X. Juicio.

Gohan, impresionado, aún no podía digerir del todo bien lo que los jóvenes dioses le habían dicho, y a la vez, pedido. No podía creer que unos seres divinos y tan poderosos fueran a pedirle ese tipo de ayuda, y menos a él, teniendo tanto a su padre como a Vegeta como posibles opciones.

-Déjenme ver si entendí- dijo, después de unos momentos. Tanto Shun como Kirano lo miraban con mucha paciencia, un tanto extrañados de que él se negara tanto a aceptar su rol en todo eso; Piccoro no había participado de la conversación, observaba todo con los brazos cruzados -¿están diciendo que necesitan mi poder y el del señor Piccoro para poder encerrar a los Titanes?- los otros dos asintieron en repetidas ocasiones -¿por qué?

-¿Y por qué no?- preguntó de vuelta Shun, y antes que Gohan comenzara con todos sus argumentos para negarse (o que ellos lo pensaran mejor) –mira, es más o menos simple- se adelantó el peliverde –Aunque no me guste admitirlo Zeus es el más poderoso, y el que pudiéramos encerrar a los Titanes la otra vez se debió a que él estaba con nosotros.

-Pero en esta reencarnación, él no está con nosotros- continuó Kirano –por lo que nuestro poder disminuye considerablemente, lo que contrasta bastante con el caso de los Titanes, que ha aumentado.

-Por eso es que necesitamos tu poder- dijo Shun –aunque te cueste creerlo, eres muy poderoso, pero parte de todo ese poder descansa dentro de ti. Parte de éste se desarrolló en la batalla en contra de Buu, pero se perdió… y otra parte importante sigue escondido en ti. ¿Entiendes?

Gohan asintió ligeramente, pensativo. Desde antes que naciera Pan había dejado de lado el poder de Saiyajin que había logrado en la batalla en contra de Buu, atribuyéndole más que nada esa razón. Nunca había pensado en la posibilidad de recuperarlo de alguna manera.

-¿Cómo puedo tener tanto poder dentro de mí?- murmuró, inseguro.

-Eso siempre lo hemos sabido- intervino Piccoro por primera vez –pero gran parte de éste depende netamente de tu estado de ánimo y emociones. De eso se dio cuenta el irresponsable de tu padre durante la batalla contra Cell.

-Bueno, y es eso lo que queremos cambiar- dijo sonriendo Kirano –lo que te hicieron en la batalla de Buu estuvo bien, pero debido a que fue en tan poco tiempo, no fue definitivo. Nuestra idea es lograr que de ahora en adelante puedas disponer de todo tu poder cuando quieras, hayas continuado o no con tu entrenamiento.

-Pero, ¿cómo…?

-Somos dioses- se encogió de hombros Kirano, sonriendo –tenemos ciertas influencias en las personas, sobre todo en lo que tiene que ver con el poder o en el desarrollo de habilidades especiales, ¿entiendes? Si no me crees puedes preguntarle a Apolo acerca de Cassandra(1)…

-Eso no viene al caso- replicó molesto Kirano, cruzándose de brazos y mirando ofendido hacia otro lado –no empieces a ventilar Hades, que yo también tengo unas cuantas historias que son bastante interesantes sobre ti…

-Hey, enfoquémonos- antes que Shun lograra contestarle, Gohan habló -¿qué tiene que ver en esto el señor Piccoro?

-Piccoro alguna vez fue un dios, Kami-sama- dijo Kirano –para enfrentar a Cronos en lo posible hay que tener algo divino. Él será tu escudo, lo divino que tiene servirá para que Cronos no pueda tocarte.

-No estará en peligro, ¿cierto?- preguntó preocupado el saiya.

-No, el lazo que hay entre ustedes es tan fuerte que hace imposible que Cronos los dañe- contestó Shun –además tendrán nuestro apoyo. A ustedes no les ocurrirá nada.

-¿A nosotros?- Gohan frunció el cejo al escuchar tales palabras -¿y a ustedes?


-Seré su jueza- escucharon los tres, mientras trataban desesperadamente de soltarse del amarre de la energía que los rodeaba –y también su verdugo. Será de lo más interesante porque ustedes no son para nada de los trigos muy limpios… ¿quién se ofrece como voluntario para comenzar?

Kanon de Dragón Marino estuvo a punto de soltar un grito cuando notó que a su alrededor, aparte de la fuerte energía que los rodeaba, se formaba un látigo, que cada vez comenzaba a apretarse más en contra de él. Después de unos momentos, no supo qué le dio más pánico: el ya nombrado látigo o las imágenes que se formaban de su vida, como si fueran hologramas.

