Notas de traductor:
Vaya, creo que nunca había actualizado tan pronto…
Que dice Marty (a.k.a. OakStone730) que no hay problema con que divida los capítulos, entonces lo seguiré haciendo si el capítulo es imposiblemente largo…
Gracias a FanFiker, kawaiigiirl, Princes-Slash, jessyriddle, sailor mercuri o neptune, xonyaa11, Violet Strawberry, Valhova, Alexiel Viely, Sthefynice, DarkPotterMalfoy y Dany de Criss por comentar en el capítulo anterior o uno de los anteriores.
Esta es la segunda parte de "Aguas Turbulentas". Disfruten…
PARTE 2
Ron y Hermione lo miraron con la boca abierta cuando regresó a la torre. Se rehusó a dejar que Hermione curara sus moretones. La chica sólo negó con la cabeza y dijo, entre dientes, que hablaría con McGonagall acerca de Cedric. No le creyó cuando le dijo que no había sido Cedric con el que había peleado, sino hasta la mañana siguiente en el desayuno, cuando Malfoy entró, con la cara igual de lastimada que la de Harry.
Toda la escuela estaba hablando acerca de la pelea entre Potter y Malfoy para el final del día. Cedric había detenido a Harry e intentado hablar con él, pero el moreno solo se había alejado. Entre más pronto se olvidara de todo, mejor. Malfoy no intentó hablar con él de nuevo. Ambos pasaban al lado del otro en los pasillos, evitándose con cuidado. Las apuestas volaban por la escuela, para ver cuándo tomaría lugar la siguiente pelea, y quién iba a ganar.
La siguiente semana pasó como un borrón. Lo único que distraía a Harry de la miseria de haber terminado con Draco era el conocimiento de que la segunda prueba estaba a solo cuatro semanas, y él no tenía idea de qué era.
Estaba desesperado por ir a volar; era lo único que le permitía a su mente escapar de todas las preocupaciones y solo ser feliz. Hasta eso le había quitado Draco, pensó con amargura. Sin embargo, tenía que admitir que no habría sido capaz de ir a volar en todo el año de no haber sido por Draco y su cuarto secreto. Como un pobre sustituto, Harry se dedicó a correr. Se levantaba temprano cada mañana y corría alrededor del lago, vuelta tras vuelta, hasta que no podía continuar.
Estaba sentado en los escalones del castillo, esperando a que su ritmo cardiaco regresara a la normalidad. Estaba sentado ahí, con la cabeza sobre las rodillas, recuperando el aliento, cuando vio dos pies llegar a su lado y escuchó a alguien sentándose junto a él. Miró de reojo y vio la túnica amarilla con negro, de Hufflepuff, que tanto conocía, cubriendo sus piernas. No se molestó en alzar la mirada para confirmar que era Cedric.
—Hola, Cedric.
—Has estado evitándome.
—He estado evitando a todo el mundo —dijo Harry cansinamente—. Además, no quieres ponerte en medio.
—No, no quiero, pero sigues siendo mi amigo, y me preocupo por ti. De hecho, no vine a hablar contigo acerca de Draco. —Harry alzó la mirada, sorprendido. Cedric lo miró con preocupación—. La segunda prueba está a solo tres semanas. Necesitas enfocarte en eso. No has resuelto lo del huevo aún, ¿verdad? —preguntó Cedric en voz baja.
—¿Cómo sabes que no lo he hecho? —preguntó Harry automáticamente, a pesar de que sabía que era verdad.
—Porque no estás asustado y no pasas cada minuto en la biblioteca, como yo —dijo Cedric riendo.
Harry sintió que su corazón se detenía.
—¿Es peor que los dragones? —dijo débilmente, tratando de imaginar qué podía ser.
—Creo que es más como un reto… sabiduría mágica. Algo más difícil de conseguir —dijo Cedric lentamente—. Necesitas comenzar a trabajar en ello. Lleva el huevo al baño de prefectos del quinto piso… Toma un baño con él.
—¿Qué tome un baño con el huevo? —Harry se veía confundido.
—Créeme. Necesitas enfocarte en esto, Harry. No puedes pasar más tiempo deprimido por lo de Draco. Habrá mucho tiempo para resolverlo… Después.
—No estoy deprimido. Además, no hay nada que resolver. Se terminó —dijo Harry en voz baja. Extrañamente, las palabras no dolieron tanto como antes; suponía que se estaba acostumbrando.
