DISCLAIMER: LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN TODO ES OBRA DE RUMIKO TAKAHASI, LA HISTORIA ES ORIGINAL MIA, Y ALGUNOS PERSONAJES.

Capitulo 9 Demonio de ojos rojos.

Maldición… Maldición… y mil veces maldición, simplemente no se cansaba de decirlo, aunque a veces había variantes como demonios, rayos… pero maldición casi siempre era la palabra ganadora para expresar su respuesta ante la situación. ¿A que situación se refería? Bueno a su maldita suerte, ahora que la mayor de los Higurashi estaba desaparecida todo parecía girar en torno a él, apenas su representante Hayate le dijo la noticia, no se la creyó, debió de comprobarla por su mismo y fue la primera vez en ese día que empezó a maldecir por su estúpida idea de querer corroborar lo que ya le habían dicho, había salido de su departamento por completo hasta la calle, apenas y dio unos pasos y una manda de paparazzi lo rodeo, si manada porque mas que personas parecían animales, encimándose unos con otros para poder pasar, golpeándose con los micrófonos, cámaras esquivando los micrófonos, todos queriéndosele acercar, lo peor es que siempre tenia la mala costumbre de salir sin un guardaespaldas, bueno mas que eso, ni si quería tenia uno, él nunca lo considero necesario, sabia que cada día debía enfrentarse con ese tipo de cosas y que alguien que lo cuidara le facilitaría la vida, pero no le agradaba la idea de pensar en alguien defendiéndolo como si el no fuese capaz, él era muy capaz… excepto que en esos momentos no sabia que hacer, miro a su alrededor realmente se sentía como en la jungla tantas preguntas lanzadas a la vez comenzaban a distorsionarse y llegaban a el como sonidos casi irreconocibles… probablemente tanta sopa instantánea en su organismo ya le estaba afectando porque sabia que no era posible que esos sonidos fueran de la realidad, si no de su cabeza, él no era claustrofóbico ni nada por el estilo, debía ser la comida en definitiva, volteo a su departamento su salvación, así que no lo pensó dos veces se agacho para la sorpresa de todos los reporteros el chico se deslizo entre ellos tan rápido que casi podrían jurar que parecía mas un gato montes que una persona, incluso el mismo chico se sorprendió con que velocidad había entrado al edificio de los departamentos, a pesar de que ya estaba a salvo dentro su dedo no dejaba de presionar el botón del elevador una y otra vez, finalmente este bajo, las puertas de color metálico se abrieron frente a él, iva a ingresar sin embargo el ver ahí a su representante lo dejo un poco consternado, se había olvidado que salió sin decirle nada, probablemente estaba molesto pero eso a Inuyasha poco le importaba tenia problemas mucho mayores y también en parte eran culpa de quien estaba frente a e:

-¿Cómo pudiste permitir que eso pasara? ¿Por eso nos cancelaron? ¿Por qué creen que yo me robe a esa niña? Por favor si yo fuese un secuestrador no seria tan tonto, es mas probable que me hubiera robado a su hermano menor si a esas vamos- Y eso era cierto, ¿Por qué rayos querría a esa loca cerca de el? ¿Robársela? Ridículo, ni bien le caía, había pasado solo de unos minutos a otros, de estar consternado y quizás hasta preocupado por lo que le hubiese pasado a esa chica, a estar totalmente molesto, es decir ahora estaba en un gran lio y por culpa de esa chica gritona, no podía creerlo no estaba ahí pero ya le estaba causando problemas, es mas capaz y que esa loca había huido y ella misma comenzó los rumores del secuestro… no lo dudaba las locas eran capaces de todo.

-Inuyasha, yo me acabo de enterar- Se defendió Hayate con seriedad, salió del elevador permitiéndole a una señora de edad alrededor de los cuarenta, traje ridículamente elegante como si en vez de vivir en Japón viviese en Inglaterra y fuese la reina, así tacones, sombrero con plumas y un traje de dos piezas ideal para tomar él te, ya veía porque que su cliente escogió ese departamento para que fuese su hogar, solo había gente como esa señora de primer mundo, callados y con modales… nada como el joven actor definitivamente, pero con personas así como vecinos, el chico garantizaba noches de silencio y a como era de sueño pesado de mínimo 12 horas diarias, el lugar aburrido ese se le acomodaba a la perfección.-Me acaba de llamar el Sr. Fudo, no los Higurashi no le cancelaron porque creyeran que les robaste a su hija, ellos no creen eso, aun no sabemos como se empezó a esparcir ese rumor, pero trabajamos en ello, en realidad la familia Higurashi esta terriblemente atormentada, por eso quieren tranquilidad, ¿crees que se molestarían en echarte la culpa? Eso no les daría tranquilidad alguna, solamente atraerían a los reporteros.

