¡Bueno, damas y caballeros! Lamento, de verdad lamento que esto se me haya atrasado tanto, ha sido un año entero para el capitulo final, un año en que pensaba constantemente "tengo que terminarloo" y aun asi no era capaz de sentarme a escribir, en parte me daba como un poco de miedo terminarlo, los finales no son lo mio porque no me gusta cerrar las historias, es como darles muerte, me gustan las historias que terminan mirando hacia el futuro, a nuevas historias y nuevas posibilidades, y no era capaz de conseguir un final como los que me gustan.
Hasta hoy; finalmente la inspiracion me ha venido (parece que la lluvia me motiva a escribir xD ¿os habeis dado cuenta que siempre me da la vena cuando llega el otoño?) como caida del cielo, y aqui para todos dejo por fin la conclusion, un final que en mi opinion no es perfecto, pero me deja bastante contenta.
Nos veremos en mi proxima historia, y mientras tanto os agradezc opor todo lo que he aprendido leyendoos y a todos los que me habeis comentado: Amary22, beautiful-sadness, To Midnight, Karin, digi, Hitomi Shion Yo y todos los que alguna vez leyeron, siguieron o pusieron en favoritos este fanfic.
Gracias ^o^

Advertencia: Este es un fanfic mayoritariamente Yaoi (relación chico-chico), de contenido explícito, si no gustas, no leas.
Parejas:
Dégel x Kardia; Minos x Albafica; Kágaho x Hades; Thánatos x OC; Aspros x Asmita.; y un ligero Asmita x Hypnos
Spoilers:
Disclaimer: Ni Saint Seiya: The Lost Canvas Meio Shinwa ni ninguno de sus personajes me pertenece; son propiedad de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi


Cuatro días. Cuatro días que pasaron en un suspiro, y ahí estaba, el día 29 había llegado para felicidad y a la vez desdicha de todos.

Amaneció como si fuese un día cualquiera, aunque todos sentían el peso de lo que tenía que ocurrir aquella noche, y rezaban con todas sus esperanzas que ésta vez todo volviera a la normalidad. Era duro, ver lo que la vida les podía ofrecer en éste otro mundo y tener que renunciar a ello por la guerra, pero así debía ser; éste no era su sitio y aunque en su hogar sólo les esperase la lucha era el camino que todos habían elegido, y su destino.

El grupo entero estaba disuelto, cada uno preparando sus cosas y haciéndose mentalmente a la idea, recordando todo lo que les esperaba y sintiendo la agridulce mezcla de sentimientos que suponía el regreso al hogar; pero quien peor lo estaba pasando era precisamente aquella que haría posible el retorno; sentada junto a Thanatos en su habitación no podía quitarle los ojos de encima, sabiendo que éste sería el último día que le veía; él la miró, intuyendo su conflicto interior rompió finalmente el silencio
-Es inevitable, yo no pertenezco aquí, y tú no perteneces a mi mundo. No te lamentes porque termine, alégrate porque comenzó y fue bueno.- Sonrió, y ella le imitó el gesto, pues tenía razón; y así no le contó su esperanza secreta, pero dejó que siguiera ardiendo en su corazón pues él era el Dios de la muerte, el que debía guiar su alma una vez muerta, y en ése momento se volverían a ver.