OoOoOoO
Harry se apartó de su encuentro cercano con Snape y Filch, temblando. Había estado demasiado cerca. Ahora estaba sin su mapa, pues Moody se lo había quitado. Y tenía que resolver el misterio del huevo pero no tenía idea de cómo iba a sumergirse en el lago por una hora. Podía nadar unas cuantas vueltas, pero no había forma de que pudiera… Necesitaba a Hermione.
Hermione, Ron y Harry entraron a la biblioteca al día siguiente. Harry rio al ver a Cedric, sentado solo en una mesa, con un conjunto grande de libros regados junto a él. El chico alzó la mirada para ver a Harry, le guiñó el ojo y regresó a ver su libro, pasando páginas.
Cada minuto libre que tenía lo pasaba en la biblioteca, tratar de encontrar una forma de superar la segunda prueba era en lo único que pensaba durante el día. Era solo cuando estaba de vuelta en su cama, al final del día, que se atrevía a permitirse pensar en Draco. Maldiciéndose por hacerlo, sacaba el trozo de bufanda de seda verde, del fondo de su baúl, y se recostaba en su cama, enroscándola alrededor de sus manos. Sintiendo la fría seda deslizándose por sus manos, recordaba cada vez que había pasado tiempo, juntos. Sus primeras reuniones con Cedric, el castigo con Snape, cuando había sentido las manos de Draco sobre sus hombros y se había atrevido a tener esperanza, cuando se había conectado con Draco a través de la maldición imperius…
OoOoOoO
Segunda prueba
Draco se sentó en las gradas, mirando hacia el lago. Cedric, Fleur y Krum estaban parados en la plataforma junto al lago. No había señal de Harry.
—¿Dónde diablos está Potter? —le gruñó a Blaise.
—No tengo idea, pero parece que vas a perder esta apuesta —dijo Blaise, burlándose.
Draco podía ver a los jueces juntos, tratando de descubrir qué hacer. ¿Dónde estaban Granger y Weasley? ¿Con Potter? Probablemente, pero el moreno no huiría, ¿verdad? En primera, Granger no lo dejaría.
McGonagall acababa de acomodarse la túnica para regresar al castillo cuando vieron una figura corriendo alrededor del lago a gran velocidad. Llevaba su túnica y era un desastre, con el cabello parado en todas direcciones. Draco maldijo; no sabía si estar feliz o enojado de que Harry se hubiera aparecido.
Harry se detuvo junto a los demás; se inclinó tratando de recuperar el aliento. Draco vio que Cedric se acercaba para hablarle pero Bagman hizo el anuncio y el cuerno sonó y la competencia comenzó.
—¡Va a entrar al agua así, nada más! —gritó Pansy con gusto, aplaudiendo con emoción—. ¡En verdad creo que el Chico Dorado va a perder!
Cedric, Fleur y Krum ya habían desaparecido en el lago. Harry seguía entrando despacio al agua. Draco lo estudió; parecía estar moviendo la boca.
—¿No tiene un plan? ¿No va a quitarse la túnica? ¡No puede entrar al lago con la túnica! —La multitud se burlaba y reía.
Draco vio que el cuerpo de Harry se estremecía; algo le estaba pasando. De repente, la boca y la nariz de Harry se cubrieron con un material de color carne. Sus manos se dirigieron a su cuello; grandes branquias habían aparecido en su cuello. Antes de que Draco pudiera pensar cómo había sucedido eso, Harry había desaparecido bajo la superficie.
—¿Qué diablos hizo? ¿Viste cómo desaparecía su rostro? —preguntó Blaise, sorprendido. Draco negó con la cabeza y miró el reloj. Quedaban cincuenta y cinco minutos. Miró el lago pero no había movimiento. Algunas burbujas reventaban en la superficie del agua, pero incluso parecía que las olas habían cesado.
Con horror, Draco entendió que esto era mucho peor que los dragones. Harry podía estar ahogándose ahí abajo y nadie lo sabría. Maldiciendo, checó el reloj. Pasaron diez minutos. Veinte minutos. ¿Qué diablos estaba pasando? Draco miró la mesa de los jueces. Ninguno de ellos, y ningún profesor, parecía preocupado. Tal vez había gente allá abajo, revisando, para asegurarse que nada pasara.
