DISCLAIMER: THE PRINCE OF TENNIS no me pertenece.
Todos los personajes aquí mencionados son propiedad de sus respectivos autores y fueron usados bajo los estatutos de libertad de prensa y expresión. La secuencia de la historia pertenece a Ana Cristina García Toledo (MiekoSakuraChan) y esta registrada bajo los derechos de autores ante el notario público de la entidad federativa de la autora.
ADVERTENCIA: Este capitulo contiene escenas muy subiditas de tono y un LEMON demasiado fuerte. Hago la aclaración para aquellas personas a las que el LEMON no les guste.
En cuanto vean esta señal -¡¡!!¿?!!¡¡- deberán saltarse las siguientes dos escenas o las que sean necesarias para evitar el LEMON.
Y (¡!¡!) indica escena muy subidita de tono.
Sin más me despido y los dejo con este capitulo.
Capitulo 8: La Verdadera Intención.
La sopa de algas había estado deliciosa pero... el plato fuerte era lo mejor.
El wasabi parecía comprado en una autentica tienda japonesa.
Definitivamente Ryoma había hecho una buena elección al llevarla a comer ahí.
-Todo esta delicioso.- comentó Sakuno.- Dime Ryoma, ¿conoces a los dueños?
-Sí.
-¿Pue...?- de pronto Sakuno recordó que ya no tenía doce años, y que ahora debía de preguntar directamente lo que deseaba saber.- ¿De donde los conoces?
-Mmm... ¿de Seattle?
-Eso es más que obvio, pero... ¿Cómo los conociste?
-Porque su hijo casi me atropella.
-¿¡Eh!?- exclamó Sakuno de manera demasiado alborotadora.- ¿Cómo fue eso?
-El conducía, yo cruzaba la calle con el semáforo en rojo; su culpa. Por no demandarlo me gane tres meses de comida gratis.
-Valla, que manera... dime Ryoma, ¿Qué harás hoy en la noche?
Ryoma era tan guapo... que en ocasiones se le hacía difícil creer que de verdad estuviera saliendo con él. Cuando tan solo tenía doce años, siempre había fantaseado con una cita a la luz de la luna, con velas y comida francesa... pero ahora se daba cuenta de que todo aquello no era más que... salido de un manga shôjo, puesto que la realidad con Ryoma era otra.
-Creo que... llamadas.
-¿Llamadas? ¿el grandioso Ryoma Echizen se pasará la noche haciendo labores de oficina? ¡Que aburrido! Tú siempre tan sobrio...
-¿Te parezco aburrido, Sakuno? Porque... eso no fue lo que me dijiste ayer.
-Así es... porque tú nunca vas a los extremos.
-¿Quieres extremos? Entonces pasó mañana por ti a tu departamento.
-¿A que hora?- preguntó Sakuno casi sin poder contener su sonrisa triunfal.
-A las...
Sakuno observó como Ryoma se acercaba lentamente hacía ella, y casi sin darse cuenta sintió sus labios sobre los de ella.
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Los besos con Sakuno encendían su deseo, pero no lo satisfacían, Abrió los labios de ella y comenzó a introducir su lengua en su boca. Quería tomarla allí mismo, quería estar dentro de ella, quería recorrer su cuerpo centímetro a centímetro...
Abrazó a Sakuno sin ser conciente de ello y mucho menos del lugar en el que estaban, y comenzó a bajar sus manos...
-Ryoma...
Sus senos eran perfectos, redondos y a la medida... cabían perfectamente en sus manos...
Sus caderas eran anchas y redondeadas, eran perfectas, al igual que sus labios, carnosos y llenos de deseos...
-Ryoma, lamento detenerte pero... ¡Estas alarmando a mis clientes!
De pronto sintió un golpe en la cabeza y fue cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba de Sakuno y... ¡de en donde estaban sus manos!
No había podido aguantarse, esa era su excusa, y si tenía que ir a la cárcel por ello, entonces que comenzara a llegar los policías porque él... quería seguir besándola, quería tocarla, quería hacerla suya...
-Mada mada dane...
Miró a Sakuno y se dio cuenta de que ella tenía la respiración entrecortada, lo cuál era muy favorable, tal vez, sólo tal vez... podría hacerle el amor en el auto, aunque fuera incomodo...
¡No Echizen, no! ¡Nunca le harás el amor a una mujer en el auto por más... que lo desees, y mucho menos si esa mujer es Sakuno!
Bajó la vista hacía la cremallera de su pantalón de la manera más discreta y se dio cuenta de que... había actuado como un adolescente. Aquello iba a costarle hacerse el tonto con la comida por otros minutos más...
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Cuando salieron del restaurante, Sakuno había esperado un poco de amabilidad de Ryoma, pero él había vuelto a su frialdad habitual y ni si quisiera le había abierto la puerta del convertible. De saber que aquello sería así...
Bueno, lo cierto era que lo sabía pero... ¡Estaba tan enfadada! ¡Quería que por lo menos su ex-amado príncipe le abriera la puerta!
Así que decidió quedarse parada a esperar hasta que sucediera y...
-¿Sakuno? ¿Qué esperas? Súbete.- le dijo Ryoma.
-No me subiré hasta que no me abras la puerta, ¿Por qué sabes? Eso lo hacen todos los caballeros. ¡Genial! ¡Aparte de aburrido te falta caballerosidad!
Ladeó la cabeza en señal de enfado y de inmediato escuchó que una puerta se abría y se cerraba. Era Ryoma, quién había bajado del auto y enseguida había abierto la puerta del copiloto.
-Súbete, anda.- le dijo Ryoma con tono seco.- ¿Sakuno?
Aquello era... ¡No lo podía creer! ¡Ryoma Echizen le estaba abriendo la puerta! Debía... debía... ¡Dios! ¡Ryoma era tan sexy cuando abría la puerta del coche!
¡Sentía ganas de besarlo!
Y así lo hizo...
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La casa, pensó Nanjirou, daba la impresión de estar vacía. Todas las habitaciones, salvo la suya y la de Nanako estaban desocupadas. El olor a violetas inundaba todas las habitaciones, y con ese aroma por doquier, no podía evitar recordar a Sumire-san, su entrenadora.
Después de que Hatsuharu Ryusaki, el padre de la ya no tan pequeña Sakuno, le entregara la carta que Sumire-san había dejado para él, no había podido dejar de darle vueltas a aquél asunto.
Sabía que Ryoma llegaba a ser tonto en ocasiones, pero jamás que su desinterés llegara a tanto. ¿Cómo era posible que su hijo hubiese hecho aquello?
Pero siendo sinceros, eso era lo que menos le preocupada; lo realmente alarmante había sido la manera en que Ryoma había abandonado el torneo de tennis durante aquella época. ¿Creería Ryoma que así había pagado su falta?
¡Tonto hijo suyo!
Ryoga había tenido razón; y no era que fuera mal hermano, ni nada por el estilo, pero él bien se lo había advertido: "Si dejas que Ryoma siga llevando esa vida, terminara valiéndole los sentimientos de los demás".
Aquella carta aún hacía eco en su cabeza...
Nanjirou; se que cuando leas esto, yo ya no estaré ahí para ayudar a mi nieta y al tonto de tu hijo.
Hay tantas cosas de las que debiste darte cuenta con la actitud de Ryoma, pero eres demasiado torpe para contar tres dedos teniéndolos enfrente.
Es un lástima que a pesar de todo, Ryoma haya abandonado aquél torneo. Tengo entendido que muy pronto habrá un torneo de profesionales en Japón...
Para ser sincera, lo se por muy buenas fuentes.
Syusuke se ha portado tan bien con mi nieta, que inclusive da miedo. ¿Por qué un hombre que ha tenido a una mujer cerca durante más de diez años se da cuenta de que es la mujer de su vida mucho después? Eso si es para temerse.
El caso es que Syusuke no es la persona que dice ser... Mi nieta lo quiere mucho, pero... el golf no la acelera como lo hace el tenis...
Se que debes estar burlándote por todas las faltas ortográficas en la carta o por la manera en que esta escrita, ¿pero que puede hacer una anciana en un hospital?
No dejes que...
¿Por qué incluso no estando seguía dándole problemas? Suficientes tenía al ayudar a Ryoma con sus negocios
Entre Ryoma y Sakuno-san, pero... ¿Acaso Ryoma no era ya un hombre? Si el de verdad amaba a aquella chica, entonces él no tenía nada que hacer; pero si por otro lado Sakuno-san seguía adelante con sus planes de boda con Syusuke-san, entonces... ya no habría nada que hacer, y Ryoma tendría que reconocer lo tonto que había sido.
-Ah, Sumire, creo que estos jóvenes son demasiado tontos, creen que un deporte suplanta el amor... No saben aprovechar el tiempo.
-¡Tío, ya estoy en casa!
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Cuando llegaron al edificio en donde Sakuno vivía, Ryoma había decidido no besarla, porque cada vez que lo hacía... su deseo se encendía y sabía que sería muy difícil pararlo.
-Gracias por la comida, ¿gustas subir a tomar algo?- le preguntó Sakuno cuando hubieron bajado del auto.
-Sólo si es brandy- respondió Ryoma, rogando al cielo porque Sakuno no tuviera brandy.
-¿Brandy? Creo que tengo algo de eso...
Subieron al departamento, y Sakuno le ofreció una copa de brandy.
-Aquí tienes.
-Gracias.
Bebió de la copa que Sakuno acababa de darle y después de sentó en uno de los sofás.
Era cierto que aún tenía deseos de hacerle el amor a Sakuno, pero todavía tenía un problema: Ella era la prometida de Syusuke Fuji
-¿Ryoma? ¿Pasa algo? ¿Estas bien? Te notó un poco... pálido.
-Si, estoy bien- mintió.
(¡!¡!)
No, no estaba para nada bien. Quería besar a Sakuno, quería hacerla suya de nuevo, quería desnudarla, quería besar cada centímetro de su piel, quería... ¡Quería hacerla suya! ¡Quería estar dentro de ella!
¡Maldición! Era la segunda vez en el día en que pensaba en ello. ¿O tal vez la tercera? Lo cierto era que ya había perdido la cuenta y...
-Ryoma... bésame.
¿Qué la besara? ¿Acaso ella no se daba cuenta de que estaba a punto de explotar? En contra de cualquier creencia popular, Ryoma Echizen era un ser humano. A pesar de lo que opinaba la mayoría de las personas, en el pecho, le latía un corazón y por sus venas fluía sangre. Y, en ese preciso momento, su corazón latía aceleradamente, bombeando sangre a todos los puntos de su cuerpo. Y sobre todo a una parte en concreto. Y no precisamente a su cerebro.
¡Pero era un hombre con necesidades carnales!
Ryoma apretó la mano contra su nuca y la atrajo hacia sí, inclinándose hacia delante. Pero tuvo la suficiente sensatez como para permanecer sentado, sabiendo que, si la tocaba, si se levantaba y la tomaba en sus brazos y apretaba su delicioso cuerpo contra el suyo, acabaría rompiendo todas las normas en vez de saltárselas solo un poco. Y eso era lo que iba a hacer, se dijo.
