Hola :) 10,372 Palabras X_x Jaja aun no estoy acostumbrada.

Querido lectora que me escribió un review para que respondiera en faceb. Gracias por comentar :D pero no dejast tu nombre y no supe cómo buscarte :$ espero te animes a opinar otra vez con tu nombre y seguro te encontraré n_n un abrazo.

Listo! Los nombres de Twilight no son mios pero toda la trama sip ;)

Bienvenidos todos a 'Una Noche Común... Y Sin Corriente' ;) ENJOY!


BPOV

El calor era extenuante y teníamos exactamente una gran cantidad de CERO clientes en este momento. Como es común, estaba sentada en el taburete detrás del mostrador, la mitad superior de mi cuerpo estaba recostada en la barra de vidrio con un brazo colgando del otro lado y una mano sosteniendo un pequeño ventilador manual hacia la parte de atrás de mi cuello.

No sabía si era por la cantidad de flores o los pasillos estrechos pero sentía que me estaba derritiendo y los pequeños cabellos que se pegaban a la base de mi cuello me molestaban más que nunca.

—Bella, levántate de allí que eso da mal aspecto— Ordenó mi madre mientras entraba y salía de la tienda cambiando el agua de los floreros —Además, puedes partir el mostrador.

"Mal aspecto" ¿Qué les importa a otros cómo me siento? Dudo mucho que una vendedora sudorosa atraiga a muchos clientes. Por supuesto, no me atreví a decirle nada de esto.

Cuando Renee salió nuevamente recibí una llamada, era Emmett.

—Bellaaaaaaaaaaaa— Gritó desde el otro lado del teléfono.

—Hola a ti también, Emmett— Repliqué sin evitar sonreír. Eso es simplemente lo que pasa cuando alguien está cerca de Emmett.

—¿Lista para la operación "Recuperemos a Rose"?

Gruñí ante su entusiasmo. Ya le había dicho repetidas veces que Seth no es un niño muy fácil, mucho menos si se trata de su mamá. Pero él, siendo el entusiasta que es, pensaba que todo sería pan comido.

—Ahm... si... Emmett, de verdad no creo que...

—¿Estas dudando de mi genialidad, Bella?

—No— Contesté sonriendo ampliamente.

—¡Bien! Preséntame al niño y lo demás será historia. Voy camino a buscar a Edward y nos vemos allá ¿Ok?

Escuchar el nombre de Edward me hizo recomponer mi postura en mi asiento —Está bien.

Aunque no habíamos podido concluir nada ayer en la tarde (por culpa de la inoportuna de Rosalie) sabía que algo había cambiado en él... en nosotros... sabía que la próxima vez que nos viéramos sería diferente y ese momento había llegado. Estas 24 horas habían sido prácticamente tortura.

—Ok, saluda a Sebastián de mi parte ¡Nos vemos!— Colgó

¿Sebastián? ¿Quién diablos es Sebastián?

Estaba aún preguntándomelo cuando escuché el rugido de una motocicleta y luego la vi (negra y muy larga) estacionándose frente a la tienda. Escondí mi teléfono y me preparé para atender al siguiente cliente. El hombre fornido estaba enfundado en una chaqueta de cuero negro y pantalones grises, y se acercó hasta mi posición aun con el casco puesto.

"Oh no... Oh, por Dios, por favor no... Yo conozco a este hombre".

Efectivamente, se quitó el casco colocándolo en el mostrador y me lanzó una amplia, casi destellante, sonrisa que contrastaba en su piel tostada y empequeñecía sus oscuros ojos.

—¡Jacob!— Solté con un falso entusiasmo que creo que hasta Seth hubiese notado.

—¡Bella!— Exclamó él con entusiasmo real, rodeando el mostrador para cubrirme con sus brazos, levantarme de mi asiento y sacudirme un poco en el aire.

Sip. No hay mejor presentación que esta para Jacob Black. Esto es lo que siempre hace.

—¡Tiempo sin verte!— Señaló soltándome.

—Sí, el mismo tiempo que tienes sin ver a tu sobrino— Mis palabras sonaron un poco más duro de lo esperado.

—Bueno... ya te he dicho lo difícil que es ser un "trabajador de la vida"— Explicó dándome un guiño.

Oh si, ya me lo había dicho demasiadas veces.

Jacob se autodenominaba "trabajador de la vida", lo que en mi diccionario era sinónimo de "desempleado permanente". El hombre no podía mantener un trabajo ni por las mejores condiciones del mundo (en serio, consiguió uno que hasta pagaba sus gastos domésticos y el muy estúpido renunció a los dos meses). Se la pasaba viajando constantemente. Hasta ahora había sido mecánico en Colombia, mesero en Francia, profesor de inglés en México (si, ese en realidad duró sólo un par de semanas, resulta que las estudiantes lo buscaban por otro tipo de "enseñanzas"), obrero en Lisboa y ya no recuerdo qué más. Pensar que sólo se graduó de secundaria, tiene un par de meses cursados en varias carreras y sólo sabe inglés... lo que más lo ayudaba era que es bueno con las manos. MUY bueno con las manos... desafortunadamente yo lo sabía bien.

—Claro, claro— Tuve que esforzarme para mantener mi sonrisa y estaba comenzando a dolerme la cara —¿Qué estás haciendo aquí?

—Mi amigo Phil me llamó para un trabajo de construcción, la nueva ala de un edificio y, por supuesto, vine al rescate— Respondió socarrón.

—¡Oh! ¿Ahora atiendes las llamadas?— Pregunté con sarcasmo.

Él sabía perfectamente a lo que me refería. Las decenas de llamadas perdidas que Rose y yo le habíamos hecho cada vez que Seth preguntaba por él o cuando le hacía ilusiones de buscarlo y luego dejaba plantado al pequeño.

Aunque hizo una pequeña mueca, su sonrisa no decayó ni un poco.

—¡Vamos, Bella! ¡Estoy aquí ahora! ¡Vive un poco!— Me animó riendo —¿Me extrañaste mucho?— Su tono se volvió sugerente y sujetó mis caderas inclinando un poco su rostro para verme a los ojos.

Muchos meses atrás ese gesto me habría hecho ceder (y a mis bragas caer). Hoy en día me hacía rodar los ojos solamente. Lo había escuchado suficientes veces para saber que si me lo decía a mí, también se lo decía al menos a tres otras chicas.

—Seth fue el único aquí en extrañarte— Indiqué colocando mis manos en su pecho y separándolo de mi con un movimiento.

Maldición... esta fuerte.

—Creo que Renee diría lo contrario— Contraatacó melodiosamente. Ah, sí, olvidé mencionarlo. Renee lo ama —¿Cómo están Rose y el enano?

—Bien. Deben estar por llegar y no lo llames "enano", sabes que ya se siente un poco mal por ser el más bajo de su equipo de baloncesto— Lo reprendí.

—¡Va a crecer! Tiene los genes Black, yo que te lo digo— Explicó confiado.

Los genes "Black" como si eso fuese un consuelo. Decir que Jacob era "la versión decente" de su hermano, el corredor olímpico, era suficiente. Rose y yo llamábamos al padre de Seth "el corredor olímpico" porque la última vez que lo vimos fue cuando terminó de legalizar el apellido de Seth. Apenas dimos un paso fuera de ese ayuntamiento, el hombre corrió tan rápido como si estuviese persiguiendo un cheque a su nombre.

No quiero ni pensar en lo que hará Rosalie cuando vea a Jacob. Más le vale tener a Seth presente si no quiere que Rosalie le parta un florero por la cabeza. No me imagino a Emmett... OH, DIOS, EMMETT.

Rosalie no va a querer que estos dos se conozcan, pero cómo hago para...

—Bella, ¿estás bien?— Indagó Jacob colocando su brazo sobre mis hombros y abrazándome hacia su cuerpo. Hallé su perfume extremadamente dulce y me sentí ligeramente mareada.

Antes de poder hacer algo más los hermanos Cullen hicieron su entrada con Chester en primer lugar. Tartamudeé al saludar a Edward porque me di cuenta de que el brazo de Jacob seguía sobre mis hombros y, aunque Edward no podía verme, me hacía sentir incómoda estar así frente a él. Si me preocupaba tener que explicar quién era Jacob, esa preocupación se disipó porque Jacob se encargó de hablar por sí solo. Incluyendo un inapropiado comentario sobre Chester. Inmediatamente le lancé una mirada furibunda y casi soy yo quién le rompe un florero en la cabeza por insultar a Chester.