De repente, hubo un gran splash y la gente se puso de pie de un brinco. Fleur estaba en la superficie, tosiendo y moviendo sus brazos. Algo bajo la superficie la llevó hasta la plataforma de los jueces. Draco miró a la señora Pomfrey correr hacia ella y sacarla del agua, rodeándola con una cobija. Fleur gritó y peleo por regresar al agua. ¿Qué había allá abajo que se supone tenían que recuperar? Bagman solo había dicho que algo les había sido arrebatado y que tenían que recuperarlo. ¿Qué podría ser? ¿Qué sería tan preciado que tenían que nadar, sumergidos, por una hora? Draco miró a Fleur, estaba consternada. No era solo la competencia; no creía que la chica le preocupara arriesgarse a ahogarse por el torneo de los tres magos.
—¿Dónde están los amigos de Potter? Uno no creería que se perderían esto —le comentó Pansy a Blaise.
Los ojos de Draco se dirigieron a la sección de Gryffindor en las gradas. La comadreja y Granger no estaban. Con una sensación de pavor, Draco miró hacia Ravenclaw, checando cara rostro hasta que notó, con seguridad, que Cho no estaba ahí.
No era algo lo que les habían arrebatado, sino alguien. Draco sintió nauseas; sabía que nada podría evitar que Harry rescatara a sus amigos. Arriesgaría todo. Los minutos pasaron y, finalmente, vio a McGonagall y Moody acercarse al borde del agua, con miradas preocupadas. Draco podía ver que el ojo mágico de Moody estaba penetrando el agua, tratando de ver qué había debajo.
La hora pasó. No había señales de los tres campeones restantes. ¿Acaso era posible que los tres se hubieran ahogado? Hubo un disturbio en la superficie y, de repente, Cedric emergió el agua, sosteniendo a Cho, con el casco burbuja aún alrededor de él, mientras nadaba hacia la plataforma. Cho sonrió y abrazó a Cedric y ambos salieron en la orilla, para oír el rugido de la multitud. Pomfrey corrió hacia ellos, poniéndoles unas cobijas en los hombros cuando emergieron del agua.
Krum fue el siguiente, cargando a una inerte Hermione Granger. En cuanto salió del agua, la cabeza de tiburón desapareció. Granger se sacudió y miró alrededor de ella, como si estuviera sorprendida de estar fuera del agua. Ella y Krum nadaron hacia la orilla y Draco entrecerró los ojos cuando Granger abrazó a Krum. Luego, la chica miró su alrededor frenéticamente cuando notó que Harry y Weasley no habían vuelto aún. Krum parecía decepcionado porque la chica no le estuviera prestando más atención y se alejó pisoteando. Cedric se quedó cerca del agua, buscando a Harry.
—¿Dónde diablos está Potter?
—Alégrate, Draco —dijo Pansy, sonriendo—. Claramente perdió la prueba. Esperemos que nunca salga.
¿Dónde diablos estaba? Draco sintió que su corazón se detenía cuando se oyó un gran splash y Harry apareció, llevando a Ron y a una niña pequeña. Vio que la comadreja escupía agua por la boca y miraba alrededor con una sonrisa en el rostro. Lentamente, Harry nadó hacia el borde del lago, llevando a la niña junto a él. Weasley parecía estar gritándole a Harry.
—Probablemente se está quejando por cuánto tiempo le tomó. Y quién lo culparía. Bastante tarde, joder —comentó Blaise. Draco sintió ganas de gritarle a Blaise que intentara hacer la prueba antes de criticar cómo le había ido a Harry.
—¿Esas son sirenas? —preguntó Goyle, señalando con el dedo. Draco miró el lago de nuevo. Cerca de donde estaba Harry, se había reunido una docena de cabezas verdes moho, saliendo de la superficie. Una de ellas nadó a la plataforma de los jueces y Dumbledore se puso de pie y se arrodilló para hablar con él. Hubo un gran alboroto de la multitud, mientras comenzaban a alejarse pisando fuerte, esperando a que los jueces deliberaran. Dumbledore se paró y caminó hacia la mesa de los jueces para hablar.
—Algo está pasando —dijo Blaise entre dientes—. Tal vez van a sacar a Potter del torneo por llegar tan tarde.
