Notas Iniciales: ¡Me había olvidado de actualizar esta historia! Como sea, ya está aquí.
By the way, a big thank you to Professor Slaad for his comment in the previous chapter, really thank you for taking the trouble to read this humble story despite being written in another language.
Cap 10. Hermandad Estelar.
No hizo falta más que un par de pasos para que finalmente se plantara frente a las compuertas del Great Fox y, aunque no estaba nervioso por lo que sucedería una vez se encontrara de frente a sus compañeros de equipo ni se inquietara por las explicaciones que tuviese que dar, Falco sintió una extraña incomodidad cernirse sobre su cuerpo que se apartaba mucho del dolor muscular que sufría. Miró a un costado y se quedó quieto cuando visualizó a Fox y Slippy acercándose, quienes -al verlo- no tardaron en reaccionar.
—¡Falco! —exclamó el joven rana echándose a correr hacia él. Fox continuo caminando con tranquilidad mientras el faisán simplemente esperaba—. ¿Dónde te habías metido? Estábamos muy preocupados. Primero el General Pepper, luego Star Lynx y el Consejo... y esa chica de la Fortaleza... ¡es un desastre, te digo! ¡Deberías ser más considerado!
—Tranquilo, Slip. Ya se lo explico yo —se ofreció Fox, percatándose al instante de la expresión que había adoptado el rostro de su amigo con el intento de explicación ofrecido por Slippy—. La situación actual se encuentra en crisis y necesitamos la mayor fluidez posible en el equipo. El Consejo aprobó un tratado de paz temporal con los planetas adversarios así que viajaremos a estos para charlar con sus principales representantes y haremos de ello nuestra prioridad. Por lo cual a partir de hoy Star Lynx, un equipo mercenario con tres integrantes, se mezclará con Star Fox a fin de agilizar este trabajo. Una de ellas es un ave fénix —Falco entró en shock con aquel informe y eso Fox lo notó—, es embajadora de la Fortaleza Galáctica Universal que, según se nos ha dicho, alberga a todas las aves del Sistema Lylat consideradas extintas.
—¿Qué... ? Eso...
—Ya que eres un ave, ella insistió que Star Lynx y Star Fox debieran trabajar juntos. De alguna manera, si no te hubieses aparecido en el tiempo establecido, la colaboración de la Fortaleza se habría esfumado y todo este movimiento habría sido en vano.
—Yo no tenía idea de que...
—Como sea —le interrumpió después de un suspiro—, ¿cuento contigo?
Las miradas de Fox y Falco hicieron contacto unos instantes, lapso de tiempo que bastó para que Falco respondiera afirmativamente al interrogante de Fox con un breve movimiento de cabeza, el cual también fue suficiente para satisfacer la ansiedad exigente del vulpino. Sólo hasta entonces los tres que yacían en la entrada se percataron de la presencia de cierta telepata que había permanecido observando la escena en silencio.
—Ellas se encuentran en la Sala de Comando —informó a sus compañeros de equipo, prestando especial atención al faisán—. Ya les he dicho que Falco ha vuelto de su misión, pero me temo que para la embajadora la paciencia no es una virtud.
—En ese caso, no hay razón para hacerla esperar más —declaró el líder del grupo, absolutamente convencido de que Nova Fennex no era la única que estaba impaciente por ver a un miembro de su especie, después de todo Falco no dudó adelantarse al andar de todos ellos una vez subieron a cubierta y se internaron al cuarto de control del Great Fox.
Como bien lo había dicho Krystal, Star Lynx se encontraba dentro; Miyu había estado descansando en una de las sillas disponibles, Fay estuvo junto a ROB midiendo con ayuda de una cinta hologramica sus extremidades metálicas mientras que la alta fénix admiraba la vista a través de los enormes cristales hasta que delató la presencia de aquel a quien no dudó acercarse con una sonrisa más confiada para detenerse justo delante suyo. Falco, por otro lado, aún se reconocía incapaz de recuperarse del shock, simplemente anonadado con el hecho de ver a un ave como aquella hembra. Ella era mucho más alta que él y su extravagante plumaje rojo la hacía resaltar debido al contraste que hacía entre los colores pálidos del sitio. Falco jamás había visto a un ave con un pico tan oscuro.