Gracias a Dios Seth apareció en ese momento para distraernos a todos de la incomodidad (o al menos a mí). Jamás me imaginé que Seth se llevaría tan bien con Edward casi de inmediato, todo lo contrario en realidad, especialmente por lo que Edward me decía que pensaba de los niños. Claro, Chester tuvo mucho que ver con eso (no sé cómo alguien no adoraría a ese perro), Seth llevaba meses rogándole a Rose por un perro pero su casa era demasiado pequeña y la mía estaba repleta de flores que cuidar.

Lástima que con Emmett había sido todo lo contrario. Agradecí mucho que Edward me llamara y me separara de ellos, no me apetecía ver a Jacob riéndose de Emmett ni a Seth ignorándolo para jugar con Chester. Es una pena que mi momento haya sido interrumpido por las heladas palabras de Rosalie.

—Te voy a matar— Su mirada estaba directamente dirigida hacia mí y prácticamente estaba intentando perforarme con sus ojos.

No pude evitarlo, tragué en seco —Rosalie, cálmate...

—¿Qué mierda están haciendo ellos aquí con MI hijo?

—Mamá, esa palabra no se dice...

—Ahora no, bebé.

Sonreí a Seth y su intento por salvarme y el sólo me miró y encogió sus hombros.

—Sabía que estabas actuando raro, ¡tú planeaste eso!— ¡Dios!, que dramática, sabía que era mala idea que viera las telenovelas con mi abuela —¿Qué está haciendo él acá?— Preguntó señalando a Emmett con su dedo índice y en un tono un poco histérico —¡Y él!— Apuntó luego a Jacob —Tu no Edward.

—Gracias— Murmuró el aludido.

—Rosie, vine a disculparme. Estaba en shock pero quiero estar contigo y el pequeño Sam...

—¡Seth!— Gritamos todos en coro incluyendo el niño.

—¡Seth! ¡Sí! ¡Lo sabía! Soy terrible con los nombres, lo siento.

—No, no te sabes el nombre de mi hijo y no mereces estar en nuestras vidas— Señaló Rose.

—Rosie, quiero ser más que tu novio, créeme...

—¿Eres el novio de mi mamá?— Inquirió Seth finalmente comprendiendo la situación —¡Asco!

—¡Seth!— Reprendimos Rosalie y yo a la vez mientras Jacob se reía a carcajadas.

—Tú te vas de aquí— Señaló mi amiga apuntando su dedo a Emmett nuevamente y la expresión de este se tornó triste —Y tú— Apuntó a Jacob— Me debes algunas palabras. Vamos.

Rosalie tomó a Jacob por el cuello de chaqueta y lo arrastró a la puerta, seguramente para hablar en su casa. Lástima que su rabieta no logró el efecto esperado en Jacob quien se despidió de mí con un gesto de su mano y una sonrisa que provocaba romper.

—Entonces... mañana en la noche— Reiteré halando suavemente el cinturón de Edward para llamar su atención —¿Quieres que nos encontremos en alguna parte?

—No, yo pasaré por ti.

—No es necesario que...

—Yo pasaré por ti— Repitió con firmeza.

—Ok— Cedí —Emmett lo siento mucho...

—No pasa nada Bella. Sólo dile a Rose que no me voy a rendir y que recuerde que la amo.

—¡Asco!— Chilló Seth nuevamente —¡Estás hablando de mi mamá!

—¡Seth! Emmett es un buen hombre y ama a tu mamá, muestra respeto— Lo reprendí con suavidad pero firme.

—Está bien— Gruñó por la bajo —Voy a saludar a la abuela.

Dio media vuelta pero antes de que atravesara la puerta hacia mi casa lo detuve —Despídete, Seth.

—Bien. Adiós Emmett— Murmuró. Tengo que admitir que lo siguiente me sorprendió mucho. Seth se aceró a Edward y con cuidado tomó su mano y la sacudió suave y brevemente —Hasta luego, Edward. Espero que usted y Chester vuelvan otra vez.

Su infantil tono de voz nunca había sido tan adorable como en ese momento. A juzgar por la expresión de Edward y su ligero sobresalto, no creo que yo haya sido la única sorprendida.

—Ah... si... hasta luego— Murmuró en respuesta.

Después de algunas caricias a Chester (que él recibió con mucho gusto), salió por la puerta.

—Creo que nosotros también nos vamos— Señaló Edward —Nos vemos mañana.

Me despedí de los hermanos Cullen con un movimiento de mano y una última sonrisa. Cuando quedé sola en la tienda, casi tuve que amarrarme al taburete para no brincar de la emoción. Mañana... ¡Mañana!

Después de atender a un par de clientes entré saltando a mi casa a hablar con una persona que sabía me entendería. A mitad de un pasillo me topé con mi tío que iba de salida.

—¡Tío! ¿Cómo está mi abuela hoy?

Sus pobladas cejas se hundieron al igual que sus cuadrados hombros —Está tranquila, Bella, pero... los exámenes... no salieron como esperábamos— Su boca se cerró en una fina línea.

Por un momento sentí que mi corazón se hundía en mi pecho.

—¡Bella! ¡Bella, ven acá!— Llamó mi abuela desde su habitación.

Hice lo posible por recomponer mi expresión y caminé hacia ella. Allí estaba ella acostada en su cama con Seth sentado muy cerca y ambos riendo.

—Este niño acá me dice que habían dos amigos tuyos muy apuestos en la tienda— Me dijo en tono sugerente.

—¡Yo no dije que eran apuestos!— Chilló Seth —Me voy.

Mi abuela y yo reímos a la vez. Seth estaba en esa edad donde el amor es asqueroso y todas las niñas tienen piojos. Ni me imagino cómo será cuando le guste alguna.

—Entonces... el niño me dijo que uno de ellos es novio de Rosalie, ¿puedo suponer que el otro es tuyo?

Mi abuela era una señora muy extraña. Al haber nacido en el campo y vivido en un campo de flores, no era una persona amante de los detalles ni de muchas palabras en realidad, pero era muy suspicaz. El hecho de que no dijera las cosas no significa que no las notara.

—No es mi novio, abuela— Sonreí —Vamos a salir mañana.

—¡Al fin! ¡Pensé que te quedarías virgen!— Exclamó con los brazos en alto y soltando una carcajada.

—¡Abuela!

—Bueno ya sé que no eres virgen pero tenía tiempo sin verte con alguien.

Sonreí incómodamente y preferí ignorar el hecho de que mi abuela "sabía" que no soy virgen. No podía esperar para ver a Edward mañana.


EPOV

Las gotas de sudor se acumulaban en mi frente y en la parte trasera de mi cuello. El aire acondicionado de la camioneta de Emmett no funcionaba así que bajé el vidrio de la ventana con la esperanza de que la brisa atenuara un poco el calor, pero no estaba haciendo mucho por mí. En la parte trasera, Chester jadeaba y aullaba constantemente, el pobre probablemente tenía sed.

—Gracias por ayudarme con esto, Emmett.

—Para eso estamos hermano— Fue su única respuesta cuando estacionó hasta el restaurante que le había mencionado.

Sequé el sudor de mi frente con el dorso de mi mano, saqué mi bastón y me adentré al establecimiento, considerando desde un principio que quizás los comensales no estarían muy alegres de tener a un perro metiéndose bajo sus mesas y haciéndoles ojos tristes para que le den comida o cariño.

Abrí la puerta, di unos cuantos pasos y de inmediata fui interceptado por mi bastón chocando con algo o más bien alguien frente a mi, seguido por la voz de una mujer.

—Disculpe señor, ¿puedo ayudarlo en algo?

—Sí. Estoy buscando a Marcus.

—No creo que el señor Marcus...

—Dile que es Edward Cullen.

—Está bien— Accedió la mujer en tono dudoso.

Moví mi bastón tentativamente y me di cuenta de que ya no estaba frente a mí. Supongo que no mucha gente valora el hecho de avisarle a un ciego si van a retirarse para que no se queden hablando solos. Cinco años después yo ya sabía esto, los primeros dos años de mi situación fueron una tortura social.

Y la gente aún se pregunta por qué no soy sociable.

