¡Ohaioooooo Minna-san!

¿Cómo están? Yo bien, pues AL FIN sé cómo va continuar ésta historia :3

Dashie- perdió total inspiración, y ahora no puede parar de escribir

Yo- Jeje xD bueno, los (1) son aclaraciones que irán al final, cursiva pensamientos, MAYUSCULA grito más fuerte que el que está entre ¡!

¡Disfruten!

Capítulo 10, Reencuentro y Verdad

El elevador llegó al piso más alto del edificio.

-Ven, debes ver al jefe-

Las puertas se abrieron.

-Wuau…- Ginga quedó totalmente impactado ante tal belleza.

El cielo, literalmente el mundo de los Ángeles, se ubicaba en el piso 100 del edificio "Soft Sky", el cual era invisible a los ojos de los humanos y Demonios. El suelo eran nubes, todo estaba cubierto de columnas y detalles en oro. A lo lejos se podía oír una sinfonía de cascadas, y algunos niños que jugaban a "las traes" en el cielo.

-¡O...Oye! ¡Algo apareció en tu espalda!- Ginga retrocedió, al ver las impactantes alas que habían aparecido en Marcos.

-¿Éstas?- las señaló -No seas ridículo, tú también las tienes-

-¿Eh?- miró hacia atrás, y una columna de suaves plumas blancas le impidió ver más allá -¡AAAAHH! ¡QUÍTAMELAS QUÍTAMELAS!-

Marcos rió –No podrás- acarició las alas de Ginga –Anda, úsalas. ¿Dónde quedó el niño que decía "Quiero volar como un pegaso"?-

Ginga se sonrojó –Tenía cuatro años…-

-No mientas, lo dices todos los días antes de dormir-

-¿¡Cómo sabes eso!?-

-Soy tu guardián, te vigilo las 24 horas del día… claro que cuando estás en el baño no pero…- rió –Creo que entiendes…-

-Pero…- acarició las plumas –Oh… son suaves…-

-Vamos, para llegar con el jefe, debes volar- luego señaló un gran castillo que se encontraba aún más arriba, totalmente en el aire. Éste estaba totalmente hecho de mármol con detalles en oro por dentro.

-Y… ¿Cómo hago eso?-

-Mira-

-Ése Marcos… ¡Se nos agota el tiempo!-

Claus, o mejor conocido como "El Jefe", se encontraba dando vueltas por el salón principal del castillo.

¡PAM!

-¿Qué rayos…? ¿Uh?- pudo ver en el suelo a un chico pelirojo, quien tan solo pudo reír avergonzado.

-Eh… lo lamento jefe… aún no ha dominado sus alas…- Marcos entraba por la puerta principal.

-Am… lo lamento…- Ginga se levantó.

-No te hagas cuidado, no es tu culpa- miró a Marcos –Es culpa del idiota que tienes por guardián.

-¡P…Pero Jefe!-

-Sin peros, luego hablaremos de esto- se dirigió a unos sillones color carmesí –Ven, sobrino-

-S… ¿Sobrino?-

-Oh genial, otra cosa que ése bueno para nada no te dijo…- tomó a Ginga por los hombros, y lo sentó delicadamente.

-Ah… es que… el elevador llegó y…-

-Aguarda… ¿¡SE LO ACABAS DE CONTAR!?-

-Eh….- Marcos se arrodilló -¡Lo lamento lo lamento! ¡Sé que debí habérselo dicho hace días! ¡Pero no encontraba la forma!-

-Tch… Olvídalo, Marcos, puedes retirarte, me encargaré del primogénito-

-Am… no sé si se dieron cuenta de que no entiendo nada de lo que está sucediendo…- Ginga largó una gota, mientras Claus regañaba a Marcos, quien terminó saliendo del castillo.

-Lamento eso…- se sentó frente al ojimiel –Tan solo es que…- Ginga pudo divisar un pequeño sonrojo del cabizbajo –Tch, nada, olvídalo…-

Claus tenía cabello color plateado, junto con unas orbes color miel, iguales a las de Ginga. Vestía un atuendo al estilo "toga" totalmente blanco, y sus alas eran del doble del tamaño que cualquier otro Ángel.

-Bueno… ¿Qué se siente volver?- sonrió, lo cual a Ginga realmente sorprendió, su sonrisa era muy cálida.

