Ya sé que he tardado mucho en actualizar, pero...¡Por favor disculpenme! He tenido un montón de cosas en las últimas semanas, y tenía este capi, pero no había podido terminarlo. Hasta ahora. Lamento mucho haber tardado, de verdad.

¡En fin!

Aquí les dejo el nuevo capitulo. Espero sea de su agrado C:

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ROTO Y HUECO

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Juvia se desplazaba por paisajes helados. Altas torres cubiertas de hielo, y un canal de agua que ya no corría, que era como un espejo de bordes afilados, como si algo se hubiera derrumbado sobre él haciendo salpicar el agua y dejándole congelada para siempre.

Caminaba por calles de hielo, zigzagueantes como una serpiente arrastrándose. Todo a su alrededor era nieve. Un paisaje que no era blanco ni negro, pero que la hacía sentirse en completa oscuridad.

En ese momento Juvia subía una empinada pendiente. Algo que ella reconocía como el camino a un puente, pero que ahora era un sendero cubierto de materia blanca. En medio de la cima, en donde los recuerdos de Juvia sugirieron debería estar un pequeño barandal de piedra tallada, con el canal corriendo por debajo, había una silueta. Una sombra con perfiles a los que ella no lograba darles un rostro. Juvia apresuró el paso, y la sombra miró hacia ella. Juvia supo que la estaba mirando porque había dos huecos más profundos donde naturalmente deberían estar los ojos.

Mientras iba hacía la inmóvil sombra, Juvia vio hacia abajo, hacia su reflejo en el agua congelada. No su reflejo, sino el de él. Gimió dolorosamente y sus músculos se tensaron cuando volvió el rostro hacía la silueta en el puente de nieve y esta se alejaba. Ella corrió, yendo tras la figura que ahora reconocía. La nieve era resbalosa bajo sus botas, y Juvia cayó de espaldas, precipitándose por la alta pendiente, hasta que llegó a una planicie, totalmente agotada. Sus manos azules y ardientes por el hielo. Juvia se puso de pie, sentía sus pies acalambrados, pero aún con ese dolor ella buscó ansiosamente a la figura y se apresuró a seguirla. Frías corrientes de viento atravesaban el espacio y le azotaban el cabello contra la piel dela cara. Los pulmones le quemaban y el aire que entraba por su nariz era como diminutas astillas clavándose en sus órganos. Entonces se detuvo, la sombra del otro lado de un lago congelado. Agua como el cristal de una ventana. Juvia dio un paso y el cristal bajo sus pies crujió, la sombra estiró una mano envuelta en tela tan fina como el papiro, como un lazo salvador y fuerte.

Juvia fue hacia adelante. Alargó el brazo cuando estuvo cerca, tan cerca que sus dedos rozaron los contrarios y una punzada le atravesó las yemas y el hielo bajo ella se quebró y cayó al agua helada, que le entumió el cuerpo rápidamente y…

Juvia chocó contra su propio grito cuando se sentó repentinamente en la cama. El aire se le escapó por la boca, y se removió tan abruptamente que terminó cayendo al suelo. Golpeó contra el piso de madera con rodillas y codos y el dolor apenas fue suficiente para hacerla reaccionar del todo.

Sufrió una arqueada, pero de su boca no salió más que un quejido, tan doloroso que le ardió la garganta. Apretó las manos contra la madera y en segundos esta comenzó a mojarse, y los temblores de su cuerpo fueron tan incontrolables que cayo completamente al suelo, y se encogió sobre sí misma, abrazando su estómago y deseando llorar hasta secarse y dejar de existir.

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Se encorvo sobre sí mismo, tragando saliva y mirando taciturno por la ventana. Gotas de lluvia se estampaban contra el cristal y resbalaban como lágrimas. El cielo era oscuro, en algunas partes apenas lograba diferenciar manchones grises, porque después de todo, el torrente que caía fuera lo consumía todo: el color, el sabor, la lúgubre sensación de abandono…todo. Debían ser las cuatro de la madrugada, y él no había podido conciliar el sueño. Le daba la impresión de haber estado sentado en ese mismo sitio desde hacía una eternidad, de tal forma que ya no era capaz de sentir las piernas, o recordar si tenía unas.

