¡Hola! No tengo mucho que decir por la tardanza, excepto que este capítulo ha sido todo un reto. Quisiera advertir que se tocan algunos temas delicados. Y algunos otros, que ya leerán. Otra cosa es que casi al final del capítulo hay una canción, que considero importante. Sería maravilloso si pudiesen escucharla. Es Hey Jude, por Los Beatles. Una disculpa para quien lea esto en las próximas horas, no me ha dado tiempo de corregir el guión corto a guión largo y no podré mañana ya que tendré tres exámenes. Pff. En fin.

Como última nota, quisiera agradecer infinitamente a MisakiRubio801 por el hermoso dibujo que ha hecho de este fic y que ahora orgullosamente he puesto como imagen del fic! Enserio, chicos, deben ir corriendo ya mismo a ver su tumblr y sus dibujos. Ella es StanleyR y tiene muchas cosas increíbles.

El fic sigue siendo un regalo para CoffiG, o Gene. Que ya fue de nuevo su cumpleaños este 9 de febrero (¡claro que me acordé!) y esto sigue en proceso. Los personajes pertenecen a Matt y Trey.


*Capítulo 10: Lo que hago lo hago por ti.

Dolía.

Duele, se repetía una y otra vez. Kyle casi había olvidado lo que se sentía ser golpeado de aquella forma. Era tan doloroso como recordaba, y el frío del exterior ni siquiera importaba.

Pero no perdería el control. No debía de hacerlo. A pesar de que su mente se encontraba casi por completo en blanco, y no distinguía con con claridad los insultos que el otro le lanzaba golpe tras golpe, sabía que tenía que hacer algo. Si no, todo comenzaría de nuevo. Y eso era algo que no podría resistir. No otra vez.

Como pudo, tomó aliento y esquivó el siguiente golpe, y el siguiente. El chico frente a él gruñó y lanzó una sarta de insultos a los que Kyle no se molestó en prestar atención. Un puño se dirigía justo hacia sus omóplatos, siendo eludido a tiempo, dejando a Brent distraído por un par de segundos que fueron suficientes para que él actuara.

Impresionándose a sí mismo, le devolvió el golpe. Brent, en vez de reaccionar incluso más violentamente, pareció impresionado, descolocado, como si no creyera que aquel chico fuera Kyle. Entonces volvió a atacar, directo hacia la nariz del chico, con una fuerza que no sabía que tenía. Sus nudillos dolían, rojos y manchados de sangre que no podía decir si era suya o de la nariz de Brent.

Antes de poder hacer más, una voz perfectamente conocida lo sacó de aquel estado.

-¿¡Se puede saber que sucede aquí!? -exclamó Stan.

Y por un minuto creyó que se dirigía a él, por haberlo atrapado golpeando a su amigo y compañero de equipo. El miedo de que Stan lo abandonara y comenzara a golpearlo lo invadió, y el solo pensamiento lo hizo morderse el labio, aun estando lastimado.

Pero Stan se dirigía a Brent, furioso, una ira que no había visto en él jamás. Casi parecía que se lanzaría a darle una paliza en cualquier momento, y Kyle sintió un pinchazo de culpa por creer que Stan sería capaz de darle la espalda en un momento así.

A partir de entonces, ambos chicos comenzaron a discutir. Kyle no escuchó mucho la conversación, más concentrado en sacudir la nieve que se había adherido a su gorro, pues cayó al suelo en algún momento del enfrentamiento.

Entonces un par de palabras llamaron su atención, devolviéndolo a la realidad.

"¡Porque es mi amigo!"

Algo cálido recorrió su pecho de forma fugaz.

Después de eso, Brent se alejó, completamente furioso. No llegaría muy lejos.

Algún profesor lo vería y seguramente extenderían su castigo. Y lo llamarían a él para otorgarle el suyo.

Suspiró.

Se sentía roto. Y ya no se debía sólo a los golpes, que después de caer en cuenta de la situación en la que terminó parecían ser superficiales. Apenas y los notaba.

Stan se acercó con cautela.

-Vayámonos de aquí. ¿Qué dices? Nadie lo notará -colocó la mano sobre su hombro, apretando amistosamente. Kyle sintió un escalofrío, y sospechaba que no se debía al frío.