Ryoma ya tenía los labios abiertos cuando rozó los de Sakuno, ansioso por saborear su boca a placer. Su lengua ávida trazó delicadamente la juntura de los labios de Sakuno hasta que esta abrió la boca.
Entonces, Ryoma ladeó la cabeza para variar el ángulo del beso, y usó la mano que tenía sobre su nuca para cambiar la posición de Sakuno, al tiempo que deslizaba la lengua entre sus labios. Con los dedos le acariciaba la nuca, ejerciendo una ligera presión para mantenerla exactamente en la posición que quería.
Su pulgar dibujó los delicados pliegues de su oreja, y luego se movió un poco hacía abajo, acariciando lentamente el borde de su mandíbula, mientras saboreaba su boca abierta.
- Sakuno, eres tan deliciosa...
La postura le resultaba incómoda. Ambos estaban inclinados sobre el borde del sofá, estirados el uno hacia el otro. Sakuno dejó escapar un suave murmullo de impaciencia y deseo. Se acercó más y alzó una mano, agarrándolo por la muñeca para anclarse más firmemente a él. Ryoma se alzó un poco sobre el sofá, deseando acercarse, deseando tomarla en sus brazos y besarla de verdad. Se moría de ganas de sentir sus senos apretados contra su pecho, de apretar sus caderas contra pelvis de Sakuno...
Al sentir que el borde del sofá le rozaba las corvas, se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer. Le dieron ganas de ignorar el grito de advertencia de su cerebro y de responder, en su lugar, al clamor más apremiante de su entrepierna.
Sin darse cuenta, sus manos se deslizaron por debajo de la blusa de Sakuno, y le desabrochó el sujetador, para comenzar a acariciarle los senos. Sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, Ryoma comenzó a acariciarle los pezones con los pulgares y volvió a escuchar un gemido de placer.
¿Había sido él, o Sakuno? Realmente no importaba, la deseaba.
- Ryoma...
Ryoma abandonó toda intención de obrar con suavidad. Le levantó la blusa y se deshizo de ella. Terminó de quitarle el sujetador y estaba comenzando con los pantalones, cuando se dio cuenta de que Sakuno estaba desnuda de caderas para arriba, sólo para él. Volvió a besarla con ardiente deseo.
Sakuno jadeaba. Ryoma le sujetó los brazos a la espalda con una mano y estudió su cuerpo mientras con sus besos recorría los senos de Sakuno.
Cuando pasó la lengua por las puntas de los pezones, Sakuno tenía los senos henchidos y las punzadas de placer se concentraban en su entrepierna, entre los pliegues, en un lugar ya no tan oculto para Ryoma.
Demasiado. Pensó Ryoma, le estaba costando trabajo contenerse.
¡No! ¡No podía! ¡Por más que lo deseara, no iba a...!
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¿Por qué Ryoma tardaba tanto en contestar su celular? ¿Acaso estaría ocupado con la prometida a la fuga? Volvió a marcarle a Ryoma, y cuando escuchó la voz de este sintió alegría.
-Habla Echizen.
-¿Ryoma? Soy Costello, ¡felicitaciones! Acabas de adquirir a un buen precio las acciones del grupo StePhen, y con esto logras volver a la jugada con Heiderich.
-¿A que precio?
-Veinte millones de dólares...
-¿Qué porcentaje?
-Treinta por ciento.
-¿Bajo mi nombre?
-Desde luego. Debo decir que... un grupo de incursiona en la bolsa estaba a punto de comprarlas, pero al final terminaron con la compra de otra empresa...
-¿Qué grupo? ¿El grupo...?- repentinamente Ryoma bajó la voz de sobremanera.
-No te escucho Ryoma, ¿estas con alguien? Mejor te marcó más tarde para darte los detalles. Pero por lo mientas puedes brindar...
Cortó la comunicación y observó todo el papeleo que tenía encima. Sin duda alguna Syusuke había hecho una buena elección al dejar el grupo StePhen a Echizen. Así nadie podría sospechar de él, o al menos... por un buen tiempo.
Pero a pesar de eso, aún tenía dudas... ¿Qué diablos hacía Ryoko Takamachi en Seattle? ¿Qué no se suponía que estaba trabajando para...?
¡Maldición...! ¡Ryoko trabajaba para Tezuka y... Tezuka era el... ancla de Ryoma!
Si Ryoko llegaba a descubrir quién era él realmente entonces se vería en serios problemas...
Sacó su otro celular del tercer cajón de su escritorio y marcó a la persona más interesada en todo ese asunto.
-¿Pasa algo, Costello?
-Lamento decirte, querido primo, que Tezuka no se quedado de brazos cruzados como pensabas...
-Lo sé, y por eso tú querido hermano ha entrado en la jugada.
-¿Eyes? ¿Eyes ha aceptado trabajar para ti?
-Sí.
-¡Valla, eso si que es una sorpresa, Syusuke!
-Sabía muy bien que Tezuka no se quedaría de brazos cruzados, y ahí es cuando Eyes entra en la jugada. No te preocupes, con esta nueva adquisición de Ryoma, yo estoy fuera de sospecha, o al menos por un buen tiempo, sólo espero que las próximas acciones favorables también sean de Echizen.
-¿No crees que... esa sería demasiada buena suerte?
-Mejor que tenga suerte a sospecha alguna sobre mí. ¿Algo más?
-No, pero te interesaría saber que... nada, olvídalo.- dijo Tag a punto de confesarle lo de Ryoma y Sakuno, pero decidió que ese no era el momento.
-Taegan, creo que... iré a Seattle la próxima semana. Adiós.
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Ryoma Echizen subió a su deportivo y lo puso en marcha. Lo que había estado a punto de suceder habría sido un error... ¡Pero que error!
Había sido una suerte que su celular no hubiera parado de vibrar.
Ahora que sabía que había adquirido gran parte del grupo StePhen, lo que le apetecía era celebrar. Así que sin vacilar un solo instante, tomó la autopista que lo llevaría al club de tennis.
-¿Sería el Grupo Fuji el que había tratado de adquirir esas acciones? Si no habían sido ellos entonces Syusuke no tiene nada que ver con mis problemas financieros.
Sonrió satisfecho y después comenzó a reflexionar. Tal vez Syusuke desde un principio no había tenido nada que ver con él, o al menos en el aspecto de los negocios.
En un principio, había pensado que Syusuke se estaba vengando de él por la forma en que había tratado a Sakuno aquella noche, pero no creía que...
Tal vez... Sakuno no fuera el punto crucial en sus planes, tal vez... buscaba la revancha.
-Vamos, Echizen, debes tranquilizarte. El genio de los negocios no te perseguiría hasta el fin del mundo sólo para vengarse; él debe tener negocios que atender...
Siguió conduciendo un tramo más, y cuando hubo llegado al estacionamiento del club y bajó del auto, se dio cuenta de que estaba comenzando a nevar. Era algo seguro que todas las prácticas se suspenderían. ¡Maldición! así como estaban las cosas no podía permitirse el que los miembros se fueran.
Tenía que pensar en algo... pero era Kevin quién se encargaba de eso.
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Debo tranquilizarme. Syusuke sabe lo que hace. La adquisición de Movil System fue correcta, pero... ¿Por qué yo no he obtenido grandes ganancias de todo esto?
Atobe Keigo volvió a leer el periódico que tenía frente a él, y decidió hacer una llamada.
-Smith al habla.
-Smith. Soy Keigo, ¿Cómo van las cosas con Movil System?
-¿Movil System? Me temo que... he vendido las acciones, he decidido invertir mi capital en la empresa de un amigo.
-¿Qué dices? ¿A quién vendiste Movil System?
-A un japonés, creo que... se apellida Fuji.
-¿A Syusuke Fuji?
-No, creo que es... Yuuta, Yuuta Fuji.
Sin siquiera despedirse, terminó la comunicación y marcó a Syusuke, sin duda alguna el debería saber eso. Syusuke no daba un paso en falso, y ahora que Yuuta había adquirido Movil System... entonces, las cosas comenzarían a mejorar.
Pero aún había algo que le preocupaba, y era la intervención de Tezuka en todo aquello. No tenía miedo, eso era algo seguro, pero... ¿Qué pasaría si Tezuka descubría toda la verdad y mandaba un informe a la BND? ¿Terminarían las empresas Keigo en un escándalo?
Tenía que proteger la reputación y honor de su familia, y mientras estuviera de acuerdo con Syusuke Fuji, eso sería algo de mucho cuidado...
-Maldición Syusuke... me has metido en grandes problemas.
-No lo creo. ¿Has verificado la cotización de tus acciones en la bolsa? Creo que deberías encender el ordenador y verlo por ti mismo. Hay que darle tiempo al dinero, y no al tiempo como suele decirse.
-Tu hermano ha adquirido Movil System, ¿sabias que esto pasaría?
-Podríamos decir que mis aciertos o sospechas acerca de las casualidades son muy buenos.- respondió Syusuke burlón.- Pero su adquisición ha sido muy buena, ¿no crees?
-Desde luego.
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Sakuno estaba de pie en su habitación, sintiendo escalofríos, e intentando convencerse de que no había actuado como lo había hecho.
¿Qué la había impulsado? ¿El deseo que sentía al estar con él? ¿La desesperación? ¿Un acceso de locura repentino?
No, no, por favor, no. En lugar de contentarse con crear una situación terrible con Ryoma, acababa de poner en marcha un segundo desastre.
Sin darse cuenta, recordó a Atobe.
Atobe... ¿Qué estaría haciendo él? De seguro estaría en la cama con una de sus tantas fans. Durante el tiempo que había convivido con él, se dio cuenta de que él en el fondo, se ponía esa mascara de superficialidad para no caer en el enamoramiento equivocado. Atobe era una persona que cargaba con demasiadas responsabilidades al ser hijo único y... desde luego no podía fiarse de una mujer tan fácilmente, porque no sabía si estaba interesada en él o en su cuenta bancaria.
-Flash Back-
Mientras se relajaba en el suntuoso sillón de cuero de la parte del copiloto del Jaguar de Atobe, escuchando el romántico concierto de violín que emitían los altavoces del coche, Sakuno comprendió que no era solamente el dinero lo que confundía la mente de las personas. Al menos, todo lo que lo acompañaba cuando se trataba de Atobe Keigo.
Habían cenado en el mejor restaurante de todo Japón, y para ello habían tomado el jet privado de la familia Keigo.
La cena había estado magnifica, la música, todo; o al menos hasta que Atobe le había pedido matrimonio...
- Sakuno... se que es muy apresurado. Pero... tu has logrado llegarme hasta lo más profundo de mi ser. Eres la mujer que llevo buscando durante tantos años. No te ha importado mi dinero, te he importado yo. Por eso...- Atobe sacó un estuche forrado en terciopelo del bolsillo de su saco y se lo tendió a Sakuno.- Quiero pedirte...- Atobe abrió el estuche y en el, había un maravilloso anillo de diamantes... azules. No era oro común, era oro blanco.- Que seas mi esposa.
Sakuno no había podido aguantar su sorpresa, pero aún así, no había agarrado el anillo.
- Lo siento mucho, Atobe. Me la paso bien contigo, pero... no te amo tanto como para casarme contigo. Te quiero, sí, pero... no te amo.