Se imaginaba el mar golpeando contra la costa. Embravecido como el coraje que le corría a él por las venas. El coraje y el dolor. La culpa era así, una combinación de un montón de emociones que finalmente terminaban siendo tan efervescentes que consumían. Era tan difícil deshacerse de ese sentimiento, pero era más difícil aceptarlo por completo.

Y luego estaba el dolor. Un dolor tan agudo que se volvía físico. Un dolor que nacía en su pecho, en lo profundo de su pecho y se iba esparciendo por cada víscera, cada nervio, hasta invadir todo su cuerpo y no dejarlo dormir. Las facciones de su rostro no se suavizaron ni sus ojos se desviaron del torrencial que caía fuera o del juego de sombras que el alumbrado público creaba en compañía de las gotas.

Lo odio.

Odio esa oscuridad, esa lluvia, esos rayos, ese todo que se reducía a una mujer atormentada en una habitación sombría, o a los martillazos que golpeaban su corazón. Y aun así, Gray quería seguir sin aceptar la totalidad de su culpa porque le parecía pretencioso caer en el mismo error dos veces: creer que todo alrededor de Juvia apuntaba irremediablemente a él. Creer que todo lo malo o bueno que le sucediera a ella tenía que ver con él, o era provocado por él. No importaba que tanto dijera ella que lo amaba –comprendía ahora– la vida de Juvia tenía un punto y aparte que no lo involucraba.

Recargó la frente sobre el cristal, notando como su respiración empañaba más el vidrio. Los bordes difusos de un aliento cansado. Era curioso como uno mismo marcaba su propio perímetro y se aseguraba de que nadie pasara de ahí y sin embargo, reaccionaba embravecido ante circunstancias externas.

En otro momento ni siquiera le hubiera importado, no habría gastado palabras y reproches frente a una mujer por una situación como aquella porque, para Gray, cada quien era libre de hacer con su cuerpo lo que quisiera. Y le dio asco darse cuenta de que la mayoría del tiempo se decían las cosas de dientes para afuera, que la verdad era que se reprobaba lo que antes se defendía cuando venía a afectar tus intereses y derretía el castillo de hielo que se creía eterno.

Comprendió, no sin llegar a horrorizarse, que la naturaleza humana era como andar en una habitación a ciegas. Uno de esos juegos en los que no importaba que cartas llevarás, nunca tendrías la certeza de ganar la apuesta donde ya lo habías arriesgado a todo.

Por qué ¿Qué era en realidad lo que tanto le molestaba, lo que le hacía hervir la sangre y consumía el raciocinio bajo la efervescencia del corazón? ¿Qué Juvia no le hubiera dicho nada, que hubiera tenido que enterarse por otra boca? ¿O el gigante y abrumador hecho de que esa noche, ese evento tan intimó, no había sido con él?

Pero más probable que todo eso, más horrible y aplastante e intolerable y amargo ¿Tener que enfrentarse a la idea de que aquella persona a quien quería proteger…se había dado por vencida y finalmente se alejaba de él?

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Lisanna mordisqueó nerviosamente el lápiz y volvió a mirar al hombre que tenía delante. Entorno los parpados casi como si estuviera ante un caso perdido o frente a la escena de un crimen. O ambas al mismo tiempo.

— ¿Por qué me estás pidiendo esto a mí? —su voz fue como un reclamo.

El joven suspiró apesadumbrado; Lisanna se sintió una mala persona por resistirse al favor que le estaba pidiendo. Ella ya había considerado hacer lo que él le pedía, en primer lugar, y esa misma tarde iba a llevarlo a cabo luego de tantos días en la más perenne tranquilidad del gremio. No era algo que le pesara hacer, de hecho había estado deseando reunir el valor necesario para ir y plantarse en aquella zona que gritaba pesar y olvido.

