El comienzo de este capítulo va paralelo al de "Preludio" (8).
Advertencias: capítulo raro con partes subidas de tono. Así que si eres menor… bah, ya sé que lo vas a leer igual.
TODA LA VERDAD
Capítulo 10: Ojos azules
El silencio de aquellos días contrastaba enormemente con la noche del concierto. Mimi apenas pasaba tiempo dentro de casa. Hikari pensaba en dejar de pensar. Buscaba aislamiento. Parar el tiempo para recomponer su historia.
Pero el tiempo corría, dejando oír aquello que ya no iba con calcetines y de puntillas. Empezaba a acercarse más a la vecina del quinto bajando escaleras con un tacón roto.
Iba a ocurrir, no sabían cuándo ni cómo, pero estaba cerca. Como siempre, prefirieron ignorarlo. Si no lo dejaban salir de sus mentes, tal vez se quedase allí, y si nada cambiaba, iba a estar bien. Como las sonrisas que ahora adornaban el salón.
Aquella mañana, Hikari se despertó con la noticia de que la gira de Yamato Ishida había sido cancelada por motivos desconocidos. Intrigada, decidió ampliar información en el mismo foro en el cual las fotos de Mimi con el músico habían sido publicadas. Lo único que encontró fueron declaraciones de amor y discusiones entre los incondicionales de siempre y los fans decepcionados por la cancelación. Cerró la página, sabía que perdía el tiempo buscando una respuesta de la que era completamente consciente. Solo que prefería estar equivocada.
Tras ver unas cuantas fotos de su amigo, empezó a pensar que quizás ella podía hacer algo. Sonrió, eran incontables las veces en las que la gente le decía que se preocupaba en exceso por los demás. Pero ya no le importaba. Era así y así quería ser. Ocuparse de la gente era mucho más sencillo que tomar el control de su propia vida. Se levantó decidida, y tras cumplirse dos semanas de silencio, Hikari decidió quitar elementos de su balanza personal empezando por los que solo estorbaban.
―Tai —pronunció esperando atención—. Tai―repitió.
―¿Qué pasa?
―¿Vas a quedar con ella? —preguntó simulando indiferencia.
El chico suspiró resignado.
―Kari, ¿qué problema tienes? No entiendo tu actitud con este tema. Suelo escucharte, suelo confiar en ti pero… ―Taichi siguió moviendo los labios aunque no pronunciaba ninguna palabra.
Hikari se acercó a su hermano, no quería que malinterpretara sus intenciones.
―Tai… yo solo estoy preocupada. No quiero que sea ese orgullo tonto tuyo, que no necesitas demostrar que a ti también te eligen. Porque erais adolescentes y Yamato se volvió muy popular, no tuvo culpa de nada. En el instituto la gente puede ser muy superficial.
Taichi se levantó y caminó hasta la puerta, haciendo creer a Hikari que se iría sin contestar.
―¿Crees que me importa después de tanto tiempo? —preguntó elevando la voz inconscientemente—. Te equivocas. Y no quiero que me vengas con tus paranoias. Somos amigos. Hay cariño y punto. No creo que a nadie deba importarle y si a Yamato le molesta es su problema. Yo no le debo nada a nadie.
Hikari bajó la mirada reconociendo la razón en las palabras de su hermano. Aunque fuese por orgullo, nadie pertenecía a Yamato. No cabía crítica.
―Lo siento ―se disculpó humildemente―. Soy estúpida y me meto en tu vida sin pedir permiso.
―No lo necesitas —dijo Taichi volviendo a su tono habitual―. No sé que te pasa, Kari. Ya sabes que me tienes. Tienes a mucha gente y bueno, todo se soluciona ¿si? Hasta lo que te parezca imposible―. Taichi colocó las manos en la nuca y llevó la vista al suelo, como si estuviera recordando algo ―¿Sabes que Koushiro me habló?
―¿En serio? —preguntó ella sin recuperarse por completo ―¿Cómo fue?