Atobe solo había cerrado el estuche y lo había vuelto a meter en su saco. Pidió la cuenta y salieron del restaurante.
Y ahora... después de viajar veinte minutos en el jet de Atobe, el conducía para llevarla a casa, sin siquiera decir nada...
- Hemos llegado, Sakuno.
- Gracias, Atobe. Lamento que...
- No te preocupes... Creo que con esta noche, hemos terminado la relación.
-Sí, será lo mejor...
-Fin de Flash Back-
Al recordar aquello no pudo evitar sentir melancolía. Después de todo había sido Atobe quién había terminado la relación, y no ella, como creían todos los ex-miembros del Seigaku.
Pero... ¡No era momento para ponerse triste! Debía estar feliz... ¡Ryoma la deseaba!
Se fijo en la hora que marcaba el reloj, y sea dio cuenta de que solo faltaban veinte minutos para que regresara al trabajo... ¿pero como? Se había dejado el auto en el estacionamiento de su trabajo y... no había nadie para llevarla. ¡Maldición! Tendría que pagar un taxi.
Se cambio de ropa y al salir de su departamento escuchó que el teléfono comenzaba a sonar...
¡Ya era tarde! Era mejor que dejaran su mensaje...
Salió de su departamento cerrando la puerta detrás de sí.
Hablas a casa de Sakuno Ryusaki, en estos momentos me es imposible contestar... deja tu mensaje y luego yo me comunicare contigo.
¿Saku? Soy Syusuke y... no, nada, olvídalo. Hablamos después; estoy seguro de que debes tener mucho trabajo...
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-... trabajo, y no quiero molestarte.
Colgó el teléfono y volvió la vista hacía todo el papeleo que tenía en su escritorio. Algo andaba mal. Y lo irritaba el saber que podía ser pero... no poder hacer nada al respecto.
¿Debería decirle a Sakuno que viajaría a Seattle la próxima semana, o si no antes? No, tenía que ser una sorpresa. Quería ver... su reacción.
Era cierto que en un principio había confiado en que Sakuno no se viera con Ryoma, y gracias a eso, se había confiado para preparar el terreno, pero ahora que... esos dos salían, sus planes tenían que apresurarse, tenía que viajar a Seattle. Algo estaba pasando y aunque sabía que era, no podía bajar la guardia.
Tenía que volver a sacar cuentas. Tenía que apresurarse antes de que Tezuka volviera a recibir informes. Le preocupaba que Sumire-san le hubiera dicho a Tezuka la verdad. Aunque... si la sabía, el que quedaría como el malo de la película sería Ryoma, y no él. Pero aún así, necesitaba saber quienes eran todos los involucrados, y hasta ese momento, sólo había nueve:
Tezuka. Sadaharu. Momoshiro. Eyes Rutherford. Taegan Costello. Ryoko. Atobe. Y desde luego Ryoma y él.
A pesar de saber con quienes debía cuidarse. No podía evitar pensar en que siempre había alguien espiándolo. Alguien que estaba al pendiente de todos sus movimientos. Al principio había pensando que tal vez Sakuno, pero ella era demasiado... ingenua para hacer algo se ese calibre. Y sin duda alguna había descubierto a ese alguien.
Tomó su abrigo del perchero y salió de su oficina. Necesitaba ver a alguien. Salió de las oficinas de lo que antes era Sistemas Devlin, para pasar a ser Sistemas Fuji, fue al estacionamiento y subió a su auto.
Por lo menos había dejado de nevar. Y a pesar de ser las cinco de la mañana, no había podido esperar otras tres horas para ver a esa persona.
Después de haber dormido en su oficina, nada le apetecía más que una taza de chocolate caliente, y estaba seguro de que esa persona se lo prepararía sin chistar, pero... ¿estaría haciendo mal? Por supuesto que no. Después de todo... nadie más se enteraría.
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Kevin Smith acababa de colgar el teléfono cuando había llegado su amigo Ryoma. Definitivamente el estado climático lo había hecho enfadar. ¿Sería por que gracias a la nieve las prácticas se suspenderían?
-¿Te pasa algo, Ryoma?- preguntó Kevin, sabiendo de antemano la respuesta.
-Sí, y no puedo creer que no hagas nada para impedir que los miembros se vallan a gastar su dinero en el centro comercial en lugar de nuestro club.- respondió Ryoma.
-Ah, es eso. No te preocupes, he arreglado unas transferencias al mejor gimnasio de todo Seattle, así como un crucero en el Grand Smith. Ninguno de los miembros ha dejado de pagar la cuota, y no lo harán...
-¿Sólo han aceptado por el crucero? O... ¿Hay algo más?
-Pues... creo que ver a Ryoma Echizen repartiendo regalos ha influido un poco en su decisión...
-¿Qué has dicho, Kevin?- Ryoma procuró no alzar la voz pero no pudo evitarlo.- Ryoma Echizen no reparte regalos...
-Pues creo que sería bueno que lo hicieras, puesto que has echado a perder el trabajo de Esteban.
-¿A que te refieres?- preguntó Ryoma, ciertamente consternado.
-A Fernand Cresiur, ahora le teme a preguntar sus dudas. ¿En que pensabas cuando le dijiste que la pelota solo lo golpearía si él no le daba con la raqueta?
-Pensaba en... que no tengo paciencia para eso. Se supone que el que estudió psicología es Esteban, no yo.- dijo Ryoma mientras buscaba su bolso de deporte.- Además, sólo dije lo cierto. Si le daba a la pelota con la raqueta, no tendría que tener una bolsa de hielo en la cabeza.
-Pero nunca debiste hablarle como lo hiciste. Su padre ha estado aquí a la hora de comer. Y quería hablar contigo, pero creo que estabas muy ocupado, puesto que en tu oficina no estabas y tú celular fuera de servicio u ocupado. ¡Vamos, Ryoma! Civilízate un poco.- lo reprendió Kevin.- El señor Cresiur amenazó con demandarte si este sucedo repercutía en su hijo. ¿Sabes que tuve que hacer?
-No.
-Le he dicho al señor Cresiur, que le contestaste de esa manera a su hijo porque así es como haz logrado que los jóvenes que llegan sin saber nada del tennis se conviertan en proezas.
-¿Ha sido el niño, él que se ha quejado?
-Pues... supongo.
-Que raro...
Ryoma recordó el suceso y no pudo evitar pensar que no había sido Fernand quién se había quejado.
-Flash Back-
¡Plot! ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!
-¡Comencemos! Cresiur, primero tú.
-Señor Echizen... ¿l la pelo... lo... pelota me golpea...golpeara?
-Sólo si no le das con la raqueta. Así que ten mucho cuidado.
-¿La pelot... pelota va a... golpe...pearme?
-Sólo si...
Ryoma no terminó de hablar porque el niño había comenzado a llorar y enseguida había lanzado la raqueta al viento provocando que los de la cancha de al lado fijaran su atención en la escena.
-Aún te falta mucho.- le había dicho Ryoma al niño, y este lo observó un momento.- deberías... ser más fuerte.- Ryoma salió de la cancha y al instante el llanto del niño había aumentado.
Instantes después Ryoma volvió con una Ponta en la mano y se la entregó al niño.
-Toma, esto es rico.
-Gra... gracias.- el niño tomó la soda y enseguida había sonreído.- creo que... podré darle a la pelota.- el niño abrazó a Ryoma.
Al ver como el niño bebía la Ponta, Ryoma no pudo evitar recordar a Sakuno...
Hacía más de quince años que ella había salido corriendo con las lágrimas en el rostro. Tras el breve recuerdo, no había podido evitar sonreír.
-Fin de Flash Back-
-No creo que haya sido Fernand, más bien... su hermana, pero creo que eso no tendrá mucho problema.
-¿Qué? Ryoma, ten un poco de conciencia humana. En fin, le he dicho al señor Cresiur que en navidad darás regalos a todos los niños del club y...
-Es mejor que le vallas hablando para decirle que no lo haré...
-Ryoma...- dijo Kevin tratando de contener su enfado- yo me encargaré de la compra de los regalos, tu sólo te sentaras y darás obsequios a los niños que lleguen.
-¿Crees que el gastar en regalos, tendrá un buen efecto en la economía del club?
-Ese es otro detalle. Los padres pagaran una cuota de cincuenta dólares para el acceso de sus hijos el día de navidad; lo cual cubre el regalo y un almuerzo en compañía de Ryoma Echizen...
-¿Cuántos niños son?- preguntó Ryoma con una media sonrisa en el rostro.
-Del club son unos cincuenta, los hijos de los miembros del club deben ser como... treinta, y las personas que han llamado del exterior para inscribir a sus hijos son unas... cuarenta y cinco, creo.
-Kevin... ¿Dejaras que gente extraña entre al club pagando cincuenta dólares?
-Por supuesto que no, Ryoma; las del exterior o extraños, como tú los llamas, pagaran ochenta dólares.
-Solo me sentare y observare.
-Esta bien, viniendo de ti eso mucho más de lo que se puede llegar a desear...
Ryoma hizo unas cuantas cuentas mentales, y supo que aquello debería ser un golpe de magnifica buena suerte, aunque también era un poco sospechoso; ya tendría que hablar con Costello para preguntar lo del grupo que había tratado de apoderarse de las acciones...
Si el grupo había sido el Fuji entonces... tendría que andarse con cuidado.
Syusuke Fuji podría llegar a ser peligroso.
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¿Por qué todo el personal femenino de la revista la miraba de esa forma? ¿Era acaso porque Ryoma había ido por ella para salir a comer? Si era por eso, entonces que miraran todo lo que quisieran, porque estaba dispuesta a soportar eso y mucho más.
-Sakuno...- dijo Rebecca, con voz tímida.- ¿Has ido a comer con Ryoma Echizen?
-Ummm... sí.- respondió Sakuno, tratando de disimular la sonrisa que tenía en el rostro.- ¿Por qué?- preguntó Sakuno.
-Porque... ¡Felicidades!- Rebecca la abrazó y después se pudo a saltar alrededor de Sakuno.- Es fantástico. Sakuno Ryusaki y Ryoma Echizen. Ya puedo leer los encabezados de las...
-Sssh... Rebecca, guarda silencio.- indicó Sakuno- te juro que esta noche...
Sakuno calló repentinamente al recordar que saldría a cenar con Ryoma. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué se pondría? ¿Continuarían con lo que habían dejado pendiente?
-¿...Esta noche qué, Sakuno?-inquirió Rebecca.- ¿me contaras los detalles?
-Esta noche... saldré con el, de nuevo- respondió Sakuno, esperando que Rebecca no armara otro embrollo.
-... Wow, es... maravilloso, supongo que estar con Ryoma Echizen debe de ser...
Sakuno ya no supo si las palabras de Rebecca eran buenas o eran malas, puesto que mejor se puso a pensar en que ponerse para esa noche, ¿Tal vez el vestido verde? ¿El azul? ¿El de estampado de flores? Y si se ponía un gran vestido... ¿Qué zapatos? ¿Qué joyas? ¡Oh, oh! Estaba metida en un gran problema...
