N.A: Como les había contado, este capítulo es en realidad una segunda parte del anterior (ambos eran parte del mismo, pero se extendía demasiado y las temáticas eran muy distintas). Dicho eso cumplo con lo prometido. Con respecto a este capítulo, el comienzo es algo débil (por lo de haber separado el capítulo original)... pero el final es una de las partes que más me ha agradado (y dolido) escribir.

Otra cosa, sería ideal tener a mano un mapa de las Tierras de los Ríos al leer este capítulo, la wiki ayuda bastante :D

No se diga más.


El enterarse que el ejército de Lord Tywin había escapado causó diferentes reacciones en el norteño y sus compañeros. Yohn Royce y el Pez Negro maldijeron profusamente en voz alta, Robb lo hizo más disimuladamente. Las tensas miradas de los silenciosos Domeric y Edric no exteriorizaban lo que sentían, pero el Stark estaba seguro que estaban tan contrariados como él mismo.

Tras la rabia inicial decidieron actuar. El Pez Negro mandó a más exploradores en todas direcciones para intentar descubrir dónde demonios estaban los Lannister, mientras Bronze Yohn y Domeric volvieron a su propio ejército para organizarlo en el ingreso al castillo de Harren el Negro.

Medio día después, la mayor parte de sus fuerzas ya estaban acampadas tras los muros de Harrenhal. El tamaño del castillo era increíble, aún con casi cincuenta mil hombres dentro de él aún tenía espacio disponible. Pero eso no quitaba que el ejército de Robb y sus aliados era muy grande, así que por primera vez desde el Gran Torneo de Harrenhal que se volvía a ver tanta vida dentro de la fortaleza. Los establos estaban llenos a rebosar, las cocinas funcionaban a plena capacidad, y había que hacer una fila de horas para ocupar tanto su famosa sala de baños como la gran herrería.

Pero el tamaño de tal ejército también fue un problema cuando esa noche tuvieron que llamar a un consejo de guerra para decidir qué hacer. Ningún noble quería quedarse sin dar su opinión, fuera un gran señor o un pequeño caballero con tierras. Es por eso que casi se podía armar otro ejército solo con quienes se reunieron en la Sala de las Cien Chimeneas para dicha reunión.

Robb, Yohn Royce y Ser Stevron eran quienes estaban sentados en la mesa más alta, cada uno actuando como líderes de los nobles de sus regiones. Viento Gris descansaba debajo de la mesa, atacando de vez en cuando los pedazos de carne que su amo le lanzaba. El Pez Negro era quién originalmente debía representar a los señores de las Tierras de los Ríos, pero el veterano caballero había decidido partir de la fortaleza para liderar a los exploradores que buscaban señales de Lord Bracken. Es por eso que el primogénito de Lord Frey estaba en aquella posición.

Bajo la tarima, casi cien señores, herederos, caballeros y capitanes discutían entre ellos sobre qué había que hacer ahora. La comida y la bebida corrían abundantemente por las mesas, para la incomodidad de Robb. "No podremos alimentar tanto a tantas bocas por mucho tiempo" pensaba el norteño.

No estaban presentes ni Bran, que partió de Harrenhal acompañando a su tío unas horas atrás, ni Edric, que había estado toda la tarde esperando su turno en la herrería. El dorniense le había dicho que no pretendía salir de ella hasta que el medallón que Arya le había regalado estuviera finalmente reparado, ya que no había tenido la oportunidad de hacerlo desde que salieron de Puerto Gaviota.

Domeric si estaba presente, pero se había sentado en una de las mesas bajas conversando alegremente con los hijos de Lord Redfort sobre el pasado. Theon también estaba presente, pero el hijo del hierro estaba sentado entre los hombres de Invernalia bebiendo silenciosamente una cerveza, ajeno a las conversaciones.

Robb lo miró un instante con lástima. Ya se había admitido a sí mismo que se había equivocado en el trato al hijo del hierro tras lo sucedido con Lord Grafton, pero hasta ahora no había tenido la oportunidad de decírselo. Quizás lo haría más tarde, pero por ahora el bullicio de los nobles discutiendo era demasiado alto como para pensar en otras cosas.

Alcanzaba a escuchar algunas de las conversaciones.

-Yo digo que no debemos esperar más. ¡Avancemos de inmediato sobre Desembarco del Rey y no nos detengamos hasta colocar varias cabezas rubias sobre las picas de la Fortaleza Roja! –gritó el Gran Jon, sosteniendo una gigantesca jarra de cerveza con el brazo que había recibido dos flechazos hace poco más de un mes. Su exclamación fue apoyada por varios norteños y unos pocos ribereños, pero ningún señor del Valle pareció conmovido por sus palabras.

-No creo que ese sea el mejor curso de acción, Jon. –respondió escuetamente Ser Symond Templeton, representando la opinión de sus coterráneos.

El Caballero de Nuevestrellas era un hombre pequeño en la medianía de su vida, con brillantes ojos azules y una llamativa barba negra puntiaguda. A simple vista uno podía subestimarlo, pero las cicatrices en su cara y su nariz rota lo marcaban como un curtido veterano de la Rebelión de Robert.

Y parecía que el Gran Jon lo reconocía como tal, porque increíblemente el gigante se quedó callado para escucharlo. Lo mismo hicieron casi todas las personas cercanas a su posición.

-El ejército de Lord Tywin puede haberse refugiado en cualquiera de los castillos que hay entre nosotros y la capital. –continuó Ser Symond, señalando un mapa de las Tierras de la Corona que estaba estirado sobre su mesa. -Hayford, Rosby, incluso Stokeworth; todas son posiciones que si son bien defendidas pueden detener el avance de nuestro ejército. Pero bueno, la verdad es que no me preocuparía demasiado sino fuera por otro hecho.

Tras decir eso apuntó un poco más al norte en el mapa. –Poza de la Doncella sigue en manos de los Lannister, y ningún explorador se ha logrado acercar lo suficiente como para estimar el tamaño de su guarnición. Temo que sea una hueste mayor a la que creemos. Una hueste que podría atacar nuestra retaguardia mientras enfrentamos a las fuerzas de Lord Tywin.

-El Martillo y el Yunque, una táctica para destruir ejércitos tan vieja como efectiva. –añadió Lord Horton Redfort, quién estaba sentado entre Ser Symond y Lord Bolton. El Señor de Fuerterrojo era un hombre viejo que durante la Rebelión de Robert extrañamente se había hecho amigo del pálido Señor de Fuerte Terror. Domeric había vivido su juventud en El Valle gracias a esa amistad, para su propia fortuna.

Lord Redfort tosió antes de seguir –Lo que le pasó a Daemon Fuegoscuro en Hierbarroja es prueba de que avanzar ciegamente a la capital es algo a lo que no podemos arriesgarnos.

El caos de la discusión se reanudó cuando varios nobles intentaron hablar a la vez. Los norteños querían golpear la capital lo antes posible, buscando ajusticiar a Joffrey por lo que le había hecho a Lord Eddard y rescatar de paso a Lady Sansa. En cambio los nobles del Valle aconsejaban mesura, buscando no arriesgarse más de lo realmente necesario.

En cuanto a los ribereños, había algunos que querían vengarse por lo que el Rey había hecho con el yerno y la nieta de Lord Tully, pero la mayoría quería expulsar a los Lannister de sus tierras antes de ello. Las palabras de Ser Stevron eran prueba de ello.

-Comparto la opinión de Lord Redfort. –dijo el anciano Frey, mirando pausadamente a los señores debajo de él. –No podemos pensar en atacar Desembarco del Rey sin liberar antes Poza de la Doncella. Todos sabemos lo que Gregor Clegane hizo con los pobres Mooton, lo mínimo que podemos hacer para honrar su memoria es liberar lo antes posible a su hogar de esa escoria.

Sus palabras fueron apoyadas por Lord Darry y varios señores del Valle, pero no tanto por los norteños.

