Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de las criaturas malignas mayores a.k.a CLAMP. Luke es mío. No lo toquen.


~Capitulpo VIII: The Hardest Part~

Parte I

Sakura's POV

Había perdido algo tan cercano a mí, incluso si nunca llegó a ser mío. La primera vez que mis ojos lograron captar cada detalle de él, incluyendo su increíble color, su brillo y la forma en que se robaba el protagonismo de todo el lugar, supe inmediatamente que sería el amor de mi vida. A pesar de que hasta ahora estaba convencida de que el amor a primera vista no funcionaba. Sin embargo, era consciente de lo especial que era y más aún… sabía a la perfección que era el indicado para mí.

Mi vida consistía básicamente en emprenderme a nuevas aventuras, convenciéndome siempre a mí misma de que debería seguir luchando sin importar las circunstancias adversas que hallaría a medida que iba avanzando. ¿Por qué digo todo esto? Es sencillo encontrar una respuesta, y si es que la tienes por favor dímela.

Verás, no es que no pueda comprenderlo, es solo que he tenido que batallar muy duro con la fiebre estos últimos días… por lo que he permanecido envuelta en delirios y no he sido capaz de distinguir cuando estoy en el mundo real. No es una situación muy agradable si me permites decirlo. Pero, ¿te comento una cosa? Esta mañana soñé con él, y ya nada pareció importarme.

El amor de mi vida se encontraba aquí en Londres. Nadie me iba a quitar eso de la cabeza. Nos conocimos y nos enamoramos al instante, entonces… ¿por qué lo alejaste de mí? De verdad no tuviste corazón cuando nos separaste. No tienes la mínima idea de cuánto me duele no poder tocarlo por horas y maravillarme con las dulces ondas de sonido provenientes de él. Escuchaba su delicada voz cada vez que cerraba mis ojos, y sólo así también podía verlo. ¿No es maravilloso sentir que puedes llegar a amar de esta forma? Se había creado un lazo de un increíble color rojo entre nosotros, y yo no iba a permitir que tú llegaras y lo cortases tan fácilmente.

Quizás me conozcas desde hace años, pero hay una cosa en particular que jamás llegaste a saber de mí: No me doy por vencida así como así. Y espero que estés al tanto de que este silencioso monólogo es para otra persona además de ti, porque no eres el único que me está privando de hacer lo que quiero.

Para llevar a cabo mi deseo más querido, debía escoger entre un sinfín de opciones. Sentía constantemente a mi corazón acelerarse a la vez que tomaba una de las decisiones más sorprendentes de la semana.

¿Sabes? Tenía un magnífico plan. No llegarás a imaginar nunca que yo pudiera ser capaz de hacer algo como esto, y aunque Syaoran me lo negara un millón de veces simplemente había optado por ignorarlo. Además, él no tenía por qué saber sobre esto después de todo. Con que sintiera las indirectas provenientes de mis palabras me bastaba. Pues si yo estaba sufriendo en esta prisión a la que él llamaba su departamento, que él compartiera el sentimiento conmigo. Al fin y al cabo, ésta no era la parte más difícil.

Sin embargo, el hecho de ignorarlo no iría más allá de que yo metiera la pata y terminara llamándolo para ir por mí. Aunque me duele pensar que seguiré siendo la chica a la que deban rescatar, y que él siga tomando aquel papel que jamás ha llegado a aceptar. Por otra parte, puede que llegase a cambiar algún día. Si me preguntas cuándo, pues quizás sea pronto.

Sí... puede que sea hoy mismo.

—Voy a ir a casa de Eriol.

… ¿acababa de decirlo en voz alta?

—¿Ah, sí? —preguntó Syaoran.

¡¿Pero qué pasa contigo, Sakura?!

