— Ah… está bien… —respondió el gemelo—. ¿Has visto a Hiro?
— Sí, ha salido hacia el jardín —suspiró el hombre señalando a sus espaldas.
— Recibido. Aquí nos bajamos —sonrió el chico saltando por encima del hombre—. Vamos Samui.
Asami lo siguió y saltó mientras Takeshi se echaba a reír.
— No me hagas darte una paliza porque voy a machacarte vivo —se quejó la chica viendo que estaban en un pequeño baño.
— ¡¿Pero qué…?! —Ginzo Nakamori se apartó mientras Asami evitaba reírse y el gemelo seguía riendo.
— ¿Vas a encontrar a Hiro o vas a hacerme perder el tiempo? Porque si es la segunda te vas a ganar una buena…
— Está bien, está bien… —sonrió Takeshi—. Lo siento ojiichan…
— Lo siento mucho —susurró Asami siguiendo al gemelo que corría hacia la derecha después del baño.
— ¡¿PERO QUÉ LE PASA A ESTA CASA?! —gritó el hombre.
— Oh… no… luego mamá nos va a reñir a todos —suspiró Takeshi.
— ¿Y por qué me tienes que meter a mi en tus estúpidas ideas? —se quejó Asami golpeándolo en la cabeza.
En cuanto hubieron corrido un poco por el jardín, Takeshi se giró y señaló encima del tejado. Asami corrió hacia un árbol y subió con rapidez. Saltó de una branca al tejado con facilidad y siguió el camino medio tumbada. Takeshi la siguió. En cuanto llegaron al medio, Asami se tumbó del todo. Hiro estaba delante de ellos, de espaldas y cogiéndose las rodillas. Asami le indicó a Takeshi que se pusiera a un lado y ella tiró por el otro.
— Hiiiiiiirooooooo —sonrió la chica sentándose a su lado.
El gemelo intentó levantarse, pero Takeshi y ella ya le habían agarrado de los brazos para volverlo a sentar.
— ¿Estás bien? —preguntó la chica.
Él se giró hacia su hermano y luego bajó la vista.
— ¿Sigues enfadado conmigo? —preguntó Asami—. Y eso que no lo he felicitado aún —sonrió.
Takeshi se rió viendo como Asami lo abrazaba por la espalda y su hermano enrojecía al momento.
— ¿Qué le pasa a nuestro pequeño héroe? —preguntó Asami a su oído.
— No… no… no hagas eso… —se quejó Hiro con la voz medio rota intentando apartarse de ella con desespero.
— Oh… entiendo lo que ocurre… —se sorprendió Takeshi finalmente.
Asami miró a su hermano aún abrazando a Hiro.
— Samui… —susurró el gemelo menor—. ¿Puedes soltarme?
— No, porqué echarás a correr —respondió ella—. Venga dime qué pasa, por favor.
Takeshi se levantó y saltó hasta el suelo. Asami soltó a Hiro y se quedó sentada a su lado.
— ¿Y bien? —preguntó Asami—. ¿Por qué te preocupa tanto lo de esas fotos? —se apoyó en sus manos y estiró por completo las piernas observando el cielo.
— Porque, dice… —susurró Hiro dando la espalda a la chica—. Porque somos amigos…
— Nunca te había preocupado tanto… —sonrió ella—. Y ya llevo un año y medio con el tema.
— Pero es que…
— Eres una monada —sonrió Asami abrazándolo.
— Que no es eso… —se quejó él apartándose—. En serio. Me preocupa que ese tipo pueda… olvídalo.
— No te preocupes —sonrió Asami mirando hacia un lado—. Sé que estando vosotros a mi lado no hará nada al respecto. Porque vosotros sois peores con las venganzas —terminó guiñándole un ojo.
— Sí, claro… —respondió él siguiendo a su hermano.
Asami los imitó. Entraron los dos al comedor y Aoko estaba enfadada gritando a Takeshi.
— Con permiso… —susurró Asami al verlos a todos presentes.