-No puedo... No puedo evadir el castigo, así no funcionan las cosas... -sentía la voz débil. Odiaba estar así.

-Esta vez no se trata de evadir o no, es necesario, amigo. Ven conmigo -Stan recorrió su brazo con la mano, apretando un poco al llegar a la muñeca como gesto de apoyo.

Kyle no volvió a replicar cuando Stan los sacó a ambos de la escuela a hurtadillas.

Ninguno habló ni hizo esfuerzos por iniciar una conversación. Sólo cuando ya habían atravesado un buen tramo, Stan rompió el silencio.

-¿Prefieres ir a tu casa, o la mía?

-La tuya. -respondió, después de pensarlo unos segundos.

Y no hubo más palabras hasta que llegaron. Para sorpresa de Kyle, Stan no soltó su muñeca en ningún momento. En su lugar, su mano bajó de a poco, hasta estar unida completamente con la suya propia, encajando como si fuera algo que debían de haber hecho hacía mucho tiempo atrás.

Kyle agradeció en silencio la calidez, la sensación de tranquilidad que le transmitía la mano de Stan, y durante un instante, casi olvidaba el motivo por el cual se encontraban en aquella situación.

Pero la tristeza siempre parecía volver, una abrumadora sensación que daba la impresión de que uno estaba a punto de estrellarse contra el piso, cayendo desde gran altura.

Sabía que estaba hecho un desastre. Siempre lo fue.

La mente de Kyle se encontraba en un punto lejano, donde parecía no saber cómo debería reaccionar. Las emociones estaban ahí, la frustración, la inmensa tristeza, la ira, el sentir que las cosas volverían a empeorar. Porque los golpes implicaban que algo malo pasaría, fue como había aprendido mientras crecía.

Pero aunque había peleado de vuelta, Kyle se sentía inútil. Indefenso. Débil. Quizá ninguno de sus esfuerzos valía la pena, nunca se recuperaría del todo, y lo que debería de hacer de una vez era acabar con todo.

Para. Para, para, para.

Se dijo a sí mismo. Debía de cortar esa línea de pensamiento. Era un terreno peligroso, lo sabía, y si seguía de esa forma se hundiría de nuevo.

Sintió a Stan apretando levemente su mano, y cayó en cuenta de que ya habían llegado. La casa de su amigo era cálida, y él había estado tan inmerso pensando que ni siquiera notó cuando el frío del exterior se convirtió en el acogedor interior de la casa.

-Ven aquí, te ayudaré con eso -. Stan lo dirigió hacia el sillón de la sala, frente al televisor. Kyle sabía que se refería a las heridas que tenía en el rostro, mas no dijo nada. No negó ni asintió, sólo permaneció quieto, deseando que Stan no se hubiese alejado a conseguir alcohol y un par de algodones para poder seguir sosteniendo su mano.

Casi suelta una risa, sin humor. Estaba siendo patético.

El chico volvió casi enseguida y se sentó tan cerca que Kyle podía estudiar cada detalle, cada rasgo de su rostro. Stan tenía el ceño fruncido, sus ojos azules mirándole con tanta intensidad que sintió que quedaría paralizado por ellos.

Kyle se mordió el interior de la mejilla mientras Stan limpiaba los rastros de sangre, con cuidado. Stan había sacrificado mucho por él al hacer lo que hizo. Se había puesto en contra del que fue su amigo por años, por él, quien apenas llevaba conociendo un par de meses, por alguien que no valía la pena. Era probable que ahora la mayoría le odiara a él también. Y aun así, parecía importarle tan poco.

-¿Por qué has hecho eso? -preguntó, su voz sonando más consternada de lo que le hubiese gustado. Kyle había evitado decirle a Stan de los incidentes para protegerlo, para no involucrarlo... Y se había involucrado él mismo. Un repentino temor de que por su culpa Stan resultara también herido lo inundó, y con pánico, se sintió todavía peor consigo mismo.

-Ky, eres mi amigo. No quiero esconderlo más tiempo, no soporto... No soporto verte así.

-Es mi problema, no el tuyo, Stan.