La voz de Bagman se oía por todo el lago. Draco apenas podía entender lo que estaba diciendo. Miró cómo Fleur envolvía a la niña con sus brazos. Draco entendió quién era: su hermana pequeña. Ahora resultaba obvio por qué la campeona de Beauxbatons había intentado regresar al lago frenéticamente. Y potter la había salvado, y a Weasley. Fleur se había puesto de pie y estaba abrazando a Harry, besándolo en ambas mejillas.
—Jodido Potter.
—Puedes decirlo de nuevo. ¿Cómo es posible que haya regresado al último y aun así esté empatado en primer lugar? Todo esto está arreglado —gruñó Blaise.
—Espera, ¿qué pasó? No entendí lo que Bagman dijo. —Draco miró a su alrededor, desconcertado.
—En serio, Draco, tienes que poner más atención. Están diciendo que Potter encontró a los cuatro rehenes primero, pero se quedó hasta el final para asegurarse de que todos fueran rescatados. A mí me suena como un montón de basura. Le dieron cuarenta y cinco puntos por "fibra moral", si puedes creer en eso. Al menos, Diggory está empatado en primer lugar con él. Vencerá a Potter a la próxima.
Los Slytherins se pusieron de pie y comenzaron a salir. Draco se quedó donde estaba, mirando a Harry y sus dos amigos, uniéndose a Cedric y dándose un abrazo.
—¿No vienes, Draco? Tendremos una fiesta de conmiseración en las mazmorras —dijo Pansy en voz alta. Draco les hizo un gesto para que se fueran.
—Tengo algo que hacer. Los alcanzo en un rato.
Se quedó sentado ahí, mientras todos caminaban alrededor del lago lentamente, de regreso al castillo. Vio a Harry y a sus amigos caminar codo a codo hacia el castillo, riendo. Cuando hubieron desaparecido de la vista, Draco se fijó en el lago. Las sirenas habían regresado a sus oscuras profundidades. Tenía que ser Harry el que tomara el camino del héroe; si él hubiera estado compitiendo, habría tomado a su rehén y habría regresado a la superficie sin dudarlo. Harry se había quedado y se había asegurado de que todos estuvieran a salvo.
No por primera vez, Draco entendió que lo que fuera que hacía que Potter se pusiera de pie por lo que era correcto era solo parte de su ser. El idiota se movía nerviosamente, tartamudeaba y caminaba con torpeza hacia las clases y por la vida. Pero cuando tenía que decidir qué hacer en una situación difícil, no dudaba en escoger el camino correcto. ¿Dónde aprendió eso? No de sus padres, o de los Dursley. Draco había dicho que todas las idioteces del artículo eran culpa de cómo había sido criado, culpa de sus padres. Ahora, sabía que eso no era suficiente. Potter había sido criado en una jodida alacena; y aun así siempre hacía lo correcto.
Draco sentía que había estado caminando cual sonámbulo las últimas cuatro semanas. Cerró los ojos y recordó cuando bailó con Harry en la mañana de la víspera de Navidad, con esa rara banda muggle. Y luego Harry había dejado esos álbumes en el escritorio al irse. Seguían ahí; Draco ya casi no entraba a los vestidores. El único lugar en Hogwarts que había sido suyo, sólo suyo, y ahora no podía poner un pie ahí sin Harry. Daría lo que fuera porque las cosas fueran como antes. Draco miró el lago; daría lo que fuera. Pero, ¿haría lo que fuera? Draco sabía lo que tenía que hacer; lo había sabido por semanas. No sabía si iba a funcionar, pero tenía que intentarlo. Y al diablo las consecuencias.
OoOoOoO
Esa noche hubo una celebración en el Gran Comedor, por haber terminado la segunda prueba. Los alumnos de Hogwarts estaban de júbilo porque los dos alumnos de la escuela estaban a la cabeza. Los alumnos de Beauxbatons también celebraban, a pesar de que Fleur estuviera en último lugar. Ella y su hermana habían corrido a abrazar a Harry cuando el chico entró acompañado de Ron y Hermione. Para su vergüenza, varias alumnas, durante la comida, se habían dedicado a mandarle rastros brillantes de estrellas, que rodeaban su cabeza.
