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Disclaimer:
"Los personajes de Naruto, así como su mundo, son propiedad de Masashi Kishimoto; yo sólo los tomé prestados para hacer este fanfic"
Título: Vampyr
Autora: Antifashion19
Género: Sobrenatural | Horror | Misterio | Suspenso | Romance
Personaje(s)/pareja(s) principales: Hinata H. | Sasuke U. | Ino Y. | Naruto U. | Sakura H.
Advertencias: Sasuke x Hinata. Sakura x Naruto x Ino. Universo Alterno. Posible OoC. Palabras soeces.
Leve Yuri. Violencia y muertes.
Sobre aviso no hay engaño.
Si eres anti de estas parejas, no leas y ya; pero si eres un lector de gustos variados, y sólo te importa el contenido de la historia… ¡Bienvenido seas!
Créditos: La imagen que he usado para la portada le pertenece a Majiteenshi, cuyo link a su Tumblr se encuentra en mi profile.
Edición: 04 de Febrero de 2017. Con la perdida de todos mis escritos de mi laptop, he vuelto a editar.
Aclaraciones sobre el capítulo:
Bueno, en este capítulo hablaré de Hanako-san, o mejor dicho, Hanako-san de los baños; una de las tantas leyendas urbanas japonesas.
También abordaré un poco sobre la habilidad que posee Sakura. Respecto a la madre de Hinata (la que la maltrataba), sí, aún está viva; pronto hará acto de presencia. Su padre, ¿por qué no la defendió de su madre? Existe una razón por la cual no pudo, y eso se verá en los capítulos que se aproximan.
Creo que eso es todo… por ahora.
Capítulo VIII. Toire no Hanako-san
トイレの花子さん
Primera parte
"Una estudiante sale de clase, camina por el solitario pasillo y entra en los sanitarios de chicas; aunque todos están vacíos, la joven comete el error de abrir la cuarta puerta de los servicios. Y a partir de ese momento ya no está sola… los fantasmales ojos de Hanako-san se clavan en ella"
"¿Vamos a jugar?"
. . .
Observó fijamente como aquellos jóvenes se alejaban de su casa, en como la regresaban a ver antes de seguir avanzando para después, separarse hasta desaparecer por la calle; intentó estar tranquila, aun cuando sus colmillos le punzaban desesperados, ansiosos de volver a probar la sangre de Ino… sin embargo, y aunque no lo quisiera, no pudo evitar pensar en desgarrarle la garganta a su compañera y dejarla literalmente seca. Ladeó su cabeza intentando borrar aquel pensamiento de su mente y suspiró profundamente, no deseaba transformarse en algo que, sabía bien, no podría detener después; y lo que más le preocupaba, era convertirse en aquel ser que veía todas las noches en sus sueños, con sus ojos rojos que no la dejaban de seguir.
—Pareces tensa —comentó su madre, acercándose a ella junto a una mujer de la servidumbre, para después acariciarle la cabeza—. ¿Tienes hambre?
"¿Hambre?", pensó; entonces notó las pequeñas marcas en el cuello de aquella joven, y supo instantáneamente que Miko se la estaba ofreciendo para que pudiera alimentarse. Volvió su vista hacía la ventana, viendo en el reflejo, como sus hermanos se regodeaban… y como Señor Conejo le miraba con sus ojos de botón.
—No quiero sangre humana —mintió. Y es que lo que en verdad quería en ese momento, era abalanzarse contra la pobre sirvienta y beber su sangre hasta dejarla sin vida—. La sangre de los conejos es suficiente para mí.
—¿Escuchaste eso, Señor Conejo? —pudo oír como Hanabi se dirigía a su peluche. El muñeco alzó su pequeña cabeza para poder mirar a su dueña—. Nuestra querida Hinata prefiere beber sangre de animales…
Entonces la nombrada apreció que el Señor Conejo negaba con su cabeza, moviendo sus diminutas manos de arriba hacia abajo para burlarse de ella por no querer beber sangre humana como los demás, y también, pudo escuchar la suave risilla de Hanabi acompañada por los murmullos de la servidumbre que la miraban con sorpresa por haber rechazado alimentarse de esa mujer; mientras su madre la atraía para después volverle a clavar los colmillos hasta hacerla sangrar.
—Hinata —la llamó, e inclinó lentamente a aquella chica hasta recargarla sobre su regazo—, bebe.
Y ella sólo se quedó quieta, contemplando el apetitoso cuello de la joven a su merced, blanco y liso, notando las pequeñas marcas de color rojizo que habían quedado de la mordida que su madre le había hecho, y como su vena palpitaba, hipnotizándola; sus colmillos le dolían más que nunca, y no pudo evitar que su boca se le llenara de saliva.
—Sangre —susurró, y sus colmillos comenzaron a sobresalir; sin embargo, se percató de la mirada perdida que tenía la mujer, y el recuerdo de la Yamanaka llegó a su mente—. No beberé de ella…
—Hinata —exclamó Miko, sonriendo con ternura—, esto es parte de nuestra naturaleza. La sangre de animales no te saciará por completo.
—Madre, no —se hizo hacia atrás, asustada y cubriéndose la boca inmediatamente—. Basta, no beberé sangre humana.
—Hermana, deja de mentir —soltó Neji, sujetándola con firmeza de los hombros, y pegándola a su cuerpo. Aproximó sus labios a su cuello—. La marca de tus colmillos estaba en aquella mujer… bebiste su sangre, tu naturaleza ha hablado.
Y en un abrir y cerrar de ojos, él se encontraba frente a ella, con un pequeño conejo blanco entre sus manos; mientras el pobre animal se movía insistentemente, dando chillidos, asustado y tratando de escapar de su captor. El Hyūga se giró hacia la joven que sangraba del cuello, y la sujetó fuertemente antes de clavarle los colmillos para desgarrarle la piel, causando que la sangre saliera a borbotones.
—¡Neji! —gritó su madre, observando como la criada se desvanecía poco a poco—, detente en este preciso momento.
