Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a J.K. Rowling. Yo sólo poseo imaginación, que es gratis.
Capítulo décimo
1 año, 3 meses y 7 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (viernes 27 de febrero de 2004)
- Lo que me estás contando es muy serio, Hermione. Si hay una pizca de verdad en tu historia… – El Ministro Shacklebolt la miraba con gravedad, clavándole sus profundos e inteligente ojos oscuros.
- Por supuesto que la hay. Son hechos, Ministro – afirmó Hermione manteniéndole la mirada, y sosteniendo con firmeza entre sus manos la documentación sobre el caso que había traído para mostrarle.
- No tienes nada concreto – sentenció Shacklebolt con su profunda y dominante voz - Tienes una hipótesis sobre el uso que le pueden estar dando a los gusamocos. Inquietante y bien formulada, no te lo niego, pero no deja de ser una hipótesis. No puedo poner a la sociedad mágica en estado de alerta y crear una histeria colectiva basándome en meras suposiciones.
Hermione se agitó inquieta en la silla, que ocupaba frente a la descomunal mesa de roble, esculpida por duendes, del despacho del Ministro. Tras haber releído por cuarta vez la carta de Malfoy, había decidido actuar y no perder ni un segundo en informar al Ministro de la amenaza latente del caso de los gusamocos. En su carrera hacia su despacho se había tropezado con el mismísimo Kingsley Shacklebolt en el rellano del ascensor, a punto de marcharse a su casa. A Hermione no le había costado mucho convencerle de que la escuchara, el Ministro la tenía en gran estima. Por eso ahora se encontraban los dos en la majestuosa oficina y Hermione acababa de exponerle todo lo que había averiguado.
La bruja había previsto que el Ministro se mostrara al principio reticente, no sería el gran mago que era si la hubiera creído a pies juntillas. Reuniendo todo su coraje, pues, aunque le molestara reconocerlo, Shacklebolt la intimidaba un poco, le contestó:
- Pero, con todos los respetos, Ministro, le repito que son hechos. Los ataques a los gusamocos son una realidad, y la cantidad de ganglios cerebroides que les han extraído… sin contar con las conclusiones que le acabo de exponer. Si el único uso de esos ganglios es el de ocultar ingredientes en pociones, sólo les puede interesar para, precisamente, ocultar algún tipo de poción que quieran hacer pasar inadvertida, y eso sólo lo querrían hacer si sus motivaciones son deshonestas.
- Hermione – le contestó el Ministro con indulgencia - si fuera una operación tan secreta, maquiavélica y bien organizada como describes, no hubieran dejado a la vista los cadáveres de decenas de miles de gusamocos como indicio para que averiguáramos lo que están tramando.
Hermione se quedó momentáneamente sin argumentos. Lo cierto es que no había caído en ese detalle, y no encontraba nada con que rebatirlo. Le empezó a entrar el mismo pánico que cuando era estudiante en Hogwarts y temía fallar a sus profesores por no responder a la perfección alguna de las preguntas de clase.
- Ha podido tratarse de un descuido – se aventuró dubitativa.
- Una vez te lo concedo, ¿pero tantas? ¿Cuántos ataques se han descubierto? – le preguntó Shacklebolt.
- Seis, Ministro – le contestó la bruja un poco abochornada.
- Además – añadió el experimentado ex-auror - no existe ninguna certeza de que quieran utilizar los ganglios para ocultar pociones maléficas. Tú misma aseguras que en todos los experimentos del pasado no se había conseguido ocultar con éxito venenos o pócimas de artes oscuras. Existe la misma posibilidad de que hayan encontrado una pócima que sí puedan ocultar que de que hayan descubierto otra utilidad a los ganglios cerebroides, como algún tipo de brebaje o ungüento para uso en medimagia, o en cosmética. Puede tratarse de una simple maniobra comercial, y su secretismo tener más que ver con rivalidad entre boticarios competidores que con maquinaciones de magos tenebrosos.
Hermione cada vez estaba más desolada, aunque no tenía pruebas para contradecir lo que decía el Ministro, sabía que Malfoy había dado en el clavo, lo intuía.
- Ministro, por favor, - le pidió un poco a la desesperada - no se lo tome a la ligera, sería un error. No es sólo intuición, hay algo muy extraño en toda esta historia.
- No te lo niego, Hermione, y no nos lo vamos a tomar a la ligera. Pero tampoco voy a permitir una situación caótica en la que llegue a cundir el pánico cuando no sea más que una cortina de humo. No sé si eres consciente de lo que pasaría si se corriera la voz de que hay miles de pociones nocivas circulando por el mundo mágico sin que seamos capaces de detectarlas – echándose hacia atrás en su sillón, el Ministro jugueteó pensativo con el pendiente de su oreja izquierda, hasta que tomó una decisión - Voy a hablar el lunes con Dedalus Jenkins, el responsable de la Brigada de Control de Pociones, para que ponga a un equipo a investigar sobre el uso de esos ganglios. Mientras, tú sigue con tu trabajo, estás llevando el caso muy bien, y te ruego máxima discreción – Más pensativo le preguntó - En los manuscritos que citan los experimentos fallidos de la edad media ¿se explica el método empleado para llevarlos a cabo?
