Bien! Perdón a todos por la larga espera, pero como comenté en el otro fanfic, mi computador había muerto =(
Hace dos semanas finalmente he conseguido un nuevo computador, por lo que el ritmo de actualizaciones ya será nuevamente más continuo.
Y lo cierto es que este es un capítulo que seguro les gustará a muchos de ustedes =) Personalmente estoy bastante satisfecha.
Los derechos de One Piece, por supuesto, no me pertenecen.
¡Gracias por leer!
10
Los Revolucionarios
Lin D. Read se detuvo ante las puertas del viejo orfanato y su mirada se ensombreció al notar que el edificio parecía deshabitado. Tal como temió: había llegado demasiado tarde. La muchacha se sentó en la escalinata y contempló sus manos. Aquellas manos que habían derramado tanta sangre. Sangre de inocentes; sangre de culpables.
Eran las manos de una asesina.
Lin apretó los ojos y contuvo un grito de angustia. ¿Qué podía hacer ella en la Marina? ¿Qué era la justicia? Lin apartó las dudas de su mente apretando los puños. No podía titubear ahora. Ya había decidido cuál sería su destino.
No supo cuantas horas transcurrieron, pero ella no se movió. Siguió sentada allí, hasta que el cielo se tiñó de rojo y una brisa fría comenzó a soplar desde la costa.
-¿Eres… eres Lin?
La muchacha alzó la cabeza y observó los rostros delgados de sus hermanas, que la observaban incrédulas y al borde de las lágrimas desde el otro lado de la acera. Rouge soltó la bolsa llena de verduras que tenía en una mano y cayó de rodillas al suelo, con las mejillas cubiertas de lágrimas. Bonney dio unos pocos pasos, aturdida.
-Lin…
Lin se levantó y, aunque lo que más deseaba en esos momentos era llorar como una niña pequeña, solo pudo sonreír como no lo había hecho desde hacía años. A Lin le pareció que sonreír era más fácil que llorar. Sonreír se sentía bien.
-Estoy de vuelta- dijo simplemente, abriendo sus brazos.
Sus hermanas, que ya no eran niñas, sino dos esbeltas mujeres de larga cabellera como ella, soltaron gritos de emoción y se precipitaron a sus brazos, llorando sin parar. Lin cerró los ojos.
-Estoy de vuelta…
-Lin… ¡LIN!
-¡Creímos que habías muerto! ¡No puedo creer que estés aquí!
Lin soltó una risita temblorosa:
-Las eché tanto de menos.
-¿Y… y Yahiko?
Lin respondió, ya sin sonreír:
-Lo asesinaron.
Rouge se llevó ambas manos a los ojos, tapando sus lágrimas, y Bonney se mordió el labio inferior, temblando de rabia.
-¡Les haremos pagar! ¡Los mataremos!
-No será necesario- repuso Lin, colocando una mano en su hombro-. Ya los maté a todos- Bonney la miró sorprendida. Lin añadió:- Pero… yo no quiero volver a matar más. No me obligues a hacerlo de nuevo.
Sus hermanas la observaron atónitas. Lin inspiró hondo, y alzando la mirada al cielo, forzó una sonrisa y declaró:
-Voy a unirme a la Marina.
Lin cerró los ojos mientras la brisa marina le despejaba el largo cabello azabache. Estaba, como era habitual, sentada en la proa del barco de la Armada de Dragón, pensando. Y había estado tan sumida en sus recuerdos que no había escuchado los pasos de Dáric Téndreval acercándose a sus espaldas.
-Nos dicen que ya estamos llegando.
Lin asintió.
-Lo sé. El aire se siente pesado.
Dáric parpadeó.
-¿Pesado?
Lin se volteó y le sonrió, haciendo un gesto con la mano.
-¡No me hagas caso! ¿Comeremos antes de desembarcar, verdad? ¡Estoy muriéndome de hambre!
-¡Pero si acabas de comerte un tarta de frambuesas tú sola!
-¡Eso fue hace tiempo!
Dáric abrió mucho los ojos, replicando estupefacto:
-¡Fue hace una hora!
Lin se rascó la barbilla.
-¿Sí?
Una gota de sudor cayó por la nuca de Dáric. Lin saltó entonces de la proa y correteó por la cubierta esquivando como una gata a todos con quienes se cruzaba.
-¿Y esta a donde va?- se preguntó Dáric cruzándose de brazos. La voz cortante de Ivanna dijo tras él:
-¿No es obvio, idiota?
Dáric frunció el ceño.
-¿Qué?
-Eres poco observador- sonrió Kaito Roronoa, que estaba sentado junto a su esposa mientras le sacaba brillo a sus katanas-. Lin va a molestar a Dragón a su litera. Lo hace todos los días a esta hora ¿no te has dado cuenta?
Dáric parpadeó.
-¡Oh! ¿En serio?