-Que interesante todo esto, ¿no lo crees?- le preguntó Mnemosine, burlesca, mientras las imágenes mostraban el momento en que engañaba a Poseidón, para lograr así su fin de matar a Atenea y conseguir ser dueño de todo. Ya antes había visto partes de su niñez con Saga, su hermano gemelo, y la envidia que sentía en contra de él, así como también parte de su vida en Cabo Sunión –el hermano dorado del que fuera el Santo Dorado con más futuro. Eso, claro, antes que fuera poseído, por supuesto.

Las imágenes se acabaron, pero antes pasaron por otros pecados del General Marino: mentiras, muertes, destrucción, y otras tan triviales e insignificantes (para él) como matar un mosquito o algo así. Sintió que comenzaba a sudar, nervioso. La mayoría de los recuerdos vistos estaban escondidos en su cabeza y por ningún motivo deseaba que salieran de ahí.

-Tú hermano sabía muy bien que por dentro eras una manzana podrida, y aunque él tampoco supo reconocerse como tal en su momento, se tomó el papel de juez y te encerró en aquella pequeña celda en Grecia, lugar donde comenzó todo. ¿Sabes cuántas veces pudiste haber muerto en ese lugar?, ¿acaso las contaste?, ¿o contaste las veces que Atenea te salvó, sin ver tu negro corazón?, ¿cómo reaccionó ella sabiendo que llegado el momento manipularías a Poseidón para beneficio propio?

-Te equivocas- Kanon sonrió a medias, después de mucho esfuerzo. En sus ojos había un brillo de picardía que bien mostraba que él no se dejaría vencer ni matar tan rápido –lo que Atenea sabía era que lucharía a su lado en contra de Hades.

-Eso no quita que eres un traidor- dijo la Titán, casualmente –haz traicionado a todos aquellos que han estado contigo. Tú hermano, Atenea, Poseidón, tú mismo… ya a estas alturas ya nadie puede confiar en ti, ¿cómo es que te puedes levantar tranquilo en las mañanas sabiendo que nadie confía en ti?

-Atenea y Poseidón confían- replicó el joven con ellos me basta.

La Titán lo miró con una sonrisa a medias, con ciertos toques de maldad.

-Culpable.

Kanon sintió cómo el látigo se incrustaba un poco más en su piel, causando unas pequeñas heridas en su piel.

Mnemosine miró a los otros dos y Vegeta se dio cuenta que era su turno cuando notó que un látigo también lo rodeaba, y las imágenes comenzaban a pasarse por su cabeza y también, como hologramas. Matanzas en planetas, torturas (reconoció una de las golpizas que le dio a un malherido Gohan, de sólo cinco años), traiciones, luchas, envidias, obsesiones…

-Uh, Príncipe Saiyajin, toda una historia- continuó ella, con el mismo tono utilizado con Kanon –te pareces mucho a tu padre, ¿sabías?, igual que tu hermano pequeño, aunque no se le nota mucho- la Titán miró a Ikki, y luego al Saiya -¿sabes, Vegeta?, tú y el Fénix tienen más de un parecido. Los dos son hermanos mayores, y los dos menores bien se pueden definir como unos inútiles en cuanto a la lucha, lo que no quita, por supuesto, que sean poderosos.

Imágenes de Tarble pasaban una tras otra… las veces que lo había golpeado de más en los entrenamientos, tantas veces que lo había rechazado por sentimental o blando, todas las ocasiones que le gritó por ser tan diferente a lo que la raza Saiyajin exigía para sus sangrientos y fuertes guerreros.

-Tanto tú como Ikki tuvieron que madurar antes de tiempo, aunque por razones completamente distintas. Los Saiya son una raza guerrera, se les educaba desde pequeños para luchar y matar a sangre fría, cualquier tipo de sentimentalismo estaba de lado; en cambio, Ikki creció y maduró haciendo el papel de padre y madre de su hermanito Shun- Mnemosine sonrió –los dos tuvieron que separarse de ellos, aunque lo tomaron completamente diferente.