-Creo podemos llegar a un punto medio. –dijo un cansado Yohn Royce, intentando conciliar a ambas partes. –Tenemos suficientes hombres como para avanzar al sur y enviar una hueste a liberar Poza de la Doncella al mismo tiempo. Dividir nuestras fuerzas es algo arriesgado, pero no podemos ganar esta guerra luchando a la defensiva.

Robb estaba por expresar su acuerdo con tal opinión, pero justo en ese instante otro hombre se puso de pie para hablar. Un hombre que había aprendido a detestar en el poco tiempo que llevaba con él.

Lyn Corbray era alto y delgado como una vara, con una mirada severa y una melena de pelo marrón que se extendía hasta sus hombros. Era alguien cuya apariencia indicaba a gritos peligro, aún sin tomar en cuenta la espada de acero valyrio que colgaba de su cintura.

Él y las fuerzas de su Casa habían sido los últimos en unirse al ejército del Valle antes de que este partiera de las Puertas de la Luna. Lord Lyonel, su hermano mayor y cabeza de la Casa Corbray, había alegado una enfermedad que le impedía dejar su castillo para acudir a la guerra, así que era Ser Lyn quién lideraba a las huestes de Hogar, posicionándole entre los señores más poderosos de la alianza.

Por eso es que tanto Robb como Yohn Royce estaban obligados a escuchar sus opiniones, las que lamentablemente siempre eran excesivamente rupturistas.

-Mis señores Frey y Royce hablan de ser cautelosos, de calcular cada movimiento contra los Lannister como si esta guerra fuera una partida de sitrang. –comenzó a decir Ser Lyn, el rubí de la empuñadora de Dama Desesperada resplandeciendo bajo su capa azul. El caballero sonrío antes de continuar. –Yo pienso lo contrario. ¿Acaso Joffrey fue cauteloso al ordenar la ejecución de Lord Stark? ¿Acaso Lord Tywin actuó prudentemente al invadir las Tierras de los Ríos? ¿Acaso dudó antes de matar a los Mooton o quemar las aldeas alrededor de Harrenhal?

Desenvainó a la oscura espada valyriana, levantándola mientras hablaba.- Sabéis tan bien como yo que no fue así. El tiempo de la cautela se acabó mis señores. Debemos avanzar con todas nuestras fuerzas a Desembarco del Rey y acabar con esta guerra lo antes posible.

Su discurso fue apoyado con un rugido por varios de los señores norteños, el Gran Jon y Lord Karstark siendo los más elocuentes. Sin embargo, ni los ribereños ni los demás señores del Valle se mostraron muy entusiasmados con las palabras de Corbray. Robb decidió que era momento de tomar la palabra.

-Mis señores, creo que no hay nadie en esta sala que tenga tantas ganas de ajusticiar a Joffrey como yo. –dijo el norteño, estudiando cautelosamente las caras de los nobles mientras él mismo exhibía una expresión seria en sus facciones. –Es por eso que me resulta tentador atacar la capital lo antes posible, como sugieren Lord Umber y Ser Lyn. –Su expresión en endureció antes de seguir, luchando contra sus propios sentimientos al recordar a su difunto padre.

Aun así logró encontrar fuerzas para decir las palabras que tanto detestaba.

–Pero no podemos hacerlo.

Lord Karstark se levantó de su mesa enfurecido, maldiciendo al Señor de Invernalia mientras se acercaba a la tarima donde estaba Robb.

-¡Este crío está tan verde como el verano y ya me aburrí de seguir escuchando sus charlas inútiles! ¿Hemos marchado por medio continente para vengar a su padre solo para que nos diga que tenemos que seguir esperando? –rugió el Señor de Bastión Kar, rechazando a su hijo Harrion cuando este intentó detenerlo. –¡Escúchame niño, o atacamos a los Lannister ahora o…

Viento Gris se levantó para posicionarse entre su amo y Lord Karstark, el inmenso huargo mostrando sus largos colmillos mientras gruñía al segundo. La visión de pesadilla hizo que el norteño se detuviera en medio de su discurso.

-¿O qué Lord Karstark? –preguntó Robb con una voz severa como el invierno. Todos los presentes se quedaron callados mientras observaban el intercambio entre ambos hombres. -¿Desafiareis mis órdenes y os convertiréis en un perjuro? ¿U otra cosa?

-Yo… -dijo Lord Rickard, mientras alternaba su vista entre Robb y el huargo que había entre ambos. Encontró fortaleza para continuar hablando, pero la ferocidad con la que había empezado sus palabras había desaparecido –Me llevaré a mis hombres de vuelta a casa. El invierno se acerca y prefiero que estén trabajando en mis campos por una última cosecha, antes que sigan sin hacer nada mientras esperamos que su señoría se decida a atacar.

Ambos hombres mantuvieron el contacto visual en silencio, desafiándose para ver quién apartaba la vista primero. Afortunadamente para Robb, la intromisión de Viento Gris había mermado mucho la confianza del Señor de Bastión Kar, por lo que fue el primero en hacerlo.

Pero aun así debía darle una lección al señor por su insolencia.

-Podéis hacerlo cuando queráis. –comenzó Robb, con una expresión tan amenazadora como la de su lobo. –Pero no dudéis que cuando acabemos con los Lannister volveremos al norte, os sacaremos de vuestro castillo y os colgaremos por haber roto vuestro juramento.

La cara de Lord Rickard resplandeció con furia, e hizo un ademán de llevar su mano a la espada que fue imitado por varios miembros de la guardia de Robb, pero antes de que pasara cualquier cosa fue encarado por su hijo Harrion.

-¡Basta ya padre! ¿Con quién crees que estás hablando? –dijo el heredero de Bastión Kar, con enojo en su cara. Indicó a Robb con una mano antes de seguir hablando. -¿De verdad consideras que nuestro señor es un crío del verano? ¡Luché junto a él en Puerto Gaviota y puedo dar fe de que es todo lo que un Stark debe ser!

Sus palabras fueron apoyadas por casi todos los norteños presentes. Sorpresivamente uno de los más efusivos fue el Gran Jon, que incluso se levantó para gritar a favor del Señor de Invernalia. Harrion avanzó un paso y se puso delante de su padre, dándole la espalda a Viento Gris y Robb.

-Tú eres el padre y yo el hijo, así que no puedo darte órdenes. –la expresión del Karstark menor se endureció. –Pero te lo advierto. Si es que cumples tu amenaza y vuelves al Norte, yo me quedaré junto a Lord Robb… y no moveré un dedo cuando llegue el momento de que respondas por tus actos.

Las facciones de Lord Rickard se desfiguraron frente a las declaraciones de su primogénito, pero ni siquiera esa cara se comparaba a la que puso cuando sus dos hijos menores e incluso su hija Alys también se levantaron de sus asientos para colocarse junto a Harrion. Los cuatro Karstark menores dándole la espalda –metafóricamente- a su padre.

La sala quedó nuevamente en silencio, los únicos sonidos provenían del fuego que había en las chimeneas. Solo entonces Robb se dio cuenta de que su corazón estaba latiendo como si hubiera estado peleando por horas en el patio de entrenamiento de Invernalia.

Pero antes de que alguno de los presentes hiciera algo, el silencio existente fue interrumpido por el estruendo de una puerta al abrirse bruscamente. Todos miraron en la dirección del sonido, donde la identidad del autor de tal acción quedó descubierta.

El Pez Negro jadeaba, al parecer había corrido toda la distancia que había entre la sala y el lugar donde tuvo que dejar su caballo. Avanzó rápidamente entre las mesas, acompañado por Bran –que se quedó en las mesas junto a Domeric y Theon- y un hombre de mediana edad que tenía un semental rampante bordado en el jubón.

Ser Brynden miró curiosamente por un instante a los Karstark al llegar a la tarima, pero rápidamente se concentró e hizo una reverencia a Robb y Yohn Royce.

-Mis señores. –dijo el caballero, al tiempo que obligaba al hombre que lo acompañaba a que hiciera lo mismo.

-Ser Brynden. –respondió Robb, manteniendo la seriedad que había mostrado con los Karstark al hablar con su tío abuelo. –No esperábamos que volvieras tan pronto, así que deduzco que vuestra misión tuvo éxito.