—Vamos, Hinata —el Hyūga la incitó, acercándole a la joven que seguía desangrándose. Y en un rápido movimiento le rompió el cuello al pequeño e indefenso animal, haciendo que su cabeza se le desprendiera del cuerpo y provocando así, que la sangre comenzara a brotar—, ¿a cuál de los dos prefieres?
—Ves, Señor Conejo —habló Hanabi a la vez que tapaba los ojos de su peluche—, eso le pasa a nuestra hermana menor por mentir —asintió con su cabeza—. Ha probado la sangre de esa puta y, ahora, quiere fingir que no… —sonrió con malicia, viendo a Hinata directamente—. Las personas que mienten se van al infierno.
Los colmillos de Hinata se asomaron, y su mirada se tornó perdida al percibir el olor de la sangre humana; y es que ya no podía más, todo su cuerpo anhelaba beber aquel líquido escarlata. Levantó sus brazos hacia enfrente, queriendo sujetar lo que su hermano le ofrecía y así poder apresar el cuello de aquella mujer; esperando que su cuerpo se inmovilizara por el miedo, que los gritos de dolor se quedaran atrapados en su garganta y, después, poder clavarle los colmillos para succionar toda la sangre que pudiese, antes de retorcerla hasta la muerte.
—Sólo un poco —balbució mientras caminaba hacia Neji, deseando volver a sentir aquel líquido espeso y caliente bajar por su garganta; y esperando también, degustar su sabor dulzón y metálico que le hacía temblar—, un poco más.
Hinata siguió avanzando, cuando de repente y sin previo aviso, unos ladridos la despertaron; giró su cabeza sólo para contemplar a los dos perros negros que se acercaban -con su andar amenazante y sus miradas profundas- hasta colocarse a cada lado de ella, e inmediatamente le gruñeron a Hanabi y a Neji, para después ladrar fuertemente y mostrar sus dientes.
—¡Izanami! —parpadeó confusa, hasta que se dio cuenta de lo que había estado a punto de hacer—, ¡Izanagi!
—Esos malditos perros… —susurró fríamente, arrojando el pequeño cuerpo del conejo hacia la pared, y para después, soltar a la joven criada—, sólo estorban.
—Ellos nos odian —pronunció Hanabi, echándose hacia atrás al igual que su hermano, e inclinándose hacia adelante para mostrar sus colmillos amenazadores—, ¿verdad, Señor Conejo?
El pobre peluche tembló asustado, aferrándose al cuerpo de su dueña para que esos animales no lo alcanzaran. Hinata sólo se arrodilló, bajando a la altura de sus mascotas, logrando sujetarlas y que así, no les hicieran daño a sus hermanos; acarició sus oscuros pelajes. Después, agachó su cabeza para poder ocultar su mirada de la de su hermano mayor.
Y aunque estaban a un metro de distancia, pudo entrever la furia con la que Neji la observaba, y como se sentía indignado de que ella fuera… su prometida.
—Ya basta —exclamó Miko, poniéndose en medio de sus hijos y extendiendo sus brazos para marcar distancia entre ellos—. Neji, Hanabi… estamos sobrepasándonos con su hermana. Si beber sangre animal es lo que desea, no podemos hacer nada más.
El Hyūga chasqueó la lengua, molesto, y vio cómo su mano se encontraba manchada, se la llevó a la altura de su boca para después lamer cada rastro de sangre en ella. Giró sobre su pie y avanzó hacia Hanabi, quien permanecía quieta, a la espera de lo que su madre ordenara.
—Hinata —la nombrada se sobresaltó—, la sangre de los animales no te será suficiente, y tarde o temprano sentirás las consecuencias de ello, así que piensa bien lo que estás decidiendo —miró a sus otros hijos—. Y espero que este tipo de escena no se vuelva a repetir.
Y sin más que decir, hizo una señal para que la servidumbre se acercara por la mujer que se encontraba tirada en el suelo. Inmóvil. Muerta. Mientras Hinata observaba como sus hermanos la miraban con desdén, avanzando hacia la puerta de la mansión sin dirigirle palabra alguna; de pronto, volvió a recordar cómo era tratada antes de morir, ridiculizada y humillada, de la misma forma como se sentía ahora. Y entonces percibió un cosquilleo en el borde de sus ojos, se mordió los labios y siguió acariciando a sus perros, esperando y deseando que ambos Hyūga dejaran la habitación.
—Lo que desees, madre —habló el joven castaño, sonriendo cínicamente—. Ahora, si nos permites, Hanabi y yo iremos de cacería.
—Sí, madre —la pequeña dibujó una sonrisa perversa en su rostro—. Tengo ganas de probar la sangre de una joven rubia y de ojos azules.
Sin embargo, Hinata entendió de quien hablaba su hermana; volteó su cabeza para poder mirarla a la cara, y en respuesta sólo recibió una sonrisa perversa de sus labios. Sintió un nudo en la garganta y un estremecimiento tan poderoso que se iba agrandando conforme sus dos hermanos avanzaban, porque sabía bien que no podría detenerles; era una de las reglas de la familia Hyūga: permitirles cazar una vez, cada determinado tiempo, y que ningún otro miembro de la familia podría intervenir entre ellos y su presa.
Vio como ambos Hyūga atravesaban el umbral de la puerta, y entonces el nudo en su garganta se entendió hasta su estómago, resultándole más que insoportable. Siguió acariciando a sus mascotas, esperando que así se pudiera tranquilizar y que la imagen de Ino siendo atacada, mordida, sangrando y muerta, desapareciera de su mente.
—Hinata —escuchó la voz de su madre, pero, por aquellos pensamientos, le parecía tan lejana y apenas audible—, Hinata.
—¿Sí…? —respondió, parpadeó confusa al notar que Miko estaba a escasos centímetros de ella—. ¿Qué deseas madre?
—Existe una forma —meditó un poco antes de continuar hablando—, para que aquella joven se salve.
