Capitulo X
- Sin más palabras, los declaro marido y mujer- anunció amablemente el anciano sacerdote con voz firme- Puede besar a la novia.
El pelinegro miro sonriente a la novia y le quito el velo que impedía reclamar sus dulces labios. Todos miraban expectantes al momento justo, mientras para el novio todo pasaba casi en cámara lenta. El amor de su vida le sonría colmada de felicidad que inundaba sus hermosos ojos, que siempre fuero su perdición. Una vez que sus labios se unieron, la multitud festejo con aplausos y silbidos de emoción.
- ¡Dios! Estoy tan emocionada- sentenció Serena mirando a la pareja de recién casados mientras en sus brazos sostenía a Ryo- En un punto pensé que este momento jamás llegaría.
- Dímelo a mi- le sonrió Kalaberite- Aun no puedo creer que el idiota de Zafiro le haya pedido matrimonio de una buena vez a mi hermana.
Aplaudiendo al lado de la rubia se encontraba Darién quien reía por lo feliz que era aplaudiendo Kyo, sin comprender exactamente lo que hacía. El pequeño estaba a solo días de cumplir un año y se encontraba hermoso y sumamente saludable. Cuando Serena se quiso acercar a saludar a los novios, le pidió al pelinegro que se hiciera cargo por unos instantes.
Algunas cosas habían cambiado, otras no tanto. Las personas se asombraron mucho ante el anuncio de que se suspendía la boda pero Serena se encargo de explicar todo de manera que no quedaron rencores hacia ninguno de los lados. Sus mejores amigas la apoyaron aun cuando sus vidas se encontraban inestables: Rei intentaba sacar de su vida al mujeriego de Nicholas aun cuando su corazón le suplicara lo contrario; Mina termino su relación con Andrew en buenos términos ya que comprendieron que entre ellos solo había cariño y no amor, por lo que la joven fue la que mas rápidamente comprendía a Serena; y Michiru seguía esperando que su amado cliente diera el paso para iniciar una relación, pero aun no conseguía resultados.
En tanto, al encontrarse soltera nuevamente, Darién se había mostrado más insistente en monopolizar su tiempo con la excusa de compartir momentos en familia por el bienestar de su pequeño hijo.
En el otro lado del pasillo nupcial por el que caminaban los novios, Diamante se encontraba sonriente e impecablemente guapo con su traje perfecto y frente a él pero sin tener ningún tipo de contacto físico, se encontraba Esmeralda con un vestido gris que cortaba el aliento a más de un invitado. La joven modelo miro sonriente por sobre su hombro, tratando de reflejar la ternura que sentía a través de sus ojos, a lo que el rubio le contesto con una media sonrisa.
Dos meses atrás
Luego de un interminable vuelo, el joven empresario avanzo veloz con su ligero equipaje por el aeropuerto Charles De Gaulle. Se dirigió directamente hacia donde una fila de taxis aguardaban a los recién llegados a la ciudad del amor y se subió al primero que encontró. Le indico en un perfecto francés, aunque un poco ansioso, la dirección que Darién le había dictado por teléfono. El trayecto le resulto ciertamente eterno, pero una vez que se encontró en la puerta del lugar indicado sintió como la adrenalina corría por sus venas como un río desbordado después de la tormenta.
- Comment puis-je vous aider, monsieur?- consulto el portero del hermoso edificio situado en la Avenue de la Bourdonnais.
Diamante le explico que deseaba ver a Esmeralda y se encontraba de parte de Darién Chiba para darle una sorpresa. Al oír el nombre de Darién, el robusto hombre de tez negra le sonrió permitiéndole el paso.
- Je vous remercie beaucoup- le dijo Diamante mientras entraba al hall y se dirigía a los ascensores.
Una vez frente a la puerta correcta, Diamante llamo impaciente tocando el timbre a su derecha.
- S'il vous plaît attendre- se escucho su voz desde el otro lado.