Rayos. ¡Tonta fiebre, tonta! ¿Y ahora cómo se suponía que debía actuar? Me había jodido a mí misma sin darme cuenta. Definitivamente me venía pésimo idear planes en este deplorable estado de salud. Había olvidado completamente que Syaoran llevaba gran parte del día conmigo aquí en la habitación. Puede que esté equivocada al decir que no se había movido de aquí ni siquiera una vez, pero cada vez que abría mis ojos luego de una siesta, podía encontrarlo sentado junto a la cama leyendo un libreto, utilizando su portátil e incluso en calma sin decir ni una sola palabra. No obstante, con o sin él, yo ya había tomado una decisión. Y vamos, no me iba a entregar al miedo de que pudiera regañarme una vez más. Yo era mucho más fuerte como para renunciar a algo por lo cual había decidido luchar.

—Lo que escuchaste —aseguré—. Iré a casa de Eriol. Es más, iré esta misma noche.

Muy bien, ahí tienes. Te he relevado mi plan, ¿qué vas a hacer al respecto?

Decidí cerrar mi boca luego de que Syaoran repentinamente se levantara de la alfombra de la habitación y se acercara a mí para juntar su frente con la mía. Mis ojos se negaron a cerrarse ante la gran impresión que de pronto sentí ante el contacto, y mi mirada se mantuvo fija en la suya todo el tiempo. Se trataba de una acción mutua, a pesar de que estaba convencida que ésta era la única que compartíamos. Mi corazón seguía latiendo con fuerza y de un momento a otro mi cuerpo comenzó a temblar ante una ola de escalofríos recorriendo todo mi cuerpo. Fue justo en ese instante que mis ojos se cerraron de golpe, y junto con aquella acción, Syaoran se alejó de mí rápidamente.

—No irás a ninguna jodida parte, Sakura —dijo—. Aún tienes fiebre.

¿La parte más difícil?

Sin dudas era ésta.

He sido víctima de muchas gripes. Pero ésta no se comparaba con ninguna de las anteriores. Llevaba un par de días recostada en la cama como quien no puede mover un singular músculo de su cuerpo, cuando en realidad lo necesitaba con urgencia, y tal parecía que mi rostro no expresaba lo que por dentro me mataba. Esto me ayudaba a entender un poco el por qué Syaoran aún no se percataba de que realmente no podía quedarme en cama otro día más.

Había recibido un e-mail de la universidad anunciándome de que un examen de piano se aproximaba. Por lo mismo había estado soñando reiteradas veces con el que para mí se había convertido en mi amor a primera vista. Y se suponía que hoy sería el día en que debía comenzar a practicar aquella nueva canción que habían incluido en el repertorio hace unas semanas.

Entre todo el revoltijo que tenía dentro de mi cuerpo, ya no sabía si lo que me tenía tan agotada era el dolor de cabeza, la fiebre o las horas de sueño que se me fueron arrebatadas a mitad de la noche. La tos de pronto había encontrado un buen pasatiempo, y me había escogido a mí para divertirse. Si tan sólo supiera que yo no pretendía jugar con ella. Se había vuelto tan molestosa e irritante, que hasta beber un sorbo de agua se convertía casi en una misión imposible para mí. Creo que no es necesario mencionar que conciliar el sueño luego de despertar era igual de complejo, a pesar de que al conseguirlo podía dormir por horas, pero nunca las suficientes para sentirme a gusto. El cansancio simplemente no se iba… sin importar cuántas veces quedara "inconsciente" sobre la almohada.

Si pudiera levantarme, podría ir perfectamente hasta la cocina y preparar un poco de sopa. Siempre me había sido de mucha utilidad, y no veía una razón por la cual tendría que ser diferente ahora. Pero mi cuerpo no respondía a mis órdenes, y tal parecía que Syaoran había impuesto reglas en el departamento y me tenía prohibido levantarme de la cama bajo cualquier circunstancia.

Maldita sea. A menos que alguna emergencia se presentara, me temía que era una esclava en mi propio refugio. Respiré hondo un par de veces, evitando desesperarme.

No, un segundo. La palabra correcta es intentando. No obstante, estaba fallando como nunca.

—Te he dicho por milésima vez que no es —Mi propio intento por defenderme había fallado cuando una ola de tosidos me interrumpieron a mitad de camino—… nada grave.

