San Miguel de Tucumán, Argentina. Sabado 6 de octubre del 2018.

Encontrando algo que proteger.

Capitulo 10: Orgullo.

By Sioa Shun Uchiha-san.

Ya dentro de su habitación, el youkai se retiró la armadura con el ceño fruncido y una mueca de disgusto. ¿Quién se creía esa mujer para desacatar sus ordenes? Le daría una buena lección a esa sacerdotisa con delirios de guerrera, le recordaría el lugar que una humana debería ocupar.

-Es excitante. - La voz resonó en su interior haciendo que las arrugas de su frente se remarcaran. Hacía mucho no escuchaba a su bestia, y su risa rebosante de sorna no ayudaba a calmar su ira.

-¿Qué quieres, Yako? Vuelve a dormir. - Ordenó mientras se deshacía de sus vestimentas.

-No tengo ninguna intención de hacerlo, Sesshomaru. Esa mujer es interesante, tiene agallas.- Los ronroneo que se mezclaban con esa voz ronca, jadeante y sobrenatural lo pertubaron ligeramente.

-Solo es una humana. - Repuso, caminando con su torso desnudo hasta la puerta que daba a su jardín privado, sentándose a desgana sobre el borde de la galería mientras alzaba sus ojos dorados a la luna en cuarto menguante sobre él.

-Una humana que no nos teme.- Ronroneó con diversión desde las profundidades de su mente.

-Una humana sin sentido del peligro. - Alegó con desdén.

-Y que huele a tormenta, es excitante. - Insistió entre jadeos y risas arrastradas.

-Yako, duérmete.- Ordenó mientras gruñía entre dientes. No, no era la primera vez que su bestia reaccionaba ante esa sacerdotisa ordinaria. La primera vez fue en la tumba de quien creía era su padre pero resultó ser su honorable abuelo, cuando la mujer lo había denigrado gritándole a Inuyasha una manera de dañar su orgullo. En ese momento su bestia había aullado con enojo, el mismo que él sentía ante semejante afrenta y luego tiempo después, Yako había despertado durante otra pelea donde la mujer había usado una de sus flechas para atacarlo, fallando inevitablemente o al menos hasta que logró romper su armadura y su bestia rumió un gruñido gutural, pidiendo sangre, pidiendo venganza por ese atrevimiento, sin embargo él prefirió no involucrarla en la lucha por el momento, debía encargarse del hanyou primero. Yako despertaba casi cada vez que veía a esa mujer, pero la única vez que había aparecido como ahora para mantener una conversación con él fue poco antes de la batalla final con Naraku mientras él se encontraba reflexionando sobre que debería hacer con Rin cuando todo terminara. Y él le recordó la conversación que había tenido con Kagome en la cueva aquella vez.

La criatura le había recordado aquel suceso, y con una serenidad poco propia de él le dijo: "Esa humana se preocupa por nuestra cachorra, deberías hacerle caso, nosotros no sabemos de humanos" había discutido con él, exponiendo su descontento con la idea de alejar a Rin pero repuso algo contra lo que no pudo argumentar: "Con ella, la cachorra estará segura." Pensó que tendría razón, no gustaba de hacerle caso a ese sujeto pero él representaba a su demonio, a su instinto y sabía que sus palabras no podían estar erradas, y decidió obedecer pensando en que ella si se ocuparía de Rin, pero la inoportuna decidió desaparecer. Si, ella había salvado la vida de su padre, estaba de cierta forma agradecido, podía admitirse a si mismo que si estaba de cierta forma feliz de volver a tener la presencia de su honorable padre en el castillo pero nadie tenía porque saber eso, aunque presentía que el general perro si era consciente de eso.

-La retaste, será divertido, quiero ver si no huye.- Gruñó con malicia. -Déjame jugar con ella... - El arrastrar perverso de las palabras obligó al taiyoukai a cerrar sus ojos y obligarse a calmar su estado, Yako estaba demasiado extasiado con la idea de un combate con esa mujer y no debía permitirle tener control sobre él, logrando con esfuerzo acallarlo.