Esmeralda abrió la puerta extrañada de que el portero no haya avisado que alguien la visitaba. Seguramente sería algún encargado del edificio para informarle algo. Pero al abrir y descubrir al rubio aguardando del otro lado, dejo caer la agenda que tenía abierta en sus manos, donde se encontraba organizando los próximos trabajos que haría en la capital de la moda. Estaba vestida simplemente con una remera simple, un short de jeans, el cabello suelto y algo revuelto. Sus ojos estaban ocultos detrás de unas gafas muy lindas para leer.
- Diamante- escapo en un susurro, aun con los ojos muy abiertos delatando su sorpresa- ¿Qué haces aquí?
Pero no obtuvo respuesta. En su lugar, Diamante acorto la distancia que los separaban de un solo movimiento mientras encerraba entre sus manos el pequeño rostro de la joven. La beso de una manera apasionante, en tanto cerraba la puerta tras de él con el pie. Esmeralda permaneció inmóvil y sorprendida, pero correspondiendo al beso con la misma fluidez que el tenia. Una vez el rubio estuvo seguro que la joven no intentaría apartarse del beso, encerró con sus brazos su cintura en un instinto posesivo que le demandaba sentirla contra su cuerpo.
- Perdóname- le suplico agitado apoyando su frente contra la de ella- He sido un imbécil, otra vez. Te hice sufrir aun más que la última vez, cuando te apartándote de mi lado.
- No te odio por haberla elegido a ella, Ante- le revelo soltando un suspiro con los ojos cerrados- Serena es una excelente mujer y perfecta en todos los aspectos, te mereces alguien como ella.
La joven intento separarse de él colocando sus brazos contra sus fuertes pectorales, pero su mejor amigo no cedía en lo más mínimo. Miraba sin comprender completamente lo que Esmeralda le decía.
- Solamente no juegues conmigo- le suplico rindiéndose ante el hecho que el hombre no deseaba soltarla y cada una de sus células empezaba a reacción a causa del rose de sus pieles- Haz sido el hombre más importante con quien compartí una hermosa noche de pasión y cariño. Nos quedemos simplemente con el recuerdo de esa única vez.
Una de las manos que la sostenía por la espalda se dirigió a su rostro para tomarla desde el mentón y obligarle a que mantuviera la mirada en sus ojos y apreciara la sinceridad que vibraba en ellos.
- No elegí a Serena, Esme- le revelo serio- He cancelado la boda. Si he tardado en hacerlo, solo fue por miedo a lastimarla… pero no me di cuenta que, de esa manera te lastimaba a ti. Vine hasta aquí a buscarte. Solamente quiero estar contigo.
Nuevamente, el rostro de la modelo revelo el asombro que sentía hacia sus palabras. Su cuerpo perdió la rigidez que lo dominaba y permitió que el rubio la apretara aun más a él. Al verlo nuevamente Esmeralda pensó un millón de posibilidades de porque había ido a buscarla, sin embargo ninguna de todas ellas habían sido ni buenas y ni alentadoras. Y ahora que él le explicaba que todo había sido una confusión, que él deseaba estar solamente con ella, su corazón se agitaba el doble de lo que ya se encontraba.
- Yo pensé que ya habías tomado una decisión- respondió la modelo- Que habías elegido a Serena.
- Ella no me ama- le informo suavemente- Solo siente un gran cariño y gratitud. Me di cuenta cuando hablamos por última vez. Sé que aun ama a Darién.
- ¿Darién?- consulto sorprendida ante aquella información que le era desconocida.
- El bebe de Serena es hijo de Chiba- le explico mientras le quitaba las gafas de sus hermosos ojos y le regalaba una sonrisa- Te amo, Esmeralda. Quiero estar a tu lado y apostar contigo algo serio y estable.
- ¿Aun cuando somos tan diferentes?
