Disclaimer: Avatar: la Leyenda de Aang no me pertenece, yo simplemente amo este universo.


CAPITULO 10: CONFRONTACIÓN

El camino hacia la ciudad central de los valles no era largo. Katara, Sokka, Suki y Toph solo tuvieron que acampar una noche. Despuntaba el alba cuando Suki despertó.

- A levantarse chicos – clamo la gitana después de des esperezarse –

Pero los tres seguían dormidos.

- Chicos… – insistió Suki levantándose de su tendido-

Katara abrió los ojos y suspiro, como si necesitara darse ánimos para levantarse.

- Andando o no alcanzaremos a llegar antes de que sea medio día – siguió la gitana mientras enrollaba la colcha sobre la que había dormido-

- Yo no quiero caminar antes de que sea medio día – se quejo Toph mientras se cubría la cara con la sabana que tenía-

- La apoyo – secundo Sokka levantando su mano, pero permaneciendo acostado-

- No estarían tan perezosos si no te la hubieran pasado horas discutiendo sobre quien pondría el tendido – regaño Katara a Toph mientras le quitaba la sabana de encima-

- Ya vamos – dijo Sokka mientras bostezaba y se ponía de pie-

- No puedo evitarlo – dijo Suki emocionada- he pasado mucho tiempo fuera de casa y Yue prometió que liberarían a mis amigas.

- Te lo dije, la captura de las gitanas fue solo una mal entendido – dijo Sokka mientras se acercaba a Suki – Arnok se apresura a emitir órdenes y sus ideas son algo, pues…anticuadas, pero si Yue lo prometió lo cumplirá.

- ¿Y esa tal Yue es como su novia o algo así? – pregunto Toph quedamente a Katara al notar el ritmo acelerado de Sokka al hablar de la princesa-

- Ham…digamos que es mejor no tocar el tema – respondió Katara mientras ayudaba a Toph a ponerse de pie-

- Ya quiero llegar – siguió Suki sin prestarle mucha atención a la conversación- y en cuanto llegue me uniré a la reconstrucción, la ciudad no debe ser la misma desde el incendio.

- ¿Incendio? – pregunto Toph, esta vez en voz alta –

- Para expulsar a la familia real debimos de quemar la ciudad – aclaro Suki con una mezcla de pesadez y orgullo – era la única forma de acorralar el castillo.

Recogieron el campamento y caminaron cuando el alba aun los cubría. Un poco antes del medio día ya se divisaba la ciudad central; o lo que debía ser la ciudad central. Los muros ya no eran del solido color madera, ya no había árboles en las avenidas y desde la colina ya no se distinguían los techos de dos aguas que se habían divisado un día, en lugar de eso se erguían muros blancos y resplandecientes, había fuentes en cada esquina, rincón y parque y las formas de los edificios eran círculos o cubos perfectos.

El rostro atónito de Suki y la expresión de sorpresa de Sokka y Katara. Ninguno de los tres le pregunto a los otros que pensaba.

- Yo creo que…- empezó a decir Sokka-

Suki se echo a correr hacia la gran ciudad antes de que el terminara. La chica corrió por las calles irreconocibles mientras sus amigos la seguían, corrió presurosa sin voltear atrás, buscando cualquier cosa que la hiciera reaccionar, que le pudiera demostrar que si había vuelto a casa. De repente, llego al centro de la ciudad y se detuvo; su mirada se fijo en eso, imponente, impenetrable, se alzaba orgulloso, como si se riera de ella: el castillo de la familia real seguía ahí, ahora era blanco y brillante, pero las torres y estatuas seguían ahí, resguardando a los intrusos que se atrevían a tratar de controlar su tierra.

- Suki – llamo Sokka a penas y la alcanzo – estoy seguro de que hay una explicación para esto.

- Me muero por oírla – respondió la orgullosa gitana con voz implacable –

Dicho esto camino con paso firme hasta el castillo. Los guardias la detuvieron al pasar; fue hasta que llegaron Sokka y Katara que los dejaron pasar a todos.

Y estuvieron de pie los cuatro frente al trono. Esa habitación, frente ese trono donde antes había estado la princesa Azula; Suki no se sorprendió cuando vio en la mirada de Arnok un tanto de esa chispa de desprecio y superioridad; pero si fue grande la sorpresa de Arnok al notar la ira en la mirada de la gitana.

- ¿Qué sucede? – pregunto el rey – Se suponía que ustedes debían buscar a la hija de Shu y llevarla a Omashu.

- Encontramos a la descendiente de Shu, señor – respondió Sokka mientras presentaba a Toph – pero se rehusó a ir a Omashu, por eso la trajimos aquí, para escuchar la opinión de usted.

Arnok miro a Toph de pies a cabeza.

- ¿No soy lo que esperaba? – pregunto la chica adivinando el rostro sorprendido de Arnok-

- Al contrario – respondió Yue con tono amable – pareces más amigable de lo que esperábamos.

La princesa estaba sentada al lado de Arnok, en un trono más pequeño, a la izquierda del rey. A su derecha Paku aguardaba de pie y al lado de la princesa estaba de pie otra figura, una mujer mayor, vieja, pero no acabada, que parecía más cómoda escondida entre las sombras y las cortinas del fondo.

- No pienso volver a Omashu – grito Toph- y no existe fuerza que me obligue a cambiar de opinión.

- Cálmate – intervino Arnok – las diosas nos encargaron buscarte y llevarte ante ellas, no debe ser precisamente a Omashu, solo debemos encontrar la forma de que sepan donde estas, después de eso ellas decidirán a donde es que debes ir.