Permaneció en silencio, con ese molesto ente silenciado, se concentró solo en observar el cielo, vaciando su mente y devolvió sus pasos al interior de sus aposentos, terminando de desvestirse para meterse en su cama y descansar unas horas.

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Los toques insistentes en la puerta la obligaron a abrir los ojos. Se sentó en la cama, desorientada, mirando a su alrededor intentado comprender dónde estaba y qué hacía ahí mientras los golpes se intensificaban.

Ah, si, cierto. Estaba en el castillo del oeste. Miró en dirección a la puerta que daba al jardín, notando que en el exterior todo estaba sumido aun en una obscuridad parcial.

-¿Quién es?- Preguntó, arrastrando las letras con cansancio mientras bostezaba aun adormilada.

-Su dama de compañía, Señorita.- La voz de la mujer dejó desconcertada a Kagome. ¿Qué hacía su dama de compañía en su puerta a esas horas?

-Pasa, Yura.- Permitió mientras se desperezaba cual gato recién despertado de una larga siesta.

La youkai ingresó al cuarto, sus ojos violetas la observaron mientras una sonrisa ladina decoraba su rostro. -Es hora de levantarse, me ordenaron asistirla para que esté lista a tiempo.

-¿A tiempo para qué?- Consultó con sus ojos entrecerrados de confusión, cubriendo su boca antes de que un nuevo bostezo atacara. Había dormido tan bien, hacía tanto tiempo que no descansaba tan cómoda que casi había olvidado lo que se sentía.

-Para su sentencia de muerte, por supuesto.- Contestó con vos cantarina y burlona la demonesa.

-¿Sentencia de...? ¡EL DUELO!- Gritó sobresaltada mientras se arrodillaba de golpe en la cama, mirando con horror a un punto inconcreto del suelo. -¡Cielos! ¡Lo había olvidado!

-¿Asustada?- Preguntó divertida la mujer. -Levántese, prepararé su baño.

-Por supuesto que no estoy asustada, Yura.- Replicó mientras se levantaba, cubriéndose con la sabana. Si, frente a ella había otra mujer, pero seguía sintiéndose muy vergonzoso mostrarse desnuda frente a ella.

-Los rumores correr rápido.- Explicó la youkai desde el jardín donde preparaba la leñera para calentar el agua de la tina dentro del baño. -Casi todo el palacio se enteró del desafío, habrá mucho publico.

-Imagino que todos esperan ver una ejecución.- Contestó sintiéndose un poco insultada.

-Debe admitir, que no tiene oportunidad. ¿Tiene algún último deseo? Como su dama de compañía podría entregarle esa cortesía.

-No pienso morir, y tampoco pienso admitir nada.- Con su orgullo en alto entró al baño y luego en la tina, aun estaba fría, pero era algo a lo que estaba acostumbrada, no siempre se encuentran termas en los bosques y bañarse en helados ríos era algo que había hecho muchas veces. Pasaron pocos minutos cuando Yura ingresó en el recinto y tomó un cuenco pequeño para comenzar a mojar sus cabellos con él. -¿Piensas bañarme?

-Eso me ordenaron, debo asistirla.- Contestó la Youkai con simpleza, observando con sus afilados ojos el cuerpo de la humana en un incómodo silencio.

-¿Por qué me miras así?- Preguntó Kagome, posando sus pozos chocolate en esas brillantes amatistas ajenas.

-Tienes muchas cicatrices.- Mencionó con gesto imperturbable mientras continuaba su trabajo. -Y no hueles a miedo ¿No temes a la muerte?

-Si lo hago.- Se limitó a responder, mientras dejaba sumisamente que la mayor la atendiera.

-¿Entonces?

-No tengo planeado morir.- Dijo con simpleza, encogiéndose de hombros.

-El amo no es un hombre piadoso, y la ha retado.- La ironía y la burla bailaban cantarinas en la aguda voz de la mujer.

-Lo sé, pero no es la primera vez que me enfrento a algo así. Sesshomaru es el demonio más poderoso que conozco pero no voy a rendirme ni retroceder a mis palabras.

-Hump, no sabía que los humanos podían ser tan orgullos y obstinados.

