Star vs las Fuerzas del Mal
Capítulo 10 El reinado de Ludo
—¿Qué decías de sentido común?—ironizo Alfonzo.
—¡Cállate nerd!—dijo Britney molesta.
Se encontraban Britney, Sabrina, Alfonzo y Ferguson atrapados en una red para humanos, los cuatro bastante apretados, y juntos. Siendo la única que parecía cómoda Britney, y ni siquiera ella parecía muy cómoda. Eran llevados en la espalda de un ciempiés gigante que no solo los llevaba a ellos, sino a cestas esféricas llenas de recolectados humanos.
—¿Qué creen que harán con nosotros?—preguntó Sabrina asustada.
—Seguramente comernos.—dijo Alfonzo—En el mejor de los casos…
—¿Hay algo peor que eso?—preguntó la chica ya aterrada.
—Podrían hacernos esclavos y vender nuestros órganos internos o…—comenzó a sugerir Alfonzo, pero fue detenido por un pelmazo por parte de Britney.
—Si vamos a morir no quiero oír tu voz.—dijo ella autoritariamente.
—Si vamos a morir yo quiero decir todo lo que pienso de ti.—dijo Alfonzo también molesto—¡Eres una p…!
—¡Cállense!—gritó el ciempiés deteniéndose, tomando la cesta de este grupo y agitándola violentamente, causando que en los cuatro gritaran.
—Creo que me rompí una uña…—se escuchó la voz de Sabrina.
—¿Qué les dije?—al parecer el ciempiés se divertía con eso porque volvió a agitarlos violentamente—¿Algo que añadir?—solo recibió la respuesta de los leves gimoteos de los que iban dentro de la canasta—Perfecto.—y acomodó nuevamente en su espalda el artefacto.
Una vez llegaron a los campos de concentración de humanos, vieron que la Oruga que los llevaba era una de decenas, incluso cientos de estas cosas que entraban a aquel lugar llamado escuela secundaria de Eco Arroyo, la peor prisión para todo adolescente. Todos los humanos, sin excepción, estaban distribuidos en distintas zonas de la escuela colgados del techo, las ventanas o las paredes, siempre en las jaulas circulares y amontonados en grupos de cuatro a diez integrantes. A ellos les tocó ser llevados al gimnasio, donde todo el techo estaba lleno, y estaban rellenando las paredes los insectos lentamente, pero a paso seguro. Había guardias alrededor que pinchaban de vez en cuando a los humanos con lanzas.
—¡Sáquenme de aquí! ¡No pueden hacernos esto! ¡Es inhumano! ¡Escuela en verano!—gritaba Justin el jugador de futbol americano desde una jaula colgada en el techo.
—Son prisioneros, cabeza de chorlito.—le dijo la maestra Calavera con una pica y haciendo que el chico gritara de dolor.
—¿Maestra calavera?—preguntaron Alfonzo y Ferguson.
—Oh, Alfonzo, el único estudiante que no me hace querer sacarme los colmillos con una estaca.—dijo ella sonriendo y volviendo a picar al jugador de americano—Parece que has sido capturado.—y aprovecharon que el ciempiés se entretenía colgando otras canastas para continuar charlando con la maestra.
—¿Está usted con ellos?—le dijo Sabrina molesta.
—Sí, y para su información ellos me tratan como la dulce flor que soy, y no como un fenómeno, niños malcriados.—dijo enseñándoles la lanza—Excepto tú Alfonzo, te liberaría, pero me pagan bien, ¿No es así director Skeeves?—dijo y no obtuvo respuesta mayor a gemidos pues el director estaba totalmente cubierto por una tela de araña que le impedía moverse o hablar.
—Pero maestra, al menos nos puede decir qué quieren hacer con nosotros.—dijo Ferguson preocupado.
—Oh, ya sabes, sacar sus órganos internos, despellejarlos y comerlos.—dijo la maestra como si nada, y hasta relamiéndose los labios—O tal vez solo tenerlos de prisioneros y usarlos como esclavos y monedas, no lo sé, no soy la líder precisamente señor Fernando.
—Es Ferguson.—dijo el chico molesto.