Hermione se volvió a mover incómoda en su asiento. Ese era el momento que estaba temiendo. No podía contestar ninguna pregunta concreta porque ella no había visto los manuscritos que había consultado Malfoy, y no le apetecía nada confesárselo al Ministro.
- Pues es que no lo sé con seguridad, Ministro, quizás sí. Sí, supongo que sí – Hermione nerviosa trataba de no mirarle directamente a los ojos.
- ¿No lo sabes? ¿No los estudiaste a fondo? – preguntó Shacklebolt sorprendido - Eso no es propio de ti.
- Verá – le contestó, mientras con un gesto nervioso se colocaba un mechón de pelo imaginario detrás de la oreja - es que no he sido yo la que los ha consultado.
- Bueno, pues pregúntale a quien lo hizo. Y no estaría mal que les echarás tú un vistazo. No dudo de la competencia de los que trabajan contigo, pero en este asunto mejor tener dos o más opiniones – sintiendo el malestar de la joven bruja le preguntó con curiosidad - ¿Quién los encontró y dedujo estas teorías?
Hermione levantó la mirada y con un hilito de voz le confesó.
- Draco Malfoy.
Shacklebolt se erigió en su sillón de la sorpresa.
- ¿Draco Malfoy? ¿Por qué demonios Draco Malfoy ha estado investigando los gusamocos?
- Pues porque en cierta medida me ha estado ayudando. Verá, es que, bueno, siendo ahijado de Snape, pues…
- Hermione, ¿me estás diciendo que todas estas conjeturas están basadas en lo que te ha dicho un Malfoy? – el Ministro no podía ocultar su asombro - ¿Qué no existe otra referencia a estas supuestas cualidades de ocultación de los ganglios cerebroides que las que dice haber encontrado, no se sabe cómo ni donde, Draco Malfoy?
- Sí, pero él tiene acceso a todos los libros y manuscritos de Snape… - se defendió Hermione apresuradamente.
- ¿Y no te has parado a pensar que, en el mejor de los casos, se está quedando contigo? – elevando la voz la reprendió enfadado – ¡Estamos hablando de un Malfoy, Hermione!
- ¡No! No, Ministro, con todos los respetos, no soy estúpida. El informe que me ha enviado es perfectamente coherente, puede usted mismo comprobarlo, lo tengo aquí – Hermione alterada rebuscó entre sus documentos y cuando encontró la carta de Malfoy la depositó encima de la mesa del Ministro con dedos temblorosos - Estoy segura de que si se lo pedimos, si usted se lo pide, no tendrá ningún inconveniente en aportarle todos los manuscritos…
- Cuando tengas algo corroborado por una fuente fiable, volveremos a hablar – devolviéndole la carta de Malfoy sin ni siquiera echarle un vistazo añadió - No tengo tiempo para estas inverosímiles teorías sobre conspiraciones de magos oscuros que quieren acabar con el mundo mágico. Bastante tengo ya con mantener la imaginación de Potter a raya.
¡Vaya! Hermione estaba sorprendida de descubrir que Harry se había decidido a hablar de sus sospechas con alguien más. Y le molestaba que el Ministro Shacklebolt pusiera el caso de los gusamocos al mismo nivel que las paranoias de su amigo.
- Esto es serio, Ministro – le dijo Hermione con indignación, olvidándose de con quien estaba hablando.
- No lo he negado – le contestó Shacklebolt con frialdad - Te repito que considero que el asunto es cuando menos curioso, y no me voy a echar atrás en mi oferta de hablar con Dedalus Jenkins y de procurarte el refuerzo de los aurores especialistas en pociones de su Brigada – suavizando el tono añadió - Pero te recomiendo encarecidamente que tengas cuidado con lo que haces, y con quien te relacionas. Mi secretario ya me ha hecho partícipe de su inquietud al descubrir que quieres invitar a Lucius Malfoy y a su esposa al Homenaje en Hogwarts.
- Sí, es cierto – Hermione adoptó una actitud más segura - Y creo que puede ser una buena idea. Últimamente he tenido ocasión de relacionarme un poco con los Malfoys, sorprendentemente han estado muy amigables, a pesar de mis orígenes. He sido invitada a tomar el té en su Mansión y he almorzado en el Callejón Diagon con Narcisa. Están haciendo un esfuerzo, sobre todo la Sra. Malfoy. A Lucius Malfoy apenas me lo he cruzado, por cuestiones de agenda. Y en cuanto a Draco, pues nos invitó a visitar la antigua casa de Severus Snape a Harry y a mí – Hermione decidió obviar lo que ocurrió en esa visita, y lo que pensaba de verdad de sus encuentros con el rubio hurón, afín de cuentas, todo lo que le estaba contando al Ministro era cierto, o se podía interpretar así. Hermione se había propuesto que se invitara a los Malfoys al Homenaje e iba a convencer al Ministro de ello - Con todas las reservas necesarias, creo que quieren sinceramente dejar atrás el pasado. Ministro, usted y yo sabemos cual fue de verdad la posición que ocuparon junto a Voldemort al final, además de que ya han pagado sus deudas con la sociedad mágica. Ahora sólo quieren dejar de ser tratados como unos proscritos. Así que he pensado que esta invitación puede ser una oportunidad que les permita dar la cara y asumir ante todos que se equivocaron, y qué mejor ocasión que asistiendo al Homenaje por la victoria contra Voldemort.