Bulma, Trunks, Bra… ahora ellos salían en las imágenes, las tantas veces que ignoraba a su mujer, sobre todo cuando eran más jóvenes y él aún no se acostumbraba a tenerla cerca. Lo tanto que le había costado el criar a sus dos hijos, el poder apreciarlos y valorarlos realmente…

Trataba de liberarse de aquella energía tan fuerte, sobre todo al ver las imágenes. Recuerdos de una vida pasada que muchas veces deseaba olvidar, sobre todo aquella vida de mercenario que llevó durante tantos años.

-¿Recuerdas cuando te separaste de Tarble, Vegeta?- le preguntó ella -¿recuerdas que sentiste desprecio por tu hermano, porque demostraba el dolor que sentía por su separación? A ti sólo te interesaba la fuerza física, pero él es diferente, su fuerza radica en el corazón, la convicción de sus principios, su fortaleza… lástima que en aquellos años no lo considerabas importante- guardó silencio unos momentos -¿en qué consideras que el hijo de tu némesis, Kakarotto, y tu hermano se parecen?- preguntó, casualmente -¿por esa razón salvaste al niño cuando estaban luchando contra las Fuerzas Especiales Ginyu?... quizás igual lo querías, aunque trataras de disimularlo. En fin, también eres culpable, si nos dedicáramos a ver cada uno de tus pecados, creo que no terminaríamos nunca…

La Titán se volvió hacia el Santo del Fénix, Ikki, y caminó hacia él. Al igual que a los otros dos, el látigo también había aparecido, rodeándolo. Pero a diferencia de Kanon y Vegeta, las imágenes de su vida no aparecieron.

-Siempre he tenido la duda de qué se siente tener que tomar una decisión de la que depende toda la humanidad- dijo Mnemosine –porque eso fue lo que te ocurrió, pero, ¿estás seguro de que decidiste bien? Considera que ahora tu hermano volvió a ser Hades y, lo que es peor, lo acepta. Tú hermano es un dios, Ikki, ¿qué harás esta vez?

-¡¿De qué demonios se trata esto?!- gritó Vegeta, enojado y apretando los dientes por el dolor que le producía el látigo en su piel -¡pelea de una maldita vez, mujer!

-No todas las peleas son cuerpo a cuerpo, Vegeta- replicó ella –yo soy Mnemosine, la personificación de la memoria, y con eso es con lo que juego, nada más. Y como ahora también soy juez, perfectamente puedo unirlo. En fin, puedo ver que los tres, en cierta manera, tienen vidas un tanto parecidas. Fue dura, aunque por distintas razones, no creo que conozcan la felicidad a pesar de todo lo que tienen (son unos malagradecidos) y no lo valoran. Sí, quizás merezcan algún tipo de castigo por esto… creo que sus traiciones, asesinatos, mentiras y todo lo demás lo amerita.

Mnemosine se alejó de ellos y se puso sobre un taburete, mirándolos sonriendo.

-Son declarados culpables- les dijo, con voz firme –y como la muerte no sería un castigo, sino una bendición… los condeno al olvido, pero no de cualquier cosa, sino de aquello que es lo más importante en su vida- se acercó a ellos, encendiendo su cosmos –espero que se hayan despedido antes de venir.


En parte, los dos sentían que era una lucha "agua contra agua". Océano y Poseidón se atacaban sin descanso, como intentando demostrar de alguna manera quién tenía la supremacía. Los otros dos, Sorrento y Odysseus miraban la lucha sin saber del todo qué hacer, ya que no eran considerados para nada en la lucha.

-Tengo una pregunta- dijo de pronto Sorrento –Hades dijo que no había que matar a los Titanes porque si no se perdería parte del poco equilibrio que va quedando, entonces, ¿cómo los detendremos?

-No creo que haya que llevarlos luchando hasta el Tártaro, ¿cierto?- preguntó el Ángel, mientras ponía cara de espanto de tan sólo pensarlo.

-No lo creo, aunque te digo que no me sorprendería, ¡cuidado!

Los dos muchachos a duras penas lograron evitar energía lanzada por Océano. Poseidón los miró, visiblemente molesto por su pasividad en la pelea.

-¡Hey, ustedes dos!- les gritó -¡no los traje para que hicieran de comentaristas!, ¡muévanse de una vez y peleen!

Tanto Sorrento como Odysseus se pusieron inmediatamente de pie, y se prepararon para la lucha, encendiendo su cosmos, pero ni siquiera pensaban en qué ataque realizar, cuando tanto el dios como el Titán comenzaron nuevamente con su lucha por la supremacía marítima. Esa era una lucha completamente personal.

