CAPÍTULO 010
Richard pasó la mitad del día escribiendo. Su única forma de mantener la cabeza ocupada y espantar los malos pensamientos. Cuando se le hizo inevitable pensar en ella, salió rumbo a la cafetería de Lola. Aquella mujer siempre había tenido un sexto sentido con él y, esta vez, no fue menos. Porque verlo entrar le bastó para saber que algo no marchaba del todo bien. Se acercó hasta la esquina de la barra y se sentó en uno de los taburetes.
- Un café hasta el techo. - pronunció.
- ¿Tan mal está la cosa? - se acercó.
- No está en el ranking de los diez peores momentos pero casi. - se encogió de hombros.
- ¿Has comido algo?
- No he tenido tiempo. - negó con su cabeza.
- Entonces un café y algo para ese estómago. Siempre te digo que no lo castigues tanto, pero me sirve de poco.
- Lola...
- Esa niña es tu hija... Así que Kate ha vuelto...
- ¿Cómo sabes que es de Kate? - la miró sorprendido.
- Intuición y algo de cerebro, hijo. La niña tiene ocho años. Y tú llegaste aquí hace ocho años, completamente deshecho.
- Hmmm...
- ¿Qué ha pasado?
- Como cada 10 de mayo fui al parque. Estaba ahí, junto a mi hija. Las dos. Le dejé mi dirección y mi teléfono. Durante una semana no supe nada de ella. Hasta el sábado. Tenía que ir a trabajar y apareció. Me quedé con Alexis.
- Eso es buena señal.
- Hoy ha vuelto a salir corriendo.
- Rick...
- ¿Cómo hago para que confíe, eh?
- Siendo sincero con ella. Es la única forma.
- ¿Y si no lo consigo?
- Entonces, quizá, sea hora de cerrar etapa y continuar adelante.
- La quiero, Lola. Nunca la dejé de querer. Sin ella...
- Llevas ocho años sin ella.
- Pero con la esperanza de verla aparecer. Si ahora esa esperanza se desvanece...
- Hijo, no puedes vivir así eternamente. O te embarcas en una segunda oportunidad o cierras etapa. - le dejó el café en la barra.
- Yo sé lo que quiero. Pero ella está temblando de miedo.
- Tiene sus motivos.
- Lo sé... - bufó sin poder negar la evidencia.
- ¿Qué piensas hacer?
- ¿A qué te refieres?
- ¿Piensas luchar y esperar a que te lo den todo hecho?
- Yo...
- Si quieres estar con ella, demuéstraselo. - le dejó una porción de su bizcocho favorito - Mientras tanto, come algo. Y, después, me ayudas en la barra que, en una hora, esto se llena y James está con problemas familiares.
- ¿Por qué no me has avisado antes?
- Justo había colgado el teléfono cuando entraste. - le sonrió.
- He caído del cielo.
- Es una forma de verlo. - le guiñó un ojo y se escondió en la cocina para preparar los últimos detalles.
A los pocos minutos Richard, entró a cocina. Lola le dejó claro todas las indicaciones y salió a atender a todos los clientes que iban llegando. A cinco metros de aquella cafetería, una escuela de idiomas, contaba con un gran número de estudiantes que, a las 6 en punto de la tarde, tenían su descanso merecido. Todos acudían allí, con ganas de deleitarse con las estupendas recetas de Lola y con muy poco tiempo. Así que Richard se preparó para correr de un lado para otro.
En plena vorágine de pedidos, cobros y algún que otro error en las bebidas, al buscar a uno de los clientes para indicarle que su pedido estaba en la barra, se tropezó con Kate. Se quedó de piedra. En shock. Mientras el murmullo de la gente iba en aumento. Hasta que un tirón en su pantalón le hizo volver a la realidad.
- Rick, ¿necesitas que te ayude? - Alexis le sonreía con sus paletas como protagonistas.
- Ey... - se agachó para dejarle un beso en la frente - ¿Has venido a ayudarme?
- Sí. - le indicó que quería decirle algo en el oído. Richard se volvió a agachar - He convencido a mi mami. Te voy a ayudar. - rio.
- No sé si eres una ratita o una brujita... - le tocó la nariz con cariño - Ven. - la subió a la encimera, donde la caja registradora se erguía como protagonista de cada uno de los paseos que Richard se daba hasta allí - Desde aquí vigila que nadie se vaya sin pagar. - le guiñó un ojo.
- ¡Hecho Rick! - sonrió.
Durante los siguientes cuarenta minutos, Richard se movió robóticamente. Alexis le ayudó a controlar el bote y de vez en cuando chocaban su mano cuando la propina superaba con creces la media. Kate, en una esquina, miraba atenta a ambos. Sonriendo. Pensando que, quizá, podrían llegar a ser una familia normal. Que el paso del tiempo les ayudaría a no cargar con un pasado complicado y lleno de mentiras. Lo único que había sido real era el amor que ambos habían sentido. Porque lo seguía queriendo. Porque él la seguía queriendo.
- Alexis, cariño, no me había enterado que estabas aquí. - salió Lola de la cocina - Rick siempre tiene la cabeza llena de pájaros y no me avisa de nada.
- ¡Hola Lola! - Alexis le planto un beso.
- ¿Cómo has llegado hasta aquí?
- He convencido a mi madre. - la señaló con uno de sus deditos. Lola, sonrió a Kate y recibió la misma ternura por parte de ella.
- Me gusta tu mami. - le susurró.
- A Rick también le gusta... - le contó a modo de confidencia.
- ¿En serio?
- Hmmm... ¿Has visto cómo se miran?
- Así que entiendes de miradas, ¡eh! - sonrió Lola.
- Yo creo que no saben cómo decirse que se quieren.
- Vaya...
- ¿Te cuento un secreto?
- Soy toda oídos.
- Él es mi papi. - dijo convencida.
- Pequeña, ¿cómo lo sabes? - le preguntó sorprendida.
- Mira mi ojo, mira el suyo. Mi mami me dijo una vez que esa pequeña lágrima verde era un regalo de mi papi. Y él, tiene lo mismo. Sé que es él. - dijo contenta.
- ¿Y te gusta?
- ¡Mucho! ¿Me vas a ayudar?
- ¿A qué cariño?
- ¡A juntarlos!
- ¿Es lo que quieres?
- Ellos se quieren. Míralos ahora... - indicó a Lola hacia su padre y su madre que estaban intercambiando miradas y tímidas sonrisas - Tengo razón.
- Sí, cariño. Te voy a ayudar. - sentenció Lola.
