CAPÍTULO 10
La puerta de la habitación de Shadow se abrió de una patada y él y Sonic irrumpieron en la estancia. El erizo negro llevaba al vampiro a horcajadas, sujetándole por la espalda mientras el otro le rodeaba con las piernas a la altura de la cintura. Besándose con una mezcla de pasión e intensidad que rozaba la violencia, pero que a juzgar por la actitud de ambos erizos era más que deseada y consentida. Cuando el beso terminó, Shadow arrojó al vampiro cuidadosamente sobre la cama, y Sonic rebotó sobre el colchón, se rió y trató de adoptar una pose sensual. El erizo negro no tardó mucho en acompañarle, y sus labios volvieron a unirse con ansía mientras sus lenguas luchaban fervientemente por dominarse mutuamente.
Los planes de Shadow para esa noche se habían desvanecido en cuanto los labios del erizo azul habían entrado en contacto con los suyos antes subirse al coche. Al parecer, tendrían que dejar el cine para otro día...
A lo mejor era por culpa de la calefacción, pero el caso es que comenzaba a hacer un calor insoportable, y Shadow no dudó ni un solo segundó en lanzar su jersey descuidadamente al otro lado de la habitación, y ya que estaba, aprovechar para quitarle la sudadera al erizo azul. Quería sentir aquella dulce fricción con la que parecían saltar chispas cuando su piel ardiente se juntaba con la más fría del vampiro.
Sin poder evitarlo, Sonic se dejó guiar por su instinto y mordió el labio inferior de su compañero excesivamente fuerte, ganándose un gruñido de advertencia por parte del otro, el cual aprisionó al vampiro entre la cabecera de la cama y su propio cuerpo, sujetando sus brazos con firmeza y besándole salvajemente hasta que ambos tuvieron que separarse para tomar aire. Sus miradas se encontraron y el erizo azul no dudó ni un instante en rozar su naricita contra la de Shadow cariñosamente, antes de que ambos volviesen a fundirse en un torrente de besos y rudas caricias.
El cuerpo de Shadow le pedía a gritos que se dejase llevar por la lujuria del momento y que terminasen lo que habían empezado; sin embargo, la débil y amortiguada voz de la razón trataba de hacerse oír entre aquel torrente de pasión y adrenalina que se había apoderado de su mente, diciéndole que parasen ahí y ahora, antes de que el erizo negro perdiese por completo el control. Pero era tan fácil y tentador dejarse llevar por aquel acto de puro placer…
Sin embargó, su dilema moral se resolvió por si solo cuando el momento sensual terminó con Sonic mordisqueando suavemente una de sus orejitas y susurrándole: "Tengo hambre…". Ahí fue cuando Shadow se separó del vampiro y le lanzó una mirada de fastidio que solo podía interpretarse como: ¿Estás de broma?. Ante lo cual, el vampiro simplemente se encogió de hombros y se le acercó por detrás, abrazándole y dejando un rastro de suaves besitos que viajaban desde la mejilla color canela del erizo hasta su cuello. Shadow se quedó muy quieto, conteniendo la respiración con los ojos muy abiertos mientras trataba de reprimir un escalofrío. Evidentemente, esta no era la primera vez que Sonic bebía del erizo. El vampiro se había acostumbrado hasta tal punto a su sangre, que Shadow prácticamente se había convertido en su única dieta; y sin embargo, el erizo negro no terminaba de acostumbrarse a la dolorosa sensación de ser mordido por mucho que el vampiro tratase de hacérselo más soportable.
Al notar como Shadow se encogía al notar tacto de sus colmillos contra su yugular, Sonic le susurró suavemente:
—Ya sabes que si no quieres, siempre puedes negarte. —Por supuesto que Shadow lo sabía. De hecho, estaba completamente seguro de que si se lo pedía, el erizo azul estaría dispuesto a dejar de alimentarse de su sangre para siempre. Pero no podía hacerle eso. Sabía lo mucho que Sonic disfrutaba cuando ambos erizos compartían aquel acto tan íntimo, en el que la deliciosa y cálida sangre del erizo veteado pasaba a estar completamente a disposición del vampiro.
—Estoy bien. —Era mentira, por supuesto.