... ¿Y que te pondrás, Sakuno?- pregunto Rebecca.- Porque... debes ir vestida de manera elegante, pero también vanguardista... Supongo que ya habrás pensando en algo, ¿verdad?- al ver que Sakuno guardaba silencio, se dio cuenta de que su amiga no tenía nada en mente.- ¡No tienes nada para esta noche! ¿Cierto?
Sí, si tengo pero...
Rebecca comenzó a hablar sobre todos los vestidos que había visto en el armario de Sakuno, la vez que la había ayudado a elegir guardarropa para la entrevista con Ryoma, y descartó todos los vestidos y conjunto, excepto uno...
-... Recuerdo un vestido rosa estampado, con tirantes, es de seda, en la parte de la falda, tiene un encaje hermoso... creo que es perfecto para la ocasión. Si te pones las zapatillas rosas con pedrería... entonces ¡estarás fenomenal! Y ni que hablar de si usas el hermoso collar de perlas y diamantes...
-Rebecca, ¿No crees que estas... exagerando las cosas un poco?
-¡Por Dios, Sakuno! Sólo he conocido a una mujer que haya salido con Ryoma Echizen, en persona...!
-¿Puedo preguntar, quién es esa persona?
-Pues tú, Sakuno. Salieron cuando tenían doce años...
A Sakuno le salió una gran gota en la cabeza. De la supuesta salida de la que Rebecca hablaba, había sido más una orden de su abuela, que una cita...
-Rebecca, eso no cuenta como salida. Pero... creo que seguiré tus consejos...
-¡Así se habla, Sakuno! ¡Tu serás una leyenda!- murmuró Rebecca.- Por cierto...- dijo subiendo la voz con tono preocupado.- el señor Granham quiere verte.
-¿Qué? ¿Y porque no me lo has dicho antes?
-Porque... quería saberlo todo acerca de Ryoma Echizen.
-Pues si el señor Granham me despide, tendré mucho tiempo para contarte acerca de Ryoma Echizen.
-Corre Sakuno, ve a ver al señor Granham...
Eso haré...
Sakuno se dirigió a la oficina del señor Ralph, y lo encontró con el semblante enojado.
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-He hablado con Kevin Smith hace unos minutos. El dice que nadie de nuestra revista le ha hecho preguntas ni nada parecido. ¿Acaso no fui demasiado explicito cuando le dije que quería a Kevin Smith en exclusiva para el especial de tenis?
La voz de Ralph Granham le llegaba a grandes rasgos; no escuchaba lo que decía realmente, puesto que ya sabía que Kevin iba a concederle la entrevista.
-Espero salga en este instante con todo su equipo de trabajo, para conseguir la entrevista. Y en vista de que Kevin Smith será la exclusiva, creo que una cena con el próximo tenista japonés, Tezuka Kunimitsu sería lo más...
Sin rodeos. De esa manera fue en la que Sakuno captó el mensaje, algo como: "Saliste con Ryoma Echizen para la entrevista, tal vez le diste tus encantos, ahora, sal con Smith y luego con Kunimitsu".
-Señor Granham, no se preocupe, antes de que termine la semana, volveré con toda la entrevista, incluso traeré fotos y posibles nuevos encuentros... ¿Desea un póster autografiado para rifar?
Sakuno le había lanzado el guante a su jefe, eso estaba claro. Ralph Granham solo sonrió y después le dijo que con la exclusiva bastaba, pero que unas atenciones extras no serían mal recibidas.
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Ryoma observó como Kevin miraba su celular decidiendo si contestar o no. ¿Acaso sería aquella chica japonesa de la que Kevin le había hablado? De ser eso... entonces tendría que quedarse allí un rato más para ver la expresión de su amigo al contestar.
-Hola.- contestó Kevin al fin, cuando tomó la llamada.- Mañana me viene perfecto. Claro, no hay ningún problema... de hecho lo ha hecho, pero al final le dije que me habías dejado un e-mail en mi bandeja de entrada. Jajaja, eso creo, pero no te preocupes. Oh, será maravilloso. ¿Paso por ti? Pss... creo que podríamos ir al Harbor. Sí, queda en New York, pero podría utilizar mi jet para ir. Solo si gustas, pero de ser lo contrario, me agradaría saber que tal cocinas...- Kevin rió otro rato al escuchar las palabras de quién lo llamaba.- Claro, magnifico, me viene más que perfecto. Oh, no contestaba porque... no lo recuerdo, pero si herí tus sentimientos juró curarlos mañana. Bien, nos vemos mañana en tu departamento a las... ¿Qué hora te parece bien? ¿Nueve? Esta bien, entonces será una cena. Yo llevo el vino... ¿No se come con vino? Bien, coñac. Nos vemos mañana. Adiós...
Kevin colgó el teléfono y miró a Ryoma.
-¿Pasa algo?- le preguntó a Ryoma.- te veo un poco sorprendido.
-Es sólo que... mañana en la mañana no estaré, voy a salir.- informó Ryoma.- y hoy saldré a cenar.
-¿Y eso en que me afecta?
-En que... mañana te harás cargo del club y...
-¿Qué pasa en realidad, Ryoma?- preguntó Kevin sospechando lo que su amigo iba a pedirle.
-Necesito tu jet, llevare a una chica a... pasear.-
-¡¿Qué?! ¿Acaso te has vuelto loco?
-Mada mada dane...
Ryoma le recordó algo a Kevin, y después este último accedió al préstamo.
-Esta bien, le hablaré al piloto y le diré que lo necesito mañana a las... ¿Siete te parece bien?
-Perfecto. Creo que... esta noche será muy placentera.- dijo Ryoma con una sonrisa triunfal en el rostro.
-¿Vas a tener sexo con TU chica?- preguntó Kevin, ya conciente de quién era la chica.
-Tal vez...
-Sólo espero que no seas demasiado estúpido como para volver a hacer lo de hace cinco años...- dijo su amigo con enfado repentino.
Ryoma se quedó perplejo antes las palabras de Kevin. ¿Sabría él que era con Sakuno con quién salía?
-Mada mada dane...
-Y dime Ryoma... ¿Qué harás con el jet?
-Quiero llevarla a tirarse en paracaídas. Creo que en las salidas de Seattle hay un lugar especializado en eso, pero si nos vamos en carretera tardare más de cinco horas en ir y...
-Entiendo, pero... ¿No crees que un helicóptero sería más factible?- dijo Kevin.
-¿Acaso no estaba en reparación?
-Estaba... Esa es la palabra correcta.- dijo Kevin con orgullo.
-Pues muy bien, acepto tu oferta...
Ryoma se dio cuenta de que Kevin estaba un poco cambiado desde aquella llamada telefónica, ¿sería Claudine? ¿Acaso había vuelto a caer en las redes de esa mujer?
-Kevin, ¿la que te ha llamado ha sido Claudine?- preguntó Ryoma sin chistar.
-No, pero, ¿si así fuera, qué?
-Tú sabes lo que es bueno para ti...
-Y dime Ryoma, ¿tú sabes lo que es bueno para ti?
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La señorita Ryusaki... la prometida de Syusuke Fuji... Ryoma Echizen volvió a sentirse interesado. Era una mujer espectacular.
Sakuno tenía una figura muy femenina. El atrevido vestido que llevaba resaltaba las voluptuosas curvas de su cuerpo. No era una prenda descaradamente sexy, sino muy modesta: un vestido sin mangas, de cuello rectangular, sin escote, que le llegaba a la altura de la rodilla. El diseño era sencillo, pero la combinación de colores asombraba. Era básicamente de color violeta oscuro. En el lado inferior izquierdo de la falda había una gran flor de color blanco con el centro rojo brillante y la punta de los pétalos también rojos. Una flor parecida, pero mucho más pequeña sobre el seno derecho. La escasa cintura se hallaba rodeada de un ancho cinturón negro, y unas sandalias blancas y negras conferían un gran atractivo a los pies desnudos.
Aquella noche iba a pasarlo bien, estaba seguro de ello.
-Te vez muy bien esta noche, Sakuno- le dijo con una sonrisa en el rostro.- Creo que has elegido la ropa perfecta para la ocasión.
Bien. Aquello había sido algo más que una frase; y con eso esperaba poder apaciguar la tensión que lograba palpar cada vez que salía con ella.
-Si no nos apresuramos, cualquiera que sea el lugar al que me llevaras, cerrara.- le dijo Sakuno con voz suave.
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El lugar de la cita resultó ser una conocida heladería de la ciudad, la cuál se especializaba en mezclas exóticas en los sabores y en los famosos helados en llamas. Los helados sin duda estaban un poco fuera de temporada puesto que era invierno, y a pesar de que había dejado de nevar y el clima se había puesto un poco cálido, sabía las consecuencias que el helado podría traerle.
-Creo que si comemos helado podríamos pescar un resfriado.- le dijo viendo el menú que estaba colgado en una de las paredes.
-¿Un resfriado?
Ryoma la observó por unos instantes y se dio cuenta de que su rostro si había cambiado un poco después de todo. Sus facciones eran mucho más maduras, su mirada era arrogante e inteligente. Sus labios estaban un poco más proporcionados de lo que podía recordar. Sus pómulos se habían vuelto casi perfectos, su nariz era demasiado fina como para dejarla pasar por alto. Pero lo que más le intrigaba eran sus piernas. No recordaba que Sakuno las tuviera tan largas, ¿o tal vez era por el vestido?
Sakuno lo miró de reojo y le sonrió.
Sin poder creérselo, por un breve instante sintió algo en el estomago. ¿Le abría hecho mal la horrorosa comida que Kevin había hecho? Tal vez era eso.
-Quiero un helado de nueces coronado con chocolate.- le indicó Sakuno al tendero, y después miró a Ryoma.- ¿y tú?
-Uno de zarzamora y kiwi.- le dijo.
¿Por qué Sakuno sonreía de aquella manera? Conociendo a las mujeres, o porque lo que sabía, tal vez debía ser el maquillaje. Alejó todos esos pensamientos de su mente y una vez le hubieron entregado los helados salieron un rato a caminar.
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Ahora que se daba cuenta, Seattle era una ciudad tranquila a diferencia del ajetreo de New York o de Los Ángeles.
Las estrellas del cielo tal vez no brillaran en su absoluta intensidad, pero su brillo aún no era opacado.
Se sentaron en una de las bancas de un parque cercano y comenzó a chupar su helado en silencio.
-¿Mañana trabajas?
La pregunta de Ryoma la sorprendió y tardó un breve instante en contestar.
-Sábados y domingos no trabajó- le respondió mirándolo con curiosidad.- ¿Por qué?
-Porque mañana quiero que vayamos a un lugar...- le respondió Ryoma sin siquiera mirarla.
-¿Aún lugar?
-Te deseo, quiero hacerte mía.
Listo. Lo había dicho; esa noche quería hacerle el amor a Sakuno Ryusaki.
Quería hacerla suya de una manera tan... fuerte, que la hiciera olvidar lo sucedido hacía ya cinco años...
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El departamento de Ryoma era tal como se lo había imaginado.
El mejor Penh House de la zona y decorado en acero y cromo. Un estilo moderno pero conservador.
En la sala había un gran cuadro. Lo miró por unos instantes y se dio cuenta de que era un lienzo autentico de Da Vinci, aquello sin duda debió de haberle costado una fortuna.