Kagome la miró por unos segundos con la sorpresa pintada en la cara y luego estalló en carcajadas, relajando su cuerpo ¿Ella, orgullosa y testaruda? Si, podía ser, tenía que admitir que lo era. No entendía bien porque, pero eso la divirtió. Ella siempre se quejaba de que Inuyasha era muy tosudo y orgulloso, el día anterior había mencionado el orgullo de Sesshomaru como un defecto y recién ahora se daba cuenta que había actuado como el muerto que se ríe del degollado.

Yura la miró con desconcierto pero luego sonrió ampliamente, dejando ver sus grandes y peligrosos colmillos antes de soltar una carcajada corta que había sonado maliciosa y estremecedora. -El amo a traído a una joven interesante, los humanos son tan extraños.- Afirmó mientras se encogía de hombros. -Voy a ver la pelea, sacerdotisa, quiero ver cuanta pelea puedes dar antes de pedir misericordia.

Tras terminar el baño, Kagome permitió en un silencio cómodo que su dama la secara y la vistiera, notando que estaba más claro en el exterior y decidida recogió su cabello con el lazo que Ejin le había obsequiado. Con parsimonia tomó sus armas, acomodó la espada en el lazó de su hakama y cruzó el carcaj en su espalda, colocando el arco en su hombro. -¿Dónde esta el campo de entrenamiento, Yura?- Preguntó girándose a verla.

-Yo te llevaré, no se preocupe, aun nos queda algo de tiempo. ¿Quiere desayunar algo?

-Creo que podría beber un té.- Aceptó con una sonrisa que no fue correspondida.

Esa youkai podía ser mordaz y mucho, pero se sentía a gusto cerca de ella.

-Bien, acompáñeme por favor.- Pidió saliendo del cuarto con la morocha pisandole los talones en dirección a la cocina. Desayunar no le tomó más que unos quince minutos y luego salieron por la parte este del castillo rumbo al campo de entrenamientos.

Era una zona árida a diferencia del resto de los jardines y cuando llegaron el sol comenzaba a salir. El lugar estaba a reventar de diferentes demonios que la miraban con diversión o impasibles, entre ellos resaltando como una mancha de sangre en un lienzo rojo estaba Touga, ocupado un lugar privilegiado mientras la veía con toda la intensidad de sus ojos ámbar.

Suspiró, no podía creerlo, en serio todo el palacio sabía de ese encuentro, imaginaba por sus ropas que muchos de los hombres allí presentes eran soldados de Sesshomaru, algunos portaban armaduras y pudo reconocer a Takeshi, el sujeto al que Rin saludo nada más llegar.

-Miko.- La llamó entonces una voz fría y constante haciéndola voltear, notado entonces que Sesshomaru estaba parado en medio de la arena, mirándola.

Bien, ya estaba ahí, ya se había metido solita en el problema por no saber controlar su temperamento, Inuyasha había resultado ser una mala influencia después de tantos años de convivencia. Con pasos tranquilos e ignorando a los espectadores no invitados se posicionó frente a su oponente. -Bien, estoy aquí.

No podía creerlo, pensó que la mujer huiría o que al menos lo intentaría, que iba a llegar con las rodillas temblando y aferrando con poca coordinación su arco, intentado aparentar una calma que no tenía pero lo que veía ante sus ojos era diferente. La mirada de la humana era desafiante, decidida y sus movimientos eran suaves y relajados.

-¿Con qué pelearemos?- Preguntó con calma.

-Puedes usar todas tus armas.- Contestó el demonio con pasividad. -De todos modos no podrás hacer nada.

Ambos se miraron, estudiándose con calma y cuando el sol se asomó del todo, brillando en medio del cielo, Sesshomaru alzó su brazo derecho con sus venenosas garras expuestas y con una velocidad sobrehumana se abalanzó sobre ella sin ningún aviso previo.

Ahogando el grito en su garganta, Kagome lo esquivó a duras penas, desenfundando su espada y retrocedió tres pasos con la respiración acelerada al mismo tiempo que una exclamación ahogada se escuchó por parte del publico, más el youkai no tenía intenciones de darle tregua y nuevamente se arrojó sobre ella.

