Los personajes (a excepción de Moonlight) son propiedad de Hasbro.
X
Grande fue su sorpresa, cuando al alzar la mirada, visualizó a una pequeña criatura, que había caído presa del cansancio en las escaleras del gran edificio. La estatua del caballo parecía vibrar, y en su interior sabía de dónde venía aquella dulce figura. Alzó la mirada, y vio como la luna dio un último brillo intenso. El portal estaba ahora cerrado. Su figura se encontraba empapada por la lluvia, pero no sentía frío alguno. Se acercó a la pequeña figura, y pudo ver como titiritaba de frío, se sacó la chaqueta que llevaba puesta y la puso sobre la pequeña, cuyo nombre no sabía.
-No. No lo hago...-. Los ojos de Moonlight reflejaba gran determinación, y miraba de manera sincera y directa a Sonata. -Nunca lo he hecho. Pues pacté sabiendo que, algún día esto iba a pasar tarde o temprano. Lo sabía, siempre lo supe. Es mi responsabilidad darles lo que tengo para que ustedes se encuentren bien-.
-Sin embargo, sabes que aunque no hagas nada, no nos moriremos-.
-No morirán. Pero perderán sus poderes. Y eso no lo puedo permitir-.
-¿Por qué necesitas nuestra magia?-.
-En parte sí. Pero la razón principal es que dejarían de ser ustedes. Perderían algo más valioso que la vida propia, se perderían a ustedes mismas-.
-¿Por eso nos buscaste?-.
-Sí. Sentí cómo se iban debilitando, y cómo se iba apagando la llama que nos une-. Hizo una breve pausa, cerrando los ojos recordando aquél día. Iba en su conocido carro, a las afueras de una ciudad cercana. Todo iba tranquilo, hasta que sintió una punzada en el corazón, algo estaba pasando y no era bueno. Sintió que alguien la llamaba con desesperación. -Sentí como Adagio me llamaba con todas sus fuerzas. Y no sólo ella, Aria y tú también me estaban llamando. Sentí cómo me llamaban desde sus corazones, sentí su desesperación. Escuché con intensidad ese llamado único, que no pude evitar sentirme preocupada. Y mientras las buscaba, sentía cómo de a poco se iban transformando, y se iban alejando de lo que realmente son-.
Sonata miraba un poco confundida a Moonlight.
-Espera, ¿cómo sabes eso? Jamás te lo contamos-.
-Lo sé. Ni yo misma lo sabía, sólo lo sentí. Y cuando lo hice comprendí de inmediato lo que estaba pasando. ¿Por qué no me lo dijeron?-.
-Porque no imaginamos que íbamos a ser desterradas, y que nos íbamos a ver envueltas en todo este embrollo-.
-Debieron haber confiando más en mi-.
-No queríamos que volvieras a sufrir. No después de todo lo que pasaste hace ya muchas lunas. Vimos tu desesperación, sentimos tu dolor y lloramos contigo tu pérdida-. La mirada de Sonata se volvió en ese momento profunda, llena de emociones encontradas, junto con recuerdos dolorosos. -No queríamos que volvieras a pasar por todo eso-.
-Aún así, debieron haber confiando en mi. De alguna manera hubiéramos encontrado la forma de que no perdieran sus poderes contra la princesa Twilight-.
Se escuchó el sonido de la lata chocar contra el suelo. Los ojos de Sonata se tornaron de colores furiosos, y su rostro mostró un rostro nunca mostrado ante Moonlight. Fue un golpe duro para ambas.
-¡Espera un momento! ¿Cómo sabes que Twilight es una princesa?-. Su respiración se volvió agitada. -¡Nunca mencionamos que ella era una princesa!-.
Moonlight aún estaba sorprendida ante la faceta enojada de Sonata, sabía que había metido la pata, y no se trataba de que supiese la identidad de Twilight, pues ese no era el problema ahí. El verdadero problema radicaba en que, ella sabía más de lo que aparentaba, dando a entender que siempre las estuvo vigilando, pero nunca se digno en buscarlas en forma hasta que perdieron sus poderes. Eso realmente lastimó en el fondo a Sonata. Pues desde el destierro de las tres, ellas esperaban realmente que Moonlight las viniese a buscar, y proteger como prometió. Evitándoles muchas cosas, entre esas cosas como el hambre y la desolación de un mundo extraño. Se habrían evitado ir caminando de calle en calle, sin saber el rumbo que tomar, y se habrían evitado dormir en camellones, o bares de mala muerte. Se habrían evitado el denigrarse tanto. Pero no, no hubo respuesta ante sus llamados insistentes, no hubo respuesta ante sus plegarias, incluso llantos. No importaba cuánto llamaran a Moonlight, ella nunca llegó. Y sólo llegó cuando todo hubo terminado para ellas. Bueno, casi terminado.
-Cálmate un poco Sonata-. Trató de tranquilizar Moonlight a Sonata, pero parecía que no quería escuchar ya nada.
-¡Ni una mierda que me calmo!-.
-¡Sonata!-. La voz de Moonlight se volvió realmente fuerte y muy intímidante. Realmente muy autoritaria, dando a entender quién seguía teniendo el mando sobre ella. Sonata sólo la miró desafiante, pero se volvió a calmar en seguida. No muy contenta.
-Sonata, lo siento. Realmente me hubiera gustado estar con ustedes desde antes. Y cree cuando te digo que realmente lo intenté. ¡Lo hice!-.
-¡Mientes! ¡De las tres, yo fui la que creyó en ti hasta el final! ¡Yo fui la que nunca abandonó la esperanza de que vinieras por nosotras!-.
-Sonata, preciosa, escucha-.
-Moonlight, ya basta de tantos secretos, ¡por favor! ¡te lo suplico! sabes que eres lo único que tenemos en este mundo, nuestra familia, nuestro pueblo nos dio la espalda. Por favor Moonlight, ya basta de tanto secreto-.
-Sonata-.
Moonlight abrazó fuertemente a Sonata, que no parecía quererse calmar. Forcejearon un poco, pero la fuerza de Moonlight era mayor que la de Sonata, logrando someterla por fin.
-Sonata, cree cuando digo que hice todo lo posible para poder ayudarlas. Pero simplemente no pude. No podía estar con ustedes. No podía mirarlas a los ojos y decirles que todo iba a estar bien, cuando ni yo misma sabía qué hacer. Lo siento, fui muy cobarde y débil. Simplemente no sabía qué más hacer, hice todo lo que pude y fracasé. No podía verlas a los ojos-. La mirada de Moonlight se tornó oscura, después cerró fuertemente sus ojos, y dejó salir un largo suspiro, que retumbó en la oreja derecha de Sonata.