Hinata la miró sorprendida por un momento, preguntándose si su reacción había sido tan obvia al escuchar la descripción de la persona a quien sus hermanos querían cazar, y sin mirarla a los ojos, negó con su cabeza; pero después, reparó en la marca que los miembros de la servidumbre tenían en la frente -semejante a una esvástica-, dándose cuenta que tal vez esa era la forma a la que se refería su madre.
—El sello de la segunda rama —confirmó Miko, y sin más, comenzó a mostrarle cómo realizarlo—. Y con esta marca, tus hermanos no podrán tocarla… sólo tú.
No obstante, ella sabía bien que el Sello Maldito del Clan Hyūga sólo se otorga a los miembros que formaran parte de la rama secundaria, cuyos objetivos son el servir y alimentar con su sangre a los de la rama principal; y que también tiene el propósito de controlarlos, activándolo para destruir las células de su cerebro si llegasen a desobedecerlos.
—Eso convertirá a Ino en mi sierva —pronunció temerosa—, ¿ella será mía?
—Sí… —su madre asintió y Hinata sólo se mordió los labios.
—Lo haré —murmuró, percibiendo un temblor en sus manos—. Ino Yamanaka será parte de la rama secundaria de este Clan.
Cerró sus ojos intentando tranquilizarse, esperando que así los remordimientos desaparecieran de su mente; se levantó súbitamente, repitiéndose una y otra vez que debía hacerlo, pese a que Ino no quisiera ser miembro de la segunda rama del Clan Hyūga, y aunque eso significara que ante sus ojos ella se convertiría en la villana…
En un cruel demonio.
Abrió sus ojos de nueva cuenta, notando que ahora se encontraba sola en aquel lugar; caminó hacia la puerta y respiró profundamente, como si el aire le fuera necesario para vivir. Una parte dentro de ella quiso arrepentirse y decirle a su madre que detuviera a Neji y a Hanabi, incluso pensó en acudir con Hiashi, su ahora padre; pero, aun así, sabía bien que ambos les darían la razón a sus hermanos, después de todo, siempre se habían alimentado de sangre humana -desde tiempos inmemorables-, y que ahora ella quisiera cambiar las cosas, no significaba que la obedecerían.
Entendía a la perfección lo que los humanos representaban para su familia: unas simples bolsas de sangre.
—Esta es la única forma en la que puedo salvarla —se dijo así misma—, de mis hermanos —hizo una pausa, apretando fuertemente sus puños—. Pero no de mí.
Y con aquella determinación, siguió avanzando. Sin embargo, un ente se detuvo frente a ella, era la misma mujer que siempre le sujetaba la pierna al despertar; ésta la miró con sus ojos inexpresivos, sujetó su brazo con firmeza, tratando de detenerla. La Hyūga intentó soltarse de su agarre hasta que aquel fantasma se acercó más, clavando sus ojos sobre ella; y entonces pudo escuchar lo que sus fríos y cadavéricos labios le repetían sin cesar: "No lo hagas, o lo que está dentro de ti… despertará".
—¿Qué…? —trató de entender, pero la mujer desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Colocó una de sus manos sobre su pecho, sintiendo una presión muy fuerte en el corazón; intentó encontrar el significado de esas palabras, y sin saber por qué, recordó lo que alguien le había dicho una vez, cuando era una pequeña niña…
"Hinata, sólo eres mía"
Y en ese momento pudo sentir como si alguien le llamaba desde la lejanía. Aunque ya habían pasado muchos años desde que él le había dicho eso, y otros más desde su muerte, pudo recordar que era aquella persona para ella…
"Sí, padre"
Sonrió como enloquecida, dispuesta a convertir a Ino en su más grande posesión, y ni sus hermanos lo evitarían; ella sería completamente suya, para su deleite y diversión. Siguió su camino, olfateando el aroma de la Yamanaka, el distintivo olor de su sangre; lo encontró y se relamió los labios. Comenzó a correr por la calle mientras el fantasma de aquella mujer la veía irse, triste y afligida porque se había dado cuenta que su advertencia había llegado demasiado tarde.
Lo que estaba dentro de Hinata… ya había despertado.
. . .
Frotó con fuerza su frente intentando borrar aquella marca de su piel, pero por más que insistía, esta no parecía querer desaparecer; se dio por vencida e intentó cubrirla con varias capas de maquillaje. No permitiría que su belleza se viera opacada, sin embargo, la marca aún seguía sobresaliendo con su color verdoso y su extraña forma.
Suspiró resignada y se llevó una de sus manos a la altura de la frente para tocarla, no podía creer lo que le estaba pasando. Pensó en mil y un maneras de decirles a sus amigos lo que sucedía, que Hinata Hyūga no era otra que la antigua Hinata, la que había muerto, y que tal vez había regresado de la tumba para hacerles daño.
—¿Cómo podré decirles sin que ella se entere? —se preguntó. Y de pronto, sin saber por qué, pudo percibir como si Hinata estuviera cerca, miró hacia los lados—. Estoy volviéndome loca…
Intentó estar lo más calmada posible, porque si bien ya había pasado tiempo desde que la Hyūga le había dado parte de su sangre para matar a su segunda boca, aún podía sentirla retorcerse en su cabeza, murmurando sin cesar; y aunque ahora pretendía ignorar aquellos acontecimientos, era un hecho de que ella ya no era normal… podía escuchar cientos de pensamientos ajenos invadiendo su mente, pareciendo abejas dentro de su enjambre y que lo único que hacían era zumbar.
Masajeó sus sienes, entrecerrando los ojos y viendo a su alrededor.
—¡Ino! —la puerta del baño se abrió de improviso, causando que ella diera un brinco por la impresión. Se cubrió la frente para que su madre no viera aquella marca—, ¿qué tanto estás haciendo? Vamos, que tu amiga te espera allá abajo.
—¿Sakura? —preguntó sorprendida sin quitarse la mano de encima, su madre negó rápidamente—. ¿Entonces, quién es…?
—Es Hinata… —respondió vivazmente, dibujando una sonrisa en su rostro—, Hinata Hyūga.
—¡¿Hinata?! —y sin decir nada más, cogió su bolso con sumo cuidado, esperando que lo que llevaba dentro no se rompiera—. ¡¿Y papá?! —se detuvo de golpe, volteó levemente la cabeza hacia su madre—, ¿dónde está?
