Por fin les traigo el capítulo 10

Disculpen la demora.

Espero que les guste.


Capítulo X

Me bastará un respiro, me bastará para sentir que vivo

Ernie cierra la puerta detrás de Ginny.

Sin decir nada ocupa el mismo lugar que ella había dejado. Hay cierta tensión palpable en al ambiente y Ernie trata de aligerarla.

-Me da gusto que Ginny y tú estén juntos.

Eso a Harry lo toma por sorpresa.

-Bueno, en realidad yo... no sé si...

El sanador sonríe.

-Está bien, Harry- adopta un tono profesional y prosigue- quiero que me cuentes como fue que te lesionaste así esa pierna.

Harry se desconcierta, ¿tan grave es?

-Hubo una explosión y cuando...

-Una vez que te diste cuenta que estabas lesionado, ¿seguiste en movimiento?

Le molesta que Ernie lo interrumpa. Intenta justificarse.

-¿Qué querías que hiciera? ¡Había veinte personas dentro! Teníamos que sacarlos inmediatamente, yo no...

-Tranquilo, esto no es un reproche. Yo no olvido que hemos estado juntos en situaciones similares, espero que tú tampoco.

-Lo siento.

Enrie niega con la cabeza restándole importancia. Conciliador.

-Quiero que estés bien consciente de tus actos, y por lo tanto, de sus consecuencias- suspira- Sí, te fracturaste la pierna. Desde la cadera hasta la punta del pie tienes lesiones.

-Pero eso es fácil de reparar ¿cierto?

Ernie niega con la cabeza.

-Lo hubiera sido si hubieras mantenido inmovilizada la pierna. Pero por la razón que sea - se adelanta a las nuevas protestas de Harry- eso no sucedió. El crecehuesos los repararía al instante, pero nervios y músculos se verían afectados en el proceso. Podrías perder flexibilidad en esa extremidad y usar de ahora en adelante un elemento de apoyo para caminar, o no volver a hacerlo.

Genial. Lo que le faltaba. Harry cierra los ojos mientras deja caer la cabeza sobre la almohada.

-El hospital tiene una política, si me preguntas, ridícula en estos casos. No he podido proceder con ningún tratamiento porque en estas situaciones el paciente es el que decide.

Harry abre los ojos confundido.

-¿Qué tengo que decidir?- pregunta con una voz inusualmente serena.

-Si quieres tomar la poción crecehuesos, esta misma tarde te daré el alta.

-Pero no podría mover mi pierna.

-No.

-¿Tendría que usar un bastón?

-En el mejor de los casos.

Harry resopla y vuelve su vista hacia el techo de la habitación. Siente que regresa al punto en el que estaba cuando llegó de Escocia. Indiferente, cansado, harto de todo. Harto de su vida y su trabajo peligroso. La idea de tomar crecehuesos no le parece tan mala.

Pero entonces no sería un buen padre, y eso fue lo único que le prometió a Demelza.

-¿Y si no quiero tomar la poción?- murmura en voz baja después de varios minutos.

Ernie sonríe visiblemente aliviado.

- Entonces te administraré otra poción de acción más lenta y en tres días podrás salir de aquí... esta vez sí, con un bastón. El tratamiento seguirá y tendrás que complementarlo con ejercicios de rehabilitación muggle.

-¿Por cuánto tiempo?

-Tendrás que tomar descanso absoluto por tres semanas, después de eso irás a fisioterapia con un doctor muggle. En total estarás dos meses en recuperación.

-¿Cuánto?

-Dos meses. De reposo y rehabilitación. Tomarás un largo descanso.

-¿QUÉ?, No Ernie, no me hagas esto. ¿Que jodido voy a hacer en dos meses? Nunca en mi vida me he tomado un descanso.

-Pues ya es hora de que lo hagas. Además, es la única opción alternativa que te ofrezco.

-No, no lo entiendes, dos meses descansando en mi casa...¿Qué-carajo-voy-a-hacer?-puntualiza cada palabra con el puño, está desesperado.

-Bueno, si eliges tomar crecehuesos ten por seguro que serán más de dos meses fuera del cuartel. De hecho creo que ya no podrías trabajar- Ernie se encoge de hombros- Tú eliges.

Harry suspira.

-Tengo entendido que tienes un hijo, podrías pasar más tiempo con él, para empezar.- Ernie intenta ver el lado positivo.

-Paso tiempo con él. ¿Qué clase de padre crees que soy?

-Uno obsesionado con el trabajo.

-Soy el encargado del departamento, ¿entiendes?. Necesito estar al pendiente y supervisar cada una de las misiones. Si no puedo hacer el trabajo pesado por lo menos podría ir a la oficina, prometo quedarme sentado en mi escritorio lo que quede de esos dos meses.

Enrie no puede contener la risa.

