IX – Nombre de pila
─Anoche tuve un sueño fantástico. Éramos solo Pansy y yo, en un gran lago en una noche tormentosa. No hace falta aclarar cómo me desperté ─dijo Blaise Zabini guiñando un ojo.
Theodore Nott bostezó, sin siquiera molestarse por cubrirse la boca.
─Nunca recuerdo qué sueño.
Draco se quedó en silencio. Clavó su vista en el suelo, intentando pasar desapercibido. No funcionó. Blaise lo tomó del hombro y lo zamarreó.
─¿Qué hay de ti, Malfoy?
─Yo tampoco recuerdo nunca lo que sueño ─mintió.
Se dio cuenta de que si a Hermione se le ocurría esa noche soltar a los boggarts, estos adoptarían la forma de sus compañeros, que se reían y burlaban de él por descubrir su secreto. Se pasó la mano por el rostro y cabello, angustiado. La pequeña fiesta de conmemoración que Hermione había organizado la noche anterior le había hecho tomar conciencia de cómo el tiempo transcurría y su difunta acosadora no lo dejaba en paz.
─Tiene que haber alguna manera de hacerla desaparecer ─se dijo Draco en voz baja, dando un puñetazo a la pared, como hacía siempre que se sentía molesto e impotente─. Tiene que haberla.
Eran las dos y veinte de la mañana, y él no se había decidido a dormir esa noche. Los párpados le pesaban y le dolía la mano. Se plantó en serio la posibilidad de permanecer despierto hasta el amanecer, pero recordó que al día siguiente tendría entrenamiento con sus compañeros. Dado el humor del Lord últimamente, no podía arriesgarse a quedarse dormido mientras torturaba al muggle que le asignaran. Dio un último golpe a la superficie blanca, agitó su mano haciendo que pequeñas gotas rojas se esparcieron por el piso, y se metió en la cama. Se limpió la mano con las sábanas, que quedaron empapadas de su sangre. Con un ligero movimiento de su varita, hizo desaparecer la mancha y la herida de sus nudillos.
─Que me deje en paz, que me deje en paz…
─No te preocupes, a menos que se los cuentes, tus amigos no se enterarán. No tengo interés en aparecer en los sueños de ninguno de ellos. Mucho menos en los de Zabini ─aseguró Hermione fingiendo un escalofrío.
─Qué gran consuelo ─la amargura en la voz de Draco apenas dejó notar el sarcasmo.
Hermione arqueó las cejas.
─No sé de qué te quejas. Tú fuiste quien me asesinó.
Draco murmuró algo que sonó bastante parecido a un "lo sé". Caminó en círculos, como si estuviese perdido, por el escenario de aquella noche: una playa de blancas arenas y mar azul. Alternó resoplidos, suspiros y gemidos. Hermione le concedió sólo cinco minutos, pasados los cuales volvió a hablar en ese tono casual y despreocupado del que había carecido en vida.
─Estuve pensando… ya han pasado cien noches desde que compartimos sueños. ¿No crees que ya sea tiempo de usar nuestros nombres de pila?
La pregunta detuvo a Draco, que se giró y miró a Hermione como si la chica acabase de volverse loca.
─¿Disculpa? ─inquirió, tan sorprendido que no fue capaz de conferir a su voz el tono insultante que requería la situación.
─He dicho que creo que ya es tiempo de tratarnos por nuestros nombres de pila. ¿Qué opinas, Draco?
Escuchar su nombre salir de los labios de la sangre sucia hizo que el joven Malfoy se estremeciera. Se abstuvo de hacer un comentario cruel. En lugar de eso, se conformó con alzar la barbilla y hablar con firmeza.
─Yo nunca te llamaré por tu nombre de pila, Granger. Sueña con eso.
Hermione sonrió de esa forma misteriosa que había estado perfeccionando desde el primer sueño.
─Quien lo soñará serás tú.
