Hola divinuras! Otro viernes, otro capítulo. Espero les guste, aunque puede que no y terminen odiando a Edward por si no lo hacían, que por otro lado lo verán sufrir un poquito.


Capítulo 10: El rostro sin nombre.

EPOV

Me había sentido enormemente aliviado al ver que Bella no recordaba el beso de la noche anterior. Sólo había un problema, quizás Bella no recordara nada sobre el beso, pero yo no podía olvidarlo. No podía olvidar la dulzura, la suavidad, la candidez y ternura de sus labios, amoldándose tan perfectamente a los míos. Acariciarlos con la punta de mi lengua, deleitarme en ellos, embriagarme de su sabor. Y ahí estaba de nuevo, fantaseando con los labios de Bella. Con que continuara así terminaría obsesionándome con sus labios.

Sin saberlo, Bella me había sacado de un atolladero, en toda la noche no había encontrado una explicación o algo que justificara el beso. Claro no es cómo que me hubiera concentrado al cien por ciento en la búsqueda de explicación porque siempre regresaba a mí la sensación de sus labios moviéndose en sincronía con los míos y me perdía en el recuerdo.

Lo que me había sorprendido enormemente fueron sus comentarios, pidiéndome que regresara a ser el de antes y aun cuando le había preguntado a qué se refería, creía tener una idea y había tratado de explicarme, pero ella simplemente terminó con el tema impidiéndome explicarme. Y la entendía porque esa discusión la habíamos tenido anteriormente y siempre llegábamos a lo mismo. Lo resolveríamos, pero nunca lo hacíamos. Pero lo que me sorprendió de sobremanera fue lo que comentó después. Estaba perdiendo la fe en nosotros, dudaba que pudiéramos compartir algo más que el techo, y eso me hirió profundamente porque yo seguía sintiéndome unido a ella. Ella creía comenzaba a dudar que pudiéramos dar solución a lo que nos estaba pasado. Eso realmente me había encabronado ¿Cómo podía dudar de nosotros? ¿Cómo podía pensar de esa forma y dejarlo pasar como había dicho? Estaba enojado con ella. Ella no podía darse por vencida con nosotros. Instantáneamente una voz en mi cabeza me respondió: ¿Cuál nosotros?

Y después de que ella se marchará no pude dejar de pensar en el por qué no quiso que fuera a recogerla a su trabajo ¿Qué mierda le pasaba? Jamás me había dicho que no, jamás. Sabía que su trabajo no estaba demasiado lejos, pero vamos, jamás me había dicho que no. Aun cuando traté de insistir. Mi cabeza era un completo caos, un caos que se complicó con el sabor de sus labios.

El resto de la tarde traté de mantenerme ocupado, pero toda actividad que realizaba había sido vana porque no había cumplido con el objetivo: olvidar los labios de Bella. Como si no tuviera suficiente antes, ahora a mi lista de obsesión titulada Bella se agregaban sus labios poniendo entre paréntesis y mayúsculas "Besarlos". En mi vida había probado labios más dulces, suaves, más deliciosos y apasionados que los de Bella. En mi vida había sentido que unos labios se movieran en perfecta sincronía a los míos, que embonaran y amoldaran a los míos como si fueran creados para encajar entre ellos como un rompecabezas, que provocaron con un simple beso todo lo que sus labios despertaron en mí.

Cuando se acercaban las cuatro de la tarde, hora de la salida de Bella, decidí sorprenderla e ir por ella. Ella extrañaba esos detalles en mí y quería hacerlo. Dejaría a un lado el número uno en mi lista "Obsesión por Bella": Preocuparme por no dar a notar mi obsesión con Bella; y me ocuparía de mi prioridad número uno: Cuidar de Bella.

Tomé las llaves del volvo cuando sonó mi teléfono. Contesté sin revisar el número o nombre que apareciera en la pantalla.

—Hey —saludé a quien fuera estuviera del otro lado.

—Hola bombón —se escuchó del otro lado a Irina. ¡Irina, tanto tiempo sin verla!

