UP: *escupe su café sobre Tsu*

Tsu: ¡¿Pero qué carajos te pasa?!

UP: ¡Qué carajos ni qué nada! ¡Llevamos seis meses, SEIS! Sin actualizar nada...

Tsu: pfffff... pos eso es obra de la flojera que me había ganado, el colegio y ahora las vacaciones en el continente. Te lo juro, la ciudad es un asco para pasar las vacaciones.

UP: Bueno, al menos hemos regresado a la isla y tenemos el capítulo listo...

Tsu: Oh yeaaaah... lectores, no sabrán la magnífica inspiración que nos ha llegado..

UP: No diremos nada hasta que lean, y lamentamos la tardanza, jeje ñ.nU..

Tsu: ¡Así es, nos leeremos abajo!

(Estimados lectores, lamentamos la ausencia de nuestras autoras en FF, pero simplemente no hallaban el momento apropiado para escribir el capítulo del fic. Sin más preámbulos, lean y disfruten.)


Capítulo 10:

-...y luego de ello, aquel pobre niño hyliano nunca más volvió a ser el mismo. –escuché decir a Lila, la hija del Sacerdote de Kakariko, contar el final de aquella "oh tan fantástica" historia de terror, mientras estábamos rodeando la fogata dentro del templo. Luego de mi reencuentro con mis amigos, nos pusimos al día sobre nuestras vidas. Recibí varias preguntas por parte de ellos, en especial de Talo y Bea, quienes no paraban de mirarme de una manera extraña y con el ceño fruncido.

Enarqué las cejas al recordarlo. Si bien no nos habíamos visto desde hace meses, no era el momento apropiado para llegar y actuar como si fuesen mis padres, Link ya hacía ese trabajo y era más que suficiente.

Cuando la voz de Leonardo llenó el silencio de la habitación, y aprovechando la distracción de todos los demás, me deslicé lentamente de mi asiento y salí por la puerta de atrás evitando que ésta emitiera ruido y me delatara.

Al llegar al exterior estiré mis brazos y suspiré al cielo. Las estrellas brillaban con intensidad aquella oscura noche en el poblado, mientras la luna hacía acto de presencia irradiando su pálida luz sobre la tierra. Pasé mis manos sobre mi ahora corto cabello y me lo alboroté. Sentía mi cabeza más liviana y mi cuerpo más relajado luego de que Midna sacase toda esa magia twili de mi interior. Sonreí al recordar la expresión que puso mi hermano al verme completamente curada, si bien la cicatriz en mi pecho nunca desaparecerá de mi piel, todavía tenía la posibilidad de seguir viviendo como una niña completamente normal. Posé mi mirada en mi mano izquierda, donde recordaba la extraña marca de la trifuerza que se presentó el día en que atacaron Ordon y me llevaron al castillo junto con Zelda.

-Todos los descendientes del Héreo del Tiempo están protegidos por una pequeña parte de la Trifuerza del Valor, pero nunca se manifestará a menos que se presente un peligro sobrenatural para los de su linaje. En tu caso, Ariadna, al caer el Crepúsculo sobre tu cuerpo al momento en que te llevaron al castillo, la Trifuerza lanzó todo su poder para protegerte de la magia externa. Cuando Zant te expuso ante la magia twili, tu poder se incrementó casi en un setenta y siete porciento, y por ello eras tan codiciada para Ganondorf, ya que con ese nivel se magia podías fácilmente controlar la máscara de la Fiera Deidad, y por ello te saliste de control... –las palabras de Midna se escucharon más fuertes de lo que en realidad sonaba su voz por el silencio en la habitación. Yo tenía mis ojos abiertos ante su monólogo y Link sólo se mantenía sereno mientras cortaba cuidadosamente mi cabello.

-¿Y... qué me pasará ahora?

-Como te "saqué", por así decirlo, la magia twili de todo tu cuerpo, también extraje el poder de la Trifuerza del Valor, así ya no podrás usar magia y Ganondorf no podrá controlarte nunca más, ni él ni Zant. Lamentablemente, ya no estarás protegida ante el Crepúsculo, y es por eso que, si llegases a estar expuesta ante ese poder, quedarás convertida en ánima, como todos los demás...