—Mi nombre es Nova Fennex. Ansiaba conocerte, Falco Lombardi —dijo tendiéndole la mano sin romper el semblante respetuoso que escaseó en ella cuando se presentó a Star Fox por primera vez, y verlo así sólo reafirmó las sospechas de McCloud sobre las aves.
—Mucho gusto, supongo. —Falco respondió al saludo de forma mecánica, en un vano intento por mantener su porte sereno. Sin embargo, para sorpresa de todos, el suspenso e intriga generado en la espera de este extraño encuentro fue cortado abruptamente por el silencio compartido de ambas aves. Ni Falco ni Nova se atrevieron a decir más palabras.
—De acuerdo, el plan es este. —declaró Fox más tarde, cuando la nave insignia había despegado y había sido puesto en órbita tras un par de presentaciones más entre los nuevos integrantes del equipo—. Tenemos cuatro planetas fuera de la alianza. Eladard, Macbeth, Titania y Venom. Titania ha desarrollado tecnologías y fuerzas militares que podrían sernos útiles contra los invasores, y se ha presentado ante el Consejo pero es un hecho que llegar a un acuerdo con su dictaduria se encuentra fuera de nuestro alcance.
—¿Por qué? ¿Qué es lo que exigen a cambio de su ayuda? —cuestionó Miyu, curiosa.
—La cabeza de un senador corneriano, lo solicitó públicamente, y amenazó con declarar la guerra al gobierno regente ante la menor intimidación contra sus pueblos ahora que han rechazado cualquier tipo de acuerdo.
—No puede ser. —comentó Fay con frustración.
—En vista de esto, sólo nos quedan tres planetas. Debemos dividirnos para visitarles.
—Venom es un planeta peligroso. —mencionó Nova de pronto—. Es el infierno en la galaxia, no hay manera de que un grupo de nosotros descienda allí por su cuenta. Sugiero nos preocupemos por ellos al final.
—No contamos con el tiempo que quisiéramos. —espetó Fox—. Yo tampoco me siento cómodo con enviar a un pequeño grupo nuestro pero...
—Apoyo la idea de Nova. —opinó Slippy—. Eladard y Macbeth son patrias más flexibles, no tendríamos problema en enviar grupos pequeños pero, a diferencia de estos, Venom es primitivo, cuenta con civilizaciones sanguinarias, enraizadas a sus costumbres. Los invasores no son bienvenidos ahí, especialmente después de la caída del Imperio.
—Ya que estaremos poniendo nuestras vidas en riesgo es mejor estructurar un plan de acción antes de entrar a la atmósfera de Venom, de cualquier modo el futuro de esta unión depende de nosotros—afirmó Krystal. Fox asintió.
—¿Cómo podríamos establecer un contacto con los habitantes de Venom? —se cuestionó el líder vulpino en voz alta mientras se llevaba una mano al mentón—. Será difícil convencerlos de escucharnos, especialmente si nos reconocen.
—Podríamos... —Slippy guardó silencio al instante, inseguro. Fox agitó una de sus orejas en dirección al anfibio, intrigado.
—¿Tienes una idea en mente, Slip? Me gustaría escucharla.
—B-Bueno... podría no ser la mejor opción pero —Slippy dudó unos instantes más en hablar, nervioso con la atención que recibía de todos los miembros del equipo, pero finalmente desechó sus temores y levantó la frente en alto—, ¿y si... y si usamos a Oikonny?
—¿Se te aflojó un tornillo o algo? —cuestionó Falco a modo de protesta.
