No quiero levantarme.

El despertador no deja de sonar y yo no quiero levantarme.

Mi cabeza duele. Martillea. No debí beberme la mitad de esa botella de vino blanco anoche con… ¿Qué diablos hace Diamond durmiendo sobre mi identificación de la Elite?

Intento salir de la cama pero mis piernas se enredan con las sábanas y termino desplomándome en el suelo. Me golpeo la cabeza y me levanto toda adolorida, Diamond ni siquiera se inmuta así que me acerco a él y lo tomo por el pellejo para lanzarlo sobre la cama. Él bufa y me lanza un zarpazo. ¡Genial! ¡Un nuevo rasguño!

Tomo la identificación para asegurarme de que no ha sufrido ningún daño y busco mi billetera para resguardarla.

¿Qué demonios pasó anoche? ¡Toda la habitación es un desastre! ¡Los platos sucios, la cama deshecha, una botella de vino blanco totalmente vacía! Y mi cabeza no deja de doler, ¡sabía que era mala idea pedir licor! Aunque la cena fue de lo más deliciosa, en especial esa orden de nachos con queso extra.

El teléfono de la habitación suena y veo la hora en el despertador.

¡Son las 5:00 am! ¿Quién llama a las 5:00 am?

—Hola —digo de mala gana cuando levanto el teléfono.

—El taxi está esperándote en el estacionamiento —me dice la voz de Skyler—. Saldrá en quince minutos así que apresúrate.

Asiento torpemente y voy a darme una rápida ducha. Maldita sea, ¡ni siquiera he preparado mi equipaje! Salgo de la ducha resbalando a causa de mis pies mojados y Diamond está… ¡Se ha vuelto a dormir!

— ¡Diamond! —le grito y él abre sólo un ojo para mirarme—. ¡Levántate! ¡Ya tenemos que irnos!

Me ignora olímpicamente y yo meto velozmente un poco de ropa en una mochila de color azul, que por cierto tiene el dibujo de un Staryu. Meto también, con especial cuidado, los obsequios del líder de la Elite. Mi teléfono celular, la billetera, mis Pokebolas, todo está en orden. Dejo el resto de mis pertenencias listas y miro la hora. Son las 5:07 am. ¡Aún tengo tiempo!

Tomo unos pantalones entallados de mezclilla azul, una camiseta rosa de cuello redondo y mangas cortas, una chaqueta de pana negra y mis zapatos deportivos nuevos, que tienen el estampado de un Vileplum… Dios, ¡no puedo vestir así! Usaré mis viejos Converse para no parecer una fanática. De igual forma, nadie tiene porqué enterarse de mi sostén tiene el dibujo de un par de Pokebolas. Ahora que recuerdo, el hombre que lo vendió era realmente un pervertido.

¡Maldición, Perla, concéntrate! ¡Tienes el tiempo contado!

Me siento culpable por dejar la habitación hecha un desastre pero de cualquier manera, no tengo tiempo para limpiar. Le doy una rápida cepillada a mi cabello y me cuelgo la mochila al hombro. Tomo a Diamond por el pellejo y abandono la habitación a toda prisa.

Y lo peor de todo es que no he podido desayunar.

¿Dónde está el taxi?

¡Lo que hay ahí es una enorme limusina negra!

Sheryl está recargada en la portezuela trasera y me alegra que ella tampoco lleve sus maletas a cuestas. Sólo lleva un morral pequeño bajo el brazo, es de pedrería y parece hecho a mano. Sigue ahí su aspecto de tejana. Va vestida con unos relucientes pantalones blancos, una blusa azul con un escote de infarto y una chaqueta blanca con flequillos. Usa botas blancas y su sombrero es blanco y reluciente. Su cabello rubio y lacio va suelto y cae sobre sus hombros. Lleva los auriculares puestos y lee una revista de la A.E.P.A.

— ¡Buenos días!

Sheryl arruga la nariz al escucharme y la veo sacar su reproductor de música de sus pantalones. Presiona un par de veces un botón, creo que ha subido el volumen de su música.

— ¡Cuánto lujo! —exclama Diamond y salta para acercarse al auto.

— ¿Vamos a viajar en eso? —le pregunto a Sheryl.

—No, Skyler lo ha enviado sólo para mí —me responde con tono hiriente—. Tú irás en eso.

Señala con una sacudida de la cabeza y me giro para ver un triciclo rosa. Entorno los ojos y me monto en la limusina. ¡Es enorme! Mi celular está timbrando… ¡No puede ser! ¡Es mamá!