La conversación de aquella mañana volvió a resonar en mi mente. No podía creer lo que me decía la twili, pero era cierto. Ahora soy una persona completamente normal. Para ser sincera, eso no me molestaba, pero no podía estar tranquila. Tras mi derrota, Link perdió mucho tiempo durante mi cuidado y mañana por la mañana tendría que retomar su camino hacia el castillo de Hyrule y luchar contra Ganondorf. No quería que se fuera, había pasado mucho tiempo sin él, y la sola idea de que él, él... mi hermano, tenga que luchar ante el desagradable, pero poderoso gerudo, me ponía nerviosa. ¿Y si no volviera?

¿Y si fallaba?

¿Y si, moría?

Un escalofrío recorrió por mi espalda y me froté los brazos para entrar en calor. No quería pensar en ello. Link era la única familia que me quedaba, y si llegara a perderlo, me quedaría sola.

Comencé a caminar para recorrer un poco y depejar mi mente de aquellos pensamientos. Nueve años de edad y tenía que preocuparme de temas tan oscuros y peligrosos. ¿Por qué simplemente no podía disfrutar como cualquier otra niña de mi edad y jugar a, no sé, las muñecas?

Dejé salir un suspiro pesado y me senté en una roca gigante, al frente de la fuente de Kakariko. Atraje mis rodillas hacia mi pechos y las envolví fuertemente con mis brazos, apoyando mi mentón y cerrando los ojos. El sonido del agua me relajaba junto con el tintineo de las hadas que por alguna razón estaban allí. No quería seguir pensando en este presente y regresar a mi pacífica vida en Ordon, junto a mis amigos y con Link.

¿Por qué teníamos que vivir todo esto?

Escuché unos pasos que se encontraban tras mi espalda. Me volteé para ver la silueta de un hombre al cual recordaba haberlo visto en alguna ocasión cuando me adentré al bosque de Farone hacía años.

-¿Cómo has estado Ariadna?


Abrí los ojos al escuchar un leve crujido en el piso de madera. Con algo de pesar, dirigí mi vista hacia la ventana, sólo para ver que el sol aún no se asomaba por las montañas, pero que ya comenzaba a teñir lentamente el cielo de un color rojo oscuro.

Suspiré y volteé mi cabeza para ver a Link ya de pie, colgando tras su espalda el escudo hyliano junto con la Espada Maestra. Un nudo se formó en mi garganta al presenciar a mi hermano vestido de aquella forma, la túnica y el sombrero verde, los guantes de cuero y la alforja, me recordaba a los relatos que me hacía sobre el abuelo, contándome su historia de cómo es que salvó Hyrule con la Ocarina del Tiempo.

Sentí el deslizamiento de una pequeña lágrima por mi rostro hasta que terminó dentro de mi puntiagudo oído e inconscientemente dejé escapar un extraño gemido al inhalar aire para tranquilizarme.

Link volteó al escucharme y se acercó rápidamente hacia donde me encontraba en la cama. Las lágrimas seguían saliendo de mis ojos y no pude evitar abrazar con fuerza a mi única familia. El rubio simplemente correspondió el abrazo y susurró unas palabras de consuelo para tranquilizarme. Cuando comencé a respirar con normalidad, Link me apartó un poco de él y me sonrió, de la misma manera que lo hacía de regreso en casa cuando salía a recolectar leña junto con el padre de Iván al bosque de Farone.

Con un último beso en mi frente, el ahora nuevo héroe de Hyrule salió por la puerta, cerrándola suavemente para no despertar a los demás. Al escuchar el click de la manilla, me levanté con rapidez de la cama y me dirigí hacia la ventana, sólo para ver al rubio montar a Epona y cabalgar lejos de Kakariko, con dirección hacia el castillo para completar con su misión y salvar al reino de las garras del Crepúsculo.

Un sentimiento de agonía inundó mi cuerpo al ver partir a Link y las lágrimas regresaron a mis ojos, corriendo con velocidad por mis mejillas y juntándose en la punta de mi barbilla para caer al piso.

Y es que poco sabía él que esa sería la verdadera última vez que ambos nos veríamos.


Narrador

Desierto Gerudo

-Link, yo te-... Nos veremos pronto. –Y con un último adiós, Midna atravesó el Espejo del Crepúsculo para luego destruirlo.

