Hola amores, perdonar primero por actualizar tan tarde, bueno tarde sí tarde xD, pero es que la inspiración no ha estado por la labor últimamente, me ha dado por hacer vídeos no por escribir, pero sé que me perdonaréis.
Sé que os he hecho esperar mucho para liberar las tensiones acumuladas entre Regina y Emma, pero quería meter algo entre medio y era éste capítulo.
Solo he revelado algunas cosas sobre Emma, lo que pasó hace diez años. no se trata de un flash sino de UN CAPITULO EXPLICATIVO.
Capítulo diez: Hace diez años…
Caminó lo más rápido que pudo por la calle principal de Storybrooke, lo de ser puntual no era su fuerte, pero hoy debía serlo. Hoy era un gran día. No se podía permitir llegar tarde. Se apresuró un poco más y entró en el bar. Solo, tan solo necesitaba un momento. Y ahí estaba Ruby, su mejor amiga. Le sonrió y rápidamente se situó enfrente del mostrador.
- ¿Lo de siempre, Emma? – preguntó su amiga con una sonrisa de oreja a oreja.
- Sí…no…nada de garras de oso hoy – sonrió satisfecha – pero podrías ponerme uno de esos bollitos y un café – señaló el montón de las famosas napolitanas rellenas de chocolate de la abuelita – mis nervios van a colapsar.
- ¿Preparada para el gran momento? - cuando Emma asintió con la cabeza su mejor amiga/dama de honor volvió a sonreír. - ¿Entonces qué haces aquí? Quedan solo dos horas… no te dará tiempo a arreglarte.
- Estoy pensando en presentarme así – sonrió Emma señalando su ropa del día, los vaqueros ajustados de siempre y una camisa de seda, regalo de Regina, con su como siempre alborotado pelo y por supuesto su adorable chaqueta de cuero roja.
- No seas ridícula, es tu boda…
- Ella se enamoró de mi así… - se justificó – además el vestido me aprieta…
- Es por comer tanto chocolate – dijo y retiró la napolitana que le había servido hacia apenas unos segundos antes.
- Ey…devuélveme mi napolitana… - se quejó la sheriff
- De eso nada, señorita, acabas de decir que el vestido te aprieta…
- Emma Swan… - de la nada apareció Mary – Te casas en una hora y cincuenta y cinco minutos… ¿qué crees que estás haciendo? – dijo la chica de pelo corto – tenemos que irnos…
En la otra punta de Storybrooke se encontraba la otra novia, dando vueltas como una auténtica loca.
- Vas a terminar haciendo un agujero en el suelo – dijo de lo más tranquila Belle Mills sin siquiera levantar la vista de la revista de novias que estaba mirando, tendida en el sofá.
- ¿Y si no aparece? – preguntó la morena exigiendo su atención.
- ¿Pero tú te oyes…? – suspiró de nuevo la chica pasando de hoja - ¿Cómo no se va a presentar…?
- ¡No lo sé! – exclamó la morena respirando profundamente - ¿Y si se arrepiente y me deja en el altar…?
- ¿Pero estás escuchando las idioteces que estas soltando por esa boca, Regina? – preguntó Belle dejando de lado la revista y centrando toda su atención en su hermana – ella te ama…lo sabes, nunca te haría algo como eso…
- ¿Y si se asusta? ¿Si se da cuenta de que no me quiere? – expresó sus miedos por fin la mayor.
- Regina, siéntate conmigo – Belle dio unos golpecitos al sitio libre en el sofá – ven con tu hermana pequeña – sonrió, cuando Regina se sentó a su lado ésta pasó su brazo por encima de los hombros de la novia – Emma nunca te dejará. Vuestro amor es tan fuerte que no hay nada ni nadie que os pueda separar Regina. Eso es amor verdadero. Cuando la veo mirarte no puedo describir lo feliz que me siento, porque sé que nunca te pasará nada a su lado. Que dará la vida por ti si hace falta. Ella siempre estará contigo. Porque no hay persona en este mundo que la quiera más que tu.
- Vaya… - exclamó la mujer – si que eres profunda cuando quieres… - sonrió – Gracias Belle, gracias por estar conmigo.
Cuando Emma entró en el apartamento de Mary y David encontró a la abuelita con los brazos situados en la cadera esperándola impaciente…
- Eres la novia más tardona que he visto en la vida…y la más vaga… - dijo Granny – te casas en hora y media y ni te has duchado… ¿Qué pretendes, llegar tarde a tu boda…?