-Así es. –respondió el Pez Negro, al tiempo que señalaba al hombre que lo acompañaba. –Mi acompañante es Ser Hendry Bracken, sobrino de Lord Jonos que fue enviado por él para explicar que pasó con su ejército. –la cara de Tully se ensombreció. -Temo que son graves noticias.

Robb estudió al caballero Bracken, observando que estaba bastante nervioso. Se giró para hablar en voz baja con Yohn Royce y Ser Stevron, que estuvieron de acuerdo con sus palabras. Tras ello los tres señores se levantaron de sus asientos.

-Disculpadnos amigos, pero debéis entender que mientras menos oídos se enteren de esto mejor. Nos retiraremos a un lugar más privado para escuchar a Ser Brynden, les informaremos más tarde de que pasó. –prometió el inmenso Lord Royce. Algunos de los caballeros y señores menores trataron de reclamar, Lyn Corbray liderándolos, pero la gran mayoría de los grandes señores entendieron la decisión de los líderes de la alianza.

Robb, Ser Stevron, Lord Royce y los recién llegados –incluyendo a Bran- salieron de la sala para dirigirse al despacho del castellano, un par de pisos más tarde. Harrenhal era tan grande que incluso esa habitación tenía el tamaño suficiente como para ser el despacho de un gran señor, así que no tuvieron problemas en acomodarse. Cerraron la puerta y cuando todos estuvieron sentados Ser Hendry comenzó a hablar.

-Mis señores, traigo malas noticias. –dijo el caballero. La tensión dentro del despacho se podía cortar con un cuchillo -El ejército de mi tío estaba acampado al oeste, a un día a caballo de aquí. Estábamos preparándonos para partir a reunirnos con ustedes cuando un jinete arribó con un mensaje desde Aguasdulces.

Se aclaró la garganta antes de continuar. –Os ahorraré los detalles, pero a grandes rasgos el mensaje decía que el ejército Lannister que estaba en el Colmillo Dorado había iniciado una invasión de las Tierras de los Ríos, y que Ser Edmure requería de nuestras fuerzas para enfrentarse a ellos.

La noticia fue recibida con diversos tipos de reacciones por los presentes. Tras la discusión sobre la desaparición de Lord Tywin la mayoría había olvidado la existencia del segundo ejército Lannister en la frontera con las Tierras del Oeste, así que tal noticia los había tomado por sorpresa.

-¿Qué tan grave es la situación? –preguntó Robb, con su corazón latiendo a mil.

-Hay tres lugares donde un ejército puede atravesar el Forca Roja antes de que se una al Piedra Caída en las cercanías de Aguasdulces. El Vado del Titiritero al sur, Molino de Piedra un poco más al norte, y el Camino del Río en la propia Aguasdulces.

El norteño asintió, recordando los mapas que había revisado tantas veces desde que había bajado al sur. El caballero continuó hablando, aún más incómodo.

-Los Lannister dividieron sus fuerzas y atacaron los tres lugares a la vez. Ser Edmure había fortificado el Camino del Río y logró rechazar a los Lannister… pero no había pensado en la posibilidad de que atacaran los vados del sur también, así que solo dejó guarniciones pequeñas en ellos. –su cara se ensombreció- Los vados cayeron con pérdidas altísimas. Lo último que supimos es que Princesa Rosada había caído y que una hueste Lannister estaba quemando todo a su paso entre Alto Corazón y el Aguasnegras. Es por eso que mi tío no pudo reunirse con vuestras fuerzas, en estos momentos está cabalgando al oeste para reunirse con Ser Edmure.

-Conozco a Stafford Lannister y sé que es cualquier cosa menos un gran comandante. –dijo Yohn Royce, extrañado. –Me cuesta siquiera imaginar que se le ocurrió un plan así, y menos que él está liderando a las fuerzas Lannister que están arrasando con todo a su paso.

-No sé si él fue el autor del plan, mi señor. Pero si puedo negar lo segundo. –respondió Ser Hendry, un poco más repuesto. –Ser Stafford murió en la batalla que hubo en Aguasdulces, su hijo Daven sobrevivió y se retiró al Colmillo Dorado con aquellos hombres que pudo salvar.

-¿Y entonces quién lidera al ejército Lannister que está quemando las tierras de mi abuelo? –preguntó Robb, ansioso por la respuesta.

El caballero ribereño lo miro antes de responder, miedo reflejado en su mirada.

-No sé cómo puede ser posible, mi señor, de verdad que no lo sé… pero un jinete de Atranta con el que nos encontramos había visto a los Lannister… y dijo que su líder era un gigante de acero.

Robb se paralizó, había escuchado esa descripción anteriormente. "Un gigante de acero con una armadura demasiado gruesa, que podía tomar un espadón con una sola mano" había dicho un lloroso aldeano, que sostenía en sus brazos el cadáver de alguien de su familia.

-Ser Gregor Clegane- dijo el Señor de Invernalia, escapando de sus pensamientos. Hendry Bracken solo pudo asentir.

-La Montaña estaba junto al ejército de Lord Tywin, ¿cómo puede ser esto posible? –preguntó Ser Stevron Frey, reflejando la propia interrogante que había en la cabeza del norteño.

-Creo que es obvio. –dijo el Pez Negro, mientras Yohn Royce asentía a un lado. –Tywin Lannister tenía bloqueados el oeste y el norte, así que solo había una dirección a la cual podía trasladarse.

-Al sur. –completó Bronze Yohn, mientras exhibía una expresión de disgusto. –Donde pudo rodear el Ojo de Dioses y enviar a Ser Gregor a unirse a la hueste que cruzó los vados desde el oeste.

-Y ni siquiera tiene que haberse desprendido de muchos hombres para hacerlo. –siguió el Pez Negro, con una expresión aún más sombría. –Hay una larga distancia entre el Ojo de Dioses y el Forca Roja, pero con casi todos los vasallos de Edmure reunidos en Aguasdulces o con Lord Bracken, no había nadie que pudiera detener a un grupo medianamente grande de caballeros.

La historia parecía plausible, lo que disgustó aún más al Señor de Invernalia. Pero todavía había una interrogante sin respuesta.

-¿Pero que pudo llevar a Lord Tywin a abandonar Harrenhal en primer lugar? –preguntó en voz alta, dirigiéndose a todos y a nadie al mismo tiempo. –Tenemos más hombres que él como para presentarnos batalla en campo abierto, y si pretendía ocupar el Martillo y el Yunque en nuestra contra no existe un yunque mejor que el castillo más grande de Poniente. No veo un motivo lógico que le hiciera salir de aquí.

Todos los presentes parecían compartir tal duda, incluso el Pez Negro y Yohn Royce. El norteño estaba por darse por vencido en esperar una respuesta, cuando alguien abrió la puerta del despacho.

-Creo que yo tengo la respuesta a ello.

Edric Dayne parecía agitado, como si hubiera estado buscando frenéticamente la habitación. El dorniense tenía una carta abierta en sus manos y una expresión de alarma en su cara.

-¿Ned? ¿Qué sucede? –preguntó Robb con curiosidad, su mirada se endureció un poco al fijarse en la carta abierta en las manos del caballero. -¿Por qué abriste esa carta?

-Ya estaba abierta cuando me la entregaron –respondió el dorniense, mirando fijamente al norteño. Robb escudriñó sus oscuros ojos, podía reconocer cuando mentía y esa no era una de esas ocasiones. –La acaba de traer un jinete desde Darry. Me encontré con él en el patio cuando salí de la herrería, dijo que estaba buscándote para entregártela. Me ofrecí a traértela y por eso estoy aquí.

-¿La leíste? –preguntó el Pez Negro.

-Si –admitió Edric, incómodo. –Tenía el sello de Marcaderiva, y me causó demasiada curiosidad saber qué era lo que Lord Monford había escrito. Me arrepiento Robb, pero no pude evitarlo.

