No puedo creer que ya tenga 20 reviews, creo que lloraré de la emoción, he sido una mala escritora últimamente, pero mi Pc no tiene arreglo, estoy cada día más loca con este Windows, realmente no puedo hacer muchos si esta cosa se la pasa reiniciando y no me deja guardar mis capítulos, al menos me consuela saber que aún hay personas que leen mis tonteras y que el fic está casi terminado en mi cuaderno de cuentos.

Tengo un drama con las formaciones de guerra y las batallas, no puedo dejar de ser una fanática y veneradora de Tolkien y sus geniales obras, me encantaría lograr su grado de descripción en mis escritos, pero aún me falta mucho para ello.

Gracias por leer mi historia, pondría mensajitos para cada uno de mis reviews, pero de veritas que estoy un pelín cansada, es tarde y ando de temprano leseando y entrené todo el día en la pista y ahí morí X_X.

*********Capítulo 10: "Cuatro días más".

El amanecer de un nuevo día, Ra brillante en el cielo, Menfis despierta y presta para comenzar con sus actividades cotidianas. Hombres que salían de sus casas para asistir a sus trabajos, algunos en las plantaciones cerca del Río, otros en los jardines, algunos en las panaderías, los pescadores y guardias también contaban. Funcionarios públicos del gobierno; mujeres que iban y venían hacia el mercado y las hilanderías, más de alguna debía terminar un vestido para una dama de la sangre real.

Risas de niños cantaban por entre el laberinto de casas que Menfis formaba alrededor de las murallas del Palacio del Faraón. Tras las altas e imponentes murallas de piedra pulida, una realidad oculta a los ojos de los egipcios, se apreciaba y sentía en el ambiente.

Ra estaba molesto con el Faraón y los suyos, de cierta manera, Akunamukanon sabía que eso pasaría si aceptaba crear aquellos objetos que, ahora, yacían en manos de sus sacerdotes más capaces. Su hermano Akunadín, quien perdiera su ojo izquierdo en batalla llevaría el ojo dorado para suplir el órgano faltante, éste le permitiría ver en la mente de las personas; el sacerdote del culto a Thot, Shaadi llevaría alrededor de su cuello el peso de la Llave de la Vida, El Anhk, la única llave existente para abrir las puertas del alma y mente; la única sacedotiza, Isis, una capaz mujer con un poder precognitivo muy poderoso llevaría la Corona del Milenio sobre sus cabellos, el objeto que le mostraría el pasado y el futuro; Karimu, el joven Capitán de la Guardia Real y sirviente de Osiris llevaría la Balanza que pesa el corazón de las personas con una pluma como contrapeso, la bondad y la maldad se desplegarían ante él; Mahaado, el Mago y tutor de la Realeza, sirviente y sacerdote de Horus, quien ahora llevaba sobre su pecho la Sortija, una extraña combinación entre su propio objeto y la perfección de un círculo, cuyo poder radica en la búsqueda de los otros Artículos y cierto contro sobre la mente de alguno individuos. Por último, Heishin, quien llevará en sus manos el Cetro del Milenio, un objeto poderoso y capaz de controlar la mente de las personas, peligrosa arma en manos de la persona equivocada.

La pirámide sobre su pecho tenía una historia distinta, parecía un colgante, sin embargo, las piezas que la conformaban le daban la apariencia de ser un conjunto de piezas que encajaban entre ellas, una construcción formada por piezas, extraña manera de resguardar tal poder, un poder que costó 99 vidas y el nuevo castigo de Ra.

Ahora Atemu debería yacer sobre su cama, sanadores y sacerdotes; guardias y sirvientes tenían órdenes estrictas sobre dejarlo sin protección, bastante había sufrido al verle ser un muñequito para un mensaje tan macabro, además aquel golpe de magia oscura le hizo daño considerable.

Akunamukanon sabía que estaba arriesgando a su familia en esta empresa, y aún más, los estaba condenando a la muerte, a ser odiados por los mismos dioses. Tanta responsabilidad sobre sus hombros, era la primera vez en que se arrepentía de ser Faraón y a la vez padre; la corona sobre su cabeza le ordenaba ser el Rey de las Dos Tierras, gobernante, señor y protector de Egipto y su gente, sirviente de los dioses. Por otro lado, sus hijos estaban bajo su alero, no sólo Akunamekanon, Akenamon y Atemu, sino también las niñas, desde la princesa Senefrú hasta la pequeña Hathshet. Al menos él ya había vivido lo que le correspondía, los niños no.