- Dejar todos de agobiarme – dijo Emma encerrándose en el baño.
Cuando la puerta se cerró de golpe detrás de ella tuvo que agarrarse al lavabo para no caerse, el aíre no llegaba a los pulmones, sentía como las manos se le dormían, intentó respirar tranquilamente, pero no lo conseguía. Se empezaba a poner blanca como la nieve. Tenía que recuperarse.
'Te quiero, siempre te he querido, aunque tú no te diste cuenta'
Aquello resonó en su cabeza, se lo había dicho Regina la primera noche que pasaron juntas. Entró rápidamente en la ducha, en cuanto su respiración se calmó. Quedaba tan poco para unir su vida con el amor de su vida.
- ¿Estás preparada? – preguntó Henry cuando se acercó a su hija mayor.
- Sí - sonrió Regina mirándose en el espejo.
- Estás preciosa – señaló su padre.
- ¿Ella, ha venido? – preguntó Regina algo apenada.
- No, pero hay tiempo…vendrá – intentó animar a su pequeña. Su ex mujer, Cora, era una bruja, eso no lo negaba nadie, pero sabía que en el fondo amaba a sus hijas.
- No lo intentes, papa… sabes que no vendrá, he sido una idiota en pensar que vendería…ella nunca me perdonará que haya seguido mi corazón.
- No pienses en eso ahora, mi niña. Piensa que quedan minutos hasta que unas tu vida a la mujer que amas.
- ¿Siempre lo supiste verdad? – preguntó Regina, desde que era muy joven sabía que los chicos no eran de su agrado. Siempre se sentía más cómoda en presencia de chicas. Siempre se fijaba en ellas antes que en los chicos que iban con ellas. Cuando se lo contó a su padre, éste solo le sonrió y dio un abrazo.
- Siempre he sabido que te enamorarías de una persona honrada, que te respete y te quiera con locura. Y Emma lo hace…Sois como dos imanes que buscan su sitio cuando no están juntos. Sé que con ella eres feliz y eso me vale.
- Gracias papá. No sé qué haría sin ti.
Estoy seguro que harías lo correcto – le dio un beso en la frente – ahora retócate el pintalabios y vayámonos a que te cases – sonrió.
- ¿De verdad no quieres que David te acompañe hasta el altar? – preguntó Mary en cuanto terminó de ponerle el velo – a él le encantaría.
- Lo sé Mary, pero, quiero avanzar sola…así sentiré la presencia de papá a mi lado – dijo Emma.
-Estas magnifica, cariño – dijo Granny.
- Eso es gracias a ti, abuelita – Emma se miró en el espejo. Granny había hecho un trabajo estupendo, si el suyo era así de bonito no quería ni pensar como era el de Regina.
- Cuando te conocí me encontraba ante dos opciones y tenía que elegir, cogí una moneda y simplemente la lancé en el aire. Es un truco que siempre funciona, no solo porque la fuerza te saca de dudas, sino porque en el breve momento en el que la moneda estuvo en el aíre, de repente supe que cara quería que saliera, aún así, siempre lo supe. No es casualidad que nos hayamos conocido, tampoco lo es que nos hayamos amado, creo que este gran amor que siento por ti tampoco es casual, es fruto de nuestra amistad, de las ganas de vivir contigo y compartirlo todo. Hoy, ahora que nos encontramos aquí…ante nuestros amigos, nuestra familia, quiero comprometerme a ser tu compañera fiel, tu amiga incondicional, tu amante eterna, atrévete a construir nuestro destino, porque sé que tanto tú como yo, estamos convencidas de que juntas somos mejor que separadas. – Cuando Regina terminó sus votos matrimoniales vio como las lagrimas resbalaban por el rosto de Emma.
- Vaya, has dejado el listón muy alto…Yo no puedo hacerlo, no hay palabras en el mundo que sean capaces de describir lo que siento por ti. Regina, eres un regalo. Mi vida se ha vuelto centro de la tuya desde el momento en el que te conocí. Nuestras vidas no son nada si no estamos juntas. No puedo dejar de amarte, porque solo tú eres tú, no podría dejar de amarte aunque no te hubiera conocido, porque fuiste mi sueño y ahora eres mi felicidad. Prometo no olvidar jamás que este es un amor único en la vida y no importa que desafíos intenten separarnos siempre encontraremos la forma de volver a unirnos.
- Perfecto – sonrió Regina.