-No importa. –dijo Robb, pensando en que si él hubiera estado en el lugar del caballero hubiera hecho lo mismo. –Dámela Edric, ya no soporto más tanta incertidumbre.

El Señor de Invernalia recibió la carta de las manos de su amigo. Tras ello la leyó lo más rápidamente posible. Cuando término, la dejo caer sobre la mesa.

Miró a todos los presentes antes de hablar, preocupado.

-Son noticias de Bastión de Tormentas. –comenzó el norteño, sobrepasado por todo lo que estaba pasando en tan poco tiempo. –Renly Baratheon está muerto… y Stannis se dirige con su ejército a Desembarco del Rey.

-*-*-*-*.

Una semana después – cercanías de Septo de Piedra.

-Deberíamos volver Robb, ya nos alejamos bastante del pueblo y no creo que quede mucho tiempo antes de que anochezca. –dijo Edric mientras intentaba tranquilizar a su caballo. El animal estaba nervioso, al igual que la mayoría de las monturas del grupo de jinetes que lideraba Robb.

Normalmente no sería algo tan extraño debido a la presencia permanente del inmenso huargo del Señor de Invernalia. Pero en esta ocasión incluso el mismo lobo parecía estar intranquilo, y Robb no sabía que pensar al respecto.

Con la noticia del inminente ataque de Stannis a la capital, los líderes de la alianza finalmente habían decidido dividir sus fuerzas. Una parte se quedaría en Harrenhal, los señores del Valle irían al este para recuperar Poza de la Doncella, y Robb junto al Pez Negro liderarían a un ejército de norteños y ribereños en la búsqueda del ejército Lannister que estaba atacando el sur de las Tierras de los Ríos.

Tal decisión solo se había podido lograr tras una discusión bastante larga, en la que hombres como Lyn Corbray habían intentado hasta el último momento convencer a sus pares de lo contrario. Pero al final se había alcanzado un consenso y afortunadamente los señores lo habían respetado. Dejarían que los Lannister y Stannis se mataran entre ellos, esperando al sobreviviente para enfrentarse a él.

El horror que habían visto en los alrededores de Harrenhal al principio de la guerra lo volvían a ver ahora al oeste del Ojo de Dioses. Atranta, Torreón Bellota, Cascada del Volantinero y todas las aldeas que había en la zona habían sido quemadas y sus habitantes pasados por la espada. Lord Smallwood y Lord Vance estaban con sus soldados junto al ejército de Edmure en Aguasdulces, así que no pudieron hacer mucho para detener a los hombres de Ser Gregor.

Lady Smallwood y su hija afortunadamente habían huido a Septo de Piedra cuando recibieron noticias de lo que había ocurrido en los vados, no estando presente cuando la Montaña saqueó su castillo… pero de los Vance no se sabía nada. No había quedado una sola alma entre las ruinas de Atranta.

El último pueblo de importancia que quedaba en pie en la zona era Septo de Piedra, y ahí era donde el ejército de Robb se había dirigido. Habían acampado por tres días antes de que el Pez Negro partiera junto a mitad de sus soldados a recuperar los vados del Forca Roja, quedando Robb con poco menos de diez mil hombres para defender y patrullar los alrededores de Septo de Piedra.

La ausencia de noticias había llevado al aburrimiento al norteño, por lo que había decidido encabezar algunas de las partidas de jinetes que patrullaban las tierras de nadie entre el Aguasnegras y Alto Corazón. Algunos podían calificar tal decisión como arriesgada, pero Robb consideraba que era su deber como Señor de Invernalia.

Esta jornada había partido con poco más de cien jinetes, entre los que se contaban Edric, Theon, Domeric, Pequeño Jon, Daryn Hornwood, Torrhen Karstark y Olyvar Frey. Bran había partido junto al Pez Negro a recuperar los vados, por lo que Viento Gris era el único huargo presente.

Se habían dirigido al sur, bordeando uno de los afluentes del Aguasnegras. La zona estaba llena de árboles que bloqueaban la vista, por lo que para advertirles de algún peligro el norteño confiaba más en los sentidos de Viento Gris que en los ojos de sus vigías.

-¿Qué sucede Dayne? ¿Le tienes miedo a la oscuridad? –se burló Theon, mirando divertido al dorniense. Robb sabía que ambos se llevaban mal, pero se había disculpado hace poco con Theon y no quería tener que volver a enojarse con el hijo del hierro, así que guardó silencio frente a sus palabras. –Es bastante irónico considerando que quieres ser una "Espada del Amanecer".

Torrhen, Olyvar y el Pequeño Jon se rieron por el chiste del Greyjoy, pero el resto de sus compañeros guardó silencio. El propio dorniense ignoró tales palabras y miró a Robb esperando por una respuesta a su pregunta.

-Solo un poco más Ned. –le respondió el norteño. Le resultaba difícil concentrarse frente al nerviosismo de Viento Gris. Robb no lo podía explicar, pero juraría que podía sentir la ansiedad del huargo como si fuera propia, lo que le causaba curiosidad y le asustaba al mismo tiempo.

"Es casi como esa vez que me vi durmiendo, cuando después desperté y vi a Viento Gris en el lugar donde…", el norteño alejó esos pensamientos de su cabeza y se concentró para continuar hablando a Edric, que lo miraba extrañado.

-Debería haber un puente un poco más abajo en el río, quiero llegar ahí antes de volver. –le dijo finalmente. La respuesta pareció dejar satisfecho al dorniense, quién le dirigió una última mirada curiosa antes de volver a concentrarse en su caballo.

A Robb le costaba mantener su mente alejada de pensamientos sobre su huargo, así que agradeció sinceramente cuando Theon se acercó a él para comenzar a charlar.

-Relájate un poco Robb, Ysilla Royce no está aquí para verte como abandonas tu expresión solemne. –le dijo Theon, sonriéndole.

El norteño se maldijo a si mismo cuando se sonrojó. Había compartido bastante con la hija de Lord Royce en el tiempo en que habían viajado de Puerto Gaviota a Harrenhal, aprendiendo mucho sobre ella. Podía decir que era una persona con una empatía que resultaba envidiable, una dulzura que no caía en la ingenuidad, y una fortaleza mucho mayor a la que aparentaba su grácil apariencia exterior.

Una persona con la que no detestaría compartir el resto de su vida, si se era sincero.

Es por eso que se había lamentado cuando Ysilla se quedó tras los muros de Harrenhal mientras él tenía que dejar la fortaleza para viajar al suroeste. Todo el ejército había visto cómo se fue a despedir de ella antes de partir, solicitándole una prenda para llevar como favor en las batallas futuras.

-Sed fuerte mi señor. –le había dicho mientras ataba un listón a su brazo, un poco ruborizada frente a las miradas que los hombres del ejército le dirigían mientras hacía tal cosa.

-Lo seré mi señora, por mi familia…y por vos. –le había respondido Robb, observándola fijamente para ver como reaccionaba.

La muchacha se había puesto aún más roja y había apartado la vista por un instante, pero rápidamente se había controlado y le había dirigido una de las sonrisas más amplias que el norteño había recibido en su vida.

Definitivamente Theon era un buen maestro en el arte de contentar mujeres.

Estaba pensando en eso cuando el hijo del hierro interrumpió sus pensamientos.

-¿Y bien? –dijo el Greyjoy, mirando expectante a su amigo.

-¿Y bien qué? –preguntó el norteño, confundido.

-¿Pensaste en mi propuesta? –pregunto Theon, con una expectación apenas contenida.

-Ahhh, eso. –masculló Robb, incómodo.

Theon venía pidiéndole hace semanas que le permitiera volver a las Islas de Hierro para reunirse con su padre. Le había jurado que podría convencerlo que se aliara con ellos, dándoles el control de la Flota de Hierro para atacar las Tierras del Oeste. Tywin Lannister se vería obligado a defender su hogar si es que no quería perder el apoyo de sus vasallos, lo que les permitiría terminar la guerra mucho más rápido.

La idea era más que tentadora, pero Robb tenía un mal presentimiento cada vez que pensaba en ella. Es por eso que le había respondido con evasivas a su amigo, evitando negarle o permitirle el permiso para su plan.

