Media hora después de que la cuidad oscureciera, Hyoga se encontró en la dirección que Ikki le había facilitado. Era un edificio realmente lujoso. Para entrar al edificio, tuvo que llamar a un timbre y esperar a que un guarda le abriera la puerta. Estaba nervioso y esos momentos parecían eternos. Cuando el guarda le abrió la puerta, le preguntó a donde se dirigía. Hyoga le indico que iba al ático 3B. El guarda amablemente le indicó que ascensor debía tomar y la planta. Tras este momento, al parecer de Hyoga, surrealista, se dirigió al ascensor y espero la llegada al ático.

Hyoga no sabía qué le iba a decir a Shun cuando lo viera. Tenía tanto que preguntar y confirmar. Debía contenerse hasta asegurarse que lo comentado por June, era verdad. Debía hacerlo. Para tratarlo respiró profundamente y soltó el aire tranquilamente. La puerta del ascensor se abrió. Salió del mismo y empezó a recorrer el pasillo en busca de Shun.

Estaba en la misma planta que él. Seguro que a escasos metros, pero por más que miraba las puertas todas eran iguales. Ni una señal de cual podía ser la casa de Shun. Dio tres vueltas al pasillo y al final se decantó por una que tenía un felpudo en la entrada.

Al abrirse la puerta, un hombre moreno de pelo corto trajeado abrió la puerta. Debía de haber llegado recientemente, ya que tenía la corbata un poco aflojada, no llevaba puesta la chaqueta del traje y los dos primeros botones de la camisa, junto con los de las muñecas, estaban desabrochados. El hombre lo miraba con cara de extrañado.

- Perdona, ¿puedo ayudarte? – Pregunto el hombre.

- Ah… Lo siento, creo que me confundido. – Diciendo esto, Hyoga se dio media vuelta para irse.

- Sora, ¿Quién es?

Esa voz. No puede ser. Hyoga se giró de nuevo. Shun había aparecido, no sabía de dónde. Tan solo llevaba la parte inferior de un chándal. Iba descalzo y tenía el pelo húmedo. A Hyoga casi le da un vuelco el corazón. Había llegado tarde. Shun estaba con otro hombre. Un hombre, desconocido para él, pero que Shun tuteaba como si se conocieran íntimamente.

- ¡Hyoga! – Dijo Shun en voz baja - ¿Hyoga?

Shun salió de la puerta de su casa. Llego hasta donde estaba Hyoga inmóvil y pálido y le pregunto:

- ¿Qué haces aquí? ¿Quién te ha dado mi dirección?

El hombre de pelo moreno, que por unos instantes desapareció de la puerta, volvió a aparecer con su chaqueta. Tocó a Shun por la parte media de la espalda y le dijo:

- Shun. Llámame cuando lo tengas acabado, ¿vale?

Shun le movió la cabeza en señal de aceptación y continuó donde se había quedado.

- Pasa. No te quedes ahí.

Hyoga no hizo ningún ademan. Solo se quedó inmóvil, mirando a Shun. "¿Es ese? ¿June estaba equivocada? ¿Hay alguien más en su vida?". Viendo que no reaccionaba. Shun le cogió del brazo y le obligo a entrar en su casa. Metió a Hyoga de un tirón y cerró la puerta tras él.

- ¿Cómo es que has venido tan tarde? ¿Tantas ganas tenías de ver donde vivo? – Preguntó inocentemente Shun. – Amm… ¿Quieres un té?

Hyoga seguía inmóvil. Simplemente miraba a Shun mientras ordenaba sus ideas. Estaba pálido y sus ojos parecían que, de golpe, habían perdido la chispa. Shun resopló ante tanto silencio. Dejo el paquete del té, de golpe y le dijo:

- ¿A qué has venido? – Shun se dirigió a donde estaba Hyoga y se quedó mirándolo a los ojos. - ¿A qué has venido? – Está vez lo dijo en un tono más elevado.

- Yo… - Fue lo único que Hyoga alcanzó a decir. –

Se dio la vuelta y se apresuró a marcharse. Tenía miedo de confirmar lo que acababa de ver. Shun y ese hombre.

- ¡Maldita sea Hyoga! – Shun suspiró, pero sin darse cuenta siguió con un tono elevado - ¿Sabes acaso, cual es el motivo de mi mudanza? ¿Se te ha ocurrido pensarlo?

Hyoga no sabía que decir.

- Creo que no tengo nada que hacer. Quizá fue mala idea venir. – Si Shun estaba con ese hombre, no lo quería oír.

- ¡Tú! ¡Maldición! ¡Tú! – Shun no aguantaba más esa situación - ¿A qué has venido? ¿Acaso no puedo tratar de llevar una vida normal? ¡Me atormenta estar a tu lado!

- ¿Qué? – Pregunto incrédulo - ¿Qué te atormenta? – Esta vez parecía que había reaccionado. - ¡Tú no sabes lo que es un tormento! ¡YO lo sé! ¡Un tormento es no poder dormir porque eres lo único que tengo en mente! ¡Un tormento es verte y no poder tocarte! ¡Un tormento es amarte con locura y no poder tenerte! ¿Qué sabrás tú de tormentos?

Shun se quedó blanco e inmóvil ante las palabras de Hyoga. Mirándolo a los ojos. Unos ojos que ahora parecían llenos de ira, pero de sinceridad.

- ¿Qué? – Solo alcanzó a decir eso - ¿Qué acabas de decir?

- ¡Que te quiero! – Hyoga se había armado de todo su valor - ¡Joder Shun, te quiero! ¡Te quiero!

