Saluditos a Noelia Azgue y a mi linda Julieper, aquí la actualización que me pediste, ahí me cuentas que te pareció.
XOXO
Katniss
Había pasado ya una semana desde el accidente de Gale y todo volvía a su curso, al parecer Gale no recordaba nada de la noche del accidente, y los médicos dijeron que era algo normal, muchas veces el impacto era tan grande que el cerebro borraba el suceso. Mi padre no le contó a nadie el cómo sucedió el accidente, más que iba corriendo y no se fijó al cruzar la calle. Peeta volvió a dar clases el día después de que Gale despertara, fueron dos días sin clases de literatura, y cuando el apareció el viernes en la mañana, no me pude contener y lo abracé frente a toda la escuela. Annie al ver la situación lo abrazó también, así todos pensarían que era por la tristeza que sentíamos al recordar el accidente de Gale y pues nadie dijo nada.
Nuestra primera clase del viernes era química, adoraba la química, aunque no me llevaba bien con la profesora, me encantaba la materia, estábamos a mitad de la clase, resolviendo unos problemas, cuando tocaron a la puerta.
-Adelante- dijo la profesora Enobaria.
Un chico alto, blanco de cabello rojizo y pecas en la cara abrió la puerta inseguro –Buenas ¿en esta clase está la señorita … mmm… Everdeen… Katniss… Everdeen?-
Todos me miraron como si hubiese hecho algo malo, incluso Johana lo preguntó -¿Qué hiciste ahora?-
-Nada yo no he hecho nada-
-¿Quién te envía?- Preguntó la profesora.
-Oh señorita soy de entregas especiales, correos- dijo el chico amablemente.
La profesora Enobaria se levantó para hablar con el joven y con una gran sonrisa le instó a pasar al aula, he ir hasta mi escritorio.
Al entran hubo un gran ¡OH! En común entre las compañeras y varios chiflidos por parte de los varones, el chico llevaba en sus manos un hermoso ramo de rosas, pero no cualquier rosa, eran de color azul y celeste, amarradas con un listón rosa pálido.
-Señorita Everdeen, un obsequio para usted- dijo cordialmente el joven.
-¿Quién las envía?- preguntó Johana.
-Un admirador, él dijo que usted sabría de quien se trata-
-Sí, gracias- dije tomando las rosas, que tenían un olor delicioso –si lo ves o hablas con él, dile que me encantaron y que deseo seguir-
-Muy bien, me retiro entonces, buenos días- dio media vuelta y se fue.
-Kat son preciosas, ¿Quién es tu admirador, por qué no nos habías contado?- dijo Johana.
-En su momento lo sabrán, ahora sigamos que me pondrán como un tomate-
-No cariño si como un tomate ya estás- dijo Finnick riendo -¿A ti te gustan esos detalles?- le preguntó a Annie, quien solo asintió –¿Kat me regalas una rosa?-
-Claro- le contesté, dándole una rosa.
-Oh Annie con todo mi amor, te doy esta rosa que Katniss me regaló, para no quedar como un mal novio, aunque sea solo una tienes que entender que las demás son de Kat, pero aun así mi amor es sólo para ti y mi corazón te pertenecerá eternamente- dijo finalmente riendo y le entregó la rosa a Annie.
-Oh Finn eres un payaso- dijo Annie y lo abrazó fuerte.
Finnick me miró y me guiñó un ojo en aprobación, yo puse los ojos en blanco y me reí, todos los alumnos se habían quedado viendo la escena de Finnick y Annie, y pues ya estábamos acostumbrados a la forma de ser de él, era casi increíble pensar que Finnick, siendo todo un payaso, un bombeta, se haya llegado a enamorar de una chica tan seria como lo era Annie y viceversa, eran una pareja única, algo así como el jin y el jan.
-Bueno Finnick, espero que use su potente léxico, para cuando le toque hacer sus ensayos finales, ahora sigan por favor- interrumpió la profesora.
