Como siempre, cualquier cosa que reconozcáis es propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo intento escribir esta loca historia.
Podéis estar al día de mis historias en mi grupo de Facebook: www . facebook . groups / FANFIC . NOE /
os dejo los enlaces a los trailers de esta historia en mi perfil.
Y si queréis dejar vuestra opinión en el recuadro que está al final de esta página, yo estaré más que feliz de leerla.
Capítulo beteado por Sarai GN Betas FFAD www facebook com / groups / betasffaddiction
Por favor, leed la nota al final del capi. Gracias.
Aún no me lo puedo creer. Hay que joderse. ¿En serio? ¿Cabe la posibilidad de que esté embarazada? ¿Y justo del único hombre con el que no recuerdo haberme acostado? ¡Oh, sí! Será una historia preciosa para contarle a mi hijo/a en el futuro… "Verás cariño… papá y mamá se quisieron mucho, aunque mamá no se acuerde de nada…"
Aún puedo sentirle abrazándome. Percibo su calor que me rodea y me siento bien. Cometo el error de respirar profundamente, llenando mis pulmones de su aroma. Me encanta cómo huele Edward. Es un olor que soy perfectamente capaz de recordar cuando me encuentro sola y me reconforta. Y no me refiero a su perfume, es él, su propio aroma… es cálido y dulce. Sin darme cuenta le he rodeado la cintura con mis brazos, acercándome aún más a su pecho en donde he dejado reposar mi cabeza. Puedo oír su corazón palpitar en un ritmo cadencioso, y es un sonido que me serena. Noto su respiración en mi cabello. Estamos envueltos en un silencio tranquilo y por un momento pienso que todo va a ir bien, sin importar lo que pase. ¿Segura? ¡Todo va a ir bien! ¡¿Cómo coño va a ir bien?! Puedes estar embarazada de un hombre que se acostó contigo una noche, una única noche. Que acaba de jactarse ante el hombre con el que estabas empezando una relación, que él ha sido el primero… tratando de asegurarse que no volverás con él. ¿Pero cómo puedes saber que estará él ahí para ti? ¿Cómo puedes confiar en un hombre para el cual el sexo es un deporte y las mujeres un récord para batir? JodeBella tiene razón, me tenso y sé que él lo nota porque también siento su cuerpo tensarse. ¿Cómo puedo confiar en Edward? ¿Cómo? Sólo he sido una mujer más en la lista de sus ligues. ¿Y si me pide que aborte? ¿Podría yo hacerlo? No pongas el carro antes que los bueyes, primero tendrás que averiguar si estás o no embarazada…
Me separo de él y mi cuerpo se resiente, nota la pérdida de su calor, de su aroma, pero debo ser fuerte y resistir. Ed es mi pasado, Tony mi presente y quizás mi futuro. Sólo tengo que averiguar cómo salir de éste agujero que yo misma me he cavado.
Salimos del despacho y volvemos a la mesa. Todos nos miran. Esme y Carlisle con curiosidad y un sentimiento que no consigo descifrar, pero que veo brillar en su mirada. Mis amigos, por su parte, nos miran con preocupación.
—¿Estás bien? —me pregunta Alice. Trato de sonreír ya que no tiene ningún sentido que se preocupen aún. No, aún no. Solo asiento y vuelvo a mi sitio, en el que ya me espera una porción de la tarta que he traído. La miro y no puedo evitar que una lágrima resbale por mi mejilla. Echo de menos a mi familia, echo de menos a mis padres y a mi abuela. Me gustaría que estuvieran aquí para confortarme y aconsejarme, pero no lo están, estoy sola y pase lo que pase de ahora en adelante, tendré que tomar yo las decisiones, sin sus consejos ni su guía—. ¡Hey, Bella! Todo irá bien. —No sé si los demás se dan cuenta, pero yo sí puedo ver la mirada que le dedica a Ed, hay mucho reproche en ella y también preocupación.
—Lo siento, es sólo que la echo de menos… es el primer año en el que mi abuela no está… y está resultando ser más difícil de lo que pensaba.
Terminamos los postres y tras pasar con ellos un poco de tiempo charlando, siento que no seré capaz de mantener ésta farsa mucho más tiempo. Tarde o temprano acabaré derrumbándome y no quiero hacerlo delante de ellos. Si le dieron de collejas a Ed por acostarse conmigo, por dejarme preñada mis amigos son capaces de dejarle sin testículos. Literalmente.