Shun no aguantó más. Se lanzó a los brazos de Hyoga y comenzó a besarlo, como si fuera lo último que fuera a hacer en la vida. Hyoga abrazó a Shun y continuó con el beso que este le proporcionó. Ambas bocas se unieron con ansia y pasión. Se abrieron para dar paso a un baile de lenguas. Unas lenguas que buscaban al acompañante para acariciarlo.

Hyoga necesitaba respirar, por lo que hizo ademán de separarse un poco de Shun. Shun todo juguetón, le dio un mordisquito leve a los labios de Hyoga, cuando noto que este se separaba. Le dejo hacer. Hyoga solo separó sus bocas. Se quedó ahí inmóvil, abrazando a Shun. Tratando de averiguar si era uno de sus sueños, abrió los ojos y le pregunto a su amigo:

- ¿Qué has querido decir? Creo que no te he entendido bien.

Shun se rió ante la pregunta de Hyoga y dijo:

- Quédate está noche. Aclararé tus dudas.

Y tras confirmar el uno los sentimientos del otro, se juntaron de nuevo en otro beso. Este más apasionado y ardiente que el anterior. Shun ayudo a Hyoga a quitarse la chaqueta, que cayó al suelo una vez fue desprendida de su dueño. Hyoga bajó sus manos por la espalda de Shun, hasta llegar al trasero. Ese trasero que tanto le provocaba. Esta vez fue Shun quien se separó de Hyoga. Le cogió de la mano y para disgusto de Hyoga, comenzó a hablar:

- Mira. Este es el comedor y esa es la cocina. – Arrastró a Hyoga hasta el cuarto de baño y desde la puerta, continuo – Este es el baño. – De nuevo, volvió a arrastrarlo hasta la siguiente habitación. Esta vez entró dentro de la misma y de un empujón lo dejo caer en la cama, y mientras se sentaba encima de él y comenzaba a desabrochar su camisa, continuó – Y este es el dormitorio. De donde no vas a salir en un laaaarrgo periodo de tiempo…

A Hyoga le atrajo la idea. Besó de nuevo a Shun y tumbándolo de espaldas en la cama, le dijo:

- Bien. Prepárate. Estoy cargado. – Volvió a besarlo, esta vez en el lóbulo de la oreja. Paro y le susurró – Te he estado esperando desde la sesión de fotos.

Shun sabía muy bien a lo que se refería. Él también le tenía ganas. Mientras Hyoga le besaba el cuello, Shun se deshizo de la camisa, dejando el torso de Hyoga al descubierto. Hyoga se había apartado un poco para quitarle el pantalón a Shun. Este se apresuró y se lo quitó a Hyoga. Ambos se observaron al desnudo. Shun se sentó encima de Hyoga y comenzó a acariciar su torso, deslizándose hacia abajo poco a poco. Hyoga, acariciaba la espalda de Shun, desde abajo a arriba. Shun comenzó a acaricia el miembro de Hyoga y este atrajo a Shun por los hombros para besarlo tiernamente.

El pequeño se separó del mayor y lo dejó caer de espaldas. Comenzó a besarlo en el cuello y poco a poco fue bajando por el pecho. Tras mimar los pezones del chico rubio, siguió bajando hasta la próxima parada. Este comenzó a besarlo y mordisquearlo como si de un caramelo se tratara. Hyoga no podía creer lo bueno que era Shun. Aún no había comenzado nada y ya estaba duro como una piedra. Shun se metió el miembro de Hyoga en la boca y comenzó a chuparlo con pasión y delicadamente. Hyoga gemía ante lo bien que lo estaba pasando. Este, separó a Shun. Lo levantó, lo dejó de espaldas en la cama y comenzó su turno.

No podía creer que, por fin, estuviera con Shun. Como si de un buen dulce se tratara, comenzó a saborearlo despacio, pero seguro. Se entretuvo en el cuello del muchacho, mientras acariciaba su miembro. Shun no podía evitarlo y gemía involuntariamente. Hyoga se excitaba más, con cada gemido del pequeño. Hyoga llego a los pezones y se entretuvo jugando con ellos, mientras Shun seguía gimiendo de placer. Hyoga bajó hasta el miembro del pequeño y sin preámbulos, se lo metió en la boca. El pequeño no lo podía creer. Por fin estaba con Hyoga y le estaba volviendo loco.

- aahh… Hyoga…

Shun estaba a punto de caramelo y Hyoga lo sabía. Como si de castigo se tratara, dejó de jugar con el miembro del pequeño, le cogió por las piernas, levantó sus caderas, tiró de él un poco y despacio pero seguro, le fue penetrando. Shun gemía de dolor y de placer.

- Solo un poco más – Trato de tranquilizar a Shun. – Agárrate a mí.

Shun obedeció al mayor, pero con cada estocada de este, el pequeño le arañaba la espalda. El ritmo de las embestidas fue aumentando paulatinamente. Con cada una de ellas, los besos y caricias se hacían más presentes. Hyoga sacó su miembro, giró a Shun, lo dejo a cuatro patas y comenzó de nuevo con el baile de embestidas. Esta vez, Hyoga comenzó a masturbar al pequeño, que lo agradeció de buena gana. Así como estaban, entre besos y caricias, ambos llegaron al éxtasis. Shun se dejó caer boca abajo en la cama y Hyoga, tras salir del cuerpo de Shun cuidadosamente, se dejó caer a un lado de Shun, mientras le abrazaba por la espalda. Shun se giró y enseguida se apoyó en el pecho de Hyoga. Este los tapó con la manta, mientras abrazaba a Shun y le daba un beso en la frente. Aun con la respiración acelerada y abrazados como estaban, se quedaron dormidos.