—Esto es vida —dice Diamond mientras se acurruca en el asiento.

Respondo la llamada, no hacerlo implicaría un castigo de por vida.

—Hola, mamá —le digo.

— ¿Dónde estabas? ¡Te dije que tenías que reportarte conmigo!

Dios, lo olvidé por completo. Mi madre grita tan fuerte que incluso Sheryl la escucha.

—Lo siento, mamá —intento disculparme pero no suena nada convincente—. Estuve con Julie todo el día y…

— ¿No hay minibar en ésta máquina? —se queja Diamond en voz alta, aprieto los dientes cuando me doy cuenta de que mi madre lo ha escuchado.

— ¿Quién es? —me pregunta.

—Ah, es el televisor —le digo apresuradamente—. ¡Debo irme! Iremos a un par de museos y se me está haciendo tarde. ¡Te amo!

Lanzo un beso a la bocina y apago mi celular luego de terminar la llamada. ¡Estoy metida en un gran problema! Y Sheryl intenta reprimir una risa, ¿qué es tan gracioso?

—Sería realmente gracioso que tu madre supiera que estás a punto de tomar un vuelo para ir a las Islas Malvinas —comenta ella con tono hiriente.

La fulmino con la mirada y la limusina se pone en marcha.

¡Siento mariposas en el estómago!

Creí que llegaríamos a un aeropuerto o algo así pero estaba equivocada. ¡Estamos en una pista de despegue y aterrizaje totalmente privada! Nos han pedido que nos identifiquemos en la entrada y verificaron nuestras identidades en un computador.

¡Cuánta confidencialidad!

A pesar de ello, no son lo suficientemente caballerosos como para abrirnos las portezuelas de la limusina así que tenemos que hacerlo nosotras mismas. Ya están James, Onyx y Skyler aquí. Skyler va muy linda, muy formal. Usa un traje de color violeta. Sheryl la fulmina con la mirada y se cruza de brazos cuando Skyler nos saluda con una sonrisa.

James, Onyx y yo nos saludamos con besos en las mejillas. Ese par me agrada bastante y tengo que admitir que James es muy apuesto.

Un segundo… ¿Es ese un jet privado?

¡Sí, es un jet privado!

Es de color negro y el puente de abordaje ya está preparado.

—El equipaje que han dejado en sus respectivos hoteles se está enviando ahora mismo a La Sede —nos explica Skyler como si alguien se lo hubiera preguntado—. La Elite pagará todos sus gastos durante su misión así que no tendrán de qué preocuparse —sigue diciendo—. El piloto tiene instrucciones de llevarlos sin escalas a las Islas Malvinas. Al llegar, encontrarán un contacto que los ayudará a encontrar el sitio donde la Guarida de Flareon está oculta.

Nos indica con un gesto que abordemos ya el jet privado. ¿Tanta prisa tiene por deshacerse de nosotros?

—Buena suerte, chicos. La necesitarán.

Noto la preocupación en su voz. ¿A qué le teme? Estaremos bien. Es decir, la Elite nos está protegiendo, ¿no es así?

Subimos al jet y Skyler nos vigila desde tierra.

¿Es ésta nuestra despedida? ¿No va a abrazarnos o a darnos su autógrafo? ¿Y es que a nadie le importa que no nos hayamos despedido apropiadamente de Skyler…? ¡Dios, el interior del jet es hermoso!

Hay cuatro asientos, justo lo necesario para nosotros. James y Onyx ocupan los suyos, Sheryl se rezaga del grupo para volver a su lectura. Diamond entra de un salto y se acurruca en el asiento que queda libre. ¿Y yo? ¿Dónde voy a sentarme? Tomo a Diamond por el pellejo y él vuelve a arañarme.

Está bien, gato estúpido, puedes sentarte en mi asiento.

—Puedes sentarte aquí —me ofrece James y hace un espacio para que compartamos el asiento.

Me sonrojo totalmente. ¿Cómo un chico tan atractivo me pide que me siente junto a él? ¿Es una clase de indirecta?

—Gracias —le sonrío con timidez y así, compartimos el asiento.

El jet privado se pone en marcha y miro por la ventanilla a Skyler. Se ve tan angustiada que me hace pensar que nos dirigimos al infierno en lugar de ir a las Islas Malvinas…

Sea como sea, es el inicio de nuestra aventura.

¡Seguramente será un viaje inolvidable!