- Así que… - empezó Ruby, que era la encargada de la ceremonia, sí se había sacado la licencia por internet… - os declaro mujer y mujer – sonrió – podéis besaros.
Semanas más tarde.
No podía creer lo que estaba haciendo, eso era un maldito error, pero no había marcha atrás. Dejar a Regina, sola en la cama, sin despedirse de ella, no era algo que hacía que se sintiera orgullosa. Pero necesitaba respuestas. Las necesitaba ya. Sería cosa de unos cuantos días, recoger los documentos, buscarles y volvería a casa con su preciosa mujer. Como la echaba de menos...se había dado cuenta hace tiempo de lo afortunada que era. Tener a Regina en su vida era lo mejor que le había pasado. Formaban una pareja perfecta juntas. Eran un equipo.
Cuando aparcó enfrente del hospital de Boston y se dirigió al mostrador, buscaba el Doctor Stephan Walker. Para cuanto la enfermera de guardia la acompañó hasta el despacho privado del doctor, estaba de lo más nerviosa, por fin sabría la verdad. En cuanto entró en el despacho y tomó asiento el médico se dispuso hablar.
- Me alegro de verte de nuevo – le sonrió – dudé siquiera si saldrías con vida después de aquello.
- Por eso estoy aquí…necesito respuestas – confesó Emma un poco abrumada.
- No me extraña, pero, no sé por qué has acudido a mí…
- Hace poco encontré estos documentos – sacó una carpeta perfectamente ordenada con un montón de informes médicos. – ellos me condujeron hasta aquí…
- Ha pasado mucho tiempo, pero nunca me olvidé de ti. Sobre todo de tus ojos – aquel médico ponía los pelos de punta de la rubia, hasta ahora no le había revelado nada.
- Mire no tengo mucho tiempo, he venido desde muy lejos así que…necesito que me diga que significan todas estas cosas.
- ¿Tus padres no te lo explicaron? – preguntó el médico confuso.
- Murieron hace diez años…no tuvieron la ocasión para hacerlo.
- Siento mucho tu perdida, ellos te querían muchísimo.
- Dígame algo que no sepa doctor. ¿Quiero saber qué significan todos estos informes…estos artículos…?
- Te encontraron recién nacida en una cuneta al lado de la carretera, no tenías más de unas horas. Estabas muy débil y necesitabas un médico. Cuando te trajeron todos me decían que no sobrevivirías, pero, aquí estás. Eres una autentica valiente Emma Swan. – sonrió el hombre.
- Sigue sin decirme nada nuevo doctor…
- Eres adaptada – le dijo
- Esto es una pérdida de tiempo…sé que soy adaptada, he visto las actas. Dígame por donde tirar, algo que me ayude a encontrarlos.
- Tus padres sabían que este día llegaría, así que me dejaron esto para ti. – cuando el médico le tendió un sobre amarillento no supo qué hacer.
En cuanto llegó al mugriento hotel al que se vio forzada a pasar la noche tiró sobre la cama el sobre que le entregó el médico y cogió su móvil al que había olvidado al salir esta mañana. Tenía 45 llamadas perdidas y unos 15 mensajes de voz. Se había olvidado por completo llamar a su mujer, seguro que Regina no se lo perdonaría tan fácilmente como cuando se deja la cera en el baño o cuando arma un buen lio en su cocina. Sonrió al pensar en ella, la echaba tanto de menos.
Mensaje número uno: Hola amor, no sé en qué demonios pensabas dejándome sola en la cama esta mañana, pero que sepas que me lo pienso cobrar. Te veo a la hora de la comida.
Mensaje número dos: Vale lo de dejarme sola en la cama esta mañana me ha hecho gracia, así la espera de la hora de la comida era aún más insoportable. Pero que no aparezcas tampoco, no me hace gracia. ES JUEVES.
Mensaje número cinco: ¿Cariño, dónde estás?
Mensaje número diez: Emma, son las seis de la tarde ¿dónde te metes?
Mensaje número quince: Emma, estoy realmente preocupada, llámame, he ido a buscarte a la comisaria y no estabas y nadie te ha visto tampoco. Por favor llámame.
Alguna semana después.
- Señorita, el señor Cassady la atenderá en unos minutos – informó la secretaría desde el mostrador.
- Gracias – Emma sostuvo fuerte el sobre amarillento entre sus manos.
Minutos más tarde
- Entonces está buscando a sus padres… - la miró detenidamente el detective.
- Sí. Me abandonaron a las pocas horas de nacer – explicó – en una cuneta de la carretera- añadió.