— ¡Qué sorpresa! —contesté con alegría. Más allá de ser una de mis amantes continuas, resultaba ser una buena escucha, e incluso me atrevería decir que una buena amiga.

—Bueno, voy llegando de Italia y he pensado por qué no nos encontramos y recordamos los buenos tiempos que teníamos antes de irme —comentó.

—Sabes que para ti cuando quieras —saqué mi voz de seductor.

—Te diría hoy, pero tengo algunos asuntos que arreglar —suspiró—. ¿Te parece pasado mañana en mi departamento?

—Perfecto y anotado.

—Anotado en la agenda folladera de Edward —empezó a reír.

Eso era lo que me agradaba de Irina sabía a lo que íbamos y éramos, no pretendía fingir nada y no pedía nada más de lo que estábamos dispuestos a dar el uno al otro.

—Siempre tengo espacio para ti nena —le dije.

Volvió a suspirar.

—¿Qué sucede?

Para ese momento ya había llegado al auto y tenía la llave en mano para abrir.

—He conocido a alguien y me trae muerta Edward —dijo afligida.

Me detuve con la puerta a medio abrir para escucharla.

—Pero —la instigué a continuar, sabía por su voz que había algo más.

—Te cuento cuando nos veamos —contestó resignada.

—Está bien.

—Bueno bombón, te dejo.

Colgué y guardé el teléfono en mi bolsillo derecho. Subí al carro y me dirigí al trabajo de Bella. Mientras manejaba pensaba la conversación que había tenido con Bella ¿Qué sucedería si Bella y yo no podíamos rescatar nuestra amistad? ¿Y si esa estúpida obsesión que tenía por ella terminaba congelando y destruyendo toda relación que pudiera tener con ella? ¿Dejaría que se enfriara la situación y se marchara sin más? Me reprendí a mí mismo, nadie había hablado algo sobre marcharse.

Estaba dando vuelta en Church Street cuando visualicé a Bella subiendo en una moto. Llevaba puesto un casco de un rojo chillante. ¿Quién era el tipo que iba en la moto? No alcanzaba a identificarlo por el casco negro que llevaba puesto. ¿Por qué Bella se subía en esa moto? ¿De dónde conocía a ese sujeto? ¿Estaba saliendo con él? ¿Por eso no había querido que viniera por ella, porque ya tenía quien la recogiera? ¡Maldita sea! Di un golpe al volante con ambas manos y me arranqué para seguirlos ¿A dónde iban? Sólo quería bajarla de esa motocicleta y llevarla a casa para que me diera unas cuantas explicaciones. Por qué no me había dicho en la mañana que no viniera por ella porque había otro idiota que vendría por ella. Me había cambiado. Bella se estrechó más cerca al cuerpo del tipo que iba manejando y colocó su barbilla en el hombro del tipo. En ese momento sentí hervir mi sangre. Quería apartarla de él, quien sea que fuera y llevármela conmigo. Quería apartar las manos de ese tipo, aunque era ella quien estaba tocándolo ¡Maldita sea, Bella!

Continúe siguiéndolos por un par de cuadras más, traté de ponerme a su lado para que Bella me viera y así se bajara al verme, pero el imbécil se metió por una callejuela de manera precipitada. Pero, ¡Qué carajo, pudo haber chocado y lastimado a Bella! Definitivamente Bella tendría que escucharme. Frené de repente, los había perdido. Ahora no sabría a dónde se dirigía Bella y con quién estaría. Salí del carro para revisar si alcanzaba a visualizarlos, pero nada, habían desaparecido en esa callejuela.

—Maldición —dije entre dientes mientras pateaba la llanta como si fuera un niño haciendo un berrinche.