"Tres son quienes vendrán en nombre de Ra y la corte de los Dioses". Fueron las palabras de los mensajeros ante el Concilio, en un comienzo todo parecía tan irreal. Sin embargo, sabio es aquel que siempre se encuentra preparado ante las tragedias, lamentablemente, ya eran demasiadas para estar prestos a evitarlas.

"El cielo se oscurece, las nubes se abren y tres estrellas bajan desde el cielo".Fueron las palabras de Atemu al contarles sobre sus sueños a penas si lograra reaccionar tras aquella posesión. Su hijo más pequeño tenía un poder lo suficientemente inconsciente como para ver algunos eventos del futuro.

El niño en sus brazos lo observó asustado, sus ojitos escarlata mostraban miedo, un sentimiento con tal grado de expresión, que su propia alma se heló al verse reflejado en aquellos ojos.

"El primer día un trueno surcará el cielo de Egipto, más allá de las pirámides y nuestras arenas, aún más largo que el Nilo".

"Al segundo amanecer el día será noche, y la noche día".

"Cuando Ra salga al tercer día las aguas del Nilo se volverá del color de la sangre derramada en el desierto en medio de la tragedia".

"Al cuarto día, los cielos de Egipto se oscurecerán, sin estrellas no será la dama nocturna que cae después de Ra, las nubes y los truenos de una tormenta o terrenal se abrirán, tres estrellas vendrán en nombre de los dioses, el Gigante Alado vestirá con túnicas de azul muerte, el Dragón del cielo de sangre roja bañará las arenas y las murallas de la ciudad, y finalmente el Dragón Alado del sol que trae luz inmortal a nuestro mundo... ellos acabarán con todo, cielo y tierra, luz y oscuridad, bien y mal se unen en tres criaturas que plagan el mundo, cada una con su propio ejercito de sombras".

Palabras de niño que concuerdan con los dioses, una extraña pronosticación para el futuro del Reino de las Arenas y el Sol, si los hechos ocurrieran tal y como Atemu los predecía, y los mensajeros rectificaban, no habría duda alguna que el pequeño poseía un poder más allá de la comprensión humana. Si bien aquellas palabras sonaban demasiado grandes para un niño de sólo 5 inviernos, existía una posibilidad que simplemente fuera una equivocación en el plano metafísico o algún espíritu travieso divirtiéndose a costillas de la angustia de los humanos. No era algo nuevo para Egipto una situación así.

Tantas dudas, tantas preocupaciones y angustias que ocupaban la mente del Faraón, no sólo su reino estaba en peligro, sino también su familia, y eso le apretaba el pecho y hacía sangrar su alma.

Esa mañana todo parecía mejorar para Egipto, ahora, una amenaza tras otra se avecinaban sobre las arenas, cada vez más poderosas y aterradoras. En 5 días llegarían los Asirios e Hititas que masacraron Tebas, y en 4 días Ra descargaría su furia por un error en el ritual de los Artículos del Milenio.

Curioso que objetos tan pequeños trajeran tanto poder y desgracia.

Hace varias horas Mahaado había convocado a la Hada Mística para tratar las heridas de Atemu, si bien, no eran grandes laceraciones en la piel, el entrenamiento de Seth le permitió ver las heridas en el aura del príncipe, si bien una ataque mágico era para causar heridas a nivel físico, mientras mayor sea el nivel del hechicero, las heridas serán a nivel etérico, ya sea en el aura, espíritu o mente.

Si fuera un día como cualquier otro, donde Ra brillando en el cielo fuera signo de bienaventuranza, ellos estarían de vuelta en las riveras del Nilo, los dos príncipes mayores practicarían contra Mahaaado, y Atemu se encontraría con su amiguito para un día de aventuras nuevamente.

Seth se acercó hacia la cama, donde su primo dormía producto de los encantos curativos de los poderes de la Hada Mística. Su pequeña forma cubierta por los cobertores delgado de color verde oscuro sólo acentuaban su palidez, un tono de piel aún más claro que le normal. Seth siempre se había burlado del pequeño, su apariencia no era la de un egipcio, bueno, la de él tampoco, pero al menos su piel era bronceada como la mayoría de los sacerdotes, tal vez un poco más clara que la normal, aunque no dejaba de ser su muestra de Sangre Egipcia. A él no le acompañaba el color castaño de sus cabellos y ojos azules, pero a Atemu se le notaba a leguas que traía más sangre extranjera que egipcia.