Kaito suspiró mientras Ivanna mascullaba un insulto dirigido a Lin. A la mujer aún no parecía agradarle la presencia de Lin dentro de la Armada Revolucionaria. Y lo más probable es que nunca consiguiera caerle bien. Lin había herido su orgullo como espadachina. Ella no podía perdonarle.
-Cuando estaba en la Marina con ella….- explicó Kaito-… Lin hacía lo mismo con el capitán Jonathan y conmigo. Tiene la irritante tendencia de molestar a los que solo queremos dormir.
Dáric se revolvió el cabello rubio, riendo:
-Nos va a volver locos a todos.
En el cuarto de Dragón, Lin se tapaba la boca con una mano para no dejar escapar su risa mientras que, con la otra, sostenía un lápiz de de tinta negra. La joven se colocó a horcajadas sobre el hombre moreno, que dormía apaciblemente en su hamaca. Lin acercó la punta del lápiz a su rostro y dibujó un gracioso bigote con las puntas en espiral. Luego hizo una línea entre las cejas y, cuando estaba a punto de dibujar un ojo falso sobre el párpado, el brazo de Dragón la cogió de la cintura, enderezándola antes de tumbarla sobre la cama, debajo de él. Lin soltó un grito de sorpresa y dejó caer el lápiz, pero al toparse con el rostro rayado de Dragón, que la observaba fijamente, se echó a reír.
-¿Qué hacías, pequeña?- le preguntó él con aquella voz grave que le caracterizaba. Lin siguió riéndose de él. Frunciendo el ceño, Dragón se incorporó, se acercó al espejo que estaba junto a la puerta y se observó.
-¡JAJAJAJA!- soltó Lin finalmente, retorciéndose sobre la cama-. ¡Qué estúpido te ves! ¡Shihihihihi!
Sin embargo, antes de que Lin pudiera seguir burlándose, Dragón agarró uno de sus pies, le quitó la sandalia y acercó sus dedos de forma insinuante. Lin, horrorizada, comenzó a retorcerse.
-¡NOO…! ¡No lo hagas!
Una sonrisa maliciosa cruzó por el rostro de Dragón.
-¿No querías reírte, Lin D. Read?
Lin palideció.
-¡Todo menos eso!
Pero Dragón hizo caso omiso y comenzó a hacerle cosquillas en el pie. Lin comenzó a reír, pero a diferencia de antes, se trataba ahora de una risa desesperada, casi angustiosa.
-¡Ahahajaja… para…. Para… Ahahjajaja! ¡D-dragón… ahahajajaja…. No más…!
Dragón reía entre dientes.
-¿Qué tal en tu estómago?
Lin comenzó a retorcerse con más fuerza, pero el agarre de Dragón era implacable.
-¡Hahajahajaja…. Por favor… no… ahaajajaja… todo menos…. Ahí….!
-Vamos a ver si ahora te quedan ganas de rayarme otra vez.
-¡NOO!
-¡Ahahaha!- reía Dragón ahora, y soltando a Lin, se sentó en el borde de la cama mientras daba rienda suelta a su risa, cerrando los ojos y sosteniendo su frente. Lin, respirando entrecortadamente, sonrió también. Le encantaba escucharle reír. No solo porque era algo muy raro en él, sino porque tenía un tono profundo y tranquilizador. Era un sonido que le recordaba al rumor del océano.
-Tu risa es muy varonil- comentó, pero enseguida se arrepintió de decirlo. Dragón la miró y sonrió. Lin desvió la mirada, avergonzada. Entonces la mano de él cogió su rostro y lo acarició con ternura. Para Lin, aquella era la máxima felicidad de su vida.
Realmente amaba a ese hombre.
-Dáric dice que llegaremos pronto.
Dragón asintió y su semblante se volvió grave.
-¿Cómo te sientes al respecto?
Lin esbozó una sonrisa tranquilizadora.
-¡No te preocupes por mí! ¡Estaré perfectamente! Además, sé que les patearemos el trasero a esos miserables- Lin lo cogió entonces de la mano-¿Me acompañas a comer?
-¿No acababas de comer ya?
-¡Pero fue hace tiempo!
-Fue hace una hora aproximadamente, si no me equivoco.
Lin hizo un mohín y se cruzó de brazos.
-¿Desde cuándo tú y Dáric se han puesto en mi contra?
Dragón se pasó la mano por el cabello.
-¿Qué quieres decir?
-¡Aaaaahg! ¡Iré a comer sola entonces!- explotó Lin hinchando sus mejillas y saliendo de la litera antes de que el Dragón alcanzara a salir de su confusión.
Aquella mujer era demasiado impulsiva a veces, pensó.
Muy lejos de allí, en el Cuartel General de la Marina, Saul, Aokiji y Akainu fueron convocados por el comandante en jefe de las fuerzas especiales del Gobierno Mundial, Kong, junto a dos miembros del Gorosei, además de Sengoku y Tsuru. A Aokiji le extrañó que Garp no estuviera allí. El hombre moreno frunció el ceño.
