I belong to you
Capítulo diez

Juudai se sentía tan ofendido y enojado con Analeigh que cuando volvió a verla unos días después, se portó muy grosero con ella. En cuanto a Johan, no había sabido nada de él, nada además de un simple mensaje que le contestó al día siguiente: "Estoy bien, gracias." Había sido muy estúpido el creer que después de esa fiesta todo sería diferente, como si Johan fuese parte de su grupo de amistades o algo similar. Había sido estúpido creer que podrían verse más seguido y charlar, que eran amigos normales. Estaba seguro que la única manera de poder pasar tiempo con el europeo sería pagándole, de otro modo, él estaría demasiado ocupado. Frunció el ceño ante tal pensamiento y presionó con demasiada fuerza las teclas frente a él, mientras trataba de iniciar sesión en el messenger.

Tenía que hacer un ensayo sobre la Revolución Francesa y sus consecuencias en la arquitectura de su época y sin embargo, prefería chatear. Tampoco es que fuese muy asiduo a la computadora, pero con tal de escapar de un trabajo molesto haría lo que fuera. Su messenger, de un color rojo brillante y cuya imagen mostraba la foto de su gato Faraón, lo recibió con quince personas conectadas, entre ellas su novia. Se preguntó si debía hablarle. Aún no había solucionado el problema de los mensajes. Bueno, no es que ella pudiese golpearlo o mirarlo feo desde allí, no perdía nada con intentar.

La saludó con un simple Hola, ¿cómo estás? Antes de abrir su archivo de word, que estaba en blanco esperando por su tarea. Tecleó el título del trabajo y su nombre, luego, se reclinó sobre su asiento con verdadera pereza. Aunque quisiera, no iba a poder concentrarse con semejante ruido (los huéspedes de habitaciones continuas siempre estaban en movimiento), se había quejado con André pero éste se excusó diciendo que al ser un hotel no podía hacer nada, dado que los clientes, al estar ahí sólo por un día o dos, necesitaban de toda la libertad que fuese posible, lo cual incluía la de hacer ruido.

Se llevó un pocky a la boca antes de cerrar los ojos, rememorando la escena de unas noches atrás. Había cometido la idiotez de besar a su amigo. Y sin embargo, éste parecía tan tranquilo como si él fuese una clase de chica ligándolo o algo así.

—¿Otra vez pensando en esto? —se recriminó, terminándose el pocky y relamiéndose también al sentir su sabor a chocolate—. Si no me ha dicho nada es que no le ha dado importancia, justo como yo. El asunto está terminado —declaró al aire, como si estuviese peleándose con alguien muy testarudo—. Hmmmm, pero, ¿y si en realidad sí le importó y por eso me dejó de hablar? ¡Quizá piensa que soy un aprovechado!

El sonido del messenger lo sacó de sus cavilaciones. Asuka se había dignado a contestar después de unos diez minutos. Juudai nisiquiera se acordaba de ella, ni mucho muchos de su trabajo. Tenía que dejar el asunto de Johan a un lado por un rato, luego, ya vería... ¿O quizá Johan gustaba de Analeigh y se había enfadado al saber que la había tratado mal? ¡Ah, joder!

Abrió la ventaja del msn sin siquiera darse cuenta. Asuka usaba un bonito tono azul turquesa para escribir y al verlo, el recuerdo de su amigo volvió a asaltar su mente. Entrecerró los ojos para concentrarse en el mensaje, éste decía:

Ah, vaya. Te has acordado de que existo, Juudai.

Ok, había sido una pésima idea hablarle. Detestaba cuando Asuka se ponía molesta, era insoportable, aunque mucho más en persona, cuando tenía que aguantar su cara furiosa, con el ceño fruncido y los ojos echando chispas. Trató de encontrar una manera civilizada de hacerla entrar en razón, pero lo único que se le ocurrían eran mentiras.

Lo siento, he tenido unas semanas bastante pesadas.

Bueno, aquello era cierto, a su manera. Rei estando ebria, sus clases de francés, sumadas a las de la Universidad, la fiesta, el tema de Johan... no lograba concebir cómo su mente había sobrevivido a todo eso. Pero no confiaba en que ella lo comprendiera tampoco. Decirlo y vivirlo eran cosas diferentes, con percepciones obviamente distintas.