—¡Edward Cullen!— Gritó Marcus en su marcado acento italiano acercándose a mí —Hasta que te dignas a visitarme.

—¿Cómo estas Marcus? ¿Cómo va el negocio?

Marcus Pascualli, como todo buen hombre italiano (según él) sabía disfrutar de la comida. Antes del accidente tuve la oportunidad de comer con él en varias ocasiones y era algo que sólo puedo describir como "impresionante". El hombre era prácticamente una zorra cuando se trataba de comida ¡No podía decirle que no! (sus palabras, no las mías). Eso, por supuesto, también lo había llevado a disfrutar de una figura redonda y una papada que se agitaba cada vez que reía. Digo disfrutar porque es lo que su esposa siempre le dice cuando lo llama "mi albondiguita de amor".

Dios... lo que tiene que soportar uno por hacer clientes.

—Siempre creciendo. Gracias a ti, Edward— Dijo envolviéndome con sus brazos.

Sip. Estaba igual que siempre.

Marcus fue mi primer cliente en aquel tiempo cuando yo me iniciaba como Inversionista Junior y trabaja con mi padre en "Inversiones Cullen Inc."

—Siempre supe que lo lograrías. Estaba en tu voz— Sonreí abiertamente al recordar a un joven (y mucho más delgado) Marcus, insistiendo en que invirtiera dinero en su idea de tener un restaurante de comida italiana, presionándome para que probara los canolis de su nona. Fue la naturalidad y la firme convicción en su tono de voz (además de la comida, por supuesto) lo que me mostró que "Cannolis" sería un restaurante de los grandes. Hoy en día me alegra haber tenido la razón.

—No creo que estés aquí para una visita social, ¿cierto?

—¿Además de Chef eres psíquico?— Bromeé. Él empujó ligeramente mi hombro riendo conmigo —En realidad me preguntaba si podría reservar el "Il Bacio" para esta noche.

El "Il Bacio" era la mejor mesa del restaurante. Ubicada en un salón completamente aparte del comedor, la llamaban *Mi beso* porque las paredes eran de una piel sintética roja como terciopelo que, Marcus decía, "son como los labios apasionados de una dama esperando a ser besada", además tenía un gran ventanal con vista al parque y las luces nocturnas de la ciudad. La recordaba perfectamente, el salón prácticamente gritaba "Romance".

—Oooh... estamos sacando la artillería pesada— Dijo Marcus en tono sugerente.

—Sigue igual que siempre, ¿cierto?

—¡Por supuesto! El romance en esa habitación es eterno, Edward ¿Quieres que coloque rosas?

Lo pensé por un momento. No quería asustarla ni parecer muy directo... aunque antes había sido todo lo contrario a directo así que quizás debería... no, no quiero presionarla...

—Mejor no. Yo me encargo.

—Está bien. Las colocaré de todos modos— Anunció naturalmente dándome dos palmadas en el hombro con su gruesa mano.

Parece que la gente a mí al rededor simplemente tenía la urgencia de entrometerse en mi vida. Suspiré. Para variar, esta vez no tenía ganas de discutir.

—Entonces... esta noche, ¿ok? Guárdame unos cannolis— Sonreí y guiñé un ojo, olvidando por un segundo que él no podría verlo por mis lentes oscuros. Qué raro.

—¡Claro que sí! Ya veo que estas aprendiendo a apreciar la comida— Bromeó pellizcando la piel de mi abdomen.

Su comentario me tomó desprevenido. Marcus prácticamente acababa de decirme que estaba engordando, el comentario de Emmett retumbó otra vez en mi casa. Nunca me había sentido inseguro con mi cuerpo, no cuando aún podía verlo... quizás había sido mala idea dejar de ejercitarme hace unos años... ¡Diablos!

—Seguro que sí, Edward.

Nos despedimos efusivamente (como sólo un italiano podría) hasta que mi amigo le mandó saludos a mi padre. Simplemente asentí y salí del lugar. Era más probable que Marcus lo llamara y le diera sus propios saludos a que yo buscara voluntariamente a mi padre. Consideré en decirle a Marcus que en un principio Carlisle se negó varias veces a hacer la inversión en el restaurante, pero lo descarté.

—¿Todo bien?— Inquirió Emmett cuando me subí a la camioneta.

La peluda cabeza de Chester se asomó entre nuestros asientos y se frotó contra mi cuello. Genial, ya estaba sudado y ahora probablemente estoy lleno de pelos y huelo a perro.

—Perfecto— Respondí con sarcasmo —A casa, Alfred.

—Lo que usted diga, señor Wayne— Rió mi hermano.

Era en estos momentos en los que más valoraba los esfuerzos que hacía mi hermano. Sabía que nadie en el mundo soportaría la mitad de las cosas que el soportaba por mí.

Emmett nos dejó a Chester y a mí en casa y fui directamente a la ducha para refrescarme un poco. Había tenido que esperar hasta mediodía para que el saliera de su trabajo y me acompañara a hacer las diligencias para esta noche. Primero ir a comprar ropa, idea de Emmett porque aparentemente el gusto de mamá era "aburrido y pasado de moda" (guardaría ese comentario para cuando necesitara chantajearlo) así que hicimos una compra rápida de un par de camisas, un pantalón de jean y uno de vestir. Sí, una compra rápida, no somos mujeres en un centro comercial. Después la reservación en el restaurante. Ya tenía el número de un taxi que estaría a mi servicio y ahora todo estaba preparado.

Estaba confiado en que todo saldría como lo había planeado: buscarla en su casa, cena en Cannolis, un paseo por el muelle y luego... lo que Bella y la noche quisieran de mí. Sonreí ante el prospecto de conocer nuevas cosas de Bella. Mente y cuerpo. Emmett sabía que no había hecho esto por nadie desde... hace mucho tiempo, y fue el primero en apoyarme. Aun cuando su cabeza estaba plagada de pensamientos sobre Rosalie quien aún no contestaba sus llamadas.

Me tomé mi tiempo en la ducha porque sabía que cuando saliera, no pasaría mucho tiempo para volver a sudar otra vez. La tan anunciada tormenta seguía haciéndose esperar y mientras tanto el calor en Seattle se parecía cada vez más a una olla de agua hirviendo. Tampoco ayudaba que anoche no dormí prácticamente nada y estoy bostezando a cada rato. Al salir recibí un texto en mi celular y sabía perfectamente quién era.

"¿Estás seguro que no quieres que nos encontremos en otra parte? No tienes que venir a buscarme —B" Anunció la voz computarizada de mi teléfono.

Bella llevaba toda la mañana preocupándose por cómo iría a buscarla, sabiendo que no puedo conducir, y yo seguía diciéndole que no se preocupara pero ella simplemente no me escuchaba. Al principio me parecía amable, como todo lo que otros hacen por ayudar a una persona invidente, pero ahora comenzaba a fastidiarme y me recordaba a mamá y Emmett cuando querían perseguirme a todos lados y vigilarme hasta en mi propia casa.

Soy ciego, no inútil.

"Voy a dejar de responderte. Es mala suerte que dos personas hablen el día de su cita" Tecleé y me vestí pacientemente. Aún tenía un par de horas que matar.

"Estoy segura de que eso sólo funciona con novias en sus bodas... y es verse, no hablar" Respondió rápidamente.

"Aun aplica. No más respuestas. Te veo a las 7"

"Terco" Fue su última respuesta y bufé molesto

¿Terco yo? ¡Claro! Porque ella no lo era en lo absoluto... jamás.

Me senté un rato en el sofá a escuchar televisión para hacer tiempo y Chester se sentó en mis pies bajo mi mano porque, como cosa rara, el chico quería un poco de cariño.

Mis ojos se estaban cerrando a mitad de la película, probablemente porque anoche sólo había podido dormir unas 3 horas y ni siquiera consecutivas. En un momento estaba escuchando los sucesos de un asesinato en el bosque, y al siguiente un hombre de voz extrañamente aguda anunciaba la identidad del asesino... ¿Qué diablos? Presioné el botón de mi reloj y supe que eran las 6:45 de la tarde. El taxi que había contratado llegaría en cualquier momento. Rápidamente me levanté, recompuse mi ropa, me aseguré de llevar mi cartera, colocarme mis lentes oscuros y maldije por enésima vez el hecho de ser ciego y ahora no poder verme en el espejo.

