Je, si, no pueden enfadarse mucho tiempo. Son mas dulces.. (ejem)
Tranquila, es más que probable que tu deseo de sangre con Armand se vea satisfecho. Más que probable…
¿Eres un vampiro? Ejem.. Vale, supongamos que mi última neurona tb ha dejado de funcionar. ¿Me morderías? Hombre, preferiría que lo hiciera algún vampiro sexy, pero si no queda otro remedio, me conformo contigo. Ya encontraré al vampiro sexy una vez transformada jajaja.
Ya.. Abejas y flores… La teoría no es nada sin la práctica. Jajaja. Menuda estás tu hecha!! Esperemos que Nadya JAMAS se entere de esto, o la segunda parte de "La muchacha en las Sombras" no va a gustarte nada jajajaja
En fin, este capítulo es un poco lento, y no es que pasen demasiadas cosas, pero en el próximo empieza la acción de verdad. Y probablemente lo colgaré mañana.
NADEZHDA. Errores y malentendidos
Shannen y Alejandra habían intentado tranquilizarme por todos los medios posibles. Me habían asegurado una y mil veces que mis compañeros actuaban únicamente movidos por el miedo a perderme, a que algo me ocurriera, y que su enfado habría desaparecido cuando regresáramos, pero yo estaba aterrorizada. Hasta entonces, nunca me habían apartado de ese modo. Discutíamos a menudo, pero siempre terminaban por abrazarme y decirme que todo estaba bien. No sabía que me iba a encontrar cuando nos reuniéramos, y me asustaba pensar que me recibirían con frialdad. Caminaba hasta la casa desde el garaje como si mis pies pesaran como plomo, cuando un movimiento casi demasiado rápido para mis ojos captó mi atención. Antes de que pudiera enfocar mi vista, Leo y Lyosha estaban junto a mí, abrazándome y mirándome con preocupación. Alejandra se alejó discretamente, ofreciéndonos un poco de intimidad. Mientras tanto yo sentí tal alivio al recibir a mis compañeros entre mis brazos, que no pude reprimir un sollozo.
"No llores querida. Estamos aquí, a tu lado", me tranquilizó Lyosha, mientras besaba mi mano.
Leo se inclinó hasta mi oído y susurró un "te amo" en voz tan baja y suave, que casi creí haberlo imaginado.
"¿De verdad?", susurré con una voz que hasta yo sentí patética. "¿Aunque sea una estúpida inconsciente?"
"Te querremos incluso aunque dejes de serlo", confirmó Lyosha, sonriente.
Sonreí aliviada. Tal y como habían vaticinado Shannen y Alejandra, su enfado se había desvanecido como el humo y, pese a mis miedos, están encantados de tenerme de nuevo junto a ellos. Nada me apetece más que volver a casa y perderme entre sus brazos, pero aún queda algo por hacer. Tengo que reunirme con Lisías y sus hermanos. Mi nueva visión no va a gustarles lo más mínimo.
"Lo había olvidado. ¿Qué has visto?", preguntó Lyosha
"Es mejor que volvamos. Os lo contaré a todos juntos. Ha sido bastante confuso", respondí
Corrimos hasta la mansión y alcanzamos el salón en el instante en que Alejandra abría la puerta para reunirse con su familia. Me dedicó una radiante sonrisa antes de entrar. Lisías y sus hermanos están de pie junto al fuego, esperando para recibirnos. Shannen se ha acomodado en uno de los sofás y su gigantesco compañero se sienta en el apoyabrazos junto a ella, jugando distraídamente con un mechón de su cabello
"Nadezhda, querida. Shannen acaba de decirnos que tu visión nos incumbe directamente. Pasa y acomódate junto al fuego, por favor. Me gustaría saber que has visto", pidió Lisías, señalando un sitio en el sofá junto a él.