Takeshi estaba sentado en una silla con la cabeza baja, delante estaba su madre de pie haciendo gestos exagerados y con voz elevada. Mientras Kaito estaba al otro lado de ella tapándose la boca para que nadie le viera riendo. Kuroba Chikage estaba hablando en susurros con Jii delante de la puerta que llevaba a la cocina. Apoyado en una pared Nakamori Ginzo con los brazos cruzados. Asami se puso al otro lado de Hiro para que sus ojos no se giraran a ver el hombre. No era una chica vergonzosa, pero tampoco había estado bien lo que habían hecho con Takeshi.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Hiro.
— Que tu hermano ha hecho la de peores que se le han ocurrido —se quejó Aoko.
— Creo que esto va por mi —susurró Asami tapándose la boca y mirándolo.
— ¿Qué ha hecho? —preguntó Hiro abriendo los ojos desmesuradamente.
— ¡Deja de reírte Kaito no ha tenido nada de gracia! —chilló la mujer tirando el trapo que llevaba entre sus manos hacia su marido.
El hombre ya no pudo más y estalló en risas. Takeshi sacó la lengua divertido aún con la cabeza baja para que su madre no le viera.
— ¿Qué has hecho? —sonrió Hiro acercándose y arrodillándose al suelo, parando la oreja para que su hermano le contara.
— ¡Oye! —se quejó Asami viendo como Takeshi se disponía a contarlo.
Los dos hermanos recibieron un golpe en la cabeza de parte de su madre. Asami sonrió. Aún había alguien con sensatez dentro de la casa. Kaito seguía riendo. Asami miró hacia el abuelo, estaba rojo como un tomate. Desvió corriendo la mirada. Suspiró. Tenía que ser educada. Se giró hacia el hombre e hizo una reverencia—. Lo siento mucho señor —susurró—. Si lo hubiera sabido me hubiera negado a seguirlo.
Kaito se rió aún con más fuerza.
— Pídele disculpas a tu abuelo y a Asami-chan —añadió Aoko—. Kaito como sigas riéndote lo siguiente que te voy a tirar será un cuchillo… —le amenazó mientras lo fulminaba con la mirada—. A ver si de vez en cuando pones un poco de orden tú, en esta casa —añadió con voz más baja mientras Kaito se callaba.
— Hijo eres un impresentable y educaste a tus hijos igual —suspiró Chikage.
El mago giró la vista hacia otro lado.
— No es culpa mía precisamente.
— ¿Insinúas algo? —preguntó acercándose hacia su hijo.
— Mamá olvídalo —sonrió Kaito levantándose y acercándose hacia Ginzo—. Lo siento. Este de ahí es el grande más impresentable —señaló a Takeshi que le estaba contando al oído de Hiro—. Y el otro es el impresentable en pequeño —añadió viendo como Hiro se echaba a reír tumbado al suelo.
Asami se levantó y cerró los puños con fuerza viéndolos. Takeshi estaba sonriendo de nuevo.
— Y ese de ahí el impresentable en modo abuelo —añadió Takeshi señalando a su padre.
— Un poco de respeto a tu padre —añadió Aoko dándole una amistosa colleja.
La mujer suspiró.
— Pide perdón —añadió en un susurro mirando al mayor.
— Sí… lo siento —Takeshi había puesto una voz de arrepentimiento.
— ¡Qué te dejes de reír Hiro! —gritó Asami viendo como estaba tumbado al suelo con las manos en la barriga.
Takeshi se levantó de la silla y se quedó mirando a la chica que empezaba a ruborizarse.
— Parece mentira que poco sensibles sois a veces… —susurró después de suspirar para tranquilizar sus nervios mientras Hiro se levantaba aún sonriendo.
— Qué dolor de barriga… —susurró el gemelo menor tocándose el lugar.
Asami se acercó a él y lo cogió por el jersey de color azulado que llevaba.
— Perdón, perdón… —sonrió el gemelo—. Pero es que eres idiota, ¿por qué sigues a mi hermano?
— Porque te estábamos siguiendo a ti, idiota.
— Aún con más razón, ¿por qué me sigues a mí? —preguntó Hiro como si fuera la obviedad de todo el mundo no seguirlo.
Asami lo golpeó en la cabeza.
— Porque seguías haciendo el idiota —respondió ella—. Será posible, y yo preocupándome por ti.