Inuyasha observo como su representante sacaba un cigarrillo y un encendedor, todo estaba demasiado mal Hayate no fumaba a menos que estuviese en un enorme estrés que necesitara algo dañino para poder soportarlo, además lo que dijo tenia sentido, esa familia lo ultimo que harían seria atraer a los reporteros, seria como echarse un montón de pan en el cuerpo y correr en la playa desnudo para que las gaviotas te picotearan… de acuerdo quizás no era para tanto pero fue lo único que se le ocurrió, en esos momentos… incluso imagino a Akitoki en la playa y bueno… no era una imagen precisamente bonita suspiro y lo miro con desagrado- Lárgate a matarte lentamente afuera, no soporto ese aroma- hablaba enserio, el no fumaba, no es que no lo hubiese intentando como el típico chico malo de Hollywood, pero no lo soporto, desde que era niño siempre había tenido un olfato muy sensible, y el solo estar cerca del humo lo hacia sentirse hasta mareado, para bien o para mal, aunque quisiera él no podía fumar, y su representante a veces aprovechaba la situación para vengarse de él.

-Había olvidado lo sensible que eras- lo miro de reojo, como el actor se tapaba la nariz con su mano, si hubiese sido otra ocasión se habría reído de el como siempre, pero ahora poco le causaba gracia, porque lo que el afectaba a Inuyasha, a él también lo afectaba y quizás hasta mas por que a diferencia de su cliente, a el si le importaba el que dirán. Encontró un cenicero y hundió el cigarrillo entre las cenizas, hasta que se apagó y lo dejo ahí, regreso a ponerse frente a su cliente.- Ya sé que debemos aclarar las cosas frente a la prensa, pero lo mejor será dejar que se calmen, ya los viste, están filosos, si vas ahora, probablemente terminarías confirmando lo que ellos creen, aunque no sea tu intención.

-¿Desconfías de mí?-Cruzo los brazos no le agradaba que lo subestimaran, estaba de acuerdo en que quizás en ese momento no era de sabios hablar con la prensa, pero tampoco le gustaba que pensara que él no podía con la situación, claro que podía…. Solo que prefería esperar un poco.

-Si confió en ti Inuyasha, pero créeme es mejor no meterse en la boca del lobo.-

-¡Keh!-

Hayate suspiro, era imposible poder lidiar con el humor de Inuyasha a veces, solamente que esta vez él tampoco se encontraba de muy buen humor- Bueno, no estoy preguntándote, no hablaras con nadie de la prensa sobre esto, piensa en la familia Higurashi ¿Crees que les gustaría seguir escuchando rumores sobre su hija desaparecida?- Noto que Inuyasha se quedo en silencio por un momento, buena señal, lo estaba haciendo entrar en razón- No, verdad, lo mejor es esperar, hay que ser pacientes Inuyasha, sé que no ayudaras a esa familia, pero yo si quiero ayudarlos, así que lo mejor que puedes hacer en tu posición, es mantener un perfil bajo y ser tolerante.

Esta vez fue Inuyasha quien suspiro y tuvo que cruzar los brazos literalmente, no era el tipo de personas que se quedaban así, sin hacer nada, pero no estaba seguro de como debía reaccionar, era mucha la información que procesaba, no sabia que tenia mas peso para el, el hecho de que una chica loca estuviese jugando a las escondidas o el hecho de que todo lo apuntaba a el como culpable… esa niña, todo era su culpa, si no estuviese jugando a las escondidas, su familia no estaría preocupada, la prensa no estuviese loca y él podría vivir su vida como siempre, no andar escondiéndose como si fuese delincuente aunque… ¿Realmente ella estaba jugando a las escondidas?

….