-Aún así, pudiste habernos contando todo, y nos abríamos apoyado entre las cuatro-.
-Se supone que yo debo ser la que las proteja Sonata. Ese fue el trato-.
-Moonlight, si algo que admiro de ti es tu persistencia y fortaleza. Pero también odio tu terquedad y orgullo. Hace mucho tiempo que te consideramos parte de nosotras, como si fueras una sirena más. Te has esforzado tanto, te has hecho tanto daño y has sacrificado tanto por nosotras, que simplemente queremos devolverte algo de todo lo que nos has dado. Deja de hacer las cosas sola, y deja que te ayudemos un poco. Por favor-. Sonata rodeó la cintura de Moonlight con sus brazos.
-Sonata, gracias, sin embargo…-. Rompió el abrazo de Sonata. -Es algo que tengo que hacer sola, ya las he metido en mucho-.
-¡Ya basta!-.
Se escuchó el sonido de un golpe. Sonata le había dado una fuerte bofetada a Moonlight, para que reaccionara, y dejara de ser tan irracional. De las tres, Sonata era la voz de ellas para poder comunicarse con Moonlight. Era la única que podía hacerla entrar en razón. Adagio y Aria se mantenían al margen, sus funciones eran distintas y muy específicas. Y la de Sonata era ser la voz que las une y comunica entre ellas.
-Moonlight, lo mismo dijiste aquella vez, y todo terminó mal. Terminaste mal, y no pudimos hacer nada para evitarlo-.
El silencio se apoderó de la habitación acompañado de un frío muy irregular. El ambiente había cambiando en ese espacio, entre ellas se respiraba otro aire. La oscuridad se hizo más espesa. Y en medio de esa oscuridad los ojos carmesí de Moonlight brillaban con intensidad, pero a la vez parecían tan faltos de vida y color. Como si no estuviera viva.
-Las cosas no hubieran sido diferentes si ustedes hubieran estado ahí-.
Las palabras de Moonlight fueron tan frías y cortantes como el viento que hacía esa noche. La bella mirada magenta de Sonata se cristalizó de inmediato, y mirando esos ojos carmesí trató de descubrir qué secretos se escondían tras esa mirada y esas palabras. Lo que encontró le rompió el corazón. La expresión de Moonlight era muy seria, fría y distante. Sus ojos estaban llenos de rencor y oscuridad. Una oscuridad perturbadora. Sus siempre amables ojos se habían tornado en unos ojos fríos y lejanos. Esa no era la Moonlight que conocía.
·¿Acaso no está culpando de lo que pasó aquélla vez?"
Los recuerdos de Sonata se volvieron a un día en específico. El día donde Moonlight había perdido parte de su alma. Era tan doloroso recordar eso, que sólo logró apartar la mirada de su, alguna vez, salvadora. Las palabras de Moonlight le daban vueltas en la cabeza. ¿Las estaba culpando a ellas por lo que no lograron? ¿Era su culpa? ¿Moonlight las odiaba? Eran interrogantes muy dolorosas, que le carcomían toda esperanza de poder ser alguien especial para Moonlight. Sus palabras duras le dieron de lleno a su noble corazón de sirena.
Sonata ya no quería pensar en esas cosas dolorosas. Había entendido el mensaje de Moonlight a la perfección. Rompió el contacto físico y salió de esa habitación a paso acelerado, con la cabeza gacha, y lagrimas en los ojos. No quería que Moonlight la viera así, y que se enojara más con ella. Salió huyendo prácticamente de ese lugar, ya no lo soportaba más. Dejó el lugar, con Moonlight de espaldas, que parecía estar inmersa en sus pensamientos, o más bien recuerdos.
…
Las horas pasaron, y no sabían nada de Sonata. Aria miraba de vez en cuando la puerta por si volvía Sonata, pero eso no ocurría. Por otro lado, Moonlight y Adagio habían salido en busca de la otra chica que se había escapado. Iban en silencio dentro del carro, cada una con sus respectivos pensamientos.
Adagio era la líder del grupo. Desde jóvenes ella siempre fue la que las guío en sus sin fin de aventuras y travesuras. Era la mente maestra tras esas bellas criaturas. En Equestria habían hecho un sin fin de cosas, tanto buenas como malas. Pero más malas que buenas, logrando que finalmente las hicieran a un lado por todos los problemas que causaron. Y al igual que en este mundo, vagaban sin rumbo definido hasta que llegaron a los límites del reino pony, donde conocieron finalmente a Moonlight. Un ser un tanto paradójico para ellas. Era amable, y pronto se ganó la confianza de las tres. Les ayudó en su propósito, a cambio de que le ayudaran con cierta cosa.
-No debe estar muy lejos-. La repentina voz de Moonlight, sacó de sus recuerdos a Adagio. La voz de la otra chica parecía estar un poco distante, más que las veces anteriores. Sabía que había pasado algo, pero no sabía qué había desencadenado que Sonata se fuera.
-Moonlight. ¿Pasó algo entre tu y Sonata?-.
Los ojos carmines de Moonlight, no quitaron la mirada del camino, pero se tornaron un poco preocupados. -Sin querer herir a Sonata. Creyó que las culpaba por lo que sucedió en Equestria-. Soltó un pequeño suspiro. Estaba cansada de dar vueltas en las cercanías.
-¿Nos culpas?-.
-No. Claro que no. Eso fue mi culpa. Y por eso, las metí en todo esto. Lo siento-.
Adagio ya no siguió indagando sobre el tema. No era el momento para eso. Ahora lo importante era recuperar a Sonata, lo otro podía esperar más tiempo. De todas maneras, Moonlight no se iría a otra parte, o al menos eso quería creer.
…
En una solitaria mesa de algún bar se encontraba Sonata, más deprimida que nunca. Después de la pelea que tuvo con Moonlight, salió y corrió todo lo que pudo. Después se subió a un taxi llegando a ese bar, en el que había gente poco agradable.
Con ayuda de los encantos exóticos que aún poseía, logró quedarse en el establecimiento, incluso ordenar bebida sin necesidad de una licencia. No hacía falta usar su voz para poder embelesar a los varones y hacer lo que ella quería. Bastaba con su cara bonita y uno que otro coqueteo, ya era algo que se sabía de memoria. La voz la usaban con fines más en concreto y de mayor importancia que simple coqueteo.