Aquello era muy incomodo. El tiempo de transporte del parque al departamento de Ryoma había durado apenas veinte minutos, y ahora el la había dejado en la sala para atender una llamada de urgencia.
De repente sintió unos fuertes brazos en su cintura y se estremeció al sentir que Ryoma le besaba el cuello.
Ryoma la giró y la miró a los ojos. Quería besarla. Bajó la mirada y la fijo en su boca, pero no antes de que ella alcanzara a ver un destello de puro deseo en sus ojos. El corazón de le desbocó al darse cuenta de que pretendía besarla.
El primer contacto fue casi como una descarga eléctrica. Ella se había echado atrás de no ser porque la mano que tenía en su hombre se había deslizado hasta su cuello y le sujetaba la cabeza. La sensación de cosquilleo disminuyó cuando la boca de él se apretó contra la suya con una sensualidad hipnótica.
Le acarició los senos sobre la seda del vestido, sus pezones estaban erguidos y duros, suplicando sus caricias.
Mientras la besaba Ryoma le alzó un poco la falda del vestido y comenzó a acariciarle la entrepierna. Sakuno estaba caliente, dispuesta a entregarse a él.
-- Ryoma...
--Te deseo, Sakuno, tanto que si no te hago mía, voy a explotar.
Ella comenzó a desabrocharle la camisa a Ryoma y este le ayudo a quitársela. La deseaba y ella a él. Sin darse cuenta Sakuno le había quitado los pantalones y la ropa interior, había cambiado demasiado, pero no era momento para pensar en esas cosas...
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-¡¡!!¿?!!¡¡-
Sakuno se puso rígida cuando Ryoma comenzó a bajarle la cremallera del vestido. Sintió sus manos que le subían a los hombros para bajarle las mangas con suavidad. Le acarició los pezones sobre la tela del sujetador y colocó su boca sobre su seno. Le desabrochó el sujetador y metió en su boca uno de los pezones.
Ryoma le bajó el tanga, que fue a unirse con el vestido y el sujetador en el suelo.
- Quítatelo del todo, Sakuno- le pidió Ryoma.
Ella tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para mover las piernas. Parecían de gelatina. Levantó un pie y luego el otro.
Ryoma comenzó a acariciarle suavemente las pantorrillas, la sensible parte posterior de las rodillas y subió provocativamente a la parte interna de los muslos. Con las manos extendidas le agarró las nalgas, voluptuosamente redondas y, luego, el ardor de su cuerpo entró en contacto con el de ella, su sexo duro y grueso presionó la separación entre las piernas mientras sus manos se movían por la zona erótica bajo el estómago de ella, los dedos le separaban los pliegues húmedos del sexo y la acariciaban con suavidad, sabiendo cómo excitarla.
Sakuno ya no temblaba ni se sentía vulnerable. Era como si la necesidad de él le inyectara fuerza para hacerle frente y no ser devorada por ella. Cuando la boda de Ryoma golpeó la suya, descartada de antemano toda idea de seducción, Sakuno, instintivamente, le negó la supremacía que trataba de conseguir y contraatacó aspirando su energía y metiéndole la lengua en la boca en un duele feroz de besos. Se resistió a su dominio físico retorciéndose, entrelazando sus miembros con los de él. Sus cuerpos se golpeaban mutuamente. La desnudez había dejado de ser algo de lo que preocuparse para convertirse en una excitación sensual generada por la fricción de la carne, que, en cada nuevo contacto, incrementaba la lujuria de intentar otra cosa para ganar aquel duelo sin palabras que les salía de las entrañas.
Ryoma eligió aquél instante para llevarla a su habitación y acostarla en la cama. Quería que fuera suya de la mejor manera posible.
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A Sakuno le gustó aquello. El intenso deseo de él la quemaba por dentro, pero no iba a reducirla a ser su esclava sexual. Ryoma le golpeó los pezones con la lengua y se los arañó con los dientes antes de llevárselos de nuevo a la boca. El placer era tan intenso que casi quiso que se los mordiera. Sus manos se enredaron en el pelo de él, levantándole la cabeza para llevarla de un pecho a otro con lujuria frenética y un ansia inagotable.
Ryoma le soltó los brazos y descendió hasta sus muslos. Mientras ella se retorcía, la besó y lamió hasta hacerle sentir el más dulce de los tormentos y crear en ella una necesidad ardiente. Y la siguió acariciando hasta que Sakuno no pudo resistirlo más. Lo agarró de los hombres y le clavó las uñas al tiempo que arqueaba las caderas y apretaba los muslos de la tensión. Sus músculos internos se convulsionaron con un urgente deseo sexual que ansiaba una satisfacción más profunda.
- ¡Basta!- gritó ella.
-No hasta que digas que me deseas.- le dijo Ryoma mientras recorría con la lengua el centro de su feminidad a modo de provocación.
Los pies de Sakuno se clavaron en la cama mientras de su cuerpo daba sacudidas. A punto de volverse loca le habló a gritos.
- ¡Te deseo!
- Muy bien- dijo satisfecho.
Ryoma sacó un preservativo de entre las sabanas, rasgó el empaque con los dedos y se lo colocó en un tiempo record.
La penetró profundamente y satisfizo su dolorosa necesidad. Ella entrelazó las piernas en torno a sus caderas para mantenerlo dentro de sí, al tiempo que lo apretaba completamente eufórica.
- Me tienes y te tengo.- dijo él con voz ronca.
Comenzó a moverse a su ritmo al tiempo que le urgía ir más deprisa y se deleitaba en su fuerza, en la energía que la llevaba a la cima de éxtasis sucesivos, a una sucesión continua de clímax gloriosos. Nunca había experimentado nada igual. Su cuerpo y su mente navegaban en un mar de placer.
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Se levantó con el cuerpo adolorido y observó el reloj de la mesilla de noche.
Seattle: 2:04 hrs.
Hong Kong: 18:04 hrs.
Seúl: 19:04 hrs.
Japón: 19:04 hrs.
Sydney:20:04 hrs.
¿En donde diablos estaba? ¿Y que tipo de reloj era aquél?
La respuesta le vino a la mente como un rayo y no pudo evitar sentirse avergonzada. Trató de calmarse y después se sentó en la cama con mucho cuidado para no despertar a Ryoma. Tenía que salir de allí cuanto antes.
Sus pies buscaron el suelo y sus dedos tocaron algo viscoso.
¡Dios, lo habían hecho cuatro veces en una sola noche!
Tenía que conservar la calma.
Se puso de pie, fue a la sala y comenzó a levantar su ropa del suelo y después se vistió lo más rápido que pudo.
Buscó su bolso y no lo encontró. Maldición, no había llevado bolso.
Tal vez si le pidiera prestado a Ryoma...
Buscó los pantalones de Ryoma y sacó su billetera; de ella extrajo cinco billetes de diez dólares, más valía que le sobrara a que le faltara.
- ¿A dónde vas?
La voz de Ryoma la sobresaltó y dejó caer la billetera y el dinero al suelo.
- A mi departamento. Necesito dinero para el taxi y...
No terminó de hablar por que inmediatamente Ryoma volvió a besarla con ardiente deseo.
Esa noche, volvieron a hacer el amor...
Sakuno se había olvidado completamente de su objetivo, y se había dejado hechizar por aquellos ojos ambarinados de nuevo.
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¿Qué hacía Eyes en Japón? ¿Acaso Syusuke pensaba que no se daría cuenta de nada si lo veía salir de su edificio?
Observó como Eyes se acercaba a él con la mirada baja y cuento estuvo frente a él lo fulminó con la mirada esperando haberlo intimidado.
-Te equivocas, Tezuka- le dijo Eyes al percatarse de la mirada de él.
-¿Ha ocurrido algo, Eyes?- pregunto Tezuka, tratando de cambiar de tema.
-Syusuke esta planeando algo, quiere que yo lo ayude; hace tiempo fue Hilbert, y ahora quiere información sobre Ryoko, creo que planea acorralar a Narumi.
¿Qué era todo aquello? ¿Sería verdad que Eyes estaba traicionando a Syusuke? Tenía que ser eso, ahora que se había quedado sin equipo de investigación debido a un mal proceso, sólo le restaba confiar en Eyes, después de todo, sin su ayuda no tenía nada y con ella tenía pistas, tal vez falsas, pero a fin de cuentas pistas que podrían ayudarlo a descifrar el misterio que encerraba Syusuke Fuji en sus negocios.
Vamos a un cafetería que esta muy cerca de aquí.- le dijo Tezuka y enseguida subió a su auto y Eyes lo imitó.
Encendió el auto pensando en que tenía que confiar en Eyes, porque era lo único que tenía para continuar con la investigación.
Se había quedado sin equipo de trabajo cuando su superior le había pedido los informes y le había entregado el reporte final con un: Estado: NEGATIVO. Su jefe de inmediato le había dicho que se había equivocado y que se tomara dos meses de descanso para dejar pasar la investigación y pensar en si era algo personal o un bien para la nación londinense.
Sin trabajo y sin equipo todas sus fuentes de investigación se le habían agotado, pero ahora tenía a Eyes.
Estacionó su auto y bajaron en silencio, entraron en la cafetería y se sentaron en una mesa apartada y pidieron dos cafés cuando se les acerco el mesero.
Después de un incomodo silencio en espera de los cafés, llegó el mesero.
-Que nadie nos moleste.- le dijo Tezuka al mesero.
-Sí.- asintió el mesero.
Tezuka bebió un poco de su café y después analizó el rostro de Eyes. Nada.
Por un momento se le había olvidado que Eyes era un Blade Children y que su gesto era muy complicado de descifrar.
-¿Qué es exactamente lo que planea Syusuke?- le preguntó.
-Quiero que yo le de datos de Ryoko. Creo que planea acorralar a Narumi. Como haz de saber, fue Syusuke quien descifro el misterio detrás de los Blade Children, todo acerca del porqué de nuestra existencia es gracias a que Syusuke logró descifrarlo. Cuando Narumi supo que había sido el quién lo había hecho, le prometió a Ryoko que aunque no hubiese descubierto el misterio, él estaría dispuesto a ayudarla en cualquier situación.
-Lo cual quiere decir que usara a Ryoko hasta llegar a Narumi para sus propios beneficios.- concluyó Tezuka.
-Las intenciones de Syusuke van más allá de todo esto, creo que él quiere destrozar a alguien, quiero humillarlo.
-Yo también pienso eso.
Si Eyes decía el nombre de Echizen, entonces estaría muy claro que estaba ahí por instrucciones de Syusuke.
-Creo que quiere echarte a perder unos asuntos.- dijo Eyes.- también quiere investigar a tu familia.
¿A su familia? ¿Por qué? Eso no se lo había esperado.
No, Eyes no estaba ahí por instrucciones de Syusuke. Eyes de verdad estaba traicionando a Syusuke.
Con Eyes de su lado, Syusuke no tenía escapatoria.
Iba a descubrir el misterio detrás de la verdadera personalidad de Syusuke Fuji.
-------
La mirada de ella delataba su sorpresa. Sabía que una visita a esa hora de la mañana solo era para una emergencia, pero dado que ella sólo estaría en Londres por unos días, el momento de hablar realmente no importaba.
