La princesa del guisante
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Editado por Mara S.
Alice pov
Estábamos Bella y yo en su casa, precisamente en su sala. Nessie y Edward estaban en la gran casa, por decirlo de aun modo, mientras nosotras charlábamos.
Bella y Edward acaban de llegar de festejas su aniversario de bodas. Se habían ido dos días, sin contar las horas de viaje, en Isla Esme. Claro, ese después de prometerle a Esme no romperle ninguna almohada y cabecera… Si, las que anteriormente ya habían roto (o mejor dicho, él había roto), las habían comprado y cambiado.
Y claro, Esme les había perdonado sin problema, ya que obviamente sabia el esfuerzo que tuvo que hacer para que fueran las almohadas y cabezadas, en vez de la anteriormente frágil Bella.
Mire a Bella, saliendo de mis pensamientos, mientras le sonreía.- Y… ¿Cómo la pasaste?
-Oh, Alice.- Dijo suspirando contenta, con una gran sonrisa en el rostro.- Edward es tan…romántico.
-¿Enserio?- Dije moviendo las cejas subjetivamente.
-Hey, no niego que nos acostamos. Pero en el día hicimos otras actividades.- Apuesto que si fuera humana, en este momento estaría roja, por sus propias palabras.
-¿Cómo cuales?- Pregunte curiosamente. Yo había preferido no mirar en su futuro, no me quería arriesgar a ver algo…no apto para todo público y causarme nauseas. Digo, son mis hermanos… Me estremezco de solo pensar…
-Preparo una "cena" a la luz de la luna. Obviamente no comimos nada, pero nos sirvió "vino" que en realidad era sangre de leopardo.- Sonrió encantada, mientras me relataba. Reí, leopardo, era obvio. Luego de una visita a Alaska, descubrimos la "comida" preferida de Bella… el leopardo de las nieves.
-Y…- Dije ansiosa porque siguiera con su relato.
-Toda la velada, bueno, mejor dicho, estos dos días se la paso diciéndome cosas tiernas y demás.
-¿Cómo qué?
-Bueno… unas de las cosas fue que me dijo que para él era única, una verdadera princesa.-Rio divertida, aunque se notaba que estaba encantada por toda las cosas que le dijo.- Es tan…
-Edward.- Complete riendo.
-Bueno, tampoco él fue el único, yo también…- Bella se trabo sin saber cómo decirlo, y nuevamente, apostaría que si fuera humana se estaría sonrojando fuertemente.
-Entiendo, tú también estuviste "cariñosa" con él.
Entonces, mi risa se detuvo al recordar algo… Una verdadera princesa, había dicho Edward.
Sonreí, ya sabía que contar hoy. – Hay Bella, llegaste justo a tiempo para la hora del cuento.
Sin escuchar sus protestas fui rápidamente a la casa, jalándola del brazo. Al llegar ya estaban todos esperándome y Edward me miro mal al ver como la traía a su esposa. Yo solo me limite a encogerme de hombros, soltarla y sentarme en el muy cómodo regazo de Jazz.
-Bueno, que empiece el cuento…- Dijo emocionado Emmett, mientras me miraba divertido.
Le rodee los ojos, pero empecé con el relato.
Erase una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero que fuese una princesa de verdad. Se llamaba Edward Cullen. Y con el permiso de sus padres, el rey Carlisle III y su esposa…
-Alto… ¿Carlisle III? ¿Eso significa que es más viejo de lo que ya es?- Se burlo Emmett, interrumpiéndome.
Carlisle y yo le mandamos una mirada con la que podrías decir… Si las miradas matasen.
-Emmett, no interrumpas a tu hermana.- Le advirtió Esme a Emmett. Este asintió rápidamente, ya que no quería tener que enfrentarse a la furia de Esme.- Sigue, Alice.
Sus padres, el rey Carlisle III y su esposa Esme le habían dado el permiso para ir en busca de la que sería su futura esposa.
Pero aunque recorrió todo el mundo, siempre había algún pero. Princesas había muchas, eso era cierto, mas Edward nunca lograba asegurarse de que lo fueran de veras; cada vez encontraba algo que le parecía sospechoso o que no le agradaba (siempre eran feas, maleducadas, envidiosas, interesadas o hasta vanidosas). Así regresó a su casa muy triste, pues estaba empeñado en encontrar a una princesa auténtica.