El niño mayor se sentó al lado del príncipe, sus dedos infantiles acariciaron los rasgos de Atemu, la yema de sus dedos recorriendo el puente de la nariz, luego los pómulos jóvenes, el contorno de los ojos y por último su largo cabello. El orgullo de Harther y Mána sobre Atemu, su largo cabello blanco, curioso que esas hebras fueran la Némesis del pequeño, era fácil agarrarlo por la espalada usando el cabello como punto de empuje, además se enredaba con las hojas y las ramas de una forma muy divertida.

Tal vez el príncipe subiría sus ánimos si le llevaba con Bakura, sabía que el niño iba todos los días a pescar allí, le había visto con anterioridad. Un muchacho de aldea, de buen corazón y con la naturaleza a flor de piel. Probablemente estaría preocupado por la ausencia de Atemu esa mañana.

"Seth". Una vocecilla le sacó de sus pensamientos, levantó su rostro hacia el origen de la voz. Un par de ojos escarlatas le observaban con curiosidad.

"Estas despierto Atemu". Seth no pudo evitar sonreír ante el alivio que sintió al ver a su primo una vez más con sus ojos abiertos.

Atemu sólo asintió, acariciando ausentemente una joya en uno de sus dedos, parecía un pequeño anillo. Un aire de nostalgia y tristeza le envolvía el alma y se reflejaba en sus ojos con un tímido brillo de amargura.

"¿Y ese anillo?".

La pregunta equivocada, en el momento menos indicado, al menos eso fue lo que pensó Seth cuando vio a su primo retener un par de lágrimas que amenazaban con dejar sus ojos y correr libres por sus mejillas. El niño era pequeño, si, como consecuencia se podía decir que tendía a llorar para defenderse cuando le era menester, sin embargo, casi siempre lo enfrentaba valientemente a pesar de la gran diferencia de estaturas; Atemu a penas si lograba llegar a la altura de su hombro. Llorar no era algo común en el príncipe, rara vez le había visto regalar tantas lágrimas en un día, falso, nunca le había visto lamentarse tanto.

Desde muy pequeño a Seth se le enseñó a ser una mente inteligente, capaz de analizar cualquier situación y leer las expresiones de quienes le rodean, después de todo, si pretendía ser un sacerdote como su padre, debía tener ciertas características y habilidades sobre las personas, además de sus poderes mágicos.

Atemu se comenzó a comportar extraño el día anterior antes del atardecer, eso quiere decir, que algo en ese momento gatillo las emociones en el príncipe.

´Veamos, ¿qué ocurrió ayer?. En la mañana fuimos al Nilo, supongo que jugó con Bakura hasta que debimos volver a palacio`. Los hechos del día anterior se proyectaban en la mente de Seth, cada uno bajo un exhaustivo análisis.´En la tarde anunciaron la creación de los Artículos y... nada más.... Uy, ahora desearía tener ese Ojo feo que le entregaron a mi padre, tal vez podría ver en la mente de Atemu`.

Poco a poco los sollozos de Atemu se fueron silenciando, como única evidencia de su llanto quedaron las marcas sobre sus mejillas, donde las lágrimas encontraran su ruta; sus ojos pronto dejaron ese tono rojizo que toman al llorar, y su respiración volvió a la normalidad. Un silencio incómodo cayó sobre los niños.

´Ahora si que se complican las cosas, primero llora como un bebé y después se queda observando la pared como si fuera algo interesante`. La molestia de Seth no sólo se reflejo en sus pensamientos, si no también su mirada azul, sus ojos a penas si restringían sus propios deseos de darle un golpe en la cabeza a Atemu y hacerlo comportarse normalmente. ´Si, si, el muy maduro, ya va a ver cuando salga de aquí como lo voy a corretear por el pasillo, ahí veremos quien ríe más fuerte`.

"Estoy seguro que Bakura debe estar preocupado por tu ausencia hoy". Ante aquel encabezado, Atemu estaba seguro que 5 minutos atrás se habría lanzado del balcón de su propia habitación. El recuerdo tangible de sus aventuras con el muchacho de Kuru Eruna sería su gran tesoro, si continuaba derramando sus lágrimas en pos de algo que no logró evitar, sería el niño pequeño que Seth y sus hermanos proclamaban que era, el mimado de la familia. Había ocurrido algo que jamás olvidaría, ver muerto a su mejor amigo por las manos de los guardias de su padre sería algo que viviría en su alma para siempre, un recuerdo que tendría que cargar por el resto de su vida.

"Nunca más podré jugar con Bakura".

La simpleza de las palabras era inequívoca, una verdad convertida en sinceridad hablada. La nueva información dedujo varias interrogantes en Seth, de todas ellas, sólo unas podrían encajar con el comportamiento de su primo.¿Sería que el niño le dijera a Bakura que era de la realeza?, ¿Bakura no iría pescar nunca más?, pero si era, probablemente el sustento de su familia; ¿Le habría pasado algo?, ¿algo en su aldea?.