-¿Syusuke? ¿Qué haces aquí y a esta hora?- le preguntó ella.
-Tú siempre tan directa, Haruhi.- sonrió él.
-Entra, creo que quieres hablar de algo muy importante como para venir a molestar a esta hora. Aunque Kyoya esta durmiendo, creo que no le importara.
-Oh, ya veo. Lamento molestar, pero de verdad me urge mucho- le dijo Syusuke y enseguida entró y esperó a que Haruhi le ofreciera asiento.
-Dime, ¿Has que has venido entonces?- dijo Haruhi sentándose en el sofá.
-Te lo diré sentado.- bromeó Syusuke y tomó asiento en el sofá situado frente a Haruhi.
-Oh, claro, lo siento. Pero cuéntame, ¿qué es lo que realmente buscas?
Lo que le gustaba de Haruhi, era que siempre decía las cosas de manera directa, tal vez en parte se debía a lo despistada que era. Pero aun así era una excelente abogada que asesoraba en la bolsa de valores a todos los usuarios de manera excelente en sus tiempos libres.
-Quiero comprar el Grupo Editorial Tohno, por medio de la bolsa de valores.- le dijo.
-¿No es esa la empresa de tu cuñado?- preguntó ella claramente sorprendida.
-Sí, pero esa empresa me será de gran ayuda en el futuro. ¿Cómo crees que puedo adquirirla en la bolsa de valores pasando inadvertido?- preguntó serio.
-Primero tendrías que hacer a un lado a los señores Kunimitsu, puesto son ellos unos accionistas e inversores muy poderosos en el medio
-Creo que eso ya lo tengo manejado; pero dime, como es que realmente puedo adquirirla sin poner en riesgo mi valor comercial adquirido hasta ahora.
Él sabía muy bien la respuesta, no había ninguna necesidad de preguntarle a ella, pero tenía que hacerlo para sacar su última carta.
-Vamos, Syusuke. Tu eres el genio de los negocios, sabes muy bien que es lo que debes hacer, no hay ningún motivo por el cuál debes venir visitarme a esta hora de la mañana.- le dijo Haruhi, dejándolo claramente sorprendido.
Valla, sin duda alguna todo estaba saliendo como lo había planeado. Todas las mujeres tenían un lado inútil, y ese lado era el que siempre usaba para poder salir airado de cualquier situación.
-Tienes razón, es sólo que vine para confirmar algo.
-¿Qué es?- le preguntó ella.
-Como sabrás yo seré la persona que este a cargo del próximo proyecto central de Heiderich, y Heiderich pertenece al Grupo Ootori.
-Sí, asì es.- dijo Haruhi preparándose para la verdadera pregunta.
-Pero es una lastima que el Grupo Souh quiera cancelar los contratos que tenemos entre nuestros grupos...
Syusuke se deleito interiormente con el rostro de Haruhi. Sin duda alguna no sólo era directa, sino también muy tonta. Bueno, después de todo era una mujer.
-¿El grupo Souh?- preguntó Haruhi.
-Sí. Y bueno, es obvio que los del grupo Huffman serán quienes asesoren mi caso, pero aún asì, no puedo evitar preguntarme si te pondrán a ti a cargo.
-Aún no me lo han mencionado.- dijo ella.
Aquél era el momento perfecto para mencionarle a Haruhi lo que realmente había ido a hacer.
-He escuchado que te casaras con Kyoya.
-¿Dónde lo has escuchado?- se apresuró a preguntar ella.
-Soy un hombre de negocios y Kyoya es un hombre de negocios, supongo que en alguna conversación del club se le debe de haber salido.
-¿Qué club?- inquirió ella.
El club al que Syusuke se refería era al arrogante pero provechoso Club de millonarios, que había sido fundado por los antepasados de Kyoya.
-El Royal.- dijo él, refiriéndose al club de millonarios.- pero dime, ¿planean anunciarlo en el cóctel del grupo Heiderich o, se hará una fiesta de compromiso?
El rostro de Haruhi se quedó estático. Tal vez se debía a que no esperaba que Syusuke Fuji tuviera tal filtración de información. Lo cuál le daba a entender que si le daban el caso, tenía que hacer a un lado su posible amistad con Tamaki Souh y ganar la pela legal a como diera lugar.
Haruhi regresó en sí, y sonrió mirando a Syusuke directamente a los ojos.
-Entiendo. No te preocupes, sin duda alguna, Sakuno y tu recibirán una invitación.- dijo Haruhi dándole a entender que no se preocupara por su caso, y que sin chistar ella lo ganaría.
-Eso es lo que realmente espero.- respondió Syusuke a la indirecta.
Syusuke se quedó helado por un breve instante al ver que Kyoya salía de una de las habitaciones.
-¿Syusuke?- preguntó él claramente sorprendido.- ¿Qué haces aquí?
-Vino a que lo asesorara con unos...- se apresuró a contestar Haruhi pero Kyoya la interrumpió.
-Comprendo- dijo en tono helado, haciéndole comprender a Syusuke que no era bien recibido.
-Oh, Kyoya.- saludó Syusuke.- que bueno que has salido.- lo saludó.- necesito hablar contigo, pero creo que la hora y el lugar no son los correctos.- le dijo con una sonrisa llena de malas intenciones.- Bueno, ya tengo que irme, dentro de tres horas tengo una reunión.- dijo poniéndose de pie.
-Te acompaño a la puerta.- le dijo Kyoya serio.
-Gracias.- respondió Syusuke.
Caminó detrás de Kyoya y una vez le hubo abierto la puerta lo miró con gesto helado.
-Creo que esa boda será muy beneficiosa para el grupo Heiderich, su ascenso será muy pronto, ¿cierto? He escuchado que el posible candidato a senador Smith renunciara.
-Sí, así es.- dijo Kyoya sabiendo que de nada le serviría mentir.- ¿Serás tú quien tome su lugar, Syusuke?
-Así es, pero sólo me falta una romántica historia de amor que conmueva al país.- respondió con una sonrisa en el rostro.
-Creo que la señorita Ryusaki estará dispuesta a proporcionarte dicha historia.
-Tal vez. Por cierto, mi secretaria, la señorita Hayashi Nori; será despedida esta mañana.- Syusuke sonreía amablemente, logrando así confundir a Kyoya.
-¿Y eso que tiene que ver conmigo?- le dijo Kyoya.
-Sólo quería que lo supieras.- concluyó Syusuke y después la sonrisa volvió a borrarse de su rostro.- Haruhi será una excelente adquisición si llegas a dominar el terreno de Huffman. Es una lastima que Heiderich no haya caído en manos de Echizen, ¿cierto?
-No es del todo una lastima, porque de hecho con tu inversión en la empresa, no tenemos que preocuparnos mucho por la quiebra. Es una verdadera suerte que seas el genio de los negocios.- le dijo Kyoya sonriendo.
-Así es, es una verdadera suerte.- le dijo Syusuke a modo de despedida. Se giró sobre sus talones y se dirigió al ascensor.
Sin duda alguna Kyoya sabía muy bien lo que hacía, pero el hecho de que una mínima parte de su dinero estuviera invertida en Heiderich, era porque a través de ella podría adquirir publicaciones Tohno.
Todo estaba saliendo bien, y con Eyes en la jugada las cosas saldrían mejor.
No sólo Tezuka había caído en su juego, sino también el propio tiempo.
Todo estaba marchando a su favor.
Salió del edificio departamental y en cuanto subió a su auto su teléfono celular comenzó a vibrar, lo sacó del bolsillo de su abrigo y contestó.
-Fuji al habla.- respondió.
-Syusuke, soy Costello. ¿sigues pensando en hacer tu viaje a Seattle?
-Sí.
-Que bien. Dentro de una semana habrá una reunión del consejo de hombres de negocios de la banca internacional; mis contactos me han dicho que te han enviado un invitación a tu oficina, espero ya la hayas recibido.
-Sí, la recibí.- dijo recordándole momento en que su secretaria había tratado de ocultar la invitación.
-Pues bien, elegirán al nuevo presidente de la filial en Asia; creo que será una excelente oportunidad si presentas como proyecto a Sistemas Fuji, para una...
-Ya tengo un proyecto, y no hay ningún problema, ahí estaré.
-Bien.
Cortó la comunicación y encendió el auto.
Su visita a Fujioka había salido tal como había esperado; sin duda alguna había obtenido su "chocolate caliente".
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No. Aquello no podía pensarlo. No de su hermano mayor. Syusuke era una buena persona; incluso le había conseguido un buen trabajo a Tomoka cuando ella lo tachaba de inmoral y despiadado. Su hermano mayor no podía hacer el tipo de cosas que estaba pensando. ¿O si?
¿Por qué Syusuke no había adquirido Movil System? ¿Sabía que él la compraría?
¡Basta! No podía pensar así de su hermano. Syusuke siempre había sido buena persona.
Tomoka no paraba de decirle lo buena persona que era Syusuke, porque aunque no hacía mucho, le daba una generosa cantidad de dinero por ir a verificar su casa cada tres días.
-¿Syusuke haciendo cosas malas? ¡Lo dudo! Él es muy buena persona, creo que tu sueño esta equivocado. Tal vez es la presión de ocuparte de sus negocios. ¿Sabes? Sakuno me contó que él hace grandes donaciones a fundaciones de beneficencia, y también que cada año, su club de tennis elige a 8 niños para cubrirle sus gastos educativos, siempre y cuando tengan talento deportivo. ¡deberías estar muy feliz por tenerlo como hermano!
Tomo tenía razón, su hermano no podía hacer las cosas que había pensando.
-Vamos Yuuta Fuji, no puedes pensar mal de quién más de ha apoyado.
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Nunca se había tirado de un avión con solo un paracaídas. Y el pensar que lo haría la atemorizaba.
Observó a Ryoma y se dio cuenta de que este ni siquiera se había percatado de su miedo. ¿Cómo podía actuar con normal si hacía unas horas habían vuelto a haber el amor al amanecer?
Se colocó la mochila del paracaídas como pude y cuando miró hacía abajo por la puerta del helicóptero sintió unos fuertes brazos que la abrazaban por la cintura.
-Estas temblando.- le susurró Ryoma al oído.- ¿Te dan miedo las alturas?
-Yo... un poco.- respondió temerosa. Lo cierto era que nunca había pensando en hacer algo tan atrevido como eso.- ¿Has hecho esto antes?
-Cientos de veces.- dijo él con tono arrogante.- te colocaste mal la mochila. Déjame enseñarte como se hace.
Sin separarse de ella, Ryoma le abrochó bien la mochila y la besó en el cuello.
- Tal vez el clima también te este haciendo temblar. Lo cierto es que es muy raro en Seattle tanto cambio climático.- le dijo Ryoma y después la giró hacía él. La besó y la abrazó por la espalda.- aquí vamos.
Sin siquiera esperar respuesta de Sakuno, Ryoma la abrazó aún más fuerte y saltó del avión.
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La sensación del viento en su rostro nunca había tenido tanta presión como en esos momentos. Al ser su primer lanzamiento en paracaídas supuso que era muy normal que sintiera cosquillas en el estomago; pero al instante se dijo que no era sólo por eso; las cosquillas se debían a que Ryoma estaba acariciándola.
- Te... aré...