Aunque hubiera preferido sentarme junto a Leo y Lyosha, le obedecí de inmediato. Es imposible resistirse a las amables órdenes de ese hombre. Alejandra tomó asiento junto a su hermana, frente a mí, con Plauto junto a ella. Lisías se sentó a mi lado, tal como había indicado, con Aníbal a su derecha. Leo y Lyosha tomaron asiento en dos sillas que ya estaban a la cabecera de la reunión cuando entramos. Por supuesto, Leo escogió la que está vuelta del revés y se sentó apoyando los brazos en el respaldo. Lo miré con reprobación, y él dejó escapar su risa maliciosa, retándome a decirle algo. Cerré la boca. Sin duda ya ha supuesto que le recriminaría su postura, y ha previsto una respuesta que, de ser humana, me haría enrojecer hasta las cejas. Los ojos de Lisías volaron hasta él para detenerse a continuación en la también descuidada postura de su hermano Ahmed, que le devolvió la mirada sonriente.
"Aleksei, deberías plantearte permanecer con nosotros y dejar que estos dos se marcharan juntos a Canadá. Sus modales son igual de lamentables", sugirió Lisías con desdén.
"No me importaría, Lisías, pero me temo que Nadya echaría de menos a Leo. Ya sabes como son las mujeres con sus mascotas", rió Lyosha.
"Cierto. Se apegan tanto a ellas como las zarinas a sus videntes" replicó Leo.
Los demás sonrieron con disimulo y no pude evitar preguntarme el significado del comentario, pero una vez más parecía ser la única que no sabía de que se estaba hablando, así que preferí callarme y no poner en evidencia mi ignorancia una vez más. Mientras tanto, Lyosha le lanzó una rápida mirada a su hermano, que yo no hubiera percibido de no estar atenta a sus expresiones, y que me hizo sospechar que hay mucho detrás de esa pulla casi inocente, en comparación con otras que se lanzan a menudo. Tan rápido como había aparecido, su expresión desapareció para convertirse en una risa divertida. Previendo el inevitable intercambio de frases maliciosas, Plauto intervino sonriente.
"No me importaría saber a donde puede llevarnos esta conversación, amigos, pero en este momento creo que preferiría saber lo que Nadezhda tiene que contarnos"
Fruncí el ceño. No va a ser fácil explicar mi reciente visión. Todo aparece muy confuso en mi cabeza. Por puro reflejo, tomé aliento antes de empezar, intentando poner en orden mis pensamientos.
"Por lo que hemos hablado Shyn, Sandra y yo, creo que no os va a gustar demasiado lo que tengo que contar. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda, pero tened paciencia conmigo. En esta ocasión las imágenes fueron muy confusas. Sandra cree que es porque se trata de una visión del futuro, que aún puede ser alterada", empecé en dirección a Plauto, quien asintió en señal de conformidad.
"El futuro nunca es inmutable, y las visiones sobre él cambian incluso cuando las estás percibiendo. Tranquila, querida, tómate tu tiempo. Intentaremos ayudar en lo que podamos. Adelante, cuéntanos lo que has visto lo mejor que puedas"
"Lo primero que puedo deciros es que sabemos que la muchacha que aparecía en mi primera visión, no es Mayra. Y que vendrán más, y dentro de muy poco". Lisías enarcó las cejas con incredulidad
"¿Alguien está disputándonos el territorio? Deben ser vampiros muy jóvenes y no han oído hablar de nosotros aún, o no se atreverían a tanto. Nadie ha osado cazar en nuestra área de influencia desde hace muchos siglos", me interrumpió con irritación.
"Eso pensamos nosotras, Lisías. Pero espera, esto no termina ahí", intervino Alejandra. "Dejad que Nadya acabe su relato"
Lisías se volvió a mirarme con evidente impaciencia. La creciente ira de los cuatro hermanos es evidente incluso para una nariz tan poco refinada aún como la mía, así que no le hice esperar ni un solo segundo más.
"La joven, y los que vendrán después, temen a la luz" expliqué esperando la reacción de los demás, que no tardó en llegar en forma de sorprendidas miradas de incredulidad.
"No lo dices en serio", exclamó Leo
"¿Querida, estás segura de eso?", preguntó Lyosha
Asentí. Es de lo poco de lo que estoy totalmente segura. Ahmed gruñó confuso.