Encarar a la oscuridad nuevamente, no era algo a lo que Kagome era capaz de acostumbrarse, fue muy parecido a la primera vez, sin saber donde y como se encontraba, estaría viva o muerta, pero lo que más dolía era ¿Volvería a ver a su familia? Esa era la pregunta que no dejaba de rondar en su cabeza, s o inconsciente no importaba realmente, las personas mas importantes en su vida no estaban con ella y eso era lo suficiente como para dejar de importarle todo lo demás. ¿Querer despertar? Realmente si… deseaba hacerlo, quizás de ese modo, volvería a su realidad, a su pequeño mundo donde lo único que le solía preocupar era no llegar tarde a las clases y pasar sus exámenes, preocupaciones que antes parecían enormes ahora carecían de significado alguno, y es que ¿en que clase de estado mental se encontraba? Si incluso anhelaba el ir a clases y tomar exámenes, no pudo responderse aquello porque igual que la ultima vez la oscuridad comenzó a despejarse poco a poco, siendo remplazada por un inmenso dolor de cabeza, una extraña punzada dentro de si y luego estaban esas voces tenues, que al principio no comprendía, pero poco a poco ivan tomando forma, todo aquel procedimiento ya le era familiar y por desgracia, este no la llevaría a casa, si no a un lugar totalmente desconocido, alejado de cualquier lógica establecida, aquel lugar donde fue atacada por un extraño demonio….

-¡Anciana Kaede! ¡Esta despertando!- Un pequeño grupo de personas, se encontraban metidos dentro de una cabaña de madera, sencilla y pequeña, pero un lugar ciertamente importante para todas esas personas que vivían en la aldea, era el hogar de la anciana Kaede, una persona totalmente noble de corazón, si tenían un problema, ella era la persona mas adecuada a quien podías consultar, por ello los aldeanos en cuanto cargaron a la chica que había salvado a sus hijos, totalmente inconsciente, la llevaron de inmediato hasta donde se encontraba la anciana Kaede, la cual antes de preguntarles que había pasado y quien era esa chica de tan extraña vestimenta, la comenzó a tratar, se sorprendió de que todos estuviesen tan al pendientes de la chica, por lo que pidió breves explicaciones, su sorpresa fue mayor al escuchar como la jovencita se había enfrentado valientemente a la larva demonio, si bien este monstruo no era de los mas fuertes, para un humano común y corriente era la total perdición, había muchas preguntas, para la chica, pero lo mas importante es que se curara, estuvieron esperando horas y días incluso para obtener una reacción de la chica, y no había ningún cambio, hasta ahora lograron ver como la chica entrecerraba los ojos, como si se esforzara por despertar.

-¡Atrás todos! Por favor, hay que dejar que respire.-Fueron las indicaciones de la anciana Kaede, una persona lógicamente muy grande en edad, cabello canoso, muy largo, piel un poco bronceada, su rostro estaba lleno de arrugas, complexión robusta, de altura pequeña, lo curioso de la anciana Kaede es que siempre llevaba una vestimenta de color blanco con rojo, el cabello atado de una manera muy particular como una cola baja con un listón blanco pero lo mas intrigante es que llevaba un parche en el ojo derecho.

Todos retrocedieron, pues confiaban en lo que la anciana Kaede decía, le dieron espacio a la chica, mientras que la anciana se acercó a la chica y le llevo un poco de agua a la boca, levantando su cabeza, cuando el liquido llego a entrar en la boca de la jovencita, a los segundos esta comenzó a toser, alejándose de la anciana, contrajo su cuerpo hacia enfrente y se llevo una mano cerca de la boca para taparla mientras tocia, con los ojos cerrados casi apretándolos, parecía querer tranquilizarse, lo hizo cuando escucho una voz ronca y femenina, la cual parecía querer hacer que dejara de estar inquieta.

-¡Tranquila jovencita! Ya estas a salvo-

Kagome comenzó a abrir los ojos poco a poco, al principio todo era borroso, pero las imágenes y los colores fueron tomando forma por si solos, fue cuando se dio cuenta de que lo que había predicho se había vuelto realidad, de nuevo se encontraba en ese lugar, con personas de vestimentas extrañas rodeándola, y mirándola como si fuese un bicho raro… no un momento, no la miraban de esa forma, si no de otra manera, no estaba segura de cual exactamente, solo sabia que estaba entre la compasión y el agradecimiento. Recordó la voz que le había hablado y la busco, se encontró con una anciana con un parche en el ojo, se le quedo mirando, no por eso, si no porque no recordaba a ver visto ese rostro, cuando estuvo huyendo de la larva demonio, ni en toda la aldea, se preguntaba ¿Quién era ella?

-Me alegra que hayas despertado, todos los aldeanos, han estado al pendiente de ti Kagome.- El escuchar su nombre de la voz de la anciana la puso en alerta.