A veces es humillante ver cómo te jodes a ti misma cuando intentas lograr algo. Yo no tenía el don de la palabra, de eso estaba segura.

Syaoran se cruzó de brazos y me dirigió una mirada tan notoria, que preguntarle si me había creído o no realmente no valía la pena. Supuse que si mis palabras no funcionaban, y si tomaba en cuenta que mi rostro no reflejaba lo que sentía realmente, quizás podría engañarlo gesticulando alguna mentira para que él se la creyera.

—Si quieres comenzar a jugar, no tengo ningún problema.

Ante su comentario, sólo me quedó tomar la manta con ambas manos e intentar cubrirme todo lo que pudiera con ella. Esto me estaba resultando más difícil de lo que pude haber imaginado.

—Estoy bien…

—No lo estás.

—¡Te he dicho que estoy bien! —Grité, sintiéndome lo bastante molesta como para disculparme por alzar la voz y a la vez soportando el desgarro en mi garganta. Lo miré con cierto rencor por unos segundos, sólo hasta que simplemente ya no pude verlo a los ojos. Desvié la mirada con una expresión terrible en mi rostro y de la cual ni siquiera me importaba.

¿Cómo te sientes ahora?

—Cuando me demuestres que eres capaz de levantarte sin tambalearte, pues entonces me preguntaré si debo creerte.

Me siento terrible, histérica…. ¡histérico! Quise decir… histérico.

—Tranquilo —le dije fríamente mientras me abrazaba a mí misma bajo la manta—, no iré a ningún lado.

¿Así es como iba a terminar todo? Ah, muy bien Sakura. Quiere decir que todo lo que había dicho anteriormente acababa de ser arrojado a la basura. Llega a ser patético, la verdad. ¿Y a quién culpo de todo esto? Me encantaría convencerme de que sólo se trata de un delirio a causa de la fiebre. Lástima que no lo sea.

Y lástima para el que pueda llegar a creerme que sería capaz de quedarme aquí sin hacer nada. Porque la sensación que sentía por dentro me impedía permanecer quieta, tranquila… resignada. El hecho de cerrar mis ojos y respirar profundo sólo daba paso a una melodía que anhelaba con poder tocar en ese mismo instante. Sabía que era fuerte, pero también estaba al tanto que no podría aguantar por mucho tiempo.

Lo extrañaba.

Mi pecho comenzó a apretarse tan rápido, que llegué a morder mi propio labio de lo fuerte que era sentir toda esta angustia comiéndome por dentro. Esto es tan injusto, y lo sabes. No me hagas esto.

Por favor, no me hagas hacer algo de lo que tú y yo podamos llegar a arrepentirnos más adelante.

Miré la hora en mi teléfono sólo para confirmar que la oscuridad del exterior marcaba un poco más de las diez de la noche. Y era, quizás, la hora perfecta para actuar de acuerdo a lo que sentía. Me volteé hacia el otro lado de la cama, esperando que Syaoran se convenciera de que descansaría y que todo estuviera bien. Procurando al mismo tiempo ser lo más cautelosa posible, evitando que mis expresiones faciales me delataran una vez más. Intenta convencer a un actor de que quieres algo cuando tu cara dicta todo lo contrario. Es una batalla difícil, y por lo mismo terminas perdiéndola.

Pero nada me importaba. Estaba tan encantada con aquella melodía dulce sonando en mi corazón, que pelearía incluso si era la parte más difícil de todo esto. Jamás había necesitado tanto conectarme con la música como ahora, y el hecho de sentir que se me estaba arrebatando sin ningún derecho a luchar por ella me dejaba con el pecho aún más apretado.

En el momento que sentí que la puerta de la habitación se cerraba, me despojé de la manta y me levanté de la cama rápidamente. Decisiones o más bien impulsos que me llevaron casi a delatarme de la peor forma posible. ¿Adivinas? Fue una pésima idea salir de la cama de golpe. Sin embargo, y por una vez en la vida, el equilibrio me acompañó y no terminé en la alfombra desmayada. Por mucho que el aeropuerto y esa cinta tengan mi nombre, no iba a permitir que esa vergonzosa situación se repitiera de una forma tan lamentable como ahora.