Si Sengoku no había llamado a Garp era porque el asunto, a todas luces, no se trataba de algo que el viejo aprobaría.
Y Aokiji, que había aprendido a respetar los principios morales de Garp, se sentía incómodo de estar allí. Especialmente por la presencia de los dos miembros del Gorosei.
¿Era su impresión o se veían más viejos?
-¿Para qué nos ha llamado, señor?- preguntó Akainu, estoico como siempre, y rompiendo el silencio.
-Nos han informado que diez arqueólogos de Ohara han intentado resucitar las armas ancestrales.
Akainu frunció el ceño:
-Pensé que habían destinado a mi padre a aquella misión.
Sengoku sacudió la cabeza:
-El almirante Kusei ha debido partir al Nuevo Mundo esta mañana, así que te hemos llamado a ti. Después de todo, eres igual de competente que tu padre, Sakazuki.
El hombre asintió por toda respuesta. Saul preguntó:
-¿Qué quieren decir con lo de armas ancestrales? ¿Acaso aún es posible…?
Tsuru lo interrumpió:
-Ellos son los únicos que pueden aprender a leer los poneglyph, después de todo.
Aokiji frunció un poco el ceño, pero no dijo nada. Saul parecía más bien confuso. Al parecer, se había saltado aquella "materia" en la Academia de Marines.
-Como bien debes saber, vicealmirante Jaguar D. Saul…- intervino uno de los viejos del Gorosei haciendo una extraña mueca cuando pronunció la "D"-… los poneglyph contienen la información para revivir armas de destrucción masiva. Solo quienes deseen acabar con la paz de este mundo que hemos construido con tanto esmero son los que se atreverían a romper la ley sagrada.
-¿Ley sagrada?
-La ley que condena con pena de muerte a todo quien se atreva a intentar leer esas piedras malditas- dijo el viejo noble con dureza. Saul inspiró hondo y asintió. Pero aunque no dijo nada, había algo dentro de toda aquella historia que le aturdía y no acababa por convencerle.
Pero sabía que sería un terrible error replicarle a uno de los nobles mundiales.
-¿Entonces hay arqueólogos de Ohara que están intentado revivir las armas ancestrales?- dijo Aokiji alzando las cejas-. ¿Y si se trata solo de una falsa alarma? Ha pasado antes.
-Me temo que no es así, vicealmirante Kuzan. Sabemos que se ha estado rompiendo la ley sagrada desde hace algunos años. Y eso que ya habíamos castigado a varios eruditos en el pasado por intentar hacer lo mismo.
Sengoku suspiró hondamente.
-Deben ir a averiguar que pasa y traer aquí a esos arqueólogos ¿entendido?
-No- repuso uno de los ancianos del Gorosei con frialdad, contradiciendo a Sengoku-. Deben eliminarlos. No debe quedar ninguno. Es peligroso para el mundo que alguien que sepa leer ese lenguaje maldito ande suelto por ahí.
Sengoku parecía preocupado.
-¿Matarlos?- repitió Saul, ganándose una mirada de advertencia de Aokiji. El gigante, sin embargo, no se quedó callado esta vez-¿Pero no tendríamos que iniciarles un juicio antes…?
-Será mejor que obedezcas las órdenes- le dijo Sengoku con severidad-. Saul, sabes bien que no debes contradecir al Gobierno Mundial. Ahora váyanse. Les he asignado tripulaciones distintas a los tres. Eso quiere decir que trabajarán por separado. Abajo estarán esperándolos los miembros del CP9 y su líder, Spandine. Él será quien esté a cargo de la misión y el que designará sus labores en la búsqueda de los criminales.
Los tres marines asintieron en silencio y salieron de la oficina. Sengoku se masajeó las sienes.
-Esto es igual que hace veinte años…
Uno de los viejos asintió.
-Y se puede poner peor ahora que esa chiquilla ha dejado la marina. ¿Han rastreado su paradero, Sengoku?
-He enviado a Bartolomew Kuma, pero aun no recibo ningún informe. Lin D. Read se ha esfumado.
-Y ahora tenemos al hijo de Garp…
Tsuru dijo:
-Aunque todavía la prensa no le presta tanta atención, él me parece el más peligroso de todos. Por lo que hemos podido averiguar, Dragón domina el gun-kata y tiene una estrecha relación con los eruditos de Ohara. Después todo, su madre era una de ellos.
-Exactamente- asintió uno de los viejos del Gorosei-. Y estoy seguro de que el objetivo de ese hombre es apoderarse derechamente de las armas ancestrales para destruirnos. Monkey D. Dragón es el segundo en oponerse derechamente ante nosotros. Si no le paramos los pies ahora podría convertirse en una seria amenaza en el futuro…
-¿Deberíamos advertir a los reyes?
-No creo que sea aconsejable todavía- dijo Tsuru-. Eso no sería sensato.
-Y de todas formas, le atraparemos tarde o temprano- dijo Sengoku con firmeza.
-Sengoku…
-¿Sí, señor?