-¿Por quién me tomas, Harry? Te conozco lo suficiente como para estar seguro que a la primera oportunidad olvidarás la dichosa incapacidad. Y porque te conozco ya he tomado medidas.

Harry levanta una ceja y lo interroga con la mirada.

-Ya le he escrito al ministro y está enterado de tu diagnóstico, es obvio que no te quiere ver por ahí hasta que estés recuperado. A la primera desobediencia y te alarga más las vacaciones.

Harry resopla mientras varias palabras pasan por su mente. Ultraje, chantaje, conspiración, cabrones tramposos. Al final claudica y acepta. Sólo pone una condición.

-Denme tiempo para hacerme cargo de los asuntos pendientes de Neil. Sus papeles, su familia, todo. Por favor. Después de eso me quedo en casa.

-Tienes tres días para eso después de que te dé el alta, ni uno más.

-Gracias.

-Con un poco de armonía vas a ver que fácil es ayudarse en esta vida-

La estancia del salón de té es iluminada por la débil luz del sol de la tarde. Las nubes no han dado tregua y unas pequeñas gotas de lluvia empiezan a golpear los cristales de las ventanas.

Hay gente platicando, unas murmuran entre sí, otras con expresión pensativa, en su propio mundo. Hay niños, que incapaces de quedarse quietos, juegan a las escondidas debajo de las mesas para molestia de algunos.

También estan los que duermen, como lo hace Ginny Weasley en ése momento en uno de los rincones del salón, donde se encuentra situada una paqueña sala adecuada para que una familia entera tome un descanso.

Está acostada en el sillón de tres plazas, brevemente iluminada por los rayos que anuncian tormenta eléctrica.

-No ha dormido mucho por estar esperando noticias tuyas y de Harry- murmura Hermione una vez que ella y Ron han encontrado a Ginny en el salón.

Ron sonríe con pesar.

-No ha sido un buen cumpleaños para ella.

-Creo que ni la felicitamos como es debido- Hermiona se tapa las manos con la boca, consternada.

Cuando se acercan al sillón descubren que está despierta, quieta, inmersa en sus pensamientos. Con la mirada perdida.

-Voy a pedir algo de comer, ya vuelvo- Hermione le da un apretón en la mano a su marido antes de marcharse.

Ginny observa el intento de su hermano de acercarse, así que se encoje un poco en el sillón para hacerle espacio.

-Te has quedado dormida ¿descansaste?

Mira a su hermano que le sonríe tranquilamente, tiene una herida ya curada sobre la ceja izquierda y cuándo él apremia su respuesta apretando levemente su tobillo, se da cuenta de la venda que le cubre la mitad del brazo. Se da cuenta que estuvo a punto de perderle también a él y se abalanza hacia su hermano y lo abraza fuertemente. Él sonríe.

-Tranquila, Ginny.

-Me tenían angustiada

Ron sabe a quién más se refiere cuando utiliza el plural al hablar.

-Lo siento- se apartan y Ron le desordena el cabello cariñosamente. Más mechones pelirrojos se desprenden de la goma a la que estaban sujetos y él ríe brevemente porque la imagen que ofrece su hermana es graciosa.- Por cierto, Feliz cumpleaños, ayer estabas tan ocupada que ni te felicitamos.

-Mi cumpleaños no tuvo nada de feliz- refunfuña ella.

-¿Ah, no?- el tono de Ron es escéptico.

-Bueno, no estuvo tan mal- ciertos girasoles y la suavidad de sus labios aparecen en sus recuerdos. Sonríe. Se queda perdida en el recuerdo un breve momento, se da cuenta que su hermano sigue con ella y agrega con tristeza- Pero el día pudo acabar de mejor manera.

Ron asiente con pesar y se da cuenta que a pesar del tono triste de su hermana, hay algo diferente en su mirada.

-Ginny ¿Todo bien?

-Sí, dormir me hizo bien, ahora sólo tengo hambre.- Acomoda la cabeza en el hombro de su hermano.

Pero Ron no se refería a eso y la sutileza nunca fue su fuerte.

-¿Lo quieres?- pregunta por lo bajo. No es necesario decir nombres.

Cuando eran pequeños Ginny y Ron peleaban a la más mínima oportunidad, que si el trozo de pastel es más grande para uno, que si la escoba es mía, o en aquella ocasión cuando Ron le cortó el cabello espantosamente. Recuerda que en venganza ella puso varias arañas en sus calcetines y su madre los castigo por dos semanas.
Era un ir y venir de quejas y gritos, pero cuando algo realmente la asustaba, no dudaba en correr a su lado.

No ha cambiado mucho desde entonces.

Porque ahora, cuando están sentados en ése sillón, ella recargada en su hombro y él jugando con sus manos torpemente, sabe que está un poco asustada.

Sólo un poco.