La suave llamada pilló a Asmita secándose sus sedosas hebras rubias tras haber salido de la ducha anexa a su habitación, se enfundó un pantalón y fue a abrir la puerta sabiendo de antemano a quién pertenecía el cosmos al otro lado del umbral; abrió y esperó a que su visitante hablase, cuando vió su semblante mortalmente serio a Aspros se le olvidó por completo todo lo que había ensayado antes, no sabiendo por dónde empezar sólo atinó a pensar que no quería que le oyese nadie
-¿Puedo pasar?
El hindú sólo asintió y se hizo a un lado, cerrando la puerta tras el géminis, que comenzó a pasear arriba y abajo sin saber muy bien cómo expresarse
-Asmita, me gustaría que me escuchases por favor- El aludido sólo asintió una vez más, mostrando su conformidad mientras se sentaba en el borde de la cama- No voy a retirar mis palabras, ni mis actos, no voy a excusarme ni a pedir perdón, pero intentaré que comprendas…que entiendas mi desasosiego al ver cómo mi hermano se alejaba más y más de mí, que hacía contigo lo que debió hacer conmigo- Aspros aceleraba su discurso mientras una euforia que conocía de sobra, que le hacía sentir bien y le crispaba los nervios a la vez, comenzaba a hacer presa de él.
-Solo tú eres el culpable de eso, al obcecarte en cumplir unos objetivos, cuando lo único que debías hacer era estar a su lado.- La calma en la voz de Asmita apenas podía disimular la ira contenida, y lo único que conseguía era enfurecer más a Aspros, que sin poder contener lo que surgía de su interior agarró al rubio por los hombros y le sacudió con fuerza.
-¡El es mío!¡Siempre lo fue y siempre lo será! ¡Tú sólo interferiste! – Se alzaba sobre él mientras lo zarandeaba y aunque Asmita no podía ver que los ojos de Aspros se habían teñido de carmesí sí notó la súbita llamarada violenta en su cosmos, se zafó y se alejó todo lo que pido, indignado, celoso y lleno de ira
-¡Tuyo! ¿Con qué derecho dices eso? Nunca ¡Nunca sabrás cómo es realmente Defteros, ni la maravillosa persona que se esconde en su interior ¡Eres despreciable!
Aspros se abalanzó sobre él, tendiéndolo bocabajo y sujetándole las muñecas tras la espalda
-Tú eres el despreciable traidor que sedujo a mi hermano con tus malas artes.- le lamió perversamente el camino de su columna, Asmita se estremeció asqueado ante su contacto y liberó un latigazo de energía que no hizo mella sobre el agarre que le mantenía prisionero; comenzaba a temer realmente por su integridad, y por su vida cuando un cosmos desconocido lanzó a Aspros lejos del Virgo.
-Fuera de aquí- Reconoció la serena voz de Hypnos y luego el sonido de la puerta cerrándose con un portazo.
Tras ello, las gentiles manos del dios le recogieron del suelo y le depositaron en la cama, se sentó junto a él apartándole con delicadeza los mechones alborotados del rostro.
-¿Estás bien?
Asmita sólo asintió, incapaz de hablar cuando las lágrimas de frustración, ira y un particular sentimiento de injusticia comenzaron a fluir inevitablemente; Hypnos no dijo nada, sólo le abrazó y el otro se dejó consolar hasta que se calmó y pudo volver a pensar con claridad
-¿Por qué has venido a ayudarme?
-Te oí gritar; no podía permitir que te hiciera daño ese maníaco.-Depositó un ligero beso sobre el bindhi de su frente.- Debo irme ahora.-Y se marchó de la habitación antes de que a Asmita le diera tiempo a decir algo más, el chico se apoyó en la puerta recién cerrada, musitando un "Gracias".
Del otro lado Hypnos dudaba, mordisqueándose el labio, apoyado en la puerta que acababa de cerrar, "No" se dijo, no debía volver a entrar; todo lo que surgiera de aquí sólo desembocaría en arrepentimiento por parte de los dos; sabía perfectamente que el corazón de Asmita pertenecía a otro géminis.
Sin mayor dilación se marchó.

Cuando terminaba la tarde y bajaban un poco las temperaturas Minos y Albafica siempre solían ir a un prado que había por detrás de la casa, lleno de bonitas flores violáceas, y allí se tendían a charlar y, sobre todo, a embeberse de la presencia del otro; Albafica reposaba la cabeza en el hombro de Minos observando juntos el cielo anaranjado del atardecer mientras el espectro le contaba cosas del Inframundo, la inquietud asaltó al piscis repentinamente cuando un pensamiento nada agradable cruzó su mente, se alzó
-Minos ¿Qué pasará con nosotros cuando volvamos?
Los ojos llenos de preocupación de Albafica reflejaron sus propios temores, ya se había preguntado aquello con anterioridad y había tomado su decisión, se levantó sobre el antebrazo para colocarse a la altura del otro, sujetándole el rostro con delicadeza para ver en sus profundos ojos azules
-Te buscaré; te prometo que te encontraré y estaremos juntos.-Sonrió, conocía bien el lugar al que iban a parar las almas de aquellos que habían desafiado a los Dioses, y por supuesto no tendrían que enfrentarse a ningún otro inconveniente dado que Albafica ya pertenecía al Inframundo.
Su seguridad le infundió un poco de alegría ante las perspectivas de su futuro inminente, le plantó un beso en los labios, pero cuando iban a por más les interrumpieron
-¡Eh tortolitos!-María les gritaba desde el muro exterior de la casona.-¡Id preparándoos que nos vamos!
Tranquilamente se levantaron y fueron a reunirse con ella.