En su mesa, estaba completamente inmersa en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando unos tipos se acercaron en plan de ligue. Al principio no les tomó gran importancia, sólo se limitó a ignorarles, realmente no era algo que le preocupara. Ahora estaba inmersa en su propio mundo lleno de dudas y preguntas que no lograba responder. Necesitaba que alguien le respondiera al sin fin de dudas que inundaban su corazón. ¿Moonlight nos odia? ¿Moonlight está enojada con nosotras? ¿No confía en nosotros Moonlight? ¿Nos abandonará? Todo giraba entorno a su gran amiga enigmática, esa amiga que siempre se guardaba todo para sí misma. Esa amiga que nunca compartía sus pesares con ellas, incluso aunque intentó ser la más cercana nunca llegó a ser tan sincera. Y cuando por fin Moonlight parecía estar abriendo su corazón, ella lo echó a perder, haciendo que otra vez la otra chica cerrara su corazón. Pero al fin y al cabo, Moonlight había tenido la culpa, sin embargo, ¿realmente tenía la culpa? de ser así, ¿qué culpa tenía?
Mientras esos chicos molestos, que ni se molestó en ver sus rasgos, seguían ahí incordiando, ella intentó volver en el tiempo cerrando sus ojos. Y en su mente intentó indagar todo recuerdo, intentó con fuerza, incluso cerró con más fuerza sus ojos tratando de recordar todo. Pero vale decir que no consiguió nada en concreto.
Por alguna razón todos sus recuerdos referentes a Moonlight eran muy confusos. Recordaba las risas, los momentos alegres, recordaba también días sombríos llenos de lágrimas y dolor. Pero aún así, todo eso no tenía mucho sentido en su cabeza. Todo lo que tenía de sus recuerdos en específico con Moonlight no tenían coherencia, eran un montón de pedazos de recuerdos, uno tras otro sin hilación aparente. Podía recordar todos sus días vividos con las otras dos sirenas, pero cuando intentaba recordar los momentos en concreto con Moonlight, estos recuerdos se desvanecían como susurros en el aire.
Nunca se había puesto a pensar realmente en eso. Para ella la existencia de Moonlight era algo así como definitiva. Para Sonata, Moonlight siempre había estado ahí, de manera muy natural, que nunca se dio cuenta incluso de lo irreal que era en verdad. Una ciudadana de Equestria amiga de sirenas, eso era demasiado raro e imposible. Había algo que no cuadraba con Moonlight, pero, ¿qué era? ¿era realmente la persona de Moonlight lo que creía que era? ¿O, tal vez Moonlight les estaba ocultando algo?
¡Era increíble! ¡Tantos años y ni siquiera se había puesto a cuestionar la naturaleza de esa chica misteriosa! Empezó a pensar que Adagio y Aria tenían razón en decir que era una chica muy tonta, despistada y superficial. Cientos de años y nunca se había puesto a pensar en la ridícula idea de la paradójica existencia de Moonlight.
Todo era muy complicado. Las cosas se habían complicado mucho en este punto. Aunque la existencia de dicha persona fuera dudosa, no podía simplemente ignorar los hechos. Moonlight representaba mucho más de lo que aparentaba. Y lo que más le molestaba era que también sabía más cosas de las que aparentaba. Había algo realmente profundo detrás de esos ojos carmesí, que tanta confianza le producían. Había un sin fin de cosas guardadas tras esas pupilas tan singulares. Esos labios rosas pálidos mantenían encerrados cientos de secretos. Todo en Moonlight eran secretos e historias a medio contar. Pero lo que más le aterraba era que, en efecto, no recordaba con nitidez los recuerdos que compartía en común con esta chica misterio. ¿Por qué no podía recordar en sí a Moonlight en Equestria?
Sólo podía recordar un día en concreto. El día en que Moonlight murió.
…
-Lo he estado pensando y, tengo algo que preguntarte-.
Los ojos de Adagio se mantenían firmes, esos ojos morados mantenían su siempre aura confiada, y ese brillo digno de una líder. Moonlight sólo se limitaba a conducir, en el fondo sabía a donde llegaría todo eso, así que tomó aire y lo dejó salir con un ligero suspiro. Metió su mano en el compartimento de las monedas sacando una cajetilla, y sacó un encendedor metálico de su bolsillo, encendiendo un cigarro. Inhaló con tranquilidad, y dejó que el momento siguiera. Tenía muchas cosas en la mente por esa noche.
-¿Qué sucede?-.
-Desde hace tiempo hay algo que me ha estado molestando. Es algo que no le he contado a las chicas, pero que seguro pronto se estarán preguntando o tal vez ya lo hacen. Moonlight, ¿por qué no puedo recordar algo acerca de ti en Equestria?-.
-¿No está mal esa pregunta?-.
-No respondas mi pregunta con otra pregunta-.
-…-.
-Esto es en serio. Puedo recordar cosas en concreto, el porqué estamos contigo, y lo que pasó ese día. Sin embargo, a la vez eso no parece real. Es como si esos recuerdos hubieran sido plantados-.
-¿Dices que sus recuerdos fueron alterados?-.
-Tengo esa sensación y es muy molesta, ¿sabes?-.
-¿Piensas que yo alteré esos recuerdos?-.
-Lo que quiero saber es, ¿por qué lo hiciste?-.
-Eres astuta Adagio, mucho y eso es algo que realmente me gusta de ti-.
-Tonta-.
Por unos momentos hubo un gran silencio entre ellas dos, el vacío entre esos personajes era palpable. El interior del auto se volvió con un aura pesada y misteriosa. Los secretos y las mentiras parecían estarse desvelándose poco a poco.Y poco a poco, los fantasmas del pasado cobraban forma en medio de ese silencio, en medio de esa oscuridad. Por una parte, Adagio se sentía como la típica persona que no le gusta madrugar por la mañana, con una pesadez por todo el cuerpo, y con la mente nublada. Sus ojos apenas estaban adaptándose a la luz de tanta información inconclusa, junto con muchas dudas que había ignorado. Y por otra parte, se encontraba Moonlight, quién fumaba aparentemente tranquila, pero por dentro había un mar de emociones y sensaciones muy poco placenteras. Sabía que este momento llegaría tarde o temprano, pero era demasiado temprano como para poder lidiar con eso.
"Todavía no es el momento de eso, Adagio".
-Cuando sea el momento te lo diré. Pero hasta ese momento, te pediré que confíes en mi-.
