Capítulo 10:

La noche había cubierto cada rincón de la superficie de la Tierra con su negro y denso manto. Ni nubes ni estrellas podían distinguirse en el sombrío y vasto firmamento. Era una velada especial, pues era noche de luna nueva…

A lo lejos, una imponente figura se dibujaba sobre el oscuro horizonte, a los pies de un acantilado. Sus facciones eran muy finas y su semblante demostraba una indiferencia y arrogancia incomparables. Detrás de él, venían dos de sus acompañantes, a toda prisa.

"¡¡Amo Sesshoumaru!!" gritaba Jaken, la criatura verde de ojos grandes. "¡¡Espéreme!!... ¡No se me adelante tanto!"

"El amo Sesshoumaru es muy bueno, LA LA LA LA…" cantaba la pequeña Rin, alegremente. "Nos llevará de paseo, LA LA LA LA…"

"¡Ya cállate, Rin!" le ordenó Jaken, exasperado. "Qué niña tan fastidiosa… No sé cómo mi amo no la ha despachado todavía…" pero sus pensamientos se vieron interrumpidos, pues había chocado con la pierna de su amo.

"¿Amo?... ¿Qué ocurre amo bonito?" preguntó, sobándose la cabeza. "¡¡OH, MADRE MÍA!!" exclamó de pronto, mirando hacia el frente. "¡¿Qué es eso?!"

Delante de ellos, se levantaba una gran masa de energía negativa, que parecía devorar una maciza montaña, ubicada al otro lado de un extenso valle.

"Amo ¿no me diga que es allí en donde se oculta ese odioso de Naraku?" preguntó, temblando.

"¿Tienes miedo?" La voz de Sesshoumaru se escuchó fría e inexpresiva.

Jaken tragó saliva.

"Este… no ¡claro que no!... Lo que pasa es que…" titubeó, sin saber qué decir.

En ese momento, Rin tiró de la amplia manga de Sesshoumaru, para llamar su atención.

"Amo, tengo hambre. ¿Falta mucho para llegar a ese lugar que usted dijo?" se quejó la niña, tocándose el estómago.

Sesshoumaru volvió a escudriñar el horizonte, siempre en dirección a la tétrica montaña. Luego de echarle una última mirada atenta, se dio la media vuelta para alejarse de ahí.

"No te preocupes, Jaken" le dijo a la criatura, dándole la espalda. "No tengo intenciones de ir en aquella dirección"

"¡¿Está seguro, amo?!" exclamó Jaken. "¿Va a dejar que Naraku se le escape así como así?"

Pero el demonio no contestó, sino que continuó su camino, seguido de la pequeña Rin.

"Menos mal…" suspiró Jaken, secándose la transpiración. "Estaba empezando a sentir náuseas y a ver doble…" y, cuando Sesshoumaru ya se encontraba a una distancia considerable, se fue corriendo para alcanzarlo. "¡¡Espéreme, amo!!"

"El amo Sesshoumaru es muy bueno, LA LA LA LA…" continuó cantando Rin. "Nos llevará de paseo, LA LA LA LA…"

En otra parte, más hacia el sur, el grupo de Inuyasha se hallaba acampando a la orilla de un río. Ya faltaba muy poco para alcanzar el objetivo y, afortunadamente, no habían tenido problemas, hasta ahora.

"Brrr… Me… estoy… congelando…" se quejaba Inuyasha, tiritando. "¡¡Moriré… de… frío!!... ¡Y… todo… por… tu… culpa… MIROKU!"

"¿Qué querías que hiciera?" le dijo el monje, encogiéndose de hombros. "El dueño de la posada pensó que éramos espíritus malignos. Fue por eso que me cerró la puerta en la cara…"

"¡Si… este… lobo rabioso… no fuera… tan llamativo, tal vez… hubiéramos conseguido un alojamiento decente!" gruñó Inuyasha, mirando a Kouga despectivamente. Éste se le acercó y se le quedó mirando detenidamente.

"¡¿QUÉ TANTO ME VES?!" le gritó, sintiéndose observado.

"Sólo me preguntaba qué pasaría si a Naraku se le ocurriera atacar en este preciso momento. Está claro que, convertido en un humano debilucho, no tendrías oportunidad" le dijo el lobo, empleando un tono burlesco. "Qué pena me das…"

Inuyasha se enfureció.

"¡¡YA CIERRA EL HOCICO, IMBÉCIL!!" le gritó, nuevamente, amenazándolo con el puño, a lo que Kouga se rió a carcajadas.

