BUENAS! Solo voy a decir unas pequeñas palabras... OS LO AVISE! a ver si ahora aprenden a dejarme sus RR... sino.. habrá tabla!digo... cosas feas!
Las dejo leer tranquilas! Y sepan que espero leer sus insultos.
Les dejo una recomendación musical! acuerdense de escucharlas!
Como siempre la historia es ORIGINAL MIA! y no se permite su copia total o parcial sin permiso. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer yo solo juego con ellos. Gracias a mi adorada betta Angelica!
RECOMENDACIÓN MUSICAL: Forever Young (Acapella Version) de Audra Mae and Forest Ranger.
DEJO LINK! watch?v=lQksqVL8zSw
ESCENAS DE CAPITULOS ANTERIORES:
— ¡Bella! —gritó Edward detrás de ella. En un segundo su cuerpo había caído por una grieta en el hielo.
— ¡Estoy bien! ¡Estoy a salvo! —contestó poniéndose duramente de pie. La caída había sido brutal y dolía en todos los lugares incorrectos de su maltratado cuerpo.
— ¡Estoy bien! ¡Estamos bien! —respondió arrodillándose, todavía en el borde. Emmett sabía que su mejor amigo estaba a un paso de perder el norte.
Dicen que si algo puede salir mal, hay posibilidades de que incluso salga peor. Emmett se puso de pie a duras penas en el momento exacto en el que el sonido del ambiente se volvía en un silencio espeluznante. Luego ruidos más ensordecedores que el viento comenzaron a llegar desde lo más alto en los picos nevados. Mirando hacia arriba vio como el hielo de la cumbre comenzaba a resquebrajarse. Fue inevitable no entrar en pánico.
— ¡AVALANCHA! —gritó al grupo, empezando a correr hacia la grieta.
—Está perforado, cielo —susurró no queriendo que Edward los oiga.
— ¡No!.. —lloró ella, mientras sentía como las lágrimas calientes llenaban sus ojos.
—Diles que escalen más rápido —ordenó—. Bella tiene Edema —Ella se abalanzó sobre Demetri, intentando quitarle el radio, pero no antes de que la comunicación se cortara.
— ¡No…! —susurró Edward cayendo de rodillas. Se veía tan miserable, que el corazón de Bella empezó a llorar por dentro.
— ¡No lo sabes! —se quejó, arrodillándose junto a su marido. Él se abrazó con fuerza a su cintura.
—No… no tú —lloró. Aquello le partió el alma en fragmentos minúsculos.
CAPITULO 10:
Bella encontró a Edward sentado mirando el precipicio sin aparente fin, que se encontraba en medio de la cueva. Enrollaba distraídamente el único tramo de cuerda que habían podido rescatar del desastre.
— ¿En qué piensas? —preguntó tras toser, apoyando su frente en el hombro de él. Edward la abrazó tratando de consolarlos a ambos.
—Debemos conseguirla.
—Edward…
—No voy a dejarte morir, Isabella —gruñó tomando su rostro y acunándolo entre sus manos—. Bella, no me alcanzará nunca la vida para pedirte perdón por todo.
—Ed…
—No, nena… yo realmente lo siento —tuvo que aclarar su garganta para despejarla antes de seguir hablando—. No me refiero solo ahora; me refiero a todo, Bella. Yo debería haberte apoyado, haber estado a tu lado como lo prometí. No emborrachándome por ahí.
—Yo…
—No digas nada. Solo quiero que sepas, que pase lo que pase aquí… yo todavía te amo, nena —de sus impresionantes ojos verde resbaló una lágrima solitaria. Bella la seco con un suave beso, para luego bajar y besar sus labios.
—Deberíamos conseguir la mochila —dijo Demetri interrumpiendo el momento.
—Sí, si deberíamos —gruñó Edward cabreado por la interrupción—. Voy a ir por aquella pasarela —explicó señalando una especie de puente hecho con dos bloques de hielo atorados— Y conseguiré la mochila.