-Nos esquivó, me gusta esa mirada...- La voz de Yako solo hizo que su ira aumentara y dirigió su mano directamente al cuello de la mujer y cuando estuvo a solo centímetros de alcanzarla la vio desaparecer ante sus ojos. Kagome se había agachado apoyándose en una de sus manos para hacer una barrida con su pierna derecha, obligando al hombre a retroceder de un salto para evitar la treta pero en un movimiento rápido la chica se incorporó para correr en su dirección comenzando a lanzar estocadas contra él con una técnica que pudo reconocer de inmediato, esquivado cada golpe con el ceño cada vez más fruncido aguantando con el mejor autocontrol que tenía las risotadas graves de Yako en su mente.

-¡El viejo la entrenó! Eso es algo inesperado, déjame jugar con ella, podría ponernos en problemas... - Quería gritarle a la bestia que ninguna mujer, menos una humana, podía ponerlo en problemas a él y dando un saltó más alto sacó su látigo verde y de una sola sacudida lo enredó desde la muñeca hasta casi el codo derecho de la sacerdotisa.

-¡AHNG!- El gritó escapó de su garganta, desgarrador, ganándose los vitoreos de los presentes que no llegaban a ser escandalosos pero que claramente estaban satisfechos con el movimiento de su amo.

El ardor era tanto que casi soltaba la espada, pero apretando con fuerza la empuñadura y con una rodilla clavada en el suelo jadeó y tiró de su brazo contra ella, enrollando más el látigo en su brazo para atraer al hombre a su cuerpo ignorando entre sudores el dolor que la recorría. -No será... tan fácil.- Jadeó, levantándose de un solo impulso usando todo el peso y la fuerza que tenía para retroceder y tirar más del demonio.

-Estúpida.- Murmuró teniendo que deshacer el látigo y así evitar los empujones. Si ella así lo quería, bien, iría en serio y desenvainó su espada corriendo en su dirección.

¡MIERDA! Estaba en problemas, a duras penas había logrado frenar la estocada, chocando los filos de ambas armas pero la explosión de youki de la espada la envió a volar unos cuantos metros, haciéndola rodar por el suelo, llenándose de tierra y estaba segura por el dolor que se había quebrado el pie izquierdo en la caída. -¡AHNN!- El gritó se ahogó cuando intentó levantarse solo para notar que tenía al hombre sobre ella otra vez ¡Había olvidado lo rápido que podía ser Sesshomaru! Sin embargo, alzando su mano izquierda hizo que el filo de esa peligrosa arma impactara no la impactara, sino que lo hciera contra el campo de fuerza que la rodeaba, soltando destellos que parecían rayos ante el choque de ambas fuerzas repeliendo al demonio en lo que ella conseguía volver a pararse. No había querido usar reiki, no quería realmente lastimar al demonio pero si se contenía Sesshomaru iba a matarla.

Un silbido satisfecho resonó desde el fondo de su cabeza. -Es lista, ese fue un movimiento inteligente. - Y por primera vez, estaba de acuerdo con él. Se mantuvo quieto, mirándola a una distancia de quizás cinco metros mientras la veía volver a adoptar una postura de combate acomodando el arco en su lugar ya que se había caído durante su encuentro con el suelo. -¿No piensas retractarte?

-Primero muerta.- Ladró con determinación.

-Tienes mucho descaro para hablar de esa forma, sin haberme hecho un rasguño.- Volvió a abalanzarse sobre ella, pero cuando sus espadas chocaron, el filo del arma de Kagome resplandeció con una luz blanca acompañada de destellos cegadores más el impacto con la energía demoniaca nuevamente arrojó rayos que se dispersaron por el campo antes de desaparecer en el aire, ahora purificado gracias al reiki de la sacerdotisa.

-¡A LOS QUE MIRAN, ALÉJENSE! ¡NO QUIERO LASTIMARLOS!- Gritó más otro alarido de dolor salió de su garganta junto a una nueva estocada que apenas pudo retener, obligandola a retroceder al mismo tiempo que se defendía.

El dolor era intensó, su brazo quemaba y el veneno empezaba a marearla, con su pie izquierdo herido no tenía la estabilidad suficiente para poder soportar la fuerza bestial de los ataques del inuyoukai que de por si ni en sus mejores condiciones sería fáciles de aguantar.

