CAPÍTULO 10.
Decisiones.
1.
Una de las cosas más difíciles de comprender cuando uno empieza a madurar es que el tiempo no se detiene en su ausencia. Todo sigue su curso, incluso luego de estar un tiempo convaleciente. Las estaciones avanzan, las aves emigran, la gente se va...
Da igual si son unos días, unas semanas, un par de meses, al volver al sendero del que saliste todo el camino ha cambiado... o al menos esa es la impresión inicial.
— ¡No voy a volver a pedirte que regreses!
— No tienes que hacerlo.
Zoro se encontraba sentado en una enorme roca, en medio de la selva de Kurainaga. Su ojo izquierdo aun conservaba los vendajes de la herida de su último "duelo" con ojos de halcón.
El doctor le visitaba periódicamente. «Por orden del señor Juraquille.» Le había ordenado conservar los vendajes un par de semanas más, para que su visión se restaurara lo más posible, pero Zoro sabía que no podía estar aferrado a la esperanza de que su vista se recuperara al cien por ciento, debía entrenar el resto de sus sentidos.
Aquel entrenamiento no era nuevo para él, pues Koshiro había sido un maestro muy severo, a pesar del enorme cariño que le tenía, jamás había mostrado ningún tipo de favoritismo. Aquel entrenamiento había sido "básico" -en las propias palabras de su maestro-, pues él mismo no había sido capaz de dominarlo.
— La verdad no comprendo porque esa obstinación de continuar exponiéndote — se quejaba la joven desde su cómodo y seguro lugar en el aire.
— El doctor ya te ha dicho que puedo seguir con mis actividades normales — le respondió. Últimamente se había acostumbrado tanto a ella, que ya no le molestaba darle explicaciones o tenerla "encima" sin parar de hablar, incluso se lo agradecía, tener a la pelirosa ahí le estaba ayudando a mejorar su capacidad de concentración y su paciencia considerablemente.
— ¡Eso es porque el doctor no sabe que eres un neandertal que sólo piensa en pelear!
— Si te desagrado tanto, deberías volver al castillo.
La chica se cruzó de brazos y le dio la espalda.
— A la larga eso sería peor, pues tendría que buscar tu destartalado cuerpo por toda la isla.
Zoro no pudo evitar sonreír. Hacía tan sólo un mes y medio que había comenzado a entrenar de aquella manera, y si, la primer semana la chica había tenido que llevarlo -literalmente- arrastrando hasta el castillo, pero ahora las cosas eran diferentes.
Repentinamente un grupo de babuinos saltaron de entre los arbustos directo hacía él. Perona gritó cuando el ruido de los simios cayendo al suelo la hizo girarse.
El espadachín sabía que tenían un largo rato asechándolo, se dio cuenta de su presencia casi de inmediato. Dos a la izquierda, tres a su derecha. Escuchó el ruido de sus pasos, e incluso el sonido de su respiración. Su oído se había agudizado considerablemente. Era incluso capaz de escuchar el viento chocar contra los objetos... era extraño de cierto modo, pero ahora era consiente de todo lo que lo rodeaba si necesidad de verlo.
— Díganle que la próxima vez envíe a alguien más fuerte — Guardó sus katanas tras decir aquellos, aunque era seguro que los inconscientes animales no le hubieran escuchado, sabía que uno más lo vigilaba desde la distancia, y se alejó en cuanto le oyó decir aquello.
— Eres un verdadero salvaje — comentó la chica mientras flotaba sobre los simios con curiosidad. Uno de los animales se retorció, y la joven gritó sobresaltada.
— Bueno —sonrió él maliciosamente —, soy un pirata.
2.
— Piensas pasar aquí el resto de tu vida.
El shishibukai estaba parado en aquel balcón contemplando el atardecer en todo su esplendor. Se recargó en el barandal y no respondió.
— Tarde o temprano tendrás que volver.
— No creí que se cansarías tan rápido de mí.
El hombre recargado en el marco de la puerta suspiró.
— Nunca me canso de ti — admitió —, pero debes dejar de correr hasta mi cama cada vez que te enamores de alguien.
Mihawk entrelazó los dedos y apoyó en ellos su barbilla.
— No estoy enamorado — dijo con pesadez.
— Pero me dijiste que te importaba demasiado...
— No puedo amar a quien no conozco. Quizá amo el ideal que tengo de él, pero eso es todo — suspiró —. Una fantasía nada más... una obsesión...
— Entonces tómalo y ya.
Mihawk se volvió a mirar a su acompañante un poco horrorizado.
