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Del otro lado de la linea


Janet observo las rosas rojas en su despacho y soltó un suspiro. Negó con la cabeza dos veces y termino de arreglarse para salir, el desfile de modas en Paris había sido un éxito, y ahora mismo tenía que salir como la diseñadora que era y demostrar porque los diseños Van Dyne eran los mejores.

— Tía Jan…—La voz de Franklin le saco de su mundo privado, el pequeño había sido uno de sus modelos aquella noche, puesto que había lanzado una línea completamente infantil. Y había sido asombroso. — Mamá dice que pa… Víctor necesita volver a casa…— Era de esperarse que el joven Richards al convivir tanto con la pareja de su madre le viera como un padre, La castaña revolvió los cabellos ajenos, para después tomar su mano y salir de la oficina.

— De acuerdo. ¿Ustedes se quedaran cariño?

— Si.

— Genial, porque tengo mucho que hablar con tu mamá y un gran regalo para ti….

— Y yo que pensaba que hoy podría tenerte solo para mi…— Un escalofrió recorrió la columna de la mujer y sus mejillas se sonrojaron de inmediato. Sus ojos se fijaron en el rostro ajeno. Una sonrisa franca fue lo primero que observo. Para después encontrarse con unos ojos azules.

— ¡Tía Jan me prefiere a mí!— contesto el pequeño en lugar de la avispa, sorprendiendo a ambos y haciendo que sonrieran de inmediato.

— Parece que te han ganado esta vez Alex…

— Ya veremos… ¿Qué tal un chantaje por caramelos?

—Deja de intentar que se pudran los dientes de mi Hijo Summers. — la llegada de Storm fue el hincapié para que el mutante comenzara a reír, el pequeño Franklin también y Janet solo negara con la cabeza, a decir verdad no se sentía tan natural desde hace cuatro años.

Porque desde aquel rompimiento Janet había sentido que perdió algo de sí misma, estaba rota y sin embargo con el apoyo de sus amigos, volvía a ser un poco ella misma; le había costado tiempo y sobre todo fuerza de voluntad pero ahí estaba.

—Vamos a la fiesta de una vez.

—Franklin, ven y guía a mamá…— soltó Susan con una sonrisa pícara hacia la castaña. El niño renuentemente acepto llevar a su madre como todo un caballero dejando solos al rubio y la castaña.

— Así que tienes competencia…

—Joven y atractivo. Como a ti te gustan…Ouch…— Alex se había llevado un buen golpe de Van Dyne.

— Pues como vez no es posible ganarle. —Soltó unas risitas antes de hablar ya más seriamente— ¿Cómo está Lorna?

El silencio se formó entre ambos y por el semblante del rubio supo que no iba muy bien la cosa. Hacia cerca de dos años que Alexander se había casado con Lorna y ambos habían concebido casi de inmediato, sin embargo; como en veces anteriores habían controlado a la mutante provocando no solo que Factor X disminuyera sus filas, también la pérdida del producto. La joven aun no superaba la situación e incluso había solicitado el divorcio. Cosa que no había tomado muy bien el rubio.

Janet se había convertido en su amiga y confidente, eran muy parecidos en su forma de pensar y la vida les había puesto en el mismo camino cuando se necesitaron.

— No quiere verme… además piensa que tú y yo…

—Te dije que este juego no estaba bien Alex.

— ¡Hey! Yo te lo dije a ti…—menciono con una sonrisa el rubio. A veces era solo Janet quien podría hacerle sonreír.

La risa cristalina de Janet le ánimo. No la conocía antes de Pym, pero si tuvo la suerte de ver como con el tiempo pudo ser brillante.

— De acuerdo… lo siento. ¿Quieres que le aclare las cosas?

— No, pensaba en realidad… darle la razón.

Janet se detuvo de inmediato y lo observo con algo parecido a la molestia.

— ¿Qué quieres decir? — su voz se notaba neutra y seria, por lo que los ojos azules de Alex enfrentaron los ajenos.

— El verme solo le hace daño Janet.

— Dime que solo es por eso…—la castaña achico la mirada con duda y miedo.

—…

No necesito la respuesta ajena, su silencio hablaba por sí mismo. Y le dolió. Porque ella no quería ser una causa de un rompimiento, ya había estado del otro lado de la situación y sabía que Lorna no se merecía algo así.

Se apresuró dejando al rubio con sus pensamientos, ella aún tenía que atender su empresa, su desfile; pese a que no estaba del mejor humor, esbozó una sonrisa radiante apenas salir del escenario.

Quien se iba a imaginar que la primera persona con la que se toparía apenas salir seria con él.

— Tanto tiempo Janet, es decir… señorita Van Dyne.

- ... Hola Dr. Henry Pym.