Después del ramo de rosas y las palabras de Finnick hacia Annie, no pude volver a concentrarme, mi mirada estaba perdida entre los pétalos del rosal.
-¿De nuevo en un mundo paralelo?- Annie chasqueó los dedos ante mis ojos –vamos cariño despierta, ya salimos-
-Oh tu siempre tan sutil- dije abrazándola.
Salimos del aula a los pasillos llenos y no había quien no se fijara en mi llamativo ramo de rosas azules y celestes, hasta que nos topamos de frente con Peeta.
-Vaya Katniss, que lindas rosas, ¿un admirador quizá?- preguntó sonriendo seductor.
-Un gran admirador- dije sonriendo –uno muy especial-
-¿A ti también te dieron una rosa azul?- preguntó desconcertado al ver la rosa que tenía Annie en las manos.
-No, Finnick se la pidió a Kat, para regalármela a mí- se defendió.
-Debiste haber escuchado todas las cosas lindas que le dijo- comencé a reírme al recordar la escena.
-Me imagino, conociendo a ese chico debió haber sido todo un Romeo- se rió –no hay problema- dijo bajito, para que solo Annie y yo lo escucháramos –pero creo que a ti te van las rosas verdes, sí, que convienen con tus ojos, le diré a Finn donde comprarlas- dio media vuelta y se fue.
-¿Cuándo se enteró Peeta que tu sabes lo nuestro?- pregunté.
-Yo se lo pregunté el día del cine y él me lo confirmó- dijo tranquila.
-¿Calladita pero directa, he?- dije sarcásticamente.
Ambas nos reímos y caminamos juntas hasta la siguiente clase.
Peeta.
Estaba en mi despacho, cuando tocaron a la puerta.
-Adelante-
-Hola, ¿te interrumpo?- dijo Portia. En realidad algo en ella no me gustaba, pero no podía ser tan despreciable.
-No, claro que no-
-Que bueno, me contaron lo de tu hermano, ¿él se encuentra bien?-
-Si gracias, según dicen pronto podrá regresar a la escuela-
-Oh que excelente noticia-
-Si mmm ¿se te ofrecía algo más?-
-Si, este bueno, me gustaría invitarte a comer, no sé, para conocernos mejor, ¿qué dices?-
-Creo que ahora no es buen momento, estoy algo estresado con lo de mi hermano y demás-
-Oh yo entiendo, será luego- se levantó de la silla y se fue.
No podía negar que Portia era increíblemente hermosa pero no me llamaba la atención ella, ni nada delo que me podía ofrecer, siempre me ha molestado que me coman descaradamente con los ojos y ella lo hace siempre, como si yo fuese un filet, no me resulta para nada seductor, me resulta más bien acosador.
-Hola profesor- escuché la dulce voz de Katniss desde la puerta.
-Hola Kat, pasa-
-Te veías muy concentrado, ¿te he interrumpido?-
-Eso nunca, ¿lista para ponernos al día con los dos días que no vine?-
-Siempre lista, como los boys scouts-
-jajaja ya ponte a trabaja, donde pondrás las rosas de tu admirador-
-Las dejaré sobre el sillón-
Me levanté para cerrar la puerta y pude ver de reojo a Portia con su puerta entre abierta, sabía que me estaba espiando, estaba escuchando nuestra conversación. Le hice señas a Katniss y esta entendió perfectamente, seguimos hablando como alumno y profesor, acomodando papeles, ensayos y demás cosas que se supone siempre hacíamos, me levanté y fui hacia ella, mientras continuaba hablándole del libro que estábamos leyendo en clase, me paré detrás del respaldar de su silla y haciendo que hiciera la cabeza hacia atrás para poder verme, tomé su rostro entre mis manos y le di un fuerte beso.
-Como deseaba sentir tus labios- le susurré.
-Yo también- dijo riendo.