—¿Has estado tomando tus pastillas? —Dado que Sonic había comenzado a beber su sangre tan de seguido, el erizo veteado se había visto obligado a tomar unas pastillas que le ayudasen a generar más hierro y a fortalecer sus glóbulos rojos para prevenir cosas como la anemia.
—Sí. —Otra mentira piadosa. A decir verdad, hacía varios días que no se tomaba las pastillas porque básicamente se le habían olvidado; y sabía que el erizo azul lo notaría nada más probar su sangre y que probablemente se enfadaría bastante por mentirle, pero ya qué más daba…
—En ese caso… —Sonic se inclinó sobre el erizo negro hasta que su boca quedó a menos de un centímetro de su garganta. Shadow se tensó y sus orejitas se crisparon nerviosamente cuando el aliento del vampiro acarició su piel. Sus ojos se cerraron con fuerza cuando los labios del otro se posaron suavemente sobre su cuello desprotegido, y entonces… Sonic le sopló una pedorreta.
Los ojos de Shadow se abrieron de golpe, y al instante, el erizo comenzó a retorcerse tratando de contener la risa mientras el vampiro le abrazaba más fuerte y le hacía cosquillas.
Sonic sonrió divertido. Hacer reír a Shadow era todo un reto que el erizo azul siempre estaba encantado de aceptar; y no podía evitar sentirse orgulloso de sí mismo cuando conseguía sonsacarle alguna que otra carcajada (aunque para ello hiciese falta hacer un poco de trampas como en esos momentos). Además, la imagen de una persona tan seria y oscura como su novio retorciéndose y maldiciendo entre risitas, le resultaba extrañamente adorable.
—Te odio… —jadeó Shadow en cuanto consiguió quitarse al erizo azul de encima, gracias a un codazo bien dirigido a su estómago, para después tumbarse en la cama boca arriba tratando de recuperar el aliento.
—Me adoras —le corrigió Sonic con una sonrisa.
—Te soporto —replicó Shadow mientras dejaba que el vampiro se tumbase y se acurrucase junto a él, apoyando la cabeza sobre su pecho—. De todos modos, ¿no se suponía qué tenías hambre?
—Y lo tengo. Pero no puedo morderte si me miras con esa cara de susto —A Shadow no le costó demasiado distinguir una sonrisita burlona asomando a los labios del erizo azul.
—¿Y cómo quieres que te mire? —inquirió el otro enarcando una ceja—. Por si no te habías dado cuenta, que me chupen la sangre no es uno de mis hobbies favoritos, erizo.
—Solo quiero que te sientas cómodo conmigo en todos los aspectos, Shads. —Sonic cerró los ojos placenteramente mientras dejaba que las manos de su compañero acariciasen sus púas con suavidad.
Shadow asintió secamente. Sabía que a pesar de todo, el erizo azul se preocupaba inmensamente por su comodidad y bienestar a su manera. Así que siguió rascando y acariciando al vampiro, hasta que este quedó completamente relajado y sumiso entre sus brazos.
—Muy bien… —ronroneó Sonic felizmente—. Tienes un talento especial para esto, Shads.
El erizo negro suspiró pesadamente, fijando la vista en el techo beige de su habitación.
—Si mi talento especial consiste en acariciarte, me temo que es un talento bastante decepcionante…
—¡Claro que no! Es un talento genial y no debemos dejar que se desperdicie. —Sonic inclinó la cabeza hacía un lado para que el erizo negro tuviese mejor acceso a la parte trasera de sus triangulares orejitas y bostezó adormilado por culpa de las caricias, dejando a la vista sus colmillos—. Si sigues así, quizás incluso me plantee perdonarte.
—¿Perdonarme? —El erizo veteado enarcó una ceja—. Si alguien tiene que perdonar algo aquí, ese soy yo. Después de todo, eres tú el que se bebe mi sangre.
Shadow frunció el ceño al darse cuenta de que el erizo azul se estaba quedando dormido, y que por eso mismo no había escuchando ni una sola palabra de lo que le había dicho.
—¡Ah, no! No te atrevas a dormirte justo ahora. —El erizo negro le pellizcó la cola suavemente y el vampiro dio un respingo—. Los vampiros ni siquiera duermen de noche.
—¿Y quién lo dice? —replicó Sonic.
—Yo lo digo.
El erizo azul le fulminó con la mirada.