-¿Cómo… conoce mi nombre?- Lo dijo como apenas un susurro, que solo a quien iva dirigido alcanzo a escuchar, era normal, después de estar inconsciente tantos días, la chica no tenia ni energías para hablar.

-Ahora eres muy conocida en esta aldea Kagome- Eso no respondió la pregunta de la chica, si no que le dejo aun mas dudas, vio como la anciana le hizo un gesto a todos para que las dejaran solas, como si hubiese algo importante que decirle que los demás no pudiesen escuchar, eso la preocupo mas y Kaede lo noto, como ella se puso nerviosa, así que le hablo con una voz mas tranquila y amable.- No te preocupes, solo les dije que se fueran para que te dejaran descansar, aunque has dormido muchos días, veo que aun no estas totalmente recuperada, pero es normal, no has comido nada, te preparare algo que te ayude a recuperar tus energías.

-¡¿Días?! –De la sorpresa Kagome quiso levantarse, pero sus piernas no el respondieron del todo bien, apenas y aplico un poco de fuerza para semi-levantarse y estas le temblaron como gelatina, obligándola a quedarse sentada.

-No te precipites, te dije que aun no estabas recuperada –Kaede suspiro- bueno es mi culpa, por no aclararte las cosas- Se levanto con un poco dificultad debido a su edad, y al peso extra que había en su cuerpo, se dirigió a una pequeña olla que tenia al fuego, ya había puesto algo de comida y esperaba a que estuviera, se sentó cerca de la misma, desde donde se quedo miraba a la chica de ropas extrañas con curiosidad, tantas preguntas tenia para ella pero sabia que aun no era el momento adecuado.

-Dis…disculpe... ¿Qué es este lugar? ¿Quién es usted? ¿Cómo es que existen demonios? ¿Por qué buscan la perla de Shikon en mí? ¿En esta aldea? ¿Existe la perla de Shikon?... Si quiere no me conteste pero ¡Por favor ayúdeme a volver a mi casa!- Fueron muchas preguntas, un poco atropelladas debido a la desesperación de la chica de conocer las respuestas, aunque luego se arrepintió y prefirió darle mas peso a la ultima petición, realmente a ella ya no le importaba si no le explicaban nada sobre ese lugar, ni sobre los monstruos o la perla, siempre y cuando la llevaran de vuelta a su casa, era lo único que realmente quería.

-Tranquila, intentare resolver todas tus preguntas, si te tranquilizas- Miro a la chica atentamente, y vio como esta inhalo y exhalo profundamente, tomando una cobija que le habían puesto, como si estuviese nerviosa pero probablemente era solo la impaciencia.- Este lugar, ya lo sabes es una aldea, donde yo vivo desde que era pequeña, mi nombre es Kaede, soy la sacerdotisa guardiana de esta aldea.- Antes que de dijera mas cosas, la chica la interrumpió.

-¿Sacerdotisa guardiana?- Había escuchado sobre las sacerdotisas antes, desde el Japón feudal hasta el actual, solo que diferían mucho, las de los libro de historias, involucraban mucho a la fantástico, mujeres con almas puras y poderes impresionantes, capaces de eliminar a los demonios, la realidad era que solo eran mujeres de religión que rezaban en los templos y desempeñaban funciones simples, nunca había escuchado de una sacerdotisa guardiana.

-¿No conoces a las sacerdotisas guardianas? Bueno… somos personas que protegemos a las aldeas de los peligros que nos asechan constantemente, como la larva demonio a la que tu te enfrentaste tan valientemente, ese era mi trabajo, pero yo no me encontraba en esta aldea, si no en la vecina, por fortuna me encontraron para poder curarte.

-¿Disculpe… estamos en Tokyo? – Mas allá de cualquier, cosa necesitaba comenzar a tener información, cualquier cosa que la llevara a su casa, cualquier pista.

-¿Tokyo?… ¿ese es el nombre de un demonio acaso?- Kagome creyó que la anciana solo le estaba tomando el pelo por lo que le frunció el ceño, pero al no notar una reacción distinta, supo que no le estaba mintiendo, realmente no sabia de lo que le estaba hablando, pero ¿Cómo era posible? ¿Quién en Japón no conocía Tokyo? Descartaba la probabilidad de estar fuera del país, eso si era imposible, además las vestimentas de las personas eran japonesas, fuera de época, pero nacionales al fin y al cabo. Lo único que le quedaba pensar es que estuviese en un pueblo tradicional, uno tan alejado de la civilización que no se conociese… tenia que ser así.