- Creo que es eso lo que más me atrae de ti- sentencio volviendo a reclamar sus labios en un apasionado beso. Frenético y sin razonar nada (algo atípico de él) la tomo en brazos y mientras se besaban busco el camino al cuarto principal.
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De aquella manera, luego de una semana de idílica reclusión en aquel departamento en Paris, Diamante y Esmeralda habían aclarado y afianzado su amor el uno por el otro. Aun así, por respeto a Serena y las apariencias, decidieron no formalizar nada por un tiempo. Simplemente se verían en clandestino y disfrutarían solamente en privado de su amor secreto.
Aun así, tanto Serena como Darién conocían de esta información directamente de los implicados. Serena por Diamante y Darién por Esmeralda.
Todos los presentes acompañaron a los novios al otro lado del jardín donde aguardaba la recepción. Darién camino directamente con Ryo en los brazos hacia la mesa que compartiría con la rubia y otras personas.
- Que bueno que Zafiro haya decidido de una buena vez casarse- dijo una voz detrás de las dos jóvenes que conversaban.
Kalaberite inmediatamente al ver a Diamante, comprendió que quería hablar con Serena por lo que se excusó ágilmente y se marcho dejándolos. Las personas ya se habían alejado, dejándolos algo apartados del resto.
- Por lo menos, todo lo que organizaste para nuestra cancelada boda no fue en vano- sonrió la rubia- Además el día se encuentra hermoso.
- Aun no puedo creer que mi primo haya aceptado todo- le aseguro- Solo tuyo que hacer unas llamadas y postergar solo dos meses más los encargos que hicimos.
- Fue un lindo detalle de Esmeralda regalarle el vestido- le aseguro con todo burlón hacia el rubio- Un vestido de Unazuki Furuhata, sumamente costoso.
- Ambas fueron compañeras de instituto los últimos años- le comento.
- Me alegra que estén muy bien juntos, Ante- le aseguro la rubia tomando una de sus grandes manos y apretándola cariñosamente- En ambos se nota a leguas lo feliz que son.
- Serena, eres una en un millón- le aseguro devolviéndole el ligero apretón.
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Ryo rió animadamente cuando Esmeralda le devolvió la cuchara que había tirado al suelo mientras jugaba. Darién sonrió al oír la dulce risa del bebe.
- Aun no puedo cree que seas padre- le confesó sin apartar la mirada del niño- Es tan parecido a ti. Sin dudas tienes genes fuertes, Chiba.
- Algo parecido dijo mi tío la primera vez que lo vió, cuando tenía solo siete meses- le aseguro con orgullo.
- ¿Cuándo cumplirá el año?- le interrogo.
- Solo falta una semana.
Esmeralda soltó una pequeña exclamación de ternura y le solicito que fuese invitada ya que no deseaba perderse tal celebración por nada del mundo. Darién soltó una carcajada ante tal petición, pero no le extraño en absoluto. Sabía que la modelo no era para nada ajena a los anhelos de maternidad.
- ¿Te permitirá tu "novio" asistir?- consulto suspicaz- Aun estoy sorprendido de que no haya aparecido exigiéndome que me alejara, como mínima, veinte metros de tu presencia.
- Quiero que se reconcilien- le informo con los brazos en jarra.
- Lo veo muy difícil princesa- se rió mientras hacia un gesto negativo con la cabeza.
- Ya verás que lo conseguiré- aseguro desafiante- Tengo mis medios para ablandar a las dos partes.
- Te brindare el beneficio de la duda, solo porque sé que eres aun más obstinada que yo.
- Sabia reflexión.
Ambos rieron nuevamente y por fin descubrieron donde se encontraba la secreta pareja de la rubia. Darién no se inmuto al verlo junto a Serena, ya que tenía muy en claro que nada había quedado entre ambos. Diamante amaba a Esmeralda como siempre, pero ahora con más intensidad y eso se reflejaba en su comportamiento cuando estaban uno cerca del otro. No en vano los tres fueron sus mejores amigos en alguna época. Aun mantenía una estrecha relación con la joven pero el rubio guardaba sus rencores y el pelinegro se enfurecía al recordar que por varios meses Serena estuvo los brazos de Diamante.