-No es justo- dijo Odysseus –nos reta porque no luchamos y no se da cuenta que queremos hacerlo pero que no nos dejan, ¿Qué se supone que tenemos que hacer?

-Quizás…- Sorrento se detuvo al sentir un escalofrío en su espalda, y se volvió lentamente, poniendo casi de inmediato una cara de espanto que llamó inmediatamente la atención del Ángel, que hizo lo mismo, con los mismos resultados, incluso -¿qué demonios es eso?

Cerca de ellos había alguien de pie (o al menos ellos pensaron que era una persona, una chica). Podían ver la silueta fina, y por la misma se notaba que usaba un abrigo largo, del que parecía gotear constantemente algo, y se dieron cuenta de qué era sólo cuando el charquito casi llegó a sus pies.

-Es… es…- Odysseus retrocedió, asqueado.

-Sangre- Sorrento se agachó a un lado, curioso, sin darse cuenta que a Poseidón no le estaba yendo muy bien en la lucha -¿quién será?

-O qué será- corrigió Odysseys, mirando con curiosidad -¿nos acercamos o lo ignoramos?

-Creo que mejor lo ignoramos…

Ambos dieron media vuelta, pero aunque se esforzaban sentían constantemente detrás de ellos la mirada insistente de aquella criatura. Después de unos pocos minutos que no pudieron concentrarse a pesar del esfuerzo, dieron media vuelta y caminaron hacia el ser, sin siquiera ponerse de acuerdo. Se dieron cuenta que era una chica hermosa, con rostro de muñeca de porcelana, muy pálido, y con el cabello completamente negro. Lo que les causó escalofríos fue darse cuenta que, en efecto, la sangre goteaba del abrigo de ella.

-¿Quién eres?- le preguntó Odysseus, ella lo miró con ojos ausentes.

-Keres- contestó ella, rápidamente -¿quiénes son ustedes?, ¿por qué terminaron con la paz que hay en el Inframundo?

-Luchamos en contra de los Titanes- contestó Sorrento, sin poder quitar sus ojos de ella –somos guardianes de Poseidón y Artemisa.

-Ya veo…- la muchacha parecía completamente ausente, tanto, que Odysseus por unos momentos se preguntó si ella les había tomado en cuenta –ahora entiendo por qué todo ha estado tan inquieto. Por unos momentos llegué a pensar que Hades le había ganado a Atenea… es una lástima, tenía ganas de salir a la superficie.

Odysseus y Sorrento se miraron levemente, como preguntándose qué hacer. Keres los veía con ese aire ausente, mientras que su abrigo continuaba goteando sangre.

-Creo que Poseidón y Minos necesitan ayuda- dijo ella, de pronto, y los otros dos fruncieron el cejo.

-¿Minos?- ambos voltearon y vieron a Julián en frente de Océano, ejerciendo presión con su cosmos, mientras que el Titán lo rechazaba. Minos estaba detrás del Titán, también atacándolo. Odysseus y Sorrento se lanzaron justos en el momento en que la red dorada salía volando.

Los dos la tomaron en el aire y se lanzaron en contra de Océano, ignorando la presión. Como fue un ataque que lo tomó completamente por sorpresa, no alcanzó a reaccionar para rechazarlos. A medida que se acercaban, sentían cómo el cosmos del Titán se hacía menor, hasta el punto de no ser demasiado fuerte.

-¡Malditos!- les gritó Océano, furioso.

-Definitivamente, Hefesto es genial- sonrió Julián.


-Quizás si hubiéramos sabido lo que planeabas, te habríamos ayudado mejor- dijo Eo a Eacos.

-Si se los hubiera dicho, ya no habría sido sorpresa y hubiera perdido toda gracia- replicó el Espectro –hubiera notado mi presencia.

-Pero la notó igual, así que fue un movimiento completamente inútil- continuó hablando Eo, con desdén.

-Eso ya no importa- los interrumpió Shiryu –tenemos que encontrar la manera de vencerla.

-Estoy de acuerdo contigo- Thesseus asintió en repetidas ocasiones –no debemos olvidar que estamos en una situación bastante crítica, así que por favor, pongámonos serios.

Los cuatro personajes quedaron mirando fijamente a Tetis, buscando en ella alguna debilidad de la que pudieran aprovecharse. La Titán los observaba con cierta picardía en su mirada, esperando que ellos dieran el primer movimiento. Hyoga fue quien dio un paso al frente, con el ceño fruncido y encendiendo su cosmos. Los demás lo miraron con duda.