-¡Claro que lo es, esto lo hago por ti! Dios mío, ¿después de lo que ha pasado ahí? Debí haber actuado antes.

Y para Kyle cada palabra fue como una apuñalada en el corazón. Sabía que Stan no lo hacía con la intención, pero lo único que estaba logrando era hacerle sentir lo que más odiaba. Debilidad.

-¡No necesito que estés ahí para "protegerme"! ¡Yo también lo hago por ti, quiero evitarte problemas! -respondió, a la defensiva, y sintió como lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos. Stan lo notó, y tras soltar un pequeño suspiro, su rostro se suavizó.

-Lo sé, Ky. Eres la persona más fuerte que conozco. A lo que me refiero es que todo este tiempo he sido un amigo de mierda, y tú no mereces eso. Quiero ayudarte, ser realmente tu amigo. Así que por favor, déjame actuar como tal.

-Eso no es cierto. E-eres la persona más increíble que conozco, Stan. Has hecho más por mí en un par de meses que muchos en varios años. Yo sólo... No quiero que salgas lastimado por mi culpa, e-entiendes? -murmuró, con sinceridad, sintiéndose al borde de las lágrimas.

-No saldré lastimado, lo prometo.

Kyle asintió, sorprendiéndose por su propia respuesta, y las lágrimas que había estado aguantando emergieron de sus ojos, sin poder evitarlo. Stan pareció alarmarse.

-Lo-lo siento. Lamento.. Lamento ser así, a puesto que preferirías a alguien mucho más divertido para pasar el rato. No a a-alguien como yo -sollozó.

Stan colocó un brazo alrededor de sus hombros.

-Eres divertido. Y me encanta pasar el rato contigo. ¿Por qué dices "alguien como yo" como si fuera algo malo?

-¡Mírame, soy un desastre! -Kyle rió entre dientes sin una pizca de humor, maldiciendo encontrarse en aquel estado frente a Stan.

"Deja de llorar, deja de llorar

Para

Para, para.

¡PARA!"

-No lo eres. -Stan murmuró con delicadeza.

Y cada una de sus palabras sonaba tan real, tan enserio, que una parte de Kyle casi quiso creerlas. La otra parte, la más obstinada y que normalmente le traía problemas, entre más escuchaba cosas como esas, más buscaba alguna excusa, defectos, o cualquier recuerdo que le impidiera sentirse mejor. Por el contrario. Le hacía sentir peor.

Así Kyle terminó llorando como no lo había hecho en bastante tiempo, con Stan a su lado, acariciando su espalda o su cabello, sin decir palabra alguna. No era necesario. Y no pudo evitar quererle más por ello, por todo lo que se esforzaba... Por él.

Al poco rato Kyle ya no tenía más lágrimas que derramar. La sensación no había desaparecido, no obstante, estar en compañía de Stan aligeraba la carga que sentía sobre los hombros. Kyle suspiró, y decidió que debería decir algo.

-¿R-recuerdas los antidepresivos? -comenzó. Stan asintió, volteando en su dirección y prestándole completa atención. Como si, en ese instante, Kyle fuera todo su mundo. Kyle se mordió los labios antes de continuar-. Los he estado utilizando desde años ya. Desde que tuve problemas con mis compañeros en la escuela media.

-¿Qué sucedió? -preguntó Stan, con genuina preocupación, y quizá algo de curiosidad. Aun así, su voz era suave y no tenía ni un rasgo de estar presionando a Kyle para contarle. Sus expresiones hacían un leve gesto de si tú quieres contarme.

Y Kyle decidió que lo haría.

-Era por cualquier motivo, pero comenzó cuando se enteraron que me gustaban los chicos -murmuró, sintiendo la garganta hecha un nudo-. Al principio no era tan malo. Solía responder, pero luego... Las agresiones se volvieron mayores. No les era suficiente con decirme que alguien como yo no merecía siquiera respirar. Comenzaron... Comenzaron a hacer cosas que no puedo ni mencionar. Me hacen avergonzarme de mí mismo -un escalofrío recorrió su cuerpo ante el recuerdo-. Entonces comencé a tener problemas alimenticios. Con lo que pasaba todos los días en la escuela, sentí que perdía el control. Y eso se volvió lo único que sentía que podía controlar. Hasta que terminé en el hospital.