La sensación de valentía que experimentó ayer parece haberse esfumado. Tiene miedo de no saber que hacer con Harry, de no saber que hacer con ella misma cuando esté con Harry. Miedo de que la ilusión se desvanezca. O en el peor de los casos, le asusta perder su oportunidad con el hombre que siempre ha querido por culpa de todos esos miedos.

Suspira profundamente.

-Si. lo quiero.

-Deberían hablar, entonces- dice Ron con voz neutral.

Ginny levanta la cabeza con gesto divertido.

-Tú, ¿dando consejos?

-A veces sucede, no es muy común. Deberías sentirte afortunada.- Ambos ríen- En serio, deben hablar. No me gustaría tener que darle una lección por hacerte sufrir, es mi jefe.- Finge que le preocupa ése detalle.

Es entonces cuando Ginny descubre que a Ron le encanta hace bromas respecto a ese tema.

-Tú no vas a hacer nada, Ronald Weasley.

Él se ríe y se levanta cuando ve a Hermione acercarse con tres rebanadas de pastel y tres tazas de chocolate caliente flotando hacia ellos.

Hermione le sonríe mientras le pasa una taza y su hermano le guiña un ojo mientras reparte los platos con el pastel.

-Feliz cumpleaños, Ginny.

Al día siguiente Ginny no tuvo la oportunidad de visitar a Harry y su madre se encargó de Charlus. Temprano tuvo junta en el museo con ciertos directores y empresarios muggles para hacer un recuento de los daños. Comió rápido en un puesto en la calle con Luna y Rolf, compró una maceta de tulipanes amarillos y se dirigió a la casa de Diletta.

Su amiga parecía muy concentrada en la labor de limpieza y acomodo de maletas. Era una bruja, cierto, pero en estas circunstancias era compresible que no usara la magia para mantenerse ocupada en algo. Su amiga estaba triste, su pequeña historia acabó antes de saber si tenía una posibilidad, pero lo que más le dolía a Diletta era que un chico tan bueno como Neil terminara de esa manera.

-Se bien que tu me darás lo que yo necesito, lo que me das basta, no pediré nada más-

Es el penúltimo día de Harry en el hospital y Ginny llega muy temprano con Charlus en brazos. Trata de no burlarse de sí misma por el esmero que puso en su arreglo y en del niño.

Suspira y toca la puerta antes de abrirla.

-¡Paaaaaaapá!

Harry levanta la vista y sonríe cuando ve a Charlus en brazos de Ginny. Es una imagen muy bonita.

-Hola- saluda.

-Hola- un poco azorada Ginny se sobrepone a la mirada de Harry. Es intensa, no tiene otra palabra para describirla. Lo observa atentamente- ¿Qué estás haciendo?

Está sentado en la cama utilizando la bandeja de comida como escritorio. Hay pergaminos por todos lados.

-Trabajando- dice con naturalidad. Como si tener un despacho en un cuarto de hospital fuera lo más normal del mundo. Ginny se sienta en la silla de a lado mientras pone los ojos en blanco- Hey, hace dos horas que me cansé de mirar al techo y Ron me trajo esto que necesita mi firma,es para el juicio de mañana. Además estaba solo.

-Bueno, pues ya no y vengo acompañada- Harry sonríe. Charlus se pone inquieto y estira los brazos hacia su padre. Mientras Harry lo sostiene, Ginny ordena los papeles y los pone en la mesita de noche con un movimiento de varita.

-¿El juicio de Dolohov?- Ginny se da cuenta que los pergaminos son declaraciones de otros aurores.

-Sí.

-¿Y el funeral?

-También mañana, sólo que temprano.

Ginny suspira mientras que Charlus con sus movimientos le hace cosquillas a Harry. El pequeño está contento de estar otra vez con su padre. Un silencio tranquilo se apodera de la habitación mientras ella observa a Harry jugar un poco con el bebé. Siente que el corazón le crece porque cuando lo ve así, piensa que sus miedos son una tontería y que vale la pena arriesgarse esta vez.

Quiere que él la vuelva a arrinconar sobre la pared para besarle sin control.

-¿Ya hablaste con Diletta?- pregunta Harry.

-¿Eh? Sí, ayer fui a su casa- se sonroja e intenta controlarlo. Sus pensamientos ya no eran nada inocentes- Está bien, creo que si ella... un momento ¿Tú que sabes de...

Harry sonríe.

-Vamos, Diletta no es la discreción andando. Antes de la exposición lo invitó a salir.

-Algo me contó de eso, pero nunca supe que pasó después. ¿Él te dijo algo?

Duele hablar de Neil en tiempo pasado. No poder decir su nombre es el primer síntoma.

-En realidad no dio ninguna respuesta.

Ginny hace una mueca de exasperación. Hombres.