Decidir ayudarlo sería únicamente un nuevo pretexto.

— Es tu amiga ¿no? —hubo una clara ironía y hasta acusación en la gruesa voz— Sería natural que la visitarás, además de que darme el dato sólo demostraría lo mucho que me preocupo por mis compañeros.

Lisanna enarco una delicada ceja, una clara muestra de que no se creía todo ese discursillo, y de que su amistad con la maga en cuestión no se podía poner en entredicho.

— El caso es, Laxus, que no puedes pedirme algo como eso cuando sabes bien que…

Laxus se irguió en el mismo sitio, su expresión completamente seria; Lisanna se arrepintió de haber sacado el tema, a pesar de no haberlo terminado de pronunciar.

— Eso es parte del pasado, y sabes tan bien como yo que no le molestaría —Laxus hizo un ademán grandilocuente— De hecho, me extrañaría que no haya hecho ya el intento de ir.

Claro, precisamente porque Lisanna lo sabía tan bien como sabía de su vida en Edolas, era que no quería ir en nombre de algo más que no fuera su propia preocupación por la chica de ojos color océano.

Laxus recorrió su silla cuando Lisanna se quedó en completo silencio, reflexionando sobre la lealtad que debía a sus seres queridos. La menor Strauss noto la acción del DS del rayo. La postura de Laxus indicaba que no le iba a insistir, y sin embargo, en sus ojos estaba aquella muda suplica, aquel deseo de que ella pudiera ayudarle, y Lisanna clavó la punta del lápiz en la madera de la barra y se decidió.

— Esta bien —Laxus la miro por el rabillo del ojo— Lo haré, pero que conste que no es porque me lo pidas, sino porque de todas formas ya tenía pensado ir hoy a verla.

Dreyar se giró por completo, limitándose a agradecerle –o así quiso interpretarlo Lisanna- con un asentimiento y se marchó. Lisanna se quedó sola, picoteando ansiosamente la barra con el lápiz como si fuera una especie de bicho. No podía hacer otra cosa cuando percibía estar yendo contra sus principios y al mismo tiempo, estar cometiendo el más grande acto heroico emocional.

Por otro lado, y más importante que la petición de Laxus, ella se había estado sintiendo extrañamente vacía sin aquella presencia femenina alrededor, sin las risas o llantos simpáticos de la maga. Los ojos de Lisanna escocieron y se dio la vuelta hasta dar la espalda al salón.

Recordó que en aquel otro mundo, aquella otra peliazul, siempre le había apoyado. Recordó que ante su "regreso" de ultratumba, esa chica había sido de las más felices, quizás tan feliz como sus hermanos. Y luego le había brindado una amistad sincera, enorme e invaluable. Y en Earthland no había sido tan diferente. Lisanna se había presentado voluntaria para compañera de Juvia en los exámenes para clas partir de entonces se habían vuelto cercanas.

Con una punzada en el corazón y ardor en la nariz, la Strauss decidió hacer a un lado todos los cuestionamientos a cerca de la lealtad, porque con o sin petición de Laxus, con y sin aquel pasado que estaba extinto, Juvia era su amiga, y ella la extrañaba tanto que lo único que deseaba era salir ya del gremio e ir a buscarla.

Pero aquello iba a tener que esperar, se enteró, cuando Natsu se acercó a la barra por primera vez en el día, pidiendo algo que comer. Lisanna entrecerró los ojos, percibiendo la aguda nostalgia agolpándose en su pecho. Se dio la vuelta casi a medio pedido de Natsu, y el pelirosa enarcó las cejas, sorprendido.

— ¿Podrías ocuparte, Kinana? —alargó la mano, señalando escuetamente hacia Natsu. Kinana asintió yendo a ello, mientras Lisanna se deshacía del mandil, colgándolo en un ganchillo y salía con premura de la cocina.

