ME LLEVARÁS UNIDO A TI, EN CADA RECUERDO...
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-La persona indicada... -dijo mi madre en un murmullo.
-¿Dijiste algo princesa?
-Nada Albert... sólo pensaba...
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Esa noche fue especial para mis padres, bailaron todo el tiempo juntos. La tía Elroy se ponía de mil colores al notar lo obvio, porque no había qué preguntar nada... todo estaba dicho, no habría boda ni parentesco ya con los Henderson. Nicholas Henderson parecía molesto con lo que ocurría en la fiesta de sus propias hijas, pero volvió a disfrutar del evento y se olvidó del asunto al notar a Clayre, la mayor de ellas, tan tranquila y sin inmutarse por el desinterés del joven Andley. De cualquier manera todo aquel asunto del arreglo matrimonial no había pasado de ser una mera sugerencia entre las familias. Por lo tanto no existía agravio alguno al no haber tampoco una seria promesa de compromiso entre ellos. La señorita Clayre al ser joven y bella ya disfrutaba de la galante compañía de otros jóvenes caballeros y poco le importaba si William Andley bailaba con aquella invitada suya o incluso si no la soltaba en toda la noche.
Mis padres seguían bailando, el mundo podía detenerse y ellos no se darían cuenta; las miradas y las sonrisas cómplices eran una constante en cada pieza de vals que juntos bailaban sin permitir que nadie más se acercara. La inquieta y escrutadora mirada de tía Elroy sobre ellos, de tanto en tanto se desviaba para disimular el desconcierto que todo aquello le ocasionaba, la incomodidad crecía al darse cuenta que no sólo ella observaba; gran cantidad de personas estaban al pendiente de cuanto pasaba entre ellos dos. La tía abanicaba nerviosa su rostro al notar el claro galanteo de mi padre provocando el sonrojo en el rostro de mamá y la pícara sonrisa de él al notar la reacción de la hermosa jovencita en sus brazos. Seguramente algo travieso o impropio habría dicho al osar hablarle tan cerca del oído para tenerla en ese estado.
La tía estaba llegando a su límite. ¿Qué era todo eso? ¡Qué clase de espectáculo estaban dando esos dos al exponerse de esa manera ante la alta sociedad de Chicago? Sería mejor fingir un malestar con tal de retirarse cuanto antes y así evitar ser objeto de las miradas de todos. ¡Sí, eso haría!... los buscó de nuevo entre las parejas de bailarines y no los pudo ver. Se puso de pie y trató de ubicarlos incluso llevándose al rostro su fino monóculo que sostenía más que para ver, para demostrar cuando algo estaba comenzando a molestarla.
Mis padres mientras tanto, habían salido a caminar un momento hacia los jardines de la mansión... aquellos lugares que con sus farolas de tímida luz invitaban a un acercamiento diferente, a una charla privada... quizás a un abrazo o aun beso discreto, aquellos que mi padre había preferido evitar por ser el lugar propicio para hablarle de amor a la mujer que últimamente ocupaba todo el día y todas las noches sus pensamientos.
-De todas las cosas que imaginé que sucederían esta noche, nunca pasó por mi mente estar así... contigo.
-¿Te molesta?
-De ninguna manera... ¿me veo molesto?
-No, pero te noto pensativo Albert...
-Es... porque no sé a donde nos llevará todo esto Candy.
-No pienses en eso ahora, esta es sólo una fiesta. Además tú y yo...
En ese momento mi padre que había mantenido la vista hacia una de las fuentes del jardín, volteó hacia mi madre con la mirada llena de inquietud e interés, como cuando a alguien le va a ser revelado un importante secreto.
-... somos los mejores amigos Albert; razón por la cual, considero que no deberías sentirte angustiado por lo que piensen los demás al ver que no nos hemos alejado un sólo momento.
-Tienes razón pequeña, somos los mejores amigos. Somos familia de hecho...
-Sí...
-Creo que debo acompañarte al salón. Lady Clayre podrá mal interpretar mi ausencia como falta de interés y estarás de acuerdo conmigo en que eso no me conviene. No, si pronto será mi esposa...
La mirada de mi madre viajaba de los botones de la camisa de mi padre, a los ojos de él, no advertía la intención con la que William Andley había hecho aquél comentario que no era ninguna otra aparte de provocar alguna reacción en ella.
-Entonces, ¿sigue en pie lo de casarte con la señorita Henderson?
-Si ella me acepta, no veo motivo para no hacerlo. Las familias ya lo han hablado y...
-Pero, no estás enamorado de ella...
Dijo mi madre interrumpiéndolo de repente.
-Estoy enamorado, mucho... pero la mujer que amo está atada a un pasado que no la deja ser libre. Eso es más doloroso que unir mi vida a la de alguien que apenas conozco.
Los ojos de mamá comenzaban a nublarse de emociones mezcladas, ¿por qué esta oportunidad no la había tenido con Terrence?, ¿por qué ahora de la misma forma, el destino le ponía en frente un gran hombre, una oportunidad de amar de nuevo aunque ella no estuviera lista del todo?. ¿Por qué de nuevo antes de empezar parecía que ya tenía que terminar?
-Y si la mujer que amas...
Mi padre seguía atento a cada gesto, a cada parpadeo de la hermosa hechicera frente a él.
-... Si ella, se hubiera dado cuenta del hermoso ser humano que eres. Si ella...
Cada respiración se volvía más agitada en el pecho de mi padre, sus manos temblaban y se volvían frías por el sudor y la fresca brisa de la noche. Pasó saliva casi en seco y la emoción se esparcía en todo su cuerpo como no le había sucedido antes.
-Si ella qué Candy...
-Qué tal si ella se diera cuenta que aunque es muy pronto, empieza a verte de otra manera Albert... si ella siente que nunca antes había encontrado tanta paz en tu mirada, ella tal vez nunca había visto de esa forma tus ojos, tu risa, tu voz... hasta ahora...
-Si ese fuera el caso, sin duda me haría el hombre más dichoso del mundo...
-Aunque, ¿ella todavía no supiera si está enamorada?
-Con todo y eso, ella me quitaría de la cabeza ir a comprometerme con una completa desconocida. ¿Me darás una oportunidad princesa?
Mi padre se acercó despacio a ella, tomó sus manos; suaves pero también frías por los nervios. Las llevó a sus labios y besó durante unos segundos más de lo necesario mientras cerraba los ojos.
-Entonces quiero que seas el más dichoso del mundo... y tal vez no sea pronto, pero si la vida fuese buena conmigo, también quiero ser dichosa a tu lado Albert...
Se abrazaron un momento. Mi padre moría por besarla en ese preciso momento, pero eso sólo se habría prestado a habladurías y morbosos comentarios. Esperaría un poco. Mi mamá sentía de nuevo la ilusión invadir con fuerza su pecho, el calor de unos fuertes brazos sujetándola, protegiéndola, anclándola de nuevo a la vida, llenando de calor y de ilusión ese vacío en su corazón. Aspiraba encantada el aroma varonil y delicioso de mi padre. Creyó que ese era su lugar y que no importaba ya como hubiesen sido las cosas, tal vez había tenido que pasar por todo el sufrimiento anterior para llegar a ése día. La noche cada vez se tornaba más fría y decidieron regresar al salón de baile...
-No he revisado la presión de tía Elroy Albert...
-Entonces vamos pequeña, yo también lo había olvidado...