-¿Hay alguna manera rápida de salir de aquí? ¿Conseguir ubicaciones? ¿Algún lugar donde puedan ayudarme a encontrar el camino que debo tomar?- Se quedo pensativa, pero ¿y si nadie conocía Tokyo entonces que haría? Claro… podría buscar alguna otra ciudad conocida, tomar el primer metro e irse a casa.

-¡¿Salir de aquí?! ¿Tienes fiebre?- La anciana se acercó a ella y poso su arrugada mano, en la frente casi pálida de la chica, pero no encontró nada raro en su temperatura.

-Estoy bien… -extrañada por la repentina pregunta de la anciana.- ¿Por qué lo dice?

-Lo que dices, no tiene sentido niña, ¿Quién querría salir solo de esta aldea? Si como pudiste notar, afuera no hay nada más que peligro, estamos rodeados de demonios, Kagome. Esta aldea mucho mas que las otras es constantemente amenazada por esas criaturas- La anciana suspiro y apago el fuego de su estofado, tomo unos recipientes pequeños y algo viejos y con un recipiente aun mas pequeño, tomo algo de caldo y lo probo para comprobar que realmente estuviese listo, y así era.- No todos son capaces de entrar, los que no pueden hacerlo se quedan en los alrededores de al aldea, yo puse una barrera en la aldea, me extraño que la larva demonio fuese capaz de entrar, supongo que con mi partida, la barrera se debilito, menos mal ningún otro monstruo se dio cuenta.-Sirvió un poco de estofado, a la chica enseguida se le hizo agua la boca y su estomago le reclamo, aunque el sueño alimenta, tenia mucha hambre, la anciana lo noto y enseguida le dio el estofado a la chica.

-Muchas gracias- Dijo un poco mas tranquila, antes de pensar en un loco plan debía recuperarse, o no llegaría a ningún lado y seria devorada por esos monstruos que mencionaba la anciana.

Ambas comenzaron a comer, al principio en silencio, las dos tenían muchas inquietudes, pero ninguna estaba segura de como y en que momento, era el adecuado para hacer preguntas tan drásticas, cada una por su parte tenían un dilema interno, no hace falta mucho explicar el de Kagome, ella solo quería volver a casa, en cuanto a la anciana Kaede, el simple hecho de tener frente a ella a una chica con una vestimenta de ese tipo la hacia pensar en miles de cuestionamientos, lógicamente no era de por esa región, además tenia un parecido extraordinario a una persona que ella conoció hace muchos años.

Después de respetar un tiempo prudente, ambas comenzaron a pensar en como iniciar una conversación, Kagome sostenía el recipiente de barro con ambas manos, mirando las gotas sobrantes del guisado que había comido, lo comenzó a girar con sus dedos, intentando distraerse, escucho como la anciana carraspeaba un poco para llamar su atención, la chica de ojos cafés levanto la mirada un poco para encontrarse con los ojos de semblante sabio:

-¿Ya te sientes mejor Kagome?- La chica se encogió de hombros, no estaba acostumbrada que las personas que apenas y conocía, la llamaran inmediatamente por su nombre de pila, era extraño, no era algo que se acostumbrara.

-SI… -Asintió lentamente, dejando el recipiente en la mesa de madera- Gracias por la comida…, me sorprende que sea tan amable, con una completa desconocida.

-Kagome… ¿Cómo es que terminaste en esta aldea? Dices que no encuentras tu hogar, pero ¿Cómo es que te perdiste?- Noto que la chica se puso tensa ante la pregunta.- Bueno, no es necesario que me digas, pero no se como ayudarte, no conozco ese lugar que buscas, jamás lo he escuchado y vaya que he ido a casi todas las aldeas de la región.

-¿Acaso no hay ciudades? ¿Solo aldeas?- Pregunto Kagome, escuchando atentamente la respuesta que la anciana fuera a decir, no podía ser posible, Japón estaba repleto de ciudades, no de aldeas, pueblos si acaso.