"Es imposible que sean ellos. No digo que los hombres de Pedro hayan podido acabar con todos, con los cazadores molestando a su alrededor, pero dudo mucho que hayan llegado hasta aquí precisamente, y casi al mismo tiempo que yo. Por todos los diablos, son tres mil kilómetros, y yo llevaba un gran coche. Y os aseguro que lo forcé al máximo siempre que fue posible", exclamó
"Y no creo que ninguna de esas criaturas enloquecidas pueda subirse a un avión tranquilamente. Además, Ahmed tiene razón. ¿Por qué aquí precisamente?", añadió Aníbal. "No, tiene que ser otra cosa"
"Alguien debe estar imitando lo que ellos hacían, intentando despistarnos", murmuró Plauto.
Lisías dejó escapar un breve rugido. El simple sonido me hizo estremecer.
"Si eso es así, no se trata de un grupo de despistados que no saben que cazan en nuestra área, sino de un plan construido para atacar nuestro territorio. Y no estoy dispuesto a tolerar semejante provocación", gruñó. "Tenemos que localizar a esa mujer de inmediato. Nadezhda, ¿sabes donde se oculta?"
"Me temo que no. Vi un edificio, pero ni Shannen ni Alejandra lo han reconocido con mis descripciones. La ciudad es demasiado grande", lamenté.
"Si son imitadores, dejarán un rastro y si están en la ciudad, los encontraremos. Ya que sabemos que temen a la luz, salgamos esta misma noche y tratemos de encontrar el rastro de la mujer", sugirió Leo.
Todos parecen satisfechos con la idea de mi compañero, pero yo sé que detener a la mujer no va a funcionar. Sacudí la cabeza en un signo negativo, mostrando mi desaprobación.
"Esperad, no tan deprisa. No creo que la mujer sepa de vuestra existencia o pretenda disputaros nada. Ya en las primeras visiones, lo único que percibí de sus pensamientos fue la imperiosa necesidad de alimentarse, y la culpabilidad al conseguirlo. No me preguntéis como lo sé, pero dudo que lleve más de una semana siendo uno de los nuestros. Y me da la impresión de que no sabe lo que significa su sed", expliqué mientras todos se volvían hacia mí, confusos. "Yo había pensado..." empecé, pero antes de que pudiera terminar la frase, Lyosha se volvió con rapidez hacia mí.
"Ni lo sueñes, Nadezhda. Si deseas ayudar, intenta invocar otra visión, pero no beberás la sangre de nadie nunca más", me espetó con severidad.
"Pero Lyosha, así podríamos saber quien la ha creado, quien transformará a los demás", expliqué apresuradamente. "Detener a la mujer no os llevará hasta quien la trasformó. Y si lo que imagináis es correcto, es el único modo de detener a quien pretende disputarle el territorio a esta familia y..."
Leo rugió molesto para detener mi torrente de palabras. Callé de inmediato e intenté también detener el flujo de mis pensamientos, rechazar mi propia idea. Mis compañeros ya se han enfurecido bastante conmigo hoy, y durante todo el día me había tenido que enfrentar a la idea de perderlos. Me di cuenta de que no sería muy sensato poner a prueba su paciencia ni un segundo más.
"Por todos los demonios, Nadya, no es necesario que siempre inventes cosas que puedan ponerte en peligro. Todos los presentes nos habíamos enfrentado a situaciones como esta un millón de veces, mucho antes de que tus tatarabuelos fueran siquiera un proyecto en la mente de sus padres, y hasta ahora no hemos necesitado tu don para salir de ellas, entiéndelo de una vez".
El tono de voz de Leo es algo más que peligroso. Bajé la cabeza para evitar sus ojos taladrándome.
"Yo sólo pretendía ayudar", murmuré a modo de disculpa.
Esta vez, mi rendición los ablandó. Se miraron el uno al otro un instante y sacudieron la cabeza con el asomo de una sonrisa irónica en sus labios.