- Tienes parte de razón – le contestó el Ministro Shacklebolt no del todo convencido - pero te repito que tengas cuidado. Por lo que me estás contando, parece que la familia Malfoy al completo ha tomado un interés especial en tu persona, y no te dejes engañar, eso nunca es una buena señal.
Hermione se pasó todo el fin de semana pensando en Draco Malfoy. Sabía que tendría que agradecerle su ayuda de alguna manera, además de que necesitaría estar en buenos términos con el slytherin si quería que le dejara consultar, de una vez por todas, los libros y manuscritos de Snape que había utilizado para llegar a sus conclusiones.
La joven bruja optó por enviarle una lechuza con un mensaje conciliador, que le costó redactar gran parte del fin de semana. No entendía por qué encontraba tanta dificultad a la hora de tratar con Malfoy. Cierto, existía una animadversión entre ambos que podía hasta considerarse física, pero ella batallaba a diario con situaciones más espinosas, y sujetos más difíciles, así que sus aprensiones sobre cómo se tomaría Malfoy la carta estaban racionalmente injustificadas.
El domingo por la tarde, cuando estuvo por fin satisfecha con su escrito, lo metió en un sobre y lo ató a la pata de su lechuza, con instrucciones de que se le entregara a el joven.
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Estimado Draco Malfoy;
Ante todo quiero agradecerte la información tan pertinente que has tenido la amabilidad de enviarme. Siendo consciente del tiempo y del esfuerzo que te habrá supuesto recopilarla, insisto con especial énfasis en mi agradecimiento.
Dicho esto, he de confesarte que tus conclusiones resultan cuando menos perturbadoras. He hecho partícipes de las mismas a mis superiores en el Ministerio de la Magia, y éstos coinciden en señalar que nos encontramos ante un asunto inquietante que hay que saber llevar con rigor, prudencia y cautela, por lo que te ruego discreción.
Por otro lado, se van a realizar estudios con ganglios cerebroides de gusamocos, con el fin de elucidar el uso que se les ha podido encontrar a los mismos. Para facilitar la labor, me veo obligada a volver a abusar de tu generosidad y te ruego me permitas examinar los manuscritos del Profesor Snape que te han llevado a tan acertadas conclusiones, de modo que pueda aportar a los investigadores las fórmulas usadas por los druidas irlandeses y por el resto de Maestros de Pociones de la edad media, así como el conocimiento de los venenos e ingredientes que resultaron ser inmunes a las capacidades de ocultación de los ganglios cerebroides.
No queriendo abusar más de tu tiempo, y reiterando el agradecimiento por tu colaboración en mi nombre y en nombre de la sociedad mágica, me despido.
Atentamente
Hermione J. Granger
1 año, 3 meses y 5 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (lunes 1 de marzo de 2004)
Ese lunes Hermione recibió a media mañana la visita en su despacho de Hubert Yann, un joven auror especialista en pociones que Dedalus Jenkins había nombrado como responsable del caso de los gusamocos. Aunque se alegraba de que por fin los aurores hubieran decidido tomarse en serio el asunto, le molestaba el pensar que ahora la investigación pasaría a manos de la Brigada y que ella no sería más que la colaboradora legal. El resto de la mañana la pasó poniendo al día a Yann de todo lo que sabía de los ataques a los gusamocos, incluyendo los descubrimientos de Malfoy.
A primera hora de la tarde el águila imperial de Malfoy apareció en la ventana de su despacho para entregarle un mensaje del rubio que la dejó profundamente indignada.
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Granger
Consideraba tu tono de voz y tu persona como infinitamente soporíferos, pero ambos palidecen ante tu estilo de escritura ¿es siempre así o te has esforzado especialmente al escribirme?
Las informaciones sobre los ganglios cerebroides las saqué de aquí y de allá, de ningún sitio en concreto. Es curioso pero soy incapaz de acordarme qué libros consulté. O cuando. O donde. En cuanto a los libros y manuscritos de mi padrino que mencionas, ya los has consultado cuando te dejé visitar su casa, aunque no me pareció que te resultaran de utilidad ¿Ya no te acuerdas? Parece que no soy el único que sufre de lagunas de memoria.
Puesto que no voy a poder ayudarte, no vuelvas a molestarme con tus cartitas.
DM
Esa noche, al llegar a su piso de un humor de perros, se encontró con la maldita águila imperial dando vueltas alrededor de las ventanas de su salón. No sabía cuanto tiempo llevaría esperándola, pero suponía que un buen rato, porque cuando la dejó entrar, el ave se acercó a ella amenazadora y dejó caer irritada un sobre a sus pies antes de salir airadamente por la ventana. La bruja se apresuró a abrir la carta, ¿Qué querría ahora el insufrible de Malfoy? Con sorpresa descubrió que el sobre no contenía ningún mensaje del mago, tan sólo copias mágicas de los manuscritos que había pedido consultar. Estaba empezando a pensar que el slytherin sufría de trastorno de doble personalidad.