-Lo he pensado Theon, pero todavía no tomo una decisión al respecto. –dijo finalmente norteño, sin poder mirar a los ojos a su amigo. La cara del Greyjoy se entristeció al escucharlo.

-Ah bueno. –murmuró Theon, sin poder esconder la desilusión en su voz. –Pues avísame cuando lo hagas. Volver a ver las torres de Pyke y a mi familia es algo que me quita el sueño.

"Tengo serias dudas sobre si tu familia te extraña tanto como tú a ellos", pensó Robb recordando lo que su difunto padre le había contado sobre la familia Greyjoy. De todos modos las palabras que salieron de su boca fueron otras.

-Lo haré Theon, no lo dudes.

Siguieron cabalgando en silencio. Atravesaron arroyos y subieron una colina mientras buscaban el dichoso puente. Con cada metro que avanzaban la ansiedad de Viento Gris aumentaba.

Cuando llegaron a la cima de la colina, pudieron divisar el puente que estaban buscando a no más de doscientos metros. Fue en ese instante cuando el huargo salió disparado en esa dirección, ignorando los llamados de Robb. El lobo se detuvo justo antes de cruzar el puente, gruñendo con el lomo arqueado mientras miraba a los bosques de la ribera contraria.

-Debe haber olido algo. –dijo Domeric, tan inexpresivamente como siempre. –Deberías ordenarle a un par de hombres que se adelantaran para reconocer el terreno.

Eso hizo. La otra ribera del río estaba tan cubierta de árboles como la propia, así que no podían ver lo que había ahí a la distancia en la que se encontraban. Un par de jinetes se separaron y cruzaron el puente antes que ellos, mientras el resto del grupo esperaba atento su vuelta al otro lado del curso de agua.

No tuvieron que esperar mucho antes de que los exploradores volvieran,

-Lord Robb. –le dijo uno, apenas deteniéndose para recuperar la respiración. –Hay soldados muertos en un claro de bosque que hay más adelante. Son muchísimos, casi un centenar.

-¿Que blasones tenían? –preguntó Robb, tenso por lo que había escuchado. Se había adelantado hasta encontrarse con Viento Gris, pero el lobo no lo tomaba en cuenta mientras continuaba vigilando el otro lado del río.

-Casas vasallas a los Lannister. –respondió el jinete. – No soy un experto en heráldica, pero todos tenían capas rojas que no dejaban duda de ello.

-¿Vieron algo más? –preguntó Domeric, que había apeado su caballo para colocarse al lado del Stark. Al igual que el caballo de Edric su montura no quería obedecerlo por temor al huargo, pero el control del Bolton era mucho más firme y logró forzarlo a obedecer.

-No, mi señor. No avanzamos más allá del claro. –respondió.

-Esto me da mala espina. –dijo Theon, jugueteando con el arco que llevaba colgado.

-A mí también. –añadió Edric, una expresión de preocupación en sus facciones.

Robb se detuvo a pensar un momento. Lo más seguro era volver a Septo de Piedra y volver con aún más hombres para investigar, pero no podía hacerlo sin quedar como un cobarde frente a los soldados que lo acompañaban ahora. Dom, Ned, Theon y sus otros amigos cercanos lo entenderían, pero no estaba seguro del resto. Había casi un centenar de hombres con él y si hacía algo así pronto serían cien bocas contando lo sucedido al resto de su ejército. La batalla de Puerto Gaviota le había otorgado una reputación que no quería perder.

Es por eso que decidió no tomar en cuenta sus instintos, que le gritaban peligro.

-Tenemos a casi cien hombres con nosotros. –dijo Robb, mirando a todos y nadie al mismo tiempo. –Creo que son suficientes como para cruzar el río sin tanto miedo.

Tanto Dom como Ned trataron de interrumpirlo, pero antes de eso continuó hablando en un tono que no dejaba espacio a discusiones.

-Aseguraremos el puente e investigaremos que mató a esos Lannister, es mi última palabra. –ordenó.

Sus hombres se apresuraron a obedecer. Viento Gris lo miró un instante dudoso, pero aun así siguió a su amo. Cuando la mayoría de sus hombres cruzó al otro lado le ordenó a Daryn y a unos arqueros que se quedaran cuidándolo mientras el resto se avanzaba. El heredero Hornwood se había molestado un poco por ello, pero Robb lo calmó con unas palabras.

-Volveremos pronto Daryn, y de todos modos tampoco te perderás de mucho. No encontraremos mucha gloria al revisar unos cuantos cadáveres. –le dijo al joven norteño.

"Además estoy que tu padre también preferiría que te arriesgaras lo menos posible, eres su único hijo.", pensó el Señor de Invernalia, sin decirlo.

Tras ello avanzó junto a los ochenta hombres que le quedaban en la dirección que los exploradores le habían indicado. Viento Gris avanzaba por detrás de ello, parando cada pocos instantes para olfatear y vigilar las profundidades del oscuro bosque.

"Hay alguien observándonos" pensó, arrepintiéndose por un instante por el orgullo que lo había llevado a cruzar el río en primer lugar. De todos modos no dijo nada mientras recorría los últimos metros que faltaban antes de llegar al claro. Cuando llegó a él la luz del sol poniente le llegó de improviso, encegueciéndolo momentáneamente.

Contuvo la respiración al recuperar la vista. Realmente había muchos cadáveres con capas rojas y leones bordados en los petos.

La mayoría mostraban su causa de muerte, con sangrientos cortes expuestos en sus cuerpos. Algunos tenían lanzas clavadas y a otros les faltaban extremidades… pero también había algunos que no mostraban herida alguna, lo que llamó profundamente su atención.

Llamó a uno de los exploradores mientras el resto de sus hombres desmontaba y se repartía por el claro para formar un perímetro, al tiempo que estudiaban los cadáveres.

-¿Encontraron el cuerpo del líder de estos hombres o alguna señal de que explique qué pasó? –preguntó el norteño mientras desmontaba, observando como Viento Gris arribaba al claro con la cola entre las piernas. El lobo miró en todas direcciones antes de acercarse curioso a un cadáver, uno de un soldado Lannister que estaba acostado boca abajo.

-No mi señor, os dije que no nos detuvimos mucho tiempo para poder volver lo antes posible a contar lo que habíamos visto. –le respondió el explorador, un poco atemorizado. –Si queréis, puedo comenzar a buscar ahora mismo el cuerpo del líder de estos hombres.

-Hacedlo. –ordenó Robb, mirando como su lobo comenzaba a oler el cadáver del soldado. –También mandad a algunos jinetes a vigilar los alrededores, no quiero que seamos sorprendidos.

-Como ordene mi señor. –respondió el soldado con una reverencia, se apresuró a alejarse para cumplir con sus órdenes. Un par de jinetes acaba de salir del claro para adentrarse al bosque cuando Viento Gris comenzó a gruñir. Robb se giró para mirar a su lobo.

-¿Qué sucede Viento Gris? –preguntó el norteño, mientras su propio vello se erizaba al sentir el fuerte torrente de emociones que su lobo había recibido. Domeric, Theon y otros hombres de su guardia se giraron también para observarlos.

Viento Gris seguía gruñendo mientras olía el cuerpo del soldado Lannister, incluso intentando moverlo con una de sus zarpas. Robb se acercó para estudiar más detenidamente dicho cadáver. Se dio cuenta que era uno de los que no mostraba la herida que lo había asesinado, aunque probablemente se debía a que estaba boca abajo.

Su lobo no le prestó atención mientras se acercaba. Cuando estuvo a un lado Robb se arrodilló y viendo los intentos del huargo, lo ayudó a dar vuelta el cuerpo. Era un soldado moreno, con una calvicie incipiente y unas facciones que no permitían adivinar su edad. Estaba buscándole alguna herida cuando se dio cuenta de otra cosa.

En el pecho no tenía bordado el escudo rojo y dorado de un león, sino que uno amarillo con tres perros.