- Eso tiene que ser muy duro para una niña.
- Lo acabo de saber…mis padres adoptivos no me lo dijeron.
- Vaya… - dejó de lado los papeles y la miró – Señorita Swan – empezó
- Emma – le corrigió
- ¿Emma, por qué ahora? Si su vida ha sido increíble al lado de las personas que la criaron como si fuera suya ¿por qué ahora arruinar su recuerdo? Si no se lo dijeron era para protegerla.
- Necesito saber la verdad. Quiero mirar a mis verdaderos padres y que me digan por qué se deshicieron de mí. Ni si quiera me llevaron a un hospital. Me dejaron sola por poco no sobrevivo. Estoy en mi derecho – exigió.
- Entiendo que esté enfadada y busque respuestas, pero este no es el modo. No se sabe si podré encontrar algo. Solo tiene un reloj antiguo que ni si quiera funciona.
- Oiga, no me tome por loca, no lo estoy. Sé que a lo mejor no saco nada claro en todo esto pero necesito – hizo una pausa – necesito respuestas.
- Emma, le prometo que haré todo lo que esté en mi mano para ayudarla. Pero necesitará un milagro.
Esa misma noche al llegar al pequeño apartamento que había alquilado a dos manzanas del despacho del detective Cassady, le salía más rentable y mucho más limpio que aquel mugriento hotel, recibió una de las visitas menos inesperadas. En cuanto vio a Cora Mills, su suegra Cora Mills en la puerta se congeló.
- Así que es aquí donde te has refugiado – dijo Cora apartándola a un lado y entrando en el piso. – ¡Vaya pocilga! – se horrorizó.
- ¿Cómo está ella? – preguntó enseguida.
- Ella, está bien. Que la dejaras fue lo mejor que pudiste hacer. – sonrió.
- Yo no la he dejado – se defendió – pero ahora no puedo irme de aquí.
- Si la dejaste…ni si quiera la has llamado.
- La primera semana no tuve casi tiempo y ahora…ahora…
- Ahora es demasiado tarde – sonrió Cora – así que no vuelvas…
- Ella es mi mujer…
- Ella ya no es nada tuyo, lo vuestro fue un error… por eso estoy aquí.
- Espera ¿ella te envió? – preguntó Emma.
- Pues claro que me envía ella. No quiere saber nada de ti. Se dio cuenta de que sin ti está mucho mejor. – explicó
- Estas mintiendo – la miró y rebuscó entre sus facciones algún signo que le indicase que su suegra le mentía.
- ¿Lo estoy? – sacó un sobre de su bolso y se lo tendió – sabe lo que estás haciendo con el detective ese… - dijo Cora en cuanto le enseño fotos de ellos dos juntos en las últimas semanas.
- Eso no es lo que parece, él me está ayudando.
- No le interesa saberlo – le aseguró Cora – ella quiere seguir adelante sin ti.
Las siguientes semanas de Emma eran sin duda las peores de su vida, nunca en su vida ni cuando se enteró de que sus padres no son sus padres, se había sentido así. Era irónico como una persona que tanto amas, te puede hacer tanto daño. Cuando Cora la dejó en el diminuto salón de su piso en Boston, Emma dudó si llamar o no a Regina. No entendía por qué su mujer había mandado a su madre, en vez de enfrentarse a ella. No es que la culpa no fuese suya, lo sabía era la culpable de todo, pero a medida que pasaban los días le era más y más difícil descolgar el teléfono y llamarla.
Más semanas después
- Dijiste que sería difícil, pero no imposible – suspiró Emma acomodándose en el sillón de la casa de Neal, llevaba ya tantas semanas buscando a sus padres que estaba desesperada, agobiada y el exceso de alcohol tampoco ayudaba mucho.
- Te dije que necesitarías un milagro para encontrarlos – Neal se sentó a su lado – deberías desistir, esto no nos lleva a ningún lado – dejó el reloj en la mesa.
- No puedo rendirme ahora, he renunciado a tanto para esto…
- Ella no te merecía – dijo Neal pasando su brazo por el cuello de Emma – si no te supo esperar.
- Ella no sabe nada de esto Neal…cree que estamos liados.