¿Qué tal has estado? ¿Cómo está mi madre, y la tuya? ¿Y Sho? No he sabido nada de nadie.

Iba a obligarla a hablar, así le costara toda la tarde. Incluso haría el -penoso- sacrificio de dejar la tarea para otro día, con tal de que ya no estuviera molesta.

Sabrías de todos si te dignaras a llamar. Todos estamos bien, gracias a Dios. Tu madre se muere por darte unos buenos golpes, aún. Y Sho, bueno, te extraña, como siempre.

La rubia contestó a la velocidad de un rayo. Luego sonrió. Ella no podía estar enojada con Juudai, si él decía que tenía una semana pesada, debía creerle. Era un poco torpe y descuidado, seguro que se había dejado varias tareas inconclusas y había sido castigado por ello. Y sobretodo, lo más importante, había empezado disculpándose, cosa que le valía su perdón.

¿Juudai?
¿Puedo pedirte un favor?
¿Podrías poner la cámara web?

El chico sintió como una sonrisa se formaba en su rostro, nunca le había gustado eso de la cámara, pero se sentía lo suficientemente valiente para intentarlo. Además, parecía que ya no había hostilidad en sus palabras. Parecía que volvía a creer cuando le decía lo siento, parecía que de verdad, a pesar de algunas semanas sin contacto, todo volvería a estar bien.

Después de un par de horas, en las cuales Juudai no supo exactamente en qué perdió el tiempo, Asuka se despidió. Tenía clases al día siguiente y se había quedado hasta las 3 am sólo por hablar con él. Sobretodo poniéndolo al tanto de las novedades en Japón (se habían estrenado muchas series que él había planeado ver), también sobre la vida de sus amigos; Manjoume, quien estaba por recibirse como abogado; Sho, quien seguía trabajando arduamente para ser arquitecto; Jim, quien seguía con sus estudios en arqueología; Fubuki, tan despreocupado como siempre y ella, apasionada por ser profesora.

Dirigió sus ojos chocolate hacia el reloj que yacía en una esquina del escritorio, dándose cuenta de que aún era demasiado temprano y no podría usar la excusa de la hora para dejar su todavía vacío trabajo por la paz. Trató de recordar algunos de los datos más importantes de sus clases de Historia, también buscó en ciertos sitios especializados y al final, encontró una Biblioteca online, pero aún así no tenía ganas de hacer nada. Una vez Asuka se marchó, sus preocupaciones volvieron a él tan fuertes como siempre. Dado que ya estaba casi integrado a Francia, dado que ya había conocido a personas allí... Se sentía con la imperiosa necesidad de arreglar cualquier cosa que estuviese mal en su entorno y lo que le gritaba en esos momentos era el asunto de Johan.

Ya se había repetido miles de veces la misma conclusión: que a ninguno de los dos realmente le había importado, pero aún con todo eso, la cuestión seguía dándole vueltas en la cabeza, como una luna orbitando alrededor de su ofuscado cerebro. Y él definitivamente no entendía por qué. Quizás si Johan se lo decía de su propia boca se quedaría calmado, pero, ¿y si no se lo decía? ¡Ahí estaba otra vez esa maldita duda! Sonrió rindiéndose a sus impulsos y cerrando la laptop. Quería convencerse a sí mismo de que había sido obligado a ello, sí, que había sido obligado a ir a buscar a Johan.

Tomó la llave de su apartamento y bajó rápidamente, hasta que pronto se encontró cara a cara con la solitaria y extraña calle. ¿Dónde sería bueno buscarlo? Llevándose una mano al mentón trató de recordar si el europeo le había mencionado algún lugar preferido, pero sin encontrar la respuesta. ¿En su puesto de trabajo? No, era muy temprano todavía y de cualquier manera, no estaba seguro de querer verlo -en ese ambiente-. ¿Su casa? Sí, probablemente estaría allí todavía, aunque no estaba del todo seguro de que solía hacer cuando no trabajaba, además de dibujar...