Link se quedó mirando perplejo los fragmentos esparcidos por la habitación. Sabía lo que había tratado de decirle su compañera de viaje, pero aún era demasiado para él. Con cuidado se agachó y recogió un pequeño pedazo del espejo y se quedó contemplando su reflejo. Nunca más volvería a ver a Midna, y es que sería demasiado irresponsable de su parte reparar el espejo y poner otra vez en riesgo a Hyrule ante alguna nueva amenaza. Ya había vencido a Zant y a Ganondorf, junto con la ayuda de la princesa Zelda, y por supuesto, también la de Midna.

Suspiró con pesar mientras guardaba aquel fragmento dentro de su alforja. Al menos tendría un pequeño recuerdo de su magnífica aventura (sin contar con las cicatrices físicas y psicológicas en su ser, y la no tan inesperada fama que obtendría en el reino).

Volteó lentamente para encarar a la princesa quien le sonreía con suavidad. Nunca pensó que aquella joven, de no más de veinte años, sería tan sabia y madura.

-Por algo es la princesa y posee la Trifuerza de la Sabiduría- pensó mientras al mismo tiempo sacudía la cabeza con una sonrisa plasmada en su rostro.

-¿Algo que pase por su mentes, Link? -preguntó la castaña.

-No es nada princesa. No es nada, no se preocupe.

-Por favor, deje de tratarme de "usted", es incómodo. Además siento que ya le conozco desde hace años, trate de tutearme. –Zelda sonrió amablemente mientras ambos bajaban las escaleras para salir de la torre y volver a la Ciudadela.

-¿Quiere que la tuteé mientras me trata de "usted"? Es extraño pero yo soy el menor aquí.

-Lo siento, es que Ari me había hablado tanto sobre ti en el castillo que ya siento que te conozco.

-Pues lo mismo digo. Cuando estaba cuidando a Ariadna en Kakariko no paraba de hablar sobre ti de la manera en que la cuidaste y protegiste antes de tu, esto, "muerte" –Link enfatizó esa última parte haciendo comillas con sus dedos, provocando una sonrisa seguida de una pequeña risa por parte de la princesa. –Sabes, creo que estará muy feliz al saber que estás bien y con vida.

Zelda detuvo su risa y miró cariñosamente al rubio frente a ella. –Lo sé, yo también quiero verla. Cuando le entregué casi todas mis fuerzas a Midna, me preocupé demasiado por ella. No quería dejarla sola, pero tampoco podía dejar morir a la twili.

-Pues hiciste bien al hacerlo. Y no te preocupes, Ari te perdonó y sabe el por qué lo hiciste. Créeme, yo la crié toda su vida, y puedo decirte que mi hermanita no es una persona rencorosa.

-Sí, eso puedo notarlo. Ahora que lo pienso, es igual de dulce que tú.

Al decir eso último, un ligero rubor se plantó en las mejillas del héroe y la princesa, quienes inmediatamente voltearon su vista a otra dirección algo nerviosos.

-S-sabes, creo que será mejor que montemos a Epona. –tartamudeó el rubio.

-Ya lo creo.

Cabalgaron durante dos días hasta llegar a la Ciudadela. Zelda estaba escondida bajo una gambardina que Link le había prestado para ocultar su identidad, y este guiaba lentamente su corcel hasta las caballerizas del lugar. Dejó instalada a la yegua en uno de los corrales, le pagó al cuidador treinta rupias y se alejó rápidamente junto con la princesa.

-Deberás disculparme, pero primero quiero pasar a un lugar antes de ir a dejarte hacia el castillo. O lo que queda de él. –Zelda asintió ante lo dicho por el rubio y se dejó guiar hasta un callejón con una pequeña bajada hacia una puerta.

Link, siendo el joven energético que era, abrió sin temor la puerta, dejando escapar una pequeña brisa cálida que salía del interior, junto con el sonido de unos cuántos murmullos, risotadas, golpes de cristal y el fuerte olor a cerveza.

Ambos jóvenes entraron con precuación, viendo al gran grupo de personas que se encontraban allí. El rubio escaneó el lugar detenidamente, buscando la figura de Telma para poder hablar con ella, pero al no encontrarla en la barra, se dirigió al mismo lugar en donde encontró al grupo de la resistencia, formado por Rusl, Ashei y Shad.