— ¡No! – protestó Bella tomando su brazo. — Edward, ¡por el amor de Dios! Eso no resistirá tu peso… ¡Joder!
— ¿Qué propones? No hay forma en el infierno en que deje que la busques tú, y ambos sabemos que el muy gallina no va a hacerlo.
—Edward, yo iré.
— ¡No, no lo harás!
— ¡Por Dios, Edward! Se sensato. Hay más probabilidades de que yo pueda traerla a que lo logres tú. Aparte… yo ya estoy enferma —para remarcar el punto la tos burbujeo fuerte en su garganta.
— Bells…
— ¡No discutas!
Bella arrebató la soga de las manos de Edward e hizo un nudo para atarlo en el arnés de su cinturón. Demetri y Edward tomaron el otro extremo en caso de que ella cayera. Bella se balanceó en sus pies al borde del acantilado. Sus brazos extendidos haciendo equilibrio.
Primero pisó insegura de si aquellos bloques aguantarían incluso su peso. Por otro lado; sabía que Edward no la dejaría caer. Luego movió el segundo pie. Poco a poco, se fue manteniendo en precario equilibrio hasta llegar a la mitad del camino.
— ¡Bella, detente! —ella giró para ver que sucedía y el movimiento brusco le provocó una tos tan fuerte, que ella acabó de rodillas escupiendo sangre sobre el prístino suelo de hielo blanco.
Las piedras bajo su peso se tambalearon haciéndola gritar con voz ahogada.
—Bella, nos quedamos sin cuerda. ¡Vuelve!
Ella levantó la vista, la mochila de James no estaba a más de cinco metros de distancia. Clavada en la pared justo en un saliente. Si solo pudiera llegar hasta el…
— ¡No!
— Bella, regresa. ¡Cristo, Bella no me hagas ir a por ti!
— Edward, estoy cerca —soltando un suspiro fuerte, Bella se liberó de la soga poniéndose lentamente de pie.
— ¿Isabella, qué rayos crees que estás haciendo? —gruñó, moviéndose cada vez más cerca del borde por si tenía que saltar a por ella. Bella rogó porque eso no fuera necesario.
El sudor le perlaba la frente adhiriendo su cabello rubio y sucio a su rostro. Cuando estuvo sobre sus pies estiró los brazos manteniendo el equilibrio. El silencio era algo atronador dentro del espacio en el que se encontraban; solo los jadeos y quejidos de Emmett se hacían oír por sobre el ritmo acelerado de su corazón. Bella avanzó un par de pasos… estaba tan cerca.
Uno a uno, sus pies fueron comiendo la distancia entre el borde y la mochila que podría significar una diferencia entre la vida y la muerte para ellos. Un pequeño temblor en la plataforma de hielo en la que estaba, le hizo tomar una decisión un poco drástica. Tuvo que saltar.
— ¡BELLA! —gritó Edward a sus espaldas, al mismo tiempo que sus pies dejaban el hielo y sus brazos se adherían con fuerza a la mochila y las piedras que la rodeaban.
— Estoy bien… estoy bien — susurró más para sí misma que para el resto. Respirando con alivio, Bella descolgó la mochila del lugar donde había quedado atorada. La colgó por sobre sus hombros y se agachó en el saliente.
Para el regreso, ya no se sentía tan valiente como al principio. El jodido precipicio sin fin que había debajo de ella, estaba calando en sus huesos. Muy lentamente volvió sobre sus pasos. Uno a uno como al principio, se bajó suavemente del saliente y con la misma parsimonia se puso de manos y rodillas sobre los paneles de hielo que la unían con el grupo.
Pero entonces, un gran temblor atormentó toda la cueva; casi se sentía como si algo hubiera estallado a algunos kilómetros del lugar. Las paredes a sus costados comenzaron a desmoronarse, pedruscos de hielo cayeron sobre la pasarela y Bella se dio cuenta muy tarde que estaba lejos de alcanzar la soga. No tuvo más remedio que correr.