Los Gryffindors estaban extasiados; Harry apenas podía comer por todo el jaleo en la mesa. Por fin, los postres aparecieron en la mesa y, cuando estaba tratando de tomar un pedazo de tarta de melaza, escuchó a Ron decir:
—¿Qué trama Malfoy? Si va a molestar a Hagrid, voy a…
Harry giró la cabeza, para ver la mesa de profesores. Draco estaba de pie junto a Hagrid, el cual estaba inclinándose, tenso, para escucharlo. Vio que el rostro de Hagrid se congeló.
—Ese bastardo… —Harry estaba poniéndose de pie, listo para acercarse, cuando escuchó que Hermione exclamaba:
—¡No, espera!
Draco Malfoy, sangre pura, estaba ofreciéndole la mano a Hagrid. Harry vio cómo Hagrid vacilaba y luego tomaba su mano, para sacudirla. La mesa de Slytherin estaba en absoluto silencio, así como todos los que estaban alrededor de Harry. Draco le sonrió ligeramente al semigigante y luego salió del Gran Comedor, sin mirar a los lados.
—¿Qué diablos fue eso? —Ron negaba con la cabeza, sin poder creerlo.
—Sé qué pareció, pero no lo creo —exclamó Hermione—. Voy a preguntarle…
—No —dijo Harry, saltando—. Yo iré, tengo que saber… —Harry sintió el familiar zumbido en los oídos. Harry se acercó a Hagrid, que estaba quieto y tenía una expresión sorprendida en el rostro.
—¿Hagrid? ¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¿Qué te dijo Malfoy?
—Se disculpó —dijo Hagrid. Se metió un dedo en la oreja, como si estuviera checando su audición—. Dijo que no debía haberle dicho esas cosas a Skeeter, y que estaba feliz de que estuviera de vuelta enseñando. —Hagrid miró a Harry—. Nunca pensé que llegaría a ver el día en que un Malfoy se disculpara.
Harry miró a la puerta, por donde Malfoy había salido, y luego miró la mesa de Slytherin. Todos en la mesa estaban hablando enojadamente, alzando los brazos al aire. Claramente, esta no era una broma de Slytherin, que Draco le había jugado a Hagrid. Harry le sonrió por un momento a Hagrid y se alejó.
El moreno se sentó de nuevo en la mesa de Gryffindor.
—¿Qué pasó? ¿Qué dijo? —Ron y Hermione preguntaron al unísono.
—Se disculpó —dijo Harry, riendo sin poder creerlo—. Se disculpó con Hagrid.
—¡Como si eso compensara todas las cosas llenas de odio que dijo! —dijo Hermione enojada.
—Es un comienzo —dijo Harry en voz baja—. Tengo que ir a hacer… algo. Los veo en la torre en un rato.
—¿A dónde vas? No puedes desaparecer esta noche, ¡hay una fiesta! —dijo Ron, mirando perplejo a su amigo.
—Lo sé, estaré de regreso en un rato —dijo Harry apresuradamente, levantándose de la mesa. Dudó un poco mientras salía del Gran Comedor. Sabía que Fred, George y otros estaban ocupados decorando la torre oeste. Se detuvo cuando se acercó. Miró la entrada. ¿En verdad quería hacer eso? Una disculpa no reparaba lo que Draco había hecho. Harry sintió su corazón latiendo con fuerza dentro de su pecho.
Sabía, sin embargo, que no había sido feliz desde que él y Draco habían terminado. Le había tomado todo ese tiempo siquiera pronunciar su nombre sin que le doliera. Aún se dormía cada noche sosteniendo la maldita bufanda del idiota entre sus manos. Todas esas eran buenas razones para no abrir esa puerta de nuevo. No quería hacerse tan vulnerable de nuevo. Harry negó con la cabeza mientras respiraba con profundidad.
—Aperiens.
Draco estaba sentado en el suelo, recargado contra los casilleros, en el lado opuesto a la entrada de la torre de Gryffindor. Estaba agarrándose la cabeza con las manos, con los codos sobre las rodillas. No había escuchado que Harry entraba por la otra puerta.
—Pensé que los Malfoy no se sentaban en el piso —dijo Harry en voz baja. Draco giró la cabeza con sorpresa y se puso de pie con prisa.
—Bueno, solo lo agregaremos a la lista de esas cosas que estos volviendo a pensar acerca de mi familia —dijo en voz baja. Sus ojos seguían a Harry, mientras éste caminaba hacia él—. No creí que vinieras.