—Estoy seguro de que un vampiro sabe mejor que tú lo que podemos y no podemos hacer.
—No si el vampiro actúa como un crío de doce años… —Shadow se inclinó sobre su novio para darle un beso en la frente y terminar así con la discusión, pero no conforme con eso, Sonic se incorporó y se sentó en su regazo.
—De todos modos, tienes razón. Tú y yo aún tenemos asuntos pendientes por resolver —le susurró el erizo azul al oído, aprovechando para morder suavemente una de las orejitas negras, y complacido con el gemido que obtuvo a cambio—. ¿Por dónde íbamos?
—Deja que te refresque la memoria. —Shadow sujetó al vampiro por la cintura y rodó sobre sí mismo, de forma que ahora fuese Sonic el que quedase atrapado debajo de él con el erizo negro entre sus piernas—. ¿Te suena esto de algo?
Shadow sujetó las manos del erizo azul a ambos lados de su cabeza antes de que pudiese reaccionar y le besó sin darle tiempo a protestar. Sonic correspondió encantando al beso y envolvió sus piernas alrededor de la cintura del otro, atrayéndole aún más hacia él. El vampiro sonrió para sus adentros; algo le decía que iba a ser una noche muuuy larga.
Rouge terminó de guardar el uniforme en su bolsa y se enfundó su nueva chaqueta de cuero marrón, la cual había sido un caro capricho; pero en opinión de la murciélago, había merecido completamente la pena al mirarse en el espejo y observar complacida como resaltaba sus pronunciadas curvas. Así que retocándose por última vez la sombra de ojos, la mobian salió de los vestuarios femeninos y fue a reunirse con su amiga Topaz, lista para olvidar su desagradable día de trabajo.
Topaz la estaba esperando apoyada contra la pared. Siempre pasaba lo mismo, mientras que Rouge se tiraba más de media hora en los vestuarios, la humana apenas tardaba quince minutos en cambiarse. La murciélago la saludó y ambas caminaron por los pasillos de GUN en dirección a la salida charlando animadamente, y una vez allí, ambas se despidieron y cada una se fue por su camino. Rouge no pudo evitar sonreír al pensar en Topaz; era una chica demasiado inocentona en ciertos aspectos para el gusto de la murciélago, pero una buena chica después de todo.
Al mirar su reloj de muñeca, Rouge suspiró resignada. Su coche seguía en el taller y ella tendría que regresar a casa caminando de nuevo. Aunque en esos momentos, la verdad era que todo le daba igual, lo único que quería era llegar a su casa y meterse en la cama.
La murciélago, se había pasado toda la mañana en el Instituto Anatómico Forense revisando el último cadáver encontrado para no descubrir nada nuevo. Resultaba un poco frustrante si te parabas a pensarlo. En tres semanas habían aparecido veinte cuerpos (uno por día), y en todos ellos se habían encontrado pruebas de ADN, las cuales resultaban imposibles de identificar. Era como si el culpable ni siquiera existiese. Aunque no era de extrañar; la mobian sabía que muchos de los vampiros que se paseaban por la ciudad ni siquiera tenían DNI… En resumidas cuentas, ni la policía, ni GUN, ni nadie realmente, tenía pista alguna sobre la verdadera identidad del asesino; y la pobre agente, no podía evitar sentir que no hacían más que dar pasos en falso.
El viento sopló con fuerza y Rouge se estremeció. Su chaqueta sería bonita, pero la verdad es que no protegía demasiado bien del frío. Y por si fuera poco, hacía bastantes días que sentía como si alguien la estuviese vigilando a cada instante que salía a la calle, aunque supuso que simplemente se estaría volviendo paranoica…
Lo que le había dicho a Shadow el otro día era cierto. Rouge le echaba de menos; echaba de menos sus comentarios sarcásticos y cortantes, su falta de interés por la vida, ver películas de terror juntos y, sobretodo, sacarle de quicio. Además, la murciélago era una de las pocas personas que sabía que debajo de aquella fría e introvertida máscara, se escondía un Shadow inocente y dulce (a su manera), que aunque mostrase poco esa faceta, no significaba que no estuviese allí.
De repente, fue como si a Rouge se le acabase de encender una bombilla sobre la cabeza.