Kinana y Natsu pestañearon, pero Lisanna no reparó en ello. Quizá sólo en Natsu, que le había hablado para pedirle comida. Quizá sólo en Natsu y esa amistad que parecía pertenecer tanto al pasado, que no había forma de plantearla en el presente. Con las manos en puños, Lisanna cruzó la puerta del gremio, tomando precipitadamente y sin arrepentimientos, un día libre.

Porque irse en ese momento, era la única manera que tenía de hacer las cosas. La única manera si quería evitar que otra vez la amistad se enfriará tanto como un muerto.

Lisanna llegó ante las puertas de Fairy Hills mojada y jadeante. Nunca había vivido ahí, pero conocía el sitio como la palma de su mano. Sabía la disposición de las recámaras, el camino a la cocina, los baños independientes y sabía dónde estaba la puerta que llevaba al sótano, pero cuando estuvo en el recibidor no pudo evitar sentirse perdida. Apretó las manos contra su estómago y comenzó a subir las escaleras al segundo piso.

Hizo el recorrido el completo silencio, todo el ajetreo con que se había movido por las lluviosas calles de la ciudad había desaparecido cuando entro a la vieja casona y ahora sólo quedaba un martilleo en sus oídos, el recordatorio constante de que la preocupación seguiría ahí hasta que viera a la maga elemental.

Lisanna se detuvo frente a una puerta. Una puerta cerrada que no era atravesada por sonido alguno, como si del otro de verdad sólo existiera el vacío. Levantó la mano, armándose de valor, y cuando sus nudillos iban a tocar la madera, la puerta se abrió y Juvia pareció tan estupefacta como ella.

Azul marino contra azul celeste chocaron, pero ni Juvia retrocedió, ni Lisanna hizo amago de avanzar. Sentía la boca repentinamente seca, áspera como el desierto. Las ideas se hicieron humo en su mente y olvido la manera correcta en que se saludaba.

— L-Lisanna-san —exclamó Juvia, como si después te todo, apenas se estuviera dando cuenta de que la Strauss se encontraba ahí.

Lisanna sintió que su corazón pesaba, y no era como si ella se quebrara frente a cualquier cosa, y precisamente porque lo que veía no era cualquier cosa, comenzó a llorar.

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Se dejó guiar por la experimentada memoria de los pies, adormecido por las horas de desvelo y la desazón que embargaba su mente, sólo se detuvo cuando frente a él, alguien más también lo hizo.

Y cuando levantó los ojos, comprendió que Laxus lo iba a golpear, del mismo modo en que Laxus supo que él no haría nada para evitarlo.

Fue precisamente por eso que el puñetazo murió antes de nacer, y sólo quedaron en su lugar ojos entrecerrados, una advertencia y por parte del de cabello negro, el gran anhelo de que le dieran un motivo para que el dolor físico que sentía, fuera real.

— Seré directo, Gray —la voz de Laxus le cruzó la cabeza al Fullbuster, pero este disimulo aquel hecho tras el cristal de hielo que siempre –o casi siempre- lo protegía— ¿Qué le dijiste a ella?

El entrecejo de Gray se frunció, automáticamente metió las manos en los bolsillos del pantalón, mientras el agua que resbalaba por los techos le salpicaba las botas.

— Te preguntaría por qué te importa tanto pero, sería un poco patético, la verdad.

— Te golpearía, pero ya pase por esa etapa —repuso Dreyar, una sonrisa en la comisura de sus labios— Y además, parece que Redfox ya se encargó de eso. Pero ese no es el caso, Gray. Dime qué fue lo que le dijiste a ella —demandó nuevamente— Porque no recibiste una paliza por ser un buen tipo.