-Es más fácil decirlo, ¿sabes?-.
-Lo sé-.
-Sabes, estoy empezando a dudar de ti-.
-Confía sólo un poco más, al menos, hasta que tengas tu don de vuelta-. Por un momento los ojos carmesí se tornaron de un rojo un poco más intenso, y brillaron en la oscuridad. Moonlight sabía que algo estaba a punto de suceder, y era algo muy malo de hecho.
-Adagio, tu eres su líder, tu eres la que las sostienes, eres su fuerza-.
-¿A dónde quieres llegar con eso? ¿Con todo esto?-.
-Debes prometerme que, pase lo que pase, tu siempre estarás con ellas-.
-No seas estúpida, no hay necesidad de prometer algo tan obvio-.
-Aún así, prométemelo-.
Adagio gruñó un poco, Moonlight estaba siendo demasiado tonta para su gusto, pero dentro sabía que estaba siendo seria. -Lo prometo-. Vociferó un poco, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Esa era la manera de ser de Adagio. Siempre firme, y nunca le gustaba que alguien más la doblegara, o la obligara a hacer algo.
Aunque en apariencia, Moonlight era más cercana a Sonata, a decir verdad era tan cercana con Sonata como con Adagio y Aria, sólo que en diferente manera. Sonata era la confidente, pero en quién confiaba plenamente, al grado de ser ciega su confianza era en Adagio. Entre ellas dos hubieron un sin fin de planes y secretos entre miradas y señales muy bien escondidas. No hablaban mucho, pero se entendían a la perfección. Eran personas muy similares, con gustos y objetivos en común. Moonlight sabía que Adagio sabría esperar por las explicaciones, y que ella sería la que traduciría sus palabras para las otras sirenas. Adagio era la portavoz de Moonlight. Ese era el vínculo que las unía a ellas dos. Se ayudaban y se cubrían las espaldas mutuamente, y al igual de su confianza ciega, Adagio sabía la verdadera naturaleza de Moonlight, aunque a veces perdiera de vista la verdad. Adagio sabía muy bien que llegado el momento sabría todo, y sabía cuál sería su papel a desempeñar, y hasta que ese momento llegara, cuidaría de las otras dos, aunque a veces la exasperaban.
…
Sin que se diera cuenta Sonata, esos tipos se habían sentado ya en la mesa, llamando por fin su atención. Los ojos de Sonata se posaron sobre estos sujetos poco aseados. Al principio los iba a seguir ignorando, pero uno de ellos decidió acercarse mucho a ella, dejando muy poca distancia con la solitaria sirena.
-¿Por qué estás tan sola preciosa?-.
-No estoy sola. Estoy esperando a alguien-.
Los tipos se miraron entre ellos y comenzaron a reírse, no se creyeron lo que decía Sonata. Otro más hizo un acercamiento incluso más íntimo, sentándose a un lado de la chica, rodeándola con uno de sus brazos. Sonata sólo rodó los ojos.
-¿Serías tan amable de retirarte?-. Comenzaba a enojarse, aunque por lo general era tranquila, cuando estaba sola sabía que debía ser dura y directa. Había aprendido a cuidarse, ya que no siempre estaría ahí Adagio o Aria para ayudarle.
El tipo se le acercó y le susurró burlonamente al oído -¿O si no qué?-.
-Será mejor que le quites las manos de encima, amigo-.
Los ojos de Sonata se abrieron mucho por la sorpresa, los otros hombres sólo voltearon a ver amenazantemente a la persona que recién había llegado. La otra chica se aproximó pronto al círculo de hombres, y con sonrisa cínica les miró duramente. Su aspecto era muy imponente. Por un momento Sonata creyó que se trataba de Moonlight, pero viéndola bien, no era ella. Aunque tenía la misma cara, y el mismo porte. Aunque sus cuerpos y facciones fueran idénticas. No era ella. Si no era Moonlight, sólo podía significar algo. Problemas.
-Midnight-. Susurró Sonata, tan bajito y quedito que no se oyó casi.
Midnight se acercó a uno, y tomándolo de un brazo casi se lo rompe con una llave que ejerció sobre éste. Los otros hombres se apresuraron a atacarle, pero ella fue más rápida y más mortífera. Sin pensárselo dos veces y con una clara cara de satisfacción hizo caer uno tras otro, con brazos rotos y narices sangradas. Era una Moonlight incluso más fría y distante. Se trataba de su hermana gemela, Midnight.
Una vez terminado con esos tipos sin importancia, se dirigió hacía Sonata, y tomó asiento en la mesa. -Tiempo sin verte, pequeña Sonata. Por lo menos esta vez no estás llorando de miedo-. Se dibujó una sonrisa muy poco sana en ese rostro pálido. Sus ojos, a diferencia de los de Moonlight, eran de color púrpura.
-También me alegra verte, Midnight-. Sonata se mantuvo firme ante la imponente imagen de Midnight.
La gemela sólo esbozó una sonrisa de lado, y sus ojos penetraron como dardos la persona de Sonata. Su mirada era profunda, triste y vacía. Había dentro sentimientos negativos, había una gran y profunda herida que parecía estarse infectando. Deseos y pasiones, perversiones y mentiras, todo eso bañado con un olor podrido, era lo que reflejaban esas obres púrpuras. No había nada humano ahí, sólo era un cuerpo con rostro pero sin alma. Había un corazón latiendo, pero no habían sentimientos ni emociones, salvo las más negativas. Un cuerpo con aura maligna.
Sonata sabía que estaba en serios problemas ahora sí. Tratar con hombres borrachos era fácil, pero tratar con un ente como Midnight sí que era un problema.
…
¡Moonlight es mía! ¡Y nadie la va apartar de mi lado! ¡Sólo yo la entiendo!
¡Sólo yo soy suficiente para ella! ¡Nadie es suficiente para ella! Y ella sabe que sólo me tiene a mi, y nadie más.
Nadie la va a llenar como yo lo hago. Nadie puede tenerla como yo la tengo. Y sé que aún me ama, lo sé. Lo sé, lo sé al verla a los ojos y ver como el miedo la consume. Me odia, me ama, me odia. El odio es más fuerte que el amor, y ella sobrepasa todo sin dificultad.
Ella va a ser mía. Siempre lo fue y siempre lo será. Su corazón me pertenece, su cuerpo y su alma los tomaré sólo para mí.