Había huido, simple y llanamente; pero perder una batalla no suponía perder la guerra, paseando de un lado a otro Aspros planeaba su venganza haciendo oídos sordos de los toques que daban en su puerta para que bajase. Oh sí, el Dios no iba a estar siempre cerca para hacer de salvador, si tan sólo…Se detuvo al ver su propio reflejo en el espejo de la pared ¿Qué demonios? Se tocó el rostro aterrado, y en ése momento el Aspros del reflejo sonrió malévolamente.
-¡NOOO!-Rompió el espejo de un puñetazo-¡Ése no soy yo! ¡No soy yo!- Cayó sobre los cristales, dejando que se mezclasen libremente lágrimas y sangre.
Asmita titubeó al pasar ante la puerta, oyendo los sollozos del gemelo mayor, pero se detuvo antes de abrir, sus dedos a medio camino del picaporte…No, Aspros y su destino ya no eran asunto suyo; firmemente prosiguió escaleras abajo donde se reunían todos para emprender el camino al bosque.

Era un pequeño bosquecito de pinos, pero era el lugar más apartado y resguardado que encontraron; se acercaban a un punto del camino que se bifurcaba en tres ramas.
-¿Por dónde seguimos?- Preguntó Kardia girándose a la muchacha, que iba junto a Thanatos.
-Por ninguna parte.-Sonrió.-Esperadme aquí un segundito.

El lugar no le podía haber venido mejor, se adelantó justo hasta donde se unían los tres caminos, consultó la estrella Polar para colocarse hacia el Oeste que la dejaba de espaldas al grupo y justo mirando hacia el camino central; inspiró, se arrodilló y sacó una vela morada de la bolsa que llevaba y la encendió, así como una varita de incienso de lavanda que clavó en la tierra del lado del camino; a través de un pequeño claro entre los árboles divisó la luna, que era ahora apenas una delgada línea curva, y se encomendó a su Diosa.

-Oh, Hécate, te doy gracias por tus dones, y así mismo te pido que devuelvas a éstas personas a su lugar, tu que eres sabia y justa – cortó la manzana por la mitad a lo ancho, dejando ver el pentáculo formado por las semillas en su interior – Comparto contigo esta manzana fruta del conocimiento que otorgas a los mortales – enterró una mitad y comió la otra, menos mal que se había acordado de traer una pieza pequeña; cogió lo siguiente de la bolsa: una granada – Comparto contigo también ésta granada fruta del Inframundo – repitió el proceso y sacó el vino - Así mismo comparto contigo este vino sagrado – vertió un poco en la tierra y bebió un trago que la hizo poner cara de asco. – Bendita seas Hécate, y gracias.-
Su corazón se inundó de calor y gratitud al pensar en la persona por la que dirigía esas palabras; la misma que estaba a escasos pasos tras ella, observando lo que hacía y enorgulleciéndose interiormente; cuando se levantó y se dio la vuelta enrojeció por completo al descubrir que el había estado viendo y oyendo todo.
-Thanatos…
-Shh – La silenció con un dedo en los labios – La honras, la respetas de verdad desde el fondo de tu corazón.- Sonrió - Creí que no quedaban personas como tú en el mundo.
Acto seguido y sin importarle los silbidos e improperios tras ellos, se arrodilló y le besó la mano con ternura, haciéndola enrojecer aún más si es que era posible.
-No te arrodilles por favor, no conmigo.
Al final él se levantó, sólo para atraerla hacia sí y besarla estrechándola entre sus brazos; pero se vieron interrumpidos por una vibración, una energía distintiva que reconocían muy bien, y que provenía de entre las sombras de la bifurcación de la izquierda.
-El camino del pasado…- susurró, ambos se miraron, con la despedida en los ojos y las palabras atrapadas en sus bocas, finalmente ella no pudo afrontarlo y se giró a los demás.
-Tenéis que ir por ése camino – dijo señalando el adecuado.

Los primeros en adentrarse fueron Minos y Albafica que se despidieron con un abrazo y una sonrisa; tras ellos, Shion Manigoldo y Dohko, quien le estrechó la mano a Ana mientras los otros se despedían conforme andaban; Aspros simplemente se fue sin decir nada, con la cabeza gacha y la mirada dolida, Kagaho y Alone no tardaron mucho más en hacerse al camino tomados de la mano.

