hola a tds jeje espero les guste este cap jeje !

recuerden de ke nada me pertenece

Capitulo 10

- ¡Bella!¡Bella!¡Bells!

Bella se dio la vuelta y, protegiéndose los ojos del sol, vio que Emmett entraba en los jardines con dos galgos rusos correteando tras él.

Su Alteza Real el príncipe Emmett de Cordina iba vestido como un mozo de cuadra: vaqueros desgastados calados en botas embarradas y una camiseta con un raspón de polvo en la manga. Cuando se acercó a ella, Bella percibió el fuerte olor a caballos y heno que emanaba de él. Al igual que los perros que jugueteaban alrededor de sus piernas, Emmett parecía contener grandes reservas de energía apenas contenidas.

- Estás sola -le lanzó una rápida sonrisa mientras, apoyando una mano sobre la cabeza de uno de los perros, deslizaba la otra bajo el collar del segundo-. Tranquilo, Boris -dijo bruscamente cuando el perro intentó husmear los zapatos de Bella.

Boris y... Natasha, pensó ella, rebuscando en sus archivos mentales los nombres que Edward le había proporcionado. Ni siquiera de los perros podía olvidarse. El embajador ruso se los había regalado a Emmett y este, con su tendencia a la ironía, les había puesto los nombres de los personajes de unos dibujos animados americanos: dos ineptos espías rusos que apenas podían engañar a una ardilla y a un alce.

Emmett consiguió a duras penas controlar a los perros.

- Es la primera mañana que te veo salir.

- Es la primera mañana de esta semana que no he tenido reuniones -ella sonrió, sin saber si se sentía culpable o contenta-. ¿Has ido a montar?

¿Montaba ella? Su mente trabajaba a marchas forzadas, como se estaba volviendo habitual. Bella creía saber cómo sentarse sobre un caballo y cómo cepillarlo. Luchó por retener aquella sensación mientras sonreía despreocupadamente a su hermano.

- He salido temprano -dijo este-. Había muchas cosas que hacer en los establos -se quedaron torpemente callados un momento, preguntándose qué podían decir-. Parece que tu sombra americana no anda por aquí -dijo Emmett bruscamente y luego sonrió con cierto azoramiento al ver que Bella se limitaba a alzar una ceja-. Es el mote que le ha puesto Jasper -dijo, y se encogió de hombros, intentando librarse de la vergüenza. Por lo general, la consideraba una pérdida de tiempo-. La verdad es que a mí me gusta. Y creo que a Jasper también, o de lo contrario se mostraría más cortés y pomposo con él. Lo que ocurre es que en este momento le resulta difícil aceptar la presencia de un extraño.

- Parece que a ninguno nos consultaron al respecto, ¿no?

- Bueno, Edward no está tan mal -Emmett dejó que Boris se restregara contra él, sin que pareciera importarle que le llenara la ropa de pelos-. Por lo menos no es aburrido. He estado pensando en preguntarle dónde se compra la ropa.

Bella miró a su hermano con una mezcla de tolerancia y sorna, y se preguntó si lo hacía con frecuencia.

- Así que ¿cuesta aceptar al hombre, pero no su forma de vestir?

- Desde luego, tiene buen gusto -comentó Emmett, apartando la cabeza de uno de los perros-. ¿Te molesta que ande siempre detrás de ti?

¿La molestaba? Bella arrancó una flor blanca de azalea. Había pasado una semana desde su regreso a palacio. Una semana desde que había retornado a una vida que aún no era la suya. Todos los días tenía que volver a explorar sus sentimientos.

Imaginaba que ya casi se había acostumbrado a la presencia de Edward, el cual pasaba a su lado casi todo el día. Sin embargo, seguía sintiéndose ajena a él y a su familia. Y también a sí misma.

- No, pero a veces... -contempló el opulento jardín en flor. Miró más allá-. Emmett, ¿he tenido siempre esta necesidad de escaparme? Todos son muy amables, muy atentos, pero a veces siento la necesidad de irme a alguna parte donde pueda respirar tranquila. A alguna parte donde pueda tumbarme en la hierba y olvidarme de todo.

- Por eso te compraste la pequeña granja.

Ella se dio la vuelta, frunciendo el ceño.

- ¿La pequeña granja?

- La llamábamos así, aunque en realidad tiene un par de hectáreas de tierra con las que nadie ha hecho nada todavía. De vez en cuando, amenazabas con construirte una casa allí.

Una casa en una granja, pensó, asombrada. Quizá por eso se había sentido tan cercana a Edward cuando habían hablado de la suya.

- ¿Es allí donde iba cuando...?

- Sí -los perros estaban inquietos, así que Emmett dejó que olfatearan los arbustos-. Yo no estaba aquí. Estaba en la universidad. Si nuestro padre se sale con la suya, volveré a Oxford la semana que viene -de pronto, a Bella le pareció lo que era: un crío a punto de convertirse en hombre que había de doblegarse, aun a regañadientes, a los deseos de su padre. Bella sintió que, de algún lugar recóndito de su ser, surgían la comprensión y el afecto. Dejándose llevar por un impulso, tomó a Emmett por el brazo y echó a andar a su lado.