Al llegar a casa continuaba preguntándome el por qué Bella había decidido no decirme nada sobre ese chico que fue a buscarla a su trabajo, pero sobretodo me preguntaba quién era y desde cuándo se veían. No dejaban de pasar por mi mente las imágenes de ella estrechando su cuerpo contra el de ese tipo, colocando su barbilla en el hombro de él. Podía imaginármela sonriendo mientras lo hacía y desprecié ese gesto, quería ser el único al que ella le sonriera, al único al que abrazara. Me di cuenta que estaba caminando de un lado a otro pasando mi mano entre mi cabello. Saqué el teléfono de mi bolsillo derecho y marqué a Alice, ella seguramente debía de saber con quién estaba Bella. Me imaginaba que Emmett no sabía nada o me lo hubiera comentado y el saber que Bella se había ido en una motocicleta con un tipo no le agradaría, menos al saber la imprudencia con la que manejaba.

Tres timbrazos después y Alice no contestaba. Que pensándolo bien, era mejor así porque no tendría excusa alguna que justificara mi pregunta y sabiendo cómo es Alice y no dejaba de joderme con lo de Bella, al igual que Jasper, terminaría siendo grosero con tal de escaparme de sus garras inquisitivas.

Necesitaba distraerme y olvidar el hecho que Bella se encontraba con un tipo en quién sabe dónde y haciendo quién sabe qué cosa. Volví a sacar mi teléfono y marqué el número de Tanya.

— ¡Edward! —contestó melosamente— sabía que me llamarías.

— ¿En mi casa? —pregunté sin más, ella entendería.

—Claro ya voy para allá.

No esperé más y colgué. Esperaba que se diera prisa porque necesitaba sacar toda la ansiedad de mi cuerpo provocada por esa pequeña castaña llamada Isabella.

Veinte minutos después Tanya entraba al departamento, luciendo una falda corta, un suéter y tacones altos como era su costumbre.

—Estaba esperando tu llamada desde hace mucho —se acercó moviendo sus caderas de manera sugerente.

—Bueno, aprovechemos el tiempo —le dije.

No pude evitar ver mi reloj de pulsera y ver que faltaban cinco minutos para las nueve y Bella seguía sin aparecer. No había hecho ninguna llamada, ni un mensaje, nada para avisarme y ya habían pasado más de cuatro horas desde que la viera irse con ese tipo.

— ¿Qué sucede? —preguntó Tanya mientras comenzaba a besar mi cuello.

—Nada —contesté.

—Veo que tenemos tu departamento para nosotros solos —seguía besando mi cuello, rodeé su cintura con mis brazos.

—Sí, Bella no está.

—Mejor —se separó hasta quedar de frente a mí— Porque haremos mucho ruido. Mejor que no esté Isabella.

El recordar que no estaba Bella me hizo enfurecer nuevamente. Necesitaba descargar toda esa furia, dejar que mi sangre se calmara porque la sentía hervir. Podría estar haciendo cualquier cosa con ese tipo, y el recordar lo que me había dicho antes de irnos a Forks sobre sus actividades me hacían odiar a quien quiera que fuese el chico que iba con ella en la moto. Un gruñido salió de mi garganta ¿Era con él con quien Bella se había estado acostando? La ira me nubló por completo, necesitaba sacar esas imágenes de Bella.

Tomé a Tanya de su trasero e hice que enrollara sus piernas alrededor de mi cintura. En cuanto estuvo en mi cintura, bajo su pelvis y comenzó a restregarse contra mi miembro que comenzaba a despertar.

—Me encantas —me dijo en mi oído y comenzó a besar mi cuello.

Con una mano la sostuve de su trasero y con la otra subí su falda para comenzar a acariciar sus nalgas.

—Vamos a tu cuarto.

Seguía moviéndose contra mi pene que se encontraba más que erecto en ese momento. Comencé a subir las escaleras lo más rápido que podía con el cuerpo de Tanya pegado al mío.

—Te siento tan grande —continuaba hablando.

Necesitaba que se callara. Besé sus labios y en cuanto lo hice una descarga desagradable cruzó mi cuerpo. Inmediatamente vinieron a mí los recuerdos de los labios de Bella, la hermosa sensación de tenerlos unidos a los míos, su dulzura. Estos no eran los labios que yo deseaba. Enojado con Bella por no salir de mi cabeza y dejar de pensar en sus labios bajé la cabeza al cuello de Tanya y lo besé con furia. ¡Carajo, Bella!