Kardia se acercó a Ana para darle un gran abrazo susurrándole un "Te echaré de menos enana", haciendo que Dégel tuviese que intervenir para soltarlo de la chica y llevárselo casi a rastras mientras Asmita se despedía formalmente y se retiraba, caminando sólo su propio camino.
Hypnos se acercó para despedirse, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa Ana le dio un gran abrazo y un sonoro beso en la mejilla; a pesar de su efusividad, Hypnos comprendió que estaba de más, y se alejó, en dirección al hogar; conforme llegaba la auténtica despedida se iba deprimiendo más y más, hasta que terminó demasiado conmovida para hablar, en brazos de Thanatos.
-Al menos, sé que volveré a verte.- Fue lo único que pudo decir
-Lo sé.
Era un consuelo muy pobre esperar toda una vida, pero era un consuelo al fin y al cabo; lo soltó a regañadientes, dejándolo ir, y sólo cuando hubo desaparecido en la oscuridad se permitió derramar una lágrima mientras volvía a su hogar
-Adiós a todos.

EPÍLOGO

Kardia despertó en su cama levemente mareado, el Sol se filtraba por la ventana hiriéndole en los ojos, pero un peso muerto le impedía levantarse a correr la cortina; al girar la cabeza vió a Dégel dormido con un brazo sobre su costado. Era la primera vez que le veía tan relajado… ¿O no? Una imagen muy similar cruzo por su mente y entonces recordó el extraño sueño que había tenido…había sido muy real, se puso nervioso pensando que podía haber pasado y por qué demonios estaba Dégel en su cama, y abrazándole además.
-Dégel ¡Dégel! – lo zarandeó, el acuario se despertó perezosamente.
-¿Qué demonios te pasa Kardia?- se restregó los ojos para ver mejor.
-¿Qué qué me pasa? ¿Qué haces en mi cama?- Dégel se incorporó apoyándose en el respaldo de la cama con un suspiro.
-En primer lugar fuiste tú quien quiso que durmiéramos juntos y en segundo lugar estamos en MI cama.- Kardia se quedó descolocado.
-¿Qué yo qué? – el sonrojo se estaba volviendo incontrolable; eso era precisamente lo que le preocupaba, cada vez sus acciones con su amigo de la infancia eran más evidentes.
-Dijiste que no podrías dormir solo… ¿Te encuentras bien? - el joven había tomado el color de sus mejillas como un signo de fiebre; alargó una mano, rozando su mejilla un poco más dulcemente que si sólo hubiese querido comprobar su temperatura, al contacto el escorpio le miro y cuando sus ojos se encontraron por la mente del acuario pasó un torrente de imágenes del chico al que amaba en secreto sobre él, en unas posturas bastante íntimas; se quedó estático unos segundos hasta que Kardia le llamó por su nombre de una forma sugerente que transmitía demasiado y escondía bien poco: Dégel había caído en la guarida del escorpión y no volvería a salir nunca, selló la sentencia con sus labios sobre los del otro.

-O—

Manigoldo despertó solo, como de costumbre. No sabía cómo pero siempre al final del día acababan peleados; si ese maldito chino no estuviese siempre en medio…Shion era tan inocente que no se daba cuenta de cómo le miraba el otro y claro él, que si lo veía, no se molestaba en esconder su antipatía (por decirlo suavemente) hacia Dohko.
Salió de la cama agotado física y mentalmente, no había tenido un sueño muy reparador que digamos. Se echó cualquier ropa encima y se puso su Cloth para bajar hasta el primer templo; cuando estaba llegando encontró una escena que no le sorprendió por lo a menudo que se repetía, pero que igualmente le enfureció hasta la última fibra de su ser: Shion, el amor de su vida, riendo con Dohko como no lo hacía con él. Cuando ya se disponía a avanzar violentamente hacia el Santo de Libra vió en su mente un resquicio del sueño que había tenido: Shion llorando en brazos del otro, y su enemigo dándole un ultimátum acerca de su relación; pero sobre todo recordó la angustia de no tenerle a su lado…No era supersticioso, pero por una sola vez quiso hacer caso de la corazonada que sentía, que le decía que era un aviso. Tomó aire para relajarse, sacó su mejor sonrisa y se acercó a Aries.
-¡Buenos días! - pasó un brazo sobre Shion y le colocó un beso en la mejilla para susurrarle al oído un "Buenos días mi amor". Entonces y para sorpresa de todos tendió una mano hacia Dohko a modo de saludo-¿Qué tal?
El estupor de ambos fue palpable, pero no querían tentar a la suerte preguntando el motivo de ese cambio; sin embargo eso no significo que Shion no sonriera de todo corazón y su día se iluminase un poco más.