No había entendido lo que Ryoma le había dicho pero, en cuestión de segundos Ryoma la había soltado y había jalado el hilo que activaba el paracaídas.
- ...va... uyo...
¿Qué, qué? No había entendido nada otra vez, aún así había imitado a Ryoma y había jalado el hilo de la mochila. Inmediatamente sintió un jalón y lo que antes había parecido una caída suicida se había convertido en algo mucho más placentero...
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Suzanne Blackburn veía a su padre del otro lado de la mesa. Era más que obvio que su padre no podía creerse lo que le acababa de contar.
-¿Dices que esta en Japón?- le preguntó cortando un pedazo de la carne que tenía enfrente.- ¿Dónde...?
-En el centro comercial. Creo que esta haciendo alguna clase de trabajo especial, aunque a mi me sorprende que no te haya avisado.- dijo ella con vehemencia.- dime, padre; ¿Quién es ese japonés que nos ha puesta la soga en el cuello?
-Syusuke Fuji. Supongo lo habrás visto en televisión.
-También en revistas.- dijo ella recordando el último reportaje publicado en la revista de Zipper.- creo que se casará con Sakuno Ryusaki, una mugre reportera. Menuda tontería, creo que a los hombres ricos y famosos les ha dado por juntarse con mujeres comunes y corrientes.
-Pues si conocieras su historia, sabrías que no es una mujer común y corriente- intervino su madre.- hace un tiempo me tope con ella en el campo de golf, platicamos un instante y... es una mujer muy fina, sabe de lo que habla y, es una excelente golfista. Yo vi como venció a Alex. Además de que acaba de heredar todo el dinero que tenía su abuela, ¿sabías que su abuela fue la entrenadora de instituto de Ryoma?
-¿Por qué no me lo dijiste antes, madre?- Suzanne se puso de pie y enseguida hizo una llamada telefónica.
Ahora que lo pensaba, siempre había tenido todo delante de sus narices.
En la revista había leído que ella había estado enamorada de Ryoma, pero que ahora se casaría con Syusuke Fuji.
¡Bingo!
Con razón se le hacía conocida de algún lugar.
Sakuno Ryusaki era la mujer con la que había visto a Ryoma en el club de golf.
¡Que tonta había sido!
- Albert.-dijo cuando su primo hubo contestado su llamada.- ¿Recuerdas a la chica que venció a Alex Kent?
- Sí, se llama Sakuno Ryusaki.
- ¿Cada cuando va al club?
Sabía que muchas personas pensaban que era una mujer tonta por el simple hecho de ser rubia e hija única de una de las mejores familias de Seattle; pero todos pasaban por alto a la mejor corredora de bolsa conocida como SB.
Iba a recuperar la empresa de sus padres.
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La mañana pintaba de maravilla. A pesar de estar nevando se respiraba un aire de calidez. Miró al cielo y se dio cuenta de que el sol resplandecía muy poco en lo alto.
Salió de su departamento sin siquiera volver a contestar el teléfono. Aquella mañana también se le había vuelto a hacer tarde.
Si sus cuentas no fallaban aquella sería la décima vez.
Ahora que lo pensaba, hacía siete días que no veía a Ryoma; la última vez había sido cuando habían ido a practicar paracaidismo.
Recordó sus caricias y sus besos, la manera en que le había hecho el amor...
¡Basta, ya es muy tarde!
Tomó el ascensor y presionó el botón que la llevaría al estacionamiento.
A pesar de que el día pintaba maravilloso, no podía evitar sentir una presión en el pecho, algo como un presentimiento.
Hizo a un lado todos sus pensamientos en cuanto la puerta del elevador se abrió. Se dirigió a su auto y decidió que a pesar de cualquier cosa, aquel día debería ser maravilloso.
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-El señor Cresiur ha llamado esta mañana. Dice que desea comer con usted mañana en el club...
Las palabras de su secretaria le llegaban vacías.
¿El señor Cresiur quería hablar con él?
-Dígale que lo atenderé mañana en tarde en el restaurante del club.
-Muy bien señor. Por cierto, tiene una llamada en la línea tres, es de su padre; el señor Nanjirou Echizen.
-Transfiérala.- le dijo con pesar.
¿Para que querría su padre hablar con él? De seguro comenzaría con sus tonterías, o tal vez...
Tomó el teléfono de inmediato y enseguida escuchó la voz burlona de su padre.
-Mocoso, ¿cuándo traerás una hermosa rubia como tu prometida?
-El día en que lo cerdos vuelen.
-Confirmación negativa. Los grandes no tienen nada que ver. Las japonesas castañas de ojos azules son indudablemente muy inocentes, no tienen ninguna pizca de malicia, en cambio los americanos negros quemantes son un poco culpables...
-Bien. ¿Algo más?
-Nada más, pero dime... ¿Cómo te ha ido, mocoso?
Colgó el teléfono de malhumorado y analizo las palabras de su padre.
Las japonesas castañas y de ojos azules... Syusuke.
Los americanos negros quemantes, negros quemantes... Black era negro y burn...
¡Blackburn!
Syusuke no tenía nada en su contra, pero en cambio Richard Blackburn... le había dado muchas cosas a pensar.
No pudo evitar sentirse un poco tonto. Su padre no podía equivocarse, porque a pesar de que en ocasiones era un tonto y pervertido empedernido, sus fuentes en el alto mundo empresarial eran las mejores.
-Vamos Echizen, acepta que Tezuka y tu se han equivocado.
Hizo unas cuantas llamadas y algo lo llevó a marcarle a Sakuno en su departamento.
Hablas a casa de Sakuno Ryusaki, en estos momentos me es imposible contestar... deja tu mensaje y luego yo me comunicare contigo.
-Sa...
Algo lo llevó a colgar el teléfono.
Si quería llevarla a comer, entonces tendría que ir por ella.
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Bienvenidos a la ciudad de Seattle, Washington, son las diez de la mañana con treinta y siete minutos. Los vuelos que acaban de aterrizar son: El numero 7850 desde Londres, el numero 9560 desde México, el numero 5620 desde Japón.
Los del vuelo 7850, favor de salir por la puerta T12. Su equipaje les será entregado al salir, por favor, presente su boleto para la entrega, y consérvelo para cualquier aclaración. Gracias.
Welcome to Seattle, Washington, are…
Por fin había llegado a Seattle. Era una lastima que no pudiera pasar a ver a Sakuno cuanto antes. Primero tenía que ir a su departamento a darse un baño y después a la junta de los hombres de negocios de la banca universal.
Buscó su nombre en algún letrero, y cuando lo encontró, le pareció haber visto a Ryoko a lo lejos. Tal vez estaba alucinando, o tal vez no.
Le dio instrucciones a la persona que lo esperaba y después subieron al auto que lo esperaba.
-Muy bien, Tezuka. El que hayas puesto a Ryoko en tu investigación es bueno, pero mientras Eyes este de mi lado, el que caerá en la jugada serás tú. Mientras pienses que en realidad quiero investigar a tu familia, te cuidaras, y entonces descuidaras a Atobe y las operaciones bursátiles se verán en mi favor.
Tezuka era muy inteligente, pero el ser tan cuidadoso era una de sus debilidades. Y su mayor error había sido involucrar a Sadaharu en todo ese asunto. Sadaharu era una persona que se había aliado con Kyoya Ootori, y juntos habían infiltrado a la secretaria espía. Aquello era como para novela de misterio.
Una risa malévola afloro en sus labios y comenzó a ver los cambios en la ciudad, los cuáles eran muy pocos.
Una vez hubo llegado al departamento en el cual Sakuno se estaba quedando, sacó sus llaves y abrió la puerta.
Olía a lilas. Lilas del valle. La fragancia que tanto gustaba a Sakuno. De seguro se le abría hecho tarde y se había puesto el perfume en la sala.
Una luz roja en el teléfono llamó su atención. Verifico el teléfono y encontró varios mensajes.
Primer mensaje, Sakuno, soy Rebecca, te hablo porque he escuchado que te darán una exclusiva.
Segundo Mensaje, Señorita Ryusaki, le hablo de la agencia de boletaje deportivo, la cita con el señor Kennet será exactamente en una semana, a las cuatro de la tarde en el restaurante RocuFleur, situado en central street. Para mayor información marque a la agencia y con gusto la atenderemos. Le ha hablado la secretaria número 25 del área ejecutiva.
Tercer Mensaje, Sakuno, soy Tomoka, la casa de Syusuke esta bien, y no logre encontrar el collar, tal vez si lo perdiste en Seattle.
Cuarto mensaje, ¿Saku? Soy Syusuke y... no, nada, olvídalo. Hablamos después; estoy seguro de que debes tener mucho trabajo, y no quiero molestarte.
Quinto Mensaje, Soy Kevin, lamentablemente no podré cenar contigo mañana, me ha surgido algo, dejaremos la entrevista para después, ¿Te parece mañana? Te marcó después.
Sexto Mensaje, Hija, ¿Por qué no has llamado? Se que tu trabajo debe tenerte exhausta, pero es que ni siquiera Syusuke nos ha dicho nada sobre ti. Llama en cuanto escuches este mensaje.
Séptimo Mensaje, Sakuno, soy Ann, márcame en cuanto puedas, me urge. Necesito hablar contigo cuanto antes.
Octavo Mensaje, Sa...
Noveno Mensaje...
¡La voz de Ryoma! ¡El octavo mensaje era la voz de Ryoma! Presiono el botón de repetir las veces que fuesen necesarias, y después se aseguró de que era la voz de Ryoma.
Indudablemente se había acobardado y había colgado de inmediato.
No esperó un segundo más y entró a la ducha, se daría un baño rápido y después iría a su junta, y más tarde... tal vez visitaría a Sakuno en su trabajo.
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Ya eran las dos de la tarde, y ella aún seguía sintiendo aquella presión en el pecho. Había pensando que tal vez había desayunado demasiado, pero un tazón de fruta y un jugo era demasiado saludable como para provocarle aquello.
Recordaba que la última vez que había sentido aquello había sido cuando Tomoka le había hablado para decirle que tendría que dejar sus estudios universitarios durante un semestre porque sus padres lo habían perdido todo en la bolsa de valores debido a una adquisición de último momento.
¿Sería que algo parecido iba a ocurrir?
Trató de alejar todos esos pensamientos de su mente, y comenzó a ordenar las entrevistas que tenía sobre su escritorio. Tenía que hablar con Tezuka cuanto antes para que su jefe no volviera a presionarla.
Realizó unas cuantas llamadas, y en una de ellas le dijeron que habían dejado los datos de una cita en su contestador.
Marcó a su teléfono y puso la clave para acceder a los mensajes del contestador.
Usted tiene cero mensajes nuevos. Para escuchar los mensajes anteriores marque uno, para salir marque la tecla gato, o cuelgue.
Aquello era raro, ella no había revisado su contestador durante un buen tiempo debido a la falta de tiempo, ¿estaría fallando su contestador? Presionó la tecla 1 y escucho los mensajes, una vez obtenidos los datos de la cita colgó el teléfono.
Sacó una barra de chocolate de su escritorio y la devoro en un instante.
¡Cuanta hambre tenía! Tal vez debería decirle a Rebecca que salieran juntas a comer.