Ed se ofrece a llevarme y es algo que nadie encuentra extraño. Vine aquí con Tony y ahora tengo que volver sola a casa, a un piso que está puerta con puerta con el suyo, así que supongo que les parece bastante normal. Otro día lo sería, sería totalmente normal e inocente que Edward me llevase en coche a casa, pero hoy no lo es. Nos espera una parada en la farmacia para comprar pruebas de embarazo. Definitivamente es algo que nunca he hecho con Edward. Bueno, nena, supongo que siempre hay una primera vez para todo ¿no? El trayecto en coche desde la casa de sus padres hasta la farmacia es tenso. Ninguno de los dos dice ni una sola palabra. Entramos al establecimiento y agarro un cesto. Me dirijo decidida al pasillo en donde nos han dicho que están las pruebas y me quedo de pie, mirando las estanterías. Ed también la mira, coge una caja y lee las instrucciones. Tiene los ojos abiertos como platos y se está rascando la nuca. Conozco ese gesto, está nervioso. ¡Oh, bien! El Follador Enmascarado está nervioso, y eso que no es él el que tiene un bollito en el horno…
Cuadro mis hombros, inspiro hondo y comienzo a echar pruebas en el cesto como si no hubiese un mañana. No voy a pararme a leer un montón de cajas en medio de un pasillo de una farmacia, me niego… me las llevo todas y ya las leeré en casa. Sujeto la mano de Ed, que tiene otra prueba en la otra, y tiro de él hacia las cajas. Vacío la cesta en la cinta transportadora y veo cómo la cajera se ríe entre dientes.
—Es para una clínica de apoyo a adolescentes embarazadas —musito.
—¿Quiere factura? —dice enarcando una ceja y dejando bien claro que no me ha creído ni una sola palabra. Ed a mi lado sonríe y vuelve a rascarse la nuca. Yo resoplo.
—No —gruño—, es un donativo…
Las cajitas en las que se esconden los artilugios que decidirán mi vida en apenas unas horas van pasando una por una por el lector de códigos de barras. Cada pitido se siente como un peso en mi espalda y siento que me encojo cada vez un poco más.
—Son ciento cincuenta y nueve dólares con veinticinco centavos, por favor.
Ed hace el ademán de sacar su cartera para pagar, pero voy a hacerlo yo. Mi horno, mi bollo, mi cuenta. Así que rápidamente le entrego mi visa a la cajera, firmo el recibo y salgo de la farmacia como alma que lleva el diablo.
—Bella… —me llama—, espera… ¡Bells!
—¿¡Qué!?
—Tranquilízate…
—¿Quieres que me tranquilice? ¡Pues llévame a casa para que pueda hacerme éstas putas pruebas y salir de dudas de una maldita vez!
—Con una era suficiente…
—No… no lo era, no para mí. Quiero estar cien por ciento segura que tus amiguitos no han montado fiesta en mi útero. ¿Entiendes?
—¿Tan horroroso sería para ti tener un hijo mío? —murmura mientras acaricia mi mejilla.
—¡Oh, perdona! Por supuesto que me sentiré honrada de tener un hijo de un hombre con el que me acosté una vez porque estaba borracha como una cuba…
—Lo dices como si lo que pasó entre nosotros fuese algo sórdido —su mano no ha dejado mi rostro y ahora acuna mi mejilla con ternura.
—No sé si fue sórdido o no, Edward. No lo recuerdo… no recuerdo nada de esa noche excepto despertar en mi cama y notar que alguien más había dormido allí, y no supe que eras tú hasta que saliste del baño.
—Entre tú y yo es imposible que lo haya sido, Bella. Yo te quiero…
—Como a una amiga, sí, ya… lo sé —le corto antes que lo verbalice. No podría soportar escuchar de nuevo esas palabras en su boca. Ya las escuché una vez, y me duele aún hoy.
—¿O quizás como a algo más? —¿Te lo está preguntando? O sea que no lo sabe. ¡Pues estamos apañadas!
—No hace falta que hagas esto, Edward —musito. Está intentando hacerme creer que siente algo por mí, o que puede que lo esté comenzando a sentir, pero sé que es porque está preparando el terreno en el caso de que esté embarazada. Sé cómo es él, y cómo es su familia, sé que se sentirá en la obligación de casarse conmigo y sabe que no lo haré si no hay sentimientos de por medio.
—¿Hacer qué?