El ciempiés estaba a punto de levantarlos a ellos y dejarlos colgando de un lateral, o del techo en esa esfera, pero las puertas del gimnasio fueron abiertas de par en par mostrando a un molesto Ludo que entraba con toda la socarronería que le era posible, como si fuera el dueño de todo, porque lo era.
—¡MAL! ¡MAL! ¡MAL!—hablaba como niño pequeño pues hacía una rabieta—¡Especifique que los humanos colgando debían estar en el techo! ¿Por qué hay entonces cestas humanas en las paredes?—dijo empujando una esfera donde Alfonzo reconoció al pequeño rival de Marco, Jeremy, llorando.
Ludo continuó andando, buscando con los brazos en su espalda quién iba a ser el monstruo lo suficientemente idiota como para retarlo.
—Señor Ludo…—se acercó un monstruo que tenía astas de venado, una de estas rota, y barba—Pero no teníamos suficiente espacio en el techo, de hecho no van a entrar todos los humanos de la ciudad, aun si pegáramos una cesta al lado de la otra.
—¡No me interesa! ¡Tiren el techo o…!—se detuvo pues se encontraba viendo a los prisioneros del grupo de Alfonzo—A ti te conozco…—dijo Ludo señalando a Britney—Eres la chica amable.
—¿La chica amable?—comenzó a reírse Alfonzo y casi todos los cestos de personas que escucharon eso se pusieron a reír.
Ludo crujió los dientes, y cerró los puños, si tuviera su varita les hubiera enseñado un par de cosas sobre lo que era gracioso, pero se contentó con seguir la conversación con la chica.
—Chica amable, tu apoyo me ayudo en su momento, nuestro deseo de ver destruida a Star, aunque no pude cumplirlo, esta profetizado, por mi, el gran Ludo.
—Oh, ¿Entonces no la has destruido?—dijo Britney pareciendo decepcionada—¿Necesitas ayuda?—dijo provocando que todos en la escuela la vieran asombrados.
—De tu parte… ¡Por supuesto!—dijo Ludo feliz—¡Ciempiés ciego! ¡Bájala!—dijo gritándole al ciempiés, el cual obedeció entre lágrimas aterradas, liberando a los cuatro prisioneros—¡Idiota! ¡Solo la necesitaba a ella!—dijo molesto Ludo.
—De hecho, estos son mis aprendices del club…—dudo durante un momento—Odiamos a Star Butterflan.—dijo ella el nombre del grupo sudando un poco.
—¿Odiamos a Star Butter…?¡¿Flan?!—comenzó a desatornillarse de risa Ludo por el chiste—¡Jajajajaja! Oh, definitivamente serás una buena aliada.—dijo feliz—Y tu armada de monstruos también lo son.
—Somos huma…—intentó decir Alfonzo.
—Sí, ellos son monstruos.—dijo Britney haciéndole un favor y tapando su boca.
Ludo y el grupo de Britney salieron de aquel salón de pesadilla, junto a las miradas de odio de centenares de personas que estaban colgadas y apretadas unas contra otras. Mientras más se internaban en los pasillos, veían a distintos estudiantes de Eco Arroyo encerrados en las jaulas, pasaban en fila, excepto Ferguson y Sabrina que se encontraban aferrados de las manos. Los llevo hasta el final del pasillo, donde se encontraba la oficina del director.
—Quédense aquí, es la sala de planeación, volveré con mis monstruos.—dijo Ludo bastante feliz y aplaudiendo mientras saltaba y cerraba la puerta detrás de los chicos.
En la sala de planeación se encontraba un mapa infantil, probablemente de un menú de comida rápida, que representaba al planeta Tierra con una carita sonriente y un par de brazos y piernas. Había notas como "Atacar el reino del brazo derecho primero" o "Cambiar esa sonrisa a una triste", todas estas escritas en letra apenas legibles.
—Oye…Eh, gracias por salvarnos.—dijo Alfonzo a Britney aprovechando que ella estaba distraída viendo el mapa.
—¿Qué?—se detuvo ella y los miro a los tres—Tienen suerte que necesite ayuda para escapar.—dijo ella cruzándose de brazos.