Sonreían sin poder evitarlo, esta vez con una emoción entre ellos que difícilmente podrían ocultar al resto de la gente. Caminaron entre las personas hasta llegar con la tía Elroy para hacerle su chequeo de presión en una de las salas privadas de la mansión, por su puesto que mi padre las acompañó en todo momento. No permitiría que nadie apartara a mamá de su lado ni deseaba ser interceptado tampoco por alguna de las señoritas de alcurnia que buscaban relacionarse con él. Al regresar al gran salón volvieron a bailar un par de valses más, hasta que se dio inicio a la cena y todos pasaron a ocupar sus lugares.
Mis padrinos se habían sentado frente a ellos. Mi madrina miraba con un gesto de triunfo lo que ahí pasaba, era algo que seguramente los dos deberían agradecerle a ella más adelante, ya podía casi imaginarlos otorgándole a ella todo el crédito por su feliz unión. Ahora estaban juntos, pronto se harían novios, si no es que ya lo eran... esos ligeros roces de los dedos, ese brillo en la mirada de ambos. Tampoco se había perdido detalle de aquella fugaz escapada a los jardines, de aquellas miradas cargadas de ternura, del beso de mi padre en las manos de mamá y del abrazo que posteriormente se habían dado. Con suerte habría boda y convencida estaba que todo era gracias a ella y sus sabios y oportunos consejos. Mi padrino miraba entre escéptico y fastidiado el evidente flirteo entre mis padres quienes platicaban sin perderse de vista y sin dejar de sonreírse mutuamente. No se explicaba en qué momento se había gestado esa química entre ellos. Si bien sabía que mi padre vivía prácticamente en los negocios y mi madre en el hospital... envidiaba en serio que alguien más le hubiera ganado la partida ¡en sus propias narices!. Una partida que desde que comenzó tenía perdida con mamá. Por tercera vez se le escapaba de las manos y él había vivido todo ese tiempo en la misma casa, pero el trabajo, las obligadas visitas a Annie... todo eso seguramente le había quitado tiempo de oro para acercarse a su "gatita", como de vez en cuando mi padrino llamaba a mi madre. Ella había llegado a querer demasiado a mi padrino, pero con un cariño fraternal... como el cariño para papá Stear, como el que hubiera jurado que también profesaba a Albert... el eterno amigo. El maldito afortunado que al parecer se quedaría finalmente con ella...
Sonrió mi padrino con una mueca de burla y negando ligeramente al pensar en Grandchester, con todo y el gran amor que ellos decían tenerse, sería nada más y nada menos que el inofensivo amigo, el desinteresado vagabundo, el desmemoriado jefe de su clan el que se llevaría el mejor premio; esa muchachilla hermosa, de embrujante mirar, de alegría y sencillez auténticas, de cálido trato, del corazón más sincero y de hermosa sonrisa que también a él lo tenía locamente enamorado... -"Pobre de ti y de mí Grandchester, la perdimos esta vez..." -pensaba sin ser plenamente consciente de que no la perdía de vista mientras ella parecía olvidarse del mundo en esa plática con mi padre.
-¿Pasa algo Archie?
-No, Anne... es sólo que...
-¿También te has dado cuenta?
-No sé de qué hablas...
Respondió él frunciendo el ceño con molestia.
-No finjas, Archie... es tan claro como el agua que ellos se entienden.
Dijo mi madrina señalando con una mirada discreta hacia mis padres.
-Ah... te refieres a Candy y Albert.
-¿De quién más podría estar hablando Archie? ¡Te aseguro que se volverán noticia, estarán en boca de todo el mundo desde este momento y por un buen tiempo! -La sonrisa en mi madrina se desvaneció en cuanto terminó de hacer su comentario y agregó- ¡no, no es posible!...
-¿Y ahora qué pasa? ¿qué te ha preocupado tanto?... ¡Palideciste Annie!
-Pronto será nuestra boda y... ¡no me gustaría que se hablara más de ellos que de nuestro hermoso enlace Archie! ¡Los importantes seremos nosotros! y... una noticia como la relación entre ellos podría...
-¡Por Dios Anne, basta! ¿Es eso lo único que te ha interesado siempre? -preguntó mi padrino a su prometida sin disimular el fastidio en su semblante y en su tono de voz. Estaba en verdad molesto.
La actitud de mi madrina era desconcertante por completo. Por un lado no podía ser mayor su alegría, al librarse finalmente de la sombra constante y amenazante que mi madre representaba para ella y la relación con su prometido; por fin la había quitado del camino y un brillo especial en su mirada aparecía descaradamente al sentirse victoriosa de haber ganado esta batalla. Aunque por otro lado, era evidente el desagrado inútilmente disimulado en la actitud de mi padrino al ver a mi madre junto a William Andley. Mi madrina trataba de mantener en sus labios una sonrisa, la misma Karen Kleisse se asombraría de su capacidad histriónica si hubiera podido verla en ese momento. Todo eso, el saber a mi padrino perdidamente enamorado de mi madre y resignado a casarse con mi madrina, le dolían profundamente en el alma, todo eso hacía crecer en ella esa maraña de resentimiento en su pecho. Eso y ahora la mortificación de que Candice y Albert pudieran restarle relevancia a su boda, con rumores sobre su noviazgo o lo que fuera que tuvieran.
Por si fuera poco, unos impuntuales invitados hicieron su aparición en el evento. Los Legan habían llegado; Neal se dirigió de inmediato a la mesa de bocadillos incluso antes de saludar a los anfitriones.
Eliza y su madre se desvivían en halagos para los anfitriones, las festejadas y la recepción tan hermosa. Neal con el poco talento que le caracterizaba, llegó a saludar con restos de boronas en las mejillas y las manos todavía batidas de los entremeces que había probado.
-Es un placer contar con su presencia, pasen por favor a tomar asiento. La cena les será servida de inmediato. -Dijeron Nicholas y Flora Henderson al mirar sonrientes a Neal.
Eliza y su madre lo voltearon a mirar con severidad, como deseando que se abriera la tierra y el impertinente cayera en la profunda grieta.
-En casa hablamos Neal, espera a que lleguemos... -dijo discretamente su madre mientras le tomaba del brazo.
El disgusto por el mal comportamiento del chico fue de inmediato olvidado cuando un apuesto joven salía con prisa del salón para dirigirse hacia el jardín. Una desesperada señorita lo seguía muy de cerca con el semblante lleno de angustia.
-Mira madre, ¿no es ese Archibald y la huérfana de los Britter? -preguntaba Eliza levantando una ceja y sonriendo al comprobar una vez más que una extraña suerte le permitía presenciar ese tipo de incómodos momentos en las parejas.
-Al parecer lo son... ¡parece que han discutido!, me extraña de Archibald, ¡el desprestigio en el que envolverán a la familia al venir a estos eventos y dar esos espectáculos, por Dios! todo por no fijarse con quien se enredan...
-Claro está que Annie Britter jamás se sacudirá lo corriente mamá, el establo de Pony lo llevarán impregnado por siempre; ella y la mugrosa de Candice...
-Cierto Eliza, por eso tú y Neil abran bien los ojos, no se involucren con cualquier personaje que rebaje el estatus que poseen. Y tú Neal, espero que te comportes, no quiero más vergüenzas, ¿quedó claro?
Caminaron hasta la mesa reservada para los Andley, la escena que encontraron fue más perturbadora todavía para sus siniestras y escandalizadas mentes.
Ahí estaban sentados la tía Elroy, claramente disgustada por la enorme falta de respeto de llegar tan tarde. Y muy cerca de ella mis padres. Mi papá se puso de pie en señal de respeto para las recién llegadas y recorrió un lugar para Eliza mientras Neil repetía la atención para su mamá.