—Dios, Edward— gimió Tanya cuando la deje caer en la cama.

Me desprendí de mi camiseta, aventándola al otro extremo de la habitación. Me deshice del resto de mi ropa lo más rápido que pude quedándome de pie al lado de la cama. Tanya se inclinó, tomó mi miembro con una mano y se lo llevó a la boca.

— ¡Agh! —gruñí por el placer de tener su boca alrededor de mi polla.

Si tan sólo esos labios fueron los dulces y cálidos labios de Bella. Me enfurecí nuevamente conmigo mismo por no poder sacarla de mi mente ni siquiera en estos momentos. Tomé su cabello en una coleta y comencé a penetrar en su boca de manera casi violenta. Después de unas cuantas arremetidas salí de su cavidad bucal y la empujé para que quedara recostada en mi cama. Su cabello quedó extendido sobre el edredón y por un momento me imaginé los risos chocolate de Bella, mientras ella se encontraba acostada en mi cama en lugar de Tanya. ¡Al carajo con esto!

—Ven acá —jalé sus piernas y acerqué más su cuerpo.

Quité su falda y blusa bruscamente, dejándola únicamente con su ropa interior, de la cual arranqué sus bragas y bajé la tela de su brasier para poder besar aquellos pezones que reclamaban mi atención. Tomé un condón del buró al lado de mi cama, me lo coloqué y sin más preámbulo me introduje en ella, de manera desesperada. Necesitaba borrar el beso con Bella, necesitaba borrar el sabor. Besaba a Tanya mientras penetraba su cuerpo.

—Ughh… Edward— seguía gimiendo.

Penetraba cada vez más rápido, como si la velocidad con la que arremetía pudiera hacer que Bella se esfumara de mi mente más rápido.

— ¡Vamos, Tanya!

— ¡Dios! —gritaba— Más… Edward…

—Ughh…

Me encontraba fuera de mí, entre el placer y la furia, hacían de la ansiedad y urgencia algo incontrolable, me presionaba el pecho hasta casi sentirme asfixiado.

— ¡Bella! —grité cuando llegué a la culminación.

¡Carajo, Bella! Me golpeé mentalmente al darme cuenta de cómo la había llamado.

— ¿Qué? —preguntó Tanya confundida— ¿Cómo me has llamado?

No contesté. Por un momento su mirada reflejaba furia e incluso odio. No podía culparla, la comprendía, ¿a quién le agradaba que en medio del acto sexual te llamaran por el nombre de otra persona?

—Discúlpame —logré decir.

Sus ojos se transformaron en una expresión indescifrable, al igual que la sonrisa que apareció en sus labios.

—Seré quien quieras que sea —tomó mi rostro entre sus manos y me besó.

Acarició con su lengua mis labios pidiendo permiso. Su reacción me estaba aturdiendo, era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera en una explicación para la actitud de Tanya después de haberla llamado por el nombre de Bella.

Comenzó a besar nuevamente mi cuello y dejé de darle vueltas a su reacción. Sólo me dejé llevar por lo que estaba pasando en el momento. Pero minutos después escuché un ruido. El aturdimiento del momento no me dejaba pensar e identificar qué clase de ruido era.

— ¿Has escuchado eso? —le dije a Tanya mientras me separaba de sus labios.

—Shh —volvió a besarme y continué con el juego.

Una ronda de sexo después, Tanya se encontraba envuelta entre las sábanas de mi cama en pleno sueño. Necesitaba sacarla de mi cama, pero estaba más concentrado en ese momento en otra persona.

Seguía mirando una y otra vez el reloj digital de mi mesa. Marcaban la una cuarenta y cinco de la madrugada y Bella no había llegado. Ni una bendita llamada, ni un bendito mensaje. Me levanté de la cama y me coloqué mi bóxer para ir al cuarto de Bella, quizás había llegado y yo no me había dado cuenta. Al abrir la puerta me encontré con su cama tendida y todo tal cual lo había dejado en la mañana antes de marcharse a su trabajo. Regresé a mi habitación y busqué mis pantalones para sacar el teléfono y marcarle.