- Emmett, ¿tú y yo nos llevamos bien?

- Qué pregunta más... -él se interrumpió de repente y dio un empujón al perro que trotaba a su lado. Dominar sus emociones no le resultaba tan fácil como a su padre y su hermano. Tenía que poner todo su empeño en ello y con frecuencia fracasaba en el intento. Pero aquella era Bella; con ella, todo era distinto-. Sí, nos llevamos bien. Ya sabes, en nuestra posición no es fácil tener amigos de verdad. Y nosotros lo somos. Tú siempre has sido mi lazo de unión con nuestro padre.

- ¿De veras? ¿En qué sentido?

- Cada vez que me meto en un lío...

- ¿Es que sueles hacerlo?

- Eso parece -pero no parecía avergonzarse por ello.

- ¿Y yo no?

- Tú eres más discreta -le lanzó otra de aquellas rápidas y fulgurantes sonrisas-. Siempre te he admirado porque consigues hacer casi todo lo que te apetece sin levantar escándalos. Todo, en cambio, no tengo el don de la discreción. Todavía no he conseguido librarme del asunto de la cantante francesa.

- ¿Ah, sí? -interesada, ella alzó la cabeza para mirarlo. Dios, pensó de repente. Era bellísimo. No había otra palabra para describirlo. Si una mujer guardaba en la cabeza la imagen del Príncipe Azul, sin duda sería la de Emmett-. ¿Una cantante francesa?

- Lily -esta vez, al sonreír, no pareció tan joven, sino infinitamente experimentado. No, pensó ella, después de todo, no era ningún niño-. Tenía mucho... talento -añadió él con una mirada irónica y tan madura como su sonrisa-. Y era completamente inadecuada para mí. Cantaba en un pequeño club de París. Yo pasé allí unas semanas el verano pasado y... nos conocimos.

- Y tuvisteis un romance apasionado.

- En aquel momento, parecía una buena idea. La prensa rosa se frotó las manos y se cebó con el asunto. La carrera de Lily despegó como un cohete -esbozó una sonrisa rápida, maliciosa-. Firmó un contrato para grabar un disco y... digamos que se mostró muy, muy agradecida.

- Y tú, por supuesto, aceptaste humildemente su gratitud.

- Por supuesto. Papá, en cambio, se puso furioso. Estoy seguro de que, si tú no le hubieras calmado, me habría hecho volver a Cordina y me habría puesto bajo arresto domiciliario.

Ella enarcó las cejas, impresionada consigo misma. No parecía fácil aplacar a aquel hombre envarado y de mirada intensa.

- ¿Y cómo lo logré?

- Bella, si lo supiera, haría todo lo posible por imitarte.

Ella se quedó pensando, complacida y llena de curiosidad.

- Al parecer, se me da muy bien.

- Eres la mejor. A padre le gusta decir que, de sus tres hijos, tú eres la única que tiene sentido común.

- Oh, vaya -arrugó la nariz-. ¿Y aun así te caigo bien?

Él hizo un gesto tan tierno, tan espontáneo, que a Bella se le llenaron los ojos de lágrimas. Le desordenó el pelo. Ella procuró refrenar el llanto.

- Sí, mientras seas tú la que tenga sentido común. Para mí sería un estorbo.

- ¿Y Jasper? ¿Cómo me... nos -se corrigió- llevamos con él?

- Oh, Jasper no está mal -dijo con fraternal tolerancia-. Al fin y al cabo, es el que se lleva la peor parte. La prensa lo sigue a todas partes y lo relaciona con cualquier mujer a la que mire dos veces. Para Jazz, la discreción es todo un arte. Ha de ser el doble de bueno en todo, ¿comprendes?, porque es lo que se espera de él. Y tiene que refrenar continuamente su mal carácter. Al heredero del trono no se le permite hacer escenas en público. Y hasta las que hace en privado pueden trascender. ¿Recuerdas cuando aquel conde francés tan gordinflón bebió demasiado champán en la cena y...? -se interrumpió de nuevo y su sonrisa se desvaneció-. Lo siento.

- No importa -ella dejó escapar un suspiro. Notaba que la tirantez había vuelto a instalarse entre ellos-. Todo esto de resultar frustrante para ti.

- Por una vez, no estoy pensando en mí mismo -Emmett se detuvo y la tomó de las manos-. Bella, cuando padre me llamó a Oxford y me dijo que te habían secuestrado... Nunca había pasado tanto miedo. Espero no volver a sentirlo nunca más. Fue como si alguien me sacara la sangre del cuerpo. Me basta con tenerte aquí de nuevo.

Ella le apretó las manos firmemente.

- Quiero recobrar la memoria. Cuando lo haga, volveremos a pasear por los jardines y nos reiremos de ese conde francés que bebió demasiado champán en la cena.