Tomé mi espejo pequeño y el reflejo que éste me dio pudo haberme hecho cambiar de opinión, pero no. Mi decisión estaba tomada. Até mi cabello en dos coletas como solía hacerlo cuando era pequeña y tomé el primer par de zapatos que encontré. Entonces cuando pensé que ya era hora de enfrentarme a una nueva aventura, un pequeño brillo captó mi atención y me frenó, dándome a entender que aún faltaba un último detalle antes de comenzar. Sonreí, porque comprendí que podía interpretar lo que acababa de pasar como la señal que necesitaba para no temer. Sostuve entre mis manos el collar de piano y lo apreté con fuerza antes de volver a ponérmelo.

No te preocupes.

Luke, yo sé que tú me apoyas en esto.

¿Qué tanto daño puede hacer un poco de música?

Luke's POV

Para ser sincero, a veces me cuestionaba a mí mismo si había resultado ser una buena influencia para él o simplemente había sido una mierda como modelo a seguir. Cosa de la cual, por cierto, me sentía orgulloso de vez en cuando. Pero la verdad es que pese a que fui… no, un momento, sigo siéndolo… ¡Soy! Sí, soy un hermano para él (porque lamentablemente jamás pude llegar a más), me sorprenden las ganas que tenía de tomarlo por los hombros y darle un golpe justo en la mitad del rostro.

Porque sí, tampoco te extrañaría pensar de esa forma cuando te llega un maldito mensaje al teléfono diciéndote que tienes a una moribunda chica en tu cama y todo porque se te dio la gana de creerte un director de teatro. Déjenme decirles una cosa; Si Syaoran era el príncipe que rescataba a Sakura, yo tomaba ese papel con él. Por lo mismo siempre recibía una alerta de S.O.S cuando este idiota metía la pata. Así que la historia giraba más o menos así: para Syaoran yo era un pésimo modelo a seguir, un hermano, su madre y su novio de vez en cuando. Oh, pero no me malinterpreten ahí, ni a él tampoco. Cuando digo novio es simplemente por el amor que le tengo como persona. Ninguno de nosotros podría definirse como un homosexual (por mucho que se demostrara lo contrario) Después de todo, y hablando por mí, me enamoraré de ti por lo que hay en tu corazón.

Mierda, me desvié un poco del tema.

¡Bien! Retomando, justo ahora me encontraba con un gran libro de maternidad tomado de la biblioteca de una sección sobre resfriados. Sí, han leído bien. Pero en mi defensa, éste había sido la primera maravilla que encontré luego de recibir los gritos de Syaoran por escrito. Y había resultado muy oportuno el hecho de que llegara el mensaje justo cuando merodeaba por los pasillos recurrentes de futuras madres. No pregunten la razón. Ah, si tan solo hubieran visto las expresiones de las señoritas mientras me paseaba por los estantes. Creo que jamás en mi vida había escuchado tantos buenos comentarios sobre mi falsa paternidad. Quizás resulte ser un buen padre en el futuro, y mi futuro progenitor no termine siendo un hijo de puta como yo. ¡Pero será guapo! O guapa… dependiendo del caso, por supuesto.

Por otra parte, a pesar de que Syaoran había cometido un error tan estúpido, me alegraba de cierta forma que fuera lo suficientemente maduro como para tomar la responsabilidad que merecía. Y eso, señores, me bastaba para perdonarlo… solo un poco.

—O fumas chocolate o te emborrachas con vainilla.

Déjame contarte un secreto: Ambas adicciones eran mi culpa. Y ya ven, no lo negaba en lo absoluto.

—No es como si tuviera más opción.