No hay manera de que ella escape de mi. No hay nadie que la pueda salvar. Nadie escuchará sus gritos ni súplicas. Súplicas y dolor que me complace sacarle. Adoro su cara asustada, adoro ver como su sangre corre. Me encanta esa voz que tiene al sentir el dolor de mi cuerpo sobre el suyo. Me encanta el olor que desprende su dolor e impotencia. Adoro cuando sus ojos van perdiendo color, perdiendo las esperanzas.
Moonlight no será capaz de volver escapar de mi.
...
Aunque no quería que así fuera, el miedo empezó a correr por sus venas. No lo podía controlar, era algo que no se podía controlar con Midnight. Ella era capaz de meter miedo a cualquiera. Y eso le encantaba. Sonata sabía muy bien lo que satisfacía a Midnight, y sabía que no podría librarse de ella, no sin su desaparecido talismán, sin éste se encontraba a merced de otros seres mágicos.
De pronto, imágenes muy poco afables comenzaron a surgir en la cabeza de Sonata. Un sin fin de recuerdos se comenzaron a gestar, como si de pronto el agua comenzara a fluir en el estanque. De pronto su cabeza comenzó a hilar cosas que antes no tenían coherencia. Moonlight.
¡Moonlight, Midnight! ¡Miren lo que encontramos!
El otro día pudimos ver…
¡Todo fue tan divertido! ¡Y más cuando Adagio comenzó a bailar y todos la miraban con cara de asombro! ¡Deberíamos hacer fiestas más seguido!
¡Por fin lograron avanzar! ¡Felicidades! ¡Celestia debe estar orgullosa!
Imágenes de estaciones felices, esos pequeños recuerdos que faltaban en la cabeza de Sonata comenzaban a tomar forma en ese rompecabezas. Por fin recordaba cómo fue qué Moonlight entró en sus vidas, y ahí se dio cuenta de esa pieza que faltaba: Midnight. Cada vez que intentaba recordar algo, la imagen de la gemela se veía confusa y difusa. Era como si estuviera en negro esa imagen. Pero ahora recordaba por fin que Moonlight en un principio se conformaba por dos personas. Las hermanas.
Su corazón se llenó de extraños sentimientos, sentimientos muy cálidos. Sentimientos donde la primavera parecía nunca terminar. Risas y mucha diversión, cargada de bromas y locuras de unas jóvenes muy hiperactivas. Jóvenes a las que no les importaba nada, sólo el momento y el ahora. Y así como las flores florecen, y los prados dan sus flores, así también los árboles dejan caer sus hojas y las flores se marchitan. Los recuerdos se comenzaron a volver en momentos tristes y llenos de decepción.
La sensación que sintió en ese momento, fue muy similar a un día soleado que de pronto se oscurece y torna frío. Y como la lluvia que se lleva lo que hay en las calles, la presencia de Midnight se llevó los buenos recuerdos que alguna vez compartieron juntas. Toda esa nostalgia, y rabia contenida por varias décadas lograron traspasar los portales entre los mundos, llenando la atmósfera en un círculo vicioso lleno de vanidad y rencor. Y así como ese día perdieron lo más valioso para ellas, esa noche volverían a perder algo igual de importante que en aquél entonces.
¿Por qué nos haces esto?
¿Por qué? ¿¡POR QUÉ!?
¡No! ¡No! ¡Por favor, no se la lleven! ¡Fue mi culpa!
Midnight, por favor… vuelve…
Ahora entendía porqué habían pasado tantas cosas con Moonlight para que fuese así. Pobre tonta, ni en otro mundo podría salvarse de esa maldición. Ni aunque fue encerrada en otro mundo, pudo librarse del peso de sus pecados.
Sonata llevó su mano derecha sobre su frente, cerró los ojos, y apretó fuertemente la mandíbula. No quería llorar, pero sus ojos seguían queriendo cristalizar y dejar fluir todas esas emociones que habían sido selladas.
"Nunca creí que diría esto… por favor, cuida de Moonlight. Sunset Shimmer".
...
En la cabeza de Sunset habían tantas cosas encontradas. Recuerdos, sensaciones, emociones y mucha adrenalina. Hacía ya unas horas atrás que había acabado la cita con Moonlight, pero aún sentía ese cosquilleo recorrer por todo su cuerpo. Abrazos, besos, sonrisas y miradas contenidas, todas y cada una de ellas salieron, como vapor contenido. Le había tomado tres años saber lo importante que era Moonlight en su vida. Le había llevado ese tiempo, para reconocer que siempre quiso estar entre sus brazos, sentir esos labios sobre los suyos, y sentir como esas manos se posaban sobre ella.
El rostro se le tornó rojo, al darse cuenta hacía donde le estaban llevando sus pensamientos. Aunque ya no era una potrilla, se sentía como una adolescente enamorada, llena de hormonas y deseos de explorar más allá de los límites sociales. Recordó como casi pierde por completo el control esa tarde. Como ella misma rodeo con sus piernas el cuerpo de Moonlight, aprisionándola contra ella, y a ella misma en el deseo y el remolino de la lujuria. Nunca antes se había sentido así, tan deseosa, tan sedienta por el contacto con otra piel, con otras manos, con otros labios. Sentir como el deseo de otros ojos la consumen, sentir como su piel sensible arde al tacto ajeno. Sentir como se funde, sentir como se pierde.
"¡¿Pero qué me pasa?!"
Se levantó y comenzó a caminar hacia el baño. Se remojó la cara, quitando todo rastro de pensamientos perturbadores para ella. Aún no se sentía completamente lista para darlo todo en la relación. Sentía que aún no era momento de dar tantos pasos tan definitivos e importantes. Durante mucho tiempo sintió un gran vacío, vacío provocado por Moonlight y sus constantes secretos o motivos ocultos. Nunca quiso ahondar en el tema, pero sentía como si Moonlight escondiera muchas cosas.
Una cosa es cierta en esta vida, y es que todos guardan secretos y motivos que sólo ellos conocen. Sin embargo, también es cierto que, llegado el momento hay que dejar salir todo y dejar conocernos a nosotros mismos, para poder conectar con los demás. Sunset sentía que Moonlight era sincera con ella, pero también sentía como había una brecha imposible de bordear entre ellas dos. Era por eso que, realmente no quería involucrarse tan emocionalmente con ella, pero de alguna manera terminó haciendo lo opuesto.
Una vez que hubo refrescado sus pensamientos, y regresado a un estado más moral, se volvió otra vez a la cama, se recostó y se quedó pensando mirando fijamente el techo de su departamento.