El escudo Clegane, el escudo de los hombres de La Montaña.

Estaba pensando en eso cuando dos cosas sucedieron al mismo tiempo. Primero Viento Gris lanzó una dentellada a uno de los brazos del cadáver, el cual sorpresivamente comenzó a moverse y a gritar de dolor. Al mismo tiempo alguien lo agarró y lo alejó del cuerpo, mientras el norteño escuchaba gritos de sorpresa a su alrededor.

-Está vivo. –señaló un incrédulo Robb, dándose cuenta de que era Domeric quién lo había alejado. –Como pu…

-¡Es una trampa Robb! –dijo el Bolton, al tiempo que se lanzaba con su espada desenvainada para terminar con el soldado que no estaba tan muerto. El hombre de la Montaña estaba muy ocupado intentado sacarse a Viento Gris de encima, así que no pudo hacer nada para esquivar la espada que lo atravesó, convirtiéndolo en un muerto real.

Pero Robb no pudo observar mucho más ello, porque en ese instante pudo ver por el rabillo del ojo como varios cuerpos de los soldados que pensaba que estaban muertos se levantaban para atacar a los norteños. Algunos estaban cubiertos de sangre, pero la mayoría eran aquellos que había observado con sospecha por lo indemnes que estaban. El más cercano a ellos se levantó y cargó con un hacha sangrienta contra el Señor de Invernalia, pero se detuvo cuando una flecha de Theon le atravesó la cara.

Robb le hizo un ademán de agradecimiento a Theon antes de desenvainar su espada y dirigirse al hombre de La Montaña que estaba más cercano a él. Este era un hombre viejo con los hombros caídos, pero que demostró tener aún habilidad con las armas cuando le abrió el torso de un lado a otro a uno de los soldados de Robb. Estaba aún sonriendo por su éxito cuando Robb le atravesó la espalda con su propia espada.

La mayoría de los falsos muertos fueron derrotados, con lo que la situación pareció controlarse… hasta que más soldados Lannister comenzaron a salir desde los árboles que había alrededor del claro. En ese momento el caos se desató, mezclándose los alaridos de los hombres moribundos, el ruido de las armas al chocar y los gritos de los caballos. Los invasores intentaban cercar y hacer retroceder a los hombres de Robb, que a duras penas lograban resistirlos. Aún con los feroces que eran los norteños la emboscada los había tomado por sorpresa.

La adrenalina se apoderó de Robb, para quién el mundo se redujo a los soldados contra los que peleaba. Podría haber jurado que el tiempo se ralentizaba mientras esquivaba los golpes de sus enemigos y atacaba con los propios. Recurrió a todas las enseñanzas de su padre y de Ser Rodrik para lograr mantenerse vivo, y aun así hubiera muerto si no fuera porque su retaguardia estaba cubierta por sus amigos y Viento Gris, que se lanzaba contra cada Lannister que se acercaba a la espalda de su amo.

Finalmente los norteños lograron romper el momentum de la marea amarilla y escarlata, con lo que poco a poco comenzaron a recuperar el terreno perdido. Tras decapitar a un enemigo, Robb se permitió un momento para ver cómo le iba a sus amigos.

Theon lanzaba flecha tras flecha a pocos metros de él. Un poco más allá, Ned estaba luchando parejamente con un soldado rubio que no podía tener más de treinta años, quién intentaba hablar con el dorniense mientras cruzaban sus espadas tratando de desconcentrarlo. Estaba en uno de esos intentos cuando Domeric se le acercó por la espalda, desconcentrándolo a él. Edric no desaprovechó su oportunidad y le abrió el vientre con un golpe de su espada, sin darle tiempo a reaccionar. El dorniense agradeció al Bolton con un ademán antes de comenzar a buscar otro adversario.

Quedaban menos de quince Lannister contra más de cuarenta norteños. Robb se sintió un poco más tranquilo al ver como sus hombres estaban por ganar la batalla… hasta que nuevamente fue asaltado por la mente de Viento Gris. Al cerrar los ojos sintió los sentidos del lobo complementando los propios, escuchando al igual que él como debajo de los gritos de los hombres y el ruido del choque del acero, había otro sonido, uno mucho más grave y constante.

El sonido que emitían las pisadas de caballos acercándose.

Robb abrió los ojos y pudo ver justo a tiempo como los primeros jinetes llegaban al otro extremo del claro… y cuando lo hizo sintió como si una daga de hielo hubiera atravesado su estómago.

Porque el líder de los recién llegados era un hombre más grande que Hodor, y su gigantesca armadura y el blasón amarillo que llevaba en su pecho no dejaban lugar a dudas sobre su identidad.

Ser Gregor Clegane miró con desprecio a los muertos que había delante suyo antes de bajar la visera de su yelmo y desmontar, siendo imitado por los hombres que le acompañaban. Ya había más de medio centenar y con cada momento llegaban más.

Representaban a casi todos los tipos de hombres conocidos, había dothrakis, pálidos lysenos, un tyroshi con el pelo verde, morenos dornienses, un hombre en ropas de septón e incluso un bufón.

Pero los dos que estaban a los lados de La Montaña eran quienes destacaban por sobre el resto. Uno era hombre alto con una larga barba de chivo y un yelmo en forma de cabra… y el otro estaba cubierto completamente de acero, con un yelmo que tapaba su cara pero no evitaba mostrar la cascada de pelo plateado que caía por su espalda.

La batalla se había detenido, los norteños se estaban reagrupando mientras los pocos soldados Lannister que quedaban huían en dirección a los recién llegados. De poco les sirvió, porque Robb vio horrorizado como La Montaña casi partió en dos al primero que se le acercó, siendo el resto de los sobrevivientes similarmente asesinado en pocos segundos.

-Esos no son soldados Lannister. –murmuró Edric, observando casi con temor a los recién llegados. El dorniense sangraba de un corte en el brazo, pero además de eso parecía estar bien.

-Son mercenarios, me atrevería a apostar que la Compañía Audaz. –le respondió Domeric. El Bolton estaba indemne hasta el momento, aun estando cubierto de cabeza a los pies con la sangre de sus enemigos.

En ese momento el gigante de acero le apuntó con un dedo, su voz resonando a través del acero aún a esa distancia.

-El Stark es mío, maten al resto.

Los mercenarios salieron corriendo en su dirección, gritando maldiciones en una docena de lenguas. Sus hombres lo rodearon en un anillo de acero, eran cuarenta contra más de cien y los metros que los separaban se reducían con cada instante.

-¡Robb, tienes que huir! –le urgió Ned, aferrándolo mientras lo observaba con los ojos muy abiertos. El norteño lo miró por un instante con tristeza, antes de negar con la cabeza.

-No Ned, estamos aquí por culpa mía. No me salvaré mientras ustedes mueren.

-Una decisión noble. –dijo Domeric, inquietantemente tranquilo frente a la situación. El Bolton incluso se permitió suspirar antes de observarlo con sus incoloros ojos –Moriré a tu lado de ser necesario Robb, tan solo ruego a los dioses que tu tío y Lord Royce logren salvar a Sansa.

-Lo harán, no lo dudes. –respondió Robb.

Unos segundos después, los primeros mercenarios chocaron contra los norteños. Estos últimos se habían logrado organizar en filas, así que el impacto no fue tan catastrófico como podría haber sido. Un muro de escudos logró resistir los primeros golpes de espadas, hachas y arakhs, pero pronto los escudos fueron cambiados por armas propias. Si iban a morir, los norteños se llevarían a todos los enemigos que pudieran junto a ellos.

El caos se desató nuevamente en el claro del bosque. Hombres luchaban por sus vidas al tiempo que intentaban evitar tropezar con las ramas y los cuerpos de los caídos que había en el suelo.

Robb se unió a la batalla, matando por sorpresa a un dothraki que estaba peleando con Theon. A su lado Torrhen Karstark y Olyvar Frey luchaban contra tres dornienses, el Pequeño Jon peleaba parejamente con un hachero tyroshi, Domeric trataba de golpear con su acero al bufón que lo mantenía a distancia con un látigo, y Ned Dayne hacía lo propio con uno de los lysenos.