-¿Ya viste hermana?
-¿Vas a empezar? -Respondió la pelirroja torciendo la boca.
-Sólo estoy siendo observador, la mugrosa de Candice lleva impregnado además del establo de Pony, a cada uno de los Andley... ahora atrapó al más importante...
Eliza miró a su hermano como quien quisiera fulminar de un sólo vistazo a su peor enemigo.
-Eres un estúpido Neal...
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En Escocia, una melodía (Ludwig van Beethoven - Melody of Love) resonaba en las gruesas paredes de la enorme y sobria estancia. La hermosa música que parecía contar la historia de un amor perdido llegaba a cada pasillo, entraba sin permiso a las habitaciones, subía por las escaleras de ocre cantera y se colaba hasta aquella elegante sala con chimenea que alguna vez la recibió a ella, a su inolvidable amiga, a su alma gemela. La hermosa mirada de unos ojos azul profundo se perdía en las memorias de aquellos buenos tiempos, momentos más tarde esa mirada se cerraba para encontrar con claridad escenas de un pasado todavía fresco. Después de todo un par de años habían pasado volando.
Terrence tocaba las finas teclas del piano sin necesidad de mirarlas, sus dedos se movían sobre todas ellas con tremenda habilidad, con movimientos y sincronización perfectos. Era su postura recta e impasible aunque en su interior su corazón pareciera estallar de emoción con cada nota, con cada recuerdo. Era puro sentimiento lo que guiaba aquello.
Las notas nostálgicas del piano frente a él, lo transportaban más de una vez a los pasillos del Colegio San Pablo en Londres, sintiendo esos deseos de pasar por ahí de nuevo, como otras veces había hecho, como cuando en silencio se quedaba de pie en la acera, sólo mirando, añorando, sosteniendo los gruesos barrotes metálicos como si con eso pudiera impregnar sus manos de aquella magia de antaño. Con los ojos cerrados recordaba, parecía estar de nuevo frente a esos jardines donde creía incluso estar observándola todavía... no era difícil recordarla, ni un detalle se le escapaba con todo y el incontenible paso del tiempo, se concentraba tanto que parecía escuchar su voz hablándole en ese mismo momento, se había grabado todas y cada una de sus pecas, todos y cada uno de sus gestos... su forma de caminar, la mirada triste, la atenta... la que parecía querer descifrarlo aún cuando en ocasiones ni él mismo se entendía.
Alguna vez estuvo tentado a pedir a las monjas permiso para entrar de nuevo al Colegio, volver a pisar la segunda colina de Pony habría sido suficiente, recargarse en aquél árbol que fuera testigo de tantos encuentros habría sido reconfortante, maravilloso... de sólo imaginarse caminando de nuevo por esos pasillos el corazón latía deprisa en su pecho.
La melodía seguía llenándole los recuerdos, una rubia y madura mujer lo observaba sentada en un amplio sofá. Había interrumpido su lectura al sentir erizarse la piel con aquella música. La nostalgia era palpable, la impotencia de no poder hacer nada por él la llenaba de pena. Deseaba ayudarlo, devolverle un poco de lo mucho que en todo ese tiempo no le había dado. Su hijo... su Terry, era ya un hombre pero para ella sería siempre un niño.
En su mente buscaba alternativas, estrategias, debía hacer algo. De un tiempo a la fecha lo había notado más serio que de costumbre, más ausente que en cualquier otro momento que ella recordara. Eleonor pensó que un viaje a Escocia le ayudaría a su hijo a olvidarse del tema de Candy, de Susana, del acoso de la madre de la difunta joven, de las agotadoras giras, de los constantes interrogatorios y comentarios en torno a su vida junto a esa extinta e incipiente estrella del teatro. Deseaba alejarlo de todo lo que pudiera mantenerlo sumergido en el trabajo. Por eso se lo había propuesto... estar en Escocia sería bueno para ambos, pero ahora comenzaba a dudarlo.
Esperó hasta que hubo terminado de tocar el piano. No estaba segura de si sería prudente siquiera mencionar algo. Pero el gran amor por su hijo fue lo que la impulsó a tocar el tema, a riesgo de escuchar una serie de reproches, de comentarios nada amables por parte de Terrence, porque a pesar de ser un caballero, podía ser bastante duro si estaba molesto, si alguien cuestionaba o criticaba sus actos. Ya sabía de sobra quién era el principal motivo de todo aquello... ya sabía perfectamente a lo que se estaba exponiendo al preguntar de nuevo.
-Terry; Hijo, eso fue... hermoso...
Terrence seguía sentado en el taburete dando la espalda a su madre. Después de un profundo suspiro, dijo él en una apenas audible respuesta:
-Gracias Eleonor.
-¿Es Mozart? -preguntó ella para tantear el estado de ánimo y mejor callar, si era necesario.
-Beethoven madre... Melodía de amor, de Beethoven.
Respondió Terrence girándose un poco y mostrando ese perfil perfecto; el rostro atractivo y sereno como el de su padre, en donde encontraba además los rasgos que siempre amó de ella misma. -"La mezcla exacta de ambos"... -pensó su madre.
-Es triste...
-¿Perdón?
-Sí, la melodía, aunque hermosa, es triste...
Terrence se giró por completo en el banquillo y quedando de frente a su mamá frunció ligeramente el ceño y cruzó los brazos.
-Para mí no lo es...
¡Bien, había una respuesta!, eso era un avance. Platicar con él últimamente había resultado una completa odisea. Utilizaría su poder de persuasión para sacarle información. No estaba segura de lograr mucho, si algo había heredado su hijo de ella era precisamente eso, la capacidad de leer entre líneas, la facilidad para irse por la tangente eludiendo una charla y en este caso, Terrence tenía la increíble capacidad de conocer las ocultas intenciones de alguien que desea sutilmente sacar información sobre algún tema.
-Para mí fue como escuchar lo imposible; como la historia de un amor del pasado... uno que tal vez no vuelva a repetirse. -Comentó Eleonor.
Terrence la había pillado... sonrió de lado y negó con la cabeza para después dirigir la mirada por un instante hacia la ventana que iluminaba la estancia.
-¿Acaso recordaste al Duque mamá? porque sólo así puedo entender tu expresión de nostalgia... -dijo Terry con su cínica sonrisa ladeada.
-¡Terry, basta con eso! No te burles de tu madre... hace demasiado tiempo que mis pensamientos no se dirigen a su persona.
-¿Entonces, qué es exactamente lo que deseas saber Eleonor?
La postura desenfadada de Terrence que ya había bajado la tapa de su instrumento para apoyar su espalda ligeramente en él; los brazos cruzados sobre su pecho, las piernas extendidas y también cruzadas y esos intensos zafiros desafiantes, le dejaron convencida que no sería fácil entrar en su mundo, que desde ya estaba poniendo barreras entre ellos.
-Bien, no te gustan los rodeos... a mí tampoco Terry. Desde que llegamos a este lugar te apagaste... creí que estarías tranquilo, que te serviría perderte aquí un tiempo, olvidarte de todo, encontrarte de nuevo con parte de lo que tú eres...
-"Encontrarme de nuevo con todo lo que me recuerda a ella" -pensó Terrence.
Entonces esa mirada azul profunda (que por ser su madre tan bien conocía) bajó al suelo llena de tristeza, cosa que ella aprovechó para continuar:
-...Pero veo que te has sumergido de lleno en un mundo que sólo tú conoces y en el que a nadie más permites la entrada, ni siquiera para ayudarte, vine a hacerte compañía... a platicar hasta el cansancio contigo, a terminar de conocernos... porque falta tanto todavía por decirnos y en lugar de eso, te siento cada vez más lejos.
