Capítulo XI

" Un acercamiento lleno de esperanza"

Los días pasaron y por fin se acercaba la hora de desembarcar...

Candy, Albert y Catherine, habían hecho una buena amistad. Cuando Candy podía, los dejaba solos, para que se pudieran conocer mutuamente. Candy sabía perfectamente que había una atracción muy fuerte entre ellos y quería que su amigo por fin fuera feliz.

Un día antes de llegar a destino, Albert y Candy estaban platicando recargados en el babor, viendo hacia el mar...

- Sabes Albert?

- Dime, Candy...

- Creo que uno decide su futuro, pero el destino nos prepara cosas diferentes... Ahora estoy convencida...

- Bueno, yo creo que todos colaboramos con nuestro destino, pero también estoy de acuerdo en que hay cosas que no podemos cambiar... y que llegan sin que uno las espere...

- Así es...

- Pero, por qué me dices todo esto? Dijo Albert.

- Pues por todo lo que nos ha pasado.

- A qué te refieres?

- A que yo había decidido pasar mi vida contigo... y todo ha cambiado.

- Cambió porque tú quisiste.

- No Albert... y tú bien sabes que las circunstancias fueron las que me hicieron tomar otro rumbo.

- Adónde quieres llegar con todo esto, Candy?

- A ningún lado, simplemente que me parece increíble que dos mocosos caprichosos nos hayan cambiado el rumbo... pero al mismo tiempo, creo que nos ayudaron a entender muchas cosas. Albert... desde que llegó Catherine a tu vida, creo que lo nuestro se convirtió en lo que siempre fue...

- No te entiendo...

- Suena chistoso, pero es cierto... Es decir... siempre tuvimos un cariño muy especial el uno por el otro, pero ahora lo veo muy claro. Siento cómo me quieres y que siempre me has querido igual, pero que estabas confundido.

- Sí... lo mismo me dijo Catherine...

- En serio?

- Sí. Me dijo que yo te amaba de una forma muy especial, pero no como mujer, sino como un padre amoroso que simplemente quería protegerte.

- Y creo que tiene razón. Pero también creo que ella te ama...

- Candy!

- Es en serio, Albert... me doy cuenta de cómo te mira y la forma en que te habla. Y no sólo eso... creo que tú también la quieres.

Albert agachó la mirada... no sabía qué responder... era algo que nunca pensó que le pasaría. Se estaba enamorando, pero no podía aceptarlo frente a Candy, cuando un mes antes le había jurado que ella era la mujer de su vida.

- Albert, no es para que te apenes... es algo natural y además yo no te lo reprocharía.

- Candy, no sé qué decirte...

- No me digas nada... somos amigos y también debemos saber escuchar nuestros silencios. Además, quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti... me has sabido cuidar como a una verdadera hija, me has querido y protegido siempre. Lo que más me gustaría, es verte feliz.

- Candy, eres impresionante. Gracias por estar conmigo.

Albert se acercó y abrazó a Candy, quien le dio un beso en la mejilla. En eso, pasó Eliza por ahí.

- Vaya, vaya, vaya... dijo aplaudiendo y con una sonrisa irónica... Ya lo perdonaste, güerita de establo? O realmente lo embaucaste de nuevo para quedarte con su fortuna?

- Eliza, el león cree que todos son de su condición, no es cierto? Pero no, mi reina... yo no busco en los demás lo que tienen... busco lo que me pueden dar, y por lo visto tú estás solita... o es que acaso a los demás ni siquiera les interesa tu dinero? Dijo Candy.

- Eres una imbécil trepadora! Gritó Eliza.

Albert sostuvo del brazo a Eliza y le dijo:

- Ya basta Eliza, nos tienes hartos, déjanos en paz... Ah... y por cierto, quiero que sepas que tu familia NUNCA verá un solo peso de mi fortuna, que por lo que veo a ti es lo único que te interesa no?

- Suéltame Albert, me estás lastimandooo !

- No me importa, y ya te dije, deja de molestar a Candy.

- Ahora defiendes a la huérfana, cuando dudaste de ella?

- Es mejor que te vayas, si no quieres que escriba a tu madre diciéndole todo lo que has hecho durante el viaje y que por supuesto, ya no están en mi lista de "familiares".