—Debes admitir que es el mejor intento fallido de tu vida —le dije—. ¿Te he dicho que tu francés era una mierda, Syaoran? Aunque por cierto, debo agradecerte por el buen rato que me hiciste pasar ese día en el café de París.

Lo vi haciendo una mueca, y nada más eso bastó para que me hiciera reír desde el otro lado de la pantalla. ¡Oh, claro! Gracias por arreglar tu maldita señal, hijo de tu maravillosa madre. Ahora podía pasar mi tiempo libre contigo sin interrupciones, porque si tu pasatiempo era ver las reacciones de las personas, el mío era joderte la vida y otorgarte algunas cosas dulces que dejarán un sabor amargo cuando las toques.

¿No es curioso? Es la segunda vez que presencio a dos pequeños ingenuos ordenando un café y metiendo la pata. El destino sabía lo que me gustaba. Y me parecía demasiado conmovedor saber que ahora ambos ingenuos compartían el mismo techo. Pero eso no era tan importante ahora, ya que había otros asuntos que arreglar.

—Bien —aclaré mi garganta, acomodé mi viejo pañuelo rojo sobre mi cuello, me acerqué un poco más a la pantalla de mi portátil y procedí—, de acuerdo a mi ardua investigación en libros para futuras madres y cuidados para bebés… puedo concluir que la pequeña mademoiselle, aquella que ha vivido contigo por un mes y que será la razón por la cual alguien te golpeará pronto por ser un idiota. ¡Ya sabes! esa joven y despistada pianista que lleva un valioso tesoro colgando desde su cuello, y que por mucho que lo niegues, tú…

—¡Ve al punto, Luke!

—Joder, señorito… estaba motivado, ¿no te has dado cuenta? —suspiré y fui yo el que hizo una mueca esta vez.

Syaoran no dijo nada al respecto, pero bastaba con ver la expresión en su rostro para darse cuenta que no andaba de ánimos para soportarme ahora. Qué lástima. Con lo mucho que lo quiero.

—Tranquilo, grandísimo imbécil. Sakura sólo tiene una gripe.

—Dios, no me había dado cuenta.

—No uses el sarcasmo conmigo. No te sale.

—¡Pues no le des tantas vueltas al asunto! —reclamó—. Mierda, ¿necesitabas un libro de maternidad para decirme eso?

—Corrección: necesitabas un libro de maternidad para estar seguro de que cierta persona no iba a morir por tu maldita culpa. Y me necesitabas a para hacer el trabajo humillante de pedir un libro así en la biblioteca.

—¡Bien, bien! —se quejó—. Tiene una gripe, ¿cómo la curamos?

Un útil consejo: Siempre entrega tu confianza a libros así en situaciones como ésta.

—¿Ya revistaste si tiene fiebre?

—Sí.

—¿Cómo?

—¿A qué te refieres con "cómo"? —preguntó lo bastante molesto cuando yo comencé a reír. Esto era tan adorable— ¿De qué mierda te ríes?

El tiempo se detuvo por unos segundos, imposibilitándome a decir algo. La sonrisa en mis labios era demasiado grande como para permitirme matarla con palabras. Si este idiota no se daba cuenta pronto, entonces se arrepentiría cuando los últimos granos de arena terminaran de caer en el reloj.

—Ah, pues nada —respondí mientras encendía un cigarrillo—. Sólo me parece bastante curioso la confianza que se tienen. Aunque vamos, ¿qué puedo decir contra eso? Si hasta duermen juntos.

¿Eso era un sonrojo? ¡Lo era!

—Ah, deberías verte —le dije conmovido—. Es una buena chica después de todo.

—No sé de qué me hablas.

Sí lo sabes, te conozco.

—No te preocupes —contesté— De seguro hay… —Me detuve inmediatamente luego de notar que alguien se asomaba por el pasillo de una manera poco sigilosa, pero haciendo el mayor intento del mundo para no ser descubierta— ¡De seguro hay muchas cosas aún por descubrir, Syaoran!

—¿Qué?

¿Qué mierda estaba haciendo la pequeña?

¡Oh, oh!