—¿Y es por eso que estabas aquí sentado, esperándome? —preguntó Harry. Su voz se oyó un poco más brusca de lo que había querido.
Draco se encogió de hombros.
—Tenía la esperanza de que tal vez lo hicieras… pero no creía que eso fuera suficiente para que cambiaras de opinión.
—No lo fue —dijo Harry directamente. Los hombros de Draco cayeron. Harry forzó una pequeña sonrisa—, pero fue un comienzo —terminó en voz baja.
Los ojos de Draco brillaron, pero la expresión de su rostro no cambió.
—Lo sé, no sé si pueda, pero quiero… cambiar. —Se pasó una mano por el cabello—. Me quedé sentado en una de esas gradas por un largo rato, después de que todos regresaron adentro. Me haces querer ver las cosas de manera diferente. Quiero verme al espejo en la mañana y que me guste lo que veo. No quiero convertirme en mi padre.
Harry apenas había respirado mientras escuchaba a Draco. Inhaló profundamente.
—No sé si pueda hacer esto de nuevo, Draco. Nunca me había sentido tan mal como este último mes. Cada jodida noche cerraba los ojos y pensaba en ti…
Draco rio un poco.
—Cada día, cada noche. Ha sido un infierno. Sé que estás mejor sin mí...
—No decidas con qué estoy mejor —exclamó Harry bruscamente, acercándose al rubio—. Los dos meses que estuvimos juntos fueron los más felices que he tenido en años. No te restes importancia ni digas que no eres lo suficientemente bueno para mí, eso es un pretexto. —Harry se detuvo, al estar a pocos centímetros de Draco—. Estoy dispuesto a intentarlo de nuevo, porque me siento miserable sin ti, y porque creo en el Draco de aquí abajo. —El moreno estiró las manos y las puso a cada lado del rostro de Draco. El chico estaba perfectamente quieto, respirando con dificultad—. Espero que, algún día, el Draco de abajo y el de arriba se vuelvan uno solo.
Draco giró su cabeza con lentitud y besó la palma de la mano de Harry, que tocaba su mejilla.
—Yo también.
Se quedaron así por un minuto. Ambos temían moverse. Harry gruñó, estiró los brazos y abrazó a Draco; el rubio se pegó a él. Los dos se quedaron ahí, abrazándose con fuerza, por lo que parecieron horas.
—Necesito regresar arriba. Van a hacer una fiesta sorpresa para mí en la torre —dijo Harry con voz ronca, terminando el abrazo. Dudó por un momento y luego besó a Draco en los labios con prisa—. Vamos a tener que hablar más. Poner unas cuantas reglas, de esas que le gustan tanto a Cedric.
Draco asintió; sus ojos brillaban por las lágrimas que no había derramado.
—Me asustaste demasiado hoy, en el lago. Me sorprende que mi cabello no se haya vuelto gris.
Harry estiró una mano y revolvió el cabello de Draco con ganas.
—Se ve tan perfecto como siempre.
Draco apartó el fleco que cubría sus ojos.
—Entonces, ¿estamos bien?
Harry vaciló.
—Vayamos despacio y veamos qué pasa. No quiero hacer ninguna promesa…
—Está bien, sólo quiero una oportunidad —dijo Draco rápidamente—. Vale, ve a tu fiesta. Yo iré a que me golpeen hasta la inconsciencia en las mazmorras.
Los ojos de Harry mostraron su preocupación.
—¿Es en serio? No harían eso, ¿verdad? —Draco se arrepintió de sus palabras.
—No, solo estaba bromeando. No van a estar felices conmigo, pero puedo manejarlo. —Se estiró cuan alto era—. Hay cosas mucho peores. —Dudó y luego se inclinó hacia delante, para besar a Harry una vez más—. Ve, diviértete en tu pequeño festín de amor Gryffindor.
Harry sonrió de lado y salió por la puerta que daba al exterior. Corrió por el borde y entró al castillo por la entrada del patio.
Notas finales:
¿Acaso creyeron que este capítulo fue triste? Los preparo desde ahorita… Con el siguiente capítulo casi culminamos cuarto año… O más bien, sucede lo que todos sabemos que sucede... También está increíblemente largo, así que ya veré en cuántas partes lo divido…
Anyway, no se acongojen…
¡Los leo luego!
Adigium21