— No es tu asunto, Laxus. Si hable o no con Juvia, no es algo que deba decirte…

— Es un hecho que hablaste con ella, en primer lugar. Y si es mi asunto, en segunda, porque fuiste, estoy seguro, de que fuiste un verdadero imbécil con ella…

— ¡¿Y qué si fui un imbécil, eh?! —lo interrumpió Gray con voz estridente, más que un grito, un rugido que había sonado amargo— ¿A ti que cabrones te importa?... ¡Oh, espera! —advirtió sarcásticamente, mostrando las palmas de sus manos— Te importa porque ahora, de la nada, te interesa Juvia.

Laxus afilo la mirada, sus dientes chocando entre ellos y su enojo bullendo como la tierra antes de colisionar. Por un momento quiso encontrar al Gray que conocía entre los vestigios que era el muchacho delante de él. Por un momento quiso detenerse y encontrar al verdadero Fullbuster. Pero esos ojos grises sólo le mostraron a alguien carcomiéndose desde dentro.

— La trataste como a una cualquiera —no fue una pregunta. No había nada de cuestionamiento tras esas palabras. Sólo una enorme y aplastante afirmación que ante el silencio y gesto sombrío de Gray, fueron aún más brutales. Laxus fue rápido y en menos de un parpadeo ya tenía a Gray por el cuello— Eres un estúpido. Sólo un escuincle enclenque que no sabe ver más allá de su propio ego —fue como si cada letra se la estuviera escupiendo— No te molestaste en averiguar…

— ¿Y yo soy el estúpido? —la comisura izquierda en la boca del Fullbuster se elevó en una fiera sonrisa— Natsu me lo dijo todo.

Laxus soltó una irónica risa ahogada.

— Eres un estúpido —reafirmó— ¿Estás seguro de que Natsu te dijo todo, o sólo te dijo lo que tú querías oír? Pensé que Natsu, con la honorabilidad de familia que se carga sería más… —Laxus entorno los párpados con displicencia—…atento. Pero veo que no. Estás rodeado de imbéciles, por eso se llevan tan bien.

No se dignó en ser brusco al soltarlo, y aquello fue un bofetón más. Parecía que, ser considerado en la manera de quitar sus manos de alrededor del cuello de Gray, era una manera más de compadecerse de su infantilismo. Y ciertamente, así era.

— Natsu me hubiera dicho todo lo que supiera…

— Bueno, Gray, estás de acuerdo que eso apoya más mi punto: Son ciegos, sordos…y dicen las cosas que logran captar, aunque ese sea apenas un relámpago de la verdad —Laxus comenzó a caminar, esquivando el cuerpo de Gray en el proceso. Sin embargo, Laxus se detuvo y miró por el rabillo del ojo al mago, y sentenció:— Voy a disfrutar muchísimo con tu arrepentimiento.

Desapareció entre la neblina matutina.

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— Juvia pensó que estaban muertos —el sollozo de Juvia quebró el sonido del torrencial de fuera— Pero incluso si Juvia hubiera sabido que ellos vivían, no se habría detenido en invocar junto a… —su voz escurrió de vuelta por la laringe, Lisanna le pasó la mano por la espalda, consoladoramente y Juvia no hizo el intento de sonreír, pero sus ojos le agradecieron.

Había llegado ese momento en que Juvia sentía que, tan sólo hacer el amago de mostrar una sonrisa, de fingirla, era equivalente a miles de esquirlas de vidrio incrustadas en sus huesos. Sentía que todo pesaba, que sus piernas eran plomo y que todo a su alrededor se consumía.

Y aun así, Lisanna estaba ahí, sentada a su lado en la orilla de la cama, con su tacto reconfortante. Tan preocupada que Juvia se había sentido culpable una vez más, y había vaciado sus terrores y ese pasado tan freso, que había quedado guardado en los poros de su piel.