Kyle se mordió el labio, sintiendo su respiración más pesada a cada palabra que daba. La historia del hospital era punto y aparte. Tenía todo un mundo detrás, y no quería que su amigo lo supiera y cambiara su perspectiva de él. Casi sintió sus mejillas arder ante el bochorno que le provocaba mirar atrás. Stan al parecer sintió su incomodidad y lo difícil que le estaba resultando, ya que tomó su muñeca y apretó ligeramente en un gesto conciliador.

-Está bien, amigo. Tranquilo, ¿sí?

-Lo sé, es sólo que... El día de hoy me ha recordado... Quiero decir, lo que esos golpes implican, para mí es... -No podía ni siquiera hablar correctamente. Si seguía, terminaría teniendo un ataque de pánico. Podía sentirlo.

-Shh, todo está bien. Estará bien. Entiendo. ¿Sabes? Hay una canción que estoy seguro que conoces. Mi madre solía cantarla cuando era niño y tenía pesadillas. Siempre me ha ayudado. Cantemos, ¿vale?

Kyle lo miró con confusión durante un instante, sus mejillas rojas y los ojos vidriosos, sin embargo, no le dio tiempo de decir nada. Cuando acordó, Stan ya cantaba los primeros versos de una de sus canciones favoritas.

-Hey Jude, don't make it bad... Take a sad song and make it better... Remember, to let her into your heart... Then you can start, to make it better... [1]

Y era tan surreal que Kyle no podía creerlo. Stan estaba siendo tan amable como nunca nadie lo había sido con él. Porque a veces lo que necesitaba no eran consejos, o palabras vacías que aparentaban ser apoyo. A veces lo que necesitaba era un simple gesto de estoy contigo, te escucho, o comprendo, y está bien.

Con una débil sonrisa creciendo en su rostro, cerró los ojos unos segundos en los que intentó regularizar su respiración, con tan sólo el sonido de la voz de Stan en su mente, alejando las memorias de las palabras cargadas de odio que toda la situación le había hecho recordar.

-Hey Jude, don't be afraid... You were made to, go out and get her... The minute, you let her under your skin... Then you begin... To make it better... [2]

Entonces Kyle se unió también. Al principio, vacilando y con la voz temblorosa. Después ambos se encontraron con los ojos clavados en el otro, y sonriendo de una forma que parecía casi tímida.

-And anytime you feel the pain, hey Jude, refrain... Don't carry the world upon your shoulders... [3]

Para Kyle ese momento era como sólo existieran ellos. Stan y él. De repente, el pasado dejó de cruzar por su mente, y no le dedicó tanto pensamiento al futuro. Lo importante estaba ahí, en ese instante. Al menos por ahora.

-For well you know that it's a fool, who plays it cool, by making his world a little colder... [4]

De alguna extraña manera, Stan siempre sabía cómo hacerlo sentir mejor. Y Kyle no sabía en qué momento ese chico se había convertido en una parte tan importante de su vida, cuando hacía meses atrás la idea le parecía como algo que ni siquiera se pararía a considerar como una remota posibilidad. Pero estaba agradecido infinitamente y no creía que existieran las palabras adecuadas para describirlo.

Algo cálido recorrió su pecho.


¡Uff! Este capítulo ha sido un reto y espero que haya valido la pena la espera. Kyle es un personaje complicado, he de decir. Y aunque sus capítulos son los que más me cuestan escribir, los disfruto bastante. ¡Nos vemos luego! :)

[Y aunque la canción de Hey Jude es relativamente fácil de entender... Por si acaso, ya que lo considero importante:

1.- Hey Jude, no estés mal... Toma una canción triste y mejórala... Recuerda, dejarla entrar en tu corazón... Entonces podrás, seguir adelante.

2.- Hey Jude, no tengas miedo... Fuiste hecho, para ir y conseguirla... En cuando la dejes entrar en tu piel... Entonces podrás, seguir adelante.

3.- Y cuando sea que sientas dolor, hey Jude, déjalo... No cargues el mundo sobre tus hombros...

4.- Bien tu sabes que es un tonto, quien actúa con frialdad, haciendo su mundo un poco más frío...]