Unos segundos después sonó una corneta y mi teléfono repicó al mismo tiempo así que sabía era para mí. Chester aulló penosamente cuando se dio cuenta de que no iría conmigo.

—Lo siento, amigo. Esta noche estamos solos. Te dejé comida, agua y Emmett vendrá a buscarte en un rato para llevarte a su casa ¿Ok?— Dije antes de cerrar la puerta tras de mí y encaminarme con mi bastón.

Escuché la puerta del auto abrirse, unos pasos por el camino de grava y nuevamente otra puerta —Señor Cullen, se ve muy bien hoy— Dijo Frank, un taxista amigo de Esme que siempre estaba a mi disposición pero que muy pocas veces llamaba porque prefería otros medios o simplemente no salir.

—Gracias, Frank— Repliqué cortésmente.

Antes de llegar del todo a la puerta sentí su mano posarse en mi hombro y dirigirme a ella. Ignoré el deseo de sacudir su agarre. Todo el tiempo de camino a que Bella la pasé con mi pierna rebotando incesantemente

"¿Qué estoy haciendo? ¿Qué diablos estoy haciendo?"

—Ya llegamos señor Cullen, quiere que busque a la señorita o...

—No es necesario, yo puedo solo— Me encargué de afirmar disimuladamente la última palabra. Al menos creo que había sido lo suficientemente sutil.

Para mi sorpresa, estaba por girar la perilla y entrar a la tienda cuando sentí la puerta abrirse de un tirón y el cuerpo de Bella lanzarse a mis brazos. Sí, en este punto en mi vida ya sabía muy bien quién era Bella al sentirla. Apenas me dio tiempo de responder a su abrazo cuando ya me estaba soltando.

—Hola, Edward. Estoy lista, ya podemos irnos— Anunció e inmediatamente tomó mi mano y me jaló con firmeza de regreso al taxi.

—Ok, que bueno que...

—¡Bella Marie! ¡Tu abuela te está llamando! ¡Ven acá...! Oh...

La voz de una mujer que no había escuchado con anterioridad detuvo nuestro paso a mitad de la acera. Bella soltó mi mano y escuché sus pasos devolviéndose.

—Deberías presentarme a tu amigo— Señaló la mujer en un tono un tanto duro.

Bella suspiró —Mamá, él es Edward Cullen. Edward, te presento a mi mamá Renee Dwyer.

Sentí mi espalda tensarse. No sabía nada de la madre de Bella. No tenía intención de conocerla hoy así que no tenía idea de... ok, prácticamente nada.

—Mucho gusto, señora— Estiré mi mano frente a mí y me sentí tonto al pasar varios segundos y sólo sentir la brisa entre mis dedos.

Estaba a punto de bajarla cuando una mano finalmente la tomó. Era pequeña como la de Bella pero sentía sus uñas mucho más cortas y su piel un poco dura —Igualmente— Replicó cautelosa —¿Te importaría pasar un momento? Bella estuvo hablando de ti con su abuela y ahora ella insiste en conocerte.

—¡Mamá!— Reprendió Bella.

—No es por nada malo, Bella Marie— El tonó de Renee se volvió duro nuevamente al hablar con su hija —Por favor, Edward, si no entras nos torturará toda la noche culpándonos. Sólo serán unos minutos.

—Uhm... claro, sí... déjeme decirle al taxista...

—No te preocupes, Bella lo hace ¡Bella!— Ordenó.

Inesperadamente sentí a Renee posar sus manos sobre mis brazos al pararse tras de mí y me empujó ligeramente hacia dentro de la tienda. Caminé con mi bastón frente a mí sintiendo todo pero estaba sumamente incómodo por como dirigía y seguía cada uno de mis pasos. Lo único que me impedía apartarme y decirle que mi bastón era suficiente, era que no quería echar a perder las cosas con Bella.

Renee me guió por lo que parecía un par de pasillos estrechos y, cuando sentí el espacio abrirse, me indicó que ya habíamos llegado a la habitación de su madre. Supuse que no había ventana porque el calor me parecía casi asfixiante y me alegré de haber recordado usar más desodorante.

—Al fin me traen un hombre apuesto en lugar de esas horribles pastillas— Escuché la voz de una mujer cuyos años de experiencia se filtraban en su tono.

—Mamá, él es Edward el amigo de Bella. Edward, ella es mi mamá, Anne Dwyer— Anunció Renee aun sosteniendo mis brazos.

Aproveché la oportunidad para soltarme de su agarre, palpar un poco con mi bastón y dar un paso adelante —Un placer conocerla, señora Dwyer.

—¿Tan joven y usas bastón?— Indagó ella sin responder a mi saludo y sonreí porque no sonaba impertinente, sonaba... cómica —A mí me ordenaron uno de esos pero no me gusta ¡Yo estoy bien! Simplemente camino con estilo.

—Uhm... mamá...—Interrumpió Renee dubitativa pero la ignoré.

—Yo no lo uso para caminar, señora Dwyer, de hecho camino muy bien— Sonreí.

—¡Oh! Entonces es la moda, ¿verdad? Les juro que no entiendo a la juventud de hoy ¿A quién se le ocurre que caminar con un bastón es moderno? O "en la onda" ¿Qué onda es esa? ¡Y lo mismo digo de los pantalones bajos donde se les ve el culo!— Hizo una pausa y luego murmuró —Tampoco me gustan mucho los lentes oscuros de noche.

No pude evitar soltar una carcajada porque juro por mi vida que fue como escuchar a Bella aquel día en el parque, absolutamente ignorante de que yo era ciego y hablando de cuanta cosa le cruzara por la mente sin dejarme hablar. Sí, definitivamente Anne Dwyer y Bella Swan eran familia.

—¡Mamá!— Reprendió Renee nuevamente.

—Señora Dwyer, yo no uso nada de esto por moda. Yo...— Dudé por un segundo ¡Maldición! ¿Por qué no existe una mejor palabra en el vocabulario humano? —Yo soy ciego.

El silencio que siguió a mis palabras fue absoluto y sentía como si el calor tomara fuerza. Gotas de transpiración bajaban por mi espalda amenazando con crear una gran mancha en mi camisa. Esperaba que no, eso hubiese sido asqueroso. Por un segundo olvidé dónde estaba hasta que escuché un ruido seco contra el suelo... ¿Eso había sido una patada?

—Uhm... ¿En serio?— Preguntó la señora Dwyer en tono perplejo.

—Bueno... si— Respondí con el ceño fruncido. Nunca nadie había dudado si realmente era ciego ¿Debería sentirme ofendido?

—¿No puedes verme ahora?— Cuestionó la mujer nuevamente.

—¡Abuela!— Reprendió Bella esta vez pero hablando entre risas. La sentí colocar su mano en mi cintura y mi ceño se disipó —Ya tenemos que irnos. Hablamos luego.

Giró mi cuerpo para caminar de regreso —Hasta pronto, señora Dwyer— Me despedí mientras caminábamos.

—¡Adiós, hijo! ¡Un placer! Recuerda que pedir direcciones no es malo, ¿ok? El cuerpo de una mujer puede ser...

No pude escuchar el resto porque su voz fue amortiguada por una puerta cerrándose con un estruendo y Bella empujándome para que caminara más rápido. De todos modos había escuchado lo suficiente para reír a carcajadas nuevamente. Sí, esa mujer era abuela de Bella.

—Edward, por favor discúlpame por... todo— Dijo Bella una vez que ambos estuvimos en el asiento trasero del taxi y yo tomé suficiente aire para dejar de reír.

—No te preocupes, Bella.

—Verás, mi abuela creció en un pueblo diminuto dónde la prudencia no significa nada... en serio, puedes preguntarle y te va a decir que la única prudencia que conoce es la vecina de a dos casas.

—Bella...

—...Y mi mamá, ella es aún peor. No peor, quiero decir, es más difícil, es un poco cuadrada, siempre me cuida de lo que hago y...

—Hey— La interrumpí.

Estiré mi mano en el asiento con la suerte de encontrar la suya. Cuando lo hice, la deslicé suave y rápidamente por la extensión de su brazo, tracé un círculo sobre su hombro desnudo y finalmente la posé sobre su mejilla. Atraje su rostro al mío y por un segundo me distraje pensando en cómo serían los labios de Bella, gruesos, finos tal vez ¿Cómo sería su sonrisa?

Bella suspiró y su aliento choco de frente a mi rostro, haciéndome tomar consciencia de su cercanía.