—Nos quieres un poquito como amigos.—dijo Ferguson.
—Ni loca.—dijo Britney mostrando sus dientes—Situaciones desesperadas, medidas desesperadas.—dijo ella tomando la laptop de su director y tecleando algo, mostrando la pantalla roja—No sé la contraseña.—dijo ella enojada y golpeando la mesa.
—Eso es sencillo.—dijo Alfonzo acercándose y tecleando con rapidez.
—¿Cómo sabías la contraseña?—preguntó Britney.
—Por favor, no lo hice, solo ingrese al menú de desarrollador y seleccione ingresar con diagnostico…No debería tardar y…Ya está.—dijo mostrando el escritorio.
—Perfecto, la necesito.—dijo Britney.
—¿Para qué?
—Para sacarnos de aquí.—dijo ella abriendo una página para enviar correos y redactando en este la situación que ocurría en la secundaria Eco Arroyo.
—¿A quién se lo mandas?—preguntó Ferguson.
—A papi.—dijo está contenta.
—Wow, ¿Sabes? Pudimos usar este tiempo para escapar.—le dijo Alfonzo.
—Es porque no sabes que mi papa es el general Ariont Wong.—dijo ella—Capitán de las fuerzas armadas del estado.
Y la sonrisa de orgullo nadie se la pudo quitar.
Una sonrisa similar, pero de satisfacción, se encontraba en el rostro de Eclipsa al ver que la montaña de cristales había sido destruida en miles de pedazos. Su sonrisa era fina y tierna.
—Vaya, parece que no he perdido el toque.—dijo ella comenzando a bajar por las escaleras con clase.
Los otros dos seguían a la mujer con un andar respetuoso, y pareciendo más bien guardaespaldas, uno reptil y el otro flotante. Llegaron al final de las escaleras y Eclipsa tomó de su sombrero unas tijeras dimensionales con un adornado de corazones en mitad de un estampado negro.
—Glosaryck, ¿Qué tanto avanzó la magia sin mí?
—No mucho realmente señora, solamente algunos hechizos menores, hechos por reinas distanciadas cientos de años unas de otras.—le contestó Glosaryck con sencillez.
—¿Pero se añadieron más capítulos al libro?
—Por supuesto, muchos más, incluso nombraron al tuyo como el prohibido.—dijo este en tono de broma.
—Oh, jijiji.—dijo con un tono juguetón—Esta juventud de hoy en día.—se limpió una única lágrima—Quiero leerlo, y después iré por lo que me pertenece.
Levantó su paraguas. Que tenía la mitad del cristal que había usado Tofee para liberarla y que ya no se encontraba en su mano. Este paraguas se iluminó de morado. Al mismo tiempo, en la dimensión de bolsillo donde se habían quedado las dos princesas entrenando con la demoniza, la varita de Star brillo de morado durante una milésima de segundo a pleno entrenamiento, causando que esta se distrajera y Hekapoo le diera un golpe que la lanzó al aire.
—¡Eso no es justo!—dijo Star levantándose.
—En la batalla nada es justo, y tampoco te dejara tiempo para distracciones.—le dijo Hekapoo acercándose arrogante—¿Qué sucedió? Hasta Ponyhead esquivo ese ataque.
—No lo sé, mi varita brillo de morado…—dijo ella mostrándosela a Hekapoo.
—Yo no veo nada.—se la regreso antes de dar media vuelta—Debes estar cansada, les doy un par de horas para dormir, aprovéchenlas, que cuando se levanten, no les daré respiro en buen tiempo.—dijo sonriente y finalmente recostándose en el suelo, lejos de la mirada de Star.
Claro que había reconocido el brillo morado de Eclipsa. El tiempo se volvía cada vez más limitado y Star apenas y podía controlar su magia un poco mejor que el día que había llegado.
Y el tiempo se acababa, Eclipsa ya sabía dónde estaban.
Continuara…
Na.-Lamento si este es corto, pero mañana salgo y tenía que subir capítulo antes de irme (¿?) So, nos vemos dentro de poco, el siguiente capítulo tratara de Star, luego de Marc y en el trece iniciara lo que este fic prometió desde un inicio.