-¿Qué pretendes?- le preguntó Eo, confuso -¿atacarla de frente, así nada más?

-Hay una manera de mantenerla quieta lo suficiente como para dejarla debajo de la red- dijo Hyoga, ignorando la pregunta del General Marino y mirando fijamente a Shiryu –esto es como atacar a un oso, por el poder que ella tiene.

En pocos momentos Shiryu comprendió lo que su amigo le decía, y abrió los ojos con sorpresa. Intentó comenzar a negarse a que se sacrificara de esa manera, pero una sola mirada del Santo del Cisne lo dejó en silencio.

-¿Qué hacemos nosotros?- pregunto Thesseus.

-Sólo tienen que distraerla el tiempo suficiente como para que pueda acercarme a ella sin que se de cuenta, puedo congelar sus piernas y así que no pueda moverse. Eacos, tienes que estar atento, cuando te de la señal tienes que lanzarle la red.

-Pero Hyoga, tú…- comenzó el Santo de Dragón.

-Basta, Shiryu- lo interrumpió el Cisne –hemos pasado muchas veces por esto, y ya sabes que es la única manera- el rubio sonrió un poco –no te preocupes, estaré bien. Vamos, no perdamos tiempo.

Eo, Thesseus y Shiryu encendieron sus cosmos, mirando desafiantes a Tetis, que continuaba esperando. Sin previo aviso los tres muchachos se lanzaron en contra de la Titán y la atacaron ferozmente, utilizando sus técnicas más fuertes, lo que dificultó de cierta manera que la Titán pudiera esquivarlos.

-Si creen que con eso pueden herirme…- dijo, elevando su cosmos y rechazando sus ataques.

-¿Y quién dijo que queríamos herirte?- preguntó el Ángel, sonriendo y con cierto sadismo en su voz. Fue recién en esos momentos que Tetis sintió frío en sus piernas y, al mirar, vio que era Hyoga quien causaba eso, al intentar congelar sus piernas. Furiosa, encendió su cosmos, con intenciones de atacarlo y que así, la soltara.

-¡Tonto!- gritaba, mientras lo golpeaba una y otra vez, e Hyoga no la soltaba -¡con eso lo único que conseguirás es que te mate!, ¿o es que crees que soy tan débil que puedo morir con algo así?

Tetis terminaba de decir esas palabras, y el rubio la soltaba, saltando a una distancia prudente.

-¡Ahora!

Momentos después lo único que Tetis vio fue que era cubierta por la red. Eacos había estado esperando cerca, atento al momento en que tendría que lanzarle la famosa red.

-Nadie dijo que queríamos matarte- dijo con burla el Espectro, a una molesta Tetis, que intentaba una y otra vez soltarse.

Los momentos de felicidad de los muchachos duraron hasta que Hyoga cayó de rodillas, herido. Shiryu se acercó rápidamente a él, preocupado por su estado.

-Deben continuar- dijo Eacos, mirándolos –yo me encargaré de él.

-Pero…- Shiryu dudó, en un nuevo problema moral: el deber en contra de lo que se quiere hacer en realidad. Sabía que tenía que continuar pero no deseaba dejar a su amigo solo… y mucho menos con ese espectro.

-Yo me encargaré de él- insistió Eacos –váyanse de una vez.

Shiryu dio una última mirada a Hyoga, y siguió a los otros dos, que no se molestaron en esperarlo. En el lugar el silencio reinó durante algunos momentos, Tetis ya se había aburrido y miraba la escena con fastidio.

-Y pensar que te tengo a mi merced…- murmuró Eacos, recibiendo una mirada molesta de Hyoga –pero bueno, en estos momentos eso no es importante. Llevaré a Tetis y luego a ti con el señor Hades, él podrá ayudarte.


(1). Cassandra: tengo entendido que era una mortal que logró seducir a Apolo y conseguir de él poderes para predecir el futuro (en otras palabras, se metió con él para conseguir el don). Cuando éste se enteró, se molestó mucho (de verdad estaba enamorado de ella), por lo que la maldijo de una manera bien poco común (le escupió la boca) así que todas las predicciones que tendría serían malas, y lo peor, es que nadie le creería. La pobre predijo lo del caballo de madera de Ulises, pero nadie le hizo caso y… bueno, ya saben los resultados.


Bien! he aquí el décimo capítulo, espero que les esté gustando ^^

Agradecimientos a BlackCat, JhungYuki, por los reviews que me dejaron.

Saludos!