Unos golpes en la puerta me avisaron que ya era de día. Hora de partir a New Orleans. Desperté a Adrian y los dos nos apresuramos a vestirnos. Había un hermoso sol en mitad del azulado cielo. Era verano y dentro de poco llegaría el invierno de nuevo. Disfrute ese sol tanto como pude en el camino hacia el aeropuerto. Al ver a Dimitri mi corazón sintió una punzada de dolor, la cual aleje dejándome deslizar hacia la cabeza de Lissa. Había tanto emoción como miedo en sus sentimientos. Me acerque y pase un brazo por su cintura ayudando a reconfortarla.

Al llegar al aeropuerto llame a Abe

- ¿Si? – respondió al contestar

- Soy yo

- ¿Rose? ¿Qué haces? ¿Por qué escapaste de la Corte? Te has dado cuenta que todo el mundo te busca

Mi temperamento creció

- Si lo sé y no es por eso que te he llamado. Necesito un favor tuyo.

- ¿Dónde estás?

- Eso no importa. Necesito que me des el número de Sydney.

- ¿Sydney? ¿Sabes lo que paso con los registros?

- Eso es lo que estoy tratando de averiguar.

Hubo silencio por unos segundos

- Ok– dijo finalmente. Me dio el número de Sydney y antes de colgar dijo –Cuídate pues ahora si te creen la culpable del asesinato de Tatiana.

- Si, lo sé. Gracias

La línea murió y subimos al avión.

El vuelo fue un poco largo, lo cual nos permitió trazar una nueva estrategia para comenzar a buscar al hermano de Lissa. El primer paso era llamar a Sydney y avisar nuestra visita, luego tratar de sacar información o buscar en los informes sobre los robos a Eric Dragomir.

Mi corazón bombeaba adrenalina por todo mi cuerpo – esto solo ocurría en los combates – por lo cual me atemorizo un poco. Llego a mí un mal presentimiento, el cual deje pasar. Luego me ocuparía si había problemas.

Los momentos que tenia libres los utilizábamos para entrenarnos tanto en lucha y los Moroi trabajaban con su magia. En la lucha no utilizabamos las estacas, simplemente probábamos fuerza corporal y la capacidad de retirarse o esquivar golpes.

Hoy era un día de práctica y mi "enemigo" era Dimitri. Dimitri…

No Rose,me grite mentalmente.No más.

Recogí mi cabello en una coleta y me prepare. Estaba lista para todo.

Nos acercamos el uno al otro, probando nuestros reflejos. Corrí en forma recta aunque mi ataque iba a ser lateral. Esta hazaña había funcionado con la mayoría de Strigoi, por lo cual era mi favorita. Al hacer mi movimiento creí que lograría varios puntos por golpearlo, sin embargo Dimitri paro mi ataque y me empujo lejos de él. Recupere mi equilibrio antes de tropezar y lo mire con desdén. ¿Cómo había logrado esquivar este ataque? no lo sabía, pero no me iba a rendir. Me acerque nuevamente, esta vez salte directamente hacia su posición. Él se giro rápidamente por lo cual caí a un paso de distancia, mi pie se movió directamente hacia su pantorrilla lo cual causo un tamboreo, pero se recupero rápidamente. La lucha me desgasto mucho, ya que él todavía tenía movimientos y reflejos de strigoi.

Al terminar el entreno mi cuerpo quedo completamente empapado de sudor y mi corazón latía a mil. Me retire y corrí hacia los baños. Dentro de muy poco llegaríamos a New Orleans.

El agua se deslizaba por mi cabello y limpiaba mi cuerpo. La puerta se abrió y Adrian entro. Su cuerpo estaba excitado y la manera en como me miro – como si yo fuera perfecta – excito el mío. Cerré la llave y él se acerco encontrándose así nuestros labios. Solo tenía que quitar la ropa de él, así que con rápidos movimientos empecé a hacerlo.

El deseo corría desenfrenadamente entre nosotros que olvidamos cerrar la puerta, y ahí fue cuando fuimos interrumpidos.

- Rose

Dimitri se freno abruptamente al vernos. Un rubor se deslizo en mí y rápidamente Adrian me cubrió con su cuerpo.

- Debes irte– murmuro Adrian.

Su voz y su respiración se sentían agitadas. Dimitri miro directamente mis ojos y yo sostuve su mirada. Por unos segundos vi la ira, el deseo y los celos en ellos.

Dimitri suspiro profundamente e intercambio una mirada con Adrian. Fue una mirada arrogante y desafiante.

- Vete– le dije

Dimitri sostuvo por un momento más la mirada de Adrian y luego salió de las duchas.

Ese incidente basto para matar todo el deseo que tenía por Adrian. Intercambiamos miradas y él lo entendió. Me sonrió y salió de la ducha al igual que Dimitri.

Al estar presentable una oleada de sentimientos me arrastro hacia la cabeza de Lissa. Inconscientemente tome el pasillo que llevaba a la habitación de Lissa mientras estudiaba a fondo los sentimientos que emanaban a través del vínculo.