-Em… ¿Se supone que había venido alguna vez?-

-Claro, ¿Qué no recuerdas lo de hace unos pocos días?-

Ginga pensó y repensó –El… ¿"Espacio"?-

-¿Eh? ¿De qué hablas?-

-Bueno… hace unos días… sentí que estaba en un tipo de "espacio", donde no sentía ni frío ni calor…-

-Continúa…-

-Em… y… no podía ver nada… pero alguien me hablaba, y me decía que no me abandonaría nunca…-

-Tsk…- Claus puso su mano en su frente –Rayos… eso es malo… Ginga, dime algo, ¿Te has enamorado alguna vez?-

Ginga se sonrojó totalmente –Bueno yo… no estoy completamente seguro de haberme enamorado…-

-Entiendo… dejemos eso de lado por ahora, necesitas acostumbrarte. Hablemos de familia… ¿Cómo está Ryuusei?-

-Am... Bien pero…-

-¿Trabajando duro no?-

-Sí, pero…-

-Oh, ¡Tengo tantas ganas de verlo!-

-¡Oye!-

-¿Eh?-

Ginga bajó su vista –Qué… qué significa todo esto…-

-Entiendo… te explicaré mejor. Mi nombre es Claus, y soy el hermano de tu padre. Como me imagino que sabrás, tu padre era el líder de los ángeles, pero al convertirse en humano, me pasó su cargo a mí. En la guerra, se enamoró de tu madre, pero tu madre no era un Ángel-

-¿Eh? Pero… Marcos dijo que…-

-No, escúchame. Tú madre lideraba a los Demonios, en la guerra, utilizó un camuflaje común de su especie, un disfraz-

-¿Disfraz?-

-Fingió ser un Ángel, para llegado el momento, atacarnos. Tú padre estaba loco por ella, por lo cual la perdonó. Ambos se convirtieron en humanos, y tu madre dejó todo resto de maldad-

-Mi… madre…-

-Tú madre era hermosa, y lo admito. Tenía cabellos color carmesí, iguales a los tuyos, y unos hermosos ojos verdes. Pero, siendo un Demonio, sufría-

-¿Qué?-

-Hacía unos años antes, un demonio se había infiltrado en nuestro mundo. Ella y tu padre gobernaban, pero al recibir el beso de esa horrible criatura, como sabrás, se transformó-

-Aguarda… esto es muy confuso…-

-Sí… tu madre sufrió mucho, Ginga. Y al convertirse en humana…-

-Murió… si… lo sé…-

-¿Entiendes?-

-Entonces… mis padres eran Ángeles, pero cuando un Demonio la besó se transformó. Luego de esto inició la guerra. Mi padre la perdonó y… no entiendo, ¿Cómo se volvieron humanos?-

-Habrá una esperanza de que… ¿Pueda hacerlo también?-

-Tú padre forzó a tu madre… con un hechizo que ni yo recuerdo. Al convertirse, los rastros de maldad de esfumaron-

-Ah…- Ginga acarició su cabeza –Qué complicado…-

-Lo sé… pero, eso no importa ya, tú madre te está esperando, Ginga-

-¿¡QUÉ!?- se levantó bruscamente -¿¡DONDE!?-

-Por aquí…-

Ginga volteó, y sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Ma…má…-

Kyoya se encontraba sentado en un callejón.

-Tsk… los perdí, los perdí maldita sea…- miró hacia arriba –Qué será de los inútiles…-

-Espero que no hables de nosotros- una voz resonó a sus espaldas.

-Ah… con que ahí están... a no espera, estás solo, parece que perdiste a tus perros, ¿No?-

-Por tú culpa-

-Ah sí, fue divertido…-

-Cómo sea… tan solo te vengo a avisar que puedes ir preparando una camilla del hospital-

-Ah… ¿Para ti?-

-Oh… claro que no…- rió –Tu pequeño amigo pelirojo nos contó todo, así que, puedes ir despidiéndote de tus estrategias, pues no te servirán-

-¿Qué…?- Kyoya lo miró a los ojos.

-Así es… Ah por cierto, lindo nombre, Kyoya, mi nombre es Kick, y puedes ir agentándotelo, pues seré el primero en derrotarte mañana-

-Tsk… como quieras-

Kick se fue.

-Maldita sea… sabía que no debía confiar en un idiota como el…-

Sobre un edificio, observando todo, una criatura reía.

-Mi precioso Angelito, si no entiendes por las buenas, entenderás por las malas- y dicho esto, guardo un pequeño libro, el cual tenía por portada un corazón alado.