-¿Ciudades? No entiendo de que me estas hablando.- Eso puso a Kagome casi en shock, la chica se quedo completamente quieta, sus ojos se abrieron como plato, su boca estaba un poco abierta, y sus manos a la mitad de su cuerpo en el aire, la anciana comenzó a preocuparse.- ¿Estas bien niña?- se acercó un poco a ella, y la observo detenidamente, la chica seguía respirando, esa era la única señal de vitalidad, porque hasta el rostro estaba completamente pálido.-¡Kagome!, ¡Kagome!- La anciana se apresuró a levantarse con un poco de dolor, tomo una cubeta de madera y salió de la cabaña, pasando por una puerta hecha de pedazos de paja, solo la hizo a un lado y paso, dejando a la chica estatua en donde estaba.

Kaede camino lo más rápido que pudo al rio mas cercano, y lleno la cubeta, esa niña, si que le estaba causando angustias.

-¡Sacerdotisa Kaede!- Una pequeña y femenina voz se escucho a unos cuantos pasos detrás de donde se encontraba Kaede, esta se volteo con curiosidad, dejando la cubeta de madera a lado de sus pies, se encontró con 3 pequeños rostros adorables, pertenecían a 3 niñas de la aldea, ellas sufrieron la angustia y el miedo del ataque de la larva demonio, muy de cerca, además que perdieron a su padre durante el horrible evento, esas pequeñas desde que supieron que la chica de ropas extrañas, había ahuyentado al demonio lejos de la aldea, estuvieron muy al pendientes de la salud de la chica, seguramente a eso venían, a preguntarle como se encontraba la joven.

-Cuando la señorita Kagome despierte… - Una de las tres pequeñas había dado un paso al frente, era la mas alta de las tres, tenia el cabello rojizo y ondulado, le llegaba hasta el hombro y portaba un kimono amarillo con flores verdes, se puso mas cerca de la anciana Kaede, tenia sus manos escondidas detrás de su espalda- ¿Podría por favor, darle esto?- La niña de ojos grandes y marrones, saco detrás de su espalda un ramo con algunas flores, eran bellísimas, con cinco pétales, grandes y anchos, de color entre rosado y lila, se notaba que no eran de aquellas flores fáciles de encontrar, si no que las niñas se tomaron su tiempo para buscar y encontrar las mas hermosas, especialmente para Kagome.

-Pero que flores tan bonitas, Kagome se pondrá muy contenta ¿Por qué no vienen conmigo y se las dan ustedes personalmente?- Les sonrió, admitía que estaba un poquito sorprendida de que a pesar de que la chica portara ropas extrañas y al principio a lo que le contaron todos huían de ella, se los había ganado debido a su valentía, no cabía duda de que era una chica llena de misterios y una presencia muy especial.

-¿En verdad podemos? –Pregunto la mas pequeña de las tres, en cierta manera se parecía un poco a Kagome, tenia el mismo cabello azabache alborotado, solo que la niña llevaba una colita de lado en la cabeza, los ojos marrones y le faltaba un diente, lo que la hacia verse aun mas tierna y bonita de lo que ya era, llevaba un kimono de color rosa de cuadros de diferentes tonalidades que combinaba con su liga.

-Claro que si, como les dije, ella se pondrá muy contenta- Reitero la anciana Kaede para darle confianza a las niñas.

-¡Muchas gracias!-Dijo la niña que estaba en medio en cuanto a edad, con algunas tiernas pecas en sus mejillas y su nariz, llevaba el muy corto, hasta la mejilla y usaba un kimono de color verde claro con algunas flores. Las niñas esperaron a Kaede ya las otras dos que no llevaban las flores, la ayudaron a cargar el agua, era sorprendente el hecho de que ellas estuvieran con tanta energía después de haber perdido a su padre, claro que no les preguntaría al respecto, no tenia caso abrir una herida, que probablemente se estaba cerrando poco a poco.

Al llegar a la pequeña cabaña de Kaede, la dueña de la misma entro primero que las niñas, ellas eran bastante tímida pues se escondían detrás de la parte baja de la vestimenta de sacerdotisa que portaba Kaede, esta dejo la cubeta cerca de Kagome, la cual ya parecía estar mejor, había recuperado el color en su rostro, aunque aun había una expresión de confusión en su rostro, esta parecía querer decir algo pero la anciana no estaba segura si seria una pregunta adecuada estando las niñas ahí, así que se le adelanto a Kagome- Tienes visita, unas pequeñas, te trajeron algo.