La casa de Shadow estaba a unos quince minutos de donde ella se encontraba, y tampoco era demasiado tarde… Podría ir a comprar unas pizzas si se daba prisa y pasar la noche en casa del erizo. Así se ahorraría más de media hora de calles solitarias y oscuras, y podría pasar un poco de tiempo de calidad con Shadow. Sí, estaba decidido.
Rouge subió los escalones con cuidado mientras sujetaba la bolsa con una mano y maniobraba con la otra tratando de mantener los tres cartones de pizza en un equilibrio estable.
Por fin llegó hasta la puerta de Shadow, y la murciélago sacó de debajo del felpudo una llave plateada que insertó en la cerradura e hizo girar con un sonoro "click", abriendo la puerta de la casa y volviéndola a cerrar una vez que estuvo dentro. Por lo que pudo comprobar, el erizo negro seguía siendo tan predecible como siempre…
El salón estaba a oscuras, sin embargo, la mobian era capaz de detectar con su agudo oído ruidos provenientes de la habitación del agente. Rouge arrojó su bolsa sin cuidado sobre el sofá, tratando de hacer el menor ruido posible mientras cargaba las pizzas en ambas manos y se aproximaba a la habitación del erizo con la intención de darle una sorpresa. Pero algo iba mal. Aquellos ruidos eran extraños, sonaban como… ¿gemidos? La murciélago sujeto el picaporte insegura. ¿Y si Shadow estaba haciendo algo "privado"? Que ella supiese, el erizo negro no tenía ninguna novia o lío, pero claro, había otras formas de, eh… "liberar tensiones". De repente, Rouge escuchó a su amigo gritar y, sin poder contenerse, abrió la puerta.
Las pizzas resbalaron de sus manos y cayeron al suelo, manchándolo.
—Mierda… —siseó Shadow. La cara del erizo palideció de golpe para ponerse roja apenas un segundo después.
Rouge dio media vuelta y salió de la habitación sin mediar palabra, volviendo al salón y sentándose en el sofá con el rostro completamente inexpresivo y los ojos muy abiertos. Hoy había descubierto dos cosas: La primera, a Shadow le ponía lo hardcore. La segunda, su amigo era gay. La verdad es que todo eso le habría dado igual… ¡De no ser porque el erizo se lo estaba montando con un maldito vampiro!
Un par de minutos más tarde, Shadow regresó al salón con el vampiro siguiéndole el paso. El erizo negro se había puesto unos tejanos, y la murciélago también pudo observar que ahora llevaba una gasa pegada al cuello con esparadrapo justo donde el vampiro, un erizo azul cobalto, le estaba mordiendo cuando les había pillado infraganti.
Ambos agentes se miraron sin saber que decir. Sonic se revolvió incómodo tras el erizo negro. No hacía falta ser muy listo para deducir que se avecinaban problemas, así que decidió que lo mejor sería quitarse de en medio.
—Esto… Shadow, creo que será mejor que me vaya —murmuró haciendo verdaderos esfuerzos por contenerse y no echar a correr hacia la puerta.
Sin esperar confirmación, Sonic se marchó sintiendo como los ojos de Rouge se clavaban en él como puñales al pasar por delante de ella. Una vez que oyeron como la puerta se cerraba tras el erizo azul, la murciélago se levantó de golpe dejando que su ira contenida estallase.
—¡¿Pero qué estás haciendo?! ¡¿Estamos tontos?! —chilló la mobian.
Las orejitas de Shadow se crisparon nerviosamente mientras el erizo trataba de calmar a su amiga haciendo gestos apaciguadores con las manos.
—Baja el volumen Rouge. Tienes que calmarte si…
—¡¿Qué me calme?! ¡¿QUÉ ME CALME?! —le interrumpió la otra, la cual parecía estar cerca de alcanzar la histeria—. ¡¿Pero tú te estás oyendo?! ¡La gente muere a diario en las calles de esta ciudad mientras tú te tiras a un vampiro, joder!
—¡Maldita sea Rouge, he dicho que bajes el volumen! —gritó Shadow sin poder contenerse—. En primer lugar, todo esto es tu culpa por entrar aquí sin avisar. Y en segundo lugar, es mi vida y hago lo que quiero con ella.