—Creo que llegamos— Murmuró suavemente.

¿Al punto de no retorno? -quise responder- Sí, yo también lo creo.

—Edward.

—¿Mmm? ¡Ah, si!— Me sentí extraño al soltarla pero sabía que tenía que hacerlo para poder comenzar la velada.

Me bajé del auto y a tientas estiré mi mano para ayudarla a bajar. Aproveché la oportunidad para no soltarla mientras entrábamos al restaurante. El sonido de las conversaciones de los comensales fue instantáneo al traspasar la puerta.

—¡Edward Cullen, te estaba esperando! ¡Dios mío, pero qué hermosa joven!— Exclamó Marcus con alegría contagiante.

—Marcus, ella es Bella. Bella, él es Marcus.

—¡Bella, Bella! ¡Bellísima diría yo! ¡Bellísima! ¡Qué elegante vestido! ¡Como un guante! ¡Bellísimo!— Marcus no paraba de hablar y reír, tan efusivo como sólo él podía hacer. Siempre decía que eran los genes italianos pero yo sabía que era más que eso. Casi podía imaginar nuevamente su papada saltando.

—Buona sera, signore. Molto grazie— Respondió Bella quedamente en un fluido italiano que me hizo voltear hacia ella.

—¡Parla italiano! ¡Edward! ¡Ella es perfecta! ¡Oh, el amore! ¡Vamos! ¡Vamos a "Il Bacio"! ¡Síganme!

Bella le dio un apretón a mi mano y guió nuestro camino.

—¿Hablas italiano?— Susurré mientras caminábamos.

—Mi nombre es "Bella", lo justo es que le saque provecho— Susurró de vuelta y sonreí.

¿Cómo es que ella...? ¿De dónde...? ¿Por qué...? No puedo, estoy sin palabras. Justo cuando pienso que ya he entendido todo de ella... su personalidad y sus por qué... descubro que no todo es tan plano como solía pensar.

En el momento en que entramos sentí el olor a rosas y una ligera brisa casi inexistente que adivinaba provenía del gran ventanal con vista al parque.

—Bienvenidos a "Il Bacio". El vino esta recién servido. La comida llegará en unos minutos— Anunció Marcus —¡Disfruten!

Segundos después escuché la puerta cerrarse con "tac". Con mi mano sobre la suya, Bella nos guió hacia un lugar dentro de la habitación. Me asegurar de mover mi bastón para no tropezar con la mesa o alguna otra cosa.

—Edward, esto es bellísimo— Jadeó Bella.

Sonreí y las palabras de Marcus rodearon mi mente. "Hermoso vestido, como un guante" ¿Cómo sería ese vestido? ¿Tal vez marrón como su cabello? ¿O blanco como su piel? ¿Revelaría mucho sus piernas? Mmm... sus piernas...

—Creo que nunca había visto paredes de terciopelo rojo, las luces, la mesa con pétalos... es bellísimo, Edward— No sabía si lo había hecho con intención pero su descripción de nuestro mundo era como música para mis oídos.

—Me alegra que te guste— Sonreí.

Bella tomó mi mano llevándome hasta la silla, me senté y escuché como ella hacia lo mismo. Casi no noté su gesto de ayuda... casi.

—¿Cómo conseguiste reservar este lugar?

—Ser amigo del dueño tiene sus beneficios, Marcus aceptó enseguida.

—¿Se conocen desde hace tiempo?— Inquirió.

—No. Hace un par de años, trabajamos juntos cuando comenzaba su negocio— Coloqué mi mano sobre la mesa y la palpé disimuladamente hasta alcanzar la copa de vino que había mencionado Marcus. Gracias a Dios, sin derramarla.

—¿Edward Cullen trabajó en la cocina de un restaurante?— Rió Bella con soltura ocasionado que yo hiciera lo mismo.

—¿Tan difícil te parece? En realidad yo trabajaba en una empresa de inversiones y Marcus fue mi primer proyecto— Antes de que me diera cuenta, las palabras salieron fluidamente de mí sin poder evitarlas.

Ella no me había preguntado eso, lo sabía. Sin embargo, lo dije. Ya era tarde.

—¿Trabajabas en una empresa de inversiones?— Repitió sorprendida.

—Uhm... si— Repliqué incómodo tomando una largo sorbo de mi copa.

—¿Y cómo es que terminaste siendo profesor de música?— Tal y como su abuela, no sonaba impertinente sólo... curiosa.

—Uhm... pues... el accidente— Fue lo único que pude ofrecer.

Di otro sorbo y me imaginé la siguiente pregunta en la punta de su lengua pero no quería escucharla. Gracias a Dios en ese momento comenzó a sonar una música de piano muy suave.

—¿De dónde sale esa música?— Inquirió Bella.

—No tengo idea— Reí —Es todo parte de "Il Bacio"

—Un nombre muy sugerente, por cierto ¿Estas tratando de decirme algo?— Su tono era divertido pero cargado de algo más que aún no conocía en ella.

Estiré mi mano al centro de la mesa con mi palma hacia arriba en señal de invitación, a continuación pronuncié unas palabras que para en mi mundo eran extrañas y, para ser sincero, un poco atemorizantes y vergonzosas —¿Quieres bailar?

No me ayudó que su respuesta fuese un corto y sorpresivo —¿Qué?

—Nada— Murmuré y cuando estaba a punto de retirar mi mano de la mesa, ella la tomó.

—Disculpa, es que no se bailar.

—Yo tampoco, pero...— "Sólo quiero estar cerca de ti"... sacudí mi cabeza ante mis palabras de acosador.

—Está bien.

Ambos nos pusimos de pie tomados de la mano. Bella nos guió unos pasos lejos de la mesa y cuidadosamente posé mi mano en su cintura sintiendo la suave textura de su vestido, mientras que mi otra mano permaneció unida a la de ella y la atraje a mi pecho. Sabía que ella estaba frente a mí a sólo centímetros, las puntas de su cabello picaban en mi cuello.

—Bella— Musité.

—¿Mmm?

—¿Cómo es tu vestido?— Era quizás la única pregunta que me atrevería a hacerle de entre todas las que pensé.

Su mano se soltó de mi agarre para envolver el dorso de la mía de modo que mis dedos quedaran libres, la movió de mi pecho para dirigirla al suyo y pasó las yemas de mis dedos por el borde recto de su escote. En lugar de describirme su vestido en voz alta, Bella le estaba dando una respuesta silenciosa a mi pregunta. Una respuesta que apreciaba muchísimo más de esta forma.

—Es color verde oscuro, como las hojas de un árbol— Sonreí ante su explicación y no pude evitar pensar en lo apropiado de sus palabras. Su cabello marrón y su vestido verde, como un árbol.

Poco a poco deslizó mi mano hacia abajo y en el centro de su pecho encontré un objeto duro —Tiene un broche plateado— Señaló. No pude ignorar la sensación de la curvatura de sus senos bajo mis dedos mientras estos descendían y por un momento sentí como si su cuerpo se hubiese arqueado hacia mí. Quizás sólo haya sido producto de mi lujuriosa imaginación.

—También tiene varias capas— Su mano bajó la mía por su abdomen, cruzando ligeramente hacia la derecha para continuar bajando por su muslo en lugar de dejarme sentir el centro mismo de su cuerpo. Las capas eran suaves como plumas y mi deseo inmediato fue ponerme de rodillas y frotar mi cara en él pero... sí... no creo que eso hubiese sido muy apropiado a mitad de un restaurante.

—Termina justo... acá— Susurró cuando finalmente mi mano alcanzó el borde final de la tela, aventurándome un poco más estiré mis dedos y sentí la piel de su muslo, tan suave como sus manos.

Debido a mi altura tuve que inclinarme bastante para mantener mi mano donde Bella la sostenía, así que mi frente estaba actualmente presionada sobre la piel de su hombro desnudo. Sentía como si estuviese al borde de la locura, al borde de un abismo, había demasiada piel por todos lados. Suave y sedosa piel, suave y sedosa tela. Tuve el deseo creciente de devorarla a besos y deslizar mis labios por cada espacio posible, por cada espacio que encontrara de Bella Swan.

Sin querer evitarlo (porque bien sabía que podía hacerlo), deposité un largo y sentido beso sobre su hombro a la vez que trazaba patrones sin sentido sobre su muslo. Ella aun no pronunciaba una palabra, no movía ni un músculo, y no tenía idea si eso era algo bueno o malo.