—Nada, nada —respondí.

¡Claro, estaba intentando escapar! Esto se ponía cada vez mejor, y hasta puedo decir que sentí ciertas ganas de ayudarla. Normalmente la delataría teniendo en cuenta su estado, pero… de eso se debía preocupar otra persona. Me propuse que si Syaoran resultaba ser lo suficientemente despistado para no darse cuenta… abriría la boca. O quizás no lo haría. Soy un experto a la hora de pretender, y por lo mismo me consideraba un buen actor sobre las tablas e incluso fuera de ellas.

Sin embargo presentía que la intención de Sakura no me incluía a mí en lo absoluto. Una verdadera pena. Diablos, estos dos jamás me involucraban en sus planes… ¡Ah! Pero Syaoran aún no se enteraba de que él sí formaría parte. Es tan obvio como para no darte cuenta, corazón.

Había llegado mi tiempo de cerrar el libro y desaparecer.

—¿Sabes? —le dije— Puede que llegue el día en que me agradecerás esto. Pero también llegará el momento en que me odiarás, y yo ignoraré tus gritos histéricos. Incluso tú lo harás porque no importará.

Le regalé una sonrisa junto con un gesto indicándole que algo sucedía. Y me sentí verdaderamente orgulloso de verlo sonreír al mismo tiempo que suspiraba.

—Me alegro que te dieras cuenta.

—No es difícil cuando tu pantalla refleja lo que sucede detrás de ti —me respondió mientras ajustaba el beanie que llevaba puesto.

—Bonne chance.

—Merci.

Luke Lafertte ha finalizado la videollamada.

Syaoran's POV

—Estaba convencido de que terminarías saliendo de la habitación, pero joder… no te tomó ni media hora.

Me puse de pie y me acerqué hasta la puerta de entrada, bloqueándola mientras me apoyaba sobre ella. Sakura hizo una mueca al momento de tambalearse levemente, lo cual casi me hizo querer tomarla en mis brazos y regresarla a la cama… pero quería saber qué traía en mente.

—¿Qué fue lo que me delató?

—No fue Luke, créeme —respondí—. Él jamás te hubiera delatado. Puedes culpar a la pantalla.

La vi tan desanimada en ese instante, que incluso me conmovía de cierta manera toda la imagen que tenía en frente. Había vivido esta situación. Sé lo que sucederá, y pueden estar seguros de que tarde o temprano terminaría respondiendo por ella una que otra pregunta.

La entendía. Estaba consciente de lo desesperada que se encontraba con sólo verle la cara. Le di un vistazo de pies a cabeza sólo para asegurarme de que realmente estaba lista para ignorar mis palabras y hacerme el tonto, huyendo del departamento como si se tratase de un secuestro o algo mucho más estúpido. Como si nunca me fuera a dar cuenta, Sakura.

Ella quería hacerme entender que todo marchaba bien. Un secreto que compartiré con mi estimado público: A este punto, había aprendido a leer ciertas expresiones suyas... Pero, ¿sabes una cosa, Pequeña? Hace poco me prometí a mí mismo que haría la mierda que fuese con tal de que evitaras matarte otra vez.

Antes de cometer la idiotez del día, iba a ser sincero. Existía una posibilidad de que todo se jodiera y termináramos en la estación de policías por meternos en una casa ajena, pero… un momento.

—Sakura —la llamé.

—¿Sí?

—¿Ibas a casa de Eriol? —pregunté sin más que decir. Sólo necesitaba una respuesta para confirmar lo anterior, tomar las llaves del auto, su mano de paso e irnos de una buena vez.

—Era la idea.

Es —afirmé. Ah, hijo de puta. Cómo te vas a arrepentir de esto más tarde.

Su expresión de sorpresa absoluta me causó más ternura que cualquier otra cosa. Aunque si la miraba con un poco más de detención, podría jurar que estaba más confundida que sorprendida. Ella no esperaba que yo saliera con una cosa así. Bien, Sakura, ¡Sorpresa!

Espera, ¿yo acababa de decir eso?

