Ella sobre él, le había dado lo más gustoso de la noche. Después del baile, y de verlos desaparecer- para sumergirse en su delicioso lecho- lo había seducido, y Charles había olvidado a Ilona por completo.
Envueltos en un remolino de pasiones encontradas, los colmillos afilados, los ojos rojos... Aquellos carnosos labios carmín hundía los incisivos en su blanco cuello, succionando la sangre de la pasión.
Cuánta belleza, la amaba...
El éxtasis era embriagador.
"Te haré olvidar a Ilona, querido"
Aquella diosa de la noche lograba lo que quería.
--*--*--*--
"Tengo sed. Tengo una sed terrible"
Su nuevo instinto era implacable.
Apenas faltaban minutos para que los primeros rayos del sol espantaran a los espíritus demoníacos de las tinieblas. Y descansando sobre su pecho, ella abre los ojos impulsada por una feroz ansiedad.
La sangre.
La sangre es vida.
Ella se levanta, las negras sábanas cubriendo su desnudez, y el leve resplandor de tonos rosados desafinaban en medio del siniestro estilo del castillo en la cumbre.
No era hora de despertar, pero Ilona no se acostumbraba, se despertaba al amanecer. Siempre.
La gentil mano de él se posa sobre sobre su hombro, ella voltea.
-Regresa aquí- susurra.
Ella no dice nada pero podía ver cómo Alexander escudriñaba sus pensamientos.
