Capítulo 9

El primer día del festival estaba por terminar. Era la hora del crepúsculo, y no tardaría en caer la noche. Las calles, en su mayoría, se encontraban vacías. Los comerciantes se habían retirado para guardar sus productos, contar sus ganancias y prepararse para el día siguiente.

Pero incluso ante la tardía hora, Camelot no estaba cerca de tener una silenciosa noche. Risas y gritos tanto de la gente sobria como borracha rompían la quietud de la ciudad. Las antorchas se habían encendido iluminando los muros y las calles, principalmente alrededor de la fuente de Camelot, donde los trovadores seguían cantando y la gente danzaba con sus parejas envueltas en un romanticismo celebrando.

El Sol Naciente no era la excepción ante las festividades. Guardias, caballeros y gente del Pueblo Bajo se reunían en la taberna aprovechando las cervezas de la casa y las traídas de los otros reinos. Gritos y risas llenaban cada una de las mesas del local, a excepción de una solitaria mesa donde se sentaba un pensativo caballero.

Gwaine se encontraba mirando su tarro de cerveza tratando de darle sentido a lo que había visto en la tarde. '¡Era él! Estoy completamente seguro. No hay nadie que se le pudiera parecer' se decía a sí mismo. Pero si estaba vivo, ¿por qué desapareció todo un año? ¿Por qué no regresó con ellos? ¿Por qué dejarlos en el dolor y el luto? Muchas preguntas circulaban por su mente y ninguna con una respuesta satisfactoria.

"Les dije que estaría aquí" dijo Elyan sonriendo con suficiencia a los demás caballeros de la Mesa Redonda que lo acompañaban.

"Nadie lo dudó" dijo Percival con una sonrisa divertida hacia su amigo sentándose junto al pensativo caballero.

"¿Gwaine que pasó allá?" preguntó León con una ceja levantada. No era común que su amigo estuviera tan callado y con un tarro de cerveza lleno frente a él.

El pícaro caballero permaneció en silencio sin reconocer la presencia de sus camaradas, todavía sumido en sus pensamientos.

"¿Gwaine?" llamó Elyan.

"GWAINE" gritó León usando su voz autoritaria como segundo al mando de Arturo.

"¿Mmm? ¿Qué?" preguntó Gwaine parpadeando un poco desconcertado al darse cuenta que ya no estaba sólo y que los demás caballeros lo estaban mirando con extrañeza.

"Bien, ¿qué diablos te pasa?" preguntó León.

"Nada" dijo inocentemente Gwaine sin lograr engañar a sus amigos, quienes sólo entrecerraron los ojos ante su pronta respuesta.

"Oye, ¿qué pasó en la justa?" preguntó Elyan.

"Yo…me distraje. Sólo eso" contestó el caballero.

"¿En serio? ¿Con qué?" preguntó León levantando la ceja tal y como lo haría Gaius cuando sabe que se le están ocultando cosas. Sea lo que sea que preocupaba a su amigo eso lo intrigaba. Conocía a Gwaine y sabía que él no era nada serio salvo que hubiera algo de extrema importancia.

Gwaine guardó silencio. No estaba seguro de si debía contarles lo que había visto y abrir viejas heridas. Si todo era sólo un juego de su mente por la cercanía del aniversario de la muerte de su amigo, no tenía sentido darles falsas esperanzas a los demás sobre una mínima posibilidad de que Merlín estuviera vivo. Antes de decirles, tenía que asegurarse primero.

"Gwaine, ¿qué te preocupa?" preguntó Percival percatándose que había algo más ahí. Algo que su amigo no quería que los demás supieran.

Antes de que pudiera contestar, sonaron gritos y destrozos fuera de la taberna. Eran los inconfundibles sonidos de una pelea. Dirigiendo una rápida mirada a sus compañeros, León se levantó rápidamente seguido de los demás al exterior para detener lo que sea que estuviera pasando.

-oOo-

"¡Fuera de aquí, escorias!" gritó un hombre.

"¡Aquí no queremos a los de su tipo!" gritó otro.

Un grupo de ciudadanos había arrinconado a un par de druidas, uno de ellos se encontraba herido en el suelo con el rostro sangrando; mientras el otro se encontraba de pie con los brazos extendidos a los lados tratando de defender a su compañero.

"Por favor" pidió el druida "estamos de paso. No queremos problemas"

"Si no los querían, no debieron haber venido" dijo uno con bastante odio en su voz "Creo que es hora de que les recordemos lo que les sucede a los de su tipo en Camelot".

El grupo empezó a gritar su apoyo mientras se acercaban a los druidas amenazadoramente. Temeroso, el druida dio un paso atrás mientras una gota de sudor corría por su rostro. Ante la amenaza del aldeano que había alzado la mano para dar un golpe, instintivamente el druida actuó:

"Áwierpaþ!" exclamó al mismo tiempo que sus ojos brillaban lanzando al grupo al aire.