-Quiero recibir información sobre el paradero de Lin D. Read cuanto antes. Esa mujer nos está incomodando.
Tsuru les preguntó:
-¿Qué es lo que les incomoda de ella?
-Los Read fueron una piedra en el zapato para el Gobierno hace veinte años- explicó Sengoku, mirando a Tsuru-. ¿Te acuerdas de ese incidente en…?
Tsuru abrió mucho los ojos.
-Ya veo- murmuró, impresionada.
-Pero Lin no sabe nada- les dijo Sengoku a los viejos del Gorosei-. Puedo asegurarles que ella ignora totalmente lo que pasó con sus padres. No creo que represente una gran amenaza.
-Siempre es mejor prevenir con aquellos que llevan la D., Sengoku. Después de todo, fue su linaje quien intentó acabar con el mundo, hacer 800 años.
Tsuru y Sengoku los miraron asombrados.
-¿Quieres decir que sus padres y la esposa de Garp eran…?
El otro viejo asintió:
-Cuando esa mujer se suicidó, los Read ya sabían que estábamos tras ellos y tras ese libro. Incluso me temo que ella y los Read tuvieron contacto directo con Roger. Es lo que más nos preocupa.
-Pero Garp no sabía nada…
-No. Su esposa siempre le ocultó todo para mantenerlo a salvo. Hizo bien. Garp es, después de todo, muy útil para nosotros. Sería una lástima tener que eliminarlo.
Sengoku frunció el ceño ante esas palabras.
-Garp no es tan idiota como parece- dijo-. Él sabía que su mujer estaba involucrada en ese asunto. Pero Garp intentaba proteger a su hijo. Es un hombre de principios, después de todo. Y amaba bastante a esa mujer.
-Los Monkey, los Gold, los Boy y los Read nunca deberían juntarse- masculló uno de los viejos del Gorosei-. Si aquella mujer no hubiera ocultado su verdadero nombre, desde el principio habríamos impedido que Monkey D. Dragón naciera. Garp guardó silencio por bastante tiempo.
-¿Cuál era el verdadero nombre de esa mujer?- inquirió Tsuru, sorprendida.
Los viejos del Gorosei respondieron al unísono:
-Ariana Gold.
Tsuru y Sengoku abrieron al máximo los ojos.
-¡No me digas…!
-Creemos que era la hermana de Roger. Pero no hemos hallado información concreta.
-¿Entonces Dragón lleva la sangre de los Gold y los Monkey?- murmuró Sengoku, comenzando a sudar. Tsuru miró a los viejos del Gorosei e inquirió:
-¿Por qué mencionaron el apellido "Boy"? Creí que los descendientes de Jon Boy habían muerto.
-Sí. Pero nunca se sabe.
-De no ser por nosotros, ningún ser humano hubiera sobrevivido a ese desastre. Pero los D. son como ellos… y nosotros no podemos permitir que la "historia que no debe ser contada" vuelva a repetirse.
Por los oscuros y penumbrosos pasillos de la torre, el grito agonizante de una joven se alzó reverberando con fuerza en las paredes. Varias cabezas se asomaron entre los barrotes de las celdas.
-¿Esa es Marian?- inquirió un muchacho de tez oscura.
-Sí… creo que está dando a luz.
-Pobre criatura…- murmuró un hombre sacudiendo la cabeza-… su bebé está condenado a sufrir.
Mientras tanto, la mujer en cuestión jadeaba con el rostro cubierto de sudor mientras su compañera de celda la asistía con los pocos recursos que tenían a mano. Apenas tenía trece años. Sin embargo, era la propia Marian la que le había ido dando las instrucciones sobre qué hacer.
-Lo… lo estás… haciendo bien- jadeó Marian mientras la niña tiraba del cuerpecillo del bebé.
-¡Falta poco! ¡Un esfuerzo más, Marian!
Ella gritó y gritó, empujando con todas sus fuerzas, hasta que finalmente el llanto de un bebé reverberó dentro de la celda. Marian se echó a llorar mientras Ana, la niña que le ayudaba, cortaba el cordón umbilical de la criatura antes de envolverla en una manta y colocarla junto a su cabeza.
-Es un niño- sollozó la muchacha llamada Ana-. Y está sano.
Marian esbozó una triste sonrisa mientras contemplaba el rostro lloroso de su hijo recién nacido.
-¿Cómo se llamará?
-Law… como su padre. Supongo que a ese hombre no le importará.
-¿En serio le darás este niño a Doflamingo?
-Hice ese trato con él. Mi hijo no crecerá siendo un esclavo.
Ana se sobresaltó cuando escuchó el eco de unos pasos.
-Marian, creo que son los guardias.
Sin embargo, antes de que los pasos alcanzaran a llegar hasta la celda, una fuerte explosión sacudió la torre. Varios comenzaron a gritar. Marian se incorporó aferrando a su pequeño hijo con fuerza.
-¿Qué pasa?