—¿Te refieres al primate que intentó levantar una revolución, Andrew Oikonny, a ese mono? —cuestionó Miyu incrédula, Fay miró fijamente al joven rana quien se encogió en su sitio con evidente pánico. Fox lo consideró con detenimiento.
—Tengo entendido que él fue retirado a una prisión de alta seguridad en Corneria tras su fallido levantamiento. —recordó Fox—. Después de que su nave fuera destruida por los Aparoids en Fortuna logró escapar en un vehiculo distinto y fue alcanzado por la milicia. No lo había pensado pero él sirvió de medio para inspirar respeto por parte del ejercito venomiano sobre Star Wolf... —el vulpino levantó la mirada—, podría funcionar.
—¿Y cómo piensan llegar hasta él? —Nova quiso saber—. Seguro que el Peludo Mayor* estará ocupado en otros asuntos ahora que ha finalizado la reunión con el Consejo, dudo que cualquier otra figura de autoridad tenga la intención de prestarnos su ayuda.
—Contactaremos a Peppy. —replicó Fox con seguridad—. Estoy seguro que él podrá alistarnos una visita con Oikonny sin problemas. Peppy y el General Pepper han sido amigos desde hace tiempo, estoy seguro que eso basta para que sea muy influyente en las fuerzas.
—¿El dentón?—cuestionó la fénix alzando una ceja.
—Nova —Fay intentó calmar el acento escéptico de su compañera de equipo, pues sabía bien que cuando la fénix iniciaba los insultos era difícil cerrarle el pico y no le convenía a ninguna atenerse a la amabilidad de los héroes.
—Para formar el segundo grupo, necesitaré de alguien pacifico y persuasivo. —Fox no tardó en elegir a su candidato—. Krystal, tú liderarás el grupo que se dirigirá a Macbeth, Fay y Falco actuarán como tus escoltas. Sé que eres consciente pero quiero que consigas su participación sin importar el costo. No podemos permitir que otro planeta se suma a la lista de bajas.
—Entendido. —Krystal asintió con determinación.
—Miyu, Slippy y yo nos dirigiremos a Eladard para entablar una conversación con su Gobernador. Y usted, embajadora, le pediré amablemente que permanezca a bordo del Great Fox, donde se mantendrá a salvo.
—He vigilado naves más grandes —replicó Nova—, te aseguro que puedo asistirles en caso de que se presenten complicaciones. —El ave miró de reojo al robot que yacía enfocado en sus actividades—. Además, sospecho que su amigo necesitará una mano en reparaciones más tarde, así que yo me encargo de él.
—¿Hay alguna duda sobre el plan? —cuestionó Fox a los presentes antes de ponerse de pie y comprobar que todo había quedado claro—. Excelente. ¡Hagamos esto, equipo!
El grupo rompió el circulo, dirigiéndose al hangar a máxima velocidad mientras Nova se cruzaba de brazos y los observaba marchar en silencio. Slippy saltó la mesa que se interponía en su camino para posteriormente unirse de forma presurosa a la fila encabezada por McCloud, con un gesto agotado plasmado en la cara. Miyu y Fay rieron, jugueteando como dos crías en medio de una prueba de valor campestre hasta el momento que se separaron para tomar sus propias naves de batalla. Star Fox y Star Lynx tomaron sus posiciones antes de despegar a toda velocidad hacia la galaxia donde los grupos de tres integrantes asignados se separaron para llevar a cabo su misión. Nova observó la imagen de las seis naves desaparecer en el radar del Great Fox y con gesto indiferente perdió su vista en las estrellas que tintineaban del otro lado de los cristales mientras ROB continuaba trabajando; sus pensamientos dispersándose a la misma velocidad que un meteorito que desciende contra el núcleo de un planeta desierto. Y en silencio, se preguntaba si lograría cumplir su verdadera misión a tiempo.