Corrió la cortina para encontrar, efectivamente, a Telma junto con los de la resistencia de Hyrule, pero otra figura familiar le llamó la atención. Se acercó lentamente con Zelda tras su espalda muy cerca de él, y se detuvo al estar frente de Leonardo, quien tenía una expresión seria, pero que en sus ojos mostraban preocupación. El joven rubio frunció el ceño y posó su vista en Rusl, este suspiró pesadamente y fue el único en hablar, rompiendo la tensa atmósfera que se encontraba en el lugar.

-Link, primero que nada, que bueno que estás bien, y felicidades por habernos salvados a todos, junto a la princesa Zelda. –el joven asintió, pero se mantuvo callado indicándole al hombre para que prosiguiera. –Bueno, como debes saber, los niños han regresado sanos y salvos a Ordon pero...

Ese "pero" logró enviar un escalofrío al cuerpo del hyliano. Un mal presnetimiento de apoderó de su ser, al igual que a Zelda, quien forjó el agarre de su mano en la túnica del rubio, ambos sintiendo la misma preocupación.

-¿Qué le pasó a Ariadna? –fue lo único que pudo decir el héroe.

Todos los presentes se miraron entre sí. No sabían cómo darle aquella noticia al rubio, momentos antes de que este llegara habían acordado que el ordoniano de lo diría ya que era la persona más cercana al hyliano, pero en ese momento las palabras se habían atorado en la garganta de Rusl.

Telma echó un vistazo rápido al Sacerdote. Éste suspiró tembloroso, muy extraño en él y posó su mano en el hombro de Link, mirando la desesperación en los azulados ojos del joven. Relamió lentamente sus labios hasta que al fin decidió hablar.

-Ariadna desapareció mucho antes de partir con los demás en el carruaje camino a Ordon sin dejar rastro. Intentamos buscarla por todos lados durante horas, pero lo único que pudimos encontrar fue esto.

El hombre extendió un pequeño broche de cerámica de color calipso. Link lo tomó con sus manos temblorosas y la aferró ha su pecho, dejando escapar las lágrimas que se agruparon en sus ojos.

Su única familia, el único recuerdo que tenía de su madre había desaparecido. Para siempre.

FIN


UP: Fin del capítulo.. y, cómo se habrán dado cuenta... también del fic...

Tsu: Sabemos que fue algo inesperado, pero creemos que, así debía terminar... *se esconde tras una trinchera creada con las mesas del colegio, las cuales obviamente robó*

UP: *con un casco militar al lado de Tsu* Ejem, pos seguiré, queremos agradecerles a todos los lectores que nos han leído, han seguido el fic, o lo han puesto como favoritos.

Tsu: ¡Así es! Muchas gracias a Lile99, Magua, Zilia K, Queen Fantasy, Dani-chan y Gaby-chan, Cigs98, , kairi la hermana de aerith, P.Y.Z.K, Gatt-chan, Walala, Flora Athena, FairyofLight21, Portgas D Trace, Luci125, Emilia-Romagna, Danny-Link13 y Ray Wolf Aran... ¡MUCHAS GRACIAS POR EL APOYO DIRECTO E INDIRECTO A NUESTRO PRIMER FIC DE ZELDA!

UP: ¿Te das cuenta que al final igual pusimos algo de Zelink?

Tsu: síp, pero fue chiquito...

UP: muy bien, ahora unas cuántas aclaraciones, queridos lectores, si este capítulo tienes alguna falta ortográfica, queremos disculparnos. Hemos cambiado de computador (notebook, laptop, ordenardor) a uno nuevo, que fue un regalo por nuestras buenas calificaciones los últimos tres años, y el Word que nos instaló nuestro primo no viene con la magnífica opción de autocorrector...

Tsu: puto Microsoft Office 2013...

UP: Ejem *carraspea un poco* y eso sería...

Tsu: Yep, y les queremos hacer esta preguntiña...

"¿Quieren un epílogo y/o un capítulo extra para el fic?"

UP: Es sólo para satisfacer a su pequeña necesidad, que sabemos van a tener al finalizar esto... peeero en fin.

Tsu: ¡Un saludo a todos y a todas! Fue un verdadero placer haber sido leídas por ustedes...

Ambas: Abrazos Psicológicos :'D