—No finjas que puedes sentir algo más por mí, me harás más daño del que imaginas cuando descubra que me estás mintiendo. —Sí, por favor, no nos mientas más, ya es bastante doloroso con la verdad. Me doy la vuelta y sujeto la manilla de la puerta de su coche con fuerza, no le miro, sólo espero a escuchar el sonido de las puertas al abrirse y entro en el coche. Él da la vuelta y entra también, y antes de encender el vehículo, suspira.
—Me conoces, Bella. Yo no finjo.
Se calla y no dice nada más, se limita a conducir por las atestadas calles neoyorquinas hasta llegar a nuestro edificio. Mete el coche en el garaje, lo estaciona y se baja. Lo veo dirigirse a mi puerta decidido a abrirla para mí como todo un caballero, pero la abro antes y me bajo del coche. Sus manos están en los bolsillos de sus pantalones negros, lleva los dos botones superiores de su camisa abierta y la corbata aflojada. Me mira intensamente pero no dice nada. Subimos en silencio en el ascensor, está a mi lado, muy, muy cerca, tanto que puedo sentir el calor que desprende su cuerpo, llega en oleadas a mí y siento tentación de acercarme a él, rodear su cintura de nuevo con mis brazos y esconderme en su pecho. Quiero volver a sentirme protegida en sus brazos, pero es algo que no puedo permitirme.
Abro la puerta de casa y entro. Dejo la bolsa cargada de pruebas sobre la isla de la cocina y concienzudamente las voy separando por tiempos de espera. Las hay de dos y tres minutos. Quito una prueba de cada cajita, y descubro que en todas ellas hay más de una. Oh, genial… tendremos pruebas de embarazo en casa para el resto de nuestra vida reproductiva… ¿Cuántos has comprado? ¿Veinte? ¿Veintiuno? Las cojo todas y me dirijo al baño, con Ed siguiéndome los pasos a escasa distancia. Las dispongo todas en línea sobre la encimera del baño, cada una sobre su folleto correspondiente. Veamos… incluso las hay digitales y otras son, digámoslo así, analógicas. Tengo que mear sobre ellas, en algunos casos incluso tengo que mantenerlas en el chorrito durante un preciso período de tiempo. Vale… son nueve tests, así que… ¿podré mear durante tanto tiempo? Mujer… si te bebes toda el agua del puto Mississippi es posible… ahora mismo dudo que puedas mear como para hacerte dos pruebas… Piensa, Bella, piensa… ¡Ya lo tengo! Mearé en un frasquito y los empaparé de ahí, a fin de cuentas, cuando te hacen análisis de orina lo hacen así ¿no? Rellenando un puto vasito… no creo que cambie tanto las cosas… ¿O sí?… Voy a la cocina y saco de la despensa uno de los botes que tengo guardados para cuando hago confituras, tengo que recordarme a mí misma que lo tire después… Sí, por favor, no queremos mermelada en donde has dejado tu agüita amarilla…
Saco a Ed del baño a empujones. Aún no ha dicho ni una sola palabra. Se ha limitado a verme correr por mi casa, llevando y trayendo cosas de un sitio a otro, como una gallina sin cabeza. Cierro la puerta y paso el seguro.
—Bella, ¿de verdad es esto necesario?
—¡Sí! —chillo. Ni de broma voy a permitirle que me vea meando en un frasco de mermelada, por muy preñada que me haya podido dejar. ¡Ah, no! Eso sí que no… Pues como haya dado en la diana, va a ver mucho más cuando des a luz… exactamente ¡TODO EL POTORRO! Además, no es como si no lo hubiese visto antes… visto y catado… recuerda… bajó al pilón…
Trato de no hacerle caso a mi jodida voz interior. Tengo muchas cosas de las que preocuparme ahora mismo, como sentarme y hacer pipí en un frasquito de cristal. Me pongo a ello y lo lleno… ¡Dios! Esto es asqueroso…
Dejo el frasquito sobre la encimera, y uno a uno voy abriendo las envolturas de las pruebas. Mojo las puntas y las voy dejando conforme las voy utilizando. Una vez que ya están todas –las nueve–, tiro el sobrante por el inodoro y pulso el botón de la cisterna. Bajo la tapa y me siento allí, pendiente de mi reloj, hasta que pasan tres minutos. Ciento ochenta segundos que en cualquier otro momento me habrían parecido una nimiedad, pero que ahora mismo se me están haciendo eternos. Oigo unos golpecitos en la puerta.
—Bella… ¿estás bien?