—Una vida que no pareces valorar mucho, por lo que se ve… —masculló Rouge mientras sus preciosos ojos aguamarina centelleaban iracundos. La imagen del cuerpo de Shadow frío y sin vida, desangrado en algún oscuro callejón como todas aquellas víctimas inocentes que habían estado muriendo durante estas últimas semanas, acechó la mente de la murciélago, que parpadeó y lucho con todas sus fuerzas por contener las lágrimas.
—¡¿A qué viene eso?! —Ahora era Shadow el que comenzaba a gritar—. Como has podido observar claramente, mi vida no corría ningún peligro y estaba perfectamente bien hasta que has llegado tú.
—¿Y tú cuello qué? —le espetó Rouge, señalando con un dedo acusador el improvisado vendaje que trataba de parar la hemorragia en el cuello del erizo—. Te ha hecho daño, Shadow.
—YO le he dejado hacerme daño —aclaró el erizo negro, el cual comenzaba a cansarse de tener que darle explicaciones a nadie por sus actos—. Mira, Rouge, sé que somos amigos y agradezco que te preocupes por mí y tal, pero soy un adulto, lo que significa que tomo mis propias decisiones sin tener que darle explicaciones a nadie. —Shadow se encargó de resaltar bien la palabra "nadie".
—No es cuestión de que tengas que explicarme nada, Shadow. La cosa es que los vampiros son seres violentos y peligrosos. —Un escalofrío recorrió el cuerpo de la murciélago de arriba abajo. Se notaba que el erizo no había estado obligado a ver lo mismo que ella.
—No todos los vampiros son iguales —se defendió Shadow.
Esta vez para variar, la imagen sonriente de Tails, el pequeño y adorable vampiro al que había salvado de una muerte segura, acudió su mente. Pero la murciélago sacudió la cabeza. Tenía que mantenerse firme y hacerle ver al erizo veteado lo equivocado que estaba, antes de que fuese demasiado tarde.
—¡Me da igual, Shadow! No quiero que seas el sujeto de prueba para comprobar esa afirmación —le dijo Rouge exasperada.
—No sabía que podías llegar a ser tan hipócrita —gruñó el otro—. En primer lugar, fuiste tú la que me incitó a darles una oportunidad.
—Eso era antes de saber cómo son realmente… —Rouge hizo una pausa para calmarse y tratar de recuperar la compostura—. Como tú mismo has dicho antes, soy tu amiga. Me preocupo por ti y por tu seguridad. Y es por eso que te pido por favor, que no vuelvas a ver a ese erizo.
Shadow apretó los puños y apartó la vista de la mirada suplicante de la murciélago. No tenía ninguna intención de elegir entre su mejor amiga y su novio, pero Rouge se lo estaba poniendo muy difícil…
—No puedo —respondió finalmente—. No lo voy a hacer. Sonic es mi novio, Rouge. Y tendrás que aceptarlo por las buenas o por las malas.
—Que sea por las malas, entonces. —Rouge apretó la mandíbula. Se sentía completamente impotente. Sabía que no podía obligar a Shadow a romper con el vampiro, aunque tampoco estaba dispuesta a respetar su decisión—. Me marcho.
Durante unos instantes, Shadow no estuvo seguro de que hacer o decir, así que simplemente se dedicó a parpadear atónito un par de veces. ¿De verdad… iba a marcharse la murciélago? Y de repente tomó una decisión, dejando que el enfado ganase sobre todas las demás emociones. Si las cosas tenías que ser así, que así fuesen. Él no se iba a molestar en detenerla…
—Como quieras —dijo fríamente—. Ya sabes dónde está la salida.
Rouge cogió su bolsa y se marchó de la casa dando un portazo. De ahora en adelante, todo lo que le ocurriese a Shadow sería culpa del erizo. Ella ya le había advertido del peligro, y la culpa sería del otro por negarse a escucharla… Aún así, no pudo evitar que unas amargas lágrimas se deslizasen lentamente por sus mejillas y arruinasen su maquillaje.
Gracias a los que dejaron review en el capítulo anterior ^^. Si os ha gustado este capítulo, si no, o si simplemente queréis hacer alguna observación o señalarme algún fallito, no dudéis en dejarme un review plz ;)
Por cierto, he estado revisando y corrigiendo capítulos anteriores (signos de puntuación en diálogos, y alguna falta por allí y por allá...), nada importante, supongo xd. Solo era por avisar.