Un bip…

Dos bip…

Tres bip…

Cuatro bip…

Bella no contestó. Colgué antes de que entrara a buzón. ¿En dónde carajos estaba Bella? ¿Estaría con el tipo ese de la moto? ¿Qué estaría haciendo? Voltee a ver mi cama con el cuerpo tendido de Tanya en ella. Mi voz traicionera me decía "quizás lo mismo que tú has estado haciendo". Estruje mi teléfono en mi mano.

Tres de la mañana y Bella seguía sin aparecer, ni llamar, nada. Esto era el colmo ¿Quién rayos se creía para no llegar a dormir? Ya me había colocado el pantalón de mi pijama y miraba el techo de la habitación con la esperanza de que se escuchara de pronto la puerta cerrar y Bella entrando en su habitación. Pensando con calma, Bella no era de ese tipo de chicas que no llegaba a dormir a su casa y mucho menos sin avisar ¿Le habría pasado algo? Comencé a ponerme ansioso y muy nervioso.

—Hola bombón —dijo Tanya pasando su mano por mi abdomen mientras bajaba más hasta que se topó con mi pantalón de la pijama—. Yo quería un poco de acción durante la madrugada —dijo con un puchero.

—Lo lamento Tanya, no quiero ser grosero, pero creo es hora de que te marches, antes de que Bella llegue.

Un relampagueo de ira apareció en su mirada.

—De acuerdo —se levantó furiosa de la cama.

Tomó mi camiseta que se encontraba en el piso y se la puso. En ese momento escuché que tocaban la puerta y bajé de prisa para abrirla. Casi derrapaba por el piso, pero logré agarrarme a uno de los sofás.

— ¿Sí? —dije al abrir.

—Vaya, ya era hora —comentó Bella cruzada de brazos.

En ese momento al verla parada ahí la furia volvió a recorrer mis venas. Estaba campante ahí parada, como si pasar la noche con quien sabe quién y haciendo quien sabe qué cosa fuera cualquier cosa

— ¿Ya era hora? Eso mismo puedo decir yo ¿Dónde carajo has estado Bella?

Ella frunció su ceño.

— ¿En dónde he estado? —pude ver como el coraje empezaba a empañar su mirada dulce

—No me has contestado —dije entre dientes—. ¿Dónde demonios has pasado toda la noche? ¡¿Dónde y con quién?! —comencé a gritarle.

— ¿Cariño? —salió Tanya de la habitación e iba bajando las escaleras— ¿Sucede algo?

—¡Oh! ¿En serio Edward? ¡Carajo! —gritó Bella frustrada y enojada— ¡Eres increíble, en verdad que lo eres! —gritó mientras me empujaba y seguía empujando hasta abrirse paso para entrar al departamento.

Entró y siguió caminando. Sus pasos eran pesados, se notaba todo su coraje en cada paso que daba. Estaba por llegar a las escaleras cuando la detuve.

—Alto ahí —tomé su brazo—. No me has explicado en dónde has estado.

—No tengo que explicarte nada —dijo en un susurro que sabía era de pura contención— Suel- ta-me —dijo pausadamente.

—No hasta que me digas con quién has estado y qué has estado haciendo —mi ira hacía combate a la suya. Bella parecía no entender que necesitaba que me dijera en dónde había estado.

Soltó una risa irónica.

—Claro, el león cree que todos somos de su condición —se zafó de mi agarre y subió rápidamente las escaleras. Al llegar a su cuarto azotó la puerta.

— ¡Aghh, maldita sea! —golpeé la pared.

— ¿Edward? —preguntó Tanya todavía parada en el comienzo de las escaleras en el piso de arriba.

—Tanya tengo que arreglar unas cosas con Bella, como dije, no quiero ser grosero, pero necesito estar a solas con ella.

—De acuerdo.

Se volvió a meter a mi cuarto y unos minutos después salía vestida de mi habitación.

— ¿Nos veremos pronto? —dijo antes de depositar un beso en la comisura de mis labios.

