Hassadur el Dueño, Grizil y Arrydur el Manso contemplaron por un segundo la maravillosa vista que presentaban las montañas que rodeaban al Lago Encantado, en el dominio de las náyades.
Estos curiosos seres sólo se representaban en forma de mujer, y tenían hijas por medio espiritual. Se dice que en el Camino de Voces, los espíritus de las náyades viven contentos, hasta que encuentran a una náyade encarnada que les simpatiza, entonces ese espíritu se separa del Camino y viene a nuestro mundo. Donde entra en el cuerpo de la náyade elegida y allí se encarna, luego de un año, nace como una bebé náyade.
Bajaron la colina que dividía los dominios de los centauros de las tierras de las náyades, llegaron a la orilla del lago.
– ¿Y ahora Hassu?
– No me digas Hassu, Grizil. Arrydur sabe qué hacer – el rey miró al mago, que parecía desconcertado – ¿No es verdad, Arrydur?
– Eh, mi señor… eh, la verdad es que…
– No titubees Arrydur – dijo impaciente Grizil – ¿Qué hay que hacer para ir con las náyades?
– Eh, pues… No sé…
– ¿¡Como que no sabes!? ¡¿VINIMOS HASTA AQUÍ PARA NO SABER QUE HACER?! – gritó el elfo.
– ¡Silencio Grizil! – ordenó Hassadur.
– Disculpe.
– Déjate de juegos Arrydur, convoca al espíritu. – dijo Hassadur mirando a Arrydur, quien se reía por lo bajo.
– Perdón majestad, es que Grizil tiene unos picos de locura a veces – dijo llorando de la risa – Y… y es mu-muy gra-gracioso – añadió, y Hassadur esbozó una sonrisa mientras el elfo se ponía rojo de la ira.
– Vamos Arrydur.
– Sí, sí.
El Manso movió sus brazos entonando una danza giratoria, se agachó tocó la tierra húmeda con sus grandes manos, hundiendo sus esqueléticos dedos entre las rocas.
– Nos veremos debajo. – dijo Arrydur.
El mago se lanzó al agua de espalda, saltando imponentemente, pero no sintió golpear el agua, sino que fue cayendo por un foso oscuro. Para golpear estridentemente contra un suelo de roca verde esmeralda, con figura extrañas talladas. No se veía techo, sólo oscuridad, era un pasillo, y en las paredes se proyectaban luces verdes, como el reflejo del agua, tan sólo que no había agua.
El elfo y Hassadur aterrizaron a los lados de Arrydur.
– ¿Y las náyades? – preguntó Grizil
– Nunca saliste del dominio elfo, ¿No? – dijo Arrydur
– Eh… pues, no.
– Ya sabía, las náyades tienen un sistema de seguridad
– ¿Y de qué se trata? ¿Trampas?
– No – dijo riendo el Manso – las náyades son espíritus míticos encarnados, no ponen trampas, son pruebas de la divinidad de los visitantes.
– ¿Y qué hay que hacer?
– Caminar por este pasillo – dijo Hassadur – rápido.
– Bueno
Los tres comenzaron a andar hacia el camino que se alzaba ante ellos.
Muy lejos de allí, en Cima Adiamantada, Éternel bajaba unas largas escaleras que llevaban del hall a su habitación, y viceversa. Cuidadosamente y con ayuda de unos miembros de la corte iba de escalón a escalón, primero el bastón, después el pie derecho y después el izquierdo.
El veneno de la daga llegó a su columna y – a pesar de tener un hueso increíblemente resistente– la dañó, entonces debía caminar con bastón. Su cabello que debería ser pelirrojo de por vida se estaba volviendo gris y blanco en zonas, por el veneno que alcanzó su cuero cabelludo. Estaba perdiendo visión buena, también por la daga. Parecía que estaba envejeciendo, como nunca debería haber pasado.
Cruzó el hall del castillo de diamante, para recibir a los centauros.
– ¿Éternel? ¿Qué ocurrió, amigo? – dijo el rey de los centauros, Quirón el Magnífico.
– ¿Sabes quién es Thrace la Sigilosa?
– Si, una bruja oscura.
– Ella me pasó.
– Demonios, hombre. Si que te hizo daño. ¿Qué fue? ¿Un hechizo?
– No, la Daga de la Miseria. Lo bueno es que ahora nosotros la tenemos, una ventaja que le sacamos al Dokkálfar. – dijo Éternel, y Quirón se estremeció a la mención del nombre.
– ¿Dokkálfar? ¿Seguro?
– Sí, me temo que sí. Ya hay titanes y cíclopes que cruzaron el mar desde la Isla Oscura.
– Oh, que terrible.
– Si, terrible.