Gateando por el hielo lo mejor que pudo sin perder el equilibrio debido al temblor, Bella se arrastró hasta la soga justo en el mismo momento en que el movimiento se detenía y la plataforma de hielo caía al vacío.
— ¡BELLA! —Edward saltó hacia adelante, mientras ella se balanceaba con un grito agónico contra la pared de roca golpeando una y otra vez. Piedras y hielo cayendo en tropel sobre ella.
Era un milagro que se hubiera aferrado lo suficiente de la soga para mantenerse colgando. Su brazo golpeo fuertemente contra la piedra y por un momento creyó que resbalaría. Sin embargo, sus guantes estaban a punto de hacerlo. Si perdía el agarre… sería su fin.
— ¡Aguanta, nena! —Edward se arrastró por el borde—. ¡Argat! —gritó—. Sujeta mis pies. Ella tiene la jodida mochila —Tras dudarlo unos minutos, Demetri hizo lo que le pidió. El argumento de la mochila había despertado el interés del bastardo.
— ¡Dame la mano! — el brazo de su marido apareció en su limitado campo de visión.
— No puedo — lloró. El guante cada vez resbalaba unas pulgadas.
— ¡Vamos, Bella! ¡No te dejaré caer!
— ¡No puedo, Edward! ¡No puedo! — gritó. Justo cuando su guante acabó de soltarse, la mano de Edward salió disparada para aferrarse con fuerza titánica a la suya
— ¡Te tengo! Te tengo, cielo. Te tengo —susurró una y otra vez.
Con mucho esfuerzo, Edward fue capaz de izar tanto a Bella como a la mochila. La abrazó con fuerza contra su pecho, acariciando su sucio cabello fuera de su rostro. La tomó con fuerza y la besó con desenfreno. ¡Dios! amaba a aquella mujer hasta la locura.
— ¿Eso fue una explosión? — susurró tosiendo todavía en shock.
— No lo sé. A ver… déjame ver — dijo tomando la mochila.
Mientras Bella iba a llevarle otro poco de agua a Emmett, Edward empezó a sacar una por una las cosas de dentro. Yendo directo al grano, buscó en el fondo por el kit de emergencias. Las cuatro jeringas estaban ahí. Soltó un suspiro de alivio.
—Bells —murmuró dejándose caer a su lado—. Nena, dame tu brazo — lentamente la ayudo a arremangar el puño de su campera térmica. No tenía alcohol para limpiarle la piel antes; así que en su lugar, hizo que le mirara directo a los ojos. Suavemente clavó la aguja en su piel y apretó el embolo.
No les quedó más remedio que recostarse a descansar un rato. Con Emmett bien arropado entre las mantas de repuesto, Edward le tendió una a Demetri y tomó una para ellos dos. Se aseguró que Bella estuviera lo más caliente y cómoda que pudo entre sus brazos.
—Descansa un rato, nena. Lo mereces — susurró en su oído. Ella murmuró algo que no pudo entender y luego se quedó dormida.
Un fuerte temblor los hizo despertarse bruscamente. Todo se sacudió en la cueva. Pedazos de hielo volando por todo el lugar. Bella se agarró con fuerza al cuerpo de Edward y él usó sus brazos para proteger la cabeza de ella. Una tos le sobrevino haciendo que ella escupiera sangre por todo el suelo.
— ¿Qué diablos está pasando? gruñó Demetri, arrastrándose más cerca del resto del grupo.
— No lo sé. Se siente como otra explosión. Es realmente muy extraño.
Cuando el terremoto se detuvo Edward acunó el rostro de su mujer.
— ¿Bella? ¿Cómo te encuentras? —preguntó al borde de un ataque de pánico.
— Golpeada, con edema pulmonar, agua en mis pulmones y atrapada a siete mil doscientos metros de altura sobre el límite vertical —lloró con la mirada fija en la nada. Edward se estremeció hasta los huesos con su crudo comentario, así que hizo lo mejor que pudo abrazándola con fuerza.