Robb pronto se encontró enfrentándose a varios enemigos a la vez, pero con la ayuda de Theon y Viento Gris logró resistirlos. Lograron matar a varios antes de que las lanzas y espadas de los mercenarios lo separaran de su huargo, que tuvo que alejarse unos metros para evitar ser asesinado. Pese a lo inverosímil de la situación el norteño casi estaba sonriendo, era verdad lo que decían de que un hombre nunca se sentía tan vivo como en el frenesí de la batalla.

Tras matar al enemigo de turno, el Señor de Invernalia se giró para mirar a sus hombres. Todavía le quedaban más de una treintena, y los que habían muerto se habían llevado al doble de su número con ellos. Era una batalla que podría recordarse en una canción. "La última resistencia del Joven Lobo" hasta el nombre sonaba bien.

Incluso se permitió un poco de esperanza al ver como los mercenarios comenzaban a flaquear… pero en ese instante se unió a la batalla el resto de ellos, incluyendo a La Montaña.

Ser Gregor arremetió montado en su gigantesco caballo, atravesando a los norteños como un cuchillo caliente lo haría por mantequilla. Fue una fuerza imparable hasta que uno de los norteños logró atravesar su montura con una lanza de guerra, matándola y derribando a La Montaña. Si hubiera sido un torneo eso hubiera significado su derrota… pero esto era una batalla de verdad, y el gigante de acero pronto se levantó para continuar a pie con su matanza.

Los pocos norteños que intentaron inmiscuirse en su camino pronto murieron. Robb vio horrorizado como Olyvar Frey trató de atacar con un hacha al gigante, solo para que ser partido en dos por el mandoble de acero del caballero. Torrhen Karstark lanzó un grito de rabia y trató de vengar a su amigo, pero solo cruzó su espada un par de veces con Clegane antes que este lo golpeara con un gigantesco puño de acero en la cara, los huesos del norteño sonando al romperse.

Torrhen cayó al suelo, quedando solo el Pequeño Jon entre Clegane y el Señor de Invernalia. El heredero Umber no perdió el tiempo y atacó con su propio espadón al otro gigante, siendo el primer obstáculo serio al hasta entonces imparable avance de La Montaña.

Robb se dio cuenta de que los mercenarios trataban de alejarlo de los norteños que aún le quedaban. Vio como el caballero con la cascada de pelo plateado buscó directamente a Edric para enfrentarse a él, lanzándole golpe tras golpe mientras lo hacía retroceder y alejarse del Señor de Invernalia. Domeric había logrado matar al bufón y ahora se enfrentaba al hombre con la barbilla de chivo, que parecía tener dificultades en mantener al Bolton ocupado. El resto de sus hombres estaba enfrentando situaciones parecidas.

En ese momento se escuchó un grito de dolor particularmente fuerte. El Señor de Invernalia giró su vista y vio como el brazo de la espada de Pequeño Jon volaba por los aires mientras el norteño caía de rodillas, justo antes de ser rematado por La Montaña. Tras ello Ser Gregor paró por un instante para ubicar al Stark, y cuando lo hizo comenzó a recorrer los últimos metros que lo separaban, el suelo temblando con cada paso del gigante de acero.

Robb estaba por lanzarse hacia adelante para enfrentarlo, con la esperanza de que su velocidad y agilidad compensaran la fuerza que el gigante tenía, pero todavía estaba a unos metros de él cuando vio como Viento Gris se le adelantaba. El huargo saltó sobre el pecho de Ser Gregor e hizo que se tambaleara, pero no logró derribarlo. Clegane trató de matar al lobo con su espada, pero el animal logró esquivar sus golpes.

Ser Gregor se había desconcentrado, con lo que el norteño vio su oportunidad. Se lanzó contra él y conectó su espada con el brazo del caballero, pero fue inútil, la armadura era demasiado gruesa. Apenas logró saltar hacia atrás para evitar un golpe del gigante que le hubiera arrancado la mitad de la cara.

Repitieron tal movimiento varias veces. Ser Gregor trataba de alcanzar al norteño, pero tenía que detenerse al ser atacado por Viento Gris en los costados. Robb aprovechaba de golpear al gigante, pero no tenía mucho éxito por su armadura. Logró sacarle cortarle en un par de ocasiones en las uniones de los brazos y los hombros, pero eran heridas superficiales que La Montaña parecía no tomar en cuenta.

Pero la fortuna del norteño no duraría para siempre. Clegane cambió de táctica y para horror de Robb, logró atrapar a Viento Gris en una de sus embestidas, lanzando al lobo por los aires como si fuera un juguete. El huargo no pudo hacer nada para evitar golpearse con muchísima fuerza con el tronco de uno de los árboles del linde del claro, rompiéndose algún hueso en el proceso y quedando casi totalmente incapaz de pararse. El animal aulló de dolor que Robb sintió como propio.

No tuvo mucho tiempo para preocuparse por su lobo, porque en ese mismo instante la Montaña aprovechó su confusión y cruzó la distancia que los separaba, lanzando un golpe que Robb se vio obligado a bloquear y no esquivar. Sus brazos gritaron de dolor con la fuerza del golpe, pero logró resistirlo. Tras ello se lanzó hacia un lado para alejarse de Clegane, quién lo maldecía mientras intentaba alcanzarlo nuevamente.

La batalla rugía con menos intensidad a su alrededor, pero Robb no podía notarlo, el mundo se había reducido a él y La Montaña. El inmenso caballero estaba mucho más descansado que el norteño, que ya sentía dolor en las piernas por todo el tiempo que llevaba esquivando sus golpes. Finalmente no pudo seguir corriendo y se dio vuelta para enfrentar al gigante.

Sus espadas se cruzaron una y otra vez. La inmensa fuerza de Clegane era contrastada por la adrenalina y la desesperación del norteño. La situación siguió así hasta que Robb logró quitarle el yelmo al gigante con un golpe ascendente de su espada.

Clegane respondió con un golpe descendente que Robb recibió de forma errónea, su espada rompiéndose en mil pedazos y el norteño cayendo de espaldas al suelo. Fue golpeado en la mejilla por uno de los trozos de acero que salieron disparados, haciéndole un corte que se unía a la docena que ya tenía en su cuerpo. Entre el dolor y la sensación de la sangre caliente corriendo por su cara, Robb logró reaccionar y tirarse a un lado, justo antes de que la espada de Ser Gregor se clavara en el lugar donde había estado.

Mientras el gigante trataba de liberar su mandoble de la tierra, el norteño buscó desesperado alguna arma que tomar entre los cuerpos de los caídos, pero solo alcanzó a tomar un escudo antes de que La Montaña fuera por él. La madera resistió los golpes del espadón, pero se trizaba cada vez más con cada uno de ellos. Robb sabía que no le quedaba mucho tiempo.

Ser Gregor también lo sabía, y se burlaba de él mientras lo golpeaba.

-Creo que cuando esto termine me haré una bonita capa con la piel de tu huargo. –le dijo, con una sonrisa en su cara de pesadilla. –El invierno se acerca, aunque no vivirás para verlo.

El gigante soltó su espada, pero no porque pensaba perdonar al norteño. Lo hizo para agarrar con ambos brazos el escudo de Robb con el norteño aún aferrado a él, lanzándolo lejos con su fuerza sobrehumana. El hombro de Robb explotó de dolor y el norteño gritó y cerró los ojos por el suplicio. Volvió a abrirlos para ver como Clegane tomaba su espada para rematarlo.

Pero en ese instante alguien se interpuso entre ambos.

Theon nunca había sido un gran espadachín, en Invernalia siempre había demostrado que lo suyo era el arco. Pero su carcaj hace mucho que estaba vacío, así que una espada el arma que sostenían sus manos al interponerse entre Robb y La Montaña. Clegane lo miró un instante como si fuera un insecto particularmente molesto antes de atacarlo.