Durante las dos semanas siguientes, Yann y su equipo trabajaron a fondo. Repitieron muchos de los experimentos de la edad media e innovaron con nuevos venenos e ingredientes descubiertos desde el siglo XV. Con consternación, llegaron a la conclusión de que los ganglios cerebroides sólo parecían ocultar efectivamente las angiospermas, así que trataron de ser más imaginativos y empezaron a experimentar con todo tipo de ingredientes conocidos, aunque lo fueran sólo en el sector culinario. Hermione mientras tanto no se limitó a esperar sus resultados. Contactó con Seamus Finnegan para que le ayudara a organizar un viaje a Irlanda y entrevistarse con druidas locales. Ese viaje sólo le sirvió para afianzarse en las conjeturas de Malfoy, pues tuvo ocasión de examinar manuscritos de druidas del siglo XIII y XIV que corroboraban lo descubierto por el slytherin. Al menos ya tenía pruebas fiables que mostrarle al Ministro Shacklebolt.
Tres semanas después que Yann hubiera sido nombrado el auror responsable, y de que no hubiera sido capaz de avanzar en la solución del misterio, Hermione decidió que tenía que volver a tomar las riendas del caso. Si no se había obtenido ningún resultado con las pócimas conocidas más comunes, había que empezar a buscar exóticos venenos y componentes extraños. Y para ello tendría que aventurarse en el submundo del mercado ilegal de artes oscuras. Pero no sabía como hacerlo.
Decidió hablar con Harry.
Su amigo fue muy colaborador, también porque Hermione le aseguró que no era más que una idea, y que de todas formas no sería ella la que se adentrara en el Callejón Knockturn para obtener la información. Harry le explicó que tras las recientes leyes del nuevo Ministro, la compraventa de todo tipo de elementos peligrosos o susceptibles de ser usados en las artes oscuras estaba muy controlada. Tiendas y boticas ambiguas habían sido obligadas a cerrar, y en el resto de establecimientos, para comprar cierto tipo de ingredientes se necesitaba un permiso especial expedido por el Ministerio.
Por lo tanto, se había creado un mercado ilegal clandestino al que era difícil acceder, si no se tenían los contactos adecuados, porque no era evidente infiltrarse en ese mundillo. El Ministerio había ordenado que en todos los bares, tabernas y establecimientos donde se reunían informalmente los magos, se colocaran hechizos reveladores, de modo que se detectara en seguida si alguien al entrar estaba desilusionado, o llevaba puesto encima encantamientos de ocultación, disfraz o modificadores de apariencia. Con todo esto, para acceder al mercado clandestino había que lograr primero acceder a los locales clandestinos, y si uno no podía camuflarse mágicamente y era un miembro conocido de la sociedad mágica, resultaba una ardua tarea.
Tras su conversación con Harry, Hermione se decidió por un plan de acción. Tenía que infiltrarse y contactar con alguien al corriente de lo que se cocía en el mundillo de las artes oscuras, y que estuviera dispuesto a hablar. Después todo sería pan comido, ya que quien se había tomado la molestia de adquirir decenas de miles de ganglios cerebroides, tendría que haber adquirido una cantidad consecuente de veneno o de ingredientes ilegales, y una operación de tales dimensiones no podía haber pasado desapercibida.
Estuvo dudando entre Cabeza de Puerco en Hogsmeade o la Taberna de Gwenog en el Callejón Knockturn. Al final se decidió por empezar en el Callejón Knockturn, siendo el centro neurálgico de las artes oscuras, tendría más posibilidades de oír o ver algo de interés. El problema era como pasar desapercibida. Era una famosa heroína de guerra, con lo que cualquiera podría reconocerla, y los hechizos reveladores del local impedían que pudiera utilizar encantamientos para ocultar su identidad. Decidió que lo mejor sería alterar su apariencia al estilo muggle.
En la peluquería que solía frecuentar su madre, tras casi tres horas de tratamientos, lograron alisarle el pelo. Luego en su casa se tiñó de rubio dorado con un tinte temporal en spray (se le iría en un par de lavados) que se compró en un Boots cercano a su piso. Se maquilló, con su habitual falta de maestría, se vistió con una clásica túnica oscura del estilo usado por las brujas sangrepuras, y se enfundó en unas incómodas botas altas llenas de cordones que le recordaban a las usadas por las mujeres en el siglo XIX, pero que también eran muy populares entre las rancias sangrepuras. Para finalizar, se envolvió en una capa verde oscuro cuya capucha disimulaba la parte de la cara que no estaba cubierta por la melena rubia. De cerca, cualquier conocido suyo que la tratase habitualmente la reconocería, pero en la semi penumbra de la Taberna de Gwenog, y rodeada de magos y brujas que no la habían visto en persona en su vida, estaba segura que pasaría desapercibida.