—¿Dónde más? —soltó—, abajo, hablando con tu amiga.
Aquello causó que avanzara rápidamente, bajando las escaleras de a dos escalones, esperando que Hinata no le hiciera nada a su padre; trató de pensar en un plan para salvarlo sin que a ella le diera tiempo de activar el sello sobre su frente. Sin embargo, se detuvo repentinamente al notar que su padre y la Hyūga se encontraban charlando amigablemente; parpadeó confundida mientras su ritmo cardíaco se normalizaba.
—¿Ino? —preguntó su padre al verla tan agitada—, ¿estás bien?
—Sí —reparó en Hinata, en cómo ésta simplemente sonreía burlonamente. Se llevó de nueva cuenta la mano hacia la frente—, sólo que ya es tarde… —sujetó la mano de la Hyūga para sacarla de su casa—. Nos vemos.
—Hasta pronto —Hinata hizo una reverencia en señal de respeto, sonrió y quiso despedirse de los padres de Ino, pero ésta haló de ella para sacarla de ahí.
—Fue un placer que nos hayas visitado, Hinata —la madre de Ino también se inclinó. Notó que su hija se comportaba de una forma extraña—. Ino, suelta a Hinata… podrían lastimarse —se quedó callada al notar la extraña postura de su hija—. ¿Y por qué tienes tu mano en la frente?
Se acercó a ella y agarró su mano para quitársela de aquel lugar. E Ino dio un saltito hacia atrás, asustada de que su madre hubiese visto el sello sobre su frente, más sin embargo, pudo darse cuenta que ni uno de sus padres dijo nada, como si este no estuviera grabado en su piel; buscó en su bolso el pequeño espejo que siempre lleva a todas partes, y pudo comprobar que la marca sobre su frente seguía ahí, pero que después se fue desvaneciendo poco a poco.
Regresó a ver a Hinata, y ésta sólo le respondió en un susurro: —No es visible para todos.
La joven rubia apretó los puños con rabia. Aquello no era justo. Hinata se estaba burlando de ella en su propia cara. Volvió a halar de ella para sacarla de su hogar, sin regresar a ver a sus padres, notando que ésta cedía hasta llegar a la entrada; una vez en la puerta, empujó a su compañera a la calle y cerró la puerta detrás de ella.
Lo primero que hizo cuando ambas salieron de su casa, fue avanzar lo más rápido que pudo para dejar a la Hyūga detrás; no se giró para mirarla, ni siquiera le habló directamente, no podía hacerlo… temía que cualquier palabra que saliera de sus labios fuera a provocar que ella la castigará, activando el sello sobre su frente hasta dejarla como vegetal. Se preguntó si una parte de la antigua Hinata, la tímida y sin confianza, aún vivía, aunque fuese muy dentro de ella.
Tenía la esperanza de que aquella Hinata despertara de ese sueño profundo, y tal vez así, no tendría que hacer lo que iba a hacer; empero estaba decidida, lo haría… mataría a la Hyūga. Lo había estado pensando toda la noche mientras el dolor en su cabeza se desvanecía, no podía permitir que sus amigos estuvieran en peligro, sobretodo Naruto.
Y en aquel momento, la imagen del Uzumaki invadió su mente, y entonces pudo sentir las mariposas revoloteando en su estómago; movió su cabeza de un lado a otro para disipar aquel pensamiento.
Ino notó que ya habían llegado a las atestadas calles de la ciudad, volteó su cabeza ligeramente y vio como la Hyūga caminaba detrás de ella a través de toda la multitud; respiró profundamente, debía pensar en alguna forma en que ella la siguiera a un lugar más desolado.
—¿Estás enamorada de mí? —le dijo Hinata, causándole molestia por tal pregunta y haciendo que se detuviera de golpe; sus mejillas se sonrojaron—, ¿o quieres que te muerda de nuevo?
—No digas tonterías —palideció al oír la última pregunta; estaba aterrada de que Hinata se atreviera a morderla delante de toda la gente, sin temor a exponerse. Y si así fuese, sabía bien que nada ni nadie podría salvarla—. Sólo estoy cansada de que vayas detrás de mí, en como tu vista no se quita de mi cuello.
—Sólo estoy observando mi mercancía…
El miedo brillaba en sus ojos, no lo soportaba más, quería gritarle a todo el mundo que la Hyūga era un vampiro mientras ella corría por su vida, quería que aquel sello en su frente desapareciera de una vez; entonces recordó el plan que había trazado durante la noche, lo que había investigado en el internet. Inhaló profundamente y la miró por el rabillo del ojo con recelo, después dirigió su vista hacia su bolsa y la apretó con fuerza.
—Yo no soy… —la boca se le resecaba totalmente al intentar continuar—, tu mercancía.
Hinata se quedó callada mientras caminaba tras ella con las manos en las bolsas de su chamarra, y sonreía cada vez que la Yamanaka la miraba de soslayo con disimulo, casi podía ver la irritación en su rostro.
Ino se detuvo y ella la imitó.
—¿Por qué continúas siguiéndome? —le preguntó sin regresar a verla—, ¿no tienes a otra persona a quien morder?
—No sé si lo has olvidado, pero estamos en la misma escuela, hasta en la misma clase y en el mismo club… —respondió con calma—, por lo tanto, vamos en la misma dirección.
—Pero podrías tomar otro camino —alegó la Yamanaka—. Hoy, yo tomaré otra dirección.
—¿Otra dirección? —preguntó Hinata, arqueando una ceja y ladeando la cabeza.
—¡Sí! ¡Otra dirección! —colocó las manos en sus caderas, y después señaló hacia la entrada de una calle—. Bajaré por aquella calle… y no me sigas.
—¿No es algo peligroso? —cuestionó, burlándose de ella—, esa calle se ve solitaria. ¿No será la madriguera de algún delincuente?