Ana tragó saliva cuando alguien pateó el muro de la celda, destrozándolo y dejando una amplia abertura tras la cual dos figuras se asomaron.
-¿Tú eres Marian Trafalgar?
-Sí…
La figura menos alta -una mujer con el ojo cubierto por un parche- esbozó una sonrisa de alivio. La otra persona era un hombre rubio de mirada vivaz.
-Te ayudaré a salir. Me dijeron que estabas dando a luz, por eso vine corriendo.
-¿Qué… que pasa afuera?
El rubio respondió:
-Hemos invadido Lemuria. Los guardias están muertos.
Su compañera asintió.
-Ahora serán libres.
Marian Trafalgar observaba con admiración como la mujer de la trenza larga, que se había presentado después con el nombre de Lin D. Read, iba derrotando con facilidad a todos los guardias que intentaron detenerla.
La torre era un caos. Las personas que habían ido a liberarlos eran expertos guerreros contra los que ni los mejores luchadores del coliseo habrían podido aguantar.
Marian se aferró con fuerza a los hombros del hombre rubio -¿Dáric, se llamaba?-, que la cargaba. Junto a ellos, nubes de polvo se levantaban mientras niños, adolescentes y hombres y mujeres jóvenes escapaban hacia el exterior.
-¡Hijo de perra!
-¡Atrápenlos!
-¡No los dejaremos salir…!
-¡Desgraciados! ¡El Gobierno se enterará de esto!
Gritos, llantos, risas enloquecidas e insultos se entremezclaban entre el gentío, mareando a Marian. Ana, que corría pálida junto a ellos, gritó cuando la mano callosa de uno de los guardianes de Lemuria la tiró al suelo, alzando un puñal. Pero antes de que este alcanzara a caer sobre ella, el pie de Dáric le desencajó la mandíbula al sujeto, enviándolo a volar.
-¡Protejan a los más pequeños! ¡Ayuden a los heridos!- gritaba Lin a todo pulmón. De pronto el aire se hizo pesado y la mayoría de los niños y guardias de Lemuria cayeron desmayados al piso. Solo unos pocos se sostenían en pie, con el rostro lívido. Ana y Marian también se habían desmayado, pero el bebé recién nacido, curiosamente, solo reaccionó con llanto.
-¡Es un niño fuerte!- comentó Dáric, impresionado.
Lin sonrió, aliviada.
Aquel había sido el haki del rey de Dragón. Eso facilitaría las cosas. Dragón, que junto a otros guerreros habían destrozado los muros coliseo, caminó hacia ellos mientras tres de los generales ayudaban a sacar a los niños y niñas desmayados, transportándolos hacia los barcos que habían preparado para ellos. Sin embargo, antes de que Lin alcanzara a llegar hasta las puertas, algo tiró con violencia de ella hacia atrás.
-¡Lin!
-Mierda…- masculló la joven mientras una fuerza invisible la arrastraba por el suelo-. ¡Aggg, suéltame, maldición!
Dragón disparó una de sus armas y Lin sintió como la soltaban.
-¿Estás bien?- le preguntó Dragón mientras miraba hacia el frente con el ceño fruncido.
-Sí.
Ella se incorporó de un salto mientras tres de los generales del ejército de Baltigo corrían hacia ellos, listos para atacar. Lin se sobresaltó cuando la figura esbelta de un hombre rubio y sonrisa bufonesca caminó hacia ellos desde los escombros.
-Ha pasado tiempo, Lin.
Ella abrió mucho los ojos.
-¡Do… Doflamingo! ¡Qué…! ¿Cómo…?
-Donquixote Doflamingo es quien controla este lugar- le explicó Dragón a Lin con una mirada sombría.
Horrorizada, Lin inspiró una brusca bocanada de aire, aturdida, antes de que la ira le quemara la sangre. Ella dio unos pasos hacia Doflamingo y le gritó, furiosa:
-¡Bastardo! ¡Después de que tú mismo sufriste a manos de ellos…! ¿Cómo te atreves?
Doflamingo le echó una mirada peligrosa.
-Tú no sabes nada de mí, Lin. Esa noche, cuando tú, Teach y yo huimos de aquí, yo ya tenía planeado regresar para levantar el coliseo de Lemuria con mis propias normas.
-¡Ridículo! ¡Tú eras un esclavo de ellos!
Doflamingo se echó a reír. Lin estaba paralizada.
-¡Hehehehehe! ¡Yo, tal como me ves ahora, soy uno de ellos, Lin D. Read! Pero… ¿a quién le interesa mi historia, de todas formas?- Doflamingo alzó sus dedos y sonrió de forma siniestra-. Ustedes me están irritando. ¿Cómo se atreven a intentar destruir Lemuria?
-Liberaremos a los chicos que están atrapados aquí y les daremos un motivo por el cual vivir- dijo Dragón, dando un paso al frente y sacando sus pistolas. El aire alrededor de él se puso tenso e, instintivamente, varios retrocedieron. El haki de Dragón era devastador. Incluso Lin tragó saliva, pero no retrocedió.