Poco a poco enderecé mi postura subiendo mi mano lentamente por su cuerpo, siguiendo el mismo camino que ella había hecho. Mis labios hicieron lo mismo dejando besos cortos pero sentidos haciendo una línea en la curva de su cuello hasta llegar a su mejilla.

—Gracias— Murmuré con mis labios aun unidos a ella. No sabía si me entendería, ni siquiera sabía lo que quería decir, pero ya lo había dicho.

Bella pareció finalmente despertar, sus brazos encontraron su lugar alrededor de mi cuello y lentamente nos mecimos al ritmo de la música por uno o dos minutos tal vez. Estar así con ella era como ser atraído lentamente en un trance, no se sentía mal pero aún era extraño para mí y la lógica me dijo que debía despertar.

—¿Asombrada con mi habilidad para bailar?— Bromeé sonriendo y separándome un poco de su cuerpo.

—¡Oh, si! Esos pasos fueron una locura, sólo para profesionales— Contestó Bella.

Nos encaminamos nuevamente a la mesa, probablemente la comida debía estar por llegar. Aun de pie junto a la mesa, Bella me entregó mi copa aclarando que ella no iba a beber sola.

Estaba a mitad de mi trago cuando repentinamente Bella soltó un agudo grito y fue seguido por el sonido de vidrio despedazándose al caer y un líquido salpicando mis piernas.

—¡Bella! ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Qué sucede?— Pregunté asustado colocando mi copa sobre la mesa rápidamente y tomando su cuerpo por la cintura en un intento de averiguar si algo le había sucedido.

Pero después pensé... Si algo le había sucedido, ¿qué se supone que iba a hacer? ¿Cómo podría saber si ella no estaba allí para hablarme y explicarme? Yo no podría ayudarla, era simplemente eso, en una verdadera emergencia quizás yo no podría hacer nada para protegerla.

—¡Todo se apagó!

—¿QUÉ?

Esa no pudo haber sido la causa de su grito. Eso tiene que ser una broma. Ella debió haber notado mi tono porque se recompuso.

—Es que me tomó por sorpresa, es todo— Claro —Parece que sigo rompiendo cosas cuando estoy contigo, ¿eh?

Moví mis pies y los pedazos de vidrio junto a nosotros resonaron —¿Le temes a la oscuridad?

—¡No!— Respondió rápido, quizás demasiado rápido.

Reí —Imagínate que fuese lo único que vieras cada día. (IMP)

Mis palabras no eran amargas, eran simplemente la constatación de un hecho. La puerta se abrió y Marcus entró hablando rápida y acaloradamente:

—¡Edward! ¡Edward, cuanto lo siento! ¡Lo siento mucho! Es la mia culpa, ¡la mia culpa!

—¿Olvidaste pagar tu servicio eléctrico, Marcus?

—¿Qué? ¡No! ¡Se no hay luz en toda la ciudad! Fue mi culpa no haber mandado a reparar el generador del restaurante— Lo último salió como un susurro y que Marcus hablara en voz baja... eso no era nada como él.

—Tranquilo, Marcus, no tienes...

—¡Nada de eso! ¡Arruiné el amore! ¡Arruinado! ¡Arruinado!— Lloró mi amigo —No querrán estar en este oscuro lugar. Ya estan guardando su comida para llevar.

—No se preocupe, señor— Aclaró Bella dando un paso. Los vidrios crujieron nuevamente y me aseguré de sostener su cintura para evitar que se cayera.

—¡La copa! ¡Se ha caído la copa! ¡Cuidado, Bellísima! ¡La comida estará empacada en seguida!— Exclamó el hombre nuevamente tomando su tono normal —¡El amore! ¡Oh, el amore!

Salió chillando con melancolía y la puerta fue cerrada nuevamente. A mi lado, Bella reía quedamente y su cuerpo rebotaba bajo mis manos.

—¿Qué es tan gracioso?— Inquirí sin evitar sonreí.

—Es que es... es muy chistoso— Habló entre risas —Ese hombre parece hablar de una forma... como si... como si...

—¿Como si hablara con el cuerpo?— Reí.

—¡Si! ¡Eso!

Era prácticamente imposible notar que Marcus era un hombre entusiasta. Cada vez que hablaba era en exclamaciones y todo su cuerpo se movía, sus manos, sus piernas, su cabeza... todo. Yo mismo se lo había señalado así que le di a Bella la misma explicación que yo había recibido en mi momento —Es parte de ser un apasionado hombre italiano.

Rió con un poco más de fuerza y sus brazos volvieron a encontrar asilo alrededor de mi cuello.

—Por fin puedo salir contigo, tengo toda la noche planeada... y se va la luz en toda la ciudad. Mi suerte es la peor, no tengo idea de qué le habré hecho al Universo para que me lance algo así— Comenté ligeramente subiendo mis manos de su cintura a su espalda.

—¿Qué tenías planeado?

—Cena en un restaurante elegante, caminata romántica por el muelle y...— Pausé —Lo que tu quisieras.

—Entonces creo que vamos a tener que saltar directamente a la parte de "lo que yo quiera"— Respondió sugerente tomando la punta de mi cinturón y halándolo suavemente.

—Entonces ilumíneme, señorita Swan, ¿cómo continuaremos nuestra noche?

—Yo digo que llevemos esa delicia comida hasta tu casa y comamos porque me muero de hambre y me daría miedo andar por la ciudad a oscuras.

De más está decir que Bella no tuvo que insistir mucho para que yo aceptara su petición ¿Qué puedo decir? Soy un hombre fácil y no tengo problema con eso. Me apresuré en llamar al taxista quien por fortuna me dijo que aún seguía cerca y podía buscarnos. Un par de minutos después (que pasé con mi cara en su delicioso cuello) Marcus hizo su entrada y el exquisito olor a cannolis me absorbió en seguida. La boca se me hacía agua de sólo pensarlo.

Bella y yo dimos las gracias -ella en un profuso y fluido italiano, yo en un tranquilo y simplón español-. Mi bastón estaba guardado en mi bolsillo porque mis manos estaban muy ocupadas sobre la cintura de Bella mientras ella nos guiaba fuera del salón "Il Bacio". Eso hasta que la sentí trastabillar y tuve que sostenerla con fuerza para que no cayera al suelo.

—Wow, creo que los tacones y la oscuridad son una mala combinación.

Sin responder nada saqué mi bastón y me acomodé para caminar a su lado, esta vez guiándola yo a ella. Nunca lo diría en voz alta pero en realidad me alegró tener la oportunidad de moverme con soltura junto a ella.

Salimos del restaurante para esperar nuestro taxi y el calor pareció haber empeorado, como si el suelo emanara una ola de vapor. Todo el camino a mi casa estuve con mi rostro pegado a la ventanilla abierta del auto. Si hubiese sido Chester, ya hubiese sacado mi cabeza para sentir la brisa... y con este calor eso no parecía tan mala idea.

Cuando llegamos a mi casa tomé la mano de Bella para guiarla a mi puerta y sentí las gotas de sudor en ella... ¿O era mi mano la que sudaba? Ya no tengo idea. Entramos y, por la costumbre que tenía cada vez que tenía compañía, presioné el interruptor de luz para luego recordara que... no había electricidad.

—¡Oh, por Dios!— Gemí. Mi camisa se adhería a mis espalda sudada y mis piernas no estaban mucho mejor, ya no podía soportarlo.

—Lo sé. Estoy literalmente derritiéndome— Bella soltó un gemido similar al mío y cualquier diría que estábamos haciendo otra cosa en lugar de disfrutar de las maravillas de mi aire acondicionado.

—Al menos tu llevas vestido— Dije acercándome a donde la había dejado, junto a la puerta, y aun sosteniendo la bolsa de comida en mi mano.

—Sí, un vestido tan ajustado que me da aún más calor y el cabello largo que sofoca mi cuello— Bufó.

¿Debería sugerir que se lo quite? Si, probablemente si lo digo ella piense que es por otra cosa en lugar de la bondad de mi corazón.

—¡Ok, comamos! Podemos colocar estas cosas en la mesa y...

—No, no, no, no, no— Me interrumpió colocando un dedo sobre mis labios —Lo que vamos a hacer es apartar un poco tu sofá y sentarnos en tu sala a disfrutar de un picnic.