-Quién diría que los Ángeles tuvieran un libro de hechizos… bueno, tenían- comenzó a reír, y luego de esto, desapareció.

-Mamá…- Ginga comenzó a llorar –En verdad… ¿Eres tú?-

Una hermosa mujer, un poco más alta que el ojimiel, con cabellos rojizos con rulos que le llegaban hasta la cintura, vestía un hermoso vestido blanco que se arrastraba por el suelo.

-Claus, puedes retirarte si gustas-

-Como desee, mi reina- y dicho esto, se retiró.

-Hijo…- caminó, pero sintió un fuerte impulso que la hizo retroceder.

-Mamá…- lloraba –No puedo creerlo…- Ginga se encontraba abrazándola –No es posible… no…-

-Sí lo es…- tomó su rostro entre sus manos –Aquí estoy-

-Mamá…- se hundió en sus ropas, para seguir llorando.

-¡Oh! Rayos… realmente olvidé decirle muchas cosas…- Marcos estaba sentado en una banca hecha de nubes, mirando a los niños que jugaban en el parque.

-Y es por eso que eres un idiota-

-Claus… digo, Jefe…- el nombrado se sentó a su lado -¿Qué… qué hace aquí?-

-Ya se reencontraron…- sonrió.

-Ah…- Marcos lo imitó –Debe estar muy feliz…-

-Lo está, créeme…-

-Jefe… ¿Puedo decirle algo?-

-¿Qué?- Claus lo miró intrigado.

-Tiene usted una sonrisa hermosa… debería usarla más seguido- y dicho esto, se levantó y le sonrió –Hasta luego-

-M…Marcos…- un pequeño rubor se formó en sus mejillas –Idiota…- y se cruzó de brazos.

-Vaya… Me alegro de que Hyoma y Hokkuto estén bien-

-Así es, Hyoma se volvió un gran blader, y desde que estoy en Beycity, tengo muchos amigos-

Ambos estaban acurrucados sobre uno de los sillones, mientras que Ginga jugaba con los cabellos de su madre.

-Nee mamá, ¿Cómo es que estás aquí?-

-Justo antes de morir, recité un verso mágico que me enseñaron de niña-

-Ah… y eso te hace volver aquí-

-Así es, pero la única contra, es que no puedo tener contacto con humanos, y como tu padre aún era uno, no pude decirle que estaba bien, así que… todos piensan que he muerto…-

-Y yo también…-

-Sí, pero… ¿No recuerdas que algunas veces alguien te decía que te amaba?-

Ginga pensó –Ah… sí pero… era mi imaginación…-

Rió –No Ginga, era yo…no puedo mantener contacto con humanos, pero tú, no eras uno-

-Mamá… Sé que… tu vida no fue fácil, pero, tengo una pregunta…-

-Dime…- acarició sus mejillas.

-El que tú hayas sido un Ángel, luego un Demonio, y luego una humana, ¿Me afecta a mí?-

-Ginga…- suspiró.

-Mamá…- la miró fijo -¿Qué soy yo?-

...

-¡Señor Ryuusei! ¡Señor Ryuusei!- Kenta corría hacia la casa del nombrado, quien estaba llegando del trabajo.

-Oh Kenta, ¿Cómo has esta…?-

-¡Ginga está en peligro!-

-¿Qué?- lo miró -¿¡Qué ha pasado!?-

-¡Le explicaré en el camino!-

-¡SU ALTEZA! ¡LOS DEMONIOS! ¡ESTÁN AQUÍ!- un guardia entró en la habitación.

-Ginga, escúchame- lo tomó por la cara –Ve con Claus y Marcos, ellos sabrán que hacer- de pronto, una parte del techo cayó a su lado -¡AHORA!-.

-¡Pero! ¡Mamá!-

-¡Estaré bien! ¡Vete!-

-Pero…-

-¡VETE!-

Ginga miró a su madre, quien había hecho aparecer un extraño objeto en sus manos, luego de esto, saltó por la ventana -¡WAAAA!- e intentó volar.

-¡Te tengo!- Claus lo tomó por el brazo -¡Vámonos!-

-Vaya vaya, a quien tenemos aquí…- una criatura flotaba en el techo del castillo –Tiempo sin vernos, mi reina…-

-Deja de llamarme así, ya no soy tu asquerosa reina, Doji-

-Oh… qué mala eres - bajó, y se puso a la altura de ella.