-¿A mi? –La joven Higurashi parpadeo, extrañada de lo que le decía, asomo su cabeza para buscar a las niñas que Kaede decía, se quedo quieta cuando vio 3 pequeñas cabeza asomándose curiosamente desde atrás de la anciana, se le quedaron viendo y Kagome también se les quedo viendo, ella les sonrió para intentar darles confianza y que salieran sin temor y a pesar de eso no salieron de inmediato, sin embargo una de las tres fue la valiente que asomo, la de cabello negro y largo como el de Kagome, la pequeña ahora tenia un ramo de flores en sus manos, comenzó a caminar iva descalza y sus pies estaban un poco sucios debido a la tierra e incluso tenia algunas heridas. Llego hasta donde estaba la chica y extendió sus pequeñas flores.- ¿De verdad? … ¿Para mi?- Aunque era lógico que era así, ella quería asegurarse que no había un error.

-¡Si señorita Kagome… son para ti- Dijo tímidamente la niña, y le sonrió mostrando el diente que le faltaba, Kagome rio, se veía tan adorable, gustosa tomo las flores en sus manos y las olio, no esperaba menos al sentir la fragancia tan dulce impregnarla.

-Muchas gracias- Miro a las otras dos niñas escondidas tras Kaede y le sonrió, la anciana parecía insistirles en que fueran, que ella no les diría nada malo, la joven con las flores miro a la niña frente a ella- ¿Cuál es tu nombre?

-Rin… me llamo Rin señorita Kagome- Dijo con un poco de timidez, la niña de nombre Rin, un nombre precioso, para una niña tan dulce.

-Ya veo, Rin… me encanta, es un nombre tan hermoso- Le sonrió con sinceridad, la reconoció, sabia que ella era una de las hijas del hombre al que la larva demonio había devorado, también a las otras dos, se reprendió a si misma por haber sido tan egoísta, ella pensando solo en sus necesidades, y no se había puesto a pensar que personas como ellas tres, estaban viviendo una pena muy grande.

-Vamos, vayan con Kagome ella las espera- Fue la voz gruesa de la anciana Kaede, quien miraba a las niñas y las incitaba a ir con ella, las dos pequeñas miraron a su hermana menor, era curioso las mayores eran las que tenían temor, hasta en eso Rin se parecía a Kagome, en lo valientes. Su hermana Rin les sonrió a sus hermanas mayores y asintió con la cabeza, para decirles en silencio que todo estaba bien, era seguro ir. Enseguida las dos pequeñas corrieron hasta donde estaba Kagome.

-¿Cuáles son sus nombres?-Pregunto a Kagome atentamente a las otras dos niñas.

-Mi nombre es Riko- Dijo la mayor de cabello pelirrojo.

-Y el mio es Miaka- Dijo la niña de en medio.

-Las tres tienen nombres muy hermosos, como sus kimonos ¿Su mama se los hizo?- Las tres hermanas asintieron.

-Usted es muy bonita señorita Kagome- Dijo Rin, parecía la mas afectiva para con Kagome, como si la admirara realmente, ante esto la anciana Kaede salió de su cabaña para dejar solas a las chicas, podía ver como el rostro de la joven incluso había cambiado al tener con ella a las tres, y ¿Quién no? Eran adorables y atentas, probablemente ese era el tipo de inspiración que la chica necesitaba para sentirse mejor, la notaba muy deprimida y poco entusiasta pero ahora, hasta los ojos le brillaban, le recordó tanto a aquella persona que tanto extrañaba… pero en esos momentos no quería ponerse a pensar en eso, simplemente las dejo para que platicaran todo lo que quisieran.

-Solo díganme Kagome.-Kagome estaba muy feliz de hablar con las tres, se acordaba mucho de Sota, claro que su hermano no actuaba así, era un niño después de todo, pero aun así lo recordaba, en esos momentos ellas eran lo mas cercano que ella tenia de su hermano menor, aunque fueran personas totalmente distintas, su corazón se conmovía y se ablandaba con esas sonrisas tan grandes provenientes de cuerpos tan pequeños, la hacían olvidar por un momento todos sus problemas, lo cual era bueno, a pesar de que era poco el tiempo que llevaba consciente, se había sentido totalmente sola, a pesar de la amabilidad de la anciana, no se sentía en su lugar, pero ahora si, era querido, fuese egoísta o no, su alma se sentía un poco mas tranquila de saber que no todo lo que había hecho había estado mal.

….