– ¿El Dokkálfar? – dijo una vocecilla cantarina que provenía del alto techo de diamante, había un hada de pequeña estatura que había estado espiando el castillo desde la advertencia de Éternel, en Raíz Montaña.
– ¿Quién eres tú? ¿Y qué haces aquí? Les prohibí el paso a las hadas en Cima Adiamantada. – dijo el rey elfo mirando hacia arriba, los miembros de la corte y los centauros lo imitaban.
– Disculpe, Éternel, es que el Hada Superior Ivana la Purificadora me mandó a espiarlo.
– Vete de aquí – dijo enfurecido el rey.
– Pero…
– ¡YA!
El hada huyó volando a impresionante velocidad, y salió por una ventanilla de ventilación.
– Nunca lo vi tan enfurecido, su Entidad – dijo uno de los centauros v creí que demostrar fuertes sentimientos estaba prohibido entre los elfos.
– Es una ley ingenua. Por lo tanto la doy por anulada.
– ¡Hurra! ¡Bravo! – dijo un miembro de la corte, aplaudiendo y sonriendo, pero luego se dio cuenta de que todos lo miraban con extrañeza y nadie aplaudía, entonces se calló y aminoró las palmadas.
– Bueno, Éternel me temo que leí las estrellas la madrugada en la que vino Mystadur a mi palacio…
– ¿Qué encontraste?
– Nada más que una nueva constelación, creo que está presente sólo en el verano, tendría que comprobar si realmente es así – dijo Quirón, con un tono preocupado – aunque si el Do-Dokkálfar – pronunció con dificultada – nubla el cielo como antes, no podré comprobarlo.
– Eso es de menor importancia, Quirón ¿Has leído el futuro? – preguntó el elfo.
– Bueno… Necesitaría un momento a solas, si no le parece fuera de lugar
– Por supuesto que no – dijo Éternel que dio dos palmadas y cuatro muros enlazados en forma de cuadrado se alzaron desde el piso y llegó al techo. Dejando a Quirón y a Éternel dentro, y al resto fuera.
– Siempre envidié tu castillo Éternel, la verdad. El diamante mágico es sorprendente.
– ¿Qué querías decirme?
– Es Mystadur, leí en las estrellas dos posibilidades. Su muerte o su caída a la tentación.
– Que pena, había apoyado mis esperanzas en él, pero bueno. Ahora deberemos confiar en que las náyades no se nieguen como las hadas.
– Si… Disculpa por ser mensajero de malas noticias.
– Es mejor la fría verdad que una dulce mentira. – dijo Éternel entristecido, realmente se había encariñado con el joven – ahora volvamos, Quirón.
– Sí.
El elfo apuntó al suelo y las paredes se hundieron en el piso de diamante. El centauro y Éternel miraron a su alrededor y vieron a todos mirándolo con gesto asustado. Pero el elfo se dio cuenta que no los miraban a ellos, sino detrás, en la puerta.
Había un ejército entero de humanos ocupando todo el jardín exterior, todos sucios y con telas blancas con manchas parduscas y desgarradas en los bordes. Todos estaban armados con sus espadas de hierro, lanzas y arcos de madera.
Aristodemo el Leñador, el Magistrado Mayor Humano, soberano de los dominios de los humanos y de la Ciénaga Tiniebla, se acercó por un sendero de diamante mientras los elfos y los centauros lo miraban a través de las grandes puertas.
– Éternel, Quirón el Magnífico, venimos a unirnos a vosotros. – dijo con voz seca y cansada el magistrado.
– Aristodemo habla bien por favor – dijo impaciente Quirón – ¿qué hacen aquí?
– Venimos a apoyar a los elfos en la guerra contra los seres oscuros, no es asunto tuyo potrillo.
– ¿¡POTRILLO!? ¡Ven aquí pedazo de humano que te voy a romper tu frágil columna!
– Cálmense – bramó Éternel – Son grandes, y reyes, dejen de pelear. Inmaduros.
– Perdón – dijo Quirón
– Disculpa, Éternel – dijo tranquilizado Aristodemo – sigo rencoroso por su saqueamiento
– Aristodemo, fue hace millones de años y ni tú ni yo estábamos vivos – dijo el centauro.
– Aún así ocurrió – respondió el humano, testarudo.
– Basta – dijo impaciente el rey elfo – gracias por su apoyo Aristodemo, lo tendremos en cuenta.
– Por nada, ¿Le puedo preguntar algo, Éternel?
– Sí, sí.
– Bueno, creía que los elfos… no… envejecían.
– No lo hacemos.
– Oh, porque se ve más…
– Una bruja oscura me apuñaló con la Daga de la Miseria.
– Oh, maldito Dokkálfar.
– Así que lo sabes – dijo el centauro.