La rubia llegó junto a Darién y estiro sus brazos para que le entregara a su pequeño. Una vez en brazos, Diamante acaricio su brillante cabellera negra mientras Ryo sonreía.
La boda aun no había terminado, pero ambos decidieron retirarse ya que Ryo se encontraba muy cansado y no podía dormir con el sonido de la fiesta. Su Porsche había quedado en el garaje de su casa, ya que en el no se podía poner la sillita de seguridad de Ryo, por lo que tuvieron que ir en el auto que hacia unos días le había regalado a Serena, una cómoda y espaciosa BMW X5.
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- No, no y no- protesto la rubia al ver el flamante coche estacionado al frente de su casa, recién salido de la concesionaria- No voy a aceptarlo.
- Oh, claro que lo harás- le dijo sonriendo cuando estuvieron frente a frente en la vereda- Este automóvil lo compre para comodidad tuya y de Ryo, especialmente de este ultimo. Quiero que tengas un vehiculo de calidad por cualquier situación de emergencia o simplemente para cuando vayas a supermercado puedas cargar todo cómodamente.
- Me las he arreglado muy bien antes- decreto cruzando los brazos.
- ¿Prefieres esto o el chofer veinticuatro horas en la puerta de tu casa?- consulto con poca paciencia ante lo reacia que era Serena con los regalos- Pensé que preferirías esto antes que tener un chofer.
- Te odio- decreto cruzándose de brazos.
- No creo que me odies de verdad- le aseguro cortando el espacio entre ambos y depositando un pequeño beso en sus labios, como el rose de una tierna mariposa.
Serena le quito las llaves que aun sostenía en lo alto y se dirigió al coche como excusa para alejarse lo más posible. Aquel delicado beso, aunque dulce, había sido como un terremoto para su cuerpo.
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Estación el gran automóvil negro frente a la casa de Serena. Observo a su acompañante dormida cómodamente en el asiento de al lado. Su rostro reflejaba lo tranquila que se encontraba en su lugar, donde ningún pensamiento malo la perturbara. Siempre le había fascinado ver a Serena dormida, no sabía exactamente porque pero de alguna manera le hacía feliz. Miro en la parte de atrás a Ryo en el mismo estado de ensoñación que su madre. Sin dudas, su hijo había heredado esa belleza morfetica de su madre.
- Serena- la llamo delicadamente mientras le acariciaba la mejilla rítmicamente- Ya hemos llegado.
Mientras la rubia procesaba lo dicho, Darién bajo de vehiculo para sacar al pequeño y abrir la puerta de acompañante. Serena lo observo aun somnolienta y camino a su lado hacía la puerta. Busco las llaves de la casa en su bolso en forma de sobre lentamente, para luego abrir.
Una vez dentro, el pelinegro prendió la luz de una pequeña lámpara para no tropezar con nada y llevo a Ryo a su habitación seguido la joven por detrás. Acomodó a su hijo delicadamente dentro de la espaciosa cuna, sin intenciones de cambiarle de ropa por miedo a arruinar su sueño. Sonrió ante la paz que le transmitía aquella imagen, la inocencia de su pequeño.
Suspirando, dio media vuelta para encontrar a Serena apoyada contra la pared siendo vencida por el cansancio. Se acerco y sin pensarlo la tomo en brazos para llevarla a su habitación. En vez de rechazarlo, se acurruco aun mas demandando el acogedor calor que emanaba su el cuerpo masculino.