- Ustedes dos se van a arrepentir... Yo puedo decirle a tu nueva novia que estabas muuuy cariñoso con Candy.

- No es necesario Eliza, se escuchó la voz de Catherine. En primer lugar, no soy la nueva novia de Albert, y en segundo lugar, lo que me diga alguien como tú, no tiene ningún valor para mi; así que aléjate, porque lo único que haces es dar lástima.

Albert, Candy y Catherine soltaron una carcajada, mientras Eliza se iba corriendo de ahí. Mientras corría, tropezó con Neil.

- Eres un idiota!

- Eliza, párate... estás haciendo el ridículo.

- Cállate imbécil!

- Ya me tienes harto con tus ofensas... Ahora qué te puso de malas... para variar?

- Nada... que tu ex prometida, me está colmando la paciencia.

- Paciencia? No me hagas reír Eliza, que tú no conoces esa palabra.

- Bueno, como sea... ya me tiene hasta la coronilla, y lo peor es que no puedo hacer ya nada contra ella.

- Cómo es eso?

- Si, el estúpido de Albert me dijo que si no la dejaba en paz, iba a mandar una carta a nuestra madre diciéndole que ya no formábamos parte de la familia, es decir que no teníamos participación de su fortuna, ni de su reconocimiento. Así que de herencia, mejor ni hablamos.

- Vaya, ese Albert si que tiene agallas.

- Mira Neil, mejor cállate y ayúdame a llegar a mi camarote, que por tu culpa me lastimé el tobillo.

- Ya, deja de quejarte y camina...

Mientras tanto, Eleonor y Larry desayunaban y planeaban cómo acercarse a Candy...

- Creo que sería bueno que ya te acercaras un poco a Candy... dijo Eleonor.

- Pero, ni siquiera la conozco.

- No te preocupes, yo me encargo de eso... te parece que te la presente esta tarde?

- Tengo miedo, mi amor.

- No tienes por qué.

- Que no tengo por qué?... claro que tengo por qué... simplemente ella podría ser...

- ... Tu hija.

- Exactamente. Eso es algo que no sabría cómo manejar.

- Déjamelo todo a mi... está bien?

- Bueno, como digas. Pero quisiera que el tiempo pasara en un segundo... hay algo en esa chica, que podría ser lo que dicen que es el llamado de la sangre.

- Ojalá...

A la hora de la comida, todos entraban al restaurante... Candy, Albert y Catherine estaban en una mesa, cuando vieron que se acercaban Eleonor y Larry. Albert se paró para saludar.

- Qué tal Señora Eleonor... un placer saludarla.

- Igualmente...

- Les presento a Eleonor Baker... Eleonor, ellos son Albert y Catherine, dijo Candy.

- Mucho gusto.

- Candy, yo te quiero presentar a Larry, él es mi prometido.

Candy abrió los ojos, no lo podía creer... la madre de Terry comprometida? Le daba mucho gusto por ella, que era una mujer solitaria y triste... Ahora se le veía una alegría inigualable.

- Mucho gusto, Señor Larry... dijo Candy con su enorme sonrisa.

Larry sintió una emoción enorme al ver a Candy sonriéndole.

- El gusto es mío, pero por favor, llámame Larry... si me dices Señor me siento demasiado viejo...

- Claro que no, es usted muy joven.

- Bueno, entonces no me hables de usted.

- Está bien, dijo Candy soltando una carcajada.

- Larry, te presento a mis amigos, Albert y Catherine.

- Mucho gusto, muchachos.

- Se sientan con nosotros? Preguntó Albert.

Eleonor y Larry se voltearon a ver y asintieron.

- Está bien, contestó Eleonor, sería lindo comer con ustedes.

- Muchas gracias, dijo Albert.

La comida fue muy agradable, todos platicaban, reían y preguntaban a Eleonor y Larry sobre sus actuaciones y el mundo del teatro. Larry no paraba de ver a Candy, cómo reflejaba la alegría por vivir que tenía su amada Emily y el parecido enorme con ella... sin embargo, no quería emocionarse mucho, ya que sería muy doloroso el golpe de saber que de nuevo se había equivocado.

Al finalizar la comida, Eleonor y Larry invitaron a Candy al camarote de la actriz.