Asami tenía los ojos llorosos. Bajó la mirada.
— Pero, no… no hace falta que te pongas así tampoco… yo… —Hiro bajó la mirada—. Lo siento.
Asami se echó a reír.
— Lo he conseguido —suspiró—. Qué pena de cara de póker si no sabes cuando los demás la usan —sonrió.
— Bien hecho —sonrió Aoko alzando su mano.
Hiro fulminó con la mirada a su madre mientras Asami chocaba la mano de Aoko levantándose.
— Bueno, chicos, a poner la mesa —sonrió Aoko—. Los dos solos.
— ¿Ayudo en algo? —preguntó Asami sonriendo.
— Siéntate —respondió la madre arqueando una ceja—. Y no se te ocurra levantarte.
— De acuerdo —Asami se sentó en una silla lejos de la mesa.
— Pero puede ayudarnos… —se quejó Takeshi.
— Ni lo soñéis. A trabajar los dos —respondió su madre señalando la mesa.
Miró hacia el cielo de la noche. Esa plaza era bonita pero esa ciudad era igual a Estados Unidos. No se podían ver las estrellas. Observó a su lado. La fuente tiraba agua cambiando de colores según la luz que se proyectaba debajo. Suspiró. Ya estaba yendo un poco tarde así que tenía que apresurarse. Reanudó la marcha pero alguien le cogió la mano. Se giró con rapidez y en cuanto vio que era Tetsuya bajó la cabeza. El chico llevaba puesta una gorra para cubrir su pelo plateado.
— ¿Por qué ni me hablas? —preguntó entre suspiros.
Había estado corriendo durante un buen trozo para alcanzarla. Asami se movió para que la soltara, pero él no lo hizo. Pasando por el otro lado de la fuente, estaban Chieko y Akira. La chica se dio cuenta de que era Asami y sonrió yendo hacia ellos. Akira la siguió.
— ¿Y aún lo preguntas? —preguntó ella con un tono de voz elevado, claramente enojada.
—No te entiendo —se quejó Tetsuya haciendo que Chieko y Akira se detuviesen al oírlo—. ¿Qué es lo que he hecho para que te hayas enfadado conmigo?
Asami siguió intentando que la soltara. Pero él seguía sin deshacer su agarre.
— Suéltame —se quejó Asami.
— No lo haré hasta que no me des un motivo —respondió Tetsuya.
— ¿Por qué tienes que preguntarlo? —preguntó ella cogiendo la mano de Tetsuya e intentando abrírsela.
— Porque llevamos dos años sin hablar —respondió él.
— Y no es porque yo no haya querido —respondió Asami con los ojos llorosos encarándolo.
— ¿Es un problema no hablar con alguien cuando estás ocupado? —preguntó Tetsuya.
— ¿Ocupado?
— No quería decepcionarte… —susurró él soltándola.
— Enhorabuena —respondió Asami girándose para irse.
— Espera —la cogió de nuevo de la mano tirando de ella.
Asami se giró con la mano alzada, dándole de lleno en la cara del chico. Tetsuya la soltó y la miró mientras ella se tapaba la boca dejando caer las lágrimas que no quería que él viera. Al golpearlo, la gorra de Tetsuya cayó a la fuente, dejando ver su pelo plateado a todos los que estaban allí, y que ahora los observaban.
— Lo siento —susurró Asami.
Tetsuya la abrazó.
— ¿Se puede saber qué te ha pasado? —le preguntó en un susurro mientras notaba como ella se cogía a su camiseta.
— Me abandonaste… —susurró Asami cerrando los ojos.
— ¿Qué te ha hecho ese tipo? —preguntó entendiendo finalmente lo que había ocurrido—. Asami… —se separó de ella—. ¿Qué te ha hecho?
Ella negó con la cabeza bajada.
— Eso ya no importa… ¿no crees? —preguntó Asami alzando la vista hacia él—. Tengo que irme, lo siento.