– Sí que lo sé, la entera Ciénaga Tiniebla ahora es una huella de esos bichos.
– ¿Tan inmensos? – preguntó Éternel.
– Sí, no como los de la vez anterior, ahora son diez veces más grandes. Pero más estúpidos, parecen programados en ir a un solo lugar, porque ignoró completamente el resto de nuestro dominio, ni nos atacó.
– ¿Y hacia dónde se dirige? – preguntó el centauro.
– Hacia aquí, obviamente – dijo Éternel.
Lejos de allí, cruzando el dominio de los centauros, en las profundidades del Lago Encantado, Hassadur el Dueño, Arrydur el Manso y Grizil cruzaban el infinito pasillo negro y verde.
– A este paso Hassadur, no llegaremos nunca, no veo el fin del pasillo – dijo el cansado elfo.
– Es que no tiene fin, Grizil. Estamos en otro mundo ahora, el mundo espiritual. – aclaró el rey mago.
– Pero es sólo el fondo del lago.
– Sí, pero como su nombre lo indica, el lago está encantado, es un lugar entre nuestro mundo y el espiritual.
– Shh, cállense – susurró Arrydur – ya casi terminamos la prueba. Hassadur, sólo tú tienes voz para dirigirte a las náyades, eres un rey, trátala gentilmente y no vayas directo al grano, Grizil – dijo mirando al elfo – nosotros no hablamos, ¿Sí?
–De acuerdo.
En efecto, las paredes de los costados se desvanecieron y el agua inundó el pasillo, excepto en donde estaban parados. Se formó una burbuja en forma de domo alrededor de ellos.
Habían pasado la prueba.
Sobre ellos y alrededor estaban miles y miles de náyades, que nadaban agitando fuertemente su mitad cola de pez. Eran hermosas, y cantaban una melodía hipnotizadora.
– Buenos días, Hassadur el Dueño. – dijo con voz mágica la única náyade con cola dorada, tenía una delicada tiara plateada con rubíes rojos, era la reina náyade, Melusina la Noble.
– Buenas, Melusina, ¿Cómo están sus días?
– Buenos, y los de usted me imagino que oscuros ¿No es así?
– Si, la verdad que sí.
– Que pena.
– La verdad es que tiene toda la razón, Melusina.
– ¿Con qué le puedo ayudar, Hassadur?
– Melusina, los centauros y los elfos se unieron a nosotros para batallar a las fuerzas oscuras que están queriendo volver.
– ¡Espléndido! Nunca he visto más de dos seres aliados, y ahora son tres, que magnífico.
– Sí, toda una hazaña.
– Completamente.
– Y bueno sería toda una gran hazaña unir cuatro, ¿No es así?
– Oh sí, sería monumental.
– ¿No quisiera que sean las náyades las cuatro?
– ¿Insinúas que vayamos a la guerra? – dijo la reina y soltó una risita musical – No, Hassadur, lo lamento.
– Pensé que dirías eso, Melusina – dijo sonriendo, sonrisa que fue respondida por la reina, desconcertada – Me temo que hay fuerzas muy antiguas, y muy oscuras.
– ¿A sí?
– Sí
– ¿Y cuáles son esas fuerzas?
– Nada más que el Dokkálfar – dijo el mago y todas las náyades gritaron de asombro, en una melodía estridente, y giraron sus cabezas para mirarlo.
– ¿E-el Do-d-do? – dijo la reina asustada, Arrydur se tensó, por un segundo pensó que se negaría – ¡Pero por supuesto que iremos a guerra, Hassadur! ¿No es así muchachas?
– ¡SÍ! – dijeron todas las náyades a la vez, esta vez entonando una melodía de furia.
– ¿Dónde será el cuartel general? ¿Cima Adiamantada?
– No, me temo que no. Un titán va hacia allí, estaríamos en peligro.
– Dime el lugar, entonces.
– La Isla Mágica
– ¿Y esa isla donde se encuentra?
– Es la isla desierta que está en el mismo Mar Elfico, es el dominio temporal de los magos, hasta que recuperemos La Orilla. Éternel decidió llamarla Isla Mágica.
– Excelente.
En los dominios de nadie, antes de las Montañas Elficas (las cuales pueblan las costas del Mar Elfico) en un desierto de sal. Un titán de millones de kilómetros de altura, hecho de tierra y rocas, con los ojos humeando una niebla roja, contemplaba a lo lejos, tal vez dos o tres pasos para él, un castillo hecho de diamante, en Cima Adiamantada.
Bueno espero que les haya gustado, ahora haré los pocos capítulos que me quedan ( dos o tres ) con la misma extensión, o mayor, que éste...
Dejen sus reviews, gracias, por todo. Si encuentran algún error ortográfico háganme saber. Hasta pronto...