Un momento, Bakura debía vivir cerca del Nilo para ir todo los días hasta allí. Aldeas cercanas a Menfis y al Nilo eran pocas, y Kuru Eruna era una de ellas, aquella que su padre había ido a visitar para traer los materiales etericos. En otras palabras, las almas... almas...podría ser que Bakura estuviera....

"Bakura fue sacrificado junto a su aldea".

La verdad siempre duele y cala en el alma.

El cielo se oscureció y una luz azul, roja y amarilla cruzó el cielo.

La primera señal; Atemu y Ra estaban en lo cierto.

Egipto completo era un caos de horror, terror y desesperación, no era extraño, no después de ver aquel relámpago cruzar Egipto de norte a sur, la masacre de Tebas y Kuru Eruna. Y ahora cuando la segunda profecía se cumplía.

"Al segundo amanecer el día será noche, y la noche día".

A penas si Ra se había asomado aquel amanecer, todo su cubrió de sombras, y el día se convirtió en noche, la Luna y las estrellas presentes en el firmamento como si su reinado aún no terminara por aquel día.

Para finalizar aquel horrible momento, las hordas enemigas había sido vistas a menos de un día a caballo de Menfis. La ciudad debía ser evacuada aquel mismo día y los ejércitos que estén en los alrededores reclutados y armados para el final de la tarde... o el amanecer.

Aquel día fue noche y la noche día.

Ra saludó el tercer día de caos, desde su posición en la pasada noche, sus rayos rubíes cubrieron el horizonte desde su punto de partida cada amanecer, a pesar de que sólo unos minutos antes se dejara caer por el lado contrario de las arenas.

La ciudad de Menfis poseía una cantidad de estrategias muy notorias en su estructura, completamente construida para ser la ciudad perfecta en caso de batallas épicas a sus alrededores, los arquitectos pensaron en todas las armas posibles y su destrucción para construir y levantar la Ciudad Blanca. Murallas fortificadas no sólo con piedra, sino con una mezcla antigua que unía los bloques para convertirlos en uno sólo, una sola pieza de dureza y resistencia legendaria; luego seguían los túneles subterráneos que yacían bajo los edificios en la ciudad, cada casa poseía una entrada secreta hacia uno de los pasadizos en las cuevas bajo Menfis, nada podía entrar allí desde fuera de la ciudad, salvo por un brazo del Nilo que pasaba bajo el Templo y la plaza central. El objetivo era mantener a los habitantes evacuados en su interior, donde el agua era abundante y los alimentos eran resguardados en grandes tinajas de sal y así mantenerlos en buen estado para su consumo.

Durante todo el día anterior se había efectuad una evacuación cuidadosa de la ciudad completa, salvo por todo aquel que fuera capaz de envainar una espada o lanzar una flecha. Aún así los ejércitos del Faraón a penas si sumaban los 3 mil hombres, al menos la mitad de ellos capacitados para la batalla; las noticias de los 10 mil hombres de los Asirios no eran alentadoras para los Egipcios. Si Menfis caía, el imperio quedaría en manos del Rey Escorpión, Tebas ya no se levantaba como la gemela de Menfis, y sin una capital sería difícil organizarse.

Desde su posición sobre los muros de la ciudad, Akunamukanon observaba el paraje desértico más allá de los valles que el Nilo le permitía crear para la agricultura, el Río Nilo en el fondo de la imagen, todo teñido en violetas y rojos anaranjados. El viento del amanecer del primer día de primavera, la brisa que trae las voces más allá del mar.

Arqueros de tiro largo se encontraban sobre las murallas, tres filas de ellos en el observatorio, luego venían los arqueros de tiro alto, la segunda gran oleada de flechas; varios jinetes con arquería pesada y espadachines. En cada esquina se encontraban los orgullos de Karimu y Shaadi, sus enormes máquinas de alta tecnología, capaces de lanzar piedras tan pesadas como los bloques de las pirámides hacia el enemigo con gran precisión, aquellos enormes artefactos habían sido construidos tras varios años de estudios sobre física y movimiento.

"Su majestad, todos están preparados". Mahaado se acercó a su Faraón, una reverencia ante el gobernante seguido por sus colegas sacerdotes, todos traían consigo los artículos confiados a su cuidado.

Los 7 Artículos brillaron con el primer rayo de Ra desde su punto de partida para aquel día, los cuernos de Menfis sonaron sobre el valle, su eco triunfante resonó por entre los acantilados del Nilo.