La respuesta no le agrado mucho a Toph.

- Eso no es lo que más importa ahora – interrumpió Suki-

Arnok volteo a verla desafiante y Yue no disimulo la tensión, cubrió su boca con su mano, como quien trata de evadir la culpa.

- ¿Dónde están mis amigas? – pregunto Suki casi a punto de quebrarse-

- Yo…- gimió Yue- lo siento, no pude liberarlas, es que ellas…

- ¡Mentirosa! – le grito Suki – ¡han destruido esta ciudad! ¡han hecho lo que han querido son unos conquistadores y nada más! ¡No son mejores que Azula!

- Suki, cálmate – Sokka trato de consolarla, pero Suki se libro de sus abrazos con facilidad-

- Mi hija hizo todo lo posible por ellas – respondió Arnok con la voz firme y sin parase del trono - pero ellas confesaron su crimen.

Los ojos desafiantes de Suki.

- Por favor – siguió la princesa poniéndose de pie – ellas incendiaron esta ciudad y no mostraron arrepentimiento; si lo hubieras visto, cuando llegamos todo estaba en ruinas, incluso el castillo.

- Yo mande quemar la ciudad – contesto Suki enojada- especialmente el castillo.

La mirada de Arnok cambio, Paku se acercó, el rey hizo un gesto para que la anciana se acercara también, a Paku no pareció agradarle esto.

El rostro confundido de Yue.

- Era la única forma de hacer que la familia real se fuera – aclaro Sokka –

- Pero parece que no fue suficiente – interrumpió Suki mientras sacaba la espada – Esta tierra es nuestra, váyanse y déjennos vivir en paz.

- Sera mejor que bajes esa espada – regaño Paku- no estás en condiciones de retarnos.

- He retado a peores tiranos – contesto la gitana-

- Pero nosotros somos más fuertes – replico Arnok poniéndose de pie – ya nos dimos cuenta de los poderes tan grandiosos que han sido otorgados a nuestra tribu, no es posible que allá quien se nos oponga.

- Pero esta ciudad si le pertenece a su gente – interrumpió Katara-

- No…no se las estamos quitando – respondió Yue sentándose de nuevo, con la voz frágil – solo queríamos reconstruirla, creímos que eso los haría felices.

- No me vengas con eso – grito Suki señalándola con la espada – ustedes saben muy bien lo que están haciendo; no me vengan con que quieren salvar este mundo, ahora son ustedes su peor amenaza.

Arnok le dirigió una mirada altiva a Suki, una llena de desprecio.

- Cállala y enciérrala – le dijo el rey a la anciana sin despegar su mirada altanera de la gitana-

Suki dio un paso al frente mientras aun empuñaba la espada, la anciana levanto su mano verticalmente hasta señalar a Suki. La gitana se detuvo de repente, tiesa como una estatua, su mano se torció, la gitana gimió; la vieja se río.

- Este es el poder de nuestra tribu – dijo Arnok orgulloso-

Todos se mantenían sorprendidos.

Yue volvió a ese gesto donde se cubría el rostro con las manos para evitar la pena, pero no puso esconder la tristeza que la invadía.

- Señor – interrumpió Paku – esta no es la forma, esta joven a demostrado gran valía para nuestra tribu y la reconstrucción de la ciudad ya termino, dejémoslos a sus leyes y a su gente.

Arnok volteo hacia Paku no muy convencido de sus palabras.

- Padre – rogo Yue – por favor.

- Déjenla ir – ordeno el rey de mala gana-

Suki cayó al suelo, tardo solo un momento en levantarse, voltear hacia el rey con rencor, darse la media vuelta y salir del palacio. Sokka intento seguirla, pero la orgullosa chica no se lo permitió.

- ¿Qué fue eso? – pregunto Toph –

- Es el verdadero poder de nuestra tribu – volvió a decir Arnok- es el poder que nos han otorgado las diosas, con el que lograremos hacer un mundo mejor.

Yue estaba conteniendo sus lágrimas y Paku estaba conteniendo sus puños, se notaba que no le agradaba el nuevo arte, pero aquella anciana se veía muy feliz.

- Sera peligroso si no se sabe usar – replico Toph - ¿de verdad puede usted controlarlo?

- Creo que ya hemos probado que podemos mejorar este mundo – respondió el rey-

Un silencio incomodo invadió la habitación.

- ¿En qué momento hemos fallado? – pregunto Arnok – En nuestra historia no ha habido un error que no hallamos ya reparado.

Katara se armó de valor, respiro hondo en su pecho y dio un paso al frente.

- Usted estaba junto a mi madre cuando murió – respondió la joven maestra con una voz que se esforzaba por ser serena – fue usted quien ordeno su muerte.

Yue no pudo contener más sus lagrimas, más se esforzó en que fueran discretas.

- Eran otros tiempos y otras reglas – respondió Arnok – hoy yo no haría eso.

Katara y Sokka se miraron, era verdad, su tribu era otra ahora; faltaba saber si era mejor o peor que antes.

- Retírense – ordeno el rey-

Los tres chicos aguardaron un momento, como si no creyeran la orden, Paku y la mujer seguían uno a cada lado del rey; no hubo más opción que obedecer. Yue se levanto de su trono y los siguió, un solo segundo de reflexión y Paku también fue tras ellos.

El sol de medio día seguía brillando en el cielo, tres sombras se asoman por la colina desde donde se puede ver la ciudad central. Un guardia cae al suelo y las tres chicas entran a la ciudad. La sonrisa de Azula al notar los muros blancos y el agua corriendo por las calles de la ciudad.


Y a esto me refería con que era una trama más política que la anterior