Los caballeros llegaron justo en el momento en el que el druida usó su magia arrojando a los aldeanos, quienes sin haber notado a los caballeros se levantaron llamando monstruos a los druidas y más palabras de odio, volviendo a cercarlos.

"¡ALTO!" gritó autoritariamente Sir León.

Los aldeanos se detuvieron inmediatamente volteando a ver a los enfurecidos caballeros. "Señor, usaron magia. Deben de ser castigados" empezaron a gritar los aldeanos mientras apuntaban a los druidas.

"¡Suficiente!" volvió a gritar León haciendo callar a la gente. "Los druidas están aquí como invitados del rey. Ahora, todos al castillo. Él decidirá".

-oOo-

Arturo se encontraba en su trono junto con Gwen. Su cabeza se encontraba descansando en su mano mientras escuchaba y veía atentamente a los ciudadanos reclamando como los druidas habían usado magia contra ellos arrojándolos al aire. Durante el relato, la expresión del rey se mantuvo impasible e imperturbable. Por su parte, Gwen mantenía el ceño fruncido con disgusto ante lo sucedido, no esperaba que la agresividad contra los druidas escalara a tal grado de que tuvieran que emitir un juicio. Esto sólo era una prueba para demostrar si serían capaces de cumplir con su plan. Sólo esperaba que Arturo no dudara con lo que debía de hacer.

"¿Eso es todo?" preguntó Arturo mirando al grupo que habían traído sus compañeros.

"Sí, señor" dijo el líder del grupo.

"¿Qué tienes que decir a estas acusaciones?" preguntó Arturo dirigiéndose hacia el druida.

El druida bajó la mirada, estaba demasiado nervioso ante la presencia del rey de Camelot. Sabía que él, el Actual y Futuro Rey, había llegado a un arreglo con su pueblo, pero aún así temía la resolución a la que llegara esto. La magia seguía prohibida en el reino. "Es cierto majestad. Usé magia en defensa mía y de mi compañero cuando nos vimos rodeados y en peligro".

"Druida, ¿entiendes que el uso de la magia está prohibida en el reino?" preguntó el rey con una voz monótona.

El druida tragó saliva mientras abría los ojos y miraba completamente asustado al rey. ¿Lo condenaría a muerte? ¿Era falsa la promesa de paz que había llevado el Rey con Iseldir?

"Sí señor".

"Bien. Quedas bajo arresto por el uso de magia. León, llévalo a la mazmorra" sentenció el rey.

El druida miró incrédulamente a Arturo, ¿no iba a morir hoy? El rey no dictó sentencia más que el arresto, entonces ¿cuál sería su destino? Temeroso y turbado se dejó llevar por el caballero rumbo a las mazmorras.

"Pero señor, él…" empezaron a protestar los ciudadanos molestos por la resolución de su rey.

"Retírense" ordenó el rey. El grupo calló directamente y dirigiendo una mirada de disgusto hacia el monarca, los guardias los escoltaron fuera de la Sala del Trono dejando a la Reina y a los demás caballeros con Arturo.

"Arturo" empezó Gwen "¿por qué hiciste eso?"

"El hombre usó magia, lo que está prohibido. Es la ley".

"Lo sé. Pero no tenías que arrestarlo y mandarlo a las mazmorras. Queremos hacer una transición para retirar la prohibición" le recordó.

"La sentencia hubiera sido la muerte, Guinevere. Cumplí con lo dicho: reduje la dureza del castigo" continuó el rey.

"Tal vez, pero ¿qué hay de los hombres que los agredieron? Su compañero está seriamente herido. Su reacción fue sólo por defensa. No atacó a esos hombres con mala intención" continuó discutiendo la reina.

"Guinevere, incluso si fue así, pudo haber dañado seriamente a los ciudadanos de Camelot".

Gwen lo miró incrédula así como los demás caballeros. ¿En serio estaba justificando la violencia de esas personas? ¿Qué estaba pasando por la mente de su esposo en ese momento?

"Bueno, entonces debiste haber amonestado a esos hombres también, Arturo. Si de verdad quieres esto, debes poner de tu parte y asegurar la justicia para todos: tanto usuarios de magia como los que no la tienen. ¿Cómo un hombre que se ve obligado a protegerse termina en prisión y sus agresores están libres?"

"Usó magia ofensiva. Pudo haber heridos de gravedad. Si León y los demás no hubieran intervenido quien sabe que más pudo haber pasado".

Gwen se levantó de su trono dispuesta a salir de la sala. Sabía que discutir con Arturo en estos momentos no llevaría a nada, sobre todo si seguía cerrado en cuanto al asunto de la magia. Al llegar a la entrada, se detuvo y volteo a ver a su esposo severamente y le dijo:

"Deberías detenerte a pensar y juzgar quien es en realidad el culpable. El que alzó la mano para dañar o el que lo hizo para defenderse" dicho lo anterior, Gwen dio media vuelta y salió de la sala junto con los demás caballeros dejando al rey solo con sus pensamientos.