Cuando llegó de Equestria no conocía a nadie y no tenía nada. El mundo nuevo funcionaba de distinta manera. Aunque habían similitudes, habían cosas que realmente cambiaban. De pronto Moonlight llega y se la lleva, la ayudó sin preguntar nada, alegando que era parte de sus tareas para pagar una sentencia. Al principio, Moonlight era un poco fría y seca al tratarla, era indiferente y a veces grosera. Y Sunset, por su parte, también era de armas tomar, nunca se calló, nunca se dejó humillar ni pisotear, siempre mantuvo su dignidad y orgullo en alto.
Pero con el tiempo, se comenzaron a volver más cercanas. Un evento que les cambió las perspectivas de ambas. Y ahí sintió que algo le faltaba. Algo faltaba en esos acontecimientos. Por más que intentaba recordar no podía. ¿Por qué? Había algo raro en ello, no había sido tanto tiempo atrás como para olvidarlo, pero no tenía muchas ganas de pensar en ello, sabía que con el tiempo lo recordaría, lo que realmente le estaba quitando el sueño era otra cosa. Le había llegado la repuesta de Twilight, pero con esa respuesta venía una pregunta que a ella la metía en aprietos. No era una pregunta difícil, pero sí muy vergonzosa de responder.
¿Cómo es Moonlight?
Pregunta sencilla, respuesta complicada. Porque con ello conllevaba otra pregunta fundamental escondida. ¿Qué significa para ti Moonlight? Era lo que realmente quería saber Twilight.
...
Finalmente llegaron a un lugar, donde estaba segura Moonlight que estaría lo que estaba buscando. Lo sentía. Se estacionó cerca de lugar, y se apresuraron a entrar en el local. Pronto encontraron a Sonata, que parecía estar llorando desconsoladamente. Se acercaron a ella, y escucharon que entre sollozos balbuceaba algo, pero no lograban entender bien que estaba diciendo. Moonlight la rodeo con sus brazos, y la abrazó lo más fraternal que pudo, tratando de transmitirle calidez y seguridad. No sabía que había pasado, pero sabía que no había sido algo bueno. Sonata no dejaba de llorar, y Adagio parecía estar perdiendo el control. Antes de que hiciera algún movimiento, Moonlight la detuvo, y cargando a Sonata en sus brazos la sacaron de ese lugar.
Al llegar al automóvil, Moonlight logró entender algo entre el balbuceo de Sonata. Reconoció un nombre, que quería olvidar. Midnight. Ahora sabía lo que le había pasado a Sonata. Con sumo cuidado la recostó sobre el asiento del copiloto, y mirándola con ternura le acarició su fría mejilla.
-Has sufrido mucho hoy Sonata-.
Adagio estaba parada con mirada un poco dura. Habían pasado por muchas cosas esa noche, sólo por el berrinche de Sonata. Primero la deja sin comer todo el día, y ahora le estaba robando el sueño de belleza. No estaba de humor como para tratarla con consideración. Le dolía la cabeza, y ahora empezaba a tener hambre otra vez. Cuando Sonata despertase le esperaría un gran regaño por parte de Adagio. Pero por ahora la dejaría dormir, parecía que lo que le había pasado había sido algo grande. Lo deducía al ver la mirada de preocupación de Moonlight.
"Sonata tonta".
Los ojos carmines se voltearon hacía Adagio -Esta noche, sabrás parte de las respuestas a tus preguntas-. Una frase ambigua, tan Moonlight.
Adagio sólo levantó una ceja en pose interrogativa. No había entendido del todo a qué se refería Moonlight. ¿Qué pregunta se resolvería? No lo sabría hasta que viera lo que planeaba hacer Moonlight.
Lo que presencio esa noche hubiera preferido nunca haber visto. Una sensación fría y penetrante recorrió todo su cuerpo. Sus ojos y su expresión en general estaba estupefacta. No pudo pronunciar palabra alguna, no lograba entender el por qué. Entendía el hecho pero no daba crédito a esto. Las piezas de a poco se fueron juntando, haciendo click en su mente.
"¿Qué rayos eres Moonlight? ¿Qué fue lo que hiciste?"
Pecado.
Una vez que hubo terminado Moonlight, Sonata parecía estar mucho más tranquila ahora. Su semblante ya no sufría, ya no habían más lágrimas ni moqueos, ni sollozos, ahora sólo había una cara durmiente plácidamente.
...
Después de meditarlo seriamente, Sunset sabía, o eso creía lo que sería la respuesta a Twilight. Pasó gran parte de su tiempo pensando, y volviendo a repasar sobre los acontecimientos que había vivido con Moonlight. Desde su primera conversación seria, incluso cuando Moonlight la salvo de algunos sujetos callejeros.
Había tanto que quería contarle a su ahora amiga, quería decirle tantas cosas que antes no había podido por miedo a ser juzgada. No quería ocultarle eso a Twilight, pero temía que, ella la juzgara mal. Pero parecía que a Twilight no le había afectado tanto. Aunque aprecio el gesto de la sinceridad de la princesa sobre ese tema, y su sorpresa al saber lo suyo con Moonlight. Sentía que realmente había encontrado a una amiga muy fiel en Twilight, sentía que podía contarle todo desde ahora. Twilight era tan especial como Moonlight, ambas le habían hecho ver el mundo desde otra perspectiva. Trajeron a su mundo un nuevo concepto de vida. Un nuevo motivo, y mucha, pero mucha amistad. Le llevó años a Sunset entender las palabras de su antigua mentora. Celestia.
Twilight era importante en su vida. Le había tendido la mano cuando cayó, y no sólo la ayudó a levantarse, sino también a brillar y sonreír. Le trajo a su vida la magia de la amistad, abrazando la simplicidad y la belleza de estar en compañía con otras personas. Con ella había aprendido a confiar en los demás, y dejar que le protegieran la espalda, así como ella también lo daba todo por sus amigas.
La princesa le mostró la humildad y la rectitud. Sin embargo, lo que logró Moonlight con ella fue incluso más allá. Mientras Twilight le mostró la amistad, Moonlight le mostró la perseverancia y la superación. Le mostró la fidelidad a los idealismos puros. Nunca lo había visto así, pues ella misma se consideraba con esas cualidades, pero no fue sino hasta que conoció a Moonlight, que se dio cuenta de lo banal y engreída que en verdad era. Siempre se creyó capaz de cualquier cosa, merecedora de aplausos y elogios. Pero la seriedad y serenidad de su irritante amiga, ahora novia, le había hecho ver que aún le faltaba mucho por aprender.