No es que no había pensado en eso, no es que no sabía que podría llegar a ocurrir, pero aún cuando abrió los ojos a la mañana siguiente y lo vio plácidamente dormido a su lado, aún así no podía creer lo que había hecho. Seguía aturdida cuando se levantó de la cama intentando hacer le mínimo ruido posible para no despertarle, recogió su ropa con la esperanza de poder salir sin ser vista, entró en el salón y aún miraba horrorizada la imagen delante de sus ojos, el sofá estaba completamente revuelto, había ropa de él y alguna prenda de ella, solo rezó para que siguiera durmiendo. Ella era la culpable de todo, no era la cerveza, ni el vino…no era el alcohol… era ella. Las siguientes semanas le evitó lo máximo que puso, no contestó a sus llamadas, ni a sus mensajes ni cuando llamaba a la puerta de su apartamento. Estaba demasiado avergonzada para hacerlo. En un simple abrir y cerrar de ojos había arruinado su vida, la de Regina y en cuanto a la de Neal no estaba arruinada…al fin de cuentas era un hombre…ellos estaban acostumbrados a tener sexo sin compromiso, pero ella no era así, la única persona con la que había estado en su vida era con Regina y maldita sea, deseaba tanto que siguiera siendo así.
Cuando Neal volvió a llamar a su puerta aquella noche ella seguía sin abrirle.
'Los encontré.'
Era lo único que necesito para que ella abriera la puerta. Esas dos simples palabras.
Cuando al día siguiente fueron en coche hasta la otra punta de Boston, ella no habló simplemente se limitó a escucharle hablar, pero no le importaba, ahora poco importaba todo aquello, pero no había arruinado su vida para nada.
- Viven en esa casa blanca con la puerta roja de ahí – le dijo Neal al estacionar el vehículo. – te tuvieron cuando eran muy jóvenes y no estaban casados, ella era una niña rica que estaba comprometida con un hombre de su estatus social y él era un pobre diablo que se enamoró de quien no debía, cuando se enteró de que estaba embarazada huyo de casa porque él había desaparecido, seguramente creyó que no había otra manera, él volvió a los cinco años, por lo que pude encontrar hizo una pequeña fortuna y supongo que pensó que podía mantenerla – explicó el detective – se casaron y tienen cuatro hijos, tres varones y una chica. Su vida no ha sido de color de rosa, Emma, su padre la desheredó y hasta hace unos años vivían en un apartamento en las afueras de Boston.
- ¿Por qué nunca me buscaron? – preguntó Emma.
- No lo sé, pero seguramente pensarán que estás muerta.
- Sácame de aquí – dijo Emma en cuanto vio abrirse la puerta roja y de ahí salió una mujer mayor y un chico de unos quince años. – no quiero hacer esto.
Se pasó los siguientes semanas tirada en la cama, había destrozado su vida entera solo para ser una cobarde al final. Ya no le quedaba nada. Nada. Mucho más ahora que no tenía donde ir. Todo por nada. Al abrirse la puerta principal se asustó, no tenía llave nadie aparte de ella, rápidamente se levantó de la cama y agarró lo primero que vio, una plancha Bosch, que práctico, cuando se encontró al intruso intentando entrar en el dormitorio supo que era el momento de atacar, pero en cuanto el golpe aterrizó sobre la cabeza de su suegro y éste cayó de bruces en el suelo, entonces SÍ supo que todo se había acabado. Acababa de ATACAR a su SUEGRO.
- Lo siento Henry, lo siento, lo siento, lo siento – no paraba de repetir la rubia mientras daba vueltas de un lado a otro en la habitación.
- Emma, me estas mareando – dijo el hombre intentando incorporarse - ¿me quieres matar a base de planchazos…? Eso sí que es una original forma de morir.
- Henry, lo siento mucho. Yo pensé que era un ladrón y me asusté. – Emma le tendió una bolsa de hielo para la cabeza y un vaso de agua fría.
- ¿Desde cuanto los ladrones entran con llave? – preguntó al beberse todo el agua de un trago.
- ¿Cómo la has conseguido? – preguntó
- El casero no es de mucha confianza, niña, un día de estos te entra un ladrón de verdad y ni te vas a enterar. Aunque con los planchazos que das a saber si sobrevive el pobre hombre… - sonrió - ¿Cómo has estado, hija? – preguntó en cuanto ella se sentó a su lado y le acarició la mano.
- Lo siento – empezó a llorar – lo siento.
-Estoy seguro de que has tenido una buena razón para estar fuera tanto tiempo. – aseguró el hombre mayor.
- Ella me odia ¿verdad? – no es que no supiera la respuesta, Cora se lo dejó muy claro, pero necesitaba que él se lo confirmara.