Quito el seguro y le permito que entre. La parte asquerosa ya ha pasado y a fin de cuentas Ed es médico. Supongo que no le parecerá asqueroso ver la línea de pruebas de embarazo que ahora decora mi lavabo. Supongo que no… o al menos no más asqueroso que otras cosas que tiene que ver a diario ¿no? Le veo sonreír y rascarse de nuevo la nuca. Hoy lo está haciendo mucho, así que supongo que ésta situación le está resultando tan incómoda y difícil como a mí.
—¿Nueve? ¿Te has hecho nueve pruebas? —Mira, que bien… aquí Mr. Pollalegre sabe contar… Arqueo una ceja y no respondo… ya conocéis el dicho… "A preguntas embarazosas, respuestas anticonceptivas". Creo que deberías haberte preocupado antes de los anticonceptivos, en éste momento y lugar ya no tiene mucho sentido, la verdad. Suspiro y agito mi cabeza un par de veces para despejarme, entre el posible embarazo, la cercanía de Ed y mi puta voz interior estoy al borde de un ataque de nervios. Cuadro mis hombros y comienzo a mirar las pruebas…
Sujeto la primera en mis manos, debajo, al igual que en todas las demás, está el folleto de instrucciones que venía en la caja. Es un test digital, así que debería ser fácil de leer. Un "SI" o un "NO" aparecerá en la pantalla.
"?"
Un jodido signo de interrogación… Mira… ni los putos test de los cojones se atreven a decirte si estás o no embarazada… Miro el folleto y compruebo que es un signo para reportar un error. ¡Un jodido error! ¡Ya sé que fue un error acostarme con Ed! ¿Sabes puto test de los cojones? ¡Ya lo sé! Pero estaba piripi… ¡Coño! ¿Es que nadie se ha cogido jamás una borrachera de las que hacen historia? Tú… por una puta vez en tu vida te desmelenaste… y mira el resultado.
Ed me mira curioso, está esperando a que diga algo, y supongo que tengo que hacerlo ¿no? A fin de cuentas también sería hijo suyo.
—Éste ha dado error… —Suspiro y lanzo la prueba al cubo de la basura de acero inoxidable que tengo bajo la encimera.
Voy a por el segundo. Éste es analógico… dos líneas "habemus baby", una línea… ¿siga intentándolo? Muy graciosa…
Una sola línea. Bien. Negativo.
—Negativo —informo. Ed permanece serio, mirando las siete pruebas que aún descansan sobre la encimera de cuarzo.
El tercero tiene un sistema distinto. Si en la ventanita aparece una raya, sus soldaditos habrán hecho de mi óvulo un prisionero de guerra. Si no hay rayita… ¡yupi! Mi óvulo es un tío listo y se ha dado el piro.
Mierda… hay una línea muy, muy tenue aquí… ¿Qué coño quiere decir si la línea está, pero es casi invisible? ¿Hay grados de preñez? ¿Está usted preñada al cuarenta y cinco por ciento? Me giro hacia Ed y le enseño la prueba.
—¿Tú ves una rayita?
—Sip —dice serio—, tenue, pero está ahí —dice mientras señala con su dedo la puta ventanita de los cojones. ¡Genial! Uno para el montón del sí.
Cuarto. Otro test digital. En este debería salir un "Embarazada" o "No embarazada" al menos es claro. Pero cuando miro la pantallita lo que sale es un libro. Un puto libro. Un jodido libro de mierda. ¿Qué coño significa una mierda de libro? Pues como el primero… un jodido error. Lo lanzo de mala gana al cubo de acero mientras Ed me mira ceñudo.
—Otro error… —susurro.
A por otro. Ya solo quedan cinco y por el momento vamos empatados. Un "sí" y un "no", amén de dos errores como dos soles.
Veo un signo menos en la ventana, compruebo en el folleto su significado y es negativo. Genial… ya gana 2-1.
—Negativo —casi puedo sentir su tensión, y me pregunto por qué está tan tenso. ¿Qué quiere él que salga? ¿No te acuerdas que dijo que no quería que hubiese consecuencias de lo que pasó? Obviamente quiere que no lo estés y ahora mismo debe estar rezando todo lo que sabe para que sea así.
El siguiente, el sexto, tiene el sistema de dos rayitas. Una rayita, no, dos rayitas… ¡premio! Asustada, lo acerco a mi cara y puedo ver una raya muy clara, pero a su lado, más difuminada, hay otra.