La línea oscura que formaba los ejércitos Asirios se hizo visible, el brillo de las lanzas ante el amanecer de Ra, el aviso de la nueva batalla. Sus pasos pesados en pos de la marcha hacia la mítica Ciudad Blanca de los Egipcios, la flor del río a la orilla del desierto. Avanzaban con seguridad, sus enormes fuerzas serían la perdición egipcia, una enorme mancha negra sobre los valles de Menfis.

El silencio reinó entre las filas egipcias, las suaves brisas movían los cabellos de los soldados prestos a seguir las órdenes de sus capitanes y a su Faraón hasta la muerte.

"No les muestren piedad". Se escuchó una voz gritar por entre las filas, claramente un capitán. "Ellos no les tendrán ninguna".

"Su majestad, es ahora cuando debemos usar el Poder". La sacerdotisa Isis se acercó al Faraón, su figura que recorta los rayos de Ra en el campo visual, la gran estatua de sabiduría milenaria que gobernaba el Imperio de las Arenas.

"Que así sea".

"¡Preparen las flechas!"

El ruido de cientos de manos en busca de las flechas en las aljabas correspondientes, las finas plumas que Karimu decidiera agregar al extremo de la pequeña lanza para una mayor velocidad y alcance, cantaban una canción de muerte. Los soldados enemigos rompieron filas en su loca carrera hacia la ciudad.

"¡Disparen!".

Una lluvia de flechas se dejó caer sobre las figuras oscuras, cada una de las puntas clavadas en el cuerpo inerte o moribundo de un soldado enemigo. La segunda oleada de flechas no se dejó esperar, las espadas de los capitanes guiaban a sus hombres a medida que debían continuar soltando sus arcos de madera pulida.

"Los siete Artículos se presentan al amanecer del mundo y la esperanza nace en los corazones de quienes los llevan". Akunadín pronunció el encabezado del conjuro, su ojo izquierdo brilló con las palabras. "Veo una esperanza para Egipto en el horizonte donde Ra brilla por sus hijos".

Entonces el Faraón sostuvo la pirámide al centro de los 6 objetos restantes, un brillo cubrió el ejército Egipcio y el enemigo quedó paralizado, expectante ante tal espectáculo de luz y poder.

"Siete se han reunido aquí para invocar el Poder, salvar a Menfis con Esperaza para Egipto,¡ qué Ra nos proteja!".

10 mil hombres reducidos a cerca de 9 mil por la lluvia de flechas certeras y las piedras lanzadas por las máquinas de guerra. Todos quedaron de pie sobre las arenas del valle alrededor de la Ciudad de Menfis, su objetivo por conquistar. Una sombra creció sobre las murallas, un vórtice sin fin, negro, oscuro, completamente vacío y tenebroso.

"Se abren las rejas del caos para dejar salir a nuestros soldados".

Akunamukanon señaló hacia el campo enemigo, a penas si su dedo bajó al nivel horizontal perfecto referente al suelo, miles de pasos pesados y rápidos se escucharon por el valle. Rugidos feroces y gritos de guerra aún más salvajes que los Asirios, de aquellos portales oscuros salieron incontables criaturas del Juego de las Sombras y se dejaron caer como bestias sedientas de sangre sobre los enemigos de Egipto.

Desde la terraza principal de palacio, Seth observaba con atención lo ocurrido, como aquellas criaturas se lanzaban contra los humanos en una carrera desesperada, Gyakuteno Megami pasó sobre varios soldados, sus elegantes manos sostuvieron sus cuellos y los retorcieron como cañas de papiro, un dragón de ojos rojos lazó por su hocico su propio ataque y sus dientes despedazaron cuanto humano se acercaba lo suficiente. Monstruos poderosos y débiles unidos en pos de una masacre más sobre las arenas del desierto.

En el horizonte, la sangre derramada caía por el acantilado hacia la línea azul y celeste allá en el valle, pronto su color se mezcló con el carmín del dolor y muerte.

"Cuando Ra salga al tercer día las aguas del Nilo se volverá del color de la sangre derramada en el desierto en medio de la tragedia".

***Notis

Bueno, tengo el drama de que realmente los quiero hacer crecer y todo, si bien no aparece Bakurita aquí, estoy tentada en ponerlo en el siguiente cap., al = que comenzar con los preparativos para que un sacerdote y un esclavo se enamoren.

Ideas, comentarios, etc. Me dejan un review, plis? O me agregan al msn, me está gustando esto de hablar por el programita ese. Razor_swat@hotmail.com