Ino balbuceó un poco mientras observaba la calle a la cual quería entrar, estrecha y desolada; sabía bien el riesgo que corría si es que Hinata la seguía, nadie escucharía sus gritos de auxilio si su plan fallaba, pero debía hacer que su compañera la siguiera a esa calle. Intentó parecer despreocupada, y se cruzó de brazos con indiferencia.
—Bueno pues… eso sería mejor que estar contigo.
—Como quieras —le dijo—, nos vemos.
Y siguió de forma despreocupada, pasando de largo como si aquello ya no le importara. Sin embargo, a unos cuantos metros se detuvo, mirando por el rabillo del ojo a la Yamanaka que caminaba hacia la otra calle sin siquiera detenerse. Un estremecimiento sacudió su cuerpo cuando un montón de remordimientos invadieron su mente, se quedó paralizada por unos segundos hasta que se giró de nueva cuenta para ir tras Ino; entró a la calle, y unos pasos más adelante la vio parada, de espaldas y quieta.
—Hey, Yamanaka… —se dirigió hacia ella.
La nombrada se exaltó al escuchar la voz de Hinata detrás de ella, trató de tranquilizarse hasta que sintió que su compañera estaba más cerca; giró sobre su pie y mostró una cruz de plata que llevaba en su mano, alzándola y usándola como barrera entre ambas.
La Hyūga sólo se cruzó de brazos, alzó una de sus cejas y sonrió de medio lado.
—Debes estar de broma… —intentó contener su risa.
—Shu, shuu —acercaba y alejaba la cruz de Hinata, mientras retrocedía unos pasos—. Aléjate o morirás.
Empero, la Hyūga le arrebató la cruz y la arrojó contra una pared. Ino notó que aquel objeto no le había hecho daño, así que buscó en su bolsa y encontró un bote con un polvo amarillento; lo abrió para arrojárselo a la cara, causando que la otra joven sólo estornudara.
—¿Y esto qué es? —preguntó molesta al ver que su cabello se encontraba lleno de aquel polvo—, ¿talco de bebé?
—Es ajo… —respondió, observándola con cautela—, molido.
—¿Y no pudiste por lo menos encontrar ajo normal? —se sacudió el cabello—. Ahora mi cabello olerá horrible.
La Yamanaka dio otros pasos hacia atrás al ver que aquello no funcionaba. Reparó en las rosas que le quedaban, las sacó de su bolso y se las lanzó, no obstante, estas tampoco causaran daño alguno a la joven vampiro; entonces recordó las estacas de madera, pero se dio cuenta que no tendría la suficiente fuerza y rapidez para poder clavárselas en el corazón. Su vista se concentró en el suelo, y después de unos minutos le echó un vistazo a su bolsa, metió su mano de nueva cuenta, sacando un frasco pequeño de ella.
Lo miró con detenimiento, jugueteando un poco con la tapa, abriéndolo y cerrándolo de nuevo, así varias veces. Buscó el momento preciso, cuando su compañera avanzó hacia ella arrugando el ceño, dispuesta a lastimarla; se lo tiró en los ojos…
—¡Quema! —gritó Hinata, cayendo al suelo y revolcándose—, ¡quema!
La contempló complacida mientras se reía internamente, acomodó un mechón de su rubio cabello detrás de la oreja y siguió viendo cómo ella se retorcía en el piso; observó el frasco con agua bendita que le había arrojado, y se sintió aliviada de que por fin aquella joven no le volvería a hacer nada.
—Ha funcionado —soltó con alivio.
—No —escuchó la voz de Hinata y pudo notar como ésta se levantaba del piso. Parpadeó confusa mientras aquella joven limpiaba su ropa llena de polvo—, no ha funcionado.
—Pero… —se quedó callada y se dio cuenta que la Hyūga la había timado—. ¿Y entonces qué fue todo eso?
—No lo sé, creo que me emocioné con tu patético intento de matarme —respondió. Y después la arrinconó contra una pared—, así que me dejé llevar.
Ino se cruzó de brazos y arrugó el entrecejo; y Hinata sólo sonreía complacida al verla dar su mejor esfuerzo.
—¿De dónde has sacado lo del agua bendita? —le preguntó, alejándose de ella.
Ino simplemente bajó la vista.
—De Google… —confesó—. Un fraude, ¡ni siquiera brillas con el sol!
Y Hinata que ya estaba un poco lejos de ella, se sintió ofendida que la compararan con aquellos supuestos vampiros que brillaban bajo el sol cual árbol de navidad; y en ese instante, quiso volver a activar el sello de la segunda rama para retorcerle un poco las neuronas y que así dejara de decir sandeces.
—Deberías dejar de leer ese tipo de literatura —la regañó—. Desde que llegué a la ciudad no habido un día sin sol, tú lo has visto… ¿cuándo he brillado? No creas todo lo que lees, lo del brillito es algo imposible.
—¿Me lo dices tú…? —preguntó, colocando las manos en su cadera—, ¿la que es un vampiro?
—No estamos hablando de que si los vampiros existen o no —reparó en unas pequeñas virutas blancas que tenía en el cabello, se las fue quitando—. Esta discusión es sobre por qué has intentado matarme con estos métodos tan estúpidos —y sin decir más, se alejó de nueva cuenta.
De pronto, ambas percibieron la presencia de alguien más, giraron sus cabezas hasta encontrarse con un vagabundo que las veía anonadado; una botella que llevaba en sus manos cayó y se estrelló en el suelo, y sin más, el pobre hombre invadido por el miedo comenzó a gritar.
—¡Un vampiro! —chilló horrorizado, y aún más cuando Hinata le mostró sus colmillos—, ¡un vampiro!
Y salió huyendo de ahí, dejándolas solas. Ino sacó un encendedor del bolsillo de su pantalón, pero Hinata la vio y se lo quitó.
—Vámonos —habló, escondiendo el encendedor en su chamarra—, antes de que venga una horda enfurecida armada con antorchas y trinches.
—El hombre está alcoholizado, nadie le creerá —exclamó, pero después se dio cuenta que Hinata estaba a escasos centímetros de ella. Ladeó su cabeza—. Y no, gracias. Prefiero irme caminando…
—No te estoy preguntando —sonrió para inmediatamente tomarla por la cintura y acercarla a su cuerpo—. Sostente.