El Greyjoy logró resistir el golpe, incluso contraatacando al gigante de acero luego de ello. Pero el hombre del hierro no tuvo mayor éxito que Robb, ya que la armadura de Ser Gregor era demasiado gruesa como para ser atravesada por simple espada, y el gigante se encargaba de proteger su cara descubierta. Pronto Theon se tuvo que volver a la defensiva, esquivando golpes tal como Robb lo había hecho antes que él.

Pero no duró tanto como el norteño antes de verse sobrepasado, y a diferencia de este, no logró reaccionar a tiempo cuando su espada se rompió por la fuerza de los golpes de Ser Gregor.

Para Robb el tiempo se detuvo. Gracias a los sentidos de Viento Gris pudo percibir el sonido de un nuevo grupo de jinetes que se acercaba al claro, pero en lo único que podía pensar en ese instante era en Theon, interponiéndose desarmado entre él y La Montaña.

Quizás fueron apenas unos segundos, pero el norteño los recordaría por el resto de su vida.

Porque fue entonces cuando La Montaña lanzó un golpe a Theon que lo rasgó del hombro a la cintura.

Robb gritó mientras su amigo caía al suelo, su sangre bañando la ya roja hierba del claro. Gregor Clegane avanzó para matarlo de una vez por todas, pero al último instante se dio vuelta.

Justo a tiempo para que un jinete con el blasón de un rayo púrpura lo atravesara con una lanza de guerra.

La Montaña gritó de dolor. La fuerza del impacto había hecho que el caballero cayera de su montura, pero su lanza, pese a romperse en el proceso, había logrado atravesar la armadura del gigante.

La punta de hierro estaba aún clavada en su pecho, palpitando con cada movimiento de Clegane. El gigante se la arrancó con otro alarido de dolor mientras un chorro de sangre caliente salió de su herida, pero aun así se preparó para encarar a su nuevo contrincante.

El caballero que había llegado a la ayuda del norteño pronto se encontró con más aliados. Unos ensangrentados Domeric y Edric se pusieron a sus costados, coordinando sus ataques a Ser Gregor con los del recién llegado. El gigante era un guerrero monstruoso, pero aun así estaba rápidamente perdiendo terreno frente a sus nuevos enemigos. Sus golpes eran cada vez más imprecisos y recibía más cortes con cada segundo que pasaba.

Aunque eso no era de mucho consuelo para Robb, que ajeno a la pelea se lanzó al caído Theon.

-¡Theon! –aulló el norteño, arrodillándose al lado de su amigo con lágrimas en sus ojos. El sonido de la batalla ya estaba menguando, salvo por Clegane y sus tres contrincantes. Theon abrió los ojos al escuchar la voz de Robb, lo que le dio esperanzas al norteño…pero una mirada a su herida le bastó para darse cuenta de que no viviría mucho más.

El Greyjoy no necesitaba mirarse la herida para saberlo. Aferró la mano de Robb, intentando esgrimir una sonrisa entre el agonizante dolor que sentía.

-Está bien Robb –murmuró Theon, sangre brotando de su boca mientras trataba de hablar. –Todos los hombres mueren, y hay peores formas de partir... –el Greyjoy tosió antes de seguir.-…que dando la vida por un amigo.

-No vas a morir Theon. –dijo Robb, apenas pudiendo contener el llanto. –Te sanarás e irás a Pyke. Cuando tu padre muera serás Señor de las Islas de Hierro y seremos aliados, tus hijos se casarán con los míos y nuestra amistad nunca terminará.

El agonizante Theon sonrío por las palabras de su amigo, quebrando en el proceso el corazón del norteño. Robb casi no se dio cuenta cuando el herido Viento Gris se arrastró lastimosamente hacia su posición, lamiendo la cara del Greyjoy para limpiarla.

Theon apretó con más fuerza la mano del norteño.

-Mi padre tratará de vengarse contra ti, aunque mi asesino haya sido un Lannister. –la desesperación de las palabras del hijo del hierro eran prueba de que creía totalmente en lo que estaba diciendo. –Protege Invernalia y a tus hermanos, Robb.

-Tú también eres mi hermano Theon. –dijo Robb, asintiendo frente a las palabras del Greyjoy.

-¿Ahora y siempre? –preguntó con esperanza el moribundo Greyjoy.

-Ahora y siempre, hasta mi último aliento. –respondió solemnemente el norteño. Aferró la mano de su amigo hasta que el hijo del hierro expiró, su cara mostrando una expresión de paz en el final.

No había pasado ni un instante desde que Theon había muerto cuando el suelo se remeció.

La inmensa figura de Ser Gregor Clegane se había desplomado de espaldas, incapaz de seguir peleando luego de los incontables golpes que sus contrincantes le habían infringido. El caballero sangraba de medio centenar de cortes de espada y del inmenso agujero que le había dejado el golpe de lanza, que podría haber matado instantáneamente a un hombre más débil que él.

El gigante aún vivía, pero su agitada respiración indicaba que estaba próximo a la muerte. Sobre él se elevaban sangrientas figuras de sus tres verdugos: Domeric, Edric y un caballero que el norteño no conocía, aunque su blasón lo marcaba como un Dondarrion.

El norteño avanzó en silencio para colocarse al lado de la Montaña caída, Viento Gris tratando de seguirlo penosamente. El mismo Robb tenía una expresión tan fría como el hielo marcada en sus facciones, el dolor de su hombro y sus heridas olvidado momentáneamente.

Al llegar al lado de Ser Gregor, Robb lo miró con despreció por un instante. La bestia de los Lannister había matado a sus amigos hoy y a muchos otros inocentes antes de ellos, en un rastro de sangre que se extendía hasta los hijos de Rhaegar Targaryen en la Rebelión.

Salvo Lord Tywin, nadie lo extrañaría.

El caballero abrió los ojos para mirar al norteño, pero Robb no vio miedo en ellos, solo furia y sed de sangre. Incluso trató de atraparlo con uno de sus brazos para envolverlo en un abrazo mortal, pero la espada que el norteño llevó a su cuello descubierto le hizo desistir del intento.

El caballero lo maldijo con rabia.

-Eres débil Stark, no eres un verdadero hombre. –entonces sonrío con su cara sangrienta, de una forma parecida y diferente al mismo tiempo a como lo había hecho Theon unos minutos atrás. –Mátame, pero los Lannister ganarán la guerra. Lord Tywin tiene más bestias como yo y no tienes el valor necesario como para detenerlas.

-Mataré a todas las bestias como tú. –respondió Robb, en una voz sorprendemente tranquila. –Sean diez o diez mil, las mataré a todas. El invierno se acerca para Lord Tywin, Clegane… pero contigo. –el norteño esgrimió una sonrisa maligna. –Ya llegó.

Antes de que Ser Gregor pudiera hacer cualquier cosa, Robb le atravesó el cuello con su espada. El inmenso gigante se revolvió intentando atrapar a Robb con sus brazos, pero el norteño siguió sosteniendo firmemente su espada, impidiendo que Clegane lograra levantarse para alcanzarlo. Pronto toda fuerza abandonó el cuerpo del gigante de acero, muriendo de una vez por todas.

Robb se mantuvo en tal posición hasta que la última luz abandonó los ojos de su enemigo, y aun cuando lo hizo siguió en ella.

Había ganado la batalla, pero el costo había sido demasiado grande.

Y no podía evitar sentirse vacío.


NA 2: Quizás (solo quizás) me demoraré un poco más en escribir el siguiente capitulo. En parte porque los estudios comenzarán a exigirme parte de mi tiempo; también porque me comprometí a escribir un reto para Alas Negras, Palabras Negras; y porque el siguiente capítulo abandonará momentáneamente la trama en la Tierra de los Ríos (con Edric y Robb) para contar la Batalla del Aguasnegras (con Jaime y Monfrod), además que también quiero contar algo de lo que ocurre en Invernalia (con Arya).

En fin, daré mi máximo esfuerzo, y creo que ya quedó claro que la historia es un proyecto que no abandonaré.

Gracias por los follows, como siempre, los comentarios y los reviews son siempre bienvenidos. Nos vemos :D