- Bueno, pero tal vez podrías recordar de forma selectiva -sugirió él-. No me importaría que olvidaras aquella vez que te puse gusanos en la cama.

Bella lo miró con asombro. Era dulce, inocente, atractivo.

- A mí tampoco me importaría, la verdad.

- No te lo tomaste muy bien -le dijo él-. Nanny me echó una bronca que me dejó avergonzado durante una semana.

- A los niños hay que enseñarles respeto.

- ¿A los niños? -esta vez, Emmett sonrió y le pellizcó la barbilla-. Pero si fue el año pasado... -al ver que ella se echaba a reír, vaciló un momento y luego, cediendo a un impulso, apretó su mejilla contra la de ella-. Te echo de menos, Bella. Date prisa en volver.

Ella se quedo quieta un momento, percibiendo su olor, intentando reconocerlo.

- Lo procuraré.

Emmett comprendía mejor que nadie que el amor era también una forma de presión. Cuando soltó a Bella, su voz sonó de nuevo ligera, despreocupada.

- He de llevarme a los perros antes de que arranquen de cuajo el jazmín. ¿Vienes conmigo?

- No, me quedaré un rato más. Esta tarde tengo que probarme el vestido para el baile de la FAND. Y creo que la experiencia no va a gustarme.

- Lo odias -dijo Emmett alegremente-. Yo volveré de Oxford para el baile, después de que acabe el curso -acabar el curso, pensó. La idea le resultaba tan deliciosa que casi parecía irreal -. Bailaré contigo mientras miro a las chicas y decido a cuál le robo el corazón.

Ella se echó a reír.

- Creo que tienes todas las trazas de un libertino.

- Hago lo que puedo. ¡Boris! ¡Natasha! -Emmett llamó a los perros y salió apresuradamente del jardín seguido por los animales, que saltaban alrededor de sus piernas.

A Bella le agradaba su hermano menor. Era un alivio saberlo, sentirlo. Tal vez no recordara los veinte años que había compartido con él, pero le gustaba el hombre en que se había convertido.

Metiéndose las manos en los bolsillos de sus cómodos pantalones, Bella siguió paseando. El olor del jardín era denso y heterogéneo, pero no saturaba sus sentidos. Los colores formaban, más que un arcoíris, un caleidoscopio. Mientras caminaba, Bella se ponía a prueba a sí misma. Podía identificar sin esfuerzo cada planta. Del mismo modo, pensó, había sido capaz de identificar a los artistas de los muchos cuadros que colgaban de las paredes de la galería del ala oeste.

A los artistas, sí. Pero no a los sujetos retratados. Habría tomado la cara de su propia madre por la de una extraña si el parecido que había entre ambas no hubiera sido tan notorio. Mirando el retrato, Bella había comprendido de quién había heredado el color de sus ojos, su pelo, la forma de su rostro, su boca. No había duda de que la princesa Esme de Cordina había sido más bella que su hija. Bella había mirado objetivamente el retrato de su madre y el enorme retrato de sí misma que también colgaba en la galería y había llegado a esa conclusión sin ningún esfuerzo.

En aquel retrato, la princesa Bella era muy joven. Tenía tal veinte o veintiún años, había pensado Bella. Y estaba preciosa con su vestido malva, sobre el cual una banda de color rosa vívido semejaba una lengua de fuego. Viéndose así retratada, Bella se había preguntado cómo había tenido valor para elegir esos colores para posar ante el pintor. Y se había preguntado también cómo había sabido que su combinación resultaría pictóricamente tan efectiva.

Pero era el rostro del retrato de su madre lo que la había dejado sin aliento. La princesa Esme vestía de blanco y llevaba un ramillete de rosas rosas que le confería una belleza poética y soñadora. Emmett tenía su mirada y el mismo destello de malicia que Bella creía percibir en los ojos del retrato.

Jasper, en cambio, era como su padre: el mismo porte militar, la misma reconcentración. Bella había percibido aquellas cualidades tanto en la persona de su hermano como en los retratos oficiales. Se preguntaba si Jasper disfrutaba de su papel de príncipe heredero o si solamente lo aceptaba con resignación. Más aún, se preguntaba si Jasper y ella tenían una relación lo suficientemente íntima como para que ella conociera sus sentimientos y sus anhelos. Se preguntaba cuándo lo averiguaría.

Había una pérgola cubierta de wisterias y, bajo ella, un par de sillas forradas de tela y una mesa de mármol. Allí, al igual que junto al acantilado, Bella se sintió a gusto enseguida.

Estando a solas, le resultaba más fácil admitir que se cansaba rápidamente. Al sentarse con las piernas estiradas, la filigrana de luz y sombra que proyectaba la pérgola se extendió sobre su cuerpo. Las flores despedían un olor dulce y suave. Las abejas zumbaban perezosamente a su alrededor. Parecía que en el mundo no había nada más. Cerró los ojos y se quedó dormida.


hola espero sus reviews jejeje

dejenme unos cuantos jeje kreo ke la historia y mi esfuerzo x actualizar rapido lo merecen jeje

bye