La recostó delicadamente mientras ella emitía una protesta por apartarla de su calor, para luego quitarle los zapatos y el delicado vestido. Sin distraerse, fue en búsqueda de uno de sus camisones en uno de los cajones de su amplio ropero. Serena estaba tan cansada que se dejaba manipular como si fuese una inerte muñeca de trapo. Cuando estuvo lista, corrió las sabanas y la colocó dentro de su cómodo lecho.
Suspiro nuevamente. Dado que la rubia se encontraba demasiado cansada como para despertar por el llamado nocturno de su pequeño hijo, Darién decido quedarse a dormir por esa noche. Se quito los elegantes zapatos negros, junto con la camisa blanca y la corbata verde lima. Sin prólogos se interno también en el lecho, atrayendo a la joven a un calido abrazo, que fue respondido inmediatamente con un suspiro felicidad de Serena, mientras se acurrucaba gustosa en su amplio pecho. Inspiro agradecido el hechizante aroma de su cabello rubio y acarició su espalda sobre la delicada seda que la cubría.
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Inspiro profundamente y sintió el agradable aroma de su cuerpo mezclado con madera y menta. Abrió los ojos lentamente para encontrarse resguardada en el amplio pecho del pelinegro, quien aun dormía profundamente. Suspirando acarició lentamente su pecho sintiendo como las yemas de sus dedos se estremecían ante aquel tacto. Aun contra su voluntad, aquella mente fría que le advertía constantemente, no podía resistir el impulso de sentirlo cerca, tocarlo, apreciar su calor.
- ¿Dormiste bien?- consulto con los ojos cerrados y una sonrisa en sus labios.
Escuchar su voz tan repentinamente le había asustado haciéndola templar levemente entre sus fuertes brazos. Se rió un poco ante aquella reacción y la observo con sus profundos ojos zafiros, en tanto ella fruncía el ceño. Su mano que antes le había acariciado, le propino un golpe que lo dejó sin aliento por unos segundos pero aun la apretaba entre los brazos, sin permitirle escapar.
- Suéltame- le ordenó como una niña molesta.
- Ya quédate quieta- le ordeno aun riéndose- Te mueves como una pequeña serpiente.
Rendida al descubrir que no la soltaría, dejo de moverse por fin. Darién sonrió aun mas en señal de victoria y sin previo aviso, descendió hasta sus labios para depositar un dulce beso. Al sentir sus labios, se sorprendió pero se dejo llevar por la adictiva sensación. Cada vez le constaba más resistirse a sus caricias y besos. Debía admitir también que el pelinegro había cambiado mucho desde que se entero de su paternidad. Siempre estaba a disposición de ella y del niño, aun cuando esto significaba restar considerablemente horas de trabajo y delegar responsabilidades en otros con tal de participar en cada una de las actividades del pequeño.
- Buenos días- le saludo a unos centímetros de sus carnosos labios- Se que dormiste bien, ya que ni te percataste de las dos veces que Ryo lloró por su biberón.
- Lo lamento- le respondió avergonzada. Por lo general ella siempre se despertaba ante el llamado inconfundible de su pequeño.
- No te preocupes- le aseguro acariciando su mejilla- Sabia que estabas demasiado cansada para escucharlo cuando llegamos anoche, por ello me quede.
Un sabor agridulce sintió que la recorría. Dulce, por el compromiso que Darién asumía sin queja, anteponiendo siempre el bienestar de su hijo. Amargo, porque no se había quedado por ella. Aquel pensamiento fue interrumpido por un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral gracias a las suaves caricias en la zona de su baja cintura. El pelinegro volvió a besarla con demanda robándole el aliento, mientras Serena respondía contrariadamente gustosa la caricia. No quería, pero su cuerpo obraba sin su autorización llenándola de un exquisito torrente de excitación. Se sentía sofocada, nuevamente estaba cayendo en las redes de las cuales se había liberado una vez pero no estaba segura ser lo tan fuerte para salir de nuevo.