—Yo te marco —le dije.

—Bueno, nos vemos —esta vez el beso fue en los labios.

Después de que Tanya se fuera me tomé unos minutos antes de subir y exigir a Bella una explicación. Golpeé un par de veces su puerta.

— ¡Déjame en paz! —escuché su grito quebrado del otro lado.

¡Genial, ahora lloraba! Era un imbécil, sabía que no tenía derecho alguno para pedirle o exigirle algún tipo de explicación. ¿Qué era yo de ella?

—Bella, por favor.

— ¡No, Edward! —su voz seguía rota— ¡Lárgate!

—De acuerdo, pero por favor no llores más mi niña —le dije—, me mata escucharte así. Prometo irme y dejarte en paz, pero para ese llanto, por favor.

No escuché respuesta alguna de su parte, pero como le había prometido me marché de su puerta.

No pude continuar en mi cama mucho tiempo, quité las sábanas y coloqué otras, después tomé una ducha y terminé de arreglar el desastre de mi habitación y Bella continuaba sin asomar su cabeza fuera de su habitación. El timbre volvió a sonar y baje para abrir, al hacerlo me encontré con Alice que se veía furiosa. Mi mente hizo click al instante, Bella le había marcado.

—Hola Ali —la saludé.

—Eres un reverendo idiota Edward —dijo con su voz contenida.

—Alice, en verdad…

—En verdad qué Edward. Primero la dejas fuera del departamento a mitad de la noche, afortunadamente Jasper y yo vivimos aquí sino Bella hubiera tenido que pasar la noche aquí afuera y que para colmo fue por estarte follando a "La Rubia pechos grandes de Tanya". Después te atreves a insinuarle que ha pasado la noche con alguien más como si fuera de la misma calaña de las chicas que te tiras. Ella no pegó ojo en la noche porque estaba preocupada por ti y decidió venir a mitad de la madrugada para asegurarse que estuvieras bien. Ahora dime ¿Eres o no un reverendo idiota?

—¿De qué me estás hablando?

—Bella vino a mi casa ayer a media noche porque se le habían olvidado sus llaves y tú no le abrías. Ella creía que habías salido, pero resulta que ¡sólo te estabas revolcando con Tanya! —me gritó.

— ¿Bella vino a tocar? —pregunté confundido—. No escuché nada.

—Pues claro cómo lo ibas a hacer si seguramente los gemidos de vaca de Tanya te aturdían —Alice terminó de pasar— ¿Está en su habitación?

Detrás de ella pude ver en el mueble las llaves de Bella, que confirmaban lo que Alice acababa de decirme. Haciéndome sentir como un hijo de puta.

—Sí —le dije resignado—. Convéncela para que hable conmigo.

—¿Para qué Edward? —seguía enojada— ¿Qué es lo que quieres platicar con ella? ¿Con quién estaba, qué estaba haciendo? No Edward, si es para eso olvídalo. De pronto crees que todos son iguales a ti hermanito, pero se te olvida que Bella es diferente a todas las chicas con las que te has acostado.

—Eso lo sé Alice, no necesitas decírmelo. Sé que Bella es única.

—Pues hace un rato se te olvido. ¿Quieres que sea honesta contigo?

Suspire, aunque le dijera que no ella terminaría diciéndome lo que quería decirme.

—Deberías pensar seriamente si quieres que Bella siga viviendo contigo. Ella puede mudarse con nosotros. Tenemos un cuarto libre. Ella no tiene por qué seguir aguantando tus groserías Edward.

—¡Diablos Alice! Ella no se va de aquí

—Es la verdad.

—Hablas como si Bella fuera un estorbo en mi vida —le dije entre dientes. En ese momento el coraje nuevamente se apoderaba de mí—. Y no lo es —dije separando cada palabra para remarcarlo—. Bella no es ningún estorbo en mi vida. No puedes estar hablando algo más lejos de la realidad. Bella es importante en mi vida y tú lo sabes.