"Está bien, querida, lo comprendo. Pero a partir de ahora intenta ayudar de un modo que no implique que corras un riesgo innecesario, ¿de acuerdo?", pidió Lyosha
"Sigamos el plan inicial, y veamos que pasa. Salgamos esta noche a buscar a la mujer y si eso no funciona, ya veremos que hacemos a continuación", sugirió Plauto.
Todos mostraron su aprobación. Lisías asintió, antes de volverse hacia mí.
"Por supuesto, no puedo dejar de darles la razón a tus compañeros. Si no sacamos nada de la mujer, trazaremos un nuevo plan, pero de ningún modo supondrá que tengas que ponerte en peligro", dijo con severidad. Asentí rápidamente. "Te conozco Nadezhda, no me va a llegar con eso. Quiero que me des tu palabra de que no harás nada sin consultarlo antes"
"Tienes mi palabra", respondí de inmediato. Maldito si voy a hacer algo que haga enfurecer de nuevo a Leo y Lyosha. "Pero supongo que nada me impide intentar invocar otra visión, ¿no es cierto?"
"Siempre y cuando no intentes alguna estupidez como meter un brazo en la chimenea, no veo el inconveniente", replicó Lisías.
"Bien", sonó la atronadora voz de Ahmed. "Pues si todo está decidido, nos veremos aquí a la puesta del sol. Ahora si me disculpáis, voy a sacudirme el polvo del camino", terminó poniéndose en pie con rapidez y tendiendo una mano hacia Shannen. Ella sonrió, y tomó su mano extendida, tras lo cual los dos desaparecieron velozmente por la puerta.
"Ya estaba tardando", rió Aníbal.
Alejandra le dirigió una mirada reprobadora, pero los demás estallaron en carcajadas e incluso yo no pude reprimir una sonrisa. Cuando el ambiente pareció serenarse, Lisías se dirigió a su compañera.
"Alejandra, querida, ¿serías tan amable de entregarle a estos hombres los planos de la casa de Canadá? Lo haría yo mismo, pero no tengo ni idea de donde están", solicitó.
Ella lo miró con un gesto a mitad de camino entre la diversión y la impaciencia.
"Los planos están exactamente donde te dije que los dejaría cuando me hablaste de lo que pretendíais. Encima de tu mesa. Y supongo que seguirán ahí, acumulando polvo", le riñó sonriente.
Este la miró como si fuera la primera noticia que tenía de eso.
"¿En serio? No sé como he podido olvidarlo", contestó incrédulo.
"No lo has olvidado. Es que como de costumbre, no me escuchaste. Nunca escuchas cuando se trata de organización", rió, mientras Lisías trazaba un gesto de disculpa. "Acompañadme, amigos, y os entregaré los planos. Si lo envío a él, se perderá en cualquier otra cosa mientras los lleva en la mano, y tardaremos meses en volver a encontrarlos. No sería la primera vez", ordenó, mientras Leo y Lyosha la seguían al piso superior, no sin antes dedicarle una sarcástica sonrisa a Lisías, que les devolvió un gruñido molesto, mientras sus hermanos lo miraban divertidos.
"Bien, esto parece confirmar mi teoría sobre las visiones de Nadezhda", comentó Plauto, cuando quedamos solos. "Son las emociones las que parecen producirlas. El miedo, el dolor, la furia"
"Y eso quiere decir que es mejor que aprenda a controlarlas cuanto antes", replicó Aníbal.
Nos volvimos hacia él con expresión inquisitiva. El se encogió de hombros, como dando a entender que sus palabras son tan claras que no precisan explicaciones.
"Imaginad que en algún momento se encuentra ante un peligro real. Si su visión la paraliza aunque sólo sea un segundo...".
No terminó la frase. Yo me estremecí al recordar cuando Sila estuvo a punto de matarme, y sólo la ira me salvó de la situación. Si me hubiera quedado paralizada en ese instante, podría haber acabado conmigo. Miré a Plauto, buscando una indicación, o un consejo que me ayudara a controlar mi nuevo poder.