Una tarde, en Forks (lugar donde reinaba el rey Cullen) estalló una terrible tempestad; se sucedían sin interrupción los rayos y los truenos, y llovía a cántaros; era un tiempo espantoso. En éstas llamaron a la puerta de la ciudad, y el ya anciano Rey acudió a abrir.
-Anciano.- Se burlo Emmett. Todos les gritamos enojados su nombre, para recibir de respuesta.- Si, ese es mi nombre, no lo gasten.- Idiota.
-Ememtt, o la cortas o te quedas en celibato toda una semana.- Dijo molesta Rose. Em la miro asustado y asintió rápidamente.
Bufe, pero seguí con el relato.
Al abrir la puerta, Carlisle III se encontró con una princesa; pero ¡santo Dios, cómo la habían puesto la lluvia y el mal tiempo! El agua le chorreaba por el cabello castaño y los vestidos, se le metía por las cañas de los zapatos y le salía por los tacones; pero ella afirmaba que era una princesa verdadera.
"Pronto lo sabremos", pensó la vieja Reina, y, sin decir palabra, se fue al dormitorio donde dormiría la supuesta princesa. Levantó la cama y puso un guisante sobre la tela metálica; luego amontonó encima veinte colchones, y encima de éstos, otros tantos edredones.
Mientras tanto, el rey y el príncipe hablaban con la princesa.
-¿Cómo se llama usted, señorita?- Le pregunto cortésmente Edward luego de presentarse.
-Isabella Swan, señor.- Dijo educadamente, con una verdadera voz cautivante. Oh, por lo menos, eso fue lo que pensó el príncipe.
-Por favor, no nos tratemos con usted. Isabella yo soy el Carlisle III.- Se presento con una cordial sonrisa el rey.
-Oh, un gusto de veras rey Cullen. E oído hablar de usted. Y por favor, si vamos a hablarnos de usted, llámeme Bella.
-Bella… un nombre que te hace justicia.- Sonrió Edward. Bella se sonrojo, demostrando una gran inocencia en el acto.
-Bueno Bella, yo me llamo Esme y tu cuarto ya está listo.- Dijo Esme, quien había llegado en ese momento.
Bella agradeció y se dirigió, guiada por la reina, a su cuarto.
Por la mañana le preguntaron qué tal había descansado.
-¡Oh, no quisiera ser descortés! Pero tengo que admitir que dormí bastante mal –Exclamó la Isabella-. No he pegado un ojo en toda la noche. ¡Sabe Dios lo que habría en la cama! ¡Era algo tan duro, que tengo el cuerpo lleno de cardenales!
Edward sonrió encantado. Definitivamente era una princesa de verdad, puesto que, a pesar de los veinte colchones y los veinte edredones, había sentido el guisante. Nadie, sino una verdadera princesa, podría ser tan sensible.
El príncipe la tomó por esposa, aun cuando esta se negó al principio, pues se había convencido de que se casaba con una princesa hecha y derecha; y el guisante pasó al museo, donde puede verse todavía, si nadie se lo ha llevado.
-Fin.- Dije sonriendo. Jasper me dio un beso en el hombro, demostrando así que la había gustado el cuento.
Por otro lado, Renesmee me miraba curiosa.- ¿En qué museo, tía Alice? ¿Aun se puede ver?- Todos reímos hacia la inocencia de la pequeña.
Luego de explicarles el cuento empezamos a conversar tranquilamente. Pero Jasper se empezó a mover incomodo.
Aunque antes de preguntarle que rallos le pasaba, escuchamos un grito.
-¡Bebe, te ves tan sexy en un vestido de princesa!
Oh, por dios.
-¡EMMETT!- Gritamos todos, mientras Edward le tapaba las orejas a Renesme… Bufe, Em y Rose eran y serán un par de pervertidos.
Hola! Espero que les alla gustado... Por desgracia solo nos queda el epilogo..
El cuento que habra en el es SORPRESA xP Si quieren...pueden intentar adivinar, eso no cuesta nada xD
Pero... voy a ser "mala" y publicare el epilogo el Martes que viene! :P (no me lleven con los vulturis, ¡Son viejos!) xP
Igualmente, queria saber su opinion... Estoy pensando hacer una secuela... que siga contando mas historias y en estas habra mas bromas. Queria hacerle como una parodia... como si todos se ubiera vuelto de cabeza
Nose... si les interesan avisemes... TAmbien acepto ideas, no tengo nada pensado aun.
Besos, (gracias por los reviews)
Mara S.