La multitud ahora estaba en un silencio sepulcral, la batalla había empezado hacía varios minutos y la humana aun resistía, eso era mucho más de lo que habían esperado todos. Los rostros de los youkai ahora estaban serios y analizaba la lucha con ojo critico mientras retrocedía unos cuantos pasos ante los haces de energía purificante que la miko expedía. Era peligroso, podían terminar involucrados. Todos suponían que esa sería una ejecución rápida, en la mente de ninguno de ellos estaba la posibilidad de que aquella joven pudiera hacer frente a su amo, nadie esperó que la chica se presentara altiva y desafiante, ellos habían imaginado que se arrodillaría y pediría por perdón. Aun así, entre ellos Touga observaba todo con satisfacción.

A la cachorra le faltaba práctica, pero su técnica era muy buena y no podía más que sentirse orgulloso al ver su voluntad férrea y su mirada determinada aun y cuando estaba claramente herida y en desventaja. Estaba hecha un estropajo, sus cabellos ahora estaban sueltos, su ropa manchada de tierra y sus brazos y rostro cubiertos de raspones que sangraban y golpes por la cantidad de veces que había sido derribada, aun así seguía firme y hermosa, concentrada en el enemigo que tenía enfrente. Cuando se enteró del duelo la noche anterior le había parecido divertido, la adrenalina de un combate siempre era algo interesante y quizás algo bueno saliera de todo eso, porque no, él no dejaría que Sesshomaru la matara, si las cosas iban lo bastante lejos él intervendría.

La energía sagrada que ella expulsaba empezaba a afectarlo, no era suficiente para purificarlo pero si lo debilitaba y Yako estaba desesperado, arañando y aullando desde lo profundo de su mente para que le permitiera tomar el control, las marcas de su rostro eran más anchas, sus garras más largas y sus colmillos más imponentes. -Acabemos con esto. - Gruñó mientras arremetía contra ella.

Era imposible, en una batalla cuerpo a cuerpo iba a salir perdiendo, tenía que hacer algo y rápido, los movimientos del demonio eran certeros y veloces, necesitaba imponer distancia y con mucha urgencia. Con un movimiento veloz esquivó la estocada de la espada de demonio, moviéndose hacia un lado para clavar el filo de la suya en la muñeca del demonio. Conseguido su cometido y sin tiempo para festejar, corrió lo más rápido que pudo y en reversa sacando el arco de su hombro mientras Sesshomaru arranaba el arma que estaba quemando dolorosamente la herida gracias al reiki, arrojando con violencia la espada a un lado antes de girarse para volver a atacar pero ella estaba lista, la cuerda estaba tensa y la flecha en su lugar, soltándola segundos antes de que él la alcanzara despidiendo un resplandor rosa que lo obligó a retroceder soltando un rugido que resonó por todo el terreno del palacio mientras llevaba la mano a su rostro, tapando su lado izquierdo.

Con el corazón en la garganta, agotada y adolorida tomó una segunda flecha apuntando al demonio con la respiración tan acelerada que sentía que estaba hiperventilando, los pulmones le quemaban por el esfuerzo pero aun con la vista borrosa apuntó a su objetivo y volvió a disparar, en esta ocasión la flecha impactó contra la armadura, destrozándola mientras el demonio volvía a acercarse obligandolo de nueva cuenta a retroceder, tomando ella la tercera flecha. -¿Qué... decías sobre... los rasguños... Sesshomaru? - Estaba en su limite, sus manos temblaban y su vista era tan neblinosa que apenas distinguía la figura del hombre frente a ella, iba a colapsar.

Sus ojos estaban rojos, al alejar su mano de su rostro todos vieron el tajo que surcaba su mejilla supurando sangre, que podría parecer un rasguño si no fuera porque el resto de la piel estaba quemada y su ojo izquierdo estaba cerrado. -Pagaras por esto... - Iba a volver a atacarla pero se vió truncado en su intento por la mano de su padre que tomaba con firmeza su muñeca, impidiéndole usar la espada.

-Es suficiente.- Dictaminó con severidad, quitandole el arma con su mano disponible sin soltar aun a su hijo. -Es suficiente. - Repitió mientras sus ojos titilando en rojo le advertían al menor no desacatar su orden.