Su cara se iluminó justo como un día soleado y no pudo evitar echar a correr en dirección hacia donde él -sabía- que Johan estaba. Era seguro, casi podía apostarlo. Patinó sin la gracia de un cisne por las aceras, siempre a punto de caerse y quedar inconsciente, hasta que vio el Bois de Bologne extendiéndose frente a sus ojos. Johan tenía muchos dibujos de dicho lugar, de los árboles, de las personas, de las flores, de lo que fuera, los recordaba nítidamente al cerrar los ojos. Y nada perdía con intentar probar su corazonada, pues había un lugar que Johan no tenía pintado y ése era el Lago del centro del Bosque, lleno de cisnes y patos, que seguramente para esa hora ya estaba siendo bañado por el ocaso.

Se detuvo cuando llegó al límite que daba con el lago, que era una pequeña extensión circular de agua, en la cual también alrededor había muchas banquitas y puestos de comida y curiosidades. Empezó a buscar una alborotada melena azulada o al menos, a algún tipo musculoso entre la multitud, mientras su cerebro se volvía a plantear la pregunta de qué decirle. Bueno, al demonio, haría lo que sus instintos le indicasen, pensar demasiado sólo conseguía abrumarlo.

Por fin lo localizó sentado a unos treinta metros más allá de donde estaba, justo como pensó que estaría: dibujando y parecía muy concentrado, conforme Juudai se acercaba a él podía darse cuenta de cuán importante era eso para Johan; tenía el ceño fruncido y los labios apretados fuertemente, mientras sus manos, llenas de grafito, se deslizaban velozmente por el papel que sostenía, casi como si danzaran encima de él.

—¡Johan! —le llamó con tono jovial, al tiempo que una sonrisa se desdibujaba en sus labios y caminaba hacia él—. ¡Te estaba buscando!

El aludido levantó los ojos verdes para terminar sonriendo ante la sorpresa.

—¿Qué pasa, Juudai? —preguntó, levantando el montón de cosas que tenía en una mochila de su lado, dejándole asiento a su amigo—. Perdona por haberme ido... cuando la fiesta, ya sabes. Ella fue muy insistente y al trabajo uno no le dice que no...

—No importa —dijo, aunque se contradeció al fruncir el ceño—. Bueno, en realidad sí.

—¿A qué te refieres? —Johan dejó el boceto en el cual todavía seguía trabajando y se puso a ver a su amigo cuidadosamente. ¿Se trataba de verdad de ese beso...? ¿Ese beso era...? No, imposible—. ¿No me digas que te gusta Analeigh?

—¡Claro que no! —Juudai le pegó un golpe en el hombro a modo de juego, haciéndose el ofendido—. Es que... ¡No puedo creer que me dejaras solo con Rei y Martin!

La melodiosa risa del europeo resonó por el lugar, mientras miraba con cierta melancolía al lago, que se pintaba de un tono rojizo y anaranjado, colores que le recordaban a Juudai.

—Lo siento, lo siento, no volverá a pasar, pero... Sólo si me prometes una cosa —pidió, alzando un dedo frente a él, el meñique—. Que no volverás a ponerte tan ebrio como para hacer desfiguros.

Juudai sintió como su cara se teñía de rojo, porque empezó a sentir un calorcito bastante desagradable. Si con desfiguros se refería a besar a tu mejor amigo...

—Sobre eso... Lo siento, yo no quería... No sé qué estaba pensando —musitó de todo corazón, porque aquello era cierto, aún no podía descrifrar su mente para encontrar el significado de dicha acción—. No es que yo piense que tú... bueno, no...

Johan soltó una carcajada esa vez, tomando a su amigo por el cuello con el brazo. Era obvio que no había significado nada, pero una parte de él se sintió triste al saberlo, pues de alguna manera el japonés había entrado a su vida más que ninguna otra persona y deseaba que el vínculo fuese más fuerte en lugar de más débil cada vez. Sin embargo, también estaba consciente de que aquello era un precio que debía pagar.

—Mira, ya he dicho que no es nada —afirmó con firmeza, mirándolo a los ojos, que estaban muy cerca de él al tenerlo abrazado—. ¿Quieres que te lo demuestre? ¡No fue nada! Tanto que...

Con verdadera sorpresa, Juudai sintió cómo sus labios eran aprisionados por los del otro en un toque casi tímido y superfluo. Si había estado sonrojado anteriormente, en esos momentos casi pudo jurar que se podría freír un huevo en su cara. Sentir a Johan tan cerca, saber que aquello no era nada... Le causaba mucho malestar y otras sensaciones extrañas. ¿Pero qué demonios estaba haciendo? ¿Por qué estaba estático? ¿Cuánto tiempo llevaban así? Se sentía como alcanzado por el rayo más caluroso de todos los del sol: hirviendo. Tenía que parar eso.