—¿Un qué?— Murmuré con su dedo aun sobre mis labios.

—Un picnic.

—¿En mi sala?

—En tu sala— Obviamente mi procesamiento estaba bastante lento así que opté por darle un beso a su dedo y la escuché reír.

Bella empujó sólo un poco mi sofá (al menos eso fue lo que me dijo) y nos sentamos en el suelo con los contenedores de comida abiertos. Resultó que Marcus también había empacado sus cubiertos de plata.

—Creo que nunca me imaginé tener un picnic en tu casa a oscuras— Comentó Bella con un bocado de cannolis y luego soltando un gemido porque... bueno... son cannolis italianos y están deliciosos.

—¡Oh! Creo que Emmett colocó unas velas y fósforos en el cajón de la mesita. Sólo asegúrate de colocarlas sobre la mesa porque no quisiera tropezar con ellas— Señalé apenas tomando aire para continuar comiendo.

—No sabía que Emmett era un hombre prevenido.

Bufé —No lo es. Mi madre le dijo que lo hiciera.

Percibí el olor del fuego.

—Mucho mejor. Ahora puedo verte— Musitó Bella.

Sonreí para ella pero en realidad no tenía mucho que decir. Mientras comíamos sentí como poco a poco el calor que emanaba de las velas aumentaba el vapor en el ambiente. Ya no podía soportarlo más.

—¿Te importa si me quito la camisa?— Solté sin pensarlo demasiado.

—¿Qué?— Exclamó Bella en un chillido.

—¿Te importa si me quito la camisa?— Repetí lentamente haciendo lo posible para disimular mi sonrisa de incomodidad. En serio, esto era tan incómodo que ya rayaba en lo gracioso.

—Ahm... bueno... no... o sea... No...— Balbuceó y no pude resistir reírme un poco.

—Llevo una camiseta por dentro— Expliqué poco a poco.

—¡Oh! ¡Claro! ¡Sí! De todos modos es tu casa. Puedes... ya sabes... como quieras.

No era justo que siguiera aprovechándome de ella así que sólo le tomé la palabra, desabroché los botones de mi camisa y una vez que me la había quitado la usé para enjugar el sudor de mi frente y de la parte de atrás de mi cuello. Solté un gruñido de alivio por haberme quitado algo de encima.

—Gracias.

No dijo nada.

—Bella...

Aun nada. Creo que ya era momento de alarmarme.

—¡Bella!

—¿Qué? ¡Sí! ¡Sí!

—¿Pasó algo?

—No, no. Estaba comiendo— Sus siguiente palabras sonaron amortiguadas notándose el bocado en su boca —Esta delicioso.

Di otro par de bocados a mi comida riendo por lo nerviosa que se escuchaba. Hasta que sentí algo suave chocar con fuerza contra mi hombro.

—¡Deja de burlarte de mí, Edward!— Exclamó con un bufido.

—¡Ouch! ¿Acabas de golpearme con un cojín?

Otro golpe —¡Sí! Estas allí, con tu desnudez, burlándote de mí.

—Oh, por Dios— Reí —¿En serio tienes 26 años? Tú no puedes tener 26 años— Rodé mis ojos

Otro golpe. Ok, tal vez ese sí lo merecía —No creas que por tus lentes no puedo ver que me ruedas los ojos.

—¿Qué? ¿Cómo...?

—Es que haces una cosa con tus cejas que... olvídalo, eso no es importante— Se apresuró a decir —Ya empezaste otra vez con lo de mi edad.

—Bueno... ¡Sí! Dime la verdad— Ordené acercándome a donde ella estaba sentada.

—La verdad es que tengo 26 años— Reafirmó —Y ya que estamos en eso, también tengo un título universitario, soy profesora de Educación Pre-Escolar.

—¿TU QUÉ?— Inquirí absolutamente sorprendido porque... ¡En serio! Creo que no necesito explicar por qué.

Sentí otro golpe, esta vez en mi cabeza ¿Por qué? ¿Por qué la violencia?

—Cada vez que te digo algo de mi te sorprendes— Señaló Bella alzando su voz en un tono completamente serio —Me estoy cansando de que me subestimes así. Soy más de lo que ves, Edward. Supéralo.

No voy a negar que me intimidó un poco su forma de hablar, sólo por el hecho de que nunca la había escuchado así. Me di una patada mental por abrir mi bocota y decir eso en mitad de nuestra cita.

Arrimé mi cuerpo hacia ella (tropezando con un contenedor en el proceso) hasta que mi rodilla tocó la suya. Desde acá sentí el calor emanando de la vela y no sé cómo Bella no se estaba asando. Coloqué mis manos en su cintura y la atraje hacia mi sintiendo su aliento en mi rostro.

—No quise decir eso...

—Conozco a tantas personas que sólo subestiman a otros. Lo único que hacen es pensar en sí mismos, en lo que ellos creen que debería pasar...

Su tono de voz aumentaba por segundo y podía sentir su cuerpo agitándose mientras hablaba, apenas tomando aire para continuar.

—Bella...

—...ustedes tienen que preguntar primero, consultar primero, no sólo tomar decisiones...

La manera en que se agitaba su cuerpo y su voz al hablar comenzó a asustarme así que sujeté su cintura con más fuerza y la sacudí levemente para intentar que reaccionara.

—¡Bella!

Un sollozo escapó de su pecho y luego la escuché llorar. Sin siquiera pensarlo la envolví en mis brazos y me dediqué a mecerla suavemente y acariciar su cabello. Esta noche estaba resultando más difícil de lo que esperaba y me sentí como en una montaña rusa emocional. Francamente, entre sus cambios de humor y los míos ya me estaban dando jaqueca.

Su llanto duró sólo uno o dos minutos y pronto su cuerpo entró en calma. Su rostro seguía acurrucado en la curva de mi cuello y mis labios sobre su cabello. Se sentía bien poder sentirlo entre mis dedos y acariciar su longitud. Su cabello marrón. Algunas hebras se habían pegado a la piel ligeramente húmeda de sus hombros.

—Lo siento...

—No te preocupes— Sabía que esas palabras no eran exactamente para mí pero no me pareció adecuado señalárselo.

Aun sosteniéndola entre mis brazos me separé un poco de ella de modo que pudiese ver mi rostro.

—Bella, ¿cómo eres?— Murmuré.

Afuera se escuchó un impactante trueno cuyo sonido retumbó con fuerza. Parece que la tormenta finalmente ha llegado. Sentí a Bella removerse en su lugar, aun sin darme respuesta, así que decidí facilitarle las cosas.

—Sigo descubriendo cosas de ti y de tu personalidad pero hay algo que aún no se y que es difícil para mí de averiguar...— Reí un poco incómodo y sentí la punta de mis orejas calentarse. Si no estuviésemos a oscuras, probablemente me vería sonrojado —Cómo eres... físicamente. Si no te importa que pregunte.

—¡Oh!— Ella rió y era natural y despreocupado, un contraste a su pequeño episodio hace unos minutos. Me alegró haber sido el causante de ese sonido —Está bien, puedo decirte. Supongo que tiene sentido.

Le di una sonrisa expectante. Nuevamente ella tomó mi mano para posarla y guiarla por cada descripción —Como ya sabrás, mi cabello es un poco largo y castaño— Señaló dejándome sentir sus ondas en mis dedos.

—Mi cuerpo...—Rió incómoda— Estoy lejos de ser perfecta pero puedo decir que se ajusta a mí— Deslizó mi mano por el contorno lateral de su cuerpo dejándome sentir la curva de sus senos, el valle de su cintura, la curva de su cadera e incluso un poco de la extensión de su muslo suave —Mi piel es blanca, como un fantasma diría yo.

Bella reía pero yo estaba muy ocupado armando la imagen de ella en mi mente. Era extraño que aun así mi curiosidad no se saciara del todo. La sentí soltar mi mano para entonces tomar mis dedos índice y medio —Mis cejas son delgadas— Murmuró pasando las yemas de mis dedos por los pequeños vellos —Mis ojos marrones como mi cabello— Esta vez los deslizó por mis parpados cerrados.

Sin esperar su guía y tomando más confianza, mis dedos continuaron el camino por su nariz hasta que ella me soltó y se dedicó sólo a hablar —Mi nariz es extrañamente pequeña— Rió —Pero bastante respingada como puedes notar.