—El que parece no entenderlo eres tú —Alice tomó un gran respiro y se talló su cara a manera de frustración— ¿Cuándo lo aceptarás?

—¿Aceptar qué?

Volvió a tomar un respiro, esta vez de frustración. Se acercó a mí y acarició mi mejilla izquierda.

—Sólo espero que cuando te des cuenta no sea demasiado tarde —se paró de puntitas y me dio un beso en la otra mejilla—. Te quiero, Edward.

Se dio media vuelta para ir en busca de Bella, aproveché para ir detrás de ella para alcanzar a ver a Bella y quizás, sólo quizás, poder platicar con ella.

—No te dejará entrar —me avisó Alice mientras ambos subíamos la escalera.

Al llegar a su puerta Alice golpeó la puerta y avisó que era ella. Bella abrió la puerta lo suficiente para dejarla pasar, momento que yo aproveché para intentar entrar, pero en cuanto Alice entró Bella cerró la puerta en mi cara.

Esperé un par de horas a que saliera y Alice me dijera cómo se encontraba. Realmente Alice me había hecho reflexionar, sabía que desde que Bella llegó han sido más los momentos desagradables que ha pasado por mi culpa que aquellos que le hiciera sentir bien. Y me estaba odiando por ello.

En cuanto escuché abrir la puerta del cuarto de Bella me levanté de un salto de mi cama para ver si en esta ocasión tenía más suerte con ella. Alcancé a ver cuando ambas salían de su habitación, Bella llevaba sus hermosos ojos castaños hinchados por culpa del llanto, su nariz se encontraba roja. Ella alzó la vista y por fin nuestros ojos hicieron contacto, ella no dijo nada, yo no dije nada. Sólo me acerqué a ella y al ver que ella no rechazaba dicho acercamiento, me acerqué más y la rodeé con mis brazos. La estreché, necesitaba sentirla cerca y sentirme bien con ella, no como ahora la sentía, lejana y ajena a mí. La estreché con más fuerza cuando vi que ella no me regresaba el abrazo. Me dolió que ni siquiera hiciera el intento de abrazarme, parecía que abrasaba a un árbol.

—Bella.

—Por favor, no —me dijo suplicante—. Esta vez no.

—Vamos —Alice tomó su mano y la aparto de mi lado.

—Bella —volví a implorar mientras bajaban las escaleras.

No hubo respuesta.

Me encontraba preparándome para el primer día de clases de mi último semestre. Bella seguía sin hablarme y eso me mataba. No podía hablarle y mucho menos tocarla. Seguía sin saber quién era el chico con el que estaba saliendo. Cuando le pregunté a Alice me mandó al carajo. Al parecer la lealtad de mi hermana en ese momento se encontraba al lado de Bella.

Bajé a desayunar y como todas las mañanas, en la última semana, se encontraba mi desayuno preparado pero Bella ya se había marchado. Por Alice me había enterado que se levantaba más temprano, preparaba el desayuno y cuando terminaba ella de desayunar se marchaba al departamento de Alice hasta que llegara el momento de irse a su trabajo. Alice o Jasper la llevaban. Emmett me había preguntado el motivo por el que Bella se encontraba molesta conmigo, yo simplemente me negué a contestar.

Antes de llegar a mis clases pasé al edificio donde Alice y Bella tomarían clases ese semestre esperando poder verla, pero no logré verlas. El día continuó como cualquier otro primer día, lleno de profesores nuevos, otros ya conocidos, repartición de programas, pequeñas exposiciones sobre lo que se hablaría en clase, presentaciones y demás.

Iba de regreso al departamento cuando alcancé a ver algo que me hizo frenar en seco ganándome por ello un par de pitazos que me mandaban muy lejos. Estacioné el auto y me acerqué a aquella motocicleta. Reconocería en cualquier lugar esa motocicleta y esos cascos rojo chillante y negro.

— ¿Te interesa mi moto Cullen? —levanté la vista al escuchar esa voz.