Sesshomaru lo miró a los ojos, gruñendo mientras apretaba los dientes pero tras cerrar sus ojos y respirar profundo, los rasgos acentuados de su cuerpo desaparecieron, volviendo a la normalidad mientras se paraba erguido y con gesto impasible. -Muy bien.- Se limitó a decir, siendo soltado entonces por Touga dirigió su vista a la sacerdotisa. -Te has ganado el derecho de vivir, y hacer lo que te plazca.- Antes de terminar su dictamen, vio con sorpresa como los ojos de la mujer se cerraban, el arco y la flecha caían de sus manos al mismo tiempo que lo hacía su cuerpo, impactando el suelo segundos después totalmente inconsciente entre sudores y quejas bajas.

Todos los presentes estaban impactados. Viendo las cosas sin meditarlas, el ganador era indiscutiblemente su amo, quien apenas si tenía su rostro quemado y su muñeca chorreando sangre junto algunas quemaduras leves por los destellos de energía sagrada, sin embargo la humana estaba colapsada en el suelo con su brazo derecho quemado hasta arriba del codo por el látigo venenoso del lord, cubierta de heridas que sangraban y golpes que se amorataban con rapidez, un tajo en su cabeza que desbordaba sangre por su frente mientras respiraba con dificulta pero el detalle importante era que estaba viva después de combatir por medía hora con el demonio y no tenía ninguna herida que pudiera acercarse siquiera a ser fatal. Estaban impresionados, la habían subestimado, esa mujer era un peligro.

-Yura.- La llamó Sesshomaru, y la mujer dio un paso al frente.

-¿Si, mi señor?

-Lleva a la miko a su cuarto y encárgate de que sea atendida.- Ordenó antes de dirigir una mirada amenazante a los demás, una mirada que claramente ordenaba que se dispersaran, ahí no había nada que ver y antes de que volviera su rostro a su padre todos se habían ido de ahí, solo quedaba Yura, cargando a Kagome en sus brazos para devolverla al castillo.

El lord siguió el movimiento con la vista hasta que ambas féminas desaparecieron tras las puertas del palacio, escuchando los ronroneos complacidos y divertidos de Yako. -Se veía sexy cubierta de sangre y tierra... - Maldita alimaña, no sabía como la soportaba.

-¿Por qué me detuvo, padre?- Preguntó finalmente ante la mirada serena que le regalaba su progenitor.

-Porque no quiero que asesines a mi futura yerna.- Contestó casi con displicencia, sin ninguna clase de tapujo. -Además, tienes que reconocer que matarla solo por una discusión de pasillo no sería justo.

Imaginaba que su padre se refería a Inuyasha, asique solo con un chasquido de lengua se giró sobre sus talones para alejarse. Estaba molesto consigo mismo, en otras épocas habría matado por menos que los atrevidos comentarios de la miko, sin duelo de por medio, con un simple golpe seco y bruto casi a traición, pero tras esa pelea y con la adrenalina aun corriendo en sus venas tenía que admitir que sus palabras anteriores habían sido ciertos. Kagome se había demostrado capaz de respaldar sus atrevimientos con su fuerza y no quería matarla por algo tan banal como haber desobedecido, pesándolo con calma tener a alguien como ella entrenando a Rin sería una tranquilidad, su protegida podría protegerse a si misma en la mayoría de los casos si aprendía bien.

Esa mujer era libre e impetuosa, algo que nunca pensó que podría llamar su atención pero su bestia se regocijaba en su interior, deseando doblegarla, necesitando domarla, Yako se volvería un problema muy pronto si no lo controlaba.

Se alejó lo suficiente como para permitirse descansar bajo la sombra de un árbol, observando con desinterés la herida aun abierta en su muñeca, sabiendo que muy pronto esta sanaría. Él día anterior había escuchado a la mujer decir que se iría de regreso a la aldea y luego a su hogar, no tendría que preocuparse por el extraño interés que su bestia tenía por ella por mucho más tiempo, había asuntos más importantes que resolver.