- ¿Qué te parece si nos vestimos los tres y tomamos el desayuno en algún bar?- consulto mientras deslizaba sus besos a su mejilla, muy cerca de su oído- Recuerda que hoy tenemos cita con mis abogados por el cambio de apellido de Ryo.
Por supuesto no lo había olvidado. Sabía que para Darién era importante resolver ese asunto antes del primer cumpleaños del niño, y estaba en todo su derecho de quererlo. Serena había aceptado hacía un mes, por lo que el empresario había puesto a todo su buffet de abogados en funcionamiento en el asunto para que demorase lo menos posible. Aquel era el gran día acordado.
- ¿Estas seguro que quieres hacerlo hoy?- consulto Serena mientras el la encerraba entre sus cuerpo y la cama.
- Por supuesto- sonrió mostrando su perfecta dentadura para luego besarla de nuevo.
No estaba acostumbrada a esa sonrisa, era simplemente devastadora y la dejaba vulnerable, desprotegida.
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Darién sonrió completamente feliz. Ryo Chiba Tsukino. Su hijo por fin era un Chiba legalmente, lo que lo llenaba de orgullo. Lo único que le faltaba para que todo fuese perfecto era que Serena lo aceptara y quisiera estar a su lado. Formar una verdadera familia, si ella lo deseaba.
Pero la joven se mostraba abstraída de aquel momento. Ausente, como si en su mente algo se estuviese debatiendo… algo de vida o muerte. Y aquello lo frustraba de cierta manera, ya que no sabía como actuar frente a eso. La conocía desde hacia tiempo, conocía sus gustos y disgustos. Su perfecta y simple alma bondadosa, su carácter que había mutado con los años, de dulce y maleable a duro y rebelde. En pocas palabras, sabía todo lo superficial de su persona pero no lo que realmente quería conocer. ¿Qué era lo que sentía realmente por él? ¿Había alguna esperanza?
Sin embargo, estas incógnitas llevaban a senderos aun más escabrosos. ¿Qué sentía el por ella? ¿Cuánto estaba dispuesto a abrir su corazón blindado?
Suspiro resignado. Sabía que Serena era una excelente mujer pero no podía extirpar tu pasado, lo que le impedía ser completamente sincero tanto con ella como consigo mismo.
La rubia observo a Darién recibir los últimos papeles, pero estos no tenían que ver con el cambio de apellido de su pequeño.
- Serena, quería hablarte de algo mas- dijo el pelinegro mientras los abogados abandonaban el salón de juntas discretamente.
Tomo la carpeta que le alcanzaba y leyó el titulo sorprendida. Pensión alimenticia. Lo miro extrañada ante aquel documento donde decía que por mes ella recibiría una suma exagerada de dinero para el bienestar de Ryo.
- No necesito esto- respondió molesta- Ryo esta perfectamente bien alimentado y mantenido con mi dinero. No necesito esto.
- Serena, por favor- suprimió el espacio entre los dos- Esto no se trata de si Ryo esta bien o mal con lo que tu le brindas. Eres una excelente madre. Solamente quiero aportar también en su mantenimiento.
- No somos una carga- espetó frunciendo el ceño.
- Por supuesto que no lo son- exclamo indignado mientras la tomaba de los brazos delicadamente- Quiero que dispongas de este dinero, como la mínima parte de mi aporte. Ese pequeño es lo único realmente mió que tengo y no quiero que le falta nada, en ningún momento y en ningún lugar.
Aun sin dar brazo a torcer, Serena le dio la espalda con intención de irse del lugar. No quería recibir dinero de él. No quería tuviese poder sobre sus decisiones nuevamente. Pero cuando estaba por llegar a la puerta, nuevamente la detuvo tomándola de una de sus muñecas.
- Serena, no me impidas ser un buen padre- le solicito un poco molesto- Esto no se trata de nosotros, sino de Ryo. Lo más importante ya lo tiene todo: Amor, Salud, Buenos padres… solamente quiero darle parte de lo que me pertenece, de lo que es suyo por el simple hecho de llevar mi sangre.