—¡¿Qué…?! —y antes de que pudiera protestar, ambas se encontraban saltando por los tejados de las casas a una velocidad impresionante, para que así nadie pudiera verlas—. ¡Oh, Dios!
Subían y bajaban, sintiendo como la suave brisa rozaba sus rostros y jugueteaba con sus cabellos. Entonces Ino se aferró más a la Hyūga para no caer, la vio de reojo e intentó comprenderla un poco; en por qué la noche anterior le había puesto aquel sello, activándolo para causarle daño, y por qué no lo había hecho hacía algunos minutos cuando ella había intentado matarla. Bajó la vista y sonrió.
Una parte de ella estaba feliz porque tal vez, sólo tal vez, aquella Hinata -la tímida y que siempre se alegraba cuando le sonreía o le hablaba- aún vivía. Y había decidido que, aunque estuviese dormida en lo más profundo de su ser, haría todo para despertarla.
. . .
"Sasuke, por tu culpa estoy muerta. Tus manos están manchadas con mi sangre"
—Sasuke-chan, Sasuke-chan… despierta —escuchó que le hablaban. Parpadeó confundido y regresó a ver a la mujer que estaba frente a él—. ¿En qué mundo estás?
—Lo siento —se disculpó, metió una tostada a su boca y se levantó para coger su mochila—, debo irme.
—¿Volverás a visitarme? —preguntó; Sasuke le miró y asintió lentamente, después hizo una reverencia en señal de despedida cuando la anciana lo detuvo—. ¿Y a Hinata?
Guardó silencio un instante, y después de haber pensado unos segundos afirmó. Se preguntó asimismo que pasaría si la anciana se enterara que había una joven igual que Hinata, su nieta; contempló con receló el lugar en el que estaba y decidió salir de ahí lo más pronto posible, antes que los recuerdos saturaran su mente.
—Eres un buen joven, Sasuke-chan —la mujer sonrió afablemente—. Estoy feliz que Hinata haya tenido un amigo como tú…
Sin embargo, el no regresó a verla. Avanzó lo más rápido que pudo, lejos de aquella casa que se encontraba justamente a un lado de la suya. No sabía por qué había pasado a visitar a la abuela de Hinata, la que ahora estaba muerta; entonces volteó un poco la cabeza hacia su hogar, y pudo notar que en la ventana de la habitación de sus padres, éstos permanecían de pie, viéndolo fijamente.
"¿No lo sabes, Sasuke-kun?"
Se metió las manos en los bolsillos del pantalón y avanzó de prisa. Aquella voz aún seguía escuchándose en su cabeza, miró en todas direcciones y no vio nada; siguió caminando, cuando de pronto, del otro lado de la calle pudo distinguir a alguien con una capucha negra, y como poco a poco iba retrocediendo hasta perderse en la espesura de los arbustos.
"Naciste sólo para un propósito…"
Y él se quedó inmóvil, en silencio; giró sobre su pie y siguió su camino. Se preguntó por qué había recordado esas palabras que le habían dicho hacía tiempo atrás, y aunque la imagen de aquella persona se viera borrosa en su mente, sabía con certeza de quién se trataba. Era el padre de Hinata…
"… el de morir"
—Debo estar alucinando —se dijo a sí mismo, y continuó andando.
. . .
Desde la esquina, antes de llegar a su salón de clases, pudieron observar una pequeña multitud de gente. Ambas se miraron, pero después siguieron avanzando hasta acercarse y saber qué era lo que sucedía; y entre el gentío pudieron distinguir la cabellera rosada de Sakura, ésta las vio y se aproximó a ellas…
—Eh, ¿qué es lo que sucede, frente de marquesina? —preguntó Ino, mientras Sakura sólo fruncía el ceño al escuchar el apodo con el que la había llamado.
—¡No me digas así, Ino-cerda! —soltó molesta, se cruzó de brazos y taconeó el piso—. Una alumna desapareció ayer en la noche…
—¿Y a-aun no la han e-encontrado, Sakura-san? —preguntó Hinata, siendo observada por la Yamanaka que se había sorprendido por su cambio de actitud—, tal vez se quedó en la ca-casa de una a-amiga.
—O se fue con su novio… —agregó Ino—, yo lo haría.
—Desapareció aquí —se escuchó la voz de un hombre; las tres se giraron, encontrándose con Shino quien caminaba hacia ellas, junto a Shikamaru, Kiba y Chōji—, al parecer sus amigas se hallaban fuera del edificio, esperando a que ella saliera… pero no lo hizo —se detuvo frente a Hinata; y ella pudo percibir, aunque él tuviera unos lentes oscuros cubriendo sus ojos, como la miraba fijamente—. Por eso han suspendido las clases.
—Todo esto es muy aburrido —exclamó el Nara para después bostezar—. Lo más probable, es que quiso jugarles una broma a sus amigas, y ahora está en su casa.
Sin embargo, Hinata pudo sentir la presencia de algo más, de un ser peligroso que parecía rondar el lugar; giró su cabeza levemente, encontrándose con Sasuke y Naruto que estaban detrás de ella.
—¡Esto es un caso para el Club de Investigación Paranormal! —gritó el rubio, emocionado—, ¡de veras!
—¿Por qué crees que esta desaparición tiene que ver con un algo sobrenatural? —preguntó Kiba, rascándose la mejilla—, creí que estábamos en paz con eso.
—Ah, eso es porque… —se acercó más a ellos para hablarles en voz baja—, las amigas de la chica desaparecida le confesaron a la policía que estaban aquí para invocar a Hanako-san.
—¿Hanako-san de los baños*? —Hinata preguntó inmediatamente, y pudo observar el rostro de asombro de todos al escucharla hablar sin tartamudear.
—Sí —respondió Naruto, rascándose la cabeza.
—Espera, Naruto —le detuvo Sakura—, ¿desde cuándo tienes contactos con la policía?