1 año, 2 meses y 12 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (miércoles 24 de marzo de 2004)
Draco levantó la cabeza de su firewhisky y dirigió la mirada hacia la puerta del local que se abrió para dejar entrar a un nuevo cliente. Otro mago sin consecuencia. Menuda noche. Había tenido la esperanza de encontrarse en la taberna con alguno de sus amigos, pero no iba a tener esa suerte. Llevaba casi dos horas esperando y ya se estaba haciendo tarde. Cada vez había menos clientes, y el nivel de intoxicación etílica de los que quedaban estaba empezando a saturarle. Era lamentable, ni Goyle parecía mantener ya las viejas costumbres, y hacía tiempo que no frecuentaba el local. Zabini y Nott no se pasarían a tomarse unas copas tan tarde, los dos tenían trabajo al día siguiente en San Mungo. Sorprendentemente eran bastante responsables, o más bien estaban deseosos de terminar con la larga formación de sanador y poder montar su proyecto de clínica de magiestética, que iba a ser una revolución en el mundo de la magia, además de aportarles enormes cantidades de galeones.
En parte Draco les envidiaba. Sus amigos tenían proyectos, un abanico de posibilidades que se les abría ante su entusiasmo juvenil, ilusiones que llevar a cabo. No como él, que lo único que tenía que hacer era buscarse una esposa, y por el resto, su vida era una línea recta trazada con sangre desde el día en que nació. Se dedicaría a administrar la fortuna familiar cuando le llegara la hora. Punto final. Y ni siquiera entonces tendría mucho margen de maniobra. Las inversiones de los Malfoys tocaban distintos sectores, que prácticamente se gestionaban solos. Cualquier otra posibilidad a la que dedicar su vida le estaba vetada, y se deprimía de sólo pensarlo. Porque estas últimas semanas se le había abierto una ventanita a lo que podría ser una ocupación diferente, lo que sería trabajar como auror o investigador, y había disfrutado cada segundo de la experiencia.
Cuando Granger le había explicado el caso de los gusamocos no había dado crédito. No podía creer cómo el Ministerio en pleno no se hubiera volcado a investigar tal misterio. Era un enigma fascinante. Por eso había decidido indagar él mismo. Primero porque le interesaba, y segundo porque no pensaba dejar a la sangresucia acercarse a las habitaciones secretas de la casa de su padrino. Durante la semana que Granger le dio de plazo se encerró en el laboratorio de la casa de Snape y se puso a trabajar hasta la extenuación. Era revitalizante tener de nuevo algo interesante que hacer y en lo que ocupar su intelecto. Con satisfacción descubrió que en las pertenencias de su padrino había material suficiente para encontrar algunas respuestas. Estaba eufórico, con un entusiasmo que creía olvidado examinó pergaminos, tradujo manuscritos antiguos, llegó incluso a realizar él mismo alguno de los experimentos con los ganglios para verificar las hipótesis. Durante ese tiempo, y a medida que avanzaba en sus descubrimientos, se encontró a sí mismo pensando cada vez más en lo que diría o pensaría Granger si lo viera en ese momento, o si estaría de acuerdo o no con él en alguno de los puntos más controvertidos.
Cuando resumió todos sus hallazgos, se quedó atónito al descubrir las terribles implicaciones del caso de los gusamocos. Le envió su informe a Granger y esperó, esperó, esperó noticias… de Granger, de los aurores, un reconocimiento del propio Ministro, una edición especial del Profeta sobre sus hallazgos... algo. Pero cuando le llegaron las noticias la decepción fue enorme. De la cartita de Granger sacaba dos conclusiones; que el Ministerio no iba a transformar el caso en prioridad número uno, y que su colaboración se limitaría a aportar los libros de su padrino.
Furioso y con el orgullo herido decidió olvidarse del tema. Era él, Draco Malfoy, el que había descubierto la amenaza de los gusamocos, un poco de reconocimiento que no fuera el patético agradecimiento de la sangresucia hubiera sido lo mínimo. Pero el arrebato le duro poco. El caso le interesaba, no podía negarlo. Y quería seguir investigando ¡vaya que si quería! El problema era que tenía las manos atadas, no podría procurarse venenos y otros ingredientes peligrosos para realizar los experimentos sin permisos ministeriales, y no se hacía ilusiones de que el Ministerio estuviera dispuesto a concedérselos a un Malfoy. Y adquirir los ingredientes en el mercado clandestino,… no es que fuera cobarde, pero tenía un sentido de la auto-preservación muy desarrollado, y si le pillaban,… siendo quien era tendría asegurada la estancia en Azkaban.
Intuía que la amenaza de los gusamocos era real, y no era tan cínico como muchos pensaban. Por eso decidió al final ayudar a Granger y mandarle la información que necesitaba. Ahora ya todo estaba en las manos del Ministerio, como tenía que ser. Cada mochuelo, a su olivo: los "eficientes" aurores a investigar la trama de los gusamocos, y él a dedicarse en cuerpo y alma a sus autodestructivas actividades nocturnas y a buscar a la futura Señora Malfoy.
Cuando sintió de nuevo activarse los hechizos reveladores de la puerta de la taberna, Draco aburrido levantó automáticamente la vista de su vaso. Una bruja envuelta en una capa verde entró con actitud nerviosa. La desconocida se dirigió hacia la barra con andares cautelosos y mirando con recelo a su alrededor. No parecía una buscona, iba bien vestida y por lo que se podía intuir bajo la capa, lucía un estilo recatado. La capucha le cubría parte de la larga melena rubia, así que no era capaz de verle bien la cara.