— Juvia…lo siento tanto…

Lisanna abrazó a la maga, acunando su mejilla entre su hombro y cuello, dejándola sosegarse y temblar al mismo tiempo. Se sentía como si hubiera pasado demasiado tiempo entre el momento que cruzó la puerta hecha un mar de lágrimas y el momento actual, en el que, la que lloraba, era Juvia. No la había visto así antes, y nunca se imaginó que llegaría el momento en que lo hiciera.

— Juvia no…no sé qué decir. Cualquier palabra sería insuficiente frente a lo que te ha sucedido y… ¡Arg!

— ¿Sabes, Lisanna-san? Juvia te dijo…te dijo que Rogue-san y ella habían hecho una promesa pero…pero Juvia no quiere que todo termine de esta manera. Juvia se siente tan impotente… —hacia el esfuerzo de recuperar la voz, pero esta parecía desfallecer antes de nacer por completo— Sting-san…prohibió que Rogue-san se acercara a Juvia…y él acató la orden, Lisanna-san… —su garganta dolió ante el peso del sollozo que retuvo— Rogue-san…él simplemente…se fue…Rogue-san dejó a Juvia…y… ¿Y por qué todas las personas siempre la dejan?

Esta vez no hubo un impedimento para el desbordamiento. Juvia se dobló y su cuerpo pareció romperse cuando abrazo a Lisanna. Un abrazo que podía ser asfixiante, pero que la menos Strauss correspondió con ahínco y empatía.

— Juvia quiere ver a Rogue-san —confesó, con lágrimas resbalándole por las mejillas y jadeos doloroso— Juvia quiere verlo…

— Lo verás, Juvia, sé que pronto lo verás.

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— Sabes que en otras circunstancias no te lo pediría. Pero estoy preocupada. Ya son muchos días y…sé que algo malo paso… —supo interpretar de inmediato lo que los ojos de él estaban diciendo, así que fue a responder antes de que el mayor lo hiciera— ¿Crees que no he intentado enlazarme? ¡Lo hice! Después de que el halcón se demorara tantos días y regresará sin una respuesta, lo hice. Pero hay… ¡No sé, no sé! — se llevó las manos a la frente, provocando que la capucha cayera de su cabeza y dejara al descubierto su cabellera rosa—Pareciera que hay demasiadas cosas interfiriendo cuando quiero formar el vínculo con ella…No deseo poner a todo el grupo en peligro, puedo ir sola…

El mago santo levantó la barbilla. Una señal clara de que ir por su cuenta no era factible.

— Cuando… —la joven sabía que estaba a punto de jugar su última carta. Sabía que las decisiones del maestro no debían ponerse en juicio, pero debía hacerlo esta vez— Jellal…sabes lo que significa estar preocupado por alguien…por alguien especial. Ella es mi mejor amiga ¡Jellal, es la única persona en quien confió además…además de Ul y de ti!

La sola mención de aquel nombre le provocaba espasmos. Un vacío en su pecho que no parecía ser capaz de llenarse de nuevo. Y Jellal pareció reaccionar ante aquello.

— Esta bien, iremos. Fijaremos el rumbo hacia Magnolia.

Ante esa respuesta, Meredy sólo pudo mirarle agradecida.

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— Ese rubio estúpido… —Lisanna acomodó las sábanas sobre el cuerpo de Juvia, y levantó el plato medio vacío que descansaba en el buro a lado de la cama. Poso los celestes ojos en la chica dormida y exhalo con tristeza— ¿Qué te han hecho, Juvia?

Deseaba que aquello no fuera real. Deseaba que todo fuera parte de una broma demasiado mala. Lisanna conocía a dos Juvias, y ninguna coincidía con la joven que dormitaba en ese instante. Ninguna de las Juvias que conocía eran como esa chica delante de ella, de rostro demacrado, ojeras y piel tirante sobre los músculos. La Juvia delante de ella tenía la vida rota por una maldición.

Lisanna contemplo la pieza de cerámica entre sus manos con gesto vago. Al final había logrado que ella comiera. Había insistido demasiado, y Juvia cedió. Pero era apenas un poco. No bastaba ese plato de comida para reponer todo lo que la Loxar había perdido. No cuando implicaba pérdidas en la fuerza del alma.