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El sonido constante de rocas impactando unas con otras junto al inconfundible ruido de maquinaria en funcionamiento era la principal ambientación que llenaba la habitación más alta de la torre, una de las muchas construcciones que decoraban las tierras mineras de Macbeth y cuya estructura estaba diseñada para ofrecer vigilancia a los trabajadores, así como administrar el destino de los minerales adquiridos en la zona. El capitán Frederick Müller, antiguo general de brigada, ya estaba acostumbrado visualizar a esas manadas de lobos laborar las tierras negras con una maestría de muchos años y ya era incapaz de compadecerse o siquiera mover la cabeza de forma negativa, pues el planeta se recuperaba gracias a esos machos y hembras tercos que trabajaban día a día en terrenos áridos. Comprendía que pasadas guerras y el abandono del Gobierno Galáctico habían influenciado a que Macbeth cruzara depresiones que parecían interminables pero podía asegurar -sin temor a equivocarse- que la presencia de los miembros de Star Fox en su oficina era una señal positiva aunque un añejo orgullo insistiera en demostrar lo contrario. Sin embargo, las palabras que esa vulpina había escogido para informar el estado del Sistema Lylat lo hacía mantenerse firme en la creencia de que por fin volvían a ser sólidos para la galaxia, que el planeta había dejado de ser transparente y sin valor para otros lylatianos.
—Los habitantes de este y otros poblados se esfuerzan, ¿saben? —comentó, consciente de que rodeaba el tema y que probablemente sonaría rezagado y distante—. Tras la Guerra hubo muchos levantamientos rebeldes pero la democracia vuelve a estabilizarse. Antes de la guerra no había un propósito dentro de los ciudadanos, ninguno más que aceptar la muerte dentro de la esclavitud. Los macbethianos habían comenzado a perder la esperanza en sus líderes. ¿Cómo confiar en quienes no viven la desesperación y el hambre constantemente? ¿Qué pueden saber de la vida individuos que se exceden mientras pisotean a las clases bajas? ¿Qué derecho tienen de escupirnos en la cara? Han sido pensamientos que se han llevado el orgullo y la moral de todas las especies que habitan este planeta. Y no los culpo y jamás los culpe de sentirse traicionados, porque la verdad es más dura que una roca y más destructora que un desastre natural, y los daños que causan hacen que una mente joven llena de anhelos se derrumbe con la realidad.
—Macbeth puede ser restaurado —intervino Krystal, acercándose hasta el capitán a cargo de manera sigilosa. Apenada intentó mantener su mirada sobre aquel primate quien -lejos de estar herido por las balas y los puñales de la guerra- el daño ocasionado en su alma por la negligencia de todo un sistema era tan profundo que la vulpina se sintió identificada con esa desconfianza y aquel dolor que el primate estaba necio a mantener sobre su deteriorada coraza de hombre inquebrantable—. Tal vez no pueda garantizar que todo será como antes, mucho menos puedo decirle que esta tiranía desaparecerá por completo, pero todo inicia con la primera onda en el agua y el primer paso revolucionará los desperfectos. Sólo debemos ser persistentes hasta lograr ese cambio tan deseado.
—Hablas como una locutora de la felicidad —observó Frederick sonriendo con suavidad, un gesto casi conmovido, casi de aceptación—. Mas me temo que todo Macbeth ya está harto de las promesas vacías. Ni siquiera una hermosa joven como tú podría curar tantos años de sufrimiento, tantos siglos de sumisión... Andross murió y eso para Macbeth fue un golpe eléctrico, muchos lo apoyaban y muchos confiaron que su imperio traería el cambio verdadero, es decir, Corneria ya había hecho suficiente. Pero el resultado es irrebatible y lo han aceptado con el tiempo. Sin embargo, todo volvió a ser igual, Corneria nos manipuló y cuando finalmente logramos echarlos Corneria nos pide ayuda para superar una guerra en la que probablemente no necesitamos involucrarnos. Conveniente, ¿no?