Un golpe me trajo de vuelta a mi cuerpo. Había seguido caminando mientras estaba en la cabeza de Lissa, por lo cual no me había dado cuenta que Dimitri estaba enfrente mío.

- Lo siento– murmure

Iba a continuar mi recorrido, pero Dimitri lo impidió. Me tomo por el brazo. Su otra mano se deslizo por mi cabello y mi mundo se detuvo. ¿Por qué? ¿Por qué me hacia esto si al final me diría que me alejara, que él no sentía nada por mi?

- Roza– mire directamente sus ojos y vi en ellos tanto remordimiento como tristeza –lo siento, yo…

- Tú debes ser feliz– le dije fríamente, aunque me estaba quemando de dolor por dentro – y esta es la forma de serlo

Me solté de su agarre y rápidamente entre a la habitación de Lissa. Estaba acompañada por Mia, Christian. No había visto a Eddie después del entreno por lo que supuse que debería estar en compañía de Adrian. Entre y me senté en el sillón. Lissa al verme, sintió una gran preocupación la cual llego a través de nuestro vínculo. Trate de reponerme rápidamente pero era demasiado tarde. Lissa se acerco y paso una mano por mis hombros

- Salgamos y hablemos– dijo en su cabeza

Yo sacudí mi cabeza y la fulmine con la mirada

- No necesito terapia– gruñí

Ella me dio una sonrisa

- ¿Ah sí?– me pregunto en voz alta

Salí a regañadientes de la habitación y nos dirigimos al pasillo. Mire de lado a lado a ver si estaba Dimitri pero no era así.

- ¿Qué te paso?– pregunto ella

En su cabeza empezaron a correr imágenes de Dimitri. Asentí con mi cabeza y le dije

- Él escogió su camino al igual que yo el mío.

- Oh

Eso fue todo lo que dijo. Ella ya se había enterado de la oferta de Tasha hacia Dimitri. Lo que no sabía era que el la había aceptado.

- No te preocupes por mi– le dije – ahora dime ¿Cómo estás?

Ella sonrió, aunque volaban en su interior todos los sentimientos

- No lo sé – dijo

- Lo vamos a encontrar y buscaremos la forma de que tengas contacto con él.

Entramos a su cuarto y vimos como Mia y Christian practicaban con su magia. Debo admitir que habían mejorado. Mia ahora tenía un gran control con el agua y Christian estaba aprendiendo nuevos trucos. Lissa estaba encantando unos anillos y una estaca.

- ¿Pero qué haces?– le pregunte con una mirada llena de pánico.

Salvar a un Strigoi la desgastaba mucho.

- No sabemos a quién encontraremos– respondió encogiéndose de hombros.

Sacudí mi cabeza con exasperación pero decidí dejarlo pasar. Ella se acerco y me entrego un dije, el cual colgué en el chotki que ella me había dado en las navidades. Su poder era para controlar la oscuridad que se pasaba de su aura a la mía, pero también servía para curarme. Desde que le conté que Oksana utilizaba los poderes del espíritu para manejar la oscuridad de su esposo Marc, que también era besado por las sombras, Lissa empezó a trabajar con encantos de curación para mí.

El dije era muy bonito y encajaba perfectamente con la forma del chotki. Lissa me dio una mirada de aprobación y se alejo.

Llegamos a New Orleans. El clima estaba empezando a volverse frio por lo cual me cubrí con una chaqueta de color marrón que me había dado Adrian.

En él aeropuerto un dhampir - no lo había visto nunca – observaba detenidamente a Lissa. Al encontrarse con mis ojos se retiro rápidamente. Me llamo la atención pero decidí dejarlo pasar.

Nos instalamos en un hotel para Moroi – esta era una ventaja, pues tenían alimentadores.

Esta vez teníamos una gran habitación para todos. Corrí hacia la cama. Era blanda. Sin pensarlo dos veces brinque encima de esta repetidamente. Christian me observo fijamente. Me canse de brincar por lo cual me deje caer en ella. La cama se acomodo a cada línea de mi cuerpo permitiéndole a este relajarse completamente.

- ¿Rose?

Una voz me llamaba. No me había dado cuenta de que me había quedado dormida. Me enderece rápidamente. Mia estaba parada enfrente mío.

- Hola– dije con mi voz ronca. Me aclare la garganta y eche un vistazo al alrededor -¿Dónde están todos?– pregunte al darme cuenta que la habitación estaba vacía.

- Ya vienen para acá – dijo ella – te han dejado descansar un poco.

Me levante desperezándome y fui directamente a una pequeña nevera que había en la habitación. Me serví un emparedado. Después de comerlo, hable con Mia. Quería enterarme de lo que se decía sobre Victor Dashkov. Sin embargo, las historias que había no estaban completas. Nadie dudaba de nosotros. Eso me tranquilizo un poco aunque la noticia de haberlo visto cerca a la academia todavía rondaba mi mente.