"Por favor, muchachos…" susurró Miroku, pidiéndoles que se calmaran. "Hablen más despacio, que pueden despertar a la hermosa Sango con sus gritos… De hecho, iré a verla para cerciorarme de que continúa soñando con los angelitos…" dijo, poniéndose de pie, poniendo cara de libidinoso.

El monje intentó escabullirse, de puntillas, pero Inuyasha había alargado el brazo para cogerlo, al instante.

"¿A dónde crees que vas?" le dijo, adivinando sus planes. "No sé cuál es tu afán de molestar tanto a Sango…"

"Ay, pero qué torpe eres, bestia" intervino Kouga, poniendo los ojos en blanco. "Es obvio que este monje está entusiasmado con la exterminadora. Cualquier tonto se da cuenta…" y luego, miró a Miroku, seriamente. "Oye, pero ¿no se supone que los monjes no pueden…? Bueno, tú sabes…"

"Es cierto" aseveró Miroku, cruzándose de brazos. "Aunque mi condición de santo no quita que, de vez en cuando, les proporcione apoyo moral y consuelo a las jovencitas que se encuentren en dificultades…"

Inuyasha negó con la cabeza.

"Eres un descarado" balbuceó, mientras continuaba avivando el fuego, con la ayuda de una rama.

Después de algunos minutos de paz y tranquilidad, lamentos casi inaudibles fueron los que rompieron el hielo.

"Amo Inuyasha… Por favor, desáteme ¡Se lo suplico!" rogaba la pulga Myouga, quien había sido amarrada a Colmillo de Acero por el propio Inuyasha, para evitar una eventual huida.

"Me extrañaba que en todo este rato no hubieras abierto la boca, vejestorio" se burló el hombre mitad demonio, ahora convertido en un humando común y corriente.

"No sea cruel…" lloraba Myouga "¿No ve que me estoy desmembrando?"

Inuyasha soltó una carcajada.

"¡Ja! No seas exagerado. Si no te amarro, volverás a dejarnos para escapar, como de costumbre"

Myouga tragó saliva.

"Este… ¡No, amo!... ¡Le prometo que no escaparé!" le suplicó, pataleando.

"Es inútil, Myouga. Y ya no molestes ¿quieres?" le dijo Inuyasha, rotundamente, dando por terminada la discusión.

"Mmm… Hay algo extraño en todo esto…" dijo Kouga, de repente, con aire pensativo.

"¿De qué hablas?" le preguntó Inuyasha, extrañado.

"Se supone que dos de mis hombres ya tendrían que haberme traído noticias acerca del castillo de Naraku… Iban a interceptarme por este camino" contestó.

"Seguro que Naraku los descubrió y los hizo desaparecer a todos" se burló Inuyasha, divertido.

"Puede que Inuyasha tenga razón" dijo Miroku, por su parte.

"¡¡ESO ES IMPOSIBLE!!" gritó Kouga, encolerizado. "¡¡El clan de los hombres lobo nunca se dejaría vencer tan fácilmente!"

En aquel instante, apareció Sango.

"¿Qué ocurre?... ¿Por qué tanto escándalo?" preguntó, luego de un gran bostezo. Aún soñolienta, se frotó los ojos para despertarse bien y, sin querer, su mirada fue a posarse justo en dirección a la montaña. Entonces, una expresión de horror se dibujó en su rostro.

"¡¡MIREN ESO!!" gritó, señalando el lugar.

De inmediato, Inuyasha y los demás voltearon y presenciaron algo de los más raro e inesperado: el cúmulo de energía maligna, que se cernía sobre La Montaña del Trueno, había desaparecido repentinamente…

"¿Qué significa esto?" dijo Inuyasha, tan sorprendido como los otros.

"El aura negativa… se ha desvanecido" agregó Miroku, incrédulo.

"Pero… ¿cómo?" balbuceó Sango, con los ojos bien abiertos.

"¡Qué miedo!" exclamó la pulga, atada aún a la espada.

No habían salido aún de su asombro, cuando Kouga advirtió el movimiento de una criatura, no muy lejos de ahí.

"¡OH!... ¡¡DIABLOS!!" exclamó, tras olfatear el aire.

"¿Qué pasa?" preguntó Inuyasha, poniéndose a la defensiva.

"Es… Es… ¡¡EL OLOR DE NARAKU!!" gritó el lobo.

"¡¿Estás seguro, Kouga?!" le dijo Miroku, sintiendo la transpiración corriendo por su frente.