Suspiro molesta sintiendo su respiración cerca de su cuello. El pelinegro tenía razón. Como padre, tenia derecho a querer darle a su hijo lo mejor de lo que tenía. Aunque le molestarse recibir aquel dinero, este le pertenecía a su hijo y usarlo en él seria lo más sensato.
- Lo pensaré- decreto orgullosa. No deseaba concederle tanto en un solo día- Debo irme.
- Espera- le solicito- Mi tío deseaba ver hoy a Ryo, ya que lo extraña mucho. Se ha encariñado de una manera sorprendente, ya que dice que es como volver al pasado cuando yo era aun un bebé.
- De acuerdo- acepto mirándolo por primera vez- Pero tráelo antes de cenar.
El empresario asintió al pedido y contra su voluntad soltó su muñeca, permitiéndole retirarse del lugar llevándose la carpeta de la pensión para leerla con detenimiento.
Frustrada, abandonó el edificio rápidamente. Necesitaba escapar de aquel lugar, para tomarse su tiempo y pensar al respecto. Sin duda alguna, podría mostrarle el documento al día siguiente en el trabajo a Diamante para que le aconsejara sobre aquel asunto.
En la vereda, estaba estacionado el automóvil en que habían venido. Darién tenia las llaves del vehiculo, pensó sintiéndose afortunada ya que no tenia deseos de conducirlo. Demasiado "Darién Chiba" por un día. Sonriendo, se dirigió caminando hacia la parada del autobús para regresar a su hogar.
Luego de esperar algunos minutos, el gran vehiculo llego al lugar. Subió, pagó y se sentó en uno de los asientos libres, del lado de la ventanilla para distraerse observando el paisaje. El motor arranco nuevamente. Cerró los ojos respirando profundamente y reflexionando como se comportaría Darién de ahora en más al tener el titulo legal de padre de su pequeño. Pero cuando volvió a abrir los ojos, descubrió que su mundo cambiaria de manera demasiado brusca.
Sentado en un sillón, observaba a su tío jugar con su hijo. Sonrió ante tal escena, sin duda alguna Masaki tenia un autentico don con los niños. Y aunque le encantaba lo que veía y disfrutaba de aquellos momentos, no podía dejar de pensar en la madre del pequeño. Debía encontrar la manera en que Serena confiara en sus buenas intenciones y tratar de alejar los fantasmas creados en la época en que estuvieron juntos.
Miro su costoso reloj de pulsera. Pronto sería la hora de llevar al niño a su hogar y tendría otra oportunidad de tranquilizar a la rubia. Sin mencionar que le recriminaría que no le hubiese pedido los llaves del vehicula para volver.
Su teléfono celular comenzó a sonar. Lo extrajo de su bolsillo y observo en la pantalla, no conocía el número que le estaba llamando pero decidió atender igual.
- ¿Hola? ¿Señor Chiba?- consulto la voz de una mujer.
- Si ¿Quién habla?
- Usted no me conoce en persona. Mi nombre es Molly Tsukino- le explico. Su voz se sentía algo agitada.
- Se quien es- le aseguro sonriente- Usted es la tía de Serena. ¿A que debo su llamada?
- Serena ha sufrido un terrible accidente.
Holis!
Lamento sinceramente la tardanza. He tenido demasiado problemas para serles sinrera.
Primero, se me rompió la computadora por lo cual no podía entrar terminar de escribir este capitulo
Y Segundo, he tenido algunos (varios para ser sincera) problemas de salud a causa del estres y mi ritmo de vida.
No quiero excusarme mas, y espero que disfruten el capitulo y sepan disculpar si hay algun error, ya que lo he subido en cuanto lo he terminado.
Gracias a todos los que me dejan siempre reviews, que son el alimento de mi inspiración.
Nos vemos pronto!