―Hoy, antes de venir ―dijo volviendo a su asiento con una amplia sonrisa―. No tenía pensado quedarme mucho tiempo en su casa, simplemente presentar mis saludos a un cacho de madera, por decirlo así. Al final me enredé yo solo y acabé despotricando de todo y de las ganas que tenía de hacer lo mismo que él durante una temporada―. Taichi tragó saliva. Otra vez hablaba demasiado―. Y en ese momento habló. Sin cambios en la voz, casi como si lo hiciese un ordenador. Dijo "Quizás el mundo sea un asco, pero hay cosas buenas. Yo no merezco que sigas viniendo a hablar conmigo, no merezco las excusas de mi familia, ni que Mimi me haya roto una ventana. Ni hacerla llorar. Es demasiado para un tipo que no sale de este cuarto". ―Taichi se tapó los ojos unos segundos para poder continuar su historia―. Llevaba tanto tiempo visitándole sin que me diera algún tipo de respuesta que creo que lloré. Pero no me acuerdo de eso. Joder, de tenerlo en frente creo que le hubiera besado en la boca y todo. Menos mal que no estaba cerca su madre. O peor, su padre ―concluyó exagerando una mueca de asco.
Hikari sonrió levemente imaginándose el beso entre Taichi y Koushiro. Sí, era algo divertido. Volvió a sentirse ridícula por la vergüenza que le había producido el beso de Mimi.
―Es muy buena noticia. Me alegro mucho, Tai. De verdad, estar tanto tiempo en tu situación… y seguir apoyándole a pesar de todo. No lo haría cualquiera ¿sabes?
―Es mi amigo. Izzy sí que estuvo siempre ahí, Kari. Él hubiera hecho lo mismo. Aunque nadie lo notase, se lo merece y estoy seguro de que le pasó algo grave. Pero no lo sé.
―Yo tampoco. Mimi no me dijo lo de la ventana ¿estás seguro de eso? Una vez fuimos allí, pero no hubo daños que recuerde.
―Sí, me dijo lo que te he contado. Pregúntale a ella, a ver qué te comenta. Le conté a su madre que me había hablado, ojalá lo hubieras visto. Apenas era capaz de darme las gracias.
―Me imagino —dijo Hikari contagiándose de los brillantes ojos de su hermano―. Debe ser como superar una enfermedad.
Hikari deseó que todos se curasen algún día.
―¿Sora está bien? —Taichi asintió mientras cogía su móvil para saber la hora—. Dile que cuando quiera repetimos.
―Lo haré. Tengo que irme, Kari. Te veo luego.
El silencio volvió a su vida pero ya no lo necesitaba. Miraba nerviosa la hora cada minuto. Cogió un libro ¿cuándo tenía el primer examen? Tenía que ir a verlo. Sí, podía acercarse a la Universidad y luego iría a buscar a Mimi. Coincidiría con su descanso, comerían juntas y se reirían hasta que no aguantasen más. Podían ir a la plaza de siempre, tomar patatas. Hacía mucho tiempo de la última vez. Pero aquello estaba bien, no debía desaparecer nunca.
Silencio en la Universidad, la biblioteca llena, olor a café. Se acercó al tablón de anuncios: los exámenes empezaban esa semana. Se le encogió el corazón ¡No le daba tiempo a preparar nada! ¿Cómo había podido ocurrir? No era propio de ella. O sí. No era propio de lo que esperaban de ella.
Ya no tenía ganas de comer. Ni de estar con Mimi. Corrió afuera para huir del silencio. Quería estar sola pero rodeada de gente. No podía hacer nada, era demasiado tarde, no le daba tiempo ni a leer el temario. Decidió seguir corriendo hasta quedarse sin aliento y solo podía pensar en el mejor modo de esconderse ¿Cómo podía falsificar las notas?
Necesitaba soluciones.
—Si yo fuera Mimi… Si yo fuera Mimi todo se resolvería sin hacer nada.
Hikari giró la cabeza y sonrió a un niño que la miraba como si estuviese loca. Quizás lo estaba.
Se preguntaba "¿Qué haría Mimi?"