-No me ocurre nada madre. -Respondió él volviendo su vista a ella tratando de ocultar emoción alguna.
-No te vi crecer Terry... me perdí de tanto a tu lado, pero no por eso pienses que puedes engañarme.
-No sé a donde pretendes llegar con esto, pero te aseguro no es lo que te imaginas...
-¿Y cómo sabes qué es lo que imagino?
-Por tu cara, por tus gestos... porque a pesar de que ambos nos perdimos de tanto tiempo juntos, también te conozco mamá...
-Sólo sé que estás sufriendo...
No estaba dispuesto a permitir que su madre se inmiscuyera en sus recuerdos, en su propio infierno, ése que él había creado para sí mismo, plenamente consciente de ello. En ese lugar sólo cabían él y sus fantasmas, sus incumplidos anhelos. Había edificado una muralla alrededor de su corazón de acero. No se permitía llorar, no se permitiría ya soñar con verla de nuevo.
-Estaré bien madre... sé muy bien a donde quieres llegar con esto.
Y en una valiente o poca meditada pregunta dijo Eleonor de pronto:
-¿Es Candy todavía? ¿todo esto es por ella, cierto?
La mirada de él se volvió fría, parecía incluso haberse oscurecido. Su gesto se cargó de una amargura imposible de ocultar hasta para el mejor de los actores. Fue evidente que su postura cambió y tensó ligeramente los hombros en señal de estar a la defensiva. Eleonor sabía que la respuesta era obvia, por su causa ellos estaban en Escocia.
-Madre que cosas dices...
Se puso de pie y caminó hacia la ventana para perderse en el exterior de nuevo.
-No son sólo cosas que digo... Terry, destruiste tu departamento, de haber podido derrumbar el edificio completo seguramente lo habrías hecho. Robert habló conmigo hijo... él está muy preocupado...
-¿Vinimos hasta aquí por lo que Robert habló contigo?
-No hijo, escucha... vinimos aquí porque te estás destruyendo. No estoy dispuesta a verte tocar fondo como aquél tiempo en Rockstown... no por Candy de nuevo, ni por ella, ni por nadie.
-Ya soy un hombre madre, lo que sucedió en ese tiempo fue por la inmadurez de la adolescencia. No volverá a pasarme algo así.
Eleonor se puso de pie y caminó hasta su hijo; tomó su brazo, levantó una de las mangas de su camisa y dejó descubierta una enorme cicatriz que casi sanaba por completo.
-¿Y esto qué es?
-Sabes que no fue intencional.
-Lo fue en el momento en que decidiste hacer pedazos todo a tu paso y te importó poco o nada que algo pudiera sucederte. ¡Mírame!, te pusiste en riesgo, fuiste a dar al hospital. Terry, olvídate de ella por favor... aquella vez que la encontré en Rockstown, la aborrecí Terry, odié que no te sacara de ese lugar. Creí que sólo ella podía hacerlo, por mucho que hablara yo contigo no me habrías escuchado. Ella te tenía en sus manos y tú...
-Ella no tenía culpa de que yo me encontrara en ese estado Eleonor...
La voz de Terrence más se asemejaba a un gruñido, estaba en verdad molesto y recordar ese tiempo de fracaso para él seguía siendo muy difícil.
-Es que ella era tan necia y parecía sólo preocuparse por ese tal Albert. Lo buscaba con desespero y...
-Gracias por el apoyo moral madre, pero ya fue suficiente. ¿Se suponía que esta charla me levantaría el ánimo?
-Estoy hablando contigo para que reacciones y te desprendas ese peso enorme de los hombros, ese dolor que cargas es un lastre.
-¡Madre, basta!... sabes que por ella salí de ahí. Si ella llegó hasta a Rockstown buscando a alguien más... ese fue asunto suyo, sin darse cuenta ella me ayudó a regresar a Broadway, por ella quise ser mejor de nuevo.
-Eso lo sé, y aunque no movió un dedo por ti, no por eso voy a hablarte mal de ella, discúlpame si así te lo pareció; pues no es lo que pretendo. Sólo deseo que salgas de ese agujero que cada vez es más profundo. Si ella pudo dejarte en esa ocasión, si no le importó ver el estado deplorable en el que estabas, Terry... hijo mío, ¿por qué deberías tú atesorar su recuerdo? ¿Por qué otra vez te lastimas y te sumerges en esa tristeza?
-No es fácil olvidar un amor así madre... -Contestó él mirando fijamente a Eleonor.
-Si lo sabré yo hijo... después de todos estos años que siendo sincera sí he dirigido muchos de mis pensamientos a quien tú sabes... pero no puedes condenarte a un tormento así. ¡Porque sé que no te llevará a nada bueno te lo estoy diciendo!
Terrence abrió la ventana, el aire entró llenando el lugar con un delicioso aroma a campo, a fresco; observó el lago y el cielo que se reflejaba en él. Observó a lo lejos algunas nubes de tormenta que despacio se acercaban. Observó el hermoso paisaje ante sus ojos, las bandadas de pájaros que volaban buscando refugio; como si despertara de un sueño, notó que la vida había seguido adelante y que él le había perdido el ritmo, tal vez sin su pecosa, se había perdido en algún punto del camino y del tiempo, se había aburrido de vivir o lo había hecho por mera costumbre.
-Mamá...
-Dime, hijo.
-¿Cómo hiciste para soportar el dolor de enterarte que mi padre se estaba casando con otra?
-Terry...
Madre e hijo se abrazaron, Eleonor lloraba, en el fondo ése precisamente era un dolor que todavía sentía. Ya disminuido con el tiempo, pero nunca había desaparecido. Terrence apretaba los labios, no quería llorar, en el fondo también se culpaba por todo lo que estaba sucediendo, él había dejado pasar más tiempo desde que Susana falleciera. Debió buscarla antes de que todo esto pasara, pero ya era tarde...
-No vas a permitirte derrumbarte por eso. Tu debes surgir Terry... ¡Ella es feliz! No creo que se esté casando obligada. ¡prométeme que vas a olvidarte de ella, que vas a seguir adelante como ella lo ha hecho!
-Eso dalo por hecho mamá... -Y sonrió con tristeza- ...después de todo creo que escogimos el peor lugar para olvidar tantas cosas, si esa fuese la intención. Por otro lado, es el mejor lugar para despedirme también... ¿lo sabes verdad?
-Sí, lo sé Terry.
Terry recordó la fotografía del compromiso en el periódico, la sonrisa de ella denotaba una felicidad auténtica... en sus ojos brillaba una alegría que no podía fingirse. Era cierto entonces; hasta ese momento se había percatado de ello...
-Tu terapia de enfrentarme a mis propios demonios está dando resultado Eleonor, duele, pero funciona... voy a salir un momento.
-Terry hijo, ten cuidado...
-Quédate tranquila, sé que pronto lloverá. No tardaré.
Terrence salió entonces dejando ahí a su mamá un poco más tranquila. Eleonor había podido hablar un poco con él, ella sabía que ese mismo día mi mamá se estaría convirtiendo en la señora de William Albert Andley, la alta sociedad de Chicago y del país lo sabía, era un tema que se repetía incluso días antes de que ellos partieran con rumbo a Escocia.