Doflamingo dejó de sonreír, y frunciendo el ceño, atacó usando una extraña habilidad que le hacía parecer un titiritero. Daric, junto a otros guerreros, cayeron al suelo de pronto, jadeando por aire.
Doflamingo comenzó a reír.
Justo en ese momento apareció Ivanna, y con un solo movimiento de su espada, cortó los hilos invisibles que ahorcaban a sus compañeros. Doflamingo iba a atacarla, pero entonces Dragón se interpuso y lo golpeó, mandándolo a volar.
-Este tipo es muy peligroso…
-¡Tenemos que irnos!
Dragón frunció el ceño y entonces Daric gritó.
-¡Lin, va por ti!
La joven esquivó justo a tiempo un ataque de Doflamingo, quien sonrió antes de darle una patada en la cara, tumbándola en la tierra. Lin se retorció de dolor en el suelo.
-¡Mierda…!
Antes de que alcanzara a incorporarse, los hilos de Doflamingo rodearon su garganta y comenzaron a oprimirla. Ella jadeó.
-Voy a matarte aquí y ahora, Read D. Lin. No debiste haber interferido…
De pronto, la presión en la garganta de ella desapareció y una sombra se interpuso veloz. Lin parpadeó, enderezándose, y vio a Dragón aferrando el cuello de Doflamingo, que estaba tumbado en el suelo con una mueca de rabia y asombro. La punta de una de las pistolas de Dragón le apuntaba justo en la frente mientras los dedos apretaban sin piedad. Una expresión fría y amenazadora teñía los rasgos de Monkey D. Dragón.
-No volverás a tocarla, Donquixote Doflamingo.
-¿Quién eres tú, malnacido?
-Monkey D. Dragón es mi nombre.
El rostro de Doflamingo se contorsionó.
-Eres ese hombre…
-¡Doflamingo, ya basta, ya fue suficiente!- gritó al voz de una mujer-. ¡Aún tenemos un trato tú y yo! ¿no?
El rubio entornó los ojos y clavó su mirada en Marian Trafalgar, que lo observaba desde una distancia prudente, con su hijo lloroso en sus brazos. Al notar al bebé, una sonrisa se deslizó por el rostro de Doflamingo.
-Bien- murmuró-. Puedes soltarme… Monkey D. Dragón. No intentaré hacer nada. Mis esclavos son tuyos ahora. Haz lo que quieras.
El rostro de Dragón se volvió una máscara inmisericorde y su dedo se movió para apretar el gatillo, pero antes de que pudiera disparar, Marian Trafalgar llevó un cuchillo hasta su garganta.
-¡Si… si lo matas… yo me mataré!
Dragón parpadeó, perplejo, y soltó a Doflamingo, quien se incorporó y avanzó lentamente hacia la mujer, riendo entre dientes. Lin masculló:
-¿Qué hacen?
-Dame al niño, Marian- le exigió Doflamingo a la mujer. Ella asintió, sollozando, y se lo entregó. Doflamingo sostuvo al recién nacido con una sola mano. Ivanna Roronoa colocó instintivamente una mano en su vientre y dio un paso para atacarlo, pero su esposo la agarró, sacudiendo silenciosamente la cabeza.
-¿Por qué le entrega su hijo a ese hombre despiadado?- murmuró.
-Será un hombre fuerte- le dijo Doflamingo a Marian, ignorando los llantos del niño-. Y lo criaré para que se convierta en médico brillante, tal como lo fueron todos los miembros de tu familia. Tendrá todas las comodidades que quiera. Es una promesa, Marian Trafalgar. A cambio… me deberá su lealtad.
La mujer asintió en silencio.
-Law es su nombre.
-Lo sé.
Entonces Doflamingo, cogiendo el cuchillo que ella había sostenido antes, la apuñaló.
Aprovechando el momento de shock, Doflamingo dejó escapar su haki del conquistador, levantando enormes nubes de humo y polvo, mientras su cuerpo volaba hacia el cielo, alejándose a toda velocidad de la isla. Dragón levantó ambas pistolas, disparando en la dirección en la que había escapado el rubio una y otra vez, pero fue inútil.
-Se… se ha ido- murmuró Lin, horrorizada.
Habían dejado que aquel hombre se llevara al niño.
ESTRACTO DEL LIBRO: HISTORIA DE UNA REVOLUCIÓN, por el historiador Sabo, El Caballero Azul. Editado en 978D.X, después de la Segunda Gran Era Pirata.
La invasión de Lemuria y la libertad de sus cautivos, que ascendían a 487, se llevó a cabo con total éxito. Se cuenta que, entre las muchas cosas que hicieron Dragón y su ejército en los primeros albores de su revolución, ese fue uno de los mayores acontecimientos del siglo. El Gobierno Mundial impidió a toda costa que el hecho saliera a la luz pública.