Se acercó al apartado de Rebecca y descubrió que está estaba muy atareada ordenando un papeleo.
-¿Te pasa algo Rebecca? Te notó muy agitada.- le dijo.
-Es que... después de la entrevista con Kevin Smith, el señor Granham ha decidido darme un poco de papeleo atrasado. Maldición.
-Te puedo ayudar. De hecho podemos pasar las dos horas de comida arreglando los papeles, y cuando salgamos te invito a cenar...
-¿Enserio? Oh, Sakuno, ¿Qué haría yo sin ti? De verdad que te lo agradezco.
-No es para tanto.- dijo Sakuno moviendo una mano para restarle importancia al asunto.- Bien, pásame un poco de papeles y...
Sakuno sintió que alguien la agarraba por la cintura. De seguro era Ryoma que había ido para invitarla a comer.
Volteó de reojo y cuando estuvo a punto de pronunciar Ryoma, se dio cuenta de que no era su ex príncipe; sino su verdadero príncipe.
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¿Qué hacía Syusuke ahí? ¿No se suponía que estaba en Londres? ¿Por qué no sentía ganas de...?
¡Maldición! ¡Había caído de nuevo en la boca del lobo!
¡Concéntrate, Sakuno! No debes permitir que Syusuke se de cuenta de que estas muy fuera de ti.
¡Reacciona! ¡Di algo!
-Shyu, que sorpresa.- dijo abrazándolo.
-Te he extrañado como un loco.- dijo él besándola en los labios.- ¿Acabas de comer algo muy dulce? ¿Tal vez un chocolate?
-S-sí.
Sakuno lo volvió a abrazar e intentó pensar con claridad. ¿Por qué se había quedado paralizada? ¡Tenía que actuar como antes! ¿Pero como? ¿Cómo era su relación? Tenía que improvisar.
¿Qué te parece si esta noche te preparo algo muy delicioso para cenar? ¡Como te he extrañado!- Sakuno lo besó como pudo y de pronto y remolino de emociones le llegó.
En ese momento, Rebecca decidió hacerse notar; y se lo agradeció en silencio.
-Valla, pero si es Syusuke Fuji.- dijo con tono ambicioso y un poco maldoso.
-¿Y tu eres...?- dijo Syusuke sonriendo divertido.
-Soy la próxima muerta en Seattle.- bromeó.- o al menos lo sere si no termino con este papeleo
-Déjame ver... creo que te conozco...- dijo Syusuke mientras abrazaba de nuevo a Sakuno.- Se que te he visto en alguna parte. ¿Rebecca Benning?- dijo Syusuke al fin.- ¿La estudiante de intercambio?
-Valla, tienes muy buena memoria.- dijo Rebecca sonriendo.- Y díganos, señor hombre de negocios- dijo Rebecca bromeando.- ¿A dónde llevara a estas lindas señoritas a comer?
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Rígida. Esa era la palabra que describía muy bien a Sakuno.
Sin duda alguna Rebecca se había percatado de ello y por eso había hablado al rescate de Sakuno.
-Lo lamento, pero solo vengo de pasada, acabo de llegar de una junta y en una hora con veinte minutos tengo que tomar un avión que me llevara a Hong Kong.- dijo sonriendo.
-Pero si eres un hombre muy rico- se escandalizó Rebecca.- deberías tener tu avión privado y viajar cuando quisieras, y a la hora que quisieras...
-Viajare en mi avión privado pero también irán otros empresarios...
-Lo que pasa es que Syusuke es un hombre muy responsable.- intervino Sakuno y se puso al lado de Syusuke pasándole el brazo por las caderas.
-Valla, entonces los dejare, creo que tienen mucho de que hablar.- dijo Rebecca.- por cierto, Syusuke, ¿hace cuanto de no te cortas el cabello?
-Tendrá... tres años.- bromeó él.
-Pues con todo ese dinero que tienes deberías llevar a un estilista a todos lados. Nos vemos, veré si el señor gruñón quiere algo más, y después me voy por un sándwich.- dijo Rebecca mientras se alejaba.
Ahora que Rebecca se había ido, y que Sakuno estaba más relajada, decidió actuar como hacía unos meses.
-¿Hace cuanto que no limpias el departamento?- bromeó Syusuke.
-¡Eres malo, Syusuke!- se quejó Sakuno.- por cierto, gracias por el auto, ha sido muy dulce de tu parte.
-Si sigues diciéndome dulce delante de las personas, arruinaras mi reputación de empresario duro.
-Perdón señor empresario duro.- se burló ella.
-Te he extrañado demasiado.- le dijo Syusuke al oído.
La agarró por la cintura de nuevo e inclinó la cabeza y comenzó a besarla con maestría, abriéndose camino con la lengua sin ninguna dificultad. Ella le devolvió aquel beso con un deseo y una voracidad inesperada. Con las defensas neutralizadas por aquellas sensaciones eróticas.
Así había sido desde la primera vez. Siempre. La intensidad con la que Syusuke le hacía el amor aquietaba todos sus miedos e inseguridades del pasado, a pesar de que muchas mujeres habían intentado separarlos.
-Eres guapísima, te amo.- le dijo Syusuke besándola en la nariz.- me encantaría quedarme contigo esta noche. Quiero hacerte el amor.- le dijo Syusuke con voz ronca al oído.- hueles a lilas del valle, veo que las violetas han dejado de gustarte. Te amo. Nunca me cansó de decirlo.
-Shyu...- murmuró Sakuno sintiendo cosquillas en el estomago.- yo también...
-Te amo- repitió Syusuke interrumpiéndola.- me encanta decirlo. Se que es egoísta preguntarlo, ¿pero tu me amas?
-Claro que te amo- dijo ella sin chistar y volvió a besarlo.- ya quiero regresar a Japón.
-Yo también deseo de regreses, no importa si a Japón o si vas a Londres, pero me he sentido muy solo.
-No te preocupes, muy pronto no tendremos que preocuparnos por ello, Shyu.
-¿Enserio? Porque esto me esta matando- dijo él sonriendo.- Se que no es el momento ni el lugar, y que tampoco traje el anillo que te había prometido en un principio, pero quiero que en cuanto regresemos a Japón, nos casemos.
-Syusu...
-Ssh.- la silenció.- no digas nada. Sabes que te amo más que a nadie y que te prefiero más que a nada. Juntos hemos superado grandes obstáculos. El tiempo ha hecho que yo te ame cada día más, y esta separación me esta matando
-Syusuke...- dijo Sakuno con lágrimas en los ojos.
-Si, se que no es el lugar, y que tampoco tengo mucho tiempo para convencerte, puesto que si no me voy en cinco minutos las cosas podrían ponerse complicadas.
-No tienes que convencerme- dijo sollozando.
-Lo sé.- dijo besándole la cabeza y después le entregó un pañuelo.- por cierto, tu madre necesita hablar contigo, también Ann, Tomoka dice que no encontró el collar, y un tal Kevin dice que no podrá cenar contigo para una entrevista.
-Oh, has sido tú.- dijo ella secándose los ojos.- hoy haré todas esas llamadas- rió ella.
-Te amo, Sakuno.
-Yo también te amo, Syusuke.
Sakuno volvió a abrazarlo y fue en ese instante cuando se dio cuenta de que varias personas los observaban. Sin querer se puso roja como un tomate.
-Lamento tener que irme, pero...
-No te preocupes.- sonrió ella, aún roja por la vergüenza.- se que yo soy importante, pero tu trabajo es tu trabajo, y cosas como esas...
-... no deben dejarse pasar.- completó Syusuke.- ¿Has leído maquiavelo últimamente?
-Algo así.- sonrió ella.
-Bueno... me voy.- dijo y le dio un beso tierno en los labios.
-Te extrañare. Te amo- le dijo Sakuno.- pero quisiera acompañarte y...
-No, he escuchado que le señor Granham es muy gruñón, y si llegas tarde es capaz de reprenderte.- le dijo.
-Esta bien.- sonrió ella.- nos vemos. Te amo.
-Veo que a ti también te gusta decirlo.- bromeó Syusuke y le dio un último beso.
Syusuke le dio un último beso y se dio media vuelta.
Con esos diez minutos que había pasado con Sakuno, se había asegurado el último as.
Llevaba el riesgo en la sangre. Pero en todas las apuestas que hacía, los dados estaban siempre cargados a su favor. Aquella relación triunfaría, y su boda nunca se cancelaría.
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Ryoma Echizen estacionó su auto frente al gran edificio de publicaciones Granham. Miró su reloj y se dio cuenta de que ya habían pasado veinte minutos desde la hora de la comida de Sakuno. Tal vez tuviera suerte y ella aún no hubiera salido.
Subió las escaleras que llevaban a la entrada y no le sorprendió que la gente no entrara y saliera como era habitual, puesto que era la hora de la comida.
Levantó la mirada un instante y...
Sus ojos se encontraron con los de la persona que menos esperaba.
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Así que Ryoma había ido a visitar a Sakuno. No había ninguna otra explicación.
Siguió bajando las escaleras, pasó justo a su lado y un impulso lo llevó a detenerse justo a una distancia lo suficientemente corta como para notar que el también se había detenido.
-Hace cinco años me quitaste lo que más quería, ahora me toca a mí, Echizen.- le dijo con una sonrisa en el rostro.
-Syusuke Fuji, aún te falta mucho, recuerda que soy el mejor tenista del mundo.- respondió Ryoma.
Syusuke soltó un suspiro arrogante y siguió caminando.
Por primera vez en su vida, Syusuke Fuji sintió lo que era la satisfacción de un nuevo sentimiento...
CONTINUARA...
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Notas inesperadas de la autora: ¡WAAAA! ¡El final de este capitulo me ha dejado en suspendo! Ya quiero saber que es lo que pasara.
¿Qué nuevo sentimiento habrá tenido Syusuke? ¿Sakuno de verdad ama a Shyu? ¿Qué es lo que sospecha Yuuta? ¿Qué trama Eyes? ¿Con quién se encontró Suzanne en el capitulo anterior? ¿Qué más dirá la carta de Sumire a Nanjirou? ¿De verdad Suzanne es un genio de las operaciones bursátiles? ¿Por qué hago tantas preguntas?
Kawaii!! Me ha quedado genial. No es por ponerme toda presuntuosa pero... wow, este capitulo me ha encantado, disculpen la tardanza, pero este chap de 37 páginas es una gran recompensa debido a mis tardanzas.
Por cierto, ahora he puesto personajes de Ouran Host Club porque pienso publicar un fanfic que tiene un poco que ver con este. (Risa malévola)
Saludos y agradecimientos a mi hermana Elena, que me ha apoyado en algunos diálogos y muchas otras cosas más.
Saludos a todos los lectores que sin importar me han esperado.
Y acerca de los comentarios de que han leído un fic parecido al mió, creo que yo también lo he leído, y me da pena decirlo pero... hay personas malas y copionas. Jeje, no me hagan caso, y mejor los dejo deleitándose con la recomendación de una de mis canciones favoritas.
LOVE IS HARD- OST MY GIRL KOREAN DRAMA.
Esa canción esta perfecta para las últimas cuatro escenas.
Xiao.
Dejen sus reviews.