Johan se separó de él después de unos... ¿Minutos? ¿Segundos? No estaba seguro. Y continuó dibujando como si nada pasara, dejando al castaño bastante perplejo, pero más seguro que nunca de que hablaba en serio. Si había vuelto a sus quehaceres como si nada, de verdad, de verdad no significaba nada más que un amigo para él y eso -debía- de ser tranquilizador.

—¿Entonces me lo prometes? —rompió el silencio el de ojos verdes después de un rato en el cual Juudai había estado extrañamente callado mirando hacia el agua—. ¿Que no harás desfiguros la próxima vez? —agitó el dedo meñique frente a él.

—Lo prometo —afirmó con voz pastosa, similar a la de alguien muy enfermo, luego llevo su meñique al de su amigo y los entrelazó. No estaba seguro de cómo Johan conocía ese tipo de costumbre japonesa, pero tampoco le importaba. Ya se había jurado a sí mismo nunca preguntarle y cualquier misterio acerca de él se quedaría así. Lo único que tendría de Johan sería su amistad y su compañía, pero nunca nada más profundo que eso.

—Vayámonos —pidió Johan levantándose precipitadamente una vez vio que el sol se metió por el horizonte—. No es muy seguro estar aquí.

—¡Como si no pudieras darles unos buenos golpes a los -malos-! ¡Con esos músculos que tienes no te creo! —exclamó Yuuki, tratando de estar más animado y poniéndose de pie también.

—Es que no quiero que te asustes cuando veas mi fuerza —se rió su interlocutor, empezando a caminar con verdadera urgencia hacia la salida del parque—. ¡Además debo de llevarte sano y salvo hasta la calle o nunca me perdonaré! ¡Con lo inocente que eres!

Juudai ya no llevaba la cuenta del número de veces que se había sonrojado ese día, pero volvió a sentir que le ardían las orejas.

—¡Eso fue un error! Es que como no sabía hablar francés...

—¡Dí lo que quieras! —siguió riéndose Johan—. Ambos sabemos que no fue un error.

El castaño lo alcanzó con una media sonrisa en los labios. ¿Para qué necesitaba más de Johan? ¿Por qué había tenido ese absurdo pensamiento? Qué estupidez, estaba bien así.

En cuanto a Johan... empezaba a pensar seriamente que debía contarle a Juudai de su pasado. Si el chico lo había aceptado con todo, entonces habría de comprender también por qué estaba donde estaba. Era su amigo, ¿no? Pero aún faltaban más pruebas para decidirse a decirle.

Algo que de verdad demostrara su verdadera amistad, aunque no estaba muy seguro de qué.

Fin del Capítulo.


Notas de la Autora: There you are, ppl x3. Primero aclararé lo de Asuka y por qué siento que está dentro de carácter. Si la vieron en el duelo del cap 162 no me dirán que no se pone echa una fiera cuando se enoja? El ceño fruncido, comentarios sarcásticos, asgadf, cae mal cuando se pone así, porque generalmente es genial (? x'D. Juudai la ve así también. ¿Será que ya se le está quitando lo enamorado x3? Ahahaha y qué les pareció que Johan le devolviera el beso x3? A pesar de que 'no significara nada', oh, c'mon Johan, todos sabemos que sí. Pero cuando me dignaré a que ustedes lo admitan? Ya está cerca, estamos en la ronda de capítulos decisivos donde van a pasar un montón de cosillas interesantes, Haydée, hospitales, Asuka, viajes, Jim, celos, Sho, etc x3. Sólo una pequeña prueba de lo que será la historia en el futuro x3. Ojalá les haya gustado el capítulo, a mi me encantó escribirlo.

Críticas, sugerencias y comentarios son apreciados x3.

El último copy/paste del día.

Ya están arriba las continuaciones de:
Guerra Interna
Más que palabras
Melodías del Corazón

Y además, dos one-shots.
Sólo para practicar (Haou&Johan), traducción.
Hands/Manos (Johan&Juudai!mujer)

Gracias por leer y comentar :3. Nos vemos el próximo lunes, si Dios quiere, para más intriga (? *se siente como anunciadora de telenovela x'D

Ja ne!