La mayoría de quienes fueron forzados a luchar en Lemuria, acabaron uniéndose a la causa de Monkey D. Dragón. Muchos, sin embargo, llegaron a tal resolución tras enterarse de que la mano derecha de aquel hombre, Read D. Lin, había sido anteriormente una de ellos.
La mujer les brindó su apoyo y, con palabras amables y alentadoras, encendió la luz apagada de sus corazones para que se atrevieran a luchar contra quienes les habían quitado la libertad.
Pero la pérdida de la mujer llamada Marian Trafalgar, junto con la huida de Donquixote Doflamingo, quien se llevó a su hijo, fue una espina que torturó largamente los espíritus de Dragón y Lin. Y aunque intentaron rastrearlo, nunca pudieron hallar el paradero de aquel hombre.
Fue desde entonces cuando la gente comenzó a conocerlos oficialmente como Los Revolucionarios, quienes compondrían más tarde la Armada Revolucionaria. Uno de los espías enviados por el Gobierno fue Bartolomew Kuma, antiguo compañero marine de Lin, quien acabó traicionando posteriormente sus principios como marine para unirse a la causa de los revolucionarios (capítulo 14 pag. 341)
Pero antes de ese hecho, un acontecimiento que estremecerá para siempre los pilares de la historia aconteció pocos meses después de la invasión de Lemuria: la destrucción de Ohara. Situación que marca un antes y un después para Los Revolucionarios. Pero muy especialmente, para Dragón y Lin.
Ivanna suspiró, sonriendo, mientras acunaba a su hijo de 1 mes de edad contra su pecho. El pequeño de cabello verde musgo dormía plácidamente. Habían pasado 5 meses desde la invasión de Lemuria, tras lo cual debieron enfrentar algunas otras "dificultades" de las que, afortunadamente, habían salido con buen pie.
Alguien tocó la puerta.
-¿Quién…?
-So… soy yo.
Ivanna se extrañó de oírla tartamudear. Pero sonrió y dijo:
-Pasa, Lin.
La joven de cabello negro entró y sonrió, aunque parecía una sonrisa un tanto nerviosa. Ivanna alzó una ceja, pero no dijo nada. Lin se acercó para mirar al niño y su sonrisa se volvió mucho más cálida. De hecho, era una sonrisa más cálida de lo habitual. Casi… maternal.
Ivanna estaba asombrada.
-Lin… ¿pasa algo?
-Mmm… Umm.
Ivanna la miró de forma alentadora.
-Adelante. Puedes decírmelo. Caray, ¿qué te ocurre? No pareces tú misma hoy.
Lin, sin embargo, miró a su hijo dormido y murmuró:
-¿Puedo tomarlo?
Ivanna asintió, extendiendo al niño hacia ella. Lin lo cogió con cierta torpeza.
A pesar de que Ivanna Roronoa había odiado a Lin anteriormente, humillada por su derrota, muchas cosas pasaron después. Incidentes que acabaron uniendo de forma casi fraternal a ambas mujeres. Pero la más significante de ellas ocurrió durante aquel ataque sorpresa de agentes del Gobierno, quienes atacaron el barco en el que Ivanna y otros miembros de su clan iban a bordo. Al notar que estaba embarazada, uno de los hombres intentó apuñalar a Ivanna en el estómago, pero Lin intervino, convirtiendo al individuo en una pulpa sangrienta. Tras eso, la joven se aseguró de preparar un barco para que Ivanna llegara sana y salvo a Baltigo, pero dos días antes de que la embarcación tocara puerto, las contracciones de Ivanna obligaron a que la única mujer del barco, que resultó ser nada menos que la infantil Lin D. Read, adoptara el papel de matrona.
En la litera del barco, Lin le ayudó dar a luz a su hijo, si bien fue un hecho bastante más traumático para la misma Lin que para Ivanna, quien tuvo que obligarla a mantener la calma…..
Flashback
-¡Aaaahggg… Lin… que esperas… sácalo… mierda… duele!
-Pe…pe… ¡pero hay mucha sangre! ¡Tu hijo se va a morir!- farfulló Lin al borde del colapso mental.
-¡Es mi sangre, idiota… no la de él!
Lin tragó saliva y comenzó a tirar del niño. Ivanna gritó:
-¡No le vayas… aaahg… a arrancar la cabeza!
Lin se echó a llorar, cerrando los ojos, mientras sacaba al bebé bañado en sangre y otros fluidos extraños y misteriosos. Con un último grito y empuje, el llanto del hijo de Ivanna y Kaito Roronoa se unió al llanto de Lin, quien sostenía al niño boca abajo sin abrir todavía los ojos.
-¿Ya… ya nació?- preguntó la morena.
-Eso… es evidente- jadeó Ivanna, irritada y divertida a la vez, mientras observaba como Lin sostenía torpemente al niño recién nacido.
-Wow- comentó Lin, mirando al pequeño Zoro con ojos de completo asombro- ¡Se ve horrible! ¿Y que… que esta cosa?- Lin gritó horrorizada:- ¡Waaaaa, una culebra!