—Todo el Sistema Lylat está en peligro.
—Y es por eso que están aquí —afirmó Müller devolviendo a su rostro una sonrisa antes de girarse y enfrentar la mirada determinada -firme pero no agresiva- de la vulpina—. Arriesgando sus vidas, ya que seguía siendo probable que alguien intentase tomar sus cabezas ante la menor oportunidad, y eso es lo peor, se anunciaron y entraron a Macbeth conscientes de que un rencor tan fuerte no desaparece tan rápido. Tuvieron agallas para enviar sólo a tres de sus miembros. —El primate le dirigió una mirada rápida a Falco y Fay que esperaban cerca, serios y relajados aunque alertas. Frederick Müller volvió a darles la espalda tomando un respiro para finalmente tomar su decisión final. —Cierto es que mi palabra no servirá de mucho pero soy el contacto más próximo al gobernador regente de todo Macbeth, así que espero que el resultado de esta visita no se trate de un fallo colosal.
Falco y Fay -al igual que Krystal- enseguida reaccionaron a estas últimas palabras y no evitaron mirarse entre si por unos momentos. Acaso, ¿acababa de aceptar combatir hombro con hombro junto a Corneria? La dama ceriniana no permitió que la sorpresa la alejara lejos de la situación actual y no dudó asegurarse antes de que se creara falsas ilusiones. —¿Eso significa... ?— Sin embargo, no logró terminar su pregunta cuando fue interrumpida.
—Macbeth aceptará formar parte de la alianza —declaró, ocultando una sonrisa satisfecha.
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Una carcajada rasposa emergió fuera de la garganta del gobernador Bernard Gilardon, un voluptuoso jabalí que parecía deshacerse con el aroma a licor pululando en el ambiente después de haber escuchado las palabras que había permitido a McCloud ofrecerle. A su lado su acompañante -un atractivo zorro de pelaje plateado, considerable estatura y con un marcado porte militar- no parecía inmutarse por el mal comportamiento de su jefe, mas bien mostraba una ligera sonrisa divertida por la manera en que el jabalí estampaba su tarro contra la mesa mientras se ahogaba de risa. Miyu hizo mala cara, recordando con acidez lo mucho que odiaba a los porcinos. Slippy contuvo la respiración en un intento por controlar su ansiedad. Fox, por su parte, no supo cómo sentirse al respecto. No había sido difícil entrar a Eladard ni mucho menos convencer a los oficiales de ser escoltados hasta las oficinas del gobernador en funciones. De echo, había sido aquel zorro -que ahora ofrecía un pañuelo al alcohólico jabalí- quien les recibió y trajo hasta allí sin siquiera cuestionar el motivo de su visita, pues parecía anticiparse a cada acontecimiento que ocurría a su alrededor con una servicialidad incondicional. Fox no dejaba de pensar en lo torcida que debía ser esa amabilidad que profesaba, desde que lo vió su presencia le hizo sentir intranquilo ya que esas pupilas frías resguardaban a una criatura cizañosa capaz de ocultar una sed insaciable; al identificarlo con esas características Fox comprendió que no podía fiarse de él sin importar que pareciera un sujeto dedicado a su trabajo, además había un aura peculiar en él que le recordaba lejanamente a la sensación que le inspiró Krystal el día que la conoció. Dudaba que se tratase de alguien alarmante pero, por si acaso, reforzó sus barreras mentales.
—¡Venga, Apostolo! —exclamó el jabali golpeando groseramente el brazo de su guardián cuando este trató ofrecerle una mano para levantarle—. ¡Estamos ante los reconocidos Star Fox! No quiero que piensen que soy una basura sin valor, después de todo han tenido que viajar hasta aquí sólo para decirnos que Corneria está pidiendo nuestra ayuda.
—Y yo sería incapaz de arruinar su momento. —El zorro se inclinó ligeramente.