Al llegar a la barra, la bruja se sentó en un taburete junto a la pared lo más alejada de los otros clientes. Apoyando las dos manos en el regazo, y con la vista al frente, parecía estar esperando a que el tabernero se dirigiera a ella. Con semejante actitud, Draco sacó como conclusión que no debía de estar acostumbrada a frecuentar este tipo de locales. Cuando milagrosamente el siniestro mago tras la barra se dio cuenta de su presencia, se le acercó y tras una breve conversación le sirvió lo que parecía una cerveza de mantequilla. La rubia pagó con un par de sickles, le dio un sorbo a su bebida, y pareció ganar confianza, ya que discretamente se aventuró a mirar a su alrededor. Por su escrutinio, parecía estar buscando a alguien.
De pronto la bruja giró la cabeza ligeramente en dirección de la mesa que Draco ocupaba junto a una columna, lo que provocó que éste pudiera por fin echarle un vistazo a su cara. Casi se atraganta con el firewhisky. Reconocería esos rasgos en cualquier parte ¡Era Granger! ¿Qué demonios estaba haciendo la sangresucia en la Taberna de Gwenog a esas horas de la noche, sola y de incógnito?
Tenía que enterarse de lo que iba todo esto. El joven mago se levantó de la mesa y recogiendo el vaso de firewhisky todavía medio lleno, se dirigió discretamente hacia ella. Granger había vuelto la cabeza hacia el otro lado de la taberna, así que no le sintió acercarse. Al llegar a su altura, Draco inclinó la cabeza sobre el hombro de la joven y le susurró al oído.
- Granger, ¿se puede saber que le ha pasado a tu pelambrera?
Hermione dio un pequeño saltito en el taburete del susto, sorprendida de que alguien se le hubiera acercado sin darse cuenta, y de que le hablara tan cerca. Pero al reconocerlo, cambio su aterrada expresión y le dirigió una mirada cargada de hostilidad.
- Malfoy ¿Qué haces aquí?
- Te podría hacer la misma pregunta – contestó Draco mientras ocupaba el taburete junto a la joven – Pero como hoy me pillas con un humor magnánimo te voy a contestar. Me encuentro pacíficamente matando el tiempo mientras disfruto de un firewhisky y estudio la flora y fauna de este tugurio – con curiosidad añadió - ¿Cómo has conseguido hechizarte el pelo sin que lo detecten las protecciones de la taberna?
Mientras le hablaba, Draco no podía dejar de mirarla. La apariencia de Granger esa noche era lo más extraño que había visto en su vida. No es que el cabello pareciera postizo o repulsivo, al contrario, se veía suave y sedoso, pero no concordaba con el rostro de la gryffindor. Que por cierto estaba también diferente, como más luminoso. El conjunto era una aberración, como cuando Victor Krum apareció transformado en medio pez durante el Torneo de los Tres Magos. Si era sincero consigo mismo, prefería a Granger con su habitual matorral, le iba bien por algún extraño motivo, formaba parte de ella.
- No es ningún hechizo, idiota. Es mi pelo pero de otro color, me lo he teñido y alisado con un producto muggle.
Draco estaba fascinado. Levantó la mano y tomó la punta de un mechón que caía sobre el hombro de la bruja. Tenía razón, era especialmente suave. Granger aseguraba que era su verdadero pelo, y si era cierto, estaba asombrado de su ductilidad. Siempre había pensado que la sensación de tocar la maraña de rizos de Granger sería la misma que sentiría al arrancar malas hierbas. Pero lo cierto es que el tacto era muy agradable. Estaba encontrando muy placentera la sensación del roce del cabello de la joven. Draco se aventuró a introducir más la mano en la melena, entrelazándola entre los sedosos mechones, y jugueteando con la suavidad que le acariciaba los dedos.
De pronto sintió un manotazo.
- ¿Se pude saber porque estás manoseándome el pelo? Estate quieto de una vez, Malfoy.
Draco salió de golpe de su ensimismamiento, dándose cuenta con irritación que se le habían subido los colores a las mejillas. Menos mal que en esa mugrienta taberna no había nada de luz. Girándose en el taburete para separarse un poco de la bruja le dijo:
- No te estoy manoseando, sólo quería comprobar que no era un postizo– mintió.
- Mira Malfoy – le dijo Hermione impaciente - Estoy aquí por temas de trabajo, así que por favor, déjame sola.
- ¿Me estás diciendo que me largue? No veo porqué tendría que hacerlo – con curiosidad le preguntó - ¿Qué es lo que estás investigando? – cuando la bruja no le contestó de inmediato volvió a preguntar - ¿a quién estás esperando? Te interesa contármelo, afín de cuentas al final siempre tienes que recurrir a mí para que te saque las castañas del fuego.
Hermione le miró ofendida.
- No te interesa y no te lo voy a contar. Apártate de mí. Vas a estropearme la tapadera.