No fue una lección hablada. Fue una demostración. Una donde comenzó a sentir cierto interés por Moonlight, pero aún era algo muy lejano de algo romántico. Aunque el momento fue algo muy común, a ella realmente le llamó la atención.
Todo se remontaba años atrás. Sunset se encontraba trabajando tranquilamente en la tienda de instrumentos musicales, que también tenía un café/bar. Se encontraba acomodando los instrumentos, cuando se topó con esos clientes típicos que sólo causan problemas. Al principio los ignoró, pero con el paso del tiempo la comenzaron a irritar. Lo que hacía que la irritara tanto era que, uno de esos chiquillos, que calculaba debía tener unos 16 años, estaba desacomodando lo que ella acomodaba. No era que estuviese probando los instrumentos, sólo los desacomodaba para molestar. En esos momentos, Sunset maldecía la apariencia que tenía en ese momento. Por alguna razón, al cruzar por el portal se había vuelto una puberta con cara de niñita. Y era algo que le desagradaba por completo. Ella ya era una joven adulta, capaz de tomar sus propias decisiones, pero en ese mundo se encontraba encerrada en un cuerpo de pre-adolescente.
Y sin importarle un poco su apariencia se aproximó al cliente, intentando imponerse un poco -Disculpa, ¿podrías dejar de desacomodar si no estás interesado en los instrumentos?-. Una petición digna de Equestria, pero no en ese mundo. El cliente la empujó, riéndose en el acto, como si fuera algo gracioso. Aunque no era realmente gracioso, los otros acompañantes le siguieron el juego. Al parecer era el líder del grupo.
Sunset se incorporó rápidamente, roja de coraje, y con mirada amenazante se acercó al chico, olvidando por completo su gran desventaja. No poseía magia. Su estatura era baja en comparación del otro chico, que no le consideraba de amenaza.
-Discúlpate-. Exigió rápidamente Sunset, con aire de superioridad.
-¿Si no qué?-.
-Si no…-. Pero fue interrumpida, una mano le dio una bofetada, no lo vio venir, sólo sintió el contacto con una mano. El chico la había abofeteado, demostrando lo rudo que podía ser, no temía golpear a mujeres. Sí, muy rudo. Sunset intentó defenderse de inmediato, pero antes de si quiera poder hacer algo, Moonlight se puso en medio, dándole una mirada reprobatoria a ella, y una amenazante el otro chico. Pronto llegó el jefe del lugar y echó a patadas a los chicos vulgares.
Sunset se sintió muy enojada con Moonlight. Había pasado algo vergonzoso, y Moonlight la recriminaba como si ella hubiera ido a echar pleito. Pero todo eso era porque aún no conocía las reglas de su nuevo mundo. No sabía en realidad de lo que Moonlight la había salvado.
Pasaron unos días, y Sunset seguía enojada y no quería hablar con Moonlght, aunque en ese tiempo vivían en el mismo condominio. Cuando se encontraban, Sunset aparentaba no conocerla y seguía de largo, y Moonlight era del tipo que tampoco hacía gran cosa para arreglar las cosas. De no ser por las imprudencias, de una Sunset novata, nunca se hubieran vuelto a hablar. Sólo había pasado como dos semanas desde el incidente con el chiquillo abusivo, cuando se volvió a topar con él en la calle. Pero antes de si quiera poder decir algo, Moonlight volvió a entrometerse, apareciendo de quién sabe dónde. Sunset comenzaba a sospechar que Moonlight la seguía. Como era de esperar el chico intentó intimidar a ambas chicas con su cuerpo robusto, pero poco le hizo caso Moonlight, que sólo lo miraba indiferente.
Lo que siguió dejó boca abierta a Sunset. Moonlight en un movimiento rápido dejó fuera de combate al otro inútil. El chico no pudo ni siquiera ver el puñetazo propinado directo en la nariz, fue tan rápido, tan humillante y tan genial que lo dejó tirado totalmente inconsciente. Sunset intentó aproximarse a Moonlight, pero antes de que le dijera algo, la otra chica comenzó a irse, dejándola con la palabra en la boca. Desde ahí se comenzó a interesar por la callada Moonlight. Sus actos eran algo tan misterioso para ella. Siempre que la necesitaba estaba ahí, pero nunca se quedaba tanto tiempo. Sentía como si la estuviera evitando.
Sunset era del tipo de chica que le gustaba llamar la atención, y por un tiempo creyó que Moonlight era un tipo de fan, que era como esos desafortunados que intentaron acercase a ella, y que ella sólo ignoró. Moonlight era diferente. Hacía las cosas sin obtener beneficios, sólo las hacía. Era una entrometida. Una entrometida muy interesante y muy pero muy misteriosa, al grado de ser perturbador.
Sin darse cuenta, Sunset se comenzó a interesar de a poco en esa persona tan poco común. Lo sabía, no sabía en qué, pero sabía que Moonlight no era común. Había un brillo, había un aroma una luz, una especie de magia que la envolvía. Pero grande fue su frustración cuando Moonlight se mudó de apartamento. Ahora ya no podría admirarla.
Pero un día, se presentó una oportunidad. Ya era de noche, y ella era la única en el trabajo. Todos se habían marchado, lo único que estaba abierto era la parte del bar, pero era un lugar al que no le permitían ir por ser menor de edad y esas cosas. Se encontraba mirando lo último en el inventario, cuando escuchó que alguien ejecutaba de manera espléndida la guitarra eléctrica. A Sunset no le interesaba para nada la música, su único objetivo en la vida era la magia. Magia sin límites. Ser Alicornio. Gobernar, tener a sus súbditos a sus pies. Hacer que sus palabras se volvieran ordenes irrevocables. Ser adorada como Celestia. Ser vista por todos, y mostrar su poder. Y la música era algo soso para ella. Aparte de que no poseía la habilidad para ejecutarla. Sus nuevas manos le resultaban un poco difíciles de manejar, como para poder ejecutar un instrumento.
Se asomó hacía la parte del bar, y la vio ahí, en el escenario interpretando una pieza que sabía había escuchado hace tiempo. Era un sólo en guitarra, tan bien ejecutado que hasta ella lo supo apreciar. Supo apreciar la belleza en esas notas, en el sonido flotando en el aire, inundando el ambiente, llenándolo de esa luz que sólo Moonlight podía dar.