Su pelo era negro y sobresalía un cabello dorado, tenía unas alas rojas puntiagudas, del mismo tamaño que la peliroja, cuernos y una cola con terminación de tridente.

-Qué quieres-

-Venir a ver al pequeño heredero por supuesto, felicitarlo-

-Vete, nadie te quiere ver a ti-

-Oh- se acercó a ella –No me tendrás rencor, ¿Cierto?-

-Vete- se alejó –No quiero verte ni a ti ni a ninguna de tus sucias alimañas-

-Bueno bueno, admito que tal vez sean feos- rió –Pero, mi heredero al trono no-

-¿Heredero?-

-Claro, ¿Qué nadie te contó lo que sucedió luego de tu "muerte"? Cuando al fin te fuiste del lado de ése inútil que hoy por hoy es el padre de tu primogénito, nadie en tu precioso cielo se percató de que un nuevo rey estaba siendo entrenado-

-Imposible, tú y yo no tuvimos nada-

-Pfff no todo gira a tu alrededor, mi reina. Mi querido sucesor es hijo del, como dirían ustedes, "amor"- dijo en tono de burla.

-No me interesa, sabes que ustedes no podrán hacer nada, sus poderes están sella…-

-Estaban- la interrumpió.

-No puede ser, el libro está…-

-En mis manos, claro, ¿Sabes? Deberías cuidar más tus cosas- dicho esto, hizo aparecer un pequeño libro, el cual tenía por portada un corazón alado, y detalles en dorado.

-¡Devuélvemelo!- amagó a quitárselo, pero éste desapareció –Pero qué…-

-No seas tonta, no lo tengo en mis manos, literalmente- tomó su barbilla –Lo tiene, otra persona- dicho esto, se elevó –Hasta luego, mi lady- y se esfumó.

-¡Tsk! ¡Maldita sea!- miró el objeto en sus manos –Y ni siquiera fui capaz de usarlo…-

-¡Suéltame!- Ginga pataleaba atado a una silla.

-¡Ginga! ¡Escucha! ¡No puedes ir!-

-¡Pero! ¡Mi ma…!-

-Tranquilo hijo- la ojiverde apareció –Estoy bien-

-¡Mamá!-

-Entonces…-

-Ginga, no tengo mucho poder…-

Ginga se encontraba al lado de una gran cama, en la cual su madre estaba recostada luego de haberse desmayado.

-Escúchame- se quitó una pequeña cadena de oro –Quiero… que conserves esto…-

-Pero… mamá…- Ginga tomó la cadena, la cual tenía una pequeña placa con una inscripción.

-Recita ese hechizo, cuando estés en problemas-

-Pero…- tomó su mano –Tú…-

-Estaré bien, hijo mío. Anda, ve con Claus y Marcos, ellos te prepararán. Cuando me sienta mejor, iré a verte-

-Mamá…- la abrazó –Te quiero…- y soltó una lágrima.

-Yo también, Ginga-

Ginga se retiró de la habitación.

-Ginga, tu madre nos encargó prepararte- Claus lo esperaba en el salón.

-¿Prepararme?-

-Así es, ven- Marcos le señaló la ventana -¿Puedes ver eso?-

Ginga se asomó, y pudo ver a lo lejos de todo el bello cielo, que una parte estaba totalmente negra.

-Sí, lo veo-

-Ése, es un indicio de lo que se viene- Marcos lo miró –Los Demonios, te han encontrado-

Ginga lo observó asustado.

-Mientras estabas en el mundo humano, permanecías oculto. Los Demonios sienten el olor, y los humanos tienen uno muy peculiar, el cual te pudo camuflar por todos estos años-

El pelirojo apretó sus puños –No se los perdonaré…-

Claus y Marcos lo observaban.

-Jamás les perdonaré- miró fijamente el collar que su madre le había dado –Haberme separado de mi madre-

Fin Cap 10

¡Yay!

Dashie- Ow, la mami de Gingi es muy hermosa

Yo- y se lo heredó todo a su hijo claro

Ginga- Ehm…

Yo- ¡Oh! Ahí está mi ángel más hermoso *lo abraza*

Ginga- no respiro TwT

Dashie- bueno ojalá les haya gustado

Yo- nos leemos luego

Ambas- ¡Sayonaraaaaaaaa!

Ginga- *violeta*