—¿Cuántas rayas ves ahí? —le pregunto.
—Dos… hay dos rayas, Bella. Positivo —¿Cómo lo sabe? Es médico, si fue capaz de sacarse la carrera no creo que sea tan complicado leer el resultado de un jodido test de embarazo ¿no crees?
El siguiente tiene un signo positivo dibujado en la ventanita de control. Débil, pero está ahí, y eso es algo que no puedo obviar, por supuesto. Genial. Dos positivos seguidos. ¿Cuál era el recuento? 2-3 ganando los positivos. Mierda… va ganando por uno. ¿Podemos dejar ya ésta tortura, nena? Parece un jodido partido de fútbol y tal y como va la cosa, vamos a terminar yendo a los penaltis… Muy está muy simpática hoy y sabe cómo sacarme de mis casillas. Ya he mirado siete pruebas y ésta tensión me está matando, así que decido mirar las dos últimas rápidamente, sin tanta ceremonia. En uno de ellos no hay nada. La ventanita está en blanco. Miro el folleto de instrucciones y es uno de los de "mantener durante cinco segundos en el chorro de orina"… pues vale… no lo habré metido cinco segundos exactos… tampoco es que me haya traído un puto cronómetro… así que todo se reduce al último. Un "no embarazada" relumbra en la pantallita. Genial. 3-3 y tres putos errores…
—Creo que seguimos igual que antes—digo enfadada. Ed se acerca y observa los montoncitos que he hecho. Tres positivos en la derecha, tres negativos a la izquierda, un "ni puta idea" en el centro y dos más con errores que ya han aterrizado en la basura.
—Tranquila —susurra y vuelve a acariciar mis brazos. Se acerca a mi espalda y puedo sentir cómo su cuerpo se alinea con el mío, su cabeza desciende lentamente hacia mi cuello y deja allí un suave beso. Puedo vernos en el espejo que cubre la pared del baño, lo observo mientras sus brazos me rodean en un cálido abrazo, y de pronto despierto del trance que su actitud me ha inducido.
—¡¿Qué estás haciendo?! —Creo que se da cuenta de la situación en la que estamos los dos, porque se aparta y me mira apesadumbrado.
—Lo siento, Bella…
—Escucha, Edward… es posible que no lo hayamos podido aclarar aún, supongo que eso sólo significa que tendremos que esperar un par de días y repetir las pruebas o ir al ginecólogo y que me las hagan allí, pero quiero que te quede claro una cosa. Estoy saliendo con Tony, y me gusta. Mucho. Si finalmente estoy embarazada supongo que tendremos que buscar alguna forma de equilibrio para que lo mío con Tony funcione y tú puedas estar cerca de tu hijo, si es que quieres estarlo, pero que esté aquí —aseguro mientras sitúo una mano en mi vientre—, no significa que las cosas entre tú y yo hayan cambiado. No es necesario que te sacrifiques y me pidas matrimonio o algo por el estilo. Sabes que no me casaría con alguien que no me quiere.
—Pero yo te quiero… —susurra mientras sujeta mi mano entre las suyas—. Bells, yo te quiero…
—Somos buenos amigos, Edward. Tú mismo lo dijiste hace unas semanas, ¿lo recuerdas? Lo somos, pero un matrimonio no se puede fundamentar sólo en eso. Debe haber amor, no sólo cariño.
—¿Y si fuera amor?
—No lo hagas, ya te lo dije antes en el coche. Me harás mucho daño si me haces creer que estás enamorado de mí solo porque esté embarazada. Cuando lo descubra, y lo descubriré antes o después, porque el amor no se puede fingir, ¿cómo crees que me sentiré?
—¿Y si no lo estoy fingiendo, Bella? ¿Y si durante éstas últimas semanas me he dado cuenta que siento por ti algo más que un simple cariño?
Agito mi cabeza y salgo hacia la sala. Necesito un lugar con más espacio. Su cercanía me está volviendo loca.
—No te escapes…
—¿Tenemos que hablar de esto?
—¡Sí! ¿Podemos por una vez decirnos lo que sentimos de verdad?
Mis manos tiemblan visiblemente. Creo que estoy a punto de desmayarme. ¿Quiere que hablemos de nuestros sentimientos? ¡Yo le pregunté por sus sentimientos hace unas semanas y dejó perfectamente claro que sólo éramos amigos! Sólo amigos.
—Vale, Edward… Dime… ¿qué sientes?