Sus ojos se posaron sobre Moonlight, asombrados y embelesados por esa luz que le profería Moonlight. Sentía que había algo simplemente hermoso en ese instrumento, o era que era por Moonlight que brillaba de esa manera. Sí, definitivamente era Moonlight la que hacía lucir la guitarra. En esa simple ejecución, vio algo similar. Vio una aura con color y textura, muy similar a la luz que emiten la magia de los unicornios. El color que creyó percibir era de un azul ultramar. Le quedaba muy bien a su nombre. Moonlight. Una luz azul que contrastaba con su pálida piel. Era como el brillo de la luna, sobre el firmamento nocturno de verano. Oscuro, pero brillante. Cálido.
A pesar de la belleza de su aura, Sunset notó también la tristeza en esos ojos. Notó algo que antes no había visto, o que ignoró. Había algo melancólico en esos obres carmines.
Cuando hubo terminado el número de Moonlight, Sunset la interceptó en la salida, donde mostró su entusiasmo por la interpretación que había presenciado, y sin saber bien cómo fue, Moonlight le ofreció enseñarle a tocar.
Y así, se forjó una amistad entre ellas. En el nuevo departamento, compartieron tantas cosas, tantas notas, tantas comidas y tantas cosas en común que ignoraba podía tener con Moonlight. Entre pláticas, y correcciones de posturas, entre frustraciones y lecciones de perseverancia Moonlight se coló en sus pensamientos, y sin pedir permiso se abrió un espacio muy especial en ese corazón de Sunset.
-¿Tienes familia?-.
-Tenía una hermana-.
-¿Qué le pasó?-.
-Murió-.
-…-. Momento incómodo. -Lo siento-.
-…-.
Sin darse cuenta, los días que pasaba a lado de Moonlight eran divertidos, y llenos de cosas que no sabía que podía hacer, como tocar una guitarra con los dedos. Con ella descubrió lo que era montar una máquina y correr a gran velocidad. Conoció nuevos miedos, vértigos, y ganó experiencia humana.
Y entre conversaciones, risas y bromas fue conociendo de apoco a Moonlight, llegando a considerarla incluso más interesante. Había tristeza en ella, pero no se dejaba vencer. Nunca la vio llorar, nunca la vio tirar la toalla, nunca se rendía ante nada. Moonlight era lo que ella creía ser, pero al conocerla se dio cuenta de lo superficial que era en verdad. Sintió pena de sí misma. Vergüenza.
Moonlight era fuerza, inteligencia y enigmátismo. Era ciencia oculta, era poesía, era… como si fuera una Princesa Alicornio.
Compartir momentos con Moonlight era muy similar a cuando estaba con Celestia. Era amable, a veces daba miedo, pero era confiable. Siempre estaba llena de pequeñas enseñanzas y reseñas. El estar con ella le hacía sentir como en casa. Sólo cuando estaba a su lado, podía sentir ese olor hogareño. Era como si el olor, y la escénica de Equestria envolviera a Moonlight. Y por muy raro que le parecía eso, agradecía que el aura de Moonlight fuera como si estuviera en casa. Lo agradable de su compañía la hacía olvidar rencores, tristezas y decepciones.
Al recordar todo eso, Sunset se dio cuenta de que en realidad ella se había enamorada ya hace tanto tiempo, pero que su terco corazón y su tonta idea de convertirse en princesa le nubló la razón, y no la dejó ver la realidad. Algo se removió dentro de las entrañas de Sunset, algo parecido a la congoja, cercano a la desesperación. Esa necesidad de volver a ver a Moonlight. Sintió miedo, miedo de que otra vez se volviera a ir y que esta vez ya no regresara. Ya se había sentido así, pero esta vez esa sensación fue más fuerte que las veces anteriores.
Y en un impulso, no propio de ella, tomó el celular y marcó el número de Moonlight. No sabía si le contestaría, y de ser así, ¿qué le diría? No lo sabía. Lo único que quería era escuchar esa voz grave de Moonlight pronunciando su nombre. Con sólo eso le bastaba, aunque no pudiese articular palabra, aunque sólo dijera incoherencias, y aunque hiciera el ridículo no le importaba. Todo lo que importaba era saciar esa necesidad de Moonlight por sus tres años de ausencia. Debía hacerse responsable por todas esas noches llenas de suspiros. Debía llenar todo ese vacío que sintió al verse perdida, y haber tomado caminos tan errados en su vida. Debía hacerse cargo por todas esas pláticas que no tuvieron, por todos esos regaños que nunca llegaron. Por todas esas llamadas que nunca recibió. Debía hacerse cargo por haberla enamorado.
-¿Diga?-.
-¿Moonlight?-.
-¿Sunset?
-Olvidé decirte algo-.
-¿Algo? ¿Qué pasó?
-…-.
Le había tomado mucho valor si quiera hacer esa llamada, y ahora se sentía arder de vergüenza, había llegado tan lejos para nada. Pero no, no se debía echar para atrás. Llegaría hasta el final, tal y como le había enseñado Moonlight.
-¿Sunset? ¿Todo está…?-.
-¡Te extraño!-.
Las palabras salieron por fin, salieron como un grito contenido. Y vaya que le había tomando bastante decir eso de manera tan sincera y espontánea. Unas palabras, una frase que se había quedado atorado, como un nudo de garganta. Dijo lo que realmente quería decir por fin lo dijo. Lo dijo de manera tan simple y limpia, que ella misma se impresionó de lo que había dicho en ese momento. De momento no hubo una respuesta, y las dudas la asaltaron, comenzó a pensar que tal vez Moonlight no se sentía de esa manera. Es decir, a penas unas horas atrás se habían visto, y se veían casi todos los días en la escuela. Comenzó a sentir más pena aún. Pensando en que había quedado como una chica posesiva y empalagosa, ¿qué pensaría Moonlight ahora de ella? ¿Se burlaría de ella?
-Yo también te extraño Sunset-.
La voz grave de Moonlight le devolvió el ánimo y la confianza en sí misma. Se sintió tan bien al escuchar esa respuesta por parte de Moonlight, que dejó que sus labios crearan una sonrisa tonta y boba, sin importarle en lo más mínimo si se veía ridícula. Esas palabras las quería escuchar, las necesitaba. Las merecía.
Esa noche, durmió ya no con la pesadumbre de saber si Moonlight la extrañaba cada que se iba. Esa noche no pensó en las miles de dudas que tenía de sí misma. Esa noche soñó, soñó como una chica enamorada. Esa noche dejó que todo fluyera. Esa noche Moonlight le dijo lo que quería escuchar.
"Te extraño Sunset"
Continará….