-O-

Cinco templos más arriba un chico rubio de largos cabellos meditaba en posición de loto. No había dormido y al contrario que sus compañeros sabía perfectamente que lo acontecido no había sido un sueño, sino un viaje dimensional; pero ello no evitaba la angustia que sentía, tal vez debió darle más oportunidades a Aspros, y no haberle dejado asi, tal vez…pero el recuerdo de Defteros, de su dolor , de todo lo que había padecido por las ambiciones de su gemelo…No, jamás sería capaz de perdonarle, y menos después de lo acaecido…Hypnos, el nombre fue sólo un susurro en su mente, pero realmente le intrigaba aquel Dios, no tenía una naturaleza malvada, y de hecho lo había salvado de la locura del Géminis…quizá algún día volviese a encontrarlo en su camino. Cuanto más recordaba lo que pasó más sentía en el fondo de su corazón el desasosiego que le producía la lejanía de Defteros…debía concentrarse en su misión o fracasaría y la Guerra Santa estaría perdida, después iría a verle. "Te lo prometo, te buscaré, te encontraré estés donde estés y nunca más te dejare ir", susurros que se llevó el viento.

-O—

Un gélido viento soplaba sobre el hielo de Cocitos despeinándole los cabellos, lo único de él que quedaba en la superficie.
"Te buscaré…"
Sorprendido abrió los ojos, sólo para darse cuenta del lugar y estado en que se hallaba; hacía poco que le habían arrojado allí, sólo unas horas, pero la nieve y la escarcha ya habían hecho presa de su alma. Maldijo su situación y rogó por volver a la bendita inconsciencia en la que había estado sumido, permitiéndose arrojar amargas lágrimas sólo tras haber comprobado que no había nadie cerca que pudiera verle u oírle. Pero Albafica estaba equivocado, pues sí que había alguien observándole en la lejanía; era Minos, quien no podía sacarse de la cabeza al Piscis…tenía la leve impresión de que el sueño de aquella noche no había sido del todo normal, y una frase, una promesa se repetía en su mente "Te prometo que te buscaré, y pasaremos el resto de nuestra existencia juntos…" Habían sido sus palabras hacia el de cabellos celestes…Y tenía la extraña necesidad de llevar a cabo esas palabras.
Se acercó sigilosamente y algo en su interior se rebeló cuando contempló las lágrimas que resbalaban del rostro del otro, se inclinó y Albafica se dio cuenta de que estaba allí sólo cuando el espectro enjugó sus lágrimas, alzó el rostro orgulloso y preparando mordaces palabras con las que atacar que murieron en su lengua al mirar de lleno a los ojos de Minos y observar en ellos la ternura y el amor, además de una media sonrisa cuando lanzó sus hilos para sacarle del hielo y depositarlo en sus brazos.
-Te prometí que vendría a por ti.- En el momento en que lo tuvo en sus brazos todo cobró sentido para ambos; juntos emprendieron el camino de vuelta al Palacio de Justicia.

-O—

Alone se encontraba pintando en su estudio, tan absorto en finalizar el Lost Canvas y dar paz a todo el mundo que no se dio cuenta del movimiento tras él hasta que Kagaho le tomó la mano y se la beso dulcemente provocando un sonrojo y una media sonrisa en el muchacho que el espectro correspondió. Sobraron las palabras cuando el fénix le rodeó la cintura y se quedó allí, simplemente observándole mientras pintaba con su destreza sobrehumana

-O—

Sobre el tablero las piezas estaban dispuestas, pero la partida de ajedrez se mantenía inerte, ni siquiera comenzada; sólo habían colocado sus fichas por mera costumbre pues en realidad los gemelos opuestos se limitaban a observar el paisaje, meditando sobre la experiencia.
-Tienes suerte - Comentó uno
-Todo ha terminado ahora, y nuestra labor es reclamar el dominio de la tierra para nuestro Señor Hades - replicó el otro, disimulando sus pensamientos.
-Inevitablemente volverás a verla - eran gemelos, después de todo, y no podía ocultarle sus auténticas preocupaciones. - Algún día.
El otro sonrió - Algún día – silencio - Mientras tanto, terminemos este dichoso juego.

En ése momento, en algún recóndito lugar del universo, Afrodita sonrió complacida.

253 años después de aquél instante eterno en el tiempo, una mujer exhalaba su último suspiro en la camilla de un hospital; los que la rodeaban se lamentaban profundamente, sólo tenía 33 años, una vida tan joven truncada de aquella manera; pero en su rostro mortecino una sonrisa era visible. En un segundo volvió a abrir los ojos, pero ya no los de su cuerpo; los vivos sólo eran sombras y, entre aquellas sombras una figura reconocida por su alma se hizo visible.
-Thánatos - susurró
-¿Nos hemos visto antes? - su esencia le resultaba misteriosamente familiar.
Ella sonrió, oh sí; esto iba a ser todo un reto.

FIN