Ahora sentía que sólo era cuestión de tiempo, de que su hijo dejara sanar su corazón. De que cerraran las heridas profundas que ese amor le hubiese causado para después volver a ilusionarse, a enamorarse... "Este será un día como cualquier otro, ella está muy lejos y aunque se esté casando ahora mismo, lo que importa es lo que estás viviendo tú, aquí y ahora. Ella pudo seguir, tú debes hacerlo corazón. Yo estaré a tu lado" -decía Eleonor para sí misma mientras observaba a su hijo salir de la Villa montando a su fiel Theodora.
El viento llenaba su rostro de una brisa fresca, el cielo estaba muy nublado, a Terrence le agradaba mucho salir a galopar cuando el clima estaba así. Se sentía él mismo como un cielo lleno de nubes de tormenta, justo como el clima que en ese momento tenían en Escocia. Aún no estaba lloviendo, pero el olor a tierra mojada ya se dejaba sentir. Theodora ya no corría como en otros años, ya había sido madre un par de veces y comenzaba a ser un poco más lenta.
-Lo siento bonita, a veces olvido que no tienes la culpa de mis arranques...
El hermoso animal estaba quieto, como si comprendiera el estado de ánimo de su amo.
Se decía a sí mismo que esos días de vacaciones en Escocia nunca serían suficientes para olvidarse de tantos recuerdos, por el contrario, parecía que se había metido al ojo del huracán al sentirse en el centro de tantas memorias. La extrañaba demasiado, con cada fibra de su humanidad, con cada minuto y a cada momento; a donde quiera que mirara parecía ver sus ojos, su voz y su risa hacían eco en su cabeza, pero su testarudez y orgullo no le permitieron buscarla, no cuando pudo hacerlo. Estuvo empeñado en que ella había sido quien le había abandonado aquella noche de invierno y de esa forma se obligó a continuar sufriendo. Si el corazón hubiese dejado de ser tan terco, si sus manos pudieran tocarla de nuevo... deseaba con el alma, volver atrás el tiempo...
Subió a Theodora y rodeando el lago trotó sin prisa, una ligera llovizna comenzó a caer, sin que eso importara se detuvo hasta llegar al punto exacto donde se atreviera a besar a mi madre esa tarde de aquellos días en las vacaciones del Colegio, miró hacia el suelo y tomó una piedrecilla que apretó en su mano con fuerza. Se internó después en el bosque cerca de donde la había encontrado un par de veces concentrada en brincar de una rama a otra. Aquellas vacaciones de verano en ese mismo suelo que ahora él pisaba, eran hasta ahora las más memorables de su vida... tal vez lo serían por siempre.
-Eras en verdad una mona Pecas, Candy... -murmuraba Terrence en voz baja- no me preguntaré más si estás bien, tampoco si tú si conseguiste ser feliz... creo que al fin entiendo que si lo lograste... ¿sabes? honestamente yo no pude. Y sé que merecido lo tengo, porque esa noche vil me quedé ahí viendo cómo te ibas de mi vida y no hice nada por seguirte Candy... absolutamente nada a pesar de ser tan mía. Ahora... ahora Susana se ha ido y sin algún motivo de peso seguí todo éste tiempo lejos de ti... tan lejos que duele el saber que ya no puedo hacer nada. Allá en donde tú estás, el sol brilla en lo alto, iluminando desde el cielo el día de tu boda. Aquí, donde yo estoy, ese mismo sol pronto cederá el paso a la luna. Debía yo de arrojar este orgullo y necedad mía al fondo del maldito lago, al fondo del Atlántico en donde te conocí.
Aunque ya sea tarde, debería hacerlo... para poder continuar, aunque sea sin ti.
-¿Qué estarás haciendo pecosa? ¿será que te estás vistiendo con tu vestido blanco? ¿será que a pesar de estar a punto de casarte sigo siendo aquél afortunado en quien pensabas en otro tiempo?... ¿Será que sigo siendo el infeliz con esa inmensa suerte que no merezco, de poder ocupar uno de tus pensamientos... incluso hoy? Si pudiera saberlo ahora, si en lugar de estar a punto de casarte con Albert, fuera yo quien te esperara junto al altar. Si fuera yo quien esta noche de bodas me entregara en tus brazos, en tu cuerpo como aquella noche... Por eso sé que no podrás olvidarme princesa eterna, por eso te llevo unida a mi vida y me llevarás unido a ti, en cada recuerdo... estoy seguro de eso. Porque lo que tuvimos no fue cualquier cosa, porque nunca podrá llegar nadie hasta donde tu llegaste en mi alma, en mi cuerpo... y deseo sinceramente que ocurra lo mismo contigo. Que haya un espacio siempre a donde Albert no llegue nunca, uno que esté reservado sólo para mí... un palco, un palco de honor en la mejor obra de nuestra vida.
Seguía atiborrado de recuerdos, a cada paso lo invadía un torrente de emociones, las felices, las tristes, de todos colores y sabores; y al pensar en sabores, un sabor llegó golpeando con fuerza sus memorias, el de sus besos; un intenso estremecimiento de pasión llegó a su cuerpo de sólo traer de regreso a su mente aquella noche...
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Salía del último de los ensayos antes del estreno de Romeo y Julieta, pasó frente al hotel donde la había dejado hospedada, ella había ido hasta New York a verlo, para estar presente en uno de los momentos más importantes de su vida profesional.
Esa noche él se había detenido en la acera, para observar hacia la habitación que a ella le correspondía, la luz seguía encendida así como en su corazón lo estaba la chispa de felicidad que se hacía presente sólo si ella estaba cerca.
Se recordó otra vez caminando por esas calles de New York la noche previa al estreno. La indecisión lo mataba, la absurda culpabilidad por el accidente de Susana lo mantenía sumergido en la zozobra. Estaba agotado; más mentalmente que de un cansancio físico, deseaba llegar a su apartamento y cerrar los ojos, no pensar en nada, tomar una ducha, un vaso con whiskey, fumar un cigarrillo y olvidarse de todo, del teatro, del nerviosismo del debut, de Susana... de todo y de todos, menos de ella, de ella nunca.
Esa noche acomodó su boina y la bufanda que ya se había aflojado, levantó las solapas de su abrigo para cubrirse un poco más del aire gélido que le golpeaba el rostro y metió sus manos a los bolsillos del abrigo. Pensó en marcharse pero sus pies no respondieron. De nuevo su mirada en la ventana, esperando sin saber a qué... tal vez una señal, tal vez su pecosa ya estaba dormida y si la buscaba sólo sería para inquietarla. En ese preciso instante, a través de las cortinas apareció ella, su silueta avanzó de un lado a otro del cuarto y eso él lo tomó como la señal que esperaba...
No era para nada propio que un caballero buscara cerca de las nueve de la noche a una respetable señorita. Ahora el dilema estaba en el argumento que daría en recepción para que le permitieran pasar a darle un mensaje. Entró al lugar y encontró al encargado de espaldas a la entrada preparando un café caliente, pues el aroma se dispersaba por todo el lobby del Hotel. Aprovechó entonces para pasar sigiloso sin dar explicaciones y subió por las amplias escaleras ubicadas a mitad del pasillo. Su corazón latía con fuerza, su boca se había quedado seca de repente. Estaba nervioso, expectante, contento.
Todavía no podía dar crédito a lo que estaba haciendo. Él era un caballero y mi madre, "su pecosa" era una señorita de familia que se daba a respetar. ¡¿Ahora qué le diría a ella?!
Llegó hasta su habitación, estuvo a punto de darse la vuelta y salir de ahí, pero la puerta se abrió despacio y unos rizos alborotados y la mitad de un ojo se asomaron por la abertura.
-¡Terry!