Draco advirtió que la bruja estaba realmente molesta. Intuía que hasta que no fingiera dejarla en paz no iba a descubrir qué es lo que se traía entre manos. Y estaba realmente interesado en saber lo que había llevado a la reina de las sangresucias a presentarse sola y de incógnito en terreno tan hostil. Apartó su taburete un poco y se alejó de ella. Con gesto aburrido le dio un trago a su bebida, aunque siguiera sin perderla de vista por el rabillo del ojo.
Ambos permanecieron en la barra ignorándose durante unos minutos. De pronto Draco oyó como Hermione llamaba al tabernero. Cuando el calvo y sombrío mago se acercó con gesto aburrido, escuchó como le preguntaba con voz melosa.
- Disculpe, no sé si podrá ayudarme. Me gustaría encontrar a una persona que me han asegurado suele venir por aquí, pero lo cierto es que, como no sé como es de aspecto…
Draco observó divertido como Granger dirigía al funesto mago lo que sólo ella podía considerar una sonrisa sugerente. Dispuesto a no perder detalle, se giró en el taburete para saborear en todo su esplendor las patéticas maniobras de seducción de Granger. ¡Y él que pensaba que aquella iba a ser otra noche aburrida! Desde luego, observar a Granger "en acción" era más entretenido que asistir a una actuación del circo mágico.
- ¿A quién estás buscando, bruja? – le preguntó receloso el curtido tabernero.
- A Johan Van Jeggar – le contestó Granger casi susurrando, para impedir que Draco la oyera.
El tabernero soltó una sonora carcajada.
- ¿Pero de donde has salido tú? Ese viejo chiflado hace semanas que fue apresado por trafico ilegal de sangre de dragón, y lleva ya un tiempecito en Azkaban.
- Pues no estaba enterada - le comentó Hermione fingiendo contrariedad - Vaya, yo pensé que él podría ayudarme.
El hosco tabernero la miró con suspicacia y le advirtió.
- Mira niña, no se en que lío te habrás metido, pero sea lo que sea, tú aquí no pintas nada. Vuélvete a tu casa.
- Señor, disculpe, pero si no puedo encontrar a Johan Van Jeggar tengo que encontrar a alguien que pueda ayudarme como él…
En ese momento Draco puso el brazo derecho entre Hermione y el tabernero y colocó sobre la barra de un manotazo la palma de su mano. Mantuvo la mano plana sobre la mugrienta y peguntosa superficie del mostrador durante unos instantes mirando fijamente al tabernero. De pronto, el calvorota colocó su propia mano sobre la de Draco y al instante el rubio retiró la suya. Cuando el tabernero la retiró a su vez, Hermione pudo observar como la estaba cerrando en un puño, alrededor de lo que le parecía una hermosa cantidad de galeones de oro.
Mirando entre Draco y Hermione, el siniestro mago les dijo en tono confidencial.
- Debería haber dejado hablar al caballero desde el principio, señorita.
Hermione le miró extrañada. Malfoy no había abierto la boca ¿y por qué suponía que estaban juntos?
- Saliendo a mano izquierda, cuatro callejuelas a la derecha, al lado de una puerta con el pomo dorado en forma de basilisco. Esperar allí. Y confío en que hayas traído más contigo – añadió dirigiéndose a Draco- porque no te va a salir barato.
Hermione abrió la boca para acosar al tabernero con decenas de preguntas, pero no le dio tiempo porque Draco le tiró del brazo y la hizo bajar bruscamente del taburete.
- Gracias – dijo en dirección del tabernero, y sin mirar a Hermione añadió – Vámonos ya, cariño.
A trompicones cruzaron la taberna y salieron a la calle. Hasta que no estuvieron a una buena distancia de la puerta, Draco no soltó el brazo de Hermione.
- ¿Se puede saber a qué juegas, Malfoy? ¡Te he dicho que no te mezclaras en mi trabajo!
Hermione le dio la espalda ofendida y giró la esquina a la izquierda dispuesta a seguir las instrucciones del tabernero. Draco fue tras ella.
- ¿Johan Van Jeggar? Por Merlín, Granger, eres lerda. Todo el mundo sabe que lo han metido en Azkaban, su proceso estuvo durante días saliendo en la portada del Profeta. ¿No podías haber inventado una excusa mejor?
- No sabes de que hablas – le contestó Hermione apresurando el paso - Por supuesto que sabía que Van Jeggar estaba en Azkaban. La idea era que el tabernero me indicara a alguien que hubiera retomado sus negocios desde su ausencia.
- Ya lo había imaginado – le contestó con desdén y avanzando hasta su altura - No es la primera vez que sufro en vivo y en directo de lo simplona que eres con tus tretas ¿pero de verdad pensabas que con esas pintas y tus sonrisitas mojigatas iba a confiar en ti?
- Te confieso que sí – le contestó Hermione molesta - Pero claro, yo tampoco tengo tanta práctica como tú en moverme por los bajos fondos a golpe de galeones.
- Cuidadito con el tono – le advirtió Draco - si no hubiera sido por mí no sabríamos ahora donde ir a por la información.