Llevó la vista hasta el final de la calle. Se peinó frente un escaparate. Ese día podía ser el día del encuentro casual (no de otro modo). Así ocurrían en las películas, así ocurría en su imaginación.
Entonces, él le preguntaría "¿Por qué no contestaste mis llamadas?" y ella le respondería con seguridad que solamente fueron dos, realizadas el mismo día. Se excusaría diciendo que no estaba en casa, que se olvidó, que dos llamadas no indican un interés real. Que vive donde siempre. Que la busque. Él es quien debe fidelidad a otra persona. Él debe tomar las decisiones.
Le diría también que no son quienes eran. Le recomendaría alejarse, que rompe todo lo que toca y no quiere alterar su recuerdo. Que se pueden lastimar.
Añadiría que pueden intentarlo. Lo estúpido de pasarse la vida pensando en lo que pudo ser. Le contaría la verdad. Todo lo que le quiere. Le necesita. Pero se lo dejaría claro: no le conviene, es demasiado rara.
Le pediría que la aceptase incondicionalmente, como si fuera su fan. Podían ser fanes uno del otro. Saldría bien.
No habría problemas, porque por cada problema habría una sonrisa. Con cada sonrisa un beso y, entonces, olvidarían todo. Solo se lamentarían del tiempo perdido.
Pero, si no ocurría el encuentro, si él la ignoraba, entonces, no haría nada. Si llamaba otra vez le cogería, tres llamadas le parecía suficiente.
Dudaba, pero ya no tenía miedo.
Esperó al descanso de Mimi, mientras pensaba en qué habría pasado con la ventana de Koushiro. Le extrañaba demasiado que la chica no se lo hubiera contado.
Mimi salió por la puerta con aire despistado. Parecía cansada.
―¡Mimi! —la llamó agitando la mano. La chica se acercó sonriendo ligeramente y juntas caminaron hasta la plaza de siempre—. Tengo que contarte muchas cosas.
―¿Takeru ha vuelto a llamar?
—No. Es… ―Hikari quería contárselo, decirle "no sé qué hacer, voy a suspender todo. Ni siquiera sé si me admitirán el año que viene. A lo mejor no puedo pagarlo." Pero, otra vez, simplemente no podía permitírselo—. Tai me ha dicho que Izzy habló con él. Y algo de que le rompiste una ventana.
—Ah… eso —dijo y con la ayuda de un pequeño espejo se rizó las pestañas.
—¿Eso?
—Es que estaba muy enfadada. O sea, le mandé un mensaje con toda mi buena intención. No responde, no aparece, no da señales de vida. Y me vuelvo a presentar en su casa y no me abre. Así que…
—Le rompiste una ventana.
—Solo intentaba llamarle, pero debí tirar la piedra demasiado fuerte. Entiéndelo, solo quería hablar con él. Y lo hice.
—¿Cómo no me lo contaste?
—Es que no importa. Estaba equivocada con Koushiro. Pensaba que era diferente pero da igual.
Hikari observó como Mimi pasaba a pintar sus labios. Debía estar realmente dolida para no querer hablar del tema.
—Pero… ¿sabes? Tiene razón. Debería fijarme en otra persona, alguien que no le importe mi superficialidad o lo que sea.
—No eres así.
—Gracias —susurró y cambió de tema con una sonrisa—. Quizás cambié de trabajo. Ya me cansé de esto.
—Yo debería buscar algo también.
Mimi no hizo preguntas, asintió automáticamente.
—Voy al baño —le dijo.
Hikari siguió pensando. Si Mimi dejaba el trabajo, ella podía optar a su puesto pero sería demasiado hipócrita por su parte.
El teléfono de Mimi comenzó a vibrar.
Tres llamadas perdidas de Miyako. Tres sin duda mostraba interés. Y un mensaje:
"Hoy no puedo ir. Ya hablaremos, yo también quiero la nueva temporada".
Hikari nunca lo había experimentado antes, pero estaba segura de que eso que sentía en el estómago era por la traición. Mimi compartía el que creía su mayor secreto con alguien más. No había aprendido nada, solo que podía tener todo lo que quisiera. Como siempre.