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Cuando despertó, el incorporarse en la cama le valió una correntada de dolor que recorrió su cuerpo y una punzada en su cabeza que le hizo sentir que estaba a punto de reventarle. Llevó una mano a su sien, y sintió la rustica venda bajo sus dedos, ahora que se miraba con atención pudo notar que había sido atendida. Una leve sonrisa pasó por sus labios, pero aun así su mirada estaba borrosa, tenía fiebre y eso se debía claramente al veneno que aun corría por su sistema.

Levantanose con dificultad, usando de apoyó las muebles y las paredes pudo ver no muy alejado de la cama un balde de madera con contenía agua, se acercó y coloco su brazo dentro de él mientras ahogaba una queja entre sus apretados dientes para disponerse a purificar el veneno en su sistema y en la herida. Se tomó cerca de una hora para curar o al menos aliviar el dolor de sus heridas con su energía y tras terminar salió de la habitación.

A pesar de que el palacio era un sitió grande y que estaba bastante lleno de sirvientes, sitió todo muy silencioso a pesar de poder sentir los diferentes youki a su al rededor, sin embargo había uno que necesitaba localizar y que no tardó mucho en encontrar, disponiéndose a seguirlo.

Sus pies la llevaron hasta una habitación, que ahora que la miraba bien, era la misma en la que había tenido la audiencia con Sesshomaru el día que llego junto a Touga. El día anterior de hecho. Suspiró pesadamente, se estaba comportando como una niña tonta, un día en el palacio y ya habían terminado a punto de matarse por una tontería con ese taiyoukai, y pensar que ella había pensado en ser su amiga. Bueno, pero para eso esta ahí. Respirando profundo una, dos, tres veces alzó una mano y tocó, esperando paciente alguna respuesta del otro lado que nunca llego, sin embargo permaneció quieta y de pie por varios minutos hasta que un muy tenue sonido se dejó escuchar y segundos después la puerta se abrió, dejando ver al imponente Lord del Oeste.

-Sesshomaru ¿Podría hablar con vos?- Preguntó haciendo una leve reverencia, sintiéndose pequeña bajo esos fríos ojos ámbar. Se quedó estática, mirando sus pies mientras apretaba sus labios y aunque la respuesta no fue verbal, verlo adentrarse de nuevo en la habitación dejando la puerta abierta era una invitación a pasar.

Incorporándose un poco insegura, lo siguió hasta la galería que daba al jardín y se sentó de rodillas a su lado sin saber muy bien como comenzar esa conversación, además la mirada disgustada que estaba recibiendo no la ayudaba, sabía que estaba "mal" sentarse junto al hombre, que debería haberse acomodado a unos pasos tras él, pero no pensaba cumplir ese protocolo, ella no iba a humillarse. -Sesshomaru... yo... quiero...- Dios las palabras eran muy difíciles de encontrar. -Lo que quiero decir es que me gustaría que empezáramos de nuevo, quiero que en la medida de lo posible nos llevemos bien, con la pelea creo que excedimos el limite, no podemos intentar matarnos cada vez que alguno de los dos hace algo que al otro no le gusta.

El demonio por su parte la observaba de reojo, en silencio, mentiría si dijera que no le sorprendía la ofrenda de paz sin embargo su rostro permanecía inmutable. -¿Por qué tendría intención de llevarme bien contigo, humana?

-Al menos para vivir mejor, no me quedaré aquí por mucho tiempo, pero mientras permanezca de inquilina en el palacio y este cerca de Rin intentemos tolerarnos.- Pidió tragando saliva mientras miraba el jardín antes de cerrar sus ojos. -Me gustaría que pudiéramos ser amigos, aunque supongo que es algo imposible.- Nuevamente no obtuvo más respuesta que la mirada impasible del demonio asique giró su rostro para mirarlo, sintiéndose un tanto culpable al ver la quemadura en el rostro del mayor. -Lo siento...- Se disculpó finalmente de forma sentida. -Tu rostro, yo...

-Olvidalo.- Dijo girando la cabeza en dirección al río frente a él.