— Asa… ¡Fire! —gritó viendo como se iba—. Será posible… —murmuró cuando ya no podía verla—. Me grita, me pega, me moja la gorra —añadió sacándola de la fuente—, para un: 'ahora ya no importa' —intentó imitar su voz—. Quién la entienda que se la quede —se quejó mientras se giraba para irse—. ¿Y vosotros qué miráis? —añadió viendo a Chieko y Akira que estaban a pocos pasos de él y aún estaban quietos mirándolo—. Gente… —susurró pasando por el medio de los dos al ver que no le respondían.
¡Bueno... aquí tienen a los personajes!
- ENOMOTO ERENA (榎本恵令奈), 21 años. Nació el 11 de Junio (niña de 4 años rescatada por Shiho en XLA (I)). Su nombre significa 'Bendición del árbol frutal' (o algo por el estilo XD). Sus padres son desconocidos. Sus alias y otros nombres conocidos, son: Glow (como miembro del grupo de música de los Bullet Junior, en el que toca la batería), Sunday (como antiguo miembro de la Black Organization) y Nº 9000474. Pertenece a la Sede Dragon (Nº de agentes 9000: la que fue inicialmente fundada por Shinichi, Shiho, Kaito y Eisuke).
- SAKURABA KOKORO (桜庭心), 27 años. Nació el 14 de Febrero (niña rescatada por Shiho en XLA (I)). Su nombre significa 'Corazón'. Solo se conoce el nombre de su padre: Mikan. Sus alias y otros nombres conocidos, son: Core (como miembro del grupo de música de los Bullet Junior, en el que toca la guitarra eléctrica), Cacique (como antiguo miembro de la BO) y Nº 8907040. Pertenece a la Sede Star (Nº de agentes 8907: rivales con la que inicialmente se fundó con Shinichi, Shiho, Kaito y Eisuke 'Dragon').
- SAKURABA TSUBASA (桜庭翼), 23 años. Nació el 31 de Mayo (niño rescatado por Shiho en XLA (I)). Su nombre significa 'Alas'. Solo se conoce el nombre de su padre: Mikan. Sus alias y otros nombres conocidos, son: Wing (como miembro del grupo de música de los Bullet Junior, en el que toca la guitarra eléctrica), 43 (como antiguo miembro de la BO) y Nº 8907980. Pertenece a la Sede Star.
- MATSUURA NANAMI (松浦七海), 24 años. Nació el 29 de Abril (niña rescatada por Shiho en XLA (I)). Su nombre significa 'Siete Mares'. No se conoce el nombre de sus padres. Sus alias y otros nombres conocidos, son: Ocean (como miembro del grupo de música de los Bullet Junior, en el que hace de coro), Seven Seas (como antiguo miembro de la BO) y Nº 9000303. Pertenece a la Sede Dragón.
- DAISHI HIKARU (台紙光る), 25 años. Nació el 24 de Junio (niño de 8 años rescatado por Shiho en XLA (I) en este capítulo aún tiene los 25, puesto que están a día 14 de Junio). Su nombre significa 'Luz'. No se conoce el nombre de sus padres. Sus alias y otros nombres conocidos, son: Light (como miembro del grupo de música de los Bullet Junior, en el que toca el teclado), Tinto (como antiguo miembro de la BO) y Nº 9000780. Pertenece a la Sede Dragon.
De aquí, como algunas veces se va a nombrar a lo largo de la historia, también les doy el nombre de otro miembro del grupo, que murió antes de que el grupo de música se formara. También fue uno de los niños rescatados por Shiho en XLA (I):
- HIDEKI TORA (秀樹虎), murió a los 22 años. Sus alias y otros nombres conocidos, son: Punishment, Ponche (como antiguo miembro de la BO) y Nº 8907947 (perteneciente a la Sede Star). Este chico tiene dos hermanos que saldrán al próximo capítulo: Hideki Junko (un chico que ahora tiene más o menos 20 años) y también Hideki Hisa (una chica que ahora tiene más o menos 23 años), ninguno de los dos está relacionado directamente con la BO, pero ambos se unieron al Programa de Protección de Testigos del FBI, junto a Asami y a los demás, cuando Gin escapó de la cárcel.
Espero les haya gustado y aunque me haga pesada yo sigo probando ;) DEJEN REVIEWS! *O*
^^Shihoran^^