"Tendré que pensar en ello. Nuestros dones son distintos, Nadezhda. Mis visiones surgen cuando me concentro en un tema en particular con intensidad, y sólo cuando lo deseo. Aún así, imagino que será como casi todo. Cuestión de práctica. Tienes que aprender a prever tus visiones y rechazarlas cuando no sea oportuno"
"¿Y cómo se supone que voy a hacerlo? ¿Enfureciéndome continuamente hasta que pueda controlarlas?", pregunté, un poco irritada.
"Es una opción", sonrió Lisías. "Pero antes de que llamemos a Dalmática y Brigitte, quizá sería mejor que lo intentaras recurriendo a tu concentración"
Gruñí molesta, con la simple mención de sus nombres. Imagino que Lisías intenta ayudarme a recrear un momento de ira, y desde luego ha acertado. No me hace ninguna gracia nada que tenga que ver con esas dos víboras. Intenté concentrarme en mi furia, en lo que sentí al oír como me insultaban, pero no fue bastante. Elegí entonces otro recuerdo. El momento anterior a la muerte de Sila. Noté como la rabia ascendía en mi interior al recordarlo amenazando a mis compañeros y me recreé en esa emoción, pero no llegué a sentir esa ligera desconexión que sufría mi cerebro. Por más que intenté invocar mi rabia una y otra vez, sólo conseguía enfurecerme, pero las visiones no aparecían. Lo intenté unos minutos, hasta que Lisías posó su mano en mi hombro, serenando mi furia.
"Déjalo, querida. No es necesario esforzarse tanto. Es conveniente que practiques, pero tampoco necesitas dominar la situación precisamente hoy. Ya sabemos como surgen tus visiones, llegar a controlarlas sólo es cuestión de tiempo", pidió
"Si lo deseas, Nadezhda, mañana intentaré ayudarte", se ofreció Plauto. "Pero déjalo por hoy. Creo que ya ha habido suficientes emociones fuertes para un sólo día"
Asentí. No puedo por menos que darles la razón. Primero el enfado en la fiesta, y después el miedo tras la discusión. Lo que necesito es una emoción positiva con desesperada urgencia. Sentí los pasos de mis compañeros acercándose al salón. Hablando de emociones positivas, ahí está su familiar aroma, haciéndome sonreír. Pocos segundos más tarde se acercaban a nosotros. Lyosha lleva en sus manos un porta-documentos, que sin duda contiene los planos de nuestra nueva casa.
"Tenías razón, Plauto. Salvo un par de detalles, apenas es necesario hacer ningún arreglo de momento. Todo parece más que adecuado", comentó. "Y a mí tampoco me parece mala idea que dejes las visiones por hoy, y busquemos algo en que entretenernos que te despierte otro tipo de emociones mas gratas, querida", añadió en mi mente
"Aleksei Sherchenko, eres un cotilla", le reñí sonriente, sin mirar en su dirección para no incomodar a Leo.
"Ya os lo había dicho", estaba diciendo Plauto. "Me alegro que sea de vuestro agrado"
"¿Puedo verlos?", pregunté.
Siento una gran curiosidad por ver como va a ser el lugar en el que vamos a vivir.
"Por supuesto, querida. Y encargarte de toda la decoración, si lo deseas. Pero vayamos a casa, estarás más cómoda", sugirió Leo.
"Otro que también tardaba", lo provocó Aníbal, fingiendo que murmuraba para que no pudiéramos escucharlo.
Por supuesto, sabe perfectamente que sus susurros llegaran a oídos de Leo con la misma claridad que un grito.
"No te tortures por no poder hacer lo mismo, Aníbal. Son los años. A algunos la edad os vuelve inapetentes", replicó Leo sonriente.
"¿Estás seguro de querer continuar esta conversación, León?", le preguntó Aníbal con una sonrisa maliciosa.
Leo me lanzó una rápida mirada, y se volvió hacia Aníbal. No me cabe ninguna duda de que está debatiéndose entre soltar su lengua y arriesgarse a enfurecerme, o resistirse a decir la última palabra, algo que va por completo en contra de su naturaleza. No sé si movida por la curiosidad, o por la necesidad de ser yo por una vez la que lo pusiera entre la espada y la pared, y no al contrario, decidí intervenir.