El nombrado pareció molestarse por la pregunta, arrugó el ceño para después mirar a su amigo Sasuke a quien no parecía importarle la situación.
—Uno de los policías es mujer —sonrió divertido—, y al parecer cayó bajo los encantos de "Sasuke-kun".
—¿Y por qué usaste el nombre de Sasuke-kun para eso? —Sakura le preguntó molesta, golpeándole la cabeza—. ¡¿Estás loco?! ¡Podrían involucrarlo!
—Al que debe importarle esto es a Sasuke, no a ti —se alejó de ella para colocarse en medio de Ino y de Hinata—. Además, deja de golpearme, no soy tu saco de boxeo.
Todos guardaron silencio y no se atrevieron a hablar al verlos discutir. No podían creer que Naruto se molestara con Sakura, su primer y único amor, a quien había seguido desde pequeños y que siempre había dejado que lo golpeara. Y en ese momento, notaron que ésta sólo bajó la cabeza y apretó sus puños.
—Escuché de Hanako-san cuando yo era pequeña… —Ino intervino, tratando de calmar el ambiente.
—Se dice que hace mucho tiempo atrás, una niña llamada Hanako estaba caminando por el bosque cerca de su colegio —comenzó a narrar el Aburame, acomodándose los lentes—, pero de pronto pudo ver a un hombre misterioso mirándola. Empezó a caminar rápido, alejándose de él —todos sus amigos se quedaron quietos, prestándole más atención—. Sin embargo, aquel hombre aumentó su velocidad y la niña comenzó a correr con miedo, tratando de buscar un lugar en donde esconderse…
Una extraña y fría brisa se sintió en todo el lugar; los presentes sintieron como su piel se les erizaba.
—Decidió entrar a su colegio, pero el hombre también entró para encontrarla… la buscó por todas partes mientras ella permanecía escondida en el baño, justo en la cuarta puerta —el Aburame levantó cuatro dedos de su mano—. Hanako se creyó a salvo, cuando de pronto, el hombre misterioso abrió la puerta en donde ella estaba… la había encontrado y después, la asesinó.
Sakura se estremeció ante la historia, y recordó que cuando era pequeña, había visto algo dentro del baño de la escuela.
"Vamos a jugar, Sakura-chan"
—Algunas historias dicen que es un fantasma de una niña de la segunda guerra mundial que murió en un bombardeo en la escuela mientras estaba jugando a las escondidas —la voz de Shikamaru la sacó de sus memorias—. Otras historias dicen que es el espíritu de una estudiante que murió en un desafortunado accidente dentro de la escuela.
Todos permanecieron en silencio, contemplando como los otros alumnos pasaban cerca de ellos para después ir saliendo del edificio. Se miraron entre sí, esperando qué hacer…
—Aun no entiendo por qué aparece en la cuarta puerta —soltó Kiba, cruzándose de brazos—, ¿por qué no en la primera? ¿o porque a nadie se le ha aparecido hasta ahora, si es que en verdad existe?
—El número cuatro… —le interrumpió Shikamaru—, tiene similitud con la palabra muerte —sus compañeros comenzaron a analizar—. Por lo regular, se dice que aparece en el baño del segundo piso y que por ello las chicas evitan la cuarta puerta.
—Es cierto, nadie de nosotras abre esa puerta —comentó Ino, mirando a Sakura quien asentía—. Si es Hanako-san, tal vez la provocaron.
—¿Y cómo se provoca? —preguntó Chōji intrigado.
—Bueno, empiezas tocando desde la primera puerta, y dices —Sakura empezó a explicar—: "Hanako-san, ¿ya terminaste?" Y así consecutivamente hasta llegar a la cuarta puerta —hizo una leve pausa—. Y se cuenta que, al llegar ahí, ella va a contestarte para después matarte.
—Entonces, ¿es posible que esa chica ya esté muerta? —preguntó Kiba un poco temeroso—. Los baños de las mujeres sí que son peligrosos, ahora entiendo porque van en grupos.
—A na-nadie le gu-gusta ser provocado —soltó Hinata, mientras Ino la miraba de reojo—. Y sí, es po-posible que la alumna de-desaparecida esté muerta.
Sin embargo, Naruto dio una palmada y dibujo una sonrisa en su rostro; ni uno de ellos comprendía a que se debía, pero él los miró fijamente y después colocó su mano hacia enfrente, esperando a que los demás lo imitaran. Sasuke sólo bufó molesto al darse cuenta de lo que trataba de hacer su amigo, metió las manos en los bolsillos de su pantalón y se giró para marcharse de ese lugar.
—Eh, Sasuke-bastardo —Naruto le habló, y fue corriendo para detenerlo—, el CIP fue creado para eso. Debemos salvar a esa chica… tú eres el vicepresidente, no puedes irte.
—Si puedo, y lo haré —quitó la mano que el Uzumaki tenía sobre su hombro—. ¿CIP? Además, yo no pedí ser parte de este estúpido club, tú falsificaste mi firma.
—Sí, CIP: Club de Investigación Paranormal —parloteó alegre—, ¿apoco no es guay el nombre de nuestro club? —e inmediatamente dibujó una sonrisa en su rostro—. Y pensé que ya habías olvidado lo de la firma, eres un rencoroso, ¡de veras!
—Naruto —le llamó el Aburame—, nadie está seguro que esa joven esté viva. Y si fuera así, ni uno de nosotros está preparado para enfrentar a Hanako-san.
—Ella está viva, estoy seguro… ¡de veras! —chilló Naruto, levantando el pulgar—. Soy el presidente, y no puedo quedarme de brazos cruzados, voy a ir a rescatarla.
Hinata sólo contemplaba a aquel joven rubio, la energía y la valentía que este poseía. Le parecía un chico intrépido por querer salvar a alguien que no conocía, pero después cayó en cuenta de que él no la había salvado hacía tiempo, cuando ella murió; él la había humillado al igual que todos. Sonrió como posesa mientras imaginaba que le retorcía el cuello…
—No hagas cosas estúpidas, Naruto —escuchó como la joven de cabello rosado regañaba al Uzumaki—. Han mandado a todos los alumnos a sus respectivas casas, y la policía está investigando este caso —Sakura colocó las manos sobre sus caderas—. Además, ¡deja de decir tantas tonterías, como si estas existieran!