-Candy... buena noche, no deseo molestarte. Sólo que... pasaba para ver si estabas bien, si necesitabas algo, yo...
Mi madre tomó su mano y lo jaló al interior de la habitación.
-Estoy bien, gracias...
-Eh... Candy, perdona por venir a estas horas, sé que no es prudente, no sé en qué estaba pensando.
-Era peor que alguien te encontrara en el pasillo molestando a una señorita, ¿no lo crees Terry?
Terrence se quedó mirándola, sonrió con el comentario de mi madre.
-Si, bueno... en vista de que todo está bien, de que esta hermosa señorita tiene que descansar; será mejor que me retire...
Ella deseaba que él se quedara. Pero, ¿cómo decírselo sin parecer una mujer fácil? Seguramente el habría conocido a alguna de esas en algún momento... ¡No! Ella no podía permitir que el deseo de tenerlo tan cerca la convirtiera en una de tantas como ellas. De pronto, un comentario de él la sacó de su lucha interna de moral versus amor y deseo...
-¿Eres vidente pecosa? ¿Cómo supiste que estaba detrás de la puerta?
-Desde aquí pude ver la sombra de unos zapatos bajo la puerta, supuse que sería importante o que quizás no escuché cuando llamaron a la puerta. Es que... a veces canto y creí... que no había escuchado...
-Ten cuidado Candy, no debiste abrir sin antes saber de quién se trataba. Por favor, no vuelvas a hacerlo.
La mano de Terrence acarició con ternura la mejilla de mi madre. Ella detectó el aroma a cigarrillo en su mano, pero lejos de molestarse, cerró los ojos por la electrizante suavidad de la caricia.
Un sensual estremecimiento recorrió las entrañas de ambos, un delicioso escalofrío recorrió sus cuerpos cuando se percataron que estaban a solas, en la noche, en la privacidad de una habitación... cuando fueron conscientes de que nadie esperaba por ellos, que nadie se daría cuenta de nada.
Despacio se acercó a ella, inclinó su rostro para besar su mejilla, ella se permitió rodear su cintura con sus brazos y él se permitió mucho, muchísimo más.
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-¡Ésta es mía!...
Dijo Terrence señalando con su dedo un punto entre el pómulo y la nariz de mamá.
-¡Terry!
-Es muy pequeña, pero tiene forma de corazón, por eso te lo advierto, esa es sólo mía... ¿te habían dicho alguna vez que eres una fábrica de pecas Candy?...
-Ese tipo de comentarios sólo los he recibido de una persona Terry, adivina de quién...
-Supongo que debe ser alguien muy inteligente, muy observador, muy atractivo...
-Muy engreído, a veces insoportable...
-Pero también muy enamorado Pecosa...
Sonrió mi madre al escuchar feliz aquellas palabras. No era para menos, habían pasado su primera noche juntos. Podía perderse en esa visión casi celestial frente a ella. El rostro del hombre que amaba sonreía juguetón tan cerca del suyo, de sus labios. Sin perder detalle de esos ojos que se volvían soñadores y tiernos cada que esa preciosa sonrisa llegaba a ellos. Cada que Terrence hablaba dejaba un rastro de su suave y dulzón aliento muy cerca de su piel. Podía sentir las exhalaciones de él acariciar sus mejillas.
-Nacen, crecen, se reproducen y se siguen reproduciendo... -dijo con su grave voz mientras seguía acariciando con suavidad la piel de ella. -No recuerdo haberte encontrado tantas cuando te observaba en el Colegio...
-Quizás porque no me mirabas tan de cerca Terry...
-Créeme cuando te digo que en verdad ponía atención a cada detalle de tu persona, además de que siempre traté de estar muy cerca.
Mi madre sonrió y su mirada parecía iluminarse más cada vez con esos comentarios que seguían seduciéndola, enamorándola... parecía no haber límite para amar a ese hombre
-¡Mira! ésta otra es interesante... -dijo él al momento de acariciar el cuello de ella- Jajajajaja... ¡esta de aquí parece un pez regordete!
-¡Un pez regordete!... -exclamó mi madre arqueando las cejas y ruborizándose- ¡Terry qué poco romántico!
-¡Y cuando te giras de esa manera haces que el regordete se mueva... jajajajaja!
-¡Basta Terryyy! -mi madre frunció el ceño y cruzó los brazos sobre su pecho desnudo, era tal su indignación que no se percató que la sábana se hubiera deslizado hacia abajo.
-No importa que te burles de mis pecas... no puedo verla Terry y no creo que exista en mi piel ese pez regordete que tanto te divierte.
-Eso lo sé... y es una lástima que no puedas verlo... está justo aquí...
-¡Terry, no me muerdas!
-Yo en cambio Candy, puedo ver todo lo que deseo desde este punto... la vista es en verdad maravillosa...
Decía él en un tono atrevido y juguetón mientras deslizaba despacio una de sus manos desde el hombro de ella, bajando a su costado y después hasta sus caderas. Mi madre se dio cuenta hasta entonces que él había deslizado por completo la sábana y para entonces ya no le importaba. Se sentía viviendo dentro de un sueño. La vida era demasiado buena, la vida era justo como debía ser y ahora no tenía miedo. No se preocupaba por enfrentar a quien fuera, a la tía Elroy, al tío abuelo William, a la sociedad entera. Por primera vez una fuerte sensación de pertenencia le llenaba el alma... se sentía dueña de alguien y a la vez propiedad de esa persona.
Estaba él recargado en uno de sus brazos, recostado a su lado, seguía delineando con suavidad cada curva, cada tramo de piel. Miraba embelesado el rostro de ella, se adueñaba una vez más de sus labios, de su boca entera. Su respiración volvió a agitarse, fue osado, muy osado al tocarla otra vez de esa forma... amaba verla sonrojarse así, sus dedos se perdían en el húmedo calor del cuerpo de su pecosa, después sus manos la atraían otra vez hasta el suyo, después volvían juntos a viajar al cielo; Candy, su Candy se convertía a cada momento en su mujer. Una y otra vez se amaron hasta cansarse, hasta llenarse de ellos mismos.
Por primera vez en mucho tiempo, se sentía pleno, completo, dichoso. Volvía a llenar su corazón esa alegría despreocupada que existe en el corazón de un niño, de la misma forma sonreía divertido con las travesuras que hacía cual chiquillo en su más interesante fechoría. Sólo que no era un chiquillo, era un joven reconociendo el cuerpo de la mujer de su vida. Mamá sólo podía pedirle algo más a la vida, que ese fuera el inicio de algo que durara para siempre. Había sido sin duda uno de los amaneceres más dichosos de su existencia. El sol entraba por la ventana y llenaba de luz las pupilas de ambos, quedaba expuesta la irritación en los labios después de haberse besado la noche entera, después de haber propiciado aquella faena nocturna al rozarse y saborearse incontables veces en la más nueva y deliciosa de las exploraciones que ambos conocieran.
En la cama dos cuerpos y almas desnudas retozaban dichosos, plenos, rebosantes de alegría, esperanzas y sueños juntos. Estaban cansados de haberse amado tanto, pero nunca sería suficiente. Terrence deseaba seguir así para siempre... en la calidez de su cuerpo desnudo entrelazado al de ella. En la intimidad de esa entrega que no podía creer hubiera sido posible vivir.