— No me mires así — renegó mientras encendía un puro y comenzaba a fumar —. Sólo te sugiero lo obvio.
— Sabe perfectamente que ese comportamiento nunca ha sido mi manera de proceder.
— Al final de cuentas somos piratas — le recordó tras dar una calada a su tabaco y soltar el humo —, y quizás así finalmente te lo saques de la cabeza.
— A usted le funcionó, Sir Crocodaile.
El aludido desvió la mirada y escupió.
— No hablamos de mí.
Mihawk sonrió. Tal vez esa era la solución, tal vez así lograría sacarlo de su cabeza y de su isla...
3.
Sin duda el tiempo sigue su curso de un modo poco convencional. Las semanas pasan, los días transcurren, los momentos se guardan...a veces uno puede no darse cuenta cuando una persona deja de ser un desconocido y se convierte en alguien especial.
Perona estaba cepillando su cabello húmedo, sentada en medio de la cama mientras el agua de la regadera corría del otro lado de la puerta. « Esto es tan agradable.» Pensó. « Podría pasar así el resto de mi vida. »
— ¿Por qué sonríes? — la ronca voz masculina de su compañera la regresó a la realidad con su sobresalto. Ella emitió un agudo chillido y lanzo una almohada contra la cara del moreno.
— ¡Idiota! No me asustes así.
Zoro atrapó la almohada y la miró, frunciendo el ceño.
— Sólo te hice una pregunta — señalo al acercarse a la cama —, no es mi culpa que seas una loca.
La chica torció el gesto.
— Justo cuando creo que eres agradable haces algo que lo arruina.
El espadachín se recostó en la cama de un salto, sacudiéndola, haciéndola temblar y desequilibrando a la chica, quien cayó recostada junto a él.
— Me da igual.
— Neandertal.
Se miraron con rencor algunos segundos antes de echarse a reír.
— La verdad — comenzó a hablar con seriedad la pelirosa, una vez que se calmó un poco —, me alegra que tu entrenamiento vaya bien — le sonrió con sinceridad. Él estaba boca arriba y ella junto a él, boca abajo, semi incorporada apoyándose en los antebrazos —. Al final no has necesitado de "ojos de halcón".
La sonrisa de Zoro se borró, y su mirada se desvió de la joven hacía el techo.
— Avanzaba más rápido cuando estaba él — reconoció mientras tocaba la herida en su rostro y recordaba sus descuidos de aquella vez.
Perona se sintió mal de inmediato por haberlo mencionado. Se sentó sobre sus piernas e hizo su largo cabello hacía un lado.
— Ya volverá — forzó una sonrisa, pues aunque él se lo había asegurado, realmente no sabía cuándo seria eso —, después de todo esta es su casa.
— Por supuesto — el peliverde se mofó —, lo es —, pero que tan seguro podía estar de aquello, no es que Mihawk tuviera un vínculo especial con aquella isla, y realmente dadas las condiciones de soledad en las que el pelinegro solía encontrarse cualquier parte podía ser "su casa."
— Debo preguntar — la joven interrumpió sus pensamientos —, ¿él siempre te ha gustado?
Las mejillas de Zoro tomaron un adorable tono carmín, o al menos eso le pareció a la joven.
— ¡Claro que no! — gritó, incorporándose de golpe.
— Entonces eso empezó aquí, al convivir con él — meditó ella en voz alta.
— Eso realmente no importa — refunfuñó el espadachín, apartando la vista —. Es estúpido.
— El amor es estúpido — reconoció ella, revolviéndole el cabello, el cual tenía ya bastante largo.
— Si estuvieras en mi situación no te lo tomarías a la ligera.
Ella sonrió.
— ¿Es complicado?
— ¿El qué? — inquirió él, confundido.
— Ser gay — respondió con obviedad.
— No soy gay.
— Pero estás enamorado de otro hombre.
— Lo que siento por él no tiene nada que ver con que sea hombre — respondió el peliverde con total naturalidad —. Ser hombre o mujer realmente no es importante.
Ella comenzó a trenzarse el cabello mientras lo observaba con curiosidad.
— ¿Has amado a una mujer?
— Sí.
La pelirosa sonrió. « Podría pasar así el resto de mi vida. »
Continuará ...
Hola.
Quizá este es un capítulo raro y confuso, pero, ¡Hey! hago lo mejor que puedo para continuar.
Espero les guste, y ojalá pueda traerles algo nuevo pronto.
Besos. (づ ̄ ³ ̄)づ