Él se quedó callado, apretó los dientes intentando mantener el control, la miró con desdén y se giró sin dirigirle la palabra a alguien. Entonces Sakura entendió su error, y quiso detenerle; pero éste, al sentir como ella le cogía del brazo, le sujetó la mano y la apretó un poco, viéndola con aversión.
—Si te parece estúpido todo lo que hago —soltó su mano con fuerza—, deja de joderme. ¿Por qué te has metido al club si eso lo que piensas? —vio de reojo a Sasuke—. Oh, sí, es por Sasuke… entonces deja de molestarme a mí.
Y ella salió corriendo de ahí, intentando no llorar. Quería poder decirle que las cosas etéreas que se encontraban a su lado, retorciéndose y sonriendo siniestramente sin parar, les querían hacer daño a cada uno de ellos. Corrió y corrió todo lo que pudo, saliendo del edificio para después subir algunas escaleras y entrar de nueva cuenta; ahora estaba en el segundo piso, abrió la primera puerta que encontró, se metió y se alejó hasta la esquina de aquel lugar.
"Mamá, yo puedo verlos"
Se abrazó a sí misma; no sabía qué hacer, quería dejar de ver a aquellos seres que siempre la seguían desde su nacimiento.
"¿A quién, Sakura?"
Entonces se puso a llorar, le dolía lo que le había dicho Naruto, y se preguntó por qué había preferido permanecer en la universidad que huir hacia su casa; sin embargo, recordó que en su hogar les esperaban más de aquellos seres que no la dejaban en paz…
"A los que ya están muertos"
. . .
Sakura se levantó del suelo en donde había estado tirada llorando por varias horas, se acercó a los lavabos y entonces se miró en el espejo, observando su rostro demacrado, su nariz enrojecida y sus ojos hinchados de tanto llorar; los frotó con las manos para así tratar de quitar todo rastro de lágrimas en ellos, luego los cerró, esperando que aquella imagen se desvaneciera en su mente. Volvió a abrirlos sólo para contemplar su mirada cansada, y después sonrió, intentando animarse un poco a sí misma.
Suspiró profundamente. La cabeza le dolía de tanto llorar, pero sentía que aún no había terminado de desahogarse; luego se sintió estúpida al estar así, triste por las palabras que Naruto había pronunciado, y comenzó a reír con fuerza, intentando no volver a llorar, sin embargo, no pudo evitar hacerlo…
—Sakura, basta —se regañó así misma, y después se golpeó las mejillas—, deja de llorar.
Asintió levemente y limpió de nueva cuenta los rastros de lágrimas, abrió la llave del agua para lavarse el rostro antes de salir de aquel lugar; no sabía bien si aún había alguien dentro de la escuela, hacía horas que las clases habían terminado. De pronto, pudo escuchar algunas voces que parecían acercarse y no supo qué hacer, sólo corrió hacia uno de los servicios, temiendo que la reprendieran por permanecer ahí dentro a tales horas.
Oyó como la puerta se abría, y pudo distinguir por las voces, que al parecer sólo eran otras alumnas de la universidad. Suspiró aliviada, pero permaneció ahí, quietecita dentro del sanitario, en la cuarta puerta; escondida y encogida de hombros, esperando la oportunidad para lograr salir y regresar a su casa. Se recargó sobre la puerta para poder enterarse qué es lo que hacían aquellas chicas.
—¿Listas? —escuchó a una de ellas antes de oír un leve golpe—. ¿Hanako-san, terminaste?
Sakura siguió secando los rastros de sus lágrimas mientras sonreía levemente, le parecía algo tonto que aquellas jóvenes creyeran en esa leyenda urbana: Hanako-san. Y recordó que Naruto también creía en ella, sin embargo, no pudo evitar sentir una punzada en su corazón al acordarse de aquel joven, e intentó no volver a llorar. Le dolía tanto.
—Hanako-san —volvió a escuchar a la vez que el golpeteó se acercaba. Ahora esas chicas se encontraban en la segunda puerta—, ¿terminaste?
Decidió salir de su escondite, no obstante, un ruido detrás de ella la sacó de sus pensamientos, volteó su cabeza hacia el inodoro y pudo ver como este se encontraba hasta el tope de agua, totalmente oscura. Tragó saliva e intentó tranquilizarse, recordándose -y mintiéndose- que nada de eso podía existir; quiso abrir la puerta, pero notó que esta se encontraba atorada. Se repitió a si misma que el inodoro debía estar descompuesto, para no dejar que el pánico tomara control de sus emociones.
Inhaló y exhaló profundamente con la intención de calmarse para después seguir tratando de abrir la puerta.
—¿Hanako-san, terminaste? —tocaron la tercera puerta.
Sakura observó como el agua del retrete se movía constantemente, cayendo a borbotones hasta el piso. Se recargó sobre la puerta al ver como lo que parecían unos trozos de cabello flotaban dentro; se quedó quieta, conteniendo la respiración y de pronto, escuchó que la puerta en la que ella se encontraba fue golpeada por aquellas chicas…
—¿Hanako-san, terminaste?
Y una cabeza se asomó dentro del retrete.
Continuará…
"Más allá de la puerta"
*Toire no Hanako-san: Hanako-san es una leyenda urbana sobre una joven que habita en los baños de las escuelas japonesas. Existen muchas variantes de la historia que cambian según la región, la más popular es sobre una niña de cabello corto y vestido rojo; la cual puede ser traviesa, malvada o benigna.
Notas de la autora:
¿Creen que esto ya acabó? Pues no.
Este capítulo iba a ser sólo uno, pero algo sucedió que no sólo habrá una segunda, sino una tercera parte; así que tengan paciencia, no tardaré mucho con esta criatura.
También quiero darles las gracias por seguir tan loca historia, y bienvenidos a los nuevos lectores… ojalá sigan pasando.
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