—Mas te vale o te castigaré, hijo de puta. —Bernard gruñó, el sonido de sus dientes chocando entre si mientras tomaba equilibrio—. Y ahora, ¿en qué estábamos?
—Star Fox, señor. Quieren que Eladard acepte firmar una alianza temporal.
—¡He! Tan atento y encantador como siempre. Recuerdame darte cariño cuando todo esto termine.
—Si, mi señor—respondió el zorro agregando una suave reverencia, todavía sin mirarlo, ni a su jefe ni a nadie, luciendo vacío y distante. Fox se incomodó con la escena.
—¡No puedo decir que no estoy sorprendido! ¡Finalmente los cornerianos han accedido a ponerle atención a este planeta decrepito, y han enviado a Star Fox para comunicárnoslo personalmente! —El jabali rompió a carcajadas una vez más, tambaleándose al caminar, dando un sorbo descuidado a su tarro de licor—. ¡Vaya suceso, eh!
—¿Asumo que tengo su aprobación, Sir. Gilardon? —Fox quiso asegurarse.
—Ew, eso depende —espetó el jabalí con un gesto desdeñoso, las orejas de Fox se levantaron en respuesta—. Me he hecho cargo de este basurero por muchos años, ¿sabes? Las fabricas por esta y muchas otras zonas ya no están produciendo como deberían, hacen falta materiales, instalaciones nuevas, personal y una pequeñísima-enorme lista por revelar, pero apuesto estos colmillos desgastados —Bernard señaló los dos huesos que sobresalían de su trompa sucia—, a que ya estaban enterados. Así que moveré las tropas con una ligera condición. Quiero que Eladard sea aceptado en el Consejo Galáctico.
Fox dejó que sus orejas se hicieran hacia atrás en señal de enojo contenido mientras sus facciones se deformaban en una mueca de total desaprobación, mas su reacción poco pareció importarte al jabalí delante suyo.
—¡Este planeta aún contiene riquezas que nadie en el Sistema Lylat podría imaginarse! Si tan sólo los inversionistas de Corneria se dieran cuenta del potencial que desbordan nuestras empresas no se arrepentirían en donar su generosa economía a nuestra causa, pero aquí estamos pudriéndonos en el olvido y la pobreza. —Gilardon se balanceó de forma dramática sobre su lugar, extendiendo los brazos a cada costado—. ¡Sería un desperdicio que estas importantes cadenas productoras fueran ignoradas!
Slippy miró hacia su líder, evidenciando su negativa en el asunto, pero del mismo modo una ola de incertidumbre abundaba en su mirada. Los tres sabían que esta petición sólo era un chantaje para obligar al Consejo responder por una ayuda que seguramente sería inepta y poco competente, mas eran conscientes de las opciones nulas con las cuales contaban en la actualidad. El tiempo estaba encima y el gobierno de Corneria no iba estar dispuesto a cumplir caprichos de planetas oportunistas como Eladard. Fox trató de relajarse antes de atreverse articular palabras, de todos modos su prioridad había sido obtener la mayor cantidad de ayuda posible y una promesa desesperada no era algo que valiera sin siquiera haberlo hablado anticipadamente con el General Pepper; y esto podía ser considerado un absurdo juego de crías que no convocaría una consecuencia contra él o su equipo.
—El Consejo ha pedido su participación por una razón —dijo en acento convincente, mas Apostolo afiló la mirada con su postura firme y -por muy extraño que pareciera- McCloud se sintió frío en el breve instante que sus miradas se cruzaron—, la llamada va dirigida a quien la tome. No escatimaré si usted no lo hace.
—¡Excelente! —alegó el gobernador terminando de un trago lo que quedaba de licor en su tarro antes de azotarlo de nuevo contra la superficie de la mesa.
*Para Nova, "Peludo Mayor" funciona como un insulto hacia el General Pepper.