—Siento que te estoy perdiendo. Siento un fuego que me consume cuando te veo con otro hombre. Siento ganas de arrancarle las manos al que ose tocarte. Siento que nadie está a tu altura, ni siquiera yo. Sobretodo yo. Siento que te quiero en mi vida, que no quiero despertarme un solo día más si sé que no voy a verte. Siento que he perdido una parte de mi alma, porque durante éstas últimas semanas te has alejado. Siento todo lo que haya dicho, todo lo que haya hecho que te ha llevado tan lejos de mí. —Mientras habla, se acerca a mí hasta tenerme pegada a su cuerpo, rodeada por sus brazos, sin escape—. Siento que moriré si te tengo lejos un solo día más. Siento que moriré si no te beso…
Y sin darme la oportunidad de alejarme, de apartarme, sus labios descienden sobre los míos y los acarician con ternura y candor. Suaves, dulces, se mueven sobre los míos mientras sus manos se enredan en mi cabello, asegurándome allí, impidiéndome huir. Ni siquiera lo intento. No quiero huir. Siento que estoy en casa, y esa sensación es tan tentadora, tanto, que durante un breve instante ni siquiera me planteo el apartarme, hasta que vuelve a mi mente el Edward que he conocido, el mismo que hace apenas unos días tenía una rubia en su ducha mientras trataba de hablar conmigo, el mismo cuya cama parecía más una estación de tren para rubias pechugonas. Y cuando me doy cuenta de todo eso, cierro mis labios con fuerza y trato de apartarme. Creo que se da cuenta, porque me libera y me mira con pena en sus ojos.
—No me crees…
—No, Ed… no te creo. Por favor, márchate. Necesito estar sola. Iré al médico mañana y te diré el resultado.
—Quiero ir contigo, por favor… déjame al menos ir contigo.
Asiento débilmente.
—Está bien.
—Te organizaré una cita con una colega del hospital…
—¿Una rubia? —No, por favor, que no sea uno de sus ligues…
Creo que se da cuenta de a qué me refiero, porque su gesto se endurece, agita la cabeza y suspira.
—No, Bella… una lesbiana.
—Muy gracioso, Ed.
—Es morena. No te preocupes, no me la he cepillado ni nada por el estilo.
—Ya, no es tu tipo.
—No, Bella. Las morenas no sois mi tipo. —Su rostro se contrae por un sentimiento que no consigo descifrar—. Mañana. Te recojo a las nueve.
Asiento y lo acompaño hasta la puerta.
—Buenas noches, Bella —dice mientras deja una caricia en mi mejilla.
—Buenas noches, Edward —digo y cierro la puerta.
Lo primero ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, SARAI! Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz! Sé que sería más vistoso si pudieses oírlo, pero créeme, no quieres que eso ocurra (oírme cantar). De todas formas, Feliz Cumple, nena y gracias por betear esto tan rápido.
Muchas gracias también a todas las que habéis agregado esta historia a vuestra lista de seguimiento o a favoritos, a las que leéis en la sombra.
Estoy alucinando, porque ya hemos pasado de los 500 reviews en esta historia. No sabéis la ilusión que me hace, así que aquí va mi agradecimiento:
¡GRACIAS!
marieisahale, abys, Loonydraconian, MONIELITA CULLEN, Angie Masen, Gretchen CullenMasen, Gema'Arellano, freedom 2604, Lizzie Ferrell, bitha-granger, Eve Runner, viivii alice, aleshita-luvs-paramore, zujeyane, LicetSalvatore, Gatita Cullen, lokaxtv, Maribel hernandez cullen, camela, Grace, Jade HSos, Tanya Masen Cullen, Gatita Swan, aliceforever85, Nyx-88, Dess Cullen, nesines, ev76, AnTwilight, The letters of Breaking Dawn, Any mary cullen, Fran Cullack, yolabertay, kikaly, Mon de Cullen, Masilobe, Ise2289, evetwilight, Yoa P. Stewart, analang, Barbybells, Anita belen, Namikaze yuki, Manue Peralta, Eretirelf Oliuga, kerbel, Danny Ordaz, Eli Val, eLiZ cKs, alondrixcullen1498, Shibubi, nina, the rainbowgirl, locaxtv, LyricalGirl, Anilu-Belikov, jhanulita, torposoplo12 y cavendano13. También a todos aquellos comentarios anónimos.
MUCHÍSIMAS GRACIAS.
Bicos y hasta el próximo capítulo.
Noe