— No digas eso, amor. No te rindas —lágrimas calientes corrieron por las mejillas de Edward. ¡Dios! estaba hecho una nena, sentía como si no pudiera parar de llorar y la realización de que su mujer estaba muriendo justo frente a sus narices estaba matándolo también.
— Estoy muriendo, Ed. No voy a lograrlo —susurró para luego volver a toser desesperadamente jadeando por aire. Al otro lado de la cueva, Emmett la imitó.
—Vamos a salir de esta. Lo prome… —ella puso una mano sobre sus labios antes de que él pudiera acabar, regalándole una sonrisa triste.
—Ed, no hagas promesas que no puedes mantener. Soy alpinista, este es uno de mis lugares felices. A todos los verdaderos alpinistas les gustaría quedarse en las montañas —ella lo besó suavemente antes de continuar —. Tú eres mi otro lugar feliz. Solo desearía que no quedes atrapado aquí también.
—Bella…
—Por favor, no. Solo… por favor.
—Te amo.
— Buenas noches, cariño —murmuró antes de quedarse dormida. Ella no le había dicho que lo amaba, pero Edward sabía que si lo hacía. Bella no quería hacerle las cosas más difíciles.
Con las lágrimas bañando su rostro, Edward la abrazó con fuerza. Bella tosió una vez más, manchando todo el frente de su campera con sangre. Él jadeó ante lo mal que se veía.
El sonido de Demetri golpeando el pico contra la pared de hielo lo despertó de golpe. No recordaba haberse quedado dormido, pero debía estar más cansado de lo que parecía. Gracias al cielo, todavía no había enfermado.
— Ed… —llamó Emmett desde donde estaba. Edward había estado tratando de evitar lo inevitable. Él tenía realmente mucho miedo de acercarse a donde estaba su mejor amigo. Sabía que en el momento en que lo hiciera tendría que despedirse de él inevitablemente.
— Emmett, no lo hagas —suplicó—. Por favor, no tú también. No me dejen solo.
— Edward, ya no hay tiempo —gimió—. Por favor, dile a Rosie que la amo —tosió—. Y a los niños. ¿Sabes? Ellos te quieren… siempre serás su tío Ed. Cuídalos por mí, cuida de Bells también… sé que la amas… no la dejes ir.
— ¡No! —Se quejó, gritando desesperado arrodillándose a su lado—. ¡No te despidas maldita sea! ¡No lo hagas!
Emmett lo tironeó de la manga y llorisqueando como un bebe Edward cayó contra él, escondiendo su rostro en el hueco de su cuello. Se sentía como un niño pequeño.
—Te quiero, hermano… siempre te querré.
Edward se aferró con fuerza al cuerpo de aquel al que consideró su hermano por tantos años. Se aferró con fuerza a su mejor amigo y no lo soltó, hasta que lentamente los brazos de Emmett perdieron fuerza. Un último jadeó se soltó de sus labios y el enrome cuerpo quedó flácido contra el suyo. Edward gritó con fuerza y frustración, amortiguando el sonido contra la campera térmica de Emmett.
Lloró contra él por un rato que pareció infinito, hasta que las lágrimas se secaron por si solas. La mano de Bella en su hombro lo distrajo. No quería levantarse, no quería tener que decirle a ella que Emmett había muerto. No podía enfrentar la culpa que le corroía el alma. Bella soltó un gemido cayendo de rodillas a su lado, contra el inerte cuerpo. Abrazó con fuerza a Emmett, dándole ánimos y susurrándole al oído. Despidiéndose. Luego saltó a los brazos de Edward. No quería dejarla ir, nunca más. Si ella se quedaba en aquellas montañas, no habría grupo de rescate que pudiera hacerle dejarla sola.
SE LOS AVISE! SOY MALA Y SADICA! APRENDAN jajajaja
No me odien que falta poquito... pero todavía puedo ser más mala...