Sonreí cuando aproximé mis dedos al lugar que realmente estaba esperando, quién sabe por cuánto tiempo. No eran muy gruesos pero tenían esa preciosa y provocadora forma de corazón en su parte superior.

—Mis labios son...

Antes de que pudiese terminar, coloqué mi mano en su mentón y estrellé su boca a la mía con energía, ansia y emoción. Sus labios se amoldaron a los míos fácilmente y después de unos segundos de simplemente disfrutar su forma y lo maravillosos que se sentían, el deseo de devorarlos se apoderaba de mí. En el fondo el sonido de otro trueno hizo su aparición con aun más fuerza que la anterior pero en ese momento podía estarse destruyendo Seattle a mitad de un huracán y yo no me apartaría ni un segundo a mirar. Buenas prioridades tengo, ¿verdad?

Moví mi boca sobre la suya en una serie de breves besos que ella respondía de igual forma. Mi mano izquierda acariciaba su cuello y los pequeños y húmedos vellos detrás de él, mientras que mi derecha estrechaba su cintura a la mía lo más posible a pesar de nuestra posición en el suelo. Nuestros besos eran hambrientos como desahogando toda la espera que habíamos sufrido y mi lengua se asomaba saboreándola hasta que ella imitó mis movimientos lamiendo mi labio inferior para después morderlo leve y juguetonamente. Su pecho se movía agitado contra el mío. Finalmente me separé de ella permitiéndonos un poco de aire.

—Eso quería averiguarlo por mí mismo— Suspiré explicando el porqué de mi "abrupta" interrupción y dándole otro corto beso.

—Ahm... si... excelente idea— Murmuró.

Esta vez fue ella quien colocó sus manos en mis hombros y me atrajo nuevamente a su boca besándome con la misma energía con la que yo lo había hecho. Sentía como las dudas que había tenido en algún momento se disipaban a medida que nuestros cuerpos se unían más, y hacerlo era fácil... natural. Me incliné más sobre ella y en lugar de detenerme o alejarme, sólo se dejó llevar y lo siguiente que noté es que estábamos recostados en el suelo, mi brazo izquierdo mantenía mi peso para no caer del todo sobre ella mientras que mi mano derecha recorría los pliegues de su vestido y las curvas bajo él.

A lo lejos escuché el sonido de la lluvia cayendo fuerte e incesante acompañada de algunos truenos más, pero la sensación de las manos de Bella recorriendo mi espalda y adentrándose bajo mi camiseta controlaba mi atención. Ustedes podrán entender por qué. Poco a poco nuestros besos se tornaron más suaves y lentos pero su intensidad no descendió ni un poco. Mi lengua saboreaba perezosamente su boca sonriendo sobre ella, sintiendo que era mía.


Bella POV

¿La comida? Olvidada hace rato y probablemente fría en los contenedores aun abiertos pero alejados de nosotros.

¿El calor? Terminado gracias a la tormenta que por fin (¡POR FIN!) se había dignado a caer y apiadarse de nosotros.

¿Me importaban estas cosas en ese momento? La respuesta es un sonoro, gordo y definitivo N-O.

Apenas lo estaba descubriendo pero me daba la impresión de que muy pocas cosas me importarían mientras tenga a Edward sobre mí, besándome... o tal vez debajo de mí, tendría que explorar esa posibilidad más adelante. Sus labios se movían de forma experta y me intimidaba pensar cómo había aprendido a besar así y en qué otras "actividades" era todo un experto.

Su camiseta me estorbaba y la idea de quitarla de mi camino rondaba mi mente. Subí mi mano por su espalda y la enganché a su cuello pero, como solía suceder cada vez que estaba muy cerca de él, mi torpeza pareció activarse y sin querer choqué con sus lentes y los moví prácticamente enterrándolos incómodamente entre nosotros.

¿Por qué aun había algo entre nosotros? Eso no debería ser posible, yo no debería permitirlo. Así que con más seguridad tomé la esquina de sus lentes entre mis dedos y estaba a punto de removerlos cuando Edward de apartó repentinamente de mí.

—¿Qué... qué estás haciendo?— Susurró con su agitada respiración colándose con la mía y sus labios ligeramente hinchados. Oh, por Dios, ¡sus labios!

—Sólo quiero quitártelos ¿Estas bien?— Inquirí un poco insegura al notar su reacción.

—No. No es necesario, está bien así— Insistió retirando un poco más su rostro.

Me tomé un momento para responder y sentí su cuerpo tensarse, probablemente porque no me escuchaba.

—Vamos, Edward ¿A qué le temes?— Dije lo más calmada posible.

Sin responder nada giró su rostro hacia la derecha donde la vela encendida iluminaba su rostro tenuemente.

Con sólo ese gesto comprendí que, para Edward, no se trataba solamente de quitarse sus lente sino de mostrar algo más personal de sí mismo, algo que él parecía aun recriminarse y considerar un defecto. Comprendí que pedirle a Edward que se quitara sus lentes, era tal vez como si él me pidiera a mí que me desnudara por completo.

Sin pensarlo demasiado empujé su brazo, coloqué mi peso sobre mis codos, me incliné hacia la vela y la apagué con un rápido soplido. Instantáneamente la habitación se sumió en oscuridad, la lluvia era nuestro telón de fondo y la breve luz de los truenos era lo único que me permitía visualizar, por sól segundos, el contorno de su rostro.

Deposité un corto y dulce beso sobre la punta de su nariz y con una sonrisa me dispuse a continuar disfrutando de nuestra maravillosa sesión de besos. Edward me sorprendió al evadir mi boca y pensé que tal vez había hecho algo mal, lo sentí removerse sobre mí pero no podía ver nada. Lo siguiente que capté fue su mano colocando un objeto sobre la mía. Palpé su forma y me di cuenta de que eran sus lentes... sus lentes oscuros. Apreté mis dedos para soportar el deseo de tomar su rostro y acariciar sus párpados, no por curiosidad, sino por el deseo de ahuyentar los demonios que atormentaban el alma de este solitario hombre. Sin embargo sabía que, lamentablemente, eso seguramente sería demasiado para un día. Este gesto, viniendo del hombre que el día en que lo conocí apenas accedió a que me sentara junto a él y se negaba a darme su nombre, era casi monumental.

Con cuidado coloqué los lentes lo suficientemente lejos para que no aplastarlos por accidente (lo cual no sería muy extraño en mi) y me recosté nuevamente bajo Edward tomando su rostro entre mis manos y besándolo con todo el cariño, pasión y emoción que pude acumular, tratando en lo posible de expresarle lo importante que él era para mí ahora.

El tiempo se tornó flexible, estirándose y plegándose otra vez. Pudimos haber estado allí, recostados en su sala besándonos, por segundos minutos u horas porque el momento se sentía eterno como un recuerdo imborrable, y efímero por un final inevitable que esperaba por nosotros. A mitad de un beso particularmente exquisito con la punta de la lengua de Edward rozando provocativamente la mía, súbitamente sentí una luz sobre mis párpados que me hizo abrir los ojos sólo para ser cegada parcialmente al darme cuenta que la electricidad se había reactivado. Por instinto me separé de Edward para parpadear y que mis ojos se ajustaran a la nueva claridad.

—¿Pasó algo?— Inquirió Edward en tono curioso.

Por un momento me sentí confundida pero enseguida recordé que él no se percataba de la luz y no podría saber que la electricidad funcionaba nuevamente. Cuando lo miré y abrí mi boca para explicarle, me di cuenta de algo que no había visto hasta ahora: los ojos de Edward.

Lo que vi en ellos hizo que mi corazón se encogiera de dolor y las palabras que iba a soltar se convirtieron en un sonoro jadeo de sorpresa.

"Oh, Edward"


:/
:)

Tuvimos muchas cosas acá... la historia de Jacob, detalles personales de Bella, detalles personales de Edward, una cita cambiada, un montón de besos :$ un Edward sin lentes frente a Bella por primera vez...

Tranquilas, pueden desahogarse como quieran aquí abajito en su Review :D eso me ayuda a aprender de lo que escribo.

Opinioness, críticas constructivas, comentarios subidos de tono sobre tener a Edward a oscuritas :$ todos son recibidos jaja.

Nos leemos pronto! :D Espero :P
Abrazos.
Alessa.