-¡Es el cordón umbilical, maldita sea!- gimió Ivanna mientras aun intentaba recuperar el aliento.
Era un verdadero milagro que todo hubiera salido bien.
Cuando Lin hubo seguido las instrucciones de Ivanna, que consistía en limpiar lo mejor posible al niño y cortar el cordón umbilical, la emocionada madre sostuvo a su lloroso hijo entre sus brazos con una mirada de profundo amor.
-Se parece a Kaito…
-¿Cómo se llama?- le preguntó Lin.
-Su nombre es Zoro Roronoa- dijo Ivanna-. Y será el mejor espadachín del mundo.
Lin esbozó su amplia sonrisa.
-¡Shihihihihi! Encantada de conocerte, Zoro.
Fin del Flashback
Desde entonces, ambas mujeres se habían vuelto muy unidas, y Lin adoraba al pequeño Zoro, quien siempre la observaba fijamente con sus soñolientos ojos. En realidad, Lin dudaba que aquel niño fuera normal. Dormía mucho y rara vez lloraba, algo que a sus padres, sin embargo, les tenía sin cuidado.
Zoro eligió ese momento para despertarse y sus ojos escrutadores pasaron del rostro de Ivanna a Lin. El niño le sonrió.
-Hola, Zoro- dijo Lin mientras lo alzaba-. ¿Fue una buena siesta?
El bebé balbuceó, haciendo reír a Lin. Ivanna, sin embargo, notó que seguía pareciendo nerviosa. Más nerviosa de lo que nunca la había visto.
-Lin… ¿no ibas a decirme algo?
Ella bajó a Zoro, y entreabrió sus labios antes de cerrarlos abruptamente, desviando su mirada.
-Yo…- Lin la miró y colocó entonces su mano en su vientre. Ivanna abrió mucho los ojos-. Yo estoy embarazada.
Ivanna estaba asombrada.
-¿Tú estás…?
-Simplemente lo supe. Es difícil de explicar… pero desde ayer empecé a notar… que había vida dentro de mí.
-Haki de observación- murmuró Ivanna-. Yo también me enteré gracias a mi haki. No hay duda entonces. ¿Dragon lo sabe?
Lin negó con la cabeza.
-No- murmuró.
-Hey. Pero es una gran noticia. ¿Por qué pareces triste?
Lin miró el rostro de Zoro, que había vuelto a dormirse, y dijo con la voz empapada de angustia:
-No estoy preparada… ¡nunca pensé en traer una vida al mundo, Ivanna! Y menos ahora. Yo no puedo tener un niño. ¡No puedo!
Ivanna estaba en shock.
-Pero Lin… ¿Cuál es el problema?
Lin recordó a su sobrino, Ace, huérfano de madre y padre, perseguido solo por la sangre que corría por sus venas, y a aquel recién nacido al que Doflamingo se llevó consigo. Pensó en todos los niños pequeños cuyas vidas había visto destruidas en su vida. Lin no era estúpida. Sabía cuáles eran los peligros a los que ella y Dragón estaban expuestos.
A los que su hijo estaría expuesto.
-No… no es que no lo quiera- susurró Lin-. Pero no puedo…
-No estarás pensando en abortar a esa criatura ¿o sí?
Lin se mantuvo en silencio.
Justo en ese momento, alguien tocó la puerta. Lin palideció al saber de antemano quien era. Podría reconocer su haki en cualquier lugar.
-Soy yo. ¿Puedo pasar?
-Dragon…
El hombre moreno entró y miró a Ivanna y luego a Lin. Su rostro contraído por la furia y la tristeza. Lin nunca lo había visto así.
-Esos malditos han…- los puños de Dragón temblaban-. ¡Han destruido Ohara, Lin! ¡La isla de Ohara fue bombardeada por la Buster Call!
Muchísimas gracias a todos los que me comentan y leen! Ustedes son el carbón que da vida al fuego de esta historia x3 ¡En serio, los adoro!
En el próximo capítulo nace Luffy finalmente! ;) Y desde ahí, las cosas empiezan a ponerse mucho más interesantes, como ya podrán suponer =D
Pero algunos se habrán dado cuenta de que en realidad, Lin se ha embarazado antes de lo que se supone, pues Luffy es tres años menor que Zoro. ¿Qué ha pasado? Juju, pues ya lo averiguarán!
Me gustaría responder sus comentarios ahora, pero ando un poco corta de tiempo, así que lo dejaré para el capítulo siguiente. Pero sí responderé algunas dudas:
-No sé todavía si habrá Lemon en este fanfic. Yo creo que no. No tengo experiencia narrando escenas de sexo explícito XDD (se sonroja)
-Shanks aparecerá más adelante, sin duda ;)
-Subiré los capítulos cada diez o doce días, aproximadamente. Ahora que tengo mi computador, soy feliz! *O*
¡Espero sus comentarios!