Ah, pero fue irónico. Todo bien.

—No… espera, creo que en serio tengo la fiebre demasiado alta —comentó, apoyándose de la pared para darse media vuelta y regresar a la habitación. Chasqueé la lengua y me acerqué hacia ella, procurando no empujarla al pasar por su lado y quedar justo en frente—. ¿Qué estás haciendo?

Junté una vez más su frente con la mía y cerré los ojos por un par de segundos. Logré sentir aquel cambio de temperatura al hacer contacto con ella, sin embargo ya no parecía ser tan grave como hace unos días. Por supuesto que era menos grave.

—No tienes fiebre —le dije aún con mi frente sobre la suya. Abrí los ojos, y al hacerlo fui yo el que llegó a sorprenderse. No sabía que podría llegar a tomar una decisión así a causa de alguien como ella. ¿Quién se creía? De igual forma, no se lo cuentes a nadie… pero he de admitir que ni por Luke hubiera hecho algo como esto.

—¿De verdad irás conmigo? —preguntó— No quiero que te metas en problemas por culpa mía.

No pienses las cosas dos veces. Te puedes llegar a arrepentir.

—Maldita sea —me quejé. Vamos, sólo dilo, ¿qué puede salir mal?—. Escúchame, señorita, porque no lo volveré a repetir otra vez. Vamos a ir a la maldita casa de Eriol, entrarás a esa habitación y tocarás las mil maravillas que se te ocurran en ese jodido piano, ¿está bien? Y si el imbécil nos descubre, me encargaré de traerte a casa e irme a prisión.

Vaya.

Yo no solía ser así.

La oí reír muy bajo entremedio del silencio que había luego de que cerrara mi boca. Sonreí al mismo tiempo y aquel gesto se incrementó un poco más cuando me di cuenta que tenía su mano alrededor de su muñeca izquierda. ¿No les dije que ya era costumbre?

—No puedo creerlo.

—No tienes que creerme, pero lo digo en serio.

Solté su mano y caminé hasta la puerta junto con ella. Si teníamos suerte, quizás no encontraríamos al idiota en casa. Después de todo, las casas de tres pisos siempre están vacías. Caminamos hacia el auto sin decir una palabra, con el riesgo de que pudiéramos llegar a cometer algo que nos hiciera regresar. Sin embargo tenía una cosa que aclarar antes de subir al auto.

—Sakura.

—Dime.

—Sólo será esta vez —aclaré. Ella asintió con la cabeza desde el otro lado del auto. En cuanto estuvimos listos para partir, pregunté una última cosa— Entonces, ¿cuál es el plan?

—Evitar prisión.

—Perfecto… ¿Sakura?

Prometo que ésta sería la última mierda que diría.

—¿Qué ocurre?

La última.

—Te ves… adorable con coletas.


Notas Capitulposas: Weón… no estaba muerta, ni desaparecida. Estoy en Inglaterra, cuando se cumplen dos años desde que subí el primer Capitulpo de esta historia, y no podía quedarme sin celebrarlo con nada. Me parece que subir esta primera parte es una buenísima idea c: Así se hacen una idea de lo que se viene.

Sí, Syaoran habla en serio. Sí, le dijo a Sakura que amaba (lo hace) sus coletas skljfkjdsfdf. Y Sí… Luke admitió su sexualidad. Adivinan cuál es? Ohohohoho…

Estoy a dos días de viajar a París, ctm dude… buscaré las locaciones de TIFY allí también. WEON AJDHJSAD Y encontraré a Luke. Aunque me cueste… y me lo raptaré.

¡Feliz San Valentín! Y perdón por taaaaaaaaaaaaaan larga espera :c pero es que la pereza… En fin :') Me dirán qué les pareció en un review. Y si me quieren, me regalarán algo ustedes por Valentín y su cumpleaños. Reviews, gritos, amenazas, canciones, obras, dibujos, comida, cualquier weá… pero manifiéstense! No sean como yo.

Nos leemos … pronto.