- Candy, nos acompañarías a nuestro camarote?

- Claro, dijo Candy sonriendo...

A Candy le pareció muy rara esa invitación, pero aceptó, ya que Larry le había caído muy bien y tenía un cariño especial por la mamá de Terry... el hombre que amaba con toda su alma.

Cuando llegaron al camarote de Eleonor...

- Pasa Candy, siéntate.

- Muchas gracias.

- Candy... sabes? A Larry le caíste muy bien...

- Igualmente, me agradas mucho, dijo Candy sonriendo.

- Gracias Candy, contestó Larry.

- Y bueno, nos gustaría conocerte más...

A Candy le seguía pareciendo todo esto muy extraño, pero pensó que tal vez se sentían solos y querían hacer amistad con alguien, así que no se negó a platicar con ellos.

- Y como qué quieren saber?

- Bueno, dijo Larry... platícame sobre tu nacimiento...

- Supongo que te diste cuenta que soy huérfana... por la escena de Eliza el primer día...

- Bueno, sí... pero me gustaría saber cómo llegaste a ese orfanato.

- Pues me dejaron en una canasta, ya estaba una niña ahí también... Annie, mi mejor amiga. Entonces la hermana María y la Señorita Pony, vieron muy inquiero a Tom, otro de los niños del hogar, quien escuchó nuestros llantos... Las dos fueron a ver qué pasaba y se dieron cuenta de que alguien nos había abandonado debajo de un árbol, cerca de la casa.

- Pero cómo es posible? Dijo Larry con un nudo en la garganta.

- Así es, dijo Candy... pero prefiero pensar que mis padres no me abandonaron porque no me quisieran, sino porque se vieron obligados por alguna razón muy fuerte.

- O tal vez ellos no fueron los que te abandonaron, dijo Larry.

- Qué quieres decir?

- Olvídalo Candy, estoy diciendo incoherencias... lo que me encantaría saber es el día en que te encontraron.

- Bueno, para mí es el día de mi cumpleaños... ya que encontré a mis dos mamás...

- Y cuándo cumples años?

- El 7 de mayo...

De repente Larry sintió que se le subía la sangre a la cabeza, se sintió mal y hasta se mareó de la impresión... Su hija nació el mismo día que encontraron a Candy afuera del Hogar de Pony!... eran ya muchas casualidades...

- Larry, te pasa algo, dijo Candy asustada.

- No Candy, perdón... simplemente me mareé un poco...

- Bueno, entonces te acompañamos a tu camarote...

- No, por favor no te vayas, dijo Larry tomando la mano de Candy.

Candy sintió algo muy extraño cuando Larry tomó su mano... tuvo de repente unas ganas enormes de abrazarlo. Era algo inexplicable, como si lo conociera de años. No se detuvo y lo abrazó con todas sus fuerzas. Larry no pudo evitar llorar de la emoción. Eleonor sólo observaba la escena emocionada al máximo, sin embargo no quería que Larry fincara todas sus esperanzas en algo que podría ser simplemente un error...

- Perdón Larry, pero tuve unas ganas muy grandes de abrazarte...

- Candy, por favor no te disculpes, creo que yo también tenía ganas de abrazarte, dijo Larry secando sus lágrimas sin que Candy se diera cuenta.

Por qué alguien a quien acababa de conocer apenas hacía unas horas, le causaba esas sensaciones tan extrañas? Candy estaba confundida, pero contenta al mismo tiempo. Era como si hubiera encontrado a alguien a quien había perdido hacía mucho.

- Larry, es mejor que descanses... dijo Candy.

- Pero Candy, yo estoy muy contento platicando contigo.

- Larry, Candy tiene razón... debes ir a tu camarote, dijo Eleonor.

- Está bien, ustedes ganan... Candy, gracias por tu tiempo.

- No me des las gracias Larry, me encantó compartirlo con ustedes.

- Espero que no sea la última vez.

- No será, dijo Eleonor, pero ya vamos a tu camarote.

- Está bien, dijo Larry no muy convencido.

El encuentro entre Larry y Candy, fue una gran esperanza para él. La esperanza de poder abrazar a su hija y decirle que ni él ni su madre hubieran querido abandonarla y que realmente querían que naciera y vivir juntos los tres.