"¡¡Sí!!" afirmó Kouga, sin duda alguna. "¡¡Y se está acercando!!"

De pronto, desde la penumbra se escuchó una voz que les era bastante familiar, para su pesar.

"¿Qué te ocurre, Inuyasha? Pensé que te habías percatado de mi presencia…" dijo Kagura, dando un paso al frente, para dejarse ver. "¡Ah! Disculpa. No me di cuenta de que habías perdido tu transformación…"

"¡¡Kagura!!" exclamó Inuyasha, mirándola con odio. "¡¿Qué DEMONIOS haces aquí?!"

"¡Ayayaiii!" se escuchó la voz de la pulga, quien intentaba zafarse. "¡¡Déjeme ir, amo!!"

Miroku se adelantó.

"¡Apártate, Inuyasha! Nosotros nos encargaremos" le dijo, interponiéndose.

Kagura esbozó una irónica sonrisa.

"No te apresures, monje. Esta vez, vengo en son de paz…"

"Maldita…" musitó Kouga al acercarse, gruñendo y apretando los puños.

"Veo que has hecho muy buenas migas con este lobo, Inuyasha" continuó Kagura, mirando al lobo con desprecio. "¿No era que lo aborrecías?"

"¡¡No me cambies el tema!!" le gritó Inuyasha, perdiendo cada vez más la paciencia. "¡Dime de una vez a qué viniste!"

"Está bien… Lo haré" dijo Kagura, finalmente, acercándose un poco más al grupo, el cual la rodeó al instante.

"Vine a decirte que Naraku no se encuentra en esa montaña"

"¡¿Qué dices?!" exclamó Inuyasha.

"Todo fue un engaño. Él quería hacerte creer que te estaría esperando en aquel lugar, en su supuesto castillo, para poder pelear de igual a igual contigo. Fue por eso que, una vez más, dejó a una de sus marionetas y la ilusión de una gran cantidad de energía negativa"

"¿Y por qué razón vendrías tú a prevenirnos?" le dijo Inuyasha, escéptico.

"No creas que no tengo mis motivos…" le respondió ella, muy segura.

"Pero ¿por qué la ilusión desapareció de repente?" preguntó Miroku, confundido. "¿Por qué ahorrarnos el trabajo de ir a por él?"

"Debe ser porque ya no necesita distraerlos más…" continuó Kagura, haciendo una breve inspección del lugar. "¿Y esa chiquilla?" preguntó de repente, notando la ausencia de Kagome. "¿Acaso ya no viaja con ustedes?"

"¡¡Eso a ti no te importa!!" le gritó Inuyasha, enfrentándola.

"No estás siendo muy cortés que digamos, Inuyasha. Recuerda que te estoy haciendo un favor al venir hasta aquí" le dijo Kagura, ofendida. "Naraku podría descubrirme en cualquier momento…"

"¿Favor? No me hagas reír. Seguramente, el mismo Naraku te envió para tratar de hacernos caer en otra de sus asquerosas trampas" le contestó él.

"¡Piensa lo que quieras! Después no digas que no te lo advertí…"

"Espera, Kagura" intervino Miroku, intrigado. "Antes dijiste que Naraku estaba tratando de distraernos… ¿Para qué querría algo así?"

"No estoy muy segura… Déjame pensar…" dijo Kagura, dilatando el asunto, a propósito.

"¡Por favor, dínoslo!" le suplicó Sango. "A eso viniste, ¿no?"

La verdad era que a Kagura no le convenía hacerse mucho de rogar, así que accedió a la petición.

"Ahora recuerdo; Naraku mencionó algo de ir a una aldea… Pero no cualquier aldea, sino que una muy especial…" comenzó a decir, caminando de un lado a otro. "Una que le trae muy buenos recuerdos…"

"¿Una aldea?" repitió Miroku.

"Sí. Y, también, habló de un pozo mágico, o algo por el estilo…" siguió.

"No puede ser…" balbuceó Inuyasha, sintiendo los pelos de punta.

"Pues créelo, Inuyasha, porque es verdad" le dijo Kagura, mirándolo fríamente a los ojos.

"¡Oh, no!" exclamó Sango, llevándose las manos a la boca. "¡¡La anciana Kaede, Shippou y los demás aldeanos están en grave peligro!!"

"¡¡Inuyasha, debemos regresar!!" dijo Miroku, sumamente preocupado.