"No sé si él querrá, pero sin duda yo siento una enorme curiosidad por lo que tienes que decir, Aníbal", le incité.
"Creí que habíamos decidido que ya habían sido suficientes visiones por hoy, Nadya", se apresuró a decir Lyosha, sonriendo "Anda, vayamos a casa y veamos esos planos", añadió mientras me tendía una mano caballerosamente para incitarme a que me levantara.
La tomé, un poco a regañadientes. Una parte de mí deseaba seguir la conversación, aunque probablemente no me iba a gustar lo que oiría.
Pasamos varias horas mirando los planos, mientras Leo y Lyosha discutían sobre la conveniencia de colocar determinadas estructuras, sobre la necesidad de elevar las vallas o sobre infinidad de detalles que yo hubiera sido incapaz de imaginar. Apenas me atrevía a intervenir. Cuando, en un intento por colaborar, sugerí colocar alarmas, se rieron a carcajadas de mí.
"Querida, ¿se puede saber para qué íbamos a necesitar semejante cosa en una casa repleta de seres capaces de oler a un intruso a un kilómetro de distancia?", rió Lyosha
"Y suponiendo que alguien indeseado pudiera entrar, una alarma no ayudaría más que al invasor. Seguro que preferiría mil veces caer en manos de la policía que en las nuestras", terminó Leo entre carcajadas.
Después de esa fracasada sugerencia, sólo pude pensar en la cantidad de cosas que no sé y que debo aprender antes de trasladarnos. Todo parece importante. Desde la disposición de las habitaciones, hasta el lugar donde deben descargarse las mercancías, pasando por las zonas seguras que un mortal podría atravesar si en algún momento se hacía imprescindible que uno de ellos entrara en la mansión para traer suministros o encargarse de una obra que no pudiera llevar a cabo uno de los nuestros. Llegué a pensar que jamás sería capaz de entender los entresijos de nuestra vida. Ocultarse era mucho más sencillo cuando sólo éramos dos, y Lyosha se encargaba de todo.
"No te preocupes, Nadya. Estoy seguro que podrás encargarte de todo lo referente a la organización de la casa sin ningún problema"
"¿Quién? ¿Yo?", pregunté, casi con pánico
"Por supuesto, querida. ¿No has visto a Shannen y Alejandra? Ellas deciden sobre que mujeres aceptar o no en la familia, se encargan de los suministros, la documentación, la organización de las visitas. De preparar reuniones para discutir en ambientes informales cuestiones importantes. De poner fin a las inevitables rencillas entre los miembros de la casa. De colaborar en la logística cuando las batallas exigen desplazamientos, de...", explicaba Leo
"¡Basta, por favor! Prefiero aprender a luchar", repliqué agobiada
Los dos se rieron a carcajadas. Leo me miró con una maliciosa sonrisa.
"Tal vez quieras elegir una hermana que te ayude a llevar a cabo el trabajo, si te sientes incapaz de hacerlo sola. Creo que podríamos soportarlo", me provocó
Le fulminé con la mirada. Está bromeando por supuesto, pero no quiero oír que otra mujer podría estar con ellos ni en broma.
"Puedo sola, gracias", respondí en tono gélido. Tono que por supuesto, lo único que consiguió fue que volvieran a reírse de mí.
No pasó mucho tiempo antes de que anunciaran que debían reunirse con Lisías y sus hermanos. No me atreví a preguntar si podía acompañarles. Me da la impresión de que no les haría ninguna gracia siquiera la simple pregunta. Se despidieron de mí, prometiendo regresar cuanto antes. Me quedé unos instantes en la puerta, contemplándolos alejarse en dirección a la mansión, tras lo cual me volví hacia la habitación buscando algo en lo que entretener la cabeza mientras estaban fuera. Mis ojos se posaron de inmediato en el ordenador, y me dirigí hacia él sonriendo, dispuesta a pasar un buen rato.