Había creado un monstruo pero lo que más dolía era que se estaba alejando de ella, creando un vínculo con otra persona. Otra igual.
—Mimi, me voy a casa. Creo que me acostaré pronto.
—Vale, ya te contaré qué tal me fue con mi búsqueda.
—Seguro que encuentras algo mejor —dijo rozando la frialdad.
¿Por qué la prefería a ella? Hikari no paraba de darle vueltas ¿Necesitaba Mimi la admiración de Miyako o era solo porque Hikari no quería acompañarla en su consumismo?
¿Por qué no se lo había dicho?
Volvía a tener miedo. Se metió en cama, se había quedado sola. Como antes de que Mimi llegase, y ya no se acordaba de esos días. Tai tenía un vínculo con Sora más especial del que Hikari había imaginado. Pensaba qué le quedaba…
Mientras el teléfono seguía sin sonar.
Pasaron horas, estaba oscuro, debía ser noche cerrada. Oyó cómo Mimi abría la puerta.
Era muy tarde, tenía que preguntarle por qué llegaba tan tarde. Quizás era por Miyako.
Quiso decírselo. Le diría todo lo qué pensaba.
—Ven —escuchó casi en un susurro ¿Por qué no encendía la luz? Estaba muy oscuro.
—Ven —volvió a oír. Intentaba ir, pero no veía casi nada.
Avanzó unos pasos. Mimi estaba apoyada en la ventana, observando la calle. Sonrió con superioridad y delicadeza. Nadie más sabía hacerlo.
Intentaba averiguar lo que la había llevado a eso, pero no podía. Había perdido completamente la memoria. Tenía que recordar constantemente con quien estaba.
Sus lenguas se entrelazaban sin pudor. Sus manos eran torpes y buscaban sin cesar el calor de otra piel. Era extremadamente suave pero actuaba con brusquedad. Cuando por fin consiguieron desnudarse por completo sus cuerpos se pegaron sin tiempo a desearlo siquiera. Era imposible diferenciar el aroma característico de cada una. El roce era tan intenso que hubiese deseado hacerlo más lento, más real. Quería tomarse su tiempo, separar las caricias, de una en una, para poder conocer aquel cuerpo femenino. Recordar su sabor siempre que quisiera.
Intentaba decirlo "qué estamos haciendo". Estaba muy confusa. Separó a Mimi, riendo.
—No me puedo creer esto. No entiendo qué ha pasado.
—¿No te gusta? —preguntó con ternura.
—Me encanta. Es increíble.
Mimi no necesitó más y la siguió besando pero más lento. Ya no tenía tanta prisa, respondía a sus deseos.
—A veces cuánto más despacio vas, más tiempo transcurre.
Hikari pensó que eso era lo que siempre había creído. Se sorprendió a sí misma de lo iguales que eran y la besó con los ojos cerrados, entregándose completamente. Sin miedo, sin pensar en un futuro.
Pararon y se miraron a los ojos. Eran los ojos azules más bonitos que existían.
—Nunca me había dado cuenta de lo azules que tienes los ojos —le dijo extrañada de no haberse fijado antes.
—Mis ojos no son azules.
—Lo son.
Mimi negó con la cabeza con tristeza, le acarició el pelo.
—¿Escuchas los gemidos? —le dijo antes de irse.
Hikari volvía a estar sola, dando vueltas en la cama. Tardó en comprender lo que acababa de pasar.
Mimi no tenía los ojos azules y nunca los había tenido.
Bueno, primero perdón por tardar. Tuve algunos cambios en mi vida y aun me estoy adaptando.
Sé que hace algunos capítulos aseguré que no estaba loca y que todo tenía sentido. Tengo que rectificar, tal vez haya llegado un punto que solo yo se lo vea. De todos modos, sabéis que contesto reviews.
La verdad es que hace más de un año que empecé a escribir este fic. Y ha desaparecido el sentimiento que me impulsaron las primeras palabras pero las ideas se siguen desarrollando, de un modo distinto tal vez. Quizás solo hayan madurado. En fin, como siempre, vosotros tenéis la última palabra.