— ¡Ese rubio tonto, tonto, tonto! —se dio la vuelta y salió al pasillo, cerrando la puerta tras de sí. El rostro de Sting Eucliffe se había alojado en su cabeza como un espectacular de colores, o más bien, como el rostro de un delincuente famoso al que le tenía demasiado rencor.

Lisanna sabía que no era culpa del maestro de Sabertooth que Juvia y Rogue hubieran sido utilizados de aquella manera pero, sí era culpa de Sting y de Gajeel –aunque Gajeel se había redimido con la manera en que protegió a Juvia en el gremio- de una gran parte de la tristeza de la maga elemental. Lo era por haber apartado abruptamente a dos personas que apenas estaban creando lazos. Lo era porque había robado parte de la esperanza de salir exitosos de aquella pena.

Lo era porque su amiga estaba en ese cuarto, encerrada para siempre en un dolor que residía, en parte, en la distancia entre ella y el usuario de las sombras.

Y Juvia, aun así, no los culpaba probablemente ni en voz baja.

— Me va a tener que perdonar, pero no puedo quedarme de brazos cruzados. No cuando esta tan mal…no cuando sé a quién recurrir para ayudar un poco.

Definitivamente ese día había muchas otras que hacer como para limitarse a servir bebidas en el gremio.

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No importaba cuanto corriera, no era capaz de alcanzarle. El viento helado le golpeaba la cara y paralizaba su cuerpo. Le entumía las articulaciones y Juvia sentía arder su nariz. Se esforzaba por mantener los ojos abiertos, por discernir el camino que se extendía por delante de ella y que aquella persona andaba sin dificultad. Pero no podía, sus pies resbalaron en la nieve y ella cayó de bruces. El hielo le quemaba las palmas de las manos.

Nunca había sentido tanto frío en su vida.

Se puso de pie. Sus pulmones le pedían piedad, pero ella se negaba a dejar ir la pieza de su salvación. Porque sabía que si lograba llegar hacia aquella silueta, el paisaje helado se desvanecerá y el dolor con él.

Pero todo esfuerzo era en vano.

Juvia tosió y sangre salió de su boca, su cabeza punzaba y los oídos le retumbaban. Entonces noto que se acercaba. Miro hacia al frente, y su cabeza fue ascendiendo, notando el sonido de la capucha removiéndose, las sombras haciéndose aún lado y la cuando la luz se vacío por fin en aquella persona, gotas de agua cayeron de los ojos de Juvia, y el corazón se detuvo en su pecho.

— ¿Estas perdida?

La voz brotó, pero no de la boca de aquella persona tan conocida, sino del espacio mismo. Voló en su mente como un puñado de cenizas. Una vez más la mano se extendió hacia ella, y Juvia fue a tomarla con necesidad imperiosa.

Pero el suelo debajo retumbo y un hueco oscuro e inmenso se abrió bajo las rodillas de Juvia, y mientras la devoraba, ella noto la sonrisa y la burla de aquel que ahora se alejaba.

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¡Y eso es todo por hoy! ¿Muy corto? ¿Muy "ñieee!"?

Les pido disculpas por cualquier error que se me haya pasado (dedazos, comas, puntos... ¡Ustedes saben!)

¿Les doy un spoiler? ¡Puedo ver alguien que usa sombras aproximándose! (?)

REVIEW, REVIEW, REVIEW...

Guest: Hahaha, de verdad que amo tus review. Y bueno, Gray no reaccionó de la mejor manera, definitivamente. Es duro para él, y creeme, se va a arrepentir un montón de todo lo que le dijo a Juvia. Laxus se lo dijo, como puedes ver en este capi. En cuanto a Rogue...¡Oh, está cerca! Y está dispuesto a todo. ¡Saludos!