- ¿Sabríamos? - Hermione se paró sorprendida y le miró con suspicacia - No sé por qué hablas en plural. Te agradezco el ofrecimiento pero éste es un caso confidencial y no puedo permitir… además, ya has hecho bastante. Ahora voy a tener que reembolsarte el dinero que has usado para sobornar al tabernero, y me va a suponer un papeleo enorme, porque no sé en que partida del presupuesto mensual del Departamento lo voy a tener que meter.
- Olvídalo Granger, invita Lucius – le dijo Draco mientras le dio un pequeño empujoncito en el hombro para que siguiera andando - Pero no me digas que no me meta porque sé que todo esto tiene que ver con los gusamocos, y ese caso es ahora tan tuyo como mío. ¿Qué ha pasado? ¿No han descubierto aún nada los competentes y avispados aurores?
- No. Aún no tenemos nada – le confesó Hermione mientras seguían adentrándose en el corazón del Callejón Knockturn - Hemos completado tu lista con los venenos más conocidos que se han descubierto desde el siglo XV, y algunos ingredientes prohibidos también, pero todo ha dado resultados negativos. Además, he tratado de averiguar qué otros ingredientes a parte de los ganglios cerebroides se han estado adquiriendo en grandes cantidades, y no he descubierto ninguna transición extraordinaria durante los dos últimos años, con lo que presumo debe tratarse de algo ilegal que se escapa al control del Ministerio.
Draco sorprendido se volvió a mirarla.
- Tienes razón, no lo había pensado. Para hacer la poción tienen que utilizar algo más que los gusamocos, y en las mismas cantidades.
- Exacto – le dijo Hermione con petulancia. Luego le miró a los ojos y con tono más amistoso añadió - Malfoy, en serio. No tienes que venir conmigo.
Malfoy la ignoró y siguió andando. Por supuesto que iba a ir con ella. Ésta era la única oportunidad que tenía de seguir con el caso, y si ello implicaba soportar la compañía de Granger, pues así sería. Sabía que aunque les descubrieran tonteando en el mercado clandestino no les pasaría nada, Granger era un miembro destacado de la sociedad mágica, y encima estaba en una misión oficial. Además, era consciente de que sin él la bruja sólo conseguiría que la mataran, en lo que al inframundo de las artes oscuras y la clandestinidad se refería, Granger, con todos sus conocimientos bibliotecarios, estaba más pérdida que un hipogrifo en un laboratorio de pociones.
- Al contrario. Ahora tengo que ir contigo – le comentó mientras se introducían en la oscura y estrecha callejuela que les habían indicado - Ese tabernero habrá avisado ya a su socio de que nos acercamos. Los dos. Con lo que nos estarán esperando a ambos. Además, se había hecho una idea muy precisa de por qué estábamos buscando a Van Jeggar, y sólo por eso nos ha dado la información, los galeones tan sólo han servido para abreviar el proceso – siguió caminando mientras añadía abstraído - Ahora que lo pienso, que se pensará que tú y yo… ha sido un golpe de suerte, y mientras funcione,… lo mejor es hacer que sigan en su error y nos lleven a alguien con la información que buscamos,… y no hacerles sospechar cambiando de historia.
- No le he dicho nada, Malfoy. No puede saber porqué estoy buscando a Van Jeggar –le comentó Hermione extrañada, mientras sostenía nerviosa la varita en el bolsillo de su capa y se acercaba instintivamente un poco más al joven slytherin. La sinuosa callejuela y la oscuridad de la noche le impedía ver más allá de unos pocos metros por delante, y la atmósfera de la calle se estaba haciendo turbadora.
- Por supuesto que sí – afirmó burlón - con tu extraño comportamiento era como si lo tuvieras escrito en la frente. Y cuando yo he aparecido en escena… el mago no tendría muchas lumbreras, pero las suficientes como para sumar dos más dos. Este tipo de circunstancias es además muy corriente. Por cierto – le dijo ahora más serio- pase lo que pase déjame hablar a mí.
Hermione ignoró su último comentario y volvió a insistir.
- Es imposible que por mi actitud haya adivinado que ando buscando información sobre movimientos recientes de ingredientes o venenos exóticos en el mercado clandestino.
- ¿Qué? ¿Cómo iba a saber eso? – Draco la miró sorprendido un momento, luego pareció comprender que Hermione no sabía de lo que le estaba hablando, y le dijo con desprecio - Pero mira que eres mema. Con tu agilidad mental me sorprende que hayan podido calificarte de la bruja más brillante de nuestra generación – socarrón le aclaró - El tabernero lo que se ha pensado es que somos una pareja de tortolitos enamorados buscando como deshacernos del fruto de nuestra impulsiva pasión.
Hermione abrió la boca para decirle algo, pero la volvió a cerrar mientras se ruborizaba indignada al procesar lo que Draco estaba implicando.
- Una poción abortiva, Granger - le aclaró el rubio sin mirarla. Había encontrado la puerta con el pomo en forma de basilisco y miraba hacia uno y otro lado de la callejuela - Ya estamos aquí. Pégate a mí y trata de actuar convincente. Y no se te ocurra abrir la boca.
Mil gracias a todos los que seguís esta historia, y a los que me dejáis comentarios tan pertinentes, me alegran el día. No me olvido de mi querida Aceli... ¡que haría yo sin ella!