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Un vuelco de tensa amargura e incertidumbre interrumpía sus recuerdos al reprocharle por la alegría vivida, el vuelco tenía la voz de la madre de Susana Marlowe; Fausta Marlowe parecía haber dejado bien grabado en su mente aquella voz chillona, estridente y demandante, apenas comparable con la desagradable e innombrable madame "cara de cerdo". Era una pesadilla pensar en ambas, igualmente tormentoso y desfavorable para su buen humor. Cayó en la cuenta sonriendo maliciosamente que aquella nefasta señora Marlowe se había salvado de recibir un justo sobrenombre... pero no era tarde después de todo. Aún podría ser divertido inventarle alguno...
-"Nefausta"- pensó soltando la carcajada... -"Nefausta Marlowe" es perfecto para ella... lo siento Susana -dijo mirando hacia arriba tratando de parecer serio-, pero es el mote más benevolente que pude hallarle a tu señora madre, espero... no te moleste, ¡saludos hasta donde te encuentres! -y realizó una educada reverencia para acto seguido enviar con su mano un beso al cielo en un exagerado gesto teatral.
Ahora cada recuerdo laceraba el alma. Cada memoria calaba hondo en el pecho, el llanto no bastó para curar el alma; la distancia tampoco ayudaba más que el tiempo. Ya se había despedido, de a poco cerraría su corazón para que dejara de doler, aunque a ciencia cierta, no sabía exactamente como hacerlo, pero ya encontraría la forma.
-Duele soltarte para siempre Candy... pero así tendrá que ser. Voy a soltarte y al hacerlo, me estaré liberando también de todo esto...
Comenzó a llover copiosamente y se dio permiso de llorar. Sus lágrimas se mezclaban con las gotas de lluvia. Caminó de regreso a la Villa sin montar a Theodora. Sabía que Eleonor se preocuparía si no llegaba antes de la merienda, pero parecía no importarle nada, estaba anestesiado, estaba en medio de un proceso que requería algo más que estarse preocupando porque los demás no se preocuparan.
Sentía el aire frío traspasar las ropas empapadas, pero poco le importaba, se tomaría el tiempo que fuera necesario para recordarlo todo. Primero pensó que sería bueno olvidar, como si nada de eso hubiese sucedido nunca, pero después, pensó que todo el tiempo vivido al lado de mi madre sería su mayor tesoro, quizás la época que el recordara como su "tiempo de gloria", sólo debía aprender a vivir con ello sin que le doliera tanto cada que recordara. Sonrió al volver en sus memorias y darse cuenta de que todo pasa, en algún momento de su vida se había sentido tan perdido, tan abrumado por lo que estaba por suceder; Susana, el accidente... y ahora, eso también había quedado atrás. "Todo pasa" -se dijo a sí mismo.
Frente a él se erguía imponente la Villa Grandchester. En otro tiempo ese lugar había significado un refugio para él, una fiel compañera para su solitarias visitas en veranos de antaño. Alguna vez también había sido un lugar ansioso por que en él se escribieran nuevas historias de amor, de charlas frente a la chimenea, de paseos en sus jardines. Sus puertas habían sido abiertas para ella, si... ella había estado ahí alguna vez.
Ahora el lugar era más sombrío que de costumbre, como si también se hubiese quedado esperando por una continuación de ese verano que no volvería a repetirse...
Con todo y eso, respiró profundo. Debería ser fuerte. Ya era de noche, aún debía secar a Theodora y él debería tomar un baño caliente, estaba temblando y una presión en su pecho empezaba a manifestarse, lo atribuyó a la tristeza, al desahogo que había tenido a solas, extrañamente se sentía más ligero de ánimo, pero en su pecho ese dolor se hacía cada vez más fuerte...
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CONTINUARÁ...
Ayame DV: amiga, hice uso del nombre de la suegra del mal: Fausta Marlow, (madre de chucky el bodoque mimado)... jajajajaja! así que ése mérito es tuyo amiga preciosa. Perdón, pero fue genial eso de "Nefausta", ¿a poco no?
GRACIAS a todas las personas que me han dejado un review a lo largo de este fic, en algún capítulo, por breve o extenso que sea, los leo todos y cada uno. Gracias en verdad. También a quienes me han agregado a favoritos y siguen las actualizaciones.
Voy a responder brevemente a algunos de los últimos comentarios, porque hace mucho que no escribo para responderles y es que me he enfocado más en escribir sólo el capítulo y largarme a leer otros fics de los que soy super fan! jejejeje. Pero bueno, aquí vamos...
elisa ventura: Pues no corrió Scarlett a decirle a su padre que Terry la besó. Pero ya va de regreso con ellos, en el siguiente capítulo veremos que pasa. Besos linda!
Charo Granchester: ¡Mil gracias por tu comentario! la verdad es que me dejaste intrigada con eso del grupo en Facebook en el que se ha recomendado esta loca historia. Es muy halagador y motivador desde luego. Te mando un abrazo grande y después me platicas en que grupo hacen eso, va?
sony77: cómo agradecerte a ti por tan preciosos comentarios. Es cuando me doy cuenta que el mejor pago es éste precisamente, generar emociones en el lector y llevarlo conmigo al mundo de mi imaginación. En serio gracias por leer lo que escribo y por tenerme en tan bello concepto. Un abrazote para ti!
Elo Andrew: El abrazo va de vuelta, gracias por estar pendiente y feliz 2018!
Aliss: Jejejeje gracias por estar en ascuas por esta historia, así me tienen cuando publico y espero sus reviews, jajajaja las amo!
Stormaw: Así es amiga, Annie ha sabido jugar sus cartas para llevar de la manita a Candy por donde ella ha querido, pero también recordemos que por muy manipulador que sea alguien, tenemos mente propia para darnos cuenta de la realidad y podemos tomar nuestras decisiones. Besos amiga bella. Un abrazo gigante hasta California!
Alesita77: Poco a poco se van despejando las dudas, en cuanto a la falta de amor de Albert, la distancia con Terry, todo eso se verá más adelante. Ya no falta tanto, lo prometo. Saludos bonita!
Phambe: Como siempre tan acertada hermosa Phambe, si bien es cierto, que en esta historia Annie hizo de las suyas para tratar de manipular a Candy, también es cierto que ella no tiene nada que ver en cuanto a que un sentimiento fuerte y genuino ocurra entre dos personas. Es lo que quise plasmar en estas líneas. El amor de Albert y Candy si existió en esta historia, no quisiera ahondar en tantos detalles y en todo lo que me imagino entre ellos al ser esta una historia diseñada para el interés de las lectoras Terrytanas. Pero más adelante sugiero situaciones que dejan ver claramente el porqué de todo lo que pasó. En cuanto a Albert... ya en los siguientes capítulos (que espero no sean ya demasiados) entenderán el porqué de tantas cosas que hizo y deshizo. Gracias también por comentar en mis otros fics "La cajita de música" y "Al otro lado del tiempo". Siempre me llamó la atención la idea de poder regresar en el tiempo, sobre todo cuando alguien a quien amé tuvo que partir hacia otra vida en otro lugar (específicamente refiriéndome a la muerte). Motivo por el cual manejé ambos conceptos en los dos fics. ¡Te deseo igualmente lo mejor para ti y los que amas en este 2018! ¡Muchas gracias Phambe y que tengas excelente día! ¡Un abrazote hasta Francia!
Nena abril: Gracias hermosa, y de nuevo por aquí ando... espero haberte atrapado de nuevo! jejejeje ¡besos!