-Tal vez no podía corresponderle y prefirió no decir nada... no sé- Harry parece confundido, como si esos temas fueran un misterio inexplicable para él. A Ginny le hace gracia.

-En realidad, él todavía quería a Natalie- le explica Ginny con obviedad.

Entonces se pregunta si Harry aún siente algo por Demelza. Curiosamente, apenas ahora se plantea esa posibilidad.

Sin decir nada, se acerca a él para acomodar a Charlus que en sus intentos de moverse casi se sube en la pierna lesionada de Harry.

Su proximidad, su perfume y ver su rostro tan cerca hace que Harry hable como si estuviera en un trance.

-O tal vez tenía miedo.

Ginny se queda inmóvil, no está segura si aún se refiere a Neil. Cuando dirige su mirada hacia él descubre que están muy cerca el uno del otro y una vez que hacen contacto sus ojos no pueden apartar la mirada del otro.

-¿Aún estamos hablando de Neil?- pregunta ella en un susurro.

-No.

Ginny siente que está a punto de conseguir algo pero no sabe cómo. Fugazmente recuerda uno de los dichos muggle favoritos de su padre "Preguntando se llega a Roma". Y ella no sólo quiere llegar, quiere conquistar y quedarse ahí.

-Entonces ¿Tienes miedo?

-Ya no.

Los ojos de Harry son más verdes cuando los miras de cerca; parecen mitad asustados y mitad atrevidos. Siente su cálida mano sobre la de ella, esa que tiene como punto de apoyo para no caer sobre él. Algo que terminará sucediendo si el tira un poco más de esa mano.

-Harry...

-Ginny, yo...

Tocan la puerta.

Ginny se endereza de un salto y libera todo el aire que ha estado conteniendo. Se sienta para aparentar normalidad.

-Adelante- exclama bruscamente Harry .

SIn embargo la persona no entra, abre la puerta y sólo se queda en el umbral de la puerta.

Vestido con pantalón negro y camisa blanca remangada hasta los codos, Dean Thomas no se atreve a pasar.

-¿Qué haces aquí?- Ginny pone cara de espanto.

-¡Ginny!- Dean olvida por un momento la frialdad con la que siempre se dirige a ella desde que dejaron de estar juntos, parece sorprendido- yo... ¿puedo pasar?-se dirige a Harry

-Pasa- dice él con cautela. Observa detenidamente las reacciones de Ginny.

-¿Qué haces aquí?- repite ella bruscamente.

Dean abre la boca y piensa contestarle de la misma manera hosca que siempre lo hace, pero recuerda que no están solos y respira profundamente antes de responder.

-No sabía que tenías visita- se dirige tranquilamente a Harry- puedo volver en otro momento.

Ella entrecierra los ojos. La está ignorando. No es algo que le importe viniendo de Dean, pero Harry está presente.

-No, yo los dejo- entonces voltea y se dirige a Harry, la tensión de su cara desaparece cuando mira esos ojos verdes- Quiero ver como sigue Diletta- agrega con suavidad.

Harry asiente.

-Ve- dice en tono mortalmente serio.

Ginny se levanta de su asiento. No le gusta ése tono. En realidad, no le gusta la presencia de Dean en la habitación.

-Mi madre está fuera, ella se llevará a Charlus a casa, nos estamos quedando en La Madriguera- dice con soltura y le sonríe a Harry. Es su manera más práctica de decirle a "estoy bien, en realidad no pasa nada". Recoge su bolsa y se inclina sobre el pequeño para darle un sonoro beso en la mejilla. Charlus se ríe.

Harry parece divertido con la escena. Hace que se le olvide que Thomas aún está ahí, a un lado de la puerta.

-¿Qué sucede?- pregunta ella.

-Nada- niega suavemente con una sonrisa, estira un brazo y le toma la mano.-Gracias.

Ella siente que se sonroja, curiosamente ésta vez no le importa mucho.

-Mañana vengo después del desayuno, antes de que te den el alta.

-Por favor.

Ginny se encamina hacia la puerta. Dean todavía está ahí y se hace un lado para dejar que ella pase. Se despide.

-Thomas.

-Weasley.

Cuando Ginny cierra la puerta Dean avanza con precaución para situarse en la silla en la que estaba ella hace unos momentos. Harry encuentra más interesante el botón de la chaqueta de Charlus que su visitante.

-Harry...

-¿Qué necesitas, Thomas?

El tono frío y de clara molestia sorprende a Dean.

-Éste es sólo el punto partida
todo el resto tiene que venir-


Probablemente pudo haber sido mucho mejor.

Comentarios, tomatazos, todo en un review. Siempre los leo y se les agradece un montón que se tomen la molestia.

Los versos en cursivas pertenecen a las canciones "Cuanto amor me das" y "Un ancla en el viento" de Eros Ramazzotti.

Saludos y Besos.

Mar :)