¡Dios! Díganme que no es cierto. De todos los tipos con los que Bella podía haberse encontrado y metido tenía que haber elegido a Black ¡Maldito sea! Eso sólo quería decir que Bella sí se había estado acostando con alguien, con Jacob era lo único que las chicas podían hacer. Y eso me provocó un dolor en el pecho, uno muy profundo.

—Jacob —dije su nombre entre dientes.

—Puedo saber qué haces observando mi moto —se puso enfrente de mí.

—Así que tú eres el tipo que está saliendo con Bella —le dije.

—¿A ti qué te importa? —me soltó—. Ese es asunto mío y de ella.

—Entonces es cierto.

¡Maldita sea, Bella! Maldije para mis adentros.

—Lo que hagamos o no hagamos Bella y yo no te incumbe en lo más mínimo —se acercó más a mí.

—Te lo advierto Black, no te metas con Bella. Aléjate de ella —le dije amenazante.

Soltó una risotada burlona.

—Tu problema Cullen es creer que Bella o yo te pediremos permiso para hacer lo que se nos dé la gana. Bella no es una niña, ya es todo una mujer y una muy bella, eso te lo puedo asegurar.

—¡Bastardo!

Me abalancé a él. Lancé mi puño izquierdo contra su nariz y el derecho directo a su estomago. Su reacción no se hizo esperar. Estrelló uno de sus puños en mi ojo derecho. No sentí dolor así que continúe golpeándolo una y otra vez, en su rostro, estomago, costillas, cualquier lugar que alcanzara. Lo mismo hizo él.

— ¡Mierda, Edward! —sentí un par de brazos apartándome de Jacob.

Alcé la vista y del otro lado me encontré con Sam, el amigo de Jacob que lo sostenía.

— ¿Qué mierda te pasa Edward? —escuché la voz de Emmett—. Creí que ya habíamos pasado por esto.

Lo ignoré.

— ¡Te lo advierto Jacob! —le grité— ¡No te atrevas a acercarte a Bella!

— ¿Quién me lo impedirá, tú? ¡Tú no eres nada suyo!

Me solté del agarre de Emmett.

— ¡No será una más de tu lista!

— ¿Y de la tuya sí? —preguntó Jacob soltándose del agarre de Sam.

— ¡Imbécil! —me lancé de nuevo a él, pero Sam y Emmett nos separaron.

—Te lo advierto— dije en tono amenazante.

—¡Edward, vámonos!

— ¿Acaso no te das cuenta? ¡Está saliendo con Bella! ¡Joder Emmett, conoces sus mañas!

—Lo sé

— ¿Tú lo sabías?

—Sí Edward.

—Gracias por avisarme —aparté sus manos de golpe.

—Edward, espera.

Escupí la sangre que tenía en la boca y me subí al carro.

Golpeé el volante del auto una y otra vez, descargando toda la ira. Esto era cien veces peor, ahora ya tenía rostro el maldito chico que podía tener a Bella en sus brazos. Y eso lo hacía mil veces peor, mi mente me traicionaba imaginando una y otra vez a Bella saliendo a pasear con él, besándolo. Y el que Emmett lo supiera no era nada bueno, porque Emmett no dejaría que Bella estuviera con alguien que no la tomara en serio ¡Joder!

Mi cólera aumentaba cada segundo. Tenía que ser Jacob Black el chico con el que Bella salía. El jodido Jacob Black. Sentí bajar la sangre por mi ojo y me revisé en el espejo retrovisor, el idiota me había abierto la ceja… nuevamente.


¿Y bien, qué tal con el Edward celoso? ¿Les ha gustado? Me gustaría saberlo. Veremos cómo funciona esto ahora que Jacob se ha agregado a la ecuación, les anticipio que no habrá momentos románticos Jacob-Bella pero con la imaginación de Edward será más que suficiente.

Ahora responder los reviews! Por cierto si a alguna no le llegan mis mensajes privados avisen para responderles por acá. Cary ya sé son unos tontos los dos, y ahora con la llegada del momento de Edward para sentir celos, quizás eso haga que caiga Edward en la tentación ;)

Gracias por leer! Espero sus review con sus opiniones y también los espero en el siguiente capítulo!