Juniper: Creo que es la primera vez que tengo el placer de responder uno de tus comentarios. No creas que se me han olvidado los anteriores, pero por alguna razón que en este momento no recuerdo, no pude escribir la respuesta a esos reviews, en esas otras historias. Esta vez no podía pasar simplemente de largo guardándome tus bellas palabras, porque ustedes merecen esa atención a tan hermosos sentimientos que generan a la vez en nosotras. Es verdaderamente halagador y grato, que alguien te diga que escribes fantástico con calidad en escritura y contenido... si mal no recuerdo alguna vez me dijiste que incluso mi escritura se asemejaba a la de Diana Gabaldon. Eso me impresionó mucho. No he leído nada de ella, pero inmediatamente la busque ya sabes, en Google y encontré que es una famosa escritora estadounidense. Uffff, mujer! me sentía como pavorreal gracias a ti. En otro comentario me dijiste que la historia la estaba terminando como a la carrera, que así no era yo. Y si, en verdad eres tan perceptiva que detectaste mi urgencia por terminar. Sólo puedo decirte gracias. ¿Lo ves? así como ustedes se mueven en su interior con lo que escribimos, las palabras suyas se quedan también formando parte de lo que somos. Por eso te agradezco siempre y es un gusto leer tus comentarios. ¡Hasta luego!
Alexas90: ¡Hermosa de mi vida! ¡comadre de mi corazón! ¡Usted no sufra pues! créeme que nunca pondré a Albert como el malo o el patán por el gusto de hacerlo. Aunque sean personajes que nacieron en otra cabeza y la mía sólo les inventa nuevas historias, hay una razón para todo lo que se gestó en mi loca imaginación en cuanto a este fic. No me gusta dar spoilers... prefiero que digan: ¡pero que le pasa a esta mujer! ¡cómo se atreveeee! jajajajaja, eso me gusta más, porque cuando lo leo así en otra historia, cuando alguien es capaz de mover así mis fibras, uffff... bueno! la agrego a favoritos! jejeje. Te quiero amiga.
Blanca G: Hola Blanca! jajaja, si me he pasado de tardona con los capítulos, pero no me ha resultado muy fácil avanzarle a cada historia, si a eso le añadimos las ocupaciones de la realidad, mas los hijos, marido, quehacer, y cientos de fics hermosos por leer, además de alguna hermosa novela turca que se me ponga enfrente... pues ya te digo, el tiempo disminuye horrores, pero aquí sigo, ya sabes... comentando, jajaja, que linda, que veías que por ahí andaba y sabías que regresaría! Lo que sigue ya se irá resolviendo poco a poquito, ya verás. ¡Besos linda!
YAGUI FUN: Exacto Yagui, lo que haya pasado, por mucho que yo quiera o pretenda justificar al wero más adelante, nunca será suficiente para disculparle el haber abandonado así a su mujer y su hija. Igualmente en otro de tus comentarios, en los zapatos de Candy jamás pondría un hombre por encima de el valor que tiene mi hija. Esta historia está complicada, no creas, desde que se presentó en forma de flashasos en mi cabeza... decía yo... ¡pero como rayos! bueno, pues aunque no lo creas sé como termina y termina bien para Candy y Terry. Ya verás que pasa después. Gracias por continuar, en cuanto al whatsapp, amiga ya no tengo... buuuuu para mi! se desconchinfló (dícese de aquél acontecimiento que descompone o rompe en su totalidad algún objeto) mi teléfono y ahora hasta que renueve mi equipo. Jajajaja, cuídate amiga!
Adoradandrew: Pues gracias Adorada hermosa, por seguir esta historia a pesar de que tu corazón es más Albertfan. Para mí es un honor que leas a pesar de que Albert ha cometido errores en esta historia. Eso sí, aunque no me gusta ya dar mucha idea de lo que sigue, te diré algo... no es malo. Lo que ha hecho, ha sido porque creyó que era lo mejor. Pero nunca fue con dolo, ni es el villano antagonista descorazonado, nada de eso. Aunque tampoco será el príncipe hermoso que nos hemos imaginado de otras historias, más bien, fue un personaje lo más apegado a la realidad que pude, desde que concebí su rol en este fic. Un beso para ti!
Eli: Gracias Eli por ese comentario tan extenso y además de eso, tan profundo en tu forma de sentir y pensar. Estoy de acuerdo contigo en muchas cosas, desde luego, también difiero en otras, pero es porque sé lo que sigue en esta historia a diferencia de ustedes. Me emociona muchísimo llegar a ese nivel de interés y análisis por parte de las lectoras. Por eso trato de escribir lo mejor que puedo, por gusto propio pero sobre todo por compromiso con ustedes. Un beso y abrazo para ti! Ah y gracias por tu review en TERRY! hermosaaa!
Miriam7: Exacto! me encantó ese consejo: ¡Una campaña para que no haya matrimonio sin amor! Nada de que "el amor llegará con el tiempo"... o "tal vez pueda llegar a amarlo"... no, nada de eso. Y desde luego que también me pongo en el lugar de Candy, jajaja me pasa algo curioso... cuando estoy divagando con esto de las historias, me imagino la perspectiva desde cada uno de los involucrados. Por eso, se que lo que viene igual puede ser intenso para ustedes, igual sólo lo será para mí en lo que me imagino, jajajaja. Muchos besos para ti y mil gracias!
Luz: Hola Luz! por fin regresaste! leí tu comentario de despedida diciendo que te ibas de vacaciones y deseabas felices fiestas. Igualmente deseo que estos días hayan sido maravillosas para ti y cada una de ustedes y sus familias. Gracias por siempre seguir lo que escribo. La parte de la separación y los problemas ya está a la vuelta de la esquina como dicen... porque no ahondaré mucho en la relación matrimonial de Albert y Candy. ¡Besos hermosa!
Ayame DV: Jajajajaja, ay amiga! ¡malditas harpías del demoniooo! jajajajajaja, esta vez el capítulo menciona a Terry más que a nadie, aunque no sea la mejor época de su vida, pero bueno, es parte del duelo por perder un amor. El dolor, los recuerdos, hacerte a la idea... todo eso es lo que le sucede a él en este capítulo. Si me vas a arrojar jitomatazos como a Fossy el de los Muppets, estará muy bien, ya tengo hambre. jajajajaja!
Alondra: Así es Alondra, Scarlett es la que narra esta historia. Pronto verás que más tiene que contarte. Saludos bonita!
Pinwi Love: Cierto Pinwi, cuando uno está molesto, decepcionado, triste... lo peor que puede hacer es tomar decisiones, porque siempre están fundamentadas en el dolor y no nos dejan apreciar claramente el panorama de la realidad. Es lo que le ha sucedido a Scarlett, veremos que pasa después... Gracias por comentar y seguirme! Un abrazo enoooorrrrme para ti bonita!
Malu: Gracias Malu, en efecto, algo sucedió con Albert para que decidiera alejarse de esa forma! Saludos y gracias por comentar!
Rous T: Hermosa de mi vida! lo mismo me sucedió, imaginaba a Albert y a Candy bailando en esa recepción y créeme que ningún vals por bello que fuera, me encantó como escuchar a Dmitri Shostakovich para ese momento en particular cuando va por ella al jardín y regresan a integrarse al baile. Lo escuchaba a todo volúmen con los audífonos conectados a la lap, y casi casi me transportaba a ese lugar! Lo que hace la imaginación! Por cierto, que el dichoso vals es de por la década de 1930 si mal no recuerdo, pero para fines de mero entretenimiento y no históricos o ilustrativos, me encantó la idea de sugerir que fue el que se escuchó en ese mágico instante.
Gracias por comentar, por leer, por seguirme, disculpen si alguien me faltó pero no acabaría. Lo que si les aseguro, es que ninguno de sus reviews se me olvidan... nunca.
¡Hasta pronto!