"Quién sabe… Tal vez aún estén a tiempo de salvar a sus amigos" decía Kagura, de manera indiferente. "Aunque, seguramente Naraku ya debe haber arrasado con esa miserable aldea…"

"¡¡KAGURA!!" se sintió el rugido de Kouga, quien no había olvidado la cuenta pendiente que tenía con la mujer demonio. "¡Dime qué les sucedió a mis camaradas!... ¡¿O es que acaso los destruiste de nuevo?!"

"No sé de qué me estás hablando. Yo no he visto a ningún hombre lobo…" contestó ella.

"¡¡Mientes!!" le volvió a gritar el lobo, furioso. "¡¿Qué rayos hiciste con ellos?!"

"¡Ya te dije que no tengo nada que ver con eso!"

"¡¡Ven aquí, maldita!!... ¡¡Me pagarás todas las que me debes ahora mismo!!" se encaminó hacia donde estaba Kagura, pero ésta no estaba dispuesta a seguirle el juego.

"Lo siento, pero no tengo tiempo para este tipo de niñerías…" le dijo. Y, a continuación, removiéndose la pequeña pluma que le adornaba el cabello, la cual después aumentó considerablemente de tamaño, Kagura emprendió la retirada.

"Una cosa más, Inuyasha" dijo, desde las alturas. "Naraku no ha usado la Perla de Shikon aún. Si te das prisa, probablemente puedas impedir que se transforme…" Dicho esto, se alejó de ahí, volando.

Ahora es tiempo de que cumplas con tu parte, Inuyasha… pensaba Kagura, mientras se dirigía hacia un destino desconocido. Destruye a Naraku de una vez y libérame de mis ataduras…

Al ver que el enemigo se había marchado, los demás decidieron que debían regresar a la aldea de inmediato. Sólo Kouga no los acompañaría esta vez, ya que iría en busca de sus compañeros perdidos.

"¿Quieres que te acompañe, Kouga? Podemos ir a echar un vistazo con la ayuda de Kirara…" se ofreció Sango, quien se compadeció del angustiado lobo.

"Tú sigue adelante, con los demás" rehusó Kouga. "Esto me corresponde solamente a mí"

"Está bien" contestó Sango, asintiendo.

"Te deseo mucha suerte" le dijo Miroku, tendiéndole la mano.

"Gracias" Kouga correspondió el gesto y, antes de partir, también quiso despedirse de Inuyasha, quien, en ese momento, caminaba intranquilo, de un lado a otro.

"¡¡Oye, bestia!!" le gritó al hombre mitad demonio. "¡No creas que te dejaré acabar con Naraku! Ya verás que te iré pisando los talones, y hasta puede que llegue antes que tú a ese lugar"

Inuyasha apenas y lo miró. No estaba de humor para continuar peleando.

"Kouga… Tan presumido como siempre…" dijo Miroku, suspirando.

"Espero que no les haya pasado nada a sus amigos" comentó Sango, acomodándose el boomerang para disponerse a partir.

"Eso es difícil, Sango" le respondió Miroku. "Naraku es muy peligroso, aún si no se encuentra en donde dice estar…"

"¡¿Qué es lo que estamos esperando?!" saltó, por fin, Inuyasha. "¡¡YA VÁMONOS!!"

Montando a Kirara, los tres guerreros se dispusieron a volver a toda prisa. Harían todo lo que estuviera en sus manos para poder llegar lo más pronto posible, ya que la situación era verdaderamente crítica y demandaba un esfuerzo enorme.

"¿Dónde está ese Hachi cuando lo necesito?" se lamentaba Miroku, recordando a su amigo mapache. "Iríamos más rápido con su ayuda…"

Kirara volteó a mirarlo, maullando lastimosamente.

"Perdóname, Kirara" se disculpó Miroku, acariciándole el costado. "No quise herir tus sentimientos"

"De todos modos, ésta es la única forma que tenemos de desplazarnos a una mayor velocidad…" dijo Sango, intentando subir los ánimos. "¡¡Vamos, Kirara!!... ¡Tú puedes!"

"Amo ¿no cree que ya ha sido suficiente?" preguntó la pulga, temiendo la reacción de su amo, pero, también, empezando a sentirse enfermo. "Al menos, déjeme rascarme la nariz ¿no?"

Pero Inuyasha iba absolutamente absorto en sus propios pensamientos. ¿Será posible que Naraku haya descubierto que el pozo conduce a la época del futuro? se preguntaba, consternado. Y, en caso de que lo haya hecho, ¿tendrá la capacidad de viajar él también a través del tiempo?... No… ¡¡No se lo permitiré!! gritaba en su interior. ¡¡No dejaré que le haga daño!!... A ella no…

Continuará…