-Bien dejemos esto por hoy, el lunes continuamos, ¿iras a ver a Gale?-
-Sí, de aquí voy directo a mi casa a dejar mis rosas y luego al hospital-
-Oh perfecto entonces nos vemos en el hospital- nos despedimos educadamente y la vi, salir de mi oficina rumbo a su casa.
-Portia- dije cómo si estuviese en la misma habitación que yo.
-¿Disculpa me pareció que me llamaste? Estaba ocupada-
-Portia, sabías que es de mala educación escuchar las conversaciones de los demás-
-Yo no escuché nada Peeta- dijo con falsa inocencia.
-Sólo te lo diré una vez, no soporto que me acosen, en ningún sentido, ¿bien?, buenas noches- dije mientras cerraba la puerta de mi oficina, di media vuelta y me fui.
.
-Hola hermanito ¿cómo te sientes?- saludé a Gale.
-Oh me siento extraño, como si me hubiese arrogado un bus-
-Graciosito andas hoy-
-Bueno es que aquí no se puede hacer mucho, me aburro demasiado y mamá a veces me vuelve loco cuando habla- se defendió.
-Hola- dijo Katniss desde la entrada -¿Cómo están guapos?-
-Guapos- contesté yo.
-Adolorido, necesito un beso para curarme- dijo Gale y ambos lo volvimos a ver –es broma, aunque no me caería nada mal un tierno beso en la frente, no pensándolo bien no quiero que me toquen la cabeza-
-¿Gale estás medicado verdad?- preguntó Katniss
-Hasta la última célula de mi cuerpo, me siento en las nubes-
-¿Por qué te medicaron?-
-Creo que porque cuando me despierto no me porto bien, no me gusta que me amarren, a menos de que seas tú la que me amarre y te des placer conmigo- dijo riendo.
-Es el suero de la verdad, es un anestésico, te lo ponen para dejar de sentir dolor, pero te afloja la lengua demasiado- me explicó Kat.
-Por eso dice eso, ¿son delirios o son ideas que tiene en la cabeza?-
-Ambas, cuando está así, solo no hay que hacerle caso, mira se quedó dormido, ven siéntate conmigo como la primera noche que estuvimos aquí- dijo y me tomó de la mano para sentarnos juntos en el sillón –gracias por las rosas Peeta, son hermosas, ¿No pensé que fueras de esos hombres detallistas?-
-Algo nuevo se aprende cada día… siempre lo he sido, me gusta conquistar y hacer que se enamoren de mi, que vean que los caballeros de los cuentos si existen, adoro ver la expresión de las personas al recibir un presente, y más cuando se que ese presente se lo he dado yo, con un mensaje oculto-
-¿Así, cual es el mensaje?-
Me acerqué a su oído y agarrando el lóbulo de su oreja le dí una pequeña mordida –el secreto es que sepa que será siempre mía- continué besando su precioso cuello, llevaba días sin tocarla y no me pude resistir de apretar uno de sus pechos y a besarla cada vez más frenéticamente, ella tampoco se podía controlar, su mano se había colado entre el cierre del pantalón y me masajeaba el miembro sin timidez, le desabroché los botones de los vaqueros y metí la mano para tocar su maravillosa entrada, entrada que tenía prohibido, mientras nos besábamos mi mano se resbaló más dentro de su pantalón haciéndola gemir y arquearse a mi tacto.
-Oh Peeta hazme tuya- dijo jadeando.
-Será un placer, pero hay un problema-
-¿Cual? – preguntó exagerada.
-Que tienes que esperar dos meses para sentir mi erección dentro tuyo- Saqué mi mano del interior de su pantalón y tenía la mano húmeda, y llevé su sabor a mi boca –Mmm algún día, pronto te lameré hasta hacerte gritar y desearas que no acabe nunca-
-Eso tendrás que demostrarlo con hechos- dijo seduciendo.
-Me las pagarás, en dos meses- la amenacé y la besé mientras la abrazaba a mi pecho.