-Puedo curarlo.- Se atrevió a decir tras unos segundos de silencio. -Para demostrar que no tengo malas intenciones, no somos enemigos y vos salvaste mi vida en la batalla con Naraku, déjame retribuirte. - Pidió de forma tranquila obteniendo la atención del inoyoukai. Dudosa, estiró su mano derecha en su dirección, notando como esa mirada se afilaba, amenazante, haciendo que se detuviera antes de tocarlo. -Aumenta tu youki, Sesshomaru, lo necesito para curarte pero tenes que confiar en mi.- Pidió, nuevamente solo obtuvo silencio, pero algo en el impasible rostro le decía que no iba a ser atacada asique acercó más su mano hasta apoyarla sobre la zona quemada. Nada ocurrió por un largo momento, pero al sentir el youki de Sesshomru aumentar sonrío con calma y cerro sus ojos, concentrándose mientras dejaba que esa energía envolviera su mano, muy lentamente expulsó algo de su reiki que pronto se fusionó con la energía demoníaca yen lugar de tener el color rosado pálido que lo caracterizaba ahora era una mezcla entre celeste y verde.

Sesshomaru no perdía pista de la mujer frente a él, sintiendo el extraño cosquilleo sobre su piel mientras sus ojos observaban la forma en que el femenino pecho subía y bajaba de forma pausada con cada respiración, no comprendía como podía esa mujer estarse atreviendo a tocarlo, a curarlo, siendo que casi la mata hacia solo unas cuantas horas atrás pero el calor sobre su rostro y que el ardor de la quemadura desapareciera le dejaban claro que la chica hacía bien su trabajo.

No pasó mucho tiempo antes de que Kagome abriera los ojos y alejara su mano, sonriendo complacida al ver la piel curada. -Ya esta. - Murmuró satisfecha y luego se levanto despacio de su lugar. -Me alegra haber hablado contigo, Sesshomaru.- Dijo mientras una pequeña mueca aparecía en su rostro al apoyar el pie que tenía quebrado. -Ahora me retiro.

El demonio apenas si asintió mientras la veía alejarse, notando por primera vez la forma extraña y pausada en la que caminaba. -Busca a Yura.- Se limitó a decir, la demonesa era su dama de compañía, era mejor que esa sacerdotisa caminara acompañada por ella hasta que se recuperara del todo de sus heridas. Vio a la chica aceptar su mandato con una inclinación de cabeza y luego irse de la habitación. ¿Una tregua? ¿Ser amigos? No sabía que iba a salir de eso, pero intentaría seguir adelante con eso de "llevarse bien", como la morocha había dicho, solo sería por poco tiempo hasta que ella se marchara, además tenía otros asuntos que atender. Pronto tendría otra reunión con los lores y no podía distraerse mucho más.

Continuara.-

Notas de la Autora: Bueno, como lo prometido es deuda aquí esta el capitulo 10, es cortito pero espero que les haya parecido interesante, no quería demorarme mucho más en publicar ¿Qué pensaron de la pelea? Es la primera vez que narro una escena de acción y aunque estoy conforme con como quedo me gustaría su sincera opinión al respecto, seguro habrá mucho que mejorar.

Pido perdón a la gente que ha sabido señalarme que estaba dejando que mucho de mi misma se viera reflejado en Kagome, como que se volvió muy mal hablada o es un tanto insoportable, en lo personal el personaje de Kagome me parece insoportable, quisquilloso e infantil, en la serie se la pasa quejando pero creo que la hice demasiado molesta, prometo que recompondré el error, intentaré hacerla más seria y no dejar que el personaje de Touga se siga volviendo tan amable y complaciente, intentaré redireccionarlo para que sea más distante y frío, probablemente edite algunos de los últimos capítulos pero nada muy significativo. Por otra parte a partir de aquí añadiré algunas cosas que tienen que ver con Annaisha-sama y otro par de detalles.

Estaré esperando sus comentarios y déjenme decirle que estoy muy feliz de encontrarme con viejas lectores que aun tienen la paciencia suficiente como para seguir leyendo este mamaracho, realmente agradecida con ustedes, con cada una y a las nuevas que han llegado les doy un abrazo gigante de bienvenida e intentaré seguir con este proyecto hasta el final sin muchos más accidentes y ausencias prolongadas.

Sin más que añadir, me despido.

Sioa Shun Uchiha-san.