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leydi Locxar: ¡Holi! Principalmente ¡Muchas gracias por dejar ese lindo review! Ahora, entrando en materia, no te preocupes, Gray no se quedara con esa idea de Juvia. Como ves, en este capi, ya Laxus le advirtió que las cosas no son como él piensa. Y lamentablemente Gray va a tener que andar mucho para que Juvia lo perdone en esta ocasión. Me encanta que te comience a gustar el Rovia *u* y de verdad espero que el argumento de la trama (a como se irá desarrollando) llene tus espectativas. ¡Abrazos!

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Miss.D: ¡Gray hijo de Silver-sama! xD La verdad que sí, se pasó, y me siento un poco culpable de haber puesto en él esta reacción, pero siendo sincera, o pasaba por completo del hecho y se decidía a ignorar a Juvia, o se ponía como energúmeno, como ves, decidí lo segundo xD Pero es por el bien de la trama. A partir de ahora, Gray tendrá las cosas más difíciles, y Juvia sufre, es muy cierto, sin embargo, habra personas apoyandola. ¡Te envío abrazos!

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Sole: ¡Ains! Muchas gracias por tus palabras para este fic (y por decir que escribo sensacional, Dios ¡Me sonrojo!) Rogue es mi husbando (Aunque Laxus es mi TOP de husbandos en FT) y me pasa como a ti, sólo puedo verlo con Juvia o con Yukino (aunque tu dices que no puedes verlo con Yuki xD) ¡En fin! La verdad, se vienen un montón de cosas para este fic. Y sí, Rogue iba a estar alejado pero...gracias a cierto personaje, él volverá por lo que es suyo (?) Hahaha y por cierto, creo en el Dios Serena y en los Cazadores de Sombras (?) haha, ok no. Creo en Dios, y tus plegarias hicieron este capi posible uwu. En serio lamento mucho haber tardado mucho para subirlo, pero he tenido varios problemillas. Intentaré -si la tesis, uno de esos problemillas, me lo permite- actualizar con mayor frecuencia. Te envio muchos abrazos y agradecimientos por tus fantásticos review. Espero seguirte leyendo por aquí.

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Nessa: No tienes ni idea de cómo se encuentra nuestro sombritas :c Pero ya pronto lo veras. Sting no está en mejor estado, pero bueno, regresaran pronto a la historia y entonces podrás verlos por ti misma. Aún no decido con quien se quedara xD A veces me pongo a pensar y digo "Con Gray, Juvia lo ama demasiado" y luego pasó a "No, con Rogue, Rogue sería perfecto para Juvia" pero luego estoy de "No, se va a quedar con Laxus. Él si sabría tratarla bien. Y no se deja mandar por nadie, así que iría por la chica y punto" pero finalizó con "¡Carajo, mejor se queda sola" ¿Quién necesita a los hombres?" Luego me acuerdo que hay muchas cosas que no he puesto y vuelvo a la duda xD Así que no, aún no sé con quien se quedara. Pero en parte es porque...quiero que ustedes vean cómo la historia se va ampliando y puedan ver a los tres interactuando con ella desde distintos puntos. Al final, ustedes me ayudaran a saber quién es el indicado c: Muchas gracias por tu review. Te mando muchos, muchos abrazos.

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Juvia: Holi c: Hahaha, no odies tanto el Gruvia, mujer, te va a dar bilis xD La verdad que este fic llevará Gruvia, pero espero seguirte leyendo aún así. Se vienen muchas cosas, y Rogue está por volver, así que, ignora el Gruvia y sigue conmigo. ¡Gracias por el mensajito, abrazos!

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Muchas, muchisimas gracias por seguir leyendo esta historia tan...pues tan así. Las quiero un montón y de verdad deseo que disfrutaran del capítulo. Son un amor. Leer sus reviews me hace muy feliz, con toda la sinceridad. Sin mas, les deseo un gran día.

¡Besos y abrazos!

ammipime