La noche cayo lentamente en ese extraño lugar, del que Kagome aun no tenia un conocimiento cierto, sin embargo no todo había sido malo, ya tenia amigas, además la anciana Kaede le había ofrecido estancia en lo que ella lograba encontrar la manera de volver a casa, o al menos conseguir un acompañante de viaje para que no fuese sola al oscuro bosque… pero todos conocemos a esta chica, si había una oportunidad para poder irse la tomaría, como en esos momentos, que toda la aldea se encontraba completamente dormida, incluyendo a la amable anciana que le había tendido la mano, si se sentía mal por dejarla solo así, pero el conocer a esas niñas la hizo comprender algo, por alguna razón fue su culpa el hecho de que el demonio se diera cuenta de la aldea, probablemente su escandalo de cuando los aldeanos la habían amarrado creyendo que era un demonio. No quería mas victimas, mas muertes, mas tristezas para esas familias que vivían en tanta paz gracias al esfuerzo de todos, ella solo seria un estorbo, lo mejor era irse y aprovechar para tomar un rumbo distinto, quizás ir a una de esas tantas aldeas y preguntar por su hogar, en algún lugar de la región debían conocer el camino, era imposible que nadie lo supiera y ella se encargaría de averiguarlo. Había tomado una pequeña bolsa de tela que encontró en la cabaña, la lleno con una cantimplora de agua, no podía llevarse comida, no había donde meterla, le dejo una nota a la anciana, dándole gracias por su hospitalidad y explicándole las razones de su partida, esperando que la comprendiera y no mandara a nadie a buscarla.

Salió lentamente de la cabaña, pasando por un lado de la anciana que dormía sobre un cómodo futon, hizo la puerta aun lado, no hizo ruido alguno por suerte, salió con cuidado mirando a todos lados, comprobando que realmente no hubiese nadie que pudiera verla, y así fue, todos parecían completamente dormidos, así que cuando estuvo a la salida de la aldea comenzó a correr hacia el bosque, sin mirar atrás ni por un segundo, si lo hacia podría comenzar a sentirse mal por esas niñas y por la anciana Kaede, era mejor avanzar sin siquiera pensar las cosas, corrió todo lo que sus piernas le dieron hasta que sintió que la venda que llevaba en la pierna comenzaba a aflojarse, no alcanzo a detenerse por su cuenta, uno de sus pies piso la tela de la venda, provocando que ella se cayera al suelo completamente, su barbilla quedo a unos centímetros del suelo, había sido tanta la sorpresa de caerse que apenas y alcanzo a poner sus manos para no estamparse contra el pasto, vio como la bolsa cayo a lo lejos y como la cantimplora se salía de la misma, rodo hasta un punto en el que dejo de escucharse, ´por la oscuridad, la joven no podía estar segura si se había topado con una raíz de árbol o un animal y por eso paro, esperaba que fuera lo primero, gateo un poco y estiro la mano encontrándose con la forma de la cantimplora pero con algo mas… un pie… en ese momento su corazón comenzó a latir con fuerza, levanto la mirada un poco, y casi juraba que el corazón se le iva a salir del pecho. Se había encontrado con un par de ojos rojos y feroces, brillaban entre la oscuridad, la pupila era de color azul, era una mirada difícil de describir, le helaba la sangre, la hacia estremecerse del miedo, no encontraba nada humano en esa mirada, ningún brillo, ningún atisbo de sentimiento, solo se encontraba con una mirada salvaje como la de un animal cuando esta concentrado en cazar a su presa, completamente sediento de sangre… lo que la hizo caer en la cuenta de que… fuese lo fuese, ya había encontrado a su presa.

… A….

¡Chicas! Perdónenme por la súper tardanza, es que el lunes entre de nuevo a la escuela y siempre la primera semana se me hace un poco pesada, porque como que me voy adaptando, pero prometo actualizar mínimo una vez a la semana sin falta, y la verdad chicas valió la pena la espera porque en lo personal este capitulo me encanto, apuesto a que las deje intrigadas ho-ho prometo ponerme a escribir enseguida la continuación.

Hikaru kino88- si pobre de los Higurashi, lo que Kagome los esta haciendo pasar, de alguna manera eso los hizo reflexionar a todos sobre la pelea que tuvieron.

Tsuyu Otaku- ufff lamento tanto el retraso, ya me pondré al dia, wow no puedo creer que te hiciera llorar, owww, bueno prometo hecharle muchas ganas para seguir sacando sentimientos, cuando se deba.

Kagome 555m- XD si probablemente piensen eso hahaha, veremos que pasara que pasara