- Ella está tan preocupada por ti – le aseguró su suegro.
- No hace falta que finjas conmigo…Cora estuvo aquí hace cosa de dos meses y me dejó bastante claro que Regina se arrepiente de lo nuestro…pero no la culpo yo fui una autentica idiota…
- ¿Cora estuvo aquí? – los ojos de Henry se abrieron como platos.
Entonces fue cuando Emma le contó todo, la carta que encontró de sus padres, el porqué del repentino viaje a Boston, como había conseguido el detective, como Cora le aseguró que fue Regina la que la buscó y encontró, que Regina no quería saber nada de ella…que encontró a sus padres, fue una cobarde y no quiso hablar con ellos, que llevaba varias semanas encerrada en el apartamento y que estaba embarazada. Para su sorpresa no recibió ninguna bofetada, ningún grito, ni si quiera una mala cara. Él la escuchó y entendió sus razones.
Él la convenció para volver a casa. Pero pidió solo una cosa
'No le cuentes a Regina, que su madre estuvo aquí. No los soportará'
La reacción que tuvo su esposa al enterarse de su embarazo era la esperada, era la reacción que cualquier hubiera tenido.
- Pensé que querrías esto, es todo lo que siempre me has pedido… - le gritó Emma.
- Pero no así, no de esta manera – Regina estaba llorando.
- Pues no había otra…era la única manera… - gritó de nuevo.
- No puedo creer que me hayas hecho esto…
- Perdón por no ser perfecta como tú, perdón por no pensar dos veces antes de actuar, perdón por ser tan irresponsable – estaba desesperada.
- No quiero que me pidas perdón, no quiero… esto no funciona así…
- Entonces, explícamelo, explícame como va Regina, porque te juro que ya no sé qué hacer. Llevo semanas intentando que me perdones, llevo semanas intentando que hables conmigo y que no sea a gritos…
- No puedes pretender desaparecer tres meses sin decir una palabra, no contestar a ninguna llamada, ni mensaje y que al volver embarazada, no influya en nuestra relación.
- Ya te dije que fue un error, que fue un momento de debilidad…que no significó nada para mí.
- Para ya de mentirme…para de decir que no significó nada, si hubiera sido así no lo habrías hecho…ni si quiera me dices quién demonios es….
- Él no importa…yo te amo, quiero estar contigo…quiero este bebe… y lo quiero contigo…
- Yo no puedo – dijo Regina mientras abría la puerta de la mansión y cerraba la puerta tras sí.
Las siguientes semanas fueron aún peores para Emma, la noticia de que había vuelto se esparció por toda la ciudad y todos querían saber donde había estado, qué había hecho y con quien. Muchas preguntas sin ninguna respuesta.
- Pero cuando esa mañana había acudido al hospital gracias a su hermana Mary Margaret que la había encontrado en el suelo del baño desangrándose, las cosas parecieron ir mejor. Porque en el momento en el que abrió los ojos y la vio a su lado sujetándole la mano era el mejor de los regalos.
- Te amo – susurró Regina besando la mano de su mujer
- Dímelo otra vez – pidió la rubia
- Te amo – susurró de nuevo – vamos a tener un hijo.
Mi idea principal no era esa, de hecho era una muy descabellada, pero gracias a alguien la cambié por completo y terminé escribiendo esto. Como veis Emma, sí que es una huérfana, pero lo supo muy tarde, después de su boda con Regina. Como he tenido que abarcar un periodo tan grande de tiempo pues he ido acortando algunas cosas espero haber explicado bien (todo lo que he querido explicar) seguro que veréis alguna laguna pero no pasa nada, lo he querido hacer así para que próximamente pueda revelarlo. Sé que me odiaréis por lo de Neal, pero sabéis que Henry tenía que venir de algún lado xD y no quería poner algo tan dramático como una violación o algo por el estilo. Así que sí el alcohol es muy malo xD. En cuanto a Cora, bueno todavía no sé si será buena o será mala, pero sabemos que hay madres que no aceptan a sus hijos y en este caso pobre Cora xD no acepta a ninguna de las dos hijas. Por otro lado amo el personaje de Henry padre ¿a que es adorable? ¿Lo amáis como yo? Como podéis ver he enlazado varios flashbacks que han salido ya, de esa manera juntamos el puzle :P
En el próximo capítulo veremos la continuación del anterior. Espero que me comentéis que woww ya son + de 100 comentarios